Chapter Text
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Togame se despertó lentamente al sentir cómo algo, o más bien alguien, se movía sobre él.
Sus ojos verdes se abrieron con pereza y no pudo evitar sonreír en el instante que vio a su adorable Omega embarazado moverse frenéticamente sobre su entrepierna descubierta.
Togame permaneció quieto y en silencio por un tiempo, observando con atención cada expresión de placer que aparecía en el rostro de su pareja, quien intentaba hacer el menor ruido posible, quizá para no despertarlo, a pesar de encontrarse encima de él y moverse desesperadamente para obtener lo que tanto necesitaba.
Despertar de esta forma ya era bastante común para él, y no le molestaba en lo más mínimo. Si Sakura quería autofollarse con su pene mientras él permanecía dormido, podía hacerlo sin problema alguno.
Lo amaba tanto que incluso podría darle su propio corazón, no de forma metafórica, si el Omega de cabello desigual se lo pidiera viéndolo con esos hermosos ojos.
— Togame… — escuchar como su nombre es pronunciado con tanta necesidad, enciende un deseo casi enfermizo en el Alfa, quien no puede seguir manteniendo sus manos lejos del bicolor.
— ¿Si? — responde Togame con total calma, tomando con firmeza las caderas de Sakura para que este no intente escapar. — ¿Qué pasa? ¿Acaso el ratón te comió la lengua? — pregunta en un tono burlón, ante el repentino silencio del Omega, quien lo mira de forma avergonzada y excitada a la vez.
— Esto… Esto es tu culpa. — Sakura no tardó en defenderse, lo que le hace ser acreedor de una sonrisa llena de diversión por parte del mayor.
— ¿Mi culpa? — pregunta Togame, sonando completamente inocente y confundido a la vez.
— Si, esto es tu culpa. — es lo que Sakura afirma sin dudar. — Tu me embarazaste, y ahora mis hormonas se han vuelto locas, además, mi cuerpo ha cambiado demasiado en los últimos meses. — dice, y aunque entiende que todo eso es parte del proceso de traer una nueva vida a este mundo, aunque su caso son dos, no puede evitar recriminarle a su Alfa por lo que está pasando.
Togame lo miró con las cejas arqueadas mientras deslizaba sus manos por debajo de la camisa de Sakura, recorriendo sus regordetes pechos y descendiendo hasta la estrecha cintura del Omega, apretando con suavidad justo en el lugar donde sabía que lo haría estremecerse como gelatina.
— Hm… ¿Y qué es lo que esperabas? — murmuró, atrayéndolo hacia él para hablarle cerca del oído, dejando a su vez un mordisco en el cuello ajeno, provocando que Sakura soltara un gemido ahogado. — Si tu cuerpo reacciona de esta manera, lo único que puedo hacer es ayudarte.
Sakura apretó los labios, tratando de no mirarlo directamente, con las mejillas sonrojadas y el sudor humedeciendole la frente. Sus movimientos sobre él no se detuvieron, al contrario, parecían intensificarse haciéndose cada vez más profundo.
— N-no es gracioso… — alcanzó a decir con la voz entrecortada. — Siempre tengo hambre, siempre estoy cansado, y no dejo de desearte. — dijo, sin poder verlo directamente a los ojos ante lo último.
— Oh, pero qué tragedia. — Togame se rió, empujando con suavidad desde abajo para acompañar el ritmo frenético de su Omega. — Estás cansado, hambriento, sensible y completamente a mi merced.
— ¡Idiota! — protestó Sakura, dándole un golpe débil en el pecho, aunque sus gemidos lo traicionaban, siendo lo que Togame estaba buscando, que se volviera loco y perdiera lentamente la cabeza. — No entiendes lo que siento, esto es demasiado.
Togame no le respondió, simplemente inclinó su rostro para atrapar los labios del menor en un beso profundo, saboreando la mezcla de frustración y necesidad.
Cuando se separó, lo miró con esos hermosos ojos verdes que parecían atravesarlo todo lo que veía, yendo más allá de lo que era superficial.
— Entiendo más de lo que crees, Sakura. Y no me importa si es demasiado, si tus hormonas te están volviendo loco… — sus dedos apretaron con más fuerza las caderas del Omega, obligándolo a hundirse hasta lo más profundo de su entrepierna; su miembro, ahora completamente despierto, se alojaba en el suave interior de su amado. — Porque seré el único que se encargue de saciarte.
El Omega soltó un jadeo tembloroso, aún se negaba a mirarlo, pero su cuerpo habló por él, rindiéndose al Alfa con cada movimiento desesperado que hacía.
Sakura gimió con fuerza al sentir cómo Togame lo mantenía hundido contra él, sin darle la mínima oportunidad de escapar. Sus uñas se clavaron contra el pecho firme y desnudo del Alfa, buscando un punto de apoyo, mientras el calor lo devoraba desde adentro.
— T-togamee… — su voz se quebró en medio de un gemido suplicante.
El mayor sonrió con satisfacción al escuchar su nombre ser pronunciado de esa manera jadeante y necesitada. Con un movimiento brusco, empujó sus caderas hacia arriba, arrancándole un grito agudo al Omega.
— Eso es, sigue así. — murmuró nuevamente contra el oído del bicolor, su voz era ronca cargada de deseo. — No intentes contenerte, quiero escuchar con claridad cada sonido que salga de tu linda boca.
Sakura apretó los labios, pero fue inútil; el placer lo hacía estremecerse y perder el control. Sus movimientos, antes frenéticos y torpes, se volvieron desesperados y ansiosos, como si buscara alcanzar el clímax en ese instante.
Togame lo sujetó de la nuca y lo obligó a mirarlo, sus ojos verdes brillando con un profundo deseo posesivo.
— Mírame cuando me lo pidas, Sakura. — le dijo, sin darle opción a negarse a cumplir su petición. — Quiero ver tu cara cuando me llamas de esa forma, quiero verte cuando me corra dentro de ti.
El bicolor tembló, sus mejillas se enrojecieron y el sudor corría por su piel sensible. El Alfa no se contuvo más, lo tomó de la cintura y comenzó a embestir con fuerza, arrancándole gemidos que resonaban en toda la habitación.
— ¡A-ahh! ¡Joder! ¡Togame! ¡Más! — el Omega apenas podía pensar, su cuerpo obedecía al instinto, a las hormonas que lo arrastraban directo a la locura.
— Así es, pideme lo que quieres. — gruñó el mayor contra sus labios, mordiéndolos con rudeza antes de besarlo con brutalidad. — Vamos hacerlo hasta que no tengas fuerzas para seguir moviéndote.
El Omega lloriqueó, aferrándose a Togame como le era posible, mientras cada embestida lo hacía sentir al borde de romperse, sintiéndose tan lleno que parecía imposible soportar más, pero a la vez, incapaz de poder detenerse.
Togame no le dio ni un momento para recupera el aliento; lo sostuvo con brutal firmeza de las caderas y lo obligó a recibir cada embestida profunda, tan fuerte que el sonido húmedo de sus cuerpos llenaba el cuarto junto con los gemidos agudos de Sakura.
— ¡Mgh! — el Omega ya no podía contener nada, sus jadeos se mezclaban con sollozos de puro placer, su cuerpo entero se arqueo hacia atrás, desviando un momento la mirada del Alfa.
— Mírate. — gruñó Togame, disfrutando por completo del panorama que tenía delante. — Estás hecho un desastre, y aun así no paras de pedirme por más.
Sakura negó con la cabeza, pero sus movimientos desesperados lo delataban; sus caderas se empujaban hacia abajo con una necesidad frenética, como si buscara romperse los huesos con cada embestida.
— ¡No! Yo no… Más… Jo… Más… — sus confusas palabras se interrumpieron con un grito ahogado al sentir como era golpeado en lo más profundo de su cuerpo.
— Claro que puedes. — Togame le dijo con un tono seguro. — Tu cuerpo está hecho para esto, ahora mismo me lo está pidiendo, me aprietas tanto que voy a volverme loco.
El Alfa lo levantó sin esfuerzo, haciéndolo rebotar sobre su erección con un ritmo despiadado, disfrutando del espectáculo de su pequeño Omega deshecho enncima de él, con los labios entreabiertos, la voz rota en gemidos y la mirada vidriosa.
— Vas a seguir así hasta que me corra dentro de ti una y otra vez. — susurró contra su oído, mordiendo el lóbulo derecho y arrancándole un nuevo gemido desgarrado. — Te dejaré tan lleno para poner un nuevo bebé en tu vientre, así tendremos tres hermosos cachorros.
El bicolor sollozó, hundiendo el rostro contra el cuello ajeno, mientras su cuerpo se estremecía de placer al borde del colapso. Cada embestida era más intensa, más demandante, como si Togame buscará marcarlo desde adentro, en busca de recordarle a quién pertenecía.
Aunque ya no había necesidad de hacerlo, porque todos sabían de quién era, los bebés que llevaba en su interior eran la mejor prueba de ello.
— ¡Togameee! — gritó entre lágrimas, enloquecido por la mezcla de dolor, placer y necesidad que lo consumía desde adentro.
El Alfa lo abrazó con fuerza, continuando con un ritmo salvaje, decidido a romper cualquier resistencia que quedara en su Omega.
— Shhh, está bien, lo estás haciendo muy bien. — le susurró suavemente, justo en el momento en que alcanzó su propio límite.
Llenó el interior de su pareja de forma desbordante, al punto de que el semen se deslizaba entre las piernas de su amado, quien intentó moverse, pero él no se lo permitió, no cuando su nudo ya había empezado a crecer, atrapandolos a ambos por un par de minutos o quizás más.
— Eres tan bueno. — murmuró, acariciando suavemente la espalda del bicolor, provocando que este sufriera un leve estremecimiento. — Eres un Omega tan bueno por darme dos cachorros en tu primer embarazo, tan bueno por dejarme destrozar tu cuerpo y tu mente, tan bueno por ser completamente mío.
Sakura se estremecía todavía, sus músculos estaban completamente tensos, y no podía dejar de gemir con cada pequeño movimiento que la unión forzada por el nudo le provocaba. El Omega intentó apartar la mirada, avergonzado por lo vulnerable que estaba, pero Togame y a vez más no se lo permitió.
— Mírame, Sakura... Omega, mírame. — ordenó con voz baja pero firme, tomando su mentón y obligándolo a clavar sus ojos desiguales en los suyos. — No debes de esconderte de mí, porque eres mío, ¿entiendes?
El bicolor tembló, con las lágrimas aún bajando de sus mejillas, pero asintió, rindiéndose a esa mirada esmeralda que lo atrapaba.
— T-tuyo. — murmuró en un hilo de voz.
La sonrisa de Togame fue oscura y satisfecha en cuando Sakura dijo aquello.
Lo besó con fuerza, devorando sus labios como si quisiera grabar su sabor para siempre en su memoria.
— Así me gusta. — susurró entre mordiscos. — No hay nadie más que pueda tocarte, no hay nadie más que pueda hacerte sentir de esta manera. Aunque quisieras escapar, aunque lo intentaras, siempre volverías a mí. Porque naciste para ser mío, y yo nací para ser completamente tuyo.
Su tono era peligroso, casi enfermizo, pero al mismo tiempo ardía en ternura y de un amor feroz. Sus manos recorrieron la espalda sudorosa del Omega hasta apretarlo contra sí, hundiéndolo más en su pecho, tratando siempre de ser cuidadoso con sus hijos, que por suerte se habían mantenido quietos, dejándolos disfrutar de este momento.
— Te amo de una forma que ni tú puedes imaginar, Sakura. — confesó con voz ronca, respirando agitado contra su oído. — No es solo deseo lo que siento, te amo tan profundamente que ya no podría vivir sin ti.
El Omega sollozó suavemente, su cuerpo estaba rendido pero su corazón no dejaba de latir rápidamente por la forma en que alguien lo amaba con tanta locura y fuerza. Togame bajó una mano hasta acariciar el vientre redondeado de su pareja, sonriendo con orgullo por lo que ambos habían hecho.
Por las vidas que habían creado en un momento de profunda conexión y amor, siendo el escenario vacío de Ori el lugar donde se entregaron a sus deseos.
— Hay dos hijos míos aquí dentro, y aun así, quiero que tengamos más. — admitió, siendo ahora su Alfa y su instinto de reproducción quienes hablaban por él. — Porque mientras tu cuerpo pueda recibirme, voy a follarte las veces que sean necesarias para que te embaraces de nuevo, hasta que no quede ninguna duda de que me perteneces solo a mí.
Sakura se mordió los labios, sofocando un gemido, el rostro le ardía por causa de la vergüenza, pero se sentía incapaz de negar la ola de placer que lo invadía con esas palabras.
— Mi precioso Omega… — gruñó Togame, clavando suavemente los dientes en el cuello ajeno para reforzar la marca ya existente que los unía como una pareja más allá de lo físico. — Si alguna vez llegas a olvidar porque te amo tanto, yo mismo me encargaré de recordártelo las veces que sean necesarias. — dijo, lamiendo con devoción la sangre que ahora salía de la marca.
El nudo palpitaba dentro de él, atrapándolos aún más, y Sakura entendió que no había forma de escapar, no de ese Alfa que lo amaba hasta la locura.
Aunque no es que quisiera alejarse de Togame, no después de ser consciente de la forma en que lo ama tanto.
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