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Eugene se sentía atrapado. No sabía cuando se complico tanto todo y, para ser honesto, tampoco estaba interesado en saber.
Pugsley Addams se convirtió en su mayor problema. Lo fue desde el principio. De hecho, Eugene supo que ese chico solo le traería problemas desde el primer momento en el que lo vio, y ahora era demasiado tarde para huir, porque aunque quisiera, sabía que no podría.
Eugene odió a su compañero de cuarto desde el día uno, cuando este lo electrocutó al saludarlo y amenazó con comerse sus insectos. Continuó odiandolo desde entonces, aunque los motivos cambiaron.
Al principio odiaba su imprudencia, su capacidad para atraer los problemas y su insistencia a estar cerca de él e invadir su espacio sin siquiera pedir autorización.
Luego odió la admiración que parecía haber en sus ojos cuando Eugene le hablaba, odiaba cada vez que sonreía de lado, odiaba su humor raro que lograba sacarle sonrisas genuinas y claro, seguía odiando el hecho de que siempre estuviera cerca, sin parecer comprender realmente el concepto de espacio personal. Pero lo que más odiaba era que él mismo se sentía cómodo con esa cercanía.
Eugene ni siquiera sabía cuando se comenzó a sentir diferente, porque desde el primer momento lo negó, hasta que no pudo hacerlo más. Se dio cuenta de que eso no cambiaría nada.
Fue una tarde, estaba lloviendo a cántaros y había arrastrado a Pugsley con él a la biblioteca de la escuela para que hiciera su tarea, porque seguía negándose a hacerla y Eugene sabía que eso pronto lo metería en problemas.
Se sentaron juntos en un rincón apartado y abrieron sus cuadernos, Eugene le explicó superficialmente a Pugsley, luego Pugsley cambió el tema y aunque Eugene trato de no distraerse, fue inútil. Ambos terminaron olvidando la tarea y hablando de una cosa completamente diferente. Luego nisiquiera notó cuándo se habían acercado tanto, hasta que prácticamente estuvieron hombro con hombro. Despúes comenzaron a hablar en susurros, Pugsley empezó a jugar distraídamente con los dedos de Eugene y este fingió no darse cuenta de la leve chispa que el tacto provocaba. Y en dado momento estuvieron tan cerca que, cuando Eugene volteo a ver a Pugsley, sus rostros apenas estaban a unos centímetros de distancia. Se quedó petrificado y casi sintió su alma salir de su cuerpo cuando Pugsley sonrió, sus comisuras se elevaron apenas, pero ahí estaba, a esa distancia Eugene podía notar cada gesto minúsculo en su rostro.
Se miraron un segundo más, un segundo que pareció inexplicablemente largo.
Para Eugene, el punto de quiebre fue ver como Pugsley le recorría el rostro con la mirada. Sintió una leve chispa en su mano que aún estaba sujeta apenas por la de Pugsley y eso pareció sacarlo del trance.
De inmediato se separo de manera brusca y rió nerviosamente, casi exagerado. Miró a todos lados en busca de una escusa que pudiera sacarlo de la situación incomoda pero nisiquiera pudo pensar el algo coherente. No recordaba que había dicho exactamente, algo sobre que necesitaba ver que sus abejas estuvieran bien a pesar de la lluvia, no importaba, lo único que quería era salir de ahí. Tomó sus cosas y prácticamente corrió lejos de la biblioteca.
Hacía ya una semana de eso y desde entonces no había hablado con Pugsley.
Evitarlo había sido más difícil de lo que pensó. Cuando Eugene (o cualquier persona normal) sentía que estaba siendo evitado, lo usual era darle espacio a esa persona porque, bueno, esta claro que no quiere verte. Pero por supuesto que Pugsley no funcionaba así. Él estuvo tratando toda la semana de hablar con Eugene o mínimo estar cerca, aunque no saliera palabra. No compartían ninguna clase, así que fue fácil evitarlo ahí, en el dormitorio se acostaba y levantaba muy temprano. Cuando Pugsley llegaba, Eugene fingía que estaba durmiendo y luego se despertaba antes de que su compañero lo hiciera. Evitaba quedarse a solas con él, siempre esperaba a que sus demás compañeros llegarán a la habitación antes de él mismo entrar. Luego en los descansos, horas libres, se escondía, no iba a los lugares que frecuentaba porque sabía que Pugsley lo buscaría ahí.
Toda la semana fue lo mismo, él escondiéndose, huyendo de la habitación cada que se quedaba a solas con Pugsley, apartar la mirada y no dirigirle la palabra, Eugene se sentía ridículo haciendo eso.
"Por favor, Eugene. ¿No puedes simplemente resolver las cosas con palabras?" Se dijo a sí mismo. Y no, no podía.
Había llegado el sábado. Tom, Randall y Jonathan, sus otros compañeros de habitación, irían a una fiesta que los de su recidencia organizarían a escondidas. Le habían insistido a Eugene que fuera, pero el no tenía ganas. No le gustaban mucho las fiestas, menos si era una que seguro lo metería en problemas, así que desde el principio dijo que no asistiría poniendo de escusa que se sentía enfermo. Lo único que les pidió a sus amigos era que convencieran a Pugsley de que fuera con ellos, porque Eugene no quería quedarse a solas con él. Claro que no les dijo el motivo, pero ellos aceptaron de todas formas. "Igual íbamos a obligarlo a ir". Dijo Randall, Eugene sonrió apenas.
[...]
─︎¿Seguro que no quieres venir? Aún estas a tiempo de cambiar de opinión ─︎dijo Tom, mirando a Eugene desde la puerta.
─︎De verdad no me siento bien ─︎Eugene fingió un quejido.
─︎Ya vamonos, es tarde ─︎Interrumpió Randall y todos finalmente salieron. Eugene soltó un "suerte" que no estaba seguro de que hubieran escuchado, pero tampoco importó, solo quería dormir.
[...]
Pugsley esperaba a sus compañeros en el patio. Le habían pedido que saliera antes para que vigilará que no hubiera nadie. Irían a una fiesta que seria realizada a escondidas en alguna parte del bosque. Pugsley estaba algo emocionado, más por la idea de estar haciendo algo prohibido que por la fiesta en sí. Vio a los tres chicos caminando hacia él y se acercó a ellos.
─︎¿Y Eugene? ─︎preguntó apenas los tuvo de frente.
─︎No se sentía bien, se quedó en la habitación.
Pugsley ni siquiera pudo ocultar la cara de decepción. Los tres chicos ocultaron una risita burlona, divertidos por la reacción que, en realidad, ya esperaban.
Sabían que Pugsley solo iría si Eugene lo hacía, así que le dijeron que sí los acompañaría. Randall rodeo los hombros de Pugsley con su brazo cuando supo que estaba apunto de decir que mejor se quedaría.
─︎No necesitamos a Eugene ─︎dijo, Pugsley se sobresalto por el contacto pero lo siguió sin decir nada ─︎. Vamos, será divertido.
Lo soltó y los tres chicos caminaron fuera, emocionados, haciéndole señas a Pugsley para que los siguiera.
Pugsley no creía que ellos fueran sus amigos, al menos no como Eugene. Pero podían mantener conversaciones entretenidas y lo trataban bien. Claro que él preferiría que Eugene también hubiese asistido, pero se dijo a sí mismo que distraerse estaría bien. Además, ¿quien no querría escabullirse de la escuela para ir al bosque a mitad de la noche?
[...]
La música estaba fuerte, tan fuerte que su cabeza retumbaba. Había bastante gente, o quizás el lugar era pequeño. Estaban todos en una vieja casa abandonada que estaba en el bosque cerca de la escuela. Una casa que olía a polvo y, ahora también a alcohol barato.
Pugsley se sentía extraño, había estado bebiendo algo que Jonathan le dio, olía raro, sabía fuerte y desagradable, un sabor que no estaba seguro si le gustó.
Eran casi las tres de la mañana y no sabía dónde estaban sus compañeros. Habían estado con él casi toda la fiesta, pero en algún momento se perdieron en el bullicio.
Pugsley simplemente salió de ahí, ni siquiera fue tan divertido como pensó que sería.
[...]
Eugene no podía dormir. Como había pasado casi toda la semana.
Cada vez que cerraba los ojos, su mente sólo le mostraba un único recuerdo. El recuerdo de él y Pugsley en la biblioteca, a escasos centímetros, como si aún pudiera sentir su aliento golpear su mejilla.
Dio vueltas en la cama, se sentó, se volvió a acostar y pego un grito que fue amortiguado por su almohada, luego se sentó de nuevo con los pies colgando de la orilla, pasándose las manos por el rostro con frustración.
La puerta del dormitorio se abrió con lentitud, Eugene volteo de inmediato, poniéndose sus lentes descuidadamente para poder ver bien de quien se trataba. Ojalá hubiera fingido que dormía en su lugar.
─︎Sigues despierto ─︎dijo, bajo, como si nisiquiera quisiera ser escuchado.
─︎Si...¿Y los demás? ─︎preguntó Eugene, buscándolos con la mirada detrás de Pugsley.
─︎No lo sé.
Silencio. Uno pesado, incómodo.
Pugsley cerró la puerta tras de sí y se quito la chaqueta que llevaba, lanzándola a su escritorio. Se quedó ahí parado un momento, como si no supiera que hacer a continuación. Eugene observo su semblante gracias a la poca luz que se colaba por la ventana de la habitación. Se miraba serio, abatido, y tenía los ojos y mejillas ligeramente rojos, lo cual era algo preocupante debido a su palidez habitual. Eugene pensó que tal vez no debía, pero no pudo evitar preguntar.
─︎¿Estas bien? ─︎Pugsley lo miró por encima del hombro, sin voltearse por completo. Luego le dio la espalda de nuevo, y unos segundos después se volteó y caminó hasta la cama de Eugene a paso lento.
Pugsley se quedó quieto, de pie frente a él sin decir nada. Eugene alzó la mirada para verlo, tampoco dijo nada, hasta que el silencio y la mirada penetrante de su compañero lo sobrepasaron.
─︎¿Que pasa...?
Y antes de que pudiera terminar, Pugsley se tiro al piso de rodillas, casi de manera teatral, dramática. Un golpe seco que Eugene supo que luego dejaría moretones.
─︎¡¿Que...?!─︎Pugsley no respondió, en su lugar abrazo las piernas de Eugene, recargando su cabeza en ellas como si estuviera apunto de soltar un rezo.
─︎Perdóname ─︎murmuró, apenas audible.
─︎¿Que? ─︎Eugene escuchó un sollozo ahogado, sintió la tela se su pijama humedecerce. Tomó la cara de Pugsley entre sus manos y la levantó ─︎¡¿Porque estas llorando?!
Dijo exaltado, y hasta entonces notó el fuerte olor a alcohol.
─︎Perdón ─︎repitió Pugsley. El llanto continuaba, silencioso.
─︎¿Bebiste? ─︎preguntó, aun si era bastante obvio.
─︎Te extraño.
El rostro de Eugene se enrojeció. Limpio las mejillas de Pugsley con sus pulgares mientras pensaba que diría a continuación. El chico se mantenía de rodillas abrazando las piernas de su compañero como si temiera que huyera de nuevo.
─︎Sigo aquí ─︎dijo mientras esbozaba una sonrisa nerviosa.
─︎Perdón por lo de la biblioteca, has estado molesto desde entonces. Lo siento, no quería causar ningún problema ─︎Pugsley habló de nuevo y Eugene creyó nunca haberlo visto tan vulnerable. No creía haberlo oído hablar sin ese tono divertido y despreocupado.Se encontró a sí mismo dudando de sus palabras. No sabia qué decir, ni siquiera sabia qué había pasado realmente, lo que si sabía era que no había sido culpa de Pugsley, pero él creía que si. Eugene hizo una mueca al pensar en cómo probablemente se había autoculpado durante toda la semana.
─︎No fue ningún problema...
─︎Si lo fue, Eugene, porque yo si quería besarte.
Eugene se congeló. Ahí estaba, eso había pasado, eso era a lo que no quería ponerle nombre.
Un beso.
Casi se besan. Casi.
Y lo peor de todo era que él también quería. Se lamentaba el haber huido, se preguntaba en qué hubiera pasado si se hubiese quedado, en si se habría atrevido a besarlo, en como se hubiese sentido. Él quería besarlo. Incluso ahí mismo, viendo su cara roja por el alcohol y el llanto. Incluso después de una semana de haberlo evitado diciéndose a sí mismo que eso sería suficiente para que el sentimiento desapareciera, pero no, ahí seguía, más fuerte que antes.
No sabía que era, Eugene juró que el olor a alcohol que Pugsley desprendía había sido suficiente para marearlo y hacerlo actuar impulsivamente, de no ser eso, no se explicaba su repentina valentía.
No respondió, tomó a Pugsley de las mejillas otra vez y estampó sus labios en los de él.
Fue un beso torpe, brusco. Eugene junto sus cabezas de manera tan apresurada que resultó en un pequeño golpe en sus frentes y narices. Pugsley sintió el filo de los brackets de Eugene lastimarle el labio, aunque no lo suficientemente fuerte como para cortarlo.
Duro apenas tres segundos. Lo suficiente como para que el mareo se intensificara y las mariposas se incendiaran dentro de su estómago.
Cuando se apartaron, estaban sin aliento. Se miraron un corto rato, hasta que Pugsley se puso de pie frente a él para volver a besarlo, más brusco y desesperado pero igual de inexperto. Lo tomó del cuello de la camisa como si no quisiera que se alejara, aunque Eugene tampoco tenía intenciones de hacerlo.
Se separaron segundos después, solo mirándose con las frentes juntas. Eugene mirando hacia arriba y Pugsley hacia abajo, ahora sujetándolo de las mejillas.
Luego rieron. Una risa nerviosa que dejaba ver que ninguno sabía que hacer o decir a continuación.
─︎Yo también lo siento ─︎dijo Eugene finalmente.
─︎¿Por que?
─︎Por evitarte. No estaba molesto, solo nervioso.
─︎No importa.
Pugsley sonrió de nuevo y se dejó caer en la cama de Eugene a su lado, hombro con hombro. Lo miro de de reojo, Pugsley ya lo estaba viendo, y Eugene aparto la mirada nervioso.
─︎Me gustas, por cierto.
Eugene soltó una pequeña carcajada.
─︎Había quedado claro antes.
[...]
Ambos se acostaron en la cama de Eugene boca abajo y tocando sus brazos mientras Pugsley, como una reciente costumbre, jugaba con los dedos de Eugene distraídamente.
Hablaban sobre la fiesta. Pugsley le contaba que había sido un poco aburrida y como había terminado bebiendo algo que, según él, olía como a detergente y jugo de naranja.
─︎¿Nunca habías bebido alcohol antes?
─︎No, lo más cercano que probé a eso fue limpia vidrios con jugo, pero en lugar de mi cabeza, lo que me dolió fue el estómago.
Eugene hizo una mueca, pero inmediatamente después soltó una leve risita y negó con la cabeza.
─︎¿Aún estas mareado? ─︎Pugsley asintió mientras recargaba su cabeza en el hombro de Eugene. Si ya de por sí era algo atrevido, el alcohol parecía darle una confianza extra. O quizás solo aumentaba su ya natural sinceridad e impulsividad.
Eugene se dijo mentalmente que debía reclamarles a Jonathan, Randall y Tom, porque además de decirles que llevaran a Pugsley a la fiesta, les específico que no le dieran de beber nada extraño.
─︎Lo mejor será que duermas.
─︎¿Puedo dormir aquí? ─︎preguntó. Aunque ya estaba metido debajo de la sabana, con los ojos cerrados y aferrado al brazo de Eugene. Y él no se atrevió a negarse.
─︎Claro ─︎sonrió ─︎. Hasta mañana.
