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El ultimo pergamino

Summary:

Senku un astronomo y pirata se embarca en un viaje en busca de un misterioso tesoro y del ultimo pergamino faltante para llegar a él. Su proximo desafio: un mar infestado de sirenas que buscan seducirlo con engaños que lo obligara a enfrentar sus mayores miedos y sentimientos sumado a un secreto que podria significar la salvacion o la perdicion de la tripulacion del perseo.

Notes:

Dia 4 de la SenGen week sumer
Tematica: Piratas y Sirenas

Work Text:

Las personas se amontonaban a su alrededor, muchas en busca de ver un acto de magia diferente al del día anterior, otros por la curiosidad de lo que se murmuraba en las calles. Tres días fueron suficientes para llamar la atención. Gen era hipnotizante y lo aprovechaba a su favor.

-¿Esta es tu carta?-preguntó extendiendo con elegancia el comodín
-No
-¿Seguro?, deberías intentar ver una vez más.- los espectadores contuvieron el aliento, el comodín extendido no era la carta del hombre, Gen tenía la carta correcta en la frente, pegada como si fuera arte de magia y nadie sabía cómo había llegado ahí.

-¿cómo?...- el hombre perdió el color y retrocedió inconscientemente.

-Damas y caballeros, recuerdo haberles dicho al principió que prestaran atención- Gen extendió las brazos en un gesto grandilocuente, después de inclinarse una cortina de humo púrpura lo envolvió, para cuando el viento lo disipó había desaparecido dejando detrás el As de corazones como única evidencia de su presencia.

Senku continuó su camino alejándose de la biblioteca del pueblo, antes de que la presentación terminará no se detuvo a observar, no lo necesitaba.

No solían ser muchos los días en los que El Perseo se mantenía en puerto. Esta ocasión no era diferente. Gen y Ukyo fueron los últimos en regresar a la embarcación, llegaron caminando con la tranquilidad de quien paseaba por el puerto de Calíope todos los días, como si no acabaran de robar cada mísero peso de los bolsillos de todo ingenuo que cayó deleitado ante “trucos de magia y humo” en palabras del mismo Senku.

Tenian años haciendo esto, incluso antes de que el mismo Senku se integrará a la tripulación. Eran el dúo perfecto de ladrones, Gen enigmático como el mismo, con ese encanto casi etéreo y al mismo tiempo extravagante, hipnotizaba a su audiencia, algunos incluso creían que su capacidad de leer mentes era más real de lo que el mismo Gen admitía. Ukyo con su oído súper sensible, era capaz de encontrar a los peces gordos no importaba lo bien camuflados que se pudieran encontrar, robando con la elegancia de un gato y la ligereza de una pluma, era entre todo extremadamente raro que alguien se percatara del robo antes de que El Perseo se encontrara más cerca del horizonte que de la costa.

Todo era una treta perfectamente planeada.

En cuanto tocaran puerto Gen se dedicaría a llamar la atención, la probabilidad de que alguien de dinero se escabuyera a ver el espectáculo callejero del que todo el mundo hablaba era demasiada.

Senku se dedicaria a buscar pergaminos, mapas, libros cualquier fuente de información mínimamente útil sobre una de las islas que buscaban, Chrome y Kohaku se encargarían de la comida y el agua. Ryusui terminaria visitando a bares de mala muerte y posadas que pocos conocían en busca de información que algún otro pirata pudiera saber, era uno de los mejores apostadores pocos le ganaban y si encontraba a alguien de interés sería inevitable tener algún nuevo tripulante. Así como Senku, Kohaku, Chrome o cualquier otro en el barco todos eran parte de un engranaje perfectamente aceitado.

-Tuvimos bastantes peces gordos el dia de hoy, será mejor no entretenernos más de lo debido- Ukyo con voz tranquila como la brisa del mar se dirigió a su capitán en cuanto subió al barco, sin prestarle mucha atención al resto.

-Entonces les fue bastante bien, ¿no es así mentalista?- La mirada de Senku, intensamente roja, no se separaba de Gen, tal vez mirándolo un segundo más de lo que se considería adecuado, el ambiente entre ellos se sentía cargado de “algo” que Senku aun no podía nombrar. Su corazón siempre se encontraba entre las aguas relajantes y los mares tempestuosos cuando estaba cerca.

-Que poca fé nos tienes Senku-chan ¿acaso tuviste tan poca suerte que ahora cuestionas al resto?- la voz ligera y juguetona de Gen lo invitaba a compartir sus propios descubrimientos de la forma que solo él sabía, invitándolo a cruzar una línea o una puerta en la que no sabe qué esperar del otro lado.

-Tsk como si algún día les fuera mal

La noche cayó con su gracia habitual, el aire era fresco y el mar se encontraba tranquilo, había dejado el puerto en el horizonte hace rato, las lámparas de aceite iluminaban la mesa redonda en donde se encontraban el capitán Ryusui y sus cinco mejores tripulantes, los más interesados en su viaje.

-Es hora del reporte, ¿Qué encontraron en Caliope?- Ryusui no tenía que pedir que lo escucharan, era un líder nato, sabía mantener la calma en las tormentas más impetuosas y subir los ánimos en los días grises.

-Estuvimos hablando con los locales- comenzó Chrome- no suelen alejarse de las costas al pescar, la mayoría de los barcos que arriban son de la corona o mercaderes.

-la mayoría de las mujeres y niños solo conoce las leyendas, las diferencias son mínimas- continuó Kohaku- tienen como tabú los viajes al sur, me evitaron después de mencionarlo, aseguran que la muerte se encuentra más allá del archipiélago de la primavera eterna.

-Si lo piensan tiene sentido- interrumpió Gen casi distraído. Las miradas sobre él lo invitaron a continuar- Tiene sentido que después de una isla que en teoría es propiedad de Persefone se encuentre el Hades, puede que solo sea una mala interpretación de la leyenda, o una excusa para alejar a los curiosos- Ryusui asistió, contemplando la idea.

-Eso solo significa que tenemos razón- habló el capitán, con una sonrisa orgullosa extendiese en su rostro- la última pieza esa en esa isla. -Senku ¿Encontraste algo nuevo?.

Su rodilla rozaba la de Gen, si no tuviera que explicar lo que encontró en biblioteca de Calíope se aventuraría a prolongar el toque.

Se concentró en los recuerdos de la biblioteca de la que robó algunos de sus libros, en ella conservaban copias de la mayoría de las leyendas y canciones conocidas, en donde los relatos hablados de generación en generación encontraban lugar en lo escrito.

–En realidad–Senku sonrió con suficiencia, mostrando uno de los libros que robó de aquel espléndido lugar–esto, solo confirma que nuestra hipótesis es más acertada de lo que aparenta–el libro, de hojas amarillentas que demostraban el pasar de los años era la prueba de que tenían razón–no hay isla del tesoro, ni del conocimiento y mucho menos de la vida eterna- sentenció

–no las tenemos que buscar una tras otra–el aire se volvió pesado, Senku no lo noto, solo tenía en mente su descubrimiento, y su mirada fija en alguien en especifico –solo una: la isla de los dioses.

-¡Aja! con el último pergamino, El Perseo se convertirá en el primer barco en encontrarla.

Por fin, con la certeza de saber dónde continuar la búsqueda, comenzaron trazar el curso, el problema: el camino hacia el archipiélago de la eterna primavera estaba infestado de la peor de las criaturas.

 

La semana pasó como una brisa, el mar mantiene su oleaje tranquilo, todo lo contrario a la cabeza de Senku.

Discutir con el capitán nunca es una acción celebrada, y tal vez Senku debería de tener de premio con su peso en oro por la cantidad de veces que lo ha hecho. Llevaban años trabajando hombro con hombro y Ryusui no se avergonzaba al decir que gracias a Senku pudieron descifrar en tiempo récord los misterios de las estrellas que traía cada nuevo pergamino y mapa, discutían pero gracias a eso avanzaban.

Había convencido a su capitán de arriesgarse e intentar conseguir información valiosa de una de las criaturas más temidas y deseadas de los océanos, Senku no era tonto como para caer en una trampa de seduccion tan estupida, ese no era el problema, habia otro.

Entre más lo pensaba menos comprendía, por más que quisiera analizar, no daba con la respuesta, le podía dar vueltas una y otra vez y al final terminaría justo en donde empezó; ¿Por qué Gen era una distracción recurrente en su cabeza? ¿Por qué sus ojos buscaban ese extraño cabello a lo largo del barco? peor aún no entendía como podía tener un olor tan agradable a pesar de estar en altamar tanto tiempo, por más que preguntaba Gen se negaba a responder desviando una vez más la conversación.

Hace meses que lo hizo consciente, y desde entonces empeoró, comenzó con algo simple, con su presencia, podía sentir cuando Gen estaba cerca, su respiración se cortaba repentinamente o se tranquilizaba con su mera presencia, su cabeza lo hacía buscarlo cuando no estaba en la misma habitación, podía reconocer si eran sus paso los que se acercaban, como ahora…

—¿Las estrellas te están dando problemas Senku-Chan?

–No más de lo que deberían– Gen llegó a su lado, su ojos miraban el horizonte tan azules como el mismo mar, Senku se detuvo a observar, no entendía cómo a pesar de los años en mar abierto Gen seguía conservando esa pulcritud que lo caracterizaba, por un momento su garganta se secó.

–Ryusui me contó de su charla…–Gen lo miró con una severidad que nunca antes había visto y no supo si temerle o detenerse a admirar esa expresión.--Estas loco si crees que tú idea funcionara.

–¿ahora me dices loco? pensé que estarías de mi lado–No intentó ocultar su incredulidad, de todas las personas que estarían en su contra nunca pensó que Gen sería uno de ellos. Si; era el primero en sorprenderse por sus ideas pero también el que se desvelaba a su lado cada noche y lo apoyaba en cada una de ellas.

–Senku– Su voz era seria, cargada de tensión, una diferente a la acostumbrada.

–El archipiélago es demasiado grande incluso para nosotros, este es su territorio, ellas nos pueden dar información, reducir el área de búsqueda–Para Senku era la opción más lógica, ya tenían cuatro años en esta búsqueda y ahora estaban tan cerca, podrían aprovechar el tiempo de mejor manera si su plan funcionaba como estaba previsto.

–Son demasiado peligrosas, ni siquiera tú podrás resistirte a su canto–Gen hablaba con la conviccion de quien sabia más de lo que decia, como si el mismo hubiera visto a decenas de barcos hudires tras caer en una trampa de seducción–Senku eres de todo menos un idiota, podemos conseguir información de otra manera, sin poner tu vida en riesgo.

Pero Senku era demasiado necio, nunca se rendía, esa era su mejor cualidad, y ahora le estaba jugando en contra.

–Hay una posibilidad, tú lo sabes, eres experto en leyendas: no todas son peligrosas y en caso de que sí, tomare las precauciones necesarias. Ya lo hable con Ryusui– quería dar el tema por terminado, su estómago se sentía inquieto y su corazón estaba hecho una tormenta, no le gustaba discutir con Gen

¿siquiera lo había hecho antes?

Como la humedad, Gen se había hecho espacio sin que lo notara, con sus bromas estúpidas y comentarios inteligentes, siempre fue así.

entonces ¿porque ahora era diferente? ¿que no había notado? ¿porque ahora el ambiente entre ellos se sentía como cuando una tormenta eléctrica se acercaba?

–Senku-chan ¿Sabes por qué en algunas leyendas las sirenas se comen a los marineros y en otras no?--Gen interrumpió el silencio que se había creado, ahora hablaba con una calma contemplativa, el aire salado movía sus mechones blancos como la espuma del mar.

Permaneció en silenció, Gen lo tomó como una oportunidad para continuar.

-En las costas del Norte, muy lejos de aquí: son mujeres de belleza inigualable, guardianas de los mares, guiaban a los marineros por rutas seguras, algunos dicen que son tan longevas como el mismo océano.

Senku escuchó con atención, Gen volvía a mirar el mar, se recargaron en la orilla del barco, sus manos estaban tan cerca que podían tocarse, ninguno se alejó.

–cerca de donde nací los ancianos solían decir que las Nereidas a veces caminaban entre nosotros, contaban que solo se podían enamorar una vez y si no eran correspondidas regresan al mar como espuma… al ser protectoras solo ellas y los dioses podían ignorar a una sirena

–Entonces son criaturas diferentes… ¿porque me cuentas todo esto?

Senku lo sabía, era una advertencia disfrazada, la seguridad de que lo que se encontrarian no serían los seres benevolentes que Gen describió, aun así se sentía que algo más flotaba en el aire entre ellos, un secreto o tal vez sus sentimientos confusos.

–Diez mil millones de puntos para ti Senku chan–Gen intentó bromear, aligerar el ambiente pero su sonrisa no llegó a sus ojos y desapareció casi enseguida.-- Las sirenas son monstruos marinos, como Scyla, Cardibis o el leviatán. No te darán información si escuchas su canto, solo jugaran con tu mente y te llevarán a la muerte.

–Es un poco irónico hablar de “jugar con la mente” viniendo de ti mentalista–”no tienes que preocuparte, estare bien” no lo dijó “confia en mi” –no soy tonto, le prometí a Ryusui tomar precaucion y lo hare ¿cuento contigo verdad?

Gen lo observó, tal vez buscando una grieta, una pizca de duda. Estaban tan cerca que Senku podría sentir el calor de su respiración, sus ojos rojos pasaban de los labios del mentalista a sus océanos personales.

Gen contuvo por un momento la respiración–Está bien –susurró–Creo que ya deberíamos ir a dormir.

Le dedico una última mirada, tan profunda como el cielo en luna nueva y sin más se alejó, Senku se preguntó si todo lo que se tenía que decir se dijo.

 

Cerca del atardecer del décimo día por fin visualizaron tierra y con ello la incertidumbre creció a bordo del Perseo.

–Ya conocen el plan, no quiero pérdidas. Senku espero que estés seguro de esta locura.-- La tripulación se encontraba inquieta.

–al diez mil millones por ciento capitán.-- Senku habló con seguridad, no era momento de dudar.

El mismo Ryusui se encargó de asegurarlo, algunos de los marineros lo miraban con pena, otros dudaban si acercarse a hablar, escucho entre susurros a los que se preguntaban si podrían descifrar el mapa si él no estaba, otros se preguntaban si las sirenas realmente serían seres hermosas.

–No lo son ¿no escuchaste lo que nos dijo Gen?-- Kinro regañaba a su hermano por sus imprudencias nuevamente- dice que parecen más monstruos verdosos que seres humanos.

–Deberíamos atarte por completo al mástil.-- Dijo Gen a su lado, ignorando por completo a los hermanos. Revisaba las cuerdas atadas en sus brazos y torso con la misma atención con la que Senku miraba las estrellas, sus manos rozaron, el calor le dejó una sensación de cosquilleo que permaneció.

–Sobreestimas mi fuerza mentalista, el largo de la cuerda es suficiente para estar cerca de la orilla sin que pueda saltar.--Senku le sostuvo la mirada en silencio, estar con Gen era como tener enfrente las respuestas de todo el universo y no poder estirar lo suficiente el brazo para alcanzarlas.--Ve a ponerte la cera, estaríamos en problemas si nuestra principal fuente de sustento cae por la aborda.

Gen se retiró con una última mirada pesada, más significativa de lo que Senku pensaría, atado del torso por una cuerda gruesa y los brazos tras el cuerpo Senku se sentó a esperar. Ese “estaríamos” le dio un mal sabor de boca pero no se detuvo a pensarlo demasiado. Se dedicó a observar al resto, después de un rato era el único de la tripulación sin cera en los oídos.

Mientras más se acercaban al archipiélago los esqueletos de barcos se hacían más notables, el aire se sentía más pesado y la visión se veía disminuida por la bruma, las olas comenzaban a chocar estruendosamente en el casco del barco, aun con los oídos destapados sería imposible saber si alguien caía por la borda.

Miró a su alrededor, Ryusui estaba tras el timón con una seriedad inquebrantable, concentrado, el resto de la tripulación estaba tensa, se mantenían alejados de las orillas, tal vez el único lo suficientemente imprudente o valiente era…

–Senku chan– era él.

–Mentalista no es momento para hablar– Senku se intentó girar para encararlo, se sintió un poco estupido al recordar que el otro no lo podía escuchar pero las olas golpearon con tanta fuerza el barco que al sacudirlo varios de los tripulantes perdieron el equilibrio, cuando por fin se giró para encarar al mentalista se dio cuenta.

Gen no está a su lado.

Se levantó agitado, lo busco impaciente, al no verlo cerca su cabeza lo forzó a recordar donde fue la última vez que lo vio, el recuerdo vivido de Gen estando demasiado cerca de la orilla antes de escucharlo le heló los huesos, por un momento sintió que el aire le faltaba. Las cuerdas comenzaban a molestarle.

Por más que escarbaba en su memoria no podía encontrar la imagen en la que Gen se protegió los oídos con cera, su corazón comenzó a acelerarse, tenía que encontrarlo estaban por entrar a una zona peligrosa.

–¡Senku-chan!

Escucho un grito

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, sus músculos se tensaron, sintió que sudaba frío en cuanto más se acercaba al origen de la voz, cada vez más clara conforme se acercaba a la orilla.

–¡Vamos a nadar!

Gen estaba en el mar.

-¡Idiota! ¡sube ahora! ¿no ves que es peligroso?- Su estómago se volvió un nudo, Senku no se podía acercar aunque lo intentara, por más que jalaba las cuerdas no cedían.

Gen flotaba, las olas antes tempestuosas se calmaron y el aire se volvió silencioso, para un marinero experimentado esa tranquilidad era una advertencia de muerte.

“Ellas estaban más cerca de lo que pensaron”

Un sentimiento que nunca antes había sentido lo invadió, un miedo crudo a perderlo, sudaba frío, las cuerdas estaban fuertemente amarradas. Una sensación de vacío se instaló en su estómago, su mente iba a toda velocidad.

–¡Leona!¡Chrome! ¡alguien! ¡Desatenme!- la desesperación le quemaba por dentro.

“¿iba terminar todo antes de siquiera empezar?”

Por primera vez en su vida Senku se dio cuenta de lo cobarde que fue, siempre lo supo, pero lo ignoro. Gen había sido muy paciente con él, dándole el tiempo necesario para procesar sus sentimientos en lugar de enfrentarlo con hechos en la cara.

y ahora estaba a punto de perderlo

Le dolía la garganta de tanto gritar, nadie lo escuchaba, sus ojos ardían al borde de las lágrimas, se movía incesantemente pero parecía que las cuerdas no pensaban ceder.

–¡Imbécil! ¡hazme caso! ¡sube antes de que sea tarde! – Gen estaba demasiado tranquilo en las aguas, hipnotizado. Era incapaz de ver el peligro que nadaba bajo él, Senku las sentía cerca, sabía que lo estaban, murmullos y risas traviesas que antes se perdían en el aire se comenzaban a escuchar con claridad.

–Te preocupas demasiado¡ baja! ¿no te parece romántico? ¿o es que no quieres?-- Senku gritaba como loco, sintiendo que perdía más la cabeza, cada vez jalaba con mayor fuerza las cuerdas que le comenzaron a dejar marcas “¿cómo podría desatarse?”

Su mente iba tan rápido como el viento en tormenta, tenía que mantener a Gen cerca, si se alejaba sería su fin.

–¡Gen!-- Senku seguía jalando, las cuerdas le apretaban el torso dejándolo sin aire, sus muñecas y brazos ardían– ¡vamos imbécil sube! ¡no te atrevas a dejarme!

Busco con la mirada por toda superficie cercana, un cuchillo, una navaja, cualquier objeto afilado que pudiera cortar la cuerda.

“Tal vez si rompía una de las lámparas de aceite…”

–¡Si no subes saltare contigo! ¿eso quieres? ¿que ambos nos ahoguemos? ¿que las sirenas nos coman?-- las lágrimas salían sin parar de sus ojos, por más que intentaba no podía razonar con él, estaba completamente hipnotizado y la lámpara más cercana seguía fuera de su alcance.

Hasta que no lo estuvo.

Por primera vez en su vida la suerte estaba de su lado, la lámpara cayó de su lugar sobre uno de los barriles y se estrelló, partiéndose en miles de pedazos.

Cuando por fin la cuerda comenzaba a ceder, su vista se oscureció por completo y con ella el sonido desapareció.

Alguien lo había sujetado por detrás, intentaban detenerlo. Senku se resistió con todas sus fuerzas y entre tanto jaloneo lo pudo ver; una de las flechas de Ukyo atravesó a Gen.

Su respiración se detuvo, grito pero no escucho su propia voz.

“¿Cómo es que Ukyo era capaz?”

Busco su mirada, esperaba ver arrepentimiento, dolor, cualquier cosa, pero solo se encontró con un rostro terriblemente frío.

Regresó la vista al mar con una lentitud de quien no cree lo que acaba de ver y al mismo tiempo temor por la misma imagen.

Ya no era Gen quien tenía la flecha enterrada, ni siquiera era un ser humano.

Senku dejó de jalar, trató de regular su respiración para pensar, tratar de buscar una explicación lógica pero su visión no se podía apartar del punto en el que la criatura desapareció dentro de las profundidades.

Unas manos suaves y cálidas se posaron a cada lado de su rostro guiandolo hacía su dueño. Los ojos de Gen lo miraban con una mezcla de terror y consuelo, lo examinaba detalladamente y con sus pulgares limpiaba las lágrimas que recorrían su rostro, sus labios se movían pero su cabeza no le ayudaba cuando trataba de leerlos.

Se sintió… no… era estupido al creer que el canto de las sirenas no lo afectaría, cayó y ni siquiera se percató. Senku creía que intentarian seducirlo. En cambio sacaron a flote sus deseos y su miedos más ocultos, esos que ni él se atrevía a mirar. Cayó inconsciente en los brazos de quien más temía perder.

 

A la mañana siguiente cuando despertó, el primero en visitarlo fue Ryusui, a pesar de su imprudencia no pudo obtener información y eso le sentó como una bala de cañón en el estómago.

-¡Aja! ¡Felicidades Senku, eres el segundo hombre en sobrevivir después de escuchar su canto!- cuando la puerta se cerró detrás de él dándoles mayor privacidad, su semblante cambió por completo, soltó en un susurro lleno de una seriedad poco común –Conseguimos información, pero por su seguridad diremos fuiste tú quien lo hizo.

Senku no protestó, tampoco preguntó a que se refería Ryusui, solo tenía a una persona en mente y cuando su mentalista por fin entró por la puerta con una bandeja de comida en las manos su mente y corazón encontraron un poco de quietud.

Su capitán los dejó solos, cerrando la puerta tras él, leyendo el ambiente con solo una mirada fugaz.

Gen no dijo nada, al principió solo se sentó en la silla junto a la cama y lo miró.

–Eres un idiota – Sentenció. Senku entendía su enojo, despues de todo él, Ukyo y Taiju fuero los que detuvieron su tortura al taparle los oidos.

–Lo sé.

–Nos preocupaste demasiado, las cuerdas te lastiman, te cortaste las manos y cuando me gritaste pensé– Gen se interrumpió a sí mismo al escucharse, guardó silencio, Senku lo miró expectante, lleno de duda

Gen estaba serio con la mirada llena de impotencia, de secretos sin decir y los ojos cristalizandose.

Entonces Senku lo entendió: No podía recordar a Gen poniéndose cera en los oídos porque no lo había hecho.

El silencio se volvió pesado, su garganta se sintió seca.
“vaya… todo tenía sentido”

–¿Ryusui lo sabe verdad? –a su voz le costó salir, como si cada palabra fuera demasiado pesada para el frágil momento en el que se encontraban. Gen se negaba a mirarlo.

–Debí decírtelo esa noche, pude evitarte este sufrimiento–-Las lágrimas caían brillantes del rostro de Gen, por un momento Senku pensó que se convertirían en perlas pero no fue así, su corazón se encogió ante la imagen del chico brillante tan vulnerable.

Senku busco las manos de Gen, suaves a pesar de estar la mayor parte del tiempo en mar abierto, después de todo era parte de su naturaleza, a diferencia de las suyas agrietadas, secas y con diversas cicatrices, ahora enrojecidas por la fricción de las cuerdas y envueltas en vendas a causa de los vidrios de la linterna,

El silencio se volvió pesado entre ellos por primera vez, y Senku intentó lo único en lo que no era un genio: leer el ambiente y hablar asertivamente.

–si mal no recuerdo dijiste “mujeres de belleza inigualable” y por lo que se tu y yo tenemos lo mismo entre las piernas.--

Y falló.

–Eres un idiota– un bufido que trataba de contener una sonrisa fue la respuesta de Gen.

–Ya me lo dijiste– una sonrisa avergonzada, casi tierna pintó el rostro de Senku

–Creo que nos debemos explicaciones– Senku asintió, dispuesto a escuchar sin juzgar, Gen continuo sin mirarlo, buscando por donde era adecuado comenzar

–Somos pocos los mestizos que sobrevivimos al parto, los que lo hacemos somos más… humanos que nada a excepción de algunas cualidades-.

Senku lo notó, pero tal vez no habría llegado a esa conclusión tan fácilmente: piel que se mantiene hidratada y perfecta sin mucho esfuerzo, una presencia hipnotizante, el cabello bicolor y obviamente… inmunidad al canto de las sirenas.

–Por ejemplo, los oídos de Ukyo– Gen se removió ante los ojos rubíes que lo miraban fijamente, tratando de brindar la mayor información posible sin perderse en ellos– No hemos conocido a otro como nosotros, así que decidimos mantenernos juntos.

“Por algo eran el dúo inseparable, en perfecta coordinación al robar y distraer” En ese momento Senku lo comprendió.

–También quiero decirte algo–ahora era su turno de ser honesto, trato de reunir las palabras pero era difícil cuando nunca lo hablaron lo que había entre ellos

–Se que no lo he dicho antes y lo lamento– Gen lo miró, sus ojos azules brillaban como estrellas y su blanca piel se tornaba de los colores del atardecer, después de todo era un experto mentalista podía leer las intenciones de Senku como un libro abierto– pero eres mucho más importante para mi de lo que demuestro, y no se… como expresarlo correctamente. Perdón por haberte hecho esperar tanto.

–Entonces ya no te contengas Senku-chan.

Se miraron con intensidad, no sabían en qué momento se habían acercado tanto, Senku se permitió el capricho de acomodar el mechón blanco de Gen detrás de su oreja.

Mantuvo su mano en la mejilla caliente teñida de rojo, observó con atención su rostro, prestó suma atención en los ojos encantadores, cuando llegó a los labios los rozó con su pulgar generando una corriente eléctrica para ambos.

Como Gen lo pidió no se contuvo, lo atrajo hacia él en un beso desesperado, lleno de todo lo que sentía y por tanto tiempo no se atrevió a nombrar.

Gen paso de su lugar en la silla a la cama con él en un movimiento fluido, respondiendo el beso con una emoción envolvente y manos viajeras, respiraciones agitadas y bocas que se volvían a buscar después de separarse.

Todo lo que se tenía que decir se dijo bajo las viejas sábanas que los envolvió. No quedó duda alguna de que un astrónomo que se convirtió en pirata cae rendidamente enamorado del hijo de una nereida.

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