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Escritos de "The Freak Circus"

Summary:

En esto iré publicando los escritos acerca de la novela visual ''The Freak Circus'' de Garula.
No serán historias continuas probablemente, solo pequeños one-shots, imaginas o semejantes.

Si las etiquetas están mal puestas, no juzgue, no se utilizar ao3.

Work Text:

IMAGINA


 

Pierrot es un buen cocinero y gusta de lo dulce principalmente; Apuesto a que estaría más que encantado en prepararte algo si es que se lo pidieras, es casi como si quisieras una parte de él para devorarlo .

Su corazón casi sale de su pecho cuando le sugiere un modo de broma, no tan broma , que quizás debería de hacerte un par de desayunos algunos días, los cuales rápidamente se convirtieron en lo normal en todas tus mañanas.

 


“Hoy sí que va a ser un día muy lento, ¿no?”

Balbuce distraído mientras continuaba jugando un juego de adivinanzas que encontré en internet, aun con la reunión sonando en mis oídos gracias a los audífonos. En la empresa en la que trabajo no había mucho que hacer en estas épocas honestamente, los superiores acaban de cerrar tratos grandes y solo algunos empleados recibían a sus clientes como derivaciones directas, para mi mala y buena suerte no se formó parte de ese 'sector privilegiado'.

Esos proyectos por más que hayan sido rechazados y dejados en manos de otros, que casi siempre porque eran personas realmente imposibles de tratar según mi experiencia, continúan siendo trabajos con remuneración por detrás; Además, es mejor mantenerse ocupado en lugar de estar atendiendo estos asuntos.

 

Juntas para la ayuda de la convivencia laboral no pagadas.
Léase la letra pequeña.

 

Arroje todo mi peso sobre la silla ya agotada de jugar después de una hora y media. Todavía faltaba una hora para dar por finalizada esta cosa.

Jamás creí arrepentirme tanto de haber borrado esos juegos de mi computadora, realmente Stardew Valley no me estaba consumiendo tanto como para haberlo desinstalado…creo.

 

De nuevo volvió a dirigir mis ojos hacia la hora, 8:40 AM.

No quiero sonar impaciente ni mal agradecida con Pierrot, pero ya lleva 10 minutos de detrás.

Algo novedoso tratándose de él.

 

Acomodándome de una forma en la que no pareciera tan sospecho que iba a cerrar los ojos un momento, comencé a relajarme un poco ya pensar en las cosas que hoy debería de hacer, terminar un par de documentos, regar mis plantas, comprar un par de cosas para la despensa y los ingredientes que Pierrot me pidió que comprara.

“Definitivamente mi mente tiene planeado traicionarme desde que conozco a ese adorable payaso.”

Ya casi son dos o tres semanas o algo así desde que nos conocimos en la calle, la verdad es que perdí la cuenta un poco. Si bien es muy poco tiempo para algunos, he llegado a tener amistades de meses y jamás me hubiera atrevido a ser así como lo soy junto a Pierrot, es alguien a quien realmente he llegado a apreciar demasiado y me siento bastante en confianza con él alrededor.

 

Definitivamente esa personalidad de cachorrito desamparado que tiene conmigo viene haciendo efecto. Luego, están sus regalos, cada vez es algo distinto o igual al anterior al tratarse de sus obsequios, pero siempre los he apreciado sabiendo cual es el significado que tienen por detrás, no soy tonta para no ver sus reacciones, oír sus palabras y sentir sus miradas furtivas que me miran con algo más que un cariño platónico; Algo más profundo y ciertamente retorcido ahí allí, algo que no puedo decir que no es bastante halagador y excitante.

Sin embargo, el afecto y la cercanía que tenemos llegamos a tanto como para pedirle cosas como una desvergonzada total. Ejemplo, ahora este tipo que trabaja en un circo tirando cuchillos me prepara los desayunos ya que sabe que soy un asco cocinando y al parecer él es todo terreno al tratarse de postres o comidas dulces; ¿Y quién aquí ama una buena porción de algo rico para recibir el día? Al parecer, ambos.

 

Entonces, ahora con Pierrot nos reunimos por las mañanas durante un rato mientras comemos lo que cocinamos junto a unas tazas de algún te o chocolate caliente. Gracias a este sujeto ahora debo comprar paquetes de azúcar al día.

Pese a no dejar que lo vea comer por las reglas de su trabajo, encontramos la manera de que funcionara, aunque tenga que sentarme de espaldas a él o utilizar algo para taparme los ojos; De vez en cuando es algo nuevo, si bien, algo extraño.

 

Aunque su comida y compañía lo valen.

 

Gemí al volver a ser consciente de la voz del coordinador. Escapando de mi control mis ojos se fijaron en la hora, de nuevo, 8:58 a.m.

“Puede ser que de por medio si me haya quedado dormida.” Moví el mouse para así apagar mi cámara y ser libre de los juzgones de mi trabajo. Una vez desactivada me estire oyendo los deliciosos crujidos de mi espalda, también un dolor punzante de mi cadera, pero eso es lo de menos.

 

Antes de volver a fingir que estaba prestando atención unos golpes en mi puerta me detuvieron, sonaban apresurados y descuidados.

En este instante, con mi cara deformada en un puchero, me reí sarcásticamente.
“Hablado del diablo”.

 

Ya casi enfrente de la puerta no pude evitar intentar arreglarme el cabello un poco antes, solo un par de mechones sueltos, pero nada tan grave ya que eso estaba en la parte inferior de mi ropa, un pantalón largo de pijama con unas estrellas.

En mi defensa, solo tenía que estar arreglada de la cintura para arriba.

 

Sin querer hacerle perder más tiempo al pobre artista me apresure en abrirle.

Honestamente, me gusta lo hiperconsciente que es de donde estoy, pero hay otras veces en las que realmente da algo de miedo, como ahora quizás, aunque lo más probable es que lo esté sobrepensando.

En la entrada estaba Pierrot un poco despeinado por lo que veo, pero como siempre, postura erguida casi al máximo, una enorme sonrisa de dientes blancos y unos ojos amarillos llenos de afecto hacia mí. Ni siquiera me molesté en disimular el calor de mi rostro al verlo.

 

Ignore deliberadamente el pensamiento que hablaba de lo bien que se veía con los cabellos desordenados. – ¿Problemas en el circo? – Moví mi cuerpo para dejarlo entrar como siempre solía hacer. Sin embargo, la tensión en su sonrisa me revolvió el estómago.

 

Con un gesto más claro le indique que podía pasar, agachándose un poco por el marco acabó haciéndolo, cerré la puerta detrás de él mientras seguía con sus manos ocupadas, una con una bandeja y otra con una pila de papeles, volantes del circo. – Mi señora, lo lamento mucho pero no puedo quedarme a desayunar. – Su tono, pese a intentar disimularlo se notaba irritado por la situación.

Me gustaría decir que no pero no pude evitar dejar ver mi decepción ante Pierrot, ayer había encontrado una vieja y tonta bufanda enterrada en mi armario y tenía la idea de utilizarla hoy como una estúpida broma, así como también, un mandil bastante bonito con un pequeño juego de palabras. Mi reacción no tardo en perturbar al payaso que ni lento ni perezoso se ofreció quedarse de igual forma a desayunar conmigo, diciendo que seguramente el Bufón lo entendería y que el Harlequin podía hacerlo solo durante un rato.

 

Una punzada de culpa me recorrió, realmente no quería que se metiera en problemas desobedeciendo órdenes directas de Jester por cumplir mis caprichos.

 

A sabiendas de que este payaso haría algo que no debía para cumplir mis deseos, una idea se me cruzo por la mente al ver como el interior del recipiente se empañaba, cambiando así un poco de tema. - ¿Desayunaste?

 

Mirándolo directamente a los ojos, detuvo su hablar. Parece ser que realmente lo había tomado por sorpresa, lo pensó durante unos segundos antes de simplemente negar con la cabeza, aun intentado averiguar hacia donde se dirigía la conversación. Sacándole la bandeja, tome su mano encaminándolo hacia las sillas del comedor, abriendo una y haciendo que se sentara en lo que yo me iba a la cocina.

El silencioso hombre obedeció, más sonrojado y dócil de lo que esperaba si soy sincera, estaba esperando a que se resistiera al menos. Mirándolo allí, encorvado sobre sí mismo, con esos panfletos en sus manos que parecían a nada de agujerearse gracias a sus guantes; Viéndome con cuencas oscuras y vacías a excepción de manchas amarillas que gracias a la distancia lucían como dos corazones temblorosos.

‘’ ¿De verdad este era el hombre al que todo el puedo agredía a diario solo por hacer su trabajo?’’

 

Acalle parcialmente estos pensamientos mientras seguía con lo mío, solo en parte ya que era bastante consciente de los ojos clavándose en mi nuca y en el resto de mi cuerpo en lo que limpiaba las frutillas, me hubiera sentido intimidada en otro momento, pero no se sentían como si fuese a hacerme algo sino como si me admiraran en silencio, cosa que Pierrot ha estado haciendo desde que nos conocimos ese día luego de defenderlo.

Un amor mudo, pero por contradictorio que suene, increíblemente ruidoso a su propio modo y dentro de lo que se le tenía permitido a puertas abiertas.

Mordí mi lengua al asustarlo con el sonido de la licuadora encendiéndose, juzgando por el sonido repentino de sus cascabeles.

 

El silencio reinaba en todo el espacio, solo con el sonido de la licuadora apagándose y de mis pasos contra las baldosas. Me gustaban estos silencios ocasionales cuando se trataba de Pierrot, teniendo en cuenta que no podía hablar en espacios abiertos por miedo a ser visto por otros miembros del circo, eran mucho más frecuentes de lo que me gustaría admitir, teniendo que ser yo quien los llenará en una charla unilateral o en un juego de adivinanzas con el de rojo.

 

Pese a apreciarlos y estar resignada a ellos, escuchar la voz de Pierrot se había vuelto algo adictivo desde el primer día.

- ¿Estás libre esta noche?

 

Mi visión volvió a encontrarse con él mientras seguía, por tercera vez quizás, lo volví a tomar por desprevenido, antes de que comenzara a decir que si a todo, continúe. – Me refiero a después de tu función, y no me mientas. – Detuve lo que hacía para centrar mis sentidos en el hombre sentado allí, enfatizando lo último. Sus pómulos ya rojos, se dispararon aún más, al igual que su sonrisa que ni siquiera podía mantenerse estable, manos temblorosas intentaron cubrirla mientras sus luceros evitaban los míos.

Con un hilo de voz me respondió diciendo que probablemente sí, eso si es que todo estaba solucionado para antes de su acto.

Tarare entendiendo, guarde las últimas galletas junto con una nota adhesiva por afuera de la bolsa ziploc. No pude evitar mencionarle la hora y que ya debería de irse; Con todo finalizado, camine hacía el payaso, al verme acercarme con ambas manos ocupadas parece que los engranajes en su cabeza estaban funcionando.

 

-No es bueno que estés por las calles trabajando sin siquiera haber desayunado Pierrot. No estoy segura si es que el Bufón es un jefe muy descuidado o si lo eres tú en realidad. – Hable sin dejar momentos para responder, en lo que dejaba el termo y la bolsa de plástico en sus palmas mientras lo guiaba hacia la puerta mencionando que definitivamente me quejaría con Jester la próxima vez que lo vea. En parte, lo decía enserio, cosa que debió de haber notado puesto a que comenzó a ponerse visiblemente nervioso, alegando que no era necesario hacer tal cosa.

 

Ya con Pierrot afuera me tome el atrevimiento de hacer algo que sé que me arrepentiré más tarde, pero quién puede culparme, ese rostro triste por tener que irse era demasiado como para no hacerlo.

Pese a la notoria diferencia de altura, mis manos alcanzaron su rostro. Suavemente lo atraje hacia abajo y sobre su mejilla deposité un prolongado beso ruidoso. Atreves de mis palmas y labios pude sentir el calor que irradiaba con fuerza y ​​como su cuerpo temblaba, derritiéndose como mantequilla sobre mis dedos. Al sentir la vacilación de uno de sus brazos para rodear mi cuerpo, me retiro finalizando el beso de un modo exagerado.

 

-Que tengas un buen día Pierrot , quizás vaya a verte en la noche y podríamos intentar la receta que mencionaste. – Con el tono más empalagoso que pude susurre, aunque sabía que él lo había escuchado perfectamente evaluando su rostro, ¿máscara?

 

Mis pocas acciones y palabras fueron suficientes para desencadenar una reacción exquisita, y casi febril, del Pierrot. Sus ojos ya no eran esos gentiles y maleables con los que me miraban en la cocina; Ahora, ardían llenos de algo mucho más retorcido, perverso, un fulgor que deseaba mi piel, impaciente, casi obsceno… casi hambrientos.