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Relationships:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-09-09
Words:
1,426
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
2
Hits:
40

Shu y las drogas

Summary:

Chistosa historia de cómo Mika droga a Shu por accidente.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El Sol se alza una vez más abrasando la silueta de dos jóvenes en la arena. Desafortunadamente, uno de ellos es incapaz de sentirlo.

"¡Kagehira! …; ¡KAGEHIRA!" —Shu rugió ante el cuerpo sin vida de su compañero. No es ningún misterio que la lealtad de Mika fuera excesiva, pero ni en sus peores pesadillas había imaginado un golpe tan letal. Debería haberlo supuesto. Desde el primer momento en el que su avión se incendió Shu debería haberse imaginado que Mika haría lo imposible para mantenerlo vivo.

Por iniciativa de su abuelo, habían planeado un viaje a Francia para conmemorar su graduación. Claro está que él hubiera preferido ir solo, pero el viejo insistió en traer al pequeño. Ya sabéis cómo es, igual de cabezota que su nieto. Shu lo maldijo, pero sabía que no era suficiente.
Al ver la realidad ante sus ojos, se sintió incapaz de expiarse. Él mismo debía pagar por haberlo dejado ir.

Llevaban cinco días en una isla desierta sin rastro de comida. Mika, seguramente agotado, decidió usar su último aliento para saltar de la palmera bajo la que se refugiaban. Quién sabe; si gracias a él Shu pudiera salvarse, Mika sería el hombre más feliz del más allá.

"Kagehira…, todo esto ha sido todo culpa mía. No merezco un sacrificio tan honrado. Como castigo, sucumbiré entre tus carnes, abrazando las funestas aguas de la muerte. Sólo así lograré purgar este mal ego del terreno carnal."

- - -

Mientras Shu se lamentaba en el sillón de su habitación, el ilusorio ardor de la isla le atormentaba. A él, quien creyó reales las extravagancias de su ingenio, se le acercaron dos distinguidas siluetas.

"Eeh… y pos está asín dende ayer". El otro muchacho se dirigía a su invitada. "¿Desde ayer?… Vaya, ya veo."
Un problema resuelto, eso explica por qué sus dos anfitriones se abstuvieron de ir a clase. Ahora bien, pese a que era la razón por la que se había pasado, eso quedó totalmente opacado ante la vista de un salvaje Shu Itsuki delirando totalmente desnudo. Quién lo diría, que bajo circunstancias normales sería candidato al hombre más recto de la academia. Con un largo suspiro, ella se recompuso para rendirse honradamente. "Lo siento, Mika-chan." Arashi anunciaba disgustada. "Perdóname, pero me veo incapacitada para enmendar esto. ¿Y si avisamos a un médico?"

"Ngaaah… no puedo" Mika, su principal anfitrión, exhaló de inmediato. "Lo atendrían por grillao y lo echarían der cole. Naru-chan, ¿no te se ocurre na…?" El muchacho suplicaba con un tono afligido. Pobrecito, Arashi se llevó la mano a la cara, esperando que le dijera la solución. Pero eso solo la haría ver igual de loca que el viejo rosado. Qué remedio. "E-en cualquier caso, ¿cómo ha acabado así? Es extraño hasta para él."
"No lo sé, después de la hora der té empezó a armal jaleo y no paraba é decir cosah rarah. A Mado-nee la pilló pa saltar la ventana chillando y luego se tiró en er suelo desnúo acalorao y ahora ni siquiera se quiere jalar er croasán y ya me tiene cagao en er sitio…" Mika bajó la cabeza encogiéndose. La joven se le acercó por instinto y le empezó a golpear suavemente la espalda. "Bueno, eso quiere decir que algo debió pasar antes."

Entonces, Arashi alzó una ceja. "Mika-chan, ¿no tendrás por casualidad algo del té que le preparaste ayer?" La expresión del joven cambió de inmediato. "¡Ah!, claro." Rápidamente, volvió de la despensa con lo que parecía ser una bolsa de plástico cerrada con un par de pequeñas hiervas en su interior. ¿Qué es lo peor que podría pasar? En cuanto Mika la abrió para dejar que su amiga lo examinase, un fuerte olor invadió la estancia. "¡Puaj! Pero… ¿¡de dónde has sacado esto!?" Mika, intimidado, confesó: "Ngah… me lo regaló un señor de ar lao la tienda…" Arashi, horrorizada, sostuvo a Mika por ambos hombros. "Mika-chan, esto es terrible, esto no es té. Y a juzgar por la reacción del viejo, ¡no puede ser nada bueno!" declaró temiéndose lo peor.

Mika, aunque igual de asustado, permanecía incrédulo "Malo como…, ¿como un té caducao?" Arashi se golpeó su valioso rostro "No, tontorrón, ¡droga!" susurró fuertemente "¡Está drogado!"

El pequeño se llevó las manos a la cabeza y empezó a rascarla sin control. "¿¡He chispao ar profe!? … ¿¡Q-qué hago ahora!? ¡Me va a escachuflar! ¡No lo voy a contar!" La joven lamentó hacer detonar al chico y lo sostuvo de nuevo. Con un tono tan reconfortante como serio, reafirmó: "En cualquier caso, tenemos que buscar una solución. Y creo que definitivamente deberíamos llamar a un doctor.

"Nghhh, no, no, no, ¡ni hablar!" Mika saltó al sillón en el que Shu seguía sumergido en su monólogo. "Oshi-san, ¡Oshi-san!, ¡Tiene que espabilaaaar!" Empezó a sacudir al mayor como si quisiera hacerlo puré. Arashi estuvo a punto de salir a detenerlo, pero dio un paso atrás ante la reacción del joven Itsuki.

"Abuelo, ¿eres tú? Ah… con que de eso se trata." Shu extendió una de sus manos. Suavemente, con ojos cristalinos, depositó la calidez que albergaba en el diminuto corazón de Mika, que salió sobresaltado. "¡Oshi-san! Míreme, ¡todavía estoy aquí!" Mika insistió, pero Shu no pareció escucharle. Poco a poco, consiguió salir del abrumante sillón para colocarse bajo los pies del pequeño. "Abuelo, usted ha venido a juzgarme, a mis pecados." Mika gritó incrédulo, Arashi se volvió a llevar la mano al rostro. "No, no, Oshi-san; ¿no me ve que estoy aquí arriba?" Ya sea por la alta temperatura del cuerpo de Shu o por la vergonzosa situación, la cara del pequeño comenzó a ponerse roja.

"Kagehira… claro está que si bien no fuera muy habilidoso, su actitud era impecable. Confío plenamente en que habrá logrado alcanzar el paraíso." Shu dejó un largo pero débil hilo de aire atravesar la estancia. "En comparación, reconozco que mis métodos no siempre se pudieran considerar honrados. Pero se lo ruego, Abuelo, ángel judicante, voz de la razón, déjeme ir a su lado. Perdone este ego y se lo compensaré eternamente." El joven Itsuki se arrodilló aún más en serio, cabeza en el suelo. Por su parte, el otro joven no supo qué hacer más mirar a su amiga en busca de ayuda, al ver dos colinas asomándose por la espalda del señorito.

"O-Oshi-san… levántese ya por favor que tá mu raro…" Sucumbiendo a la vergüenza, Mika intentó alejarse de él. Para su sorpresa, este le respondió agarrándose su pierna. Acercándola a su pecho, suplicó: "¡no, por favor, haré lo que sea! ¡No me deje caer al averno! ¡Se lo ruego, lléveme con él!" Perfecto, justo lo que el pobre Mika quería evitar. Ahora un paso en falso y su pie descalzo podría acabar tocando… demasiado.

Entonces, Arashi, a punto de vomitar, rompió la escena: “Mika-chan, sabes lo mucho que te aprecio, pero no puedo más. Perdóname, volveré si faltas mañana a clase, ¿vale?” Cubriéndose la boca, despegó hacia la salida. Sin embargo, un fuerte sonido la detuvo.

Sintiendo un escalofrío, sus ojos cruzaron los de Mika, igual de espantados. Fuera de la habitación, una escandalosa sirena de policía los mantuvo quietos durante unos segundos. El pequeño, asomándose a la ventana, no tardó mucho en saltar ante el fuerte anuncio. “¡A TODOS LOS PRESENTES, LOS CUERPOS DE SEGURIDAD LES ORDENAN SALIR DE INMEDIATO!”

Vaya, parece ser que el olor de las hierbas se había extendido más allá de la estancia. En cualquier caso, no tenían opción.

“V-vas a salir, ¿verdad?” Mika apenas podía lograr alzar la voz. Arashi se encogió de hombros. “No nos queda de otra. Tranquilo, yo llevaré al señor.”

“Ngh… ta bien, creo que será mejor asín.” Shu seguía pegado a su pierna, tiritando. Era la primera vez que se mostraba tan vulnerable. Por más patético que se viera, Mika trató de mantenerse firme. “Oshi-san, er cielo está por aquí. Sígame y agárrese bien, ¿vale?”

Shu asintió y los tres se dirigieron hacia la salida. Todo parecía ir sobre ruedas cuando llegaron. No obstante, saliendo, el viejo nervio de Shu volvió a la vida. Al instante, se abalanzó sobre uno de los policías y besó en lo alto de su casco.

“¡¡¡OSHI-SAAAAAAN!!!” El pobre Mika corrió a separarlos pero el resto de los guardias se abalanzaron contra él en respuesta. Arashi, por su parte, no pudo aguantar más. Vomitó en la entrada justo cuando salían los padres del señorito. Los cuales, a juzgar por su expresión, optaron por privarse de su responsabilidad sobre el excéntrico y hacerse los suecos.

Parece que será un largo viaje al hospital para los tres.

Notes:

No puedo cagar. He escrito esto porque no puedo cagar; puede que por eso haya tanto culo. En cualquier caso, muchas gracias por leer.