Work Text:
– Stan, dime ¿Puedes hacerlo?
– Yo puedo.
Fue su respuesta a la incógnita de su amado científico, cuando le preguntó si lograría entrenar a los futuros astronautas que lo acompañarían en la misión a la luna. Era su condición para ser despetrificado.
Ciertamente, no fue algo sencillo. Kohaku era fuerte y hábil, pero su imprudencia al momento de actuar podía más que ella.
Senku era inteligente y tenía buenos planes, aún así su condición física era demasiado decepcionante.
– Cinco minutos de descanso.
Declaró cuando vió que el alumno de Xeno estaba a dos pasos de caer en un desmayo, y solo lo había hecho nadar un poco con el traje de astronauta.
En cuanto volvieron a tierra, Gen se acercó con una toalla y una botella de agua para Senku. Siempre se encargaba de cuidarlo entre sus entrenamientos.
La guerrera rubia por otro lado, guardó el equipo que usaron y se fue a comer con sus compañeros.
No recordaba mucho sobre ella, desde la guerra que hubo entre sus equipos. Solo sabía que su nombre era Kohaku y estaba saliendo con ese joven de cabello plateado.
El la amaba tanto, que fue capaz de recibir sus disparos por ella. Y no conforme con eso, se aferró a su arma con sus últimas fuerzas para que no la siguiera.
Una historia de dos enamorados sumamente intensa, pensó, le recordaba un poco a sus sentimientos por Xeno.
Decidió sentarse a comer en la punta de la mesa, junto a los demás guerreros, aunque la mayoría se alejaron de inmediato. A excepción del lancero con el rostro cubierto y Kohaku quien se sentó junto a ellos.
– Hyoga deberías probar esto, a Francois le quedó delicioso – comentó la joven mientras le acercaba una cuchara.
– Sabe bien – fue el único comentario que dió pero era suficiente para hacerla feliz.
Nego con cariño en su mente, pensando en lo grato del amor juvenil. Sin notar como Kohaku también le ofrecía de su comida a Tsukasa.
La futura astronauta se retiró de la mesa en cuanto terminó su comida, dejándolo junto al guerrero de cabello plateado.
– Se nota que eres un novio muy atento – le dió un golpe en el hombro mientras encendía su cigarro – ¿Cuánto tiempo llevan juntos ya?
– ¿De qué hablas?
– Tu y Kohaku, ¿Desde hace cuánto que son pareja?
– No estamos saliendo.
Casi se traga el humo de su cigarrillo, no podía ser posible, parecían tan cómodos el uno con el otro. Es natural, una relación tan bonita no se olvida fácilmente.
– ¿Y por qué terminaron?
– No se de que estás hablando, Kohaku kun y yo nunca fuimos pareja.
Stanley lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza. Ahora si no entendía nada.
¿¡El vio a este chico dar la vida por una mujer que no amaba!?
O era el hombre más bondadoso del mundo o no era del todo sincero con sus sentimientos.
– Pero sacrificaste tu vida por ella, ¿De verdad no sientes nada especial?
Hyoga no contesto y ocultó aún más su rostro antes de responder.
– Claro que no, lo habría hecho por cualquiera.
No era posible, era un tonto si se creía capaz de engañar a un militar entrenado.
El no era capaz de hacer eso, por nadie más. Y estaba mintiéndose a sí mismo.
Pero no dejaría que las cosas terminen de esa manera. Aún debías pagar por lo que hizo ¿No es así?
Entonces, la mejor manera de redimirse será darle un empujón a Hyoga con sus sentimientos.
~~~~~~~~~~~~
– ¡Mantén la postura firme!
Stanley estaba intentando hacer que Senku terminara al menos una serie, cuando vió a los del equipo de fuerza comenzar a entrenar no muy lejos de allí. Entre ellos estaba Hyoga.
Kohaku ya había terminado tres series en lo que Senku seguía intentando la primera.
Así que se le ocurrió comenzar con lo que el llamado, la operación "CUPIDO".
Campaña Urgente Para Iniciar Declaraciones Obvias.
– Creo que es suficiente para ti – le mencionado haciendo un gesto para que la joven dejara de correr por el circuito de obstáculos que el creo – la resistencia es importante pero saber que hacer en una batalla también, deberías practicar un poco con tus antiguos compañeros.
Kohaku entendió a media las palabras de Stanley, el no sabía japonés y ella conocía pocas palabras en inglés, así que miró a Senku en busca de ayuda.
– Dice que quiere que entrenes con los del equipo gorila.
– ¿¡Y a ti quien te dió permiso de descansar!? Comienza otra vez.
Senku volvió a su posición de plancha, intentando superar su límite de tres minutos.
La guerrera ignoró la tortura hacia su líder y siguió la orden del militar. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba entrenar con sus amigos, así que se acercó a Hyoga con una sonrisa.
– ¿Te gustaría ayudarme? Stanley dice que necesito practicar mis técnicas de batalla.
Hyoga miró hacia atrás como Stan se sentaba en la espalda de Senku, dándole un discreto pulgar en alto, comprendiendo la situación.
No iba a ser parte de la extraña idea de diversión de un viejo, pero la sonrisa de Kohaku lo dejó sin opciones de negarse.
Los dos se midieron en silencio antes de arremeter contra el otro.
Kohaku atacó primero, sus cuchillos brillaban al girar como garras. Sus pasos eran veloces, apenas rozando la tierra. Y en cada movimiento, buscaba un ángulo distinto al cuál atacar.
Hyoga no tenía su rapidez pero su lanza trazó un muro imposible de atravesar. Cada golpe de ella encontraba un bloqueo certero, el bastón desviaba el filo de sus cuchillos en el último instante. Sus ojos seguían a Kohaku sin parpadear, leyendo sus intenciones antes de que ella completara el próximo movimiento.
El aire se llena de chasquidos secos. Madera contra metal, respiraciones contenidas y el roce del suelo bajo sus pies.
– Eres más fuerte – murmuró Hyoga entre bloqueos, su voz calmada, casi en un susurro – la última vez, podía predecir cada uno de tus golpes.
Kohaku arremetió, sin bajar el ritmo. Sus cuchillos danzaban como relámpagos alrededor del asta de la lanza – Y tú no te quedadas atrás, tus técnicas son cada día más ingeniosas.
Stanley se estaba aburriendo, era palpable la tensión y la química que desprendían en el choque de sus armas, pero necesitaba algo más que eso.
Con disimulo, recogió una roca del suelo y la arrojó como una bala precisa hacia el tobillo del lancero. Haciendo que perdiera el equilibrio y cayera en los brazos de Kohaku.
– ¿Qué estás haciendo? – preguntó Senku, aún debajo de el, dando su mejor esfuerzo para terminar la plancha.
– ¡Concéntrate! – le recriminó, haciendo más peso – Si quieres ser capaz de cargar a Gen algún día ¿No es así?
Senku volteó su vista al mentalista sentado en la sombra, preparando onigiris junto a Suika, y pensó que si quería descansar pronto no debería seguir cuestionando a su entrenador.
– Lamento eso – Hyoga se quitó de los brazos de su compañera con algo de vergüenza – gracias por atraparme.
– Es igual que en aquel entonces – mencionó la joven con una mirada cargada de nostalgia.
El peli blanco puso una expresión confusa haciéndola reír.
– Cuando me ayudaste, en los Andes – le explicó, levantando a Kudayari para entregársela a su dueño – desde entonces comencé a notar, que eres más de lo que aparentas.
Hyoga tomó su amada lanza, dejando que sus dedos rozaran unos segundos más los de la guerrera de ojos celestes. Recordando ese momento, en el risco de los Andes. Cuando tomó por primera vez su mano.
– Supongo que ambos cambiamos desde entonces. – le respondió con una sonrisa oculta detrás de su máscara, dejando como finalizado el entrenamiento.
Tendría que revisar que fue lo que le ocurrió en su tobillo, así que Kohaku decidió seguir entrenando con los demás.
– Son unos idiotas.
– Stanley chan, ¿Podrías dejarlo descansar? Creo que se está desmayando.
Stan se quitó de la espalda de un rendido Senku, mientras Gen se encargaba de cuidar de él, no podía comprender como esos niños desaprovecharon el acercamiento que les dió.
Tendría que esforzarse más, no había ninguna cosa que el no pudiera hacer si se la proponía.
~~~~~~~~~~
– Vaya, ¿Más planes de tortura para los astronautas?
Xeno se acostumbraba a trabajar en su habitación en las noches mientras Stan entrenaba un poco. Pero le sorprendió ver qué hoy, en lugar de ejercitar, estaba escribiendo algunas ideas en un cuaderno.
– Casi, es algo más importante.
Pasó toda la noche buscando una forma de darles un momento privado a esos dos para que les fuera más fácil declararse. Debía hacer que sus horarios coincidieran de alguna manera.
Luego de unos días, la situación había estado tranquila, casi como si Stanley hubiera olvidado su idea de casamentero.
– Kohaku puedes traer un poco de agua termal, creo que mi método de resistencia dejará algo adolorido al genio científico.
Senku estaba tratando de resistir el circuito de obstáculos, mientras cargaba una mochila con minerales pesados. Es en momentos como estos, cuando lamentaba no haber entrenado con su padre de niño.
Kohaku comprendió más o menos lo que le pidieron. Llevó el tarro con el que solía traer agua de las termas para su hermana. Pensando en lo corto que se le hizo el viaje, a comparación de hace tantos años.
Comenzó a recolectar el agua como solía hacer tantas veces, cuando de repente vió que algo se movía en el lago y alguien salía de el.
Era Hyoga, estaba de espaldas a ella, así que no la había notado. Estaba ocupado lavando su cabello, con los ojos cerrados para evitar el ardor del jabón.
El agua recorría cada línea de sus hombros, bajando por la curva definida de su espalda y resbalando hasta perderse en la superficie turquesa del lago.
Kohaku parpadeó, inmóvil. Lo había visto sin camisa cientos de veces, pero había algo distinto está vez. Posiblemente, lo vulnerable y humano que se veía cuando creía que nadie estaba mirando.
Cómo sea, la imagen estaba provocando que sus mejillas se calentarán y su garganta se quedará seca. Estaba tan ensimismada, que no notó como el tarro se resbalaba de sus manos, haciendo que Hyoga la descubriera.
– ¿Kohaku kun? – se metió hasta el cuello en el agua con un leve sonrojo en sus mejillas – ¿Que estás haciendo aquí?
– L-lo lamento, ¡No estaba espiando! – la joven se volteó avergonzada de sus acciones – es solo que Stanley me pidió llevar agua para Senku.
Stanley, ahora lo entendía.
Hyoga pensó que se había rendido con su idea de emparejarlos, luego de haberle dejado un esguince en el tobillo. Pero parecía ser un hombre sumamente persistente.
– Puedo preguntar, ¿Porque no te bañas con todos? – Kohaku le susurró, cuando la vergüenza se le fue disipando – ¿Te incómoda que te vean?
– No es nada de eso, solo son muy escandalosos – comentó mientras se levantaba para ir por su toalla – el momento del baño debería ser tranquilo y relajante, no una competencia de quien se ve mejor desnudo.
Kohaku rió un poco, imaginando a los chicos comportándose como unos niños al momento de bañarse.
– Eres igual que Gen – volteó a verlo cuando ya traía una toalla en su cintura – el también usa esas cremas.
Hyoga la miro algo confundido. En realidad se sintió agradecido con el reino de la ciencia cuando consiguió champú y jabones para el baño. Pero no sabía cómo fue para la aldea, ya que ellos pasaron mucho tiempo desconociendo estos instrumentos de higiene.
– Era algo normal, antes de la petrificación.
– Solo pude usar algunas de ellas una vez, recuerdo que se sintió muy bien cuando Amaryllis las frotaba en mi cabello – recordó la joven con una sonrisa.
El lancero la notó mirando las cremas como un cachorrito ansioso que espera un premio.
– ¿Te gustaría que te las pusiera?
Kohaku asintió con alegría y se acercó sentándose de espaldas a él, mientras desarmaba la coleta en su cabello.
– No deberías acercarte tanto, solo tengo una toalla encima – le comentó mientras buscaba el tarro que ella trajo para juntar un poco de agua.
– Normalmente solo usas una falda, así que no creo que haya una gran diferencia.
Suspiró, no quería discutir eso con la joven, así que se encargó de desenredar su cabello. Puso un poco de champú en sus manos y comenzó a frotarlo en su cabeza con suavidad.
Kohaku mantenía sus ojos cerrados pero los toques del peli plata en ella, le provocaban un leve escalofrío en la espalda.
– Sueles soltar palabras tan crueles – murmuró con una sonrisa traviesa – que nadie pensaría que tus manos son así de delicadas.
Hyoga rió un poco ante sus palabras, enjuagando con cuidado la espuma con el agua del lago. Después aplicó algo de crema, como si aquello fuera lo más natural del mundo.
Cuando terminó, tomó una toalla para secar su cabello, intentando no mojar mucho su vestido.
– ¡Se siente mucho mejor que la última vez! Es muy fresco y limpio – decía algo adormillada por la suavidad con la cual la trataron.
El mayor terminó de secarla y comenzó a trenzarle el cabello para que no tuviera que estirarlo con su peinado de siempre y rompiera sin querer las hebras.
– Si quieres hacerlo de nuevo, podrías ayudarte con gusto – le comentó al terminar de atar las trenzas.
– Vaya, y yo que creí que eras tímido – Kohaku lo miró con una sonrisa coqueta – ¿Estás insinuando que deberíamos bañarnos juntos la próxima vez?
– Olvida lo que dije.
Ambos se rieron, antes de que Kohaku notará que ya se había tardado demasiado, así que junto el recipiente con agua para el peli verde y regreso corriendo. Intentando no dejarla caer en el camino.
Al llegar, Stan estaba viendo a Senku tropezar por tercera vez en la carrera de obstáculos pero se alegró al ver a su compañera astronauta.
– Y ¿Cómo te fue? – preguntó, asumiendo que su plan había funcionado – tu cabello y ropa mojada dicen mucho.
Kohaku entendió un poco sus palabras, estaba preguntando por su ropa y su cabello.
– Es verdad, Hyoga me lavó el cabello – respondió con un pequeño sonrojo, tomando sus trenzas con una sonrisa.
– ¿Y qué más? – Stan quería conocer los detalles de ese apasionado encuentro que planeó para ellos.
– Eso es todo.
Sentirse frustrado y decepcionado era poco para expresar lo que sentía en ese momento.
¿¡Cómo era posible!?
Había calculado el momento en el cual el lancero se entraba a bañar para que tuvieran un encuentro íntimo a solas y ¿¡Solo le lavó el cabello!?
Tomó el tarro de agua y lo arrojó sobre un deshidratado Senku, que también lo tenía molesto por no ser capaz de terminar uno de sus entrenamientos.
– Empiezo a creer que debería ser más estricto – comentó para si mismo siendo escuchado por un mentalista que estaba preocupado por la salud física de su amado científico.
~~~~~~~~~~
– Estás muy concentrado está noche. ¿Que te trae tan distraído?
Xeno se acercó al militar y le dió un masaje en los hombros que parecía estar disfrutando. Normalmente era el quien lo aliviaba cuando se sentía frustrado, pero por esta vez el doctor sintió que su esposo era quien necesitaba un descanso.
– Tus futuros astronautas, no son tan hábiles como pensabas, en ningún sentido – comentó Stan mientras se relajaba en los brazos del científico.
Había hecho distintos planes para juntar a esos dos jóvenes, pero al parecer no era tan buen cupido como creía. Nada estaba resultando.
– Tal vez debas darles tiempo, tu también fuiste un novato ¿No lo recuerdas?
Eso le trajo una idea a su mente, quizás solo debía reutilizar algo que ya había funcionado antes.
– Xeno, ¿Recuerdas el día que me confesaste tu amor? – el mencionado asintió con un leve sonrojo que iluminaba más su rostro – ¿Qué te dió la valentía para hacerlo?
El doctor siguió masajeando sus hombros mientras intentaba recordar bien ese momento.
– No lo tenía planeado si es lo que piensas – comentó avergonzado – en realidad fue porque nos quedamos encerrados en el gimnasio de la escuela. En mi mente pensé "Es ahora o nunca" y lo que yo consideraba el momento que arruinaría nuestra amistad. Se transformó en el día en el cual supe que me amabas.
Stan se dejó besar por su esposo mientras en su mente los engranajes comenzaban a girar y una idea perfecta venía a él.
Ahora sabía cómo terminar con esto.
Ese día en la mañana, todos los del equipo de fuerza estaban entrenando, entre ellos estaba Hyoga. Quien, a pesar del esguince en su pie, decidió seguir entrenando a Matsukaze y Mozu. Hasta que se encontró a Kohaku yendo hacia el con una lista en su mano.
– ¿Puedo robarte un momento? – le preguntó, tomando su mano para llevarlo con ella – ¡Acompáñame a recoger algunos materiales para los genios de la ciencia!
Hyoga había comenzado a dudar de cualquier orden que la joven recibiera, Kohaku no dudaba cuando le pedían completar un trabajo. Y eso mismo la hacía un blanco fácil para los molestos planes de Stanley de emparejarlos.
– ¿Quién te lo pidió?
– Senku.
Era suficiente, sabía que el líder del reino de la ciencia estaba demasiado ocupado en su entrenamiento, hacer el cohete y crear inventos como para también involucrarse en su vida amorosa.
La caminata fue algo larga, casi tanto como la distancia entre la aldea y el antiguo reino de Tsukasa, hasta que llegaron a la cueva que traía las coordenadas de la hoja que le dieron a la guerrera.
Kohaku le dió un casco con un foco en el para poder ver dentro y se colocó el suyo. Habían llegado hasta el fondo para recolectar los minerales mencionados en la lista. Cómo ambos eran ágiles en el trabajo, les tomó menos de una hora terminar de juntar lo que necesitaban.
Mientras ordenaban todo en los bolsos, Kohaku vió a lo lejos como la luz de la salida de la cueva comenzaba a disminuir.
– ¡No puede ser! – corrió lo más rápido que pudo para llegar al final de la cueva pero cuando llegó era tarde, alguien los había encerrado.
– ¿Qué ocurrió? – Hyoga llegó junto a ella con el bolso de minerales al ver lo que había pasado.
Intentaron usar su fuerza en conjunto para mover la piedra pero era imposible. Alguien los había dejado perfectamente encerrados.
– Kohaku kun, dime, ¿De verdad fue Senku quien te pidió los minerales? – le preguntó con cansancio al tratar de mover la piedra.
– ¡Claro que sí! Stanley me lo dijo.
Stanley, eso era todo.
Hyoga quería patear algo, ese tipo no se rendía más. Pensó que ya lo había olvidado, con la misión de WhyMan tan cerca, pero su insistencia no tenía límites.
– Kohaku kun, no te asustes pero creo que Stanley kun nos encerró aquí.
Kohaku dejó de intentar mover la piedra y miró a su amigo con los ojos cristalinos.
– ¿Por qué haría algo como eso? Él y Xeno ¿¡Están planeando algo!? – se exaltó peor al imaginar un complot creado en sus narices.
– No te preocupes, Xeno kun tampoco debe saber que Stanley kun está haciendo esto – suspiró ante la mirada confundida de la joven, debía decirle la verdad – Ese hombre tiene la extraña idea de que tú y yo estamos enamorados. Planeó todo esto solo para darnos un momento a solas, en contra de nuestra voluntad.
Kohaku estaba analizando la información que recibía, ahora comprendía porque algunas órdenes que le daban parecían demasiado sencillas.
– Eso significa que, nada de esto ha sido una coincidencia.
– Por supuesto que no.
– ¿Y en ningún momento fue tu decisión pasar el tiempo conmigo?
Hyoga no comprendió de que estaba hablando, pero al verla notó una decepción y tristeza en la mirada de la joven.
– ¿Te habías dado cuenta de todo?
Kohaku ascendió, sentándose en el suelo, apoyando su espalda en la roca que cubría la salida.
– Creí que, luego de que volvieras de Estados Unidos, estabas buscando alguna razón para pasar más tiempo conmigo. – ocultó su rostro tras su flequillo, como solía hacer cuando no quería que el viera sus lágrimas – fue una tontería pensar de forma tan sentimental ¿No es así?
Hyoga no respondió. Se había comportado como un idiota, estaba tan frustrado por los planes del militar para controlar su vida amorosa, que había olvidado pensar en los sentimientos de Kohaku en medio de toda esta situación.
– No me molesta entrenar contigo – le respondió mientras se sentaba a su lado – tampoco mentía cuando dije que te ayudaría a lavar tu cabello cuando quisieras – acercó su mano a la suya con duda pero terminó por tomarla, acariciando sus dedos – y no creo que haya un mineral más precioso, que tus ojos cuando me miras con intensidad.
Kohaku sintió el calor subir a sus mejillas, agradecía que la batería de las linternas ya se había terminado. Ella no solía ser alguien tímida, pero era la primera vez que un chico le hablaba de esa manera.
– Yo te mentí, cuando nos encontramos en las aguas termales, en realidad te vi más tiempo del que debería – ahora era el turno de Hyoga, de sentirse avergonzado.
La futura astronauta se inclinó para bajar su cubrebocas sin dejarlo dar una respuesta. Estaban tan cerca que el calor de su aliento se confundía con el de ella, como si compartieran un mismo espacio vital.
– También creo que eres lindo cuando no te comportas como un engreído – susurró con una risita nerviosa – Entonces, ¿Stanley tenía razón?
Hyoga tragó saliva, su garganta estaba seca, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso. Jamás habría imaginado que un simple gesto suyo pudiera desarmarlo tanto. Tenerla tan cerca, con sus labios apenas a un respiro de los suyos, hacía casi imposible poder seguir sosteniendo su mano.
– Al menos de mi parte, tenía razón – se arriesgó, rozando apenas sus labios contra los de ella, con miedo de equivocarse – ¿Y tú?
Kohaku no contestó. Sus ojos se cerraron y en un movimiento rápido terminó de acortar la distancia entre ambos. Nunca habría imaginado que su primer beso sería con un antiguo enemigo, alguien a quien alguna vez creyó odiar.
Y sin embargo, se sentía como si el mundo entero se hubiera detenido solo para los dos. Como si fuegos artificiales hubieran estallado bajo su piel, expandiéndose por todo su cuerpo.
Era tan mágico que lo último que deseaba era separarse. Hasta que estornudó.
– ¿Tienes frío? – le preguntó, al ver cómo sus hombros temblaban un poco, por algo que no eran nervios.
Hyoga se quitó su capa de inmediato y la coloco con delicadeza sobre sus hombros.
– Gracias, pero ¿Que hay de ti?
– Eso no importa, no puedes retrasar tu entrenamiento de astronauta por un simple resfriado, yo estaré bien.
Kohaku entrecerró los ojos, molestando por su descuido. Y antes de que él pudiera reaccionar, se sentó de golpe sobre sus piernas, reclamando su espacio. Tiró de la capa para cubrirlos a ambos, como si esa fuera la solución más lógica.
Hyoga abrió la boca para protestar, pero el aliento cálido de Kohaku contra su cuello le robó cualquier argumento. Sus brazos se enredaron alrededor de su cintura, firmes, seguros.
– K-Kohaku kun, esto no… – balbuceó, intentando controlar los latidos en su pecho.
– Shh, quiero dormir un poco – susurró ella, escondiendo el rostro en la curva de su cuello.
El silencio se volvió espeso, cargado de una tensión que el no sabía cómo manejar. Cada vez que ella exhalaba, su piel se estremecía pero luego de unos minutos sintió como el agarre de Kohaku perdía fuerzas. Suspiró, con un poco más de calma y la abrazó contra su cuerpo. Su rostro al dormir se veía tan sereno que no pudo resistir besar su frente con delicadeza, intentando no despertarla. El cansancio había logrado que cerrara sus ojos, así que decidió seguirla en el camino al reino de los sueños.
Permitiéndose, al menos por esa noche, no ser un hombre tan correcto.
~~~~~~~~~~~
– Vaya, parece que al fin se lo está tomando en serio.
Stanley se levantó temprano esa mañana, para comenzar a trabajar en sus nuevos métodos de enseñanza pero lo que vio lo dejó sorprendido.
Senku estaba haciendo ejercicios de resistencia, siendo guiado por Tsukasa.
– Senku chan dijo que no quería decepcionarte, así que le pedimos a Tsukasa chan un poco de ayuda, para poder resistir tus entrenamientos barbáricos. – le comentó Gen, quien traía su equipo de primeros auxilios por si el peli verde se desmayaba y un poco de comida también.
Stanley no creía que tendría ese efecto en Senku, había pensado que lo detestaria o temeria pero que no quisiera decepcionarlo, lo hacía sentir un poco orgulloso.
– Supongo que un poco más de resistencia es un método perfecto – Stan se acercó a Tsukasa para tomar su lugar – por cierto, necesito tu ayuda, olvidé algunas cosas en una cueva ayer. Te daré sus coordenadas.
El primate más fuerte siguió la orden que le había asignado el militar y en unos cuantos minutos llegó a la cueva mencionada pero estaba cerrada con una piedra. Era un poco extraño, fue un poco difícil pero con su fuerza logró moverla y la escena que encontró lo dejó sorprendido.
Kohaku estaba sobre Hyoga, abrazándolo, ambos siendo cubiertos por el abrigo del lancero. Por la luz que entraba al quitar la piedra, los dos jóvenes comenzaron a despertar de a poco.
– Lo lamento, ¿Interrumpí algo? – les insinuó con una sonrisa divertida, haciendo que ambos notarán la posición en la que estaban.
Se levantaron de inmediato, con los rostros rojos, fingiendo que nada había pasado y juntaron sus cosas para volver junto a su amigo de cabello largo.
– Es muy extraño, nadie nos dijo que estaban extraviados – les comentó Tsukasa cuando le contaron lo que había ocurrido – ¿Fue una experiencia muy mala?
Kohaku sonrió mientras buscaba la mano de Hyoga. El lejos de apartarla, entrelazó sus dedos, apretándola con cariño.
– Depende de cómo lo veas.
~~~~~~~~~~~
