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Un roto para un descosido

Summary:

En la escuela se dice que Sugishita Kyotaro da mala suerte.

Sakura Haruka no piensa lo mismo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Todos en la secundaria habían escuchado sobre esos rumores. 

Se dice que si miras a Sugishita Kyotaro a los ojos reprobaras todos tus exámenes. 

Nadie sabía exactamente cuándo comenzaron estos rumores, pero Sugishita siempre fue un chico solitario, encorvado y con la mirada perpetua en el suelo; su cabello solía cubrir su rostro como a un fantasma y ni siquiera hablaba. 

Los maestros ya no se molestaban en siquiera pedirle participación en clase y casi todos ignoraban su existencia, hasta que en algún momento comenzaron a temerle. 

Se dice que un chico le había tirado la comida y ese mismo día lo atacó un animal salvaje, o al menos, eso había contado cuando llegó el día siguiente. 

Todos le temían tanto que ni siquiera se acercaban a más de dos asientos, aunque a él no parecía importarle. 

Eso fue hasta que llegó el chico nuevo.

Sakura Haruka se sentó en el asiento de enfrente de Sugishita Kyotaro, pues no había otro asiento que pudiera tomar. Sakura era un chico extraño, su cabello parecía de dos colores, resaltaba demasiado a la vista junto con su ojo como un gato. Al principio pensaron que quería resaltar, pero pronto se dieron cuenta que no se trataba de pupilentes con tinte.

Los chicos de su salón comenzaron a molestarlo rápidamente. Le lanzaban papeles y borradores, le escondían sus cosas y escribían en su asiento cuando iba al baño. 

Se decía que había llegado a una casa de acogida porque sus padres lo habían abandonado. Otros decían que su madre era una prostituta y el estado se hizo de su custodia. 

Sakura nunca respondió a los insultos, no pasó mucho tiempo para que dejaran de importarle.

Hasta que un día, por error, alguien falló en su puntería y le dieron a Sugishita, quien dormía plácidamente en su asiento.

Fue la primera vez que vieron que el chico alto se levantó de su asiento, y sus compañeros, a los que había encarado y mirado fijamente por varios segundos, salieron huyendo del miedo. 

Esa noche, uno de ellos se cayó de las escaleras de su casa y a otro lo persiguió un perro en su calle. 

También dejaron de tirarle cosas a Sakura en el salón, por miedo a fallar de nuevo. 

 

(...)

 

—¿Por qué hiciste eso? —le cuestionó. 

El agua goteó del mentón del más alto, cayendo al lavabo. No había nadie más en el baño que ellos, aún con el espejo, Haruka no podía ver completamente la cara de Kyotaro por su cabello. 

Sakura no le había pedido que lo defendiera, no quería deberle nada a nadie. Pero Sugishita ni siquiera lo había volteado a ver desde el incidente en su salón.

Desde su llegada a la ciudad, Sakura sabía que no iba a ser nada bueno. Desde su anterior hogar de acogida había renunciado a que las cosas fueran diferentes; los servicios infantiles lo habían cambiado de ciudad desde que se peleó en su anterior escuela, y los padres del chico que ahogó a los gatitos que veía detrás de la escuela, amenazaron con demandar por romperle el brazo. 

Entonces, cuando lo tocó sentarse frente al chico más temido de la escuela esperó muchas cosas, menos que le ayudara. 

Kyotaro volteó hacia él, Haruka tomó una posición defensiva por si llegaban a los golpes. Pero el otro niño lo pasó de largo, como si ni siquiera hubiera notado su presencia. 

—Que molesto —murmuró el otro antes de salir, dejando a Haruka con una maldición entre dientes. 

No le daría las gracias, si eso pensaba. 

Sakura no creía en nada de lo que decían sobre Kyotaro, no le tenía miedo a la mala suerte, después de todo, ¿cómo podría su vida empeorar? 

 

(...)

 

—Quítate eso, fenómeno.

La gorra cayó al suelo, al igual que el pan que había comprado. 

—En serio es raro, no pensé que alguien así estuviera en tu mismo salón —otro tipo se burló, riendo como idiota.

Sakura apretó los puños. Si volvía a meterse en una pelea tendría que iniciar en otro lado de nuevo. Cualquier lugar sería igual a este, no tenía fin.

—Oye, oye, ¿Qué onda con esos ojos tan raros? Pareces un gato —el chico de su salón dio un paso al frente, tomando a Haruka del cuello de la camisa, obligándolo a mirarlo a la cara. 

Si lo golpeaba, solo tenía que volver a iniciar… 

¿Realmente importaba? 

—Oye, si los profesores te ven van a… —uno de los amigos del chico lo tomó del hombro para calmarlo, pero fue empujado por el susodicho.

—¡Cállate! ¿Acaso te da miedo? 

Al ser empujado, el secuaz de su compañero cayó hacia atrás, dónde hasta ese momento, nadie había notado que se encontraba una figura plácidamente dormida. 

Hubo un gruñido y su compañero, Eita, casi chilló cuando lo soltó. 

—¡Mierda! ¡Es Sadako-kun! —gritaron algunos antes de huir rápidamente. 

Sakura se dió cuenta que Eita le tenía un miedo especial a Sugishita. Y que tampoco era muy creativo con los apodos. 

Kyotaro ni siquiera reparó en la presencia de esos idiotas, pues seguía un poco dormitado, apenas reparando en lo que ocurría a su alrededor. 

Esa quizá fue la primera vez que sus miradas realmente se cruzaron, aunque duró pocos segundos. Sugishita miró la gorra y el pan que habían aplastado, la campana de fin del receso sonó. 

Ninguno de los dos se apresuró a volver a clase. 

La vista de Sugishita no se despegó del pan aplastado, Sakura se sintió un poco comprometido a recogerlo y tirarlo al bote de basura. Lamentablemente, no le alcanzaba para nada más de comer, la tienda ya estaría vacía a este punto. 

Su estómago hizo un ruido lamentable.

—¿Qué tanto me ves? —le preguntó ya frustrado, hasta un poco avergonzado de la silenciosa presencia del más alto. 

Kyotaro puso una cara agria, como si estuviera en medio de una discusión interna. Sin embargo, gruñó y reveló un pequeño bento. 

Estaba envuelto con una tela de cuadros, bordada a mano con su nombre y en el interior, un bento de madera. Dentro solo quedaba un onigiri solitario.

Kyotaro se lo extendió, Haruka lo miró sin entender.

—¿Me lo estás dando? —preguntó incrédulo.

¿Acaso tenía algo? No sería la primera vez que lo trataban de engañar con comida. Pero este estaba dentro de su bento… 

—Si no quieres, jódete —frunció el ceño, harto de esperar—. Si lo tiras te partiré la cara. 

—¡¿Ah?!

—La comida no se desperdicia. 

Se miraron unos segundos, Sakura estaba enojado, pero no veía el error en sus palabras.

Ese Onigiri era diferente a los que vendían en la tienda de conveniencia, estaba tibio, su relleno era de frijoles dulces. Estaba más rico que cualquier onigiri que hubiera probado antes, por alguna razón.

 

(...)

 

Sakura no quería volver a esa casa. 

No tenía motivos. Estar ahí o allí afuera en medio de la lluvia era igual. Aunque no llegara, no había nadie que se preocupara por él. 

No quería llegar, empapado por la lluvia y escuchar reproches sobre ensuciar el pasillo y lo desagradable que es que tenga que pisar su casa. 

De todos modos las cosas en su mochila se secarán en la noche, no es que tuviera algo con valor ahí. 

Estaba pensando en ello, hasta que escuchó un ruido seco en medio de la lluvia, seguido de un quejido y voces a lo lejos. 

Debía ser una pelea.

Casi por instinto, caminó para ver de qué se trataba. Para su sorpresa, eran al menos cuatro tipos de preparatoria, enfrentándose a alguien con su mismo uniforme. 

Era nada más y nada menos que Sugishita. Su cabello estaba totalmente empapado por la lluvia, cubriéndole parte del rostro, sus movimientos parecían pesados y rectos como si se tratara de un títere golpeando a los demás. 

No esquivó un golpe que le llegó directamente a la cara, en cambio, aprovechó la cercanía para encajarle un gancho por debajo y noquearlo. Los otros no se quedaron quietos, fueron tratando de agarrarlo por los hombros, pero Kyotaro era como un animal salvaje, lanzando golpes pesados a diestra y siniestra. 

Hasta que uno de ellos sacó una navaja. 

Sakura pateó su mano, el idiota maldijo y trató de golpearlo. Haruka aprovechó la lluvia para hacerlo caer y pisar fuerte en su estómago para dejarlo sin aliento. 

Los contrincantes a sus espaldas habían sido apaleados por Kyotaro, al verse acorralados por los dos, decidieron huir con la cola entre las patas. 

Cuando volteó, Sugishita seguía en una pose defensiva, Sakura bufó con una sonrisa, pensando en que quizá ahora ellos dos pelearían, hasta que escuchó un pequeño lamento a sus espaldas. Un lamento que de ninguna manera pudo haber venido de él. 

Miró a los pies de Kyotaro, había una caja bajo una sombrilla. Ahora que lo pensaba, había visto a Sugishita salir con uno de la escuela, pero se encontraba tan empapado como él. 

—No le voy a hacer nada, cálmate —dijo con molestia, tomó su mochila que había lanzado a un lado y se asomó a la caja. 

Era el cachorro de un perro, su pelaje estaba sucio y estaba delgado casi a los huesos, probablemente era un mestizo, su ojo derecho estaba rojo y supurando, probablemente infectado. 

—Eso no se ve bien… —murmuró, inclinándose hacia el cachorro. Extendió su mano para que lo oliera, no debía ser tan diferente a los gatos. 

Cuando Sugishita se agachó a su lado para ver también al cachorro, su mirada se volvió hostil, casi celoso de que el cachorro lo haya aceptado con facilidad. 

Sakura entendió porqué, cuando Kyotaro quiso imitarlo y sin siquiera tocarlo, el perro comenzó a llorar como si lo hubieran pateado. 

Sugishita se veía frustrado, y Sakura contuvo la risa para no empeorar la situación.

 

(...)

 

—Dicen que al hermano de Eita lo atropelló una moto porque Eita tropezó con Sugishita-kun.

Sakura escuchó los murmullos al día siguiente. Cuando miró de reojo al asiento de atrás, Kyotaro estaba plácidamente dormido. 

No parecía que ayer hubiera estado desesperado y sin saber qué hacer con ese cachorro. Solo había dejado que Sakura lo cargará, así que lo llevaron a un veterinario. 

El veterinario les había dicho que los tratamientos eran caros. Ellos no tenían más que el dinero de su almuerzo en los bolsillos. Afortunadamente, les dijo que lo mantendría un rato en el hospital y haría lo que pudiera con lo que tenía. Murmuró algo sobre medicamento que le sobró del gato de la señora Yamada o algo por el estilo.

Empapados y sin el cachorro, Sakura iba de regreso a su casa, pero Kyotaro inesperadamente lo agarró de su uniforme y lo arrastró a la suya, en dónde secó su ropa y sus abuelos le invitaron la cena. 

En su casa, Sugishita parecía un chico normal. Aunque contestaba con monosílabos, sus abuelos parecían personas muy cálidas, le habían dicho a Sakura que estaban felices de que Kyotaro finalmente tuviera un amigo. Aunque los dos casi se ahogaron con la salsa de soya en ese momento, ninguno tuvo el corazón de corregirlos. 

La escuela seguía siendo la misma de siempre, cuando llegó habían metido piedras en sus zapatos y habían rayado su escritorio; pero Sakura no se sintió vacío como de costumbre. 

A la hora del receso, Kyotaro lo agarró inesperadamente del uniforme y lo arrastró afuera a la vista de todos. Hubo varios murmullos que no logró enlazar. 

Cuando llegaron a la parte de atrás, dónde Kyotaro solía dormir, le entregó un pequeño bento. 

—De mi abuela para ti —murmuró con desgano y el ceño fruncido. Sakura no sabía qué decir y Kyotaro casi se lo estampó en el pecho a falta de respuesta—. Sí no lo quieres me lo voy a comer yo. 

Sakura reaccionó, tomándolo entre sus manos. Sugishita refunfuñó y se sentó para comer el suyo. 

 

(...)

 

Todos en la secundaria habían escuchado sobre esos rumores. 

Se dice que si miras a Sugishita Kyotaro a los ojos, cuando trates de sacar café caliente de la máquina, solo te saldrá té frío.

Si pasas demasiado tiempo junto a él, la maldición se extenderá a tí también. 

El chico nuevo, Sakura Haruka, había sido víctima de esa contagiosa maldición: cuando un chico de otra clase trató de burlarse de él, se había torcido el tobillo y tuvo que faltar a la escuela la semana de exámenes. 

Si te acercabas demasiado a alguno de ellos, cosas malas pasarían. Así que por consenso general, era mejor no meterse en su mundo. 

Sakura había escuchado esos rumores desde el primer día, se decía que Sugishita Kyotaro daba mala suerte. 

Bueno, él creía lo contrario, pero no quería decírselo a nadie. 

Después de todo, si decía que besar a Sugishita Kyotaro le daba buena fortuna, alguien más trataría de ponerlo a prueba. 

Notes:

Una pequeña idea inspirada en el cuarto capitulo de Captivated by You y un poco en Kimi ni Todoke, no les voy a mentir, pensarlo me dió ternura y tenía que escribirlo aunque sea en algo cortito 🤌💞

Y si, en este AU Sugishita sigue siendo violento, pero su aspecto hizo que su compañero con el ego frágil inventara esos rumores para no admitir que le partió el culo xD Bueno para Sakura, ahora son una pareja de ratitos juntos con los que no es bueno meterse.

Kudos y comentarios son bienvenidos 👻🫶