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Like the gleaming of a Star

Summary:

Lo que no esperaba era que el suyo también cayera rendido ante esa gracia divina. Se suponía que lo usaría para ser más grande de lo que ya era, se suponía que usurpara el lugar que ocupaba, se suponía que él tuviera control de todo. Las cosas nunca salían como las planeaba.

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What he didn't expect was that his own would also fall prey to that divine grace. He was supposed to use him to become greater than he already was, he was supposed to usurp the place he occupied, he was supposed to be in control of everything. Things never turned out the way he intended.

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El primer cap es la historia en español, the second one is the english version for all the international besties <3

Notes:

No puedo creer que lo haya hecho... Nunca he escrito algo tan largo en toda mi "carrera" como ficker, pero este par de gays sin remedio me devolvieron la vitalidad y la inspiración de acabar algo tan monumental como esto jaja. No tengo palabras para describir lo mucho que significa Spamtenna para mi, pues gracias a ellos conocí a personas maravillosas y que aprecio tener en mi vida. Esto va para todos los que comparten mi amor por ellos.

Además, agradecimientos especiales a Annie, mi mejor amiga, por tirarme paro al leer todo esto en su fase más temprana y echarme porras para no rendirme escribiendo. Te amo mucho amistad, bendito el día que te conocí. Y muchas gracias a Calyx por tambien leer esta cosa y decirme que no debía tener miedo de contar mis historias jeje

Perdon por tan larga nota ups, los dejo con la historia y espero les guste tanto como a mí me gustó escribirla <3

Chapter 1: Like the gleaming of a Star (Versión en español)

Chapter Text

La puerta hizo un pequeño chirrido cuando Spamton la cerró con serenidad detrás suyo, supuso que más tarde tendría que dar una visita a la oficina de Tenna y contarle que los gastos de mantenimiento del estudio tendrían que adelantarse. Entre todos las funciones que cumplía como segundo al mando del programa las finanzas caían sobre su jurisdicción, así que sería apropiado comenzar con su reporte de gastos tan pronto como pudiera.

 

Sin embargo, las coloridas luces que lo recibieron al darle la espalda a la puerta y cegaron momentáneamente sus ojos le hicieron recordar que fecha se encontraban celebrando. Es más, le molestó un poco el cómo se podía haber olvidado del día más esperado del año para la producción y quien la dirigía.

 

Navidad no era un día importante en su calendario personal, pero quien sí le importaba era la tele que nunca ocultó su adoración por esta festividad. Por supuesto que era importante para el presentador, era la única ocasión en que los lightners que tanto amaba se juntaban a mirar sus programas sin parar; acompañado de la amena conversación entre los adultos y las risas sin control de los niños, Tenna se regocijaba de la felicidad que recorría sus circuitos.

 

¿Y Spamton? Bueno, digamos que ver a su inseparable compañero con una sonrisa llena de esos afilados, pero adorables colmillos, brillantes cual estrellas en el cielo, le otorgaban esa luz de esperanza a su vida plagada de sombras provocadas por el timbre de un teléfono. Su paraíso personal para escapar del horror de la incertidumbre.

 

Ojos cerrados, aire contenido y un suspiro que nunca sale. No puede permitirse pensar estas cosas en horas de trabajo, tiene una imagen específica que mantener, una personalidad cuidadosamente creada como antítesis de su cielo. Despectivo, temperamental, hiriente, todo lo que él no representaba. ¿No era esa la mejor forma de complementarlo? El opuesto del otro, para que las masas caigan rendidas a sus pies ante semejante actuación.

 

A veces temía perderse en el papel. 

 

Apretó los puños para centrarse, y ahora sí se forzó a mostrar esa sonrisa confiada que tanto caracterizaba al mejor vendedor de los años noventa. Con pasos firmes se dirigió a la sala común, varios empleados ya se encontraban ahí y se ayudaban entre ellos para decorar el espacio acorde a la ocasión. Unos Pippins se encargaban de colgar las guirnaldas por las paredes mientras Shadow Guys tocaban villancicos que resonaban por el ambiente y le daban un toque acogedor al estudio.

 

Por supuesto, la primera persona en la que se fijó Spamton fue en su tele conversando animadamente con el bar tender del lugar, quien asentía a los exagerados manerismos de su jefe sin dejar de limpiar las copas que luego colocaba con tranquilidad en los estantes. Verlo feliz provocaba un sentimiento cálido en su interior, haría lo que fuera por nunca ver estática en esa pantalla. Maldecía a su estúpido corazón enamorado por hacerlo sonar tan cursi en su cabeza.

 

Tan pronto como se asomó por el pasillo para dar a conocer su llegada, el presentador estrella se detuvo en seco y enderezó sus antenas, volteando su cabeza hacia el pasillo por el cual venía. El bar tender miró confundido a su jefe, para luego fijar sus ojos en el mismo punto y asentir en su dirección como forma de saludo. Spamton le devolvió el gesto. 

 

Su relación era... Cordial. Ambos venían de Cyber City, y a pesar de que Ramb sabía sobre su pasado como un Addison fracasado, nunca mostró intenciones de querer divulgar ese secreto. De igual forma, Spamton ya no era ajeno al pasado poco convencional de Ramb. En un acuerdo implícito, ambos respetaron la decisión del otro de no querer asociarse con sus respectivos orígenes. A fin de cuentas, no era de su incumbencia.

 

—¡Spammy!— El televisor juntó sus manos y las ladeó frente a su pantalla, esa endemoniada sonrisa también se hizo presente —Por fin decidiste unirte a la celebración, ya me parecía extraño que no salieras de tu cuarto si eres de los primeros en despertar ¿Qué estabas haciendo?— Spamton notó el deje de preocupación en la pregunta de su compañero.

 

Ese cursi apodo lo iba a terminar matando uno de estos días, estaba seguro de ello. Podía sentir un poco de calor en su cara, lo cual lo ponía aún más avergonzado porque cualquier sonrojo era extremadamente notorio en sus píxeles blancos. Escuchar la pequeña risa de Ramb tampoco ayudaba a su situación. Recuperando su compostura, avanzó hasta el bar y pidió un Gin-tonic al responsable de la barra antes de dirigirse a su compañero. Normalmente prefería sus licores fuertes, pero aún era demasiado temprano como para caer en sus vicios; tenían un show que presentar y Spamton era todo menos un trabajador irresponsable. Una vez el coctel se encontraba en su mano, le dio un sorbo de prueba y, satisfecho con su sabor, finalmente volteó a ver a su coestrella.

 

Soltando una risa para aparentar un aire despreocupado, Spamton respondió —Nada de lo que tu gran cabeza deba de preocuparse, Ant. Unas cuentas por ahí, unos contratos por allá. Ya me conoces, lo típico— Las mentiras eran más creíbles cuando entremezclabas la verdad, era algo que aprendió en sus inicios como Big Shot. La realidad era que, aunque al principio sí que estaba revisando los papeles que le faltaban por clasificar y firmar, su trabajo se había visto interrumpido por andar fantaseando con la tele de sus sueños. No es sino hasta que vio la hora en su reloj de pared que se dio cuenta de lo poco que había avanzado y que sacaría más provecho de su tiempo conviviendo con el staff que encerrado en su habitación como un obsesionado.

 

Tenna no se veía muy convencido con esa respuesta, sobre todo con Spamton ensanchando su sonrisa más de la cuenta, pero en pro de mantener el espíritu navideño y no incomodar a su compañero en una fecha tan hermosa como la de hoy lo dejó pasar —Puedo imaginar que estabas muy ocupado entonces, con más razón me alegra que vinieras a pasarla con nosotros. La navidad se trata de estar junto a tus seres queridos ¡Y tú eres un miembro muy importante de nuestra familia, Spammy!— El presentador no pudo evitar alzar su voz para enfatizar lo mucho que creía en sus palabras. Spamton se había convertido en una pieza clave para el show tanto dentro como fuera del escenario y era la única persona en todo el set que comprendía el peso que cargaba Tenna sobre sus hombros como jefe del staff y gobernante de su mundo.

 

Apoyó su cabeza en su mano, esbozó una pequeña sonrisa sincera hacia su confidente y sintió con mucha vergüenza como sus antenas se movían para formar un tímido corazón —Eres importante para mí...— Antes de que pudiera arrepentirse de abrir su bocota, estampó sus manos contra la mesa del bar, cosa que asustó a sus dos acompañantes, y exclamó para que todos escucharan —¡Bueno, tenemos un gran día por delante amigos! Los estaré esperando en el backstage para empezar a rodar cuánto antes ¡Mike, tráeme el guion de hoy! Y no te olvides de mi cafecito de las diez— Tras adoptar su icónica pose, abandonó rápidamente la sala, prácticamente huyendo del lugar. Y si Spamton no estuviera tan atento a su persona, se habría perdido las bonitas barras de colores que adornaban su pantalla antes de que se retirara.

 

El ex-Addison no se movió de su sitio por un rato. No fue hasta que Ramb se rió como nunca lo había escuchado en todos los años que llevaba trabajando aquí que salió de su estupefacción para mirarle extrañado. Mientras tanto, el enchufe se secaba las lágrimas que habían salido sin querer luego de su desliz y terminaba de calmarse para dirigirse al otro presentador —Por el Ángel, ustedes son todo un caso— Y eso sería todo lo que tendría que decir al respecto. Al fin y al cabo, no era de su incumbencia. Él era un simple bar tender.

 

Spamton gruñó por lo bajo y de un salto dejó su asiento. Ignorar las miradas del staff ya era algo automático para él, así que se sumió en sus pensamientos para procesar esa conversación mientras caminaba con un ceño fruncido hacia el backstage.

 

Rápidamente llegó a la conclusión de que no tenía idea de qué carajos hacer con todo esto.

 

Sabía que era importante en este lugar; las estadísticas que monitoreaban el rating del show le confirmaban el cambio para bien que trajo su llegada, pero una cosa muy distinta era que el dueño de todo a su alrededor le dijera lo importante de su presencia y labor a la cara. Más aún al usar esa voz tan suave y vulnerable, como si le estuviera confiando un secreto que solo él tenía el privilegio de escuchar (decidió ignorar que Ramb también estuvo ahí, por el bien de su ego). Por el Ángel, ¿Siquiera sabía la expresión que mostraba en su pantalla? Podrá no tener ojos, pero su sonrisa siempre sería la mejor forma de interpretar sus sentimientos, y Spamton podría jurar que esa sonrisa solo podía significar una cosa, pero que por nada del mundo se atrevería a siquiera pensar.

 

Él... Él no era quien Tenna creía querer (No usaría la palabra con "A"; su corazón encadenado se partiría en mil pedazos). Su actual existencia era producto de un contrato, una vida regalada, una marioneta a merced de los caprichos de su titiritero. Debió saberlo antes de siquiera aceptar la transacción, pues nada es gratis en esta vida y menos para un fracasado como él. Pero estaba desesperado, nada salía como quería y ya no soportaba ser la burla de todos. Supuso que eso lo hizo el blanco ideal para su contratista, alguien dispuesto a lo que sea para salir del pozo sin fondo que era su vida en Cyber City. 

 

Se detuvo a unos metros de la entrada del backstage, la máscara que con tanto esfuerzo mantenía amenazaba con romperse, pero su determinación era más grande que su agonía. No volvería a ser pisoteado por nada ni nadie. Ese pobre Addison que rogaba por atención había muerto y en su lugar Spamton G. Spamton arrancaba cada píxel que componía ese cadáver para hacer de su existencia la suya. Y si eso implicaba atar su código, todo lo que era, a una entidad superior para lograr su cometido, pues él no sería quien rechace ese destino.

 

Una sonrisa bordeando lo maniático se apoderó de su rostro, y con pasos más firmes que nunca se acercó a la puerta que abrió de una patada.

 

El show debía continuar.

 

oOo

 

No esperaba otro resultado, pero siempre era reconfortante saber que su programa era la razón por la que su familia favorita pasaba las mejores navidades de todo Hometown. Faltaba menos de una hora para que el reloj diera las doce en punto y los fuegos artificiales salpicaran de luces brillantes los cielos de ambos mundos. Su show había acabado a las once de la noche no solo para permitir a la familia disfrutar esa última hora sin tener que preocuparse de perderse un segundo de programación, sino que también para pasarla junto a sus empleados que tanto apoyo le brindaron durante todo el año.

 

Se sentía afortunado de tenerlos a todos trabajando con él; Los Pippins, los Shadow Guys, Ramb, Lanino y Elnina, Mike... Spamton. Oh, sería un mentiroso si dijera que no tenía una preferencia por su compañero al aire. Habían vivido tantas cosas juntos a lo largo de estos años; tantas noches en vela discutiendo planes para nuevos shows; tantos secretos confesados por la confianza que compartían (aunque Spamton aún no le contaba EL secreto); tantas salidas fuera de su mundo para olvidarse de sus responsabilidades. Spamton le había mostrado lo liberador que era ser el mismo. A su lado no era el jefe del estudio o el gobernante de TV World, simplemente era Tenna. Alguien excéntrico que acapara toda la atención, pero también alguien sentimental y necesitado de afirmaciones, necesitado de un trato especial que Spamton le regalaba en cada ocasión.

 

Y quería creer que Spamton también se sentía libre a su lado, porque esas sonrisas cómplices y esa postura relajada eran gracias a él. Estaba seguro que era el único que podía ver a Spamton con la guardia baja, despojándose de su actitud altanera para dejar al descubierto una faceta más sensible y sincera. Esa honestidad con la que se mostraba frente a él terminó por apresar a su corazón artificial. Porque sí, ya había aceptado que albergaba sentimientos por su compañero. Aún si las preconcepciones sobre lo que tenía permitido sentir o ser frente a otros dificultaban el proceso, la privacidad de su mente ofrecía un refugio del mundo exterior y fue ahí donde se tomó su tiempo para entender lo que en verdad significaba Spamton en su vida.

 

De pie a solas en medio del escenario, recordó cómo acabaron la programación del día con una edición especial de su segmento más querido. Entre juegos y preguntas de temática navideña, la forma en que ambos dirigían el espectáculo con una familiaridad nutrida por años de conocerse era la cereza del pastel de sus sueños. No había momento en que se sintiera más vivo que cuando los reflectores se centraban en su figura y la de su coestrella siendo aplaudidos por miles de fanáticos. Habían nacido para deslumbrar los escenarios, él era la pieza que faltaba en el rompecabezas de su vida para que fuera perfecto.

 

Un suspiro enamorado escapó de sus labios sin permiso, pero consciente del vació en el set, no le molestó dejarse llevar, aunque sea un momento. Además, ya había pasado suficiente tiempo aquí; era hora de volver con su staff y celebrar otro maravilloso especial navideño. Dando una última mirada al escenario que le daba sentido a su vida, se fue con pasos tranquilos hacia la dirección de dónde venía una dulce melodía.

 

Cuando reapareció en la sala común, la vista que lo recibió llenó sus circuitos de una calidez acogedora. Todos sus empleados habían colaborado para colocar un gran pino en medio de la habitación y varios de ellos traían cajas repletas de adornos para decorarlo. Por supuesto, los adornos eran marca "TV Time" y consistían mayormente de decoraciones con su cara sonriente plasmada en ellos. No tenía mucho que añadir, un poco de egocentrismo nunca hizo daño a nadie.

 

Lo que sí lo sorprendió fue ver a su compañero rebuscando en una de las varias cajas con suma concentración. Acercándose para preguntarle el porqué de su esmero, el de píxeles blancos se incorporó ni bien escuchó sus pasos acercarse para emerger con una guirnalda de su cara en color amarillo. El pequeño adorno se mecía en su índice suavemente, y Spamton se dirigió a él mientras seguía balanceándolo cual péndulo —¿Es en serio Ant? Pensé que te habías deshecho de estas cosas desde la navidad pasada, no creo que a todos les agrade ver tu rostro apenas entren a la sala— Soltó una risa socarrona para luego dejar caer el adorno de vuelta a su caja. Allí tampoco estaba el objeto, así que se movió a la siguiente para continuar la búsqueda.

 

Tenna respondió de inmediato, seguirles el ritmo a sus conversaciones era algo natural —Oh Spammy, ¿Quién odiaría una cara como la mía? Soy la estrella de todo este negocio, ¡Por supuesto que verme les alegraría el día!— Spamton pensó que estaba siendo sarcástico, pero la emoción en su rostro le confirmó que nada de lo que dijo era una broma para él, así que no pudo evitar reírse por lo absurdo de su afirmación. El egocentrismo de Tenna le parecía gracioso y sofocante a partes iguales.

 

La caja que revisaba fue igual que la anterior, maldiciendo su suerte decidió preguntarle a su compañero sobre el posible paradero de lo que buscaba —Hablando de estrellas, ¿Tienes alguna idea de dónde está la que va en la punta del árbol? Llevamos buscándola desde el final del show y no aparece por ningún lado— Se levantó por completo y cerró la caja, un Pippins que pasaba por un costado se acercó para tomarla en sus brazos y moverla junto a las demás pues Spamton había apartado unas cuantas para buscar por su cuenta.

 

Se preocupó al instante por la ausencia del icónico adorno, un árbol de navidad no estaba completo sin su estrella como corona —¿¡Qué!? La navidad pasada la dejamos en una caja aparte si mal no recuerdo, ¿Están seguros que todas las cajas están aquí?— Tenna revisó el reloj en su muñeca, menos de 15 minutos para las 12 en punto y a su árbol le faltaba lo más importante.

 

—Créeme, el almacén está vacío en este instante. Si no estaba ahí adentro, entonces no está en ningún lado— Sin nada más que hacer por el momento, Spamton se resignó a seguir colocando más de esos "peculiares" adornos en algunas ramas que consideraba les faltaba decorar. La silla alta que trajo hasta el árbol se tambaleó cuando se subió para alcanzar las que se encontraban más arriba. Coincidentemente, quedaba a la altura de la cara de Tenna.

 

El presentador no sabía qué hacer. Perderían demasiado tiempo si seguían buscando el dichoso adorno, pero tampoco podían dejar el árbol sin algo en la punta. Los minutos pasaban y aún no daba con una solución. Cuando de repente, como si un foco en su cabeza se encendiera, recordó que la solución a la mayoría de los problemas era un poco de magia —¡Spammy, lo tengo! Ya no hay tiempo para buscar un reemplazo, así que... ¡Tendré que crear uno!— Concentrándose en esa sensación especial que se arremolinaba en su pecho, canalizó su magia en la palma de su mano para acto seguido invocar una brillante estrella igual de sonriente que su dueño —Sé que no es el color convencional, pero... Supongo que tendrá que ser suficiente— La blanca estrella flotó con delicadeza hasta la punta del árbol y ahí se quedó, puede que incluso brillara con más fuerza.

 

Spamton no pudo evitar quedar boquiabierto, las veces en que Tenna (o cualquiera en realidad) usaba su magia podían ser contadas con los dedos de una mano. Un mundo tan pacífico como TV World eliminaba la necesidad de usar ese don único de cada darkner en situaciones que no fueran cotidianas. Esto no significaba que sus habitantes no pudieran defenderse si eran provocados, pero las batallas no eran el enfoque de sus vidas y se notaba. Era tan distinto a su experiencia en Cyber City. Su mundo de origen se regía por quien tuviera más que mostrar y la magia era uno de los tantos medios para darse a notar. Eso sin contar que las calles más peligrosas requerían que sí o sí supieras pelear con todo tu arsenal para que no terminaras embaucado. Lo tenía muy presente.

 

Aunque si debía ser completamente honesto, era la magia de Tenna en particular la que lo dejaba sin palabras. La manifestación más pura de su ser tomando una forma física era hermosa a sus ojos, y como no lo sería si quien la comandaba era la persona más radiante que había conocido en toda su vida. Nunca entendió cómo otros darkners podían enamorarse simplemente por patrones de ataque, pero ahora definitivamente veía el atractivo. 

 

Con el problema ya resuelto, solo quedaba esperar a que el reloj marcara las doce en punto. Tanto Pippins como Shadow Guys corrían de aquí para allá asegurándose de que todo estuviera listo para la campanada final, varios llevaban puestos gorros navideños o diademas con cuernos de reno que se caían constantemente debido a los ajetreos. A Tenna le encantaba ver a sus empleados pasándola bien; era un recordatorio de por qué qué amaba tanto lo que hacía y la felicidad que traía a todos con ello. Un último vistazo a su reloj y ya solo quedaban cinco minutos para celebrar. Regresó la mirada a su compañero, quien extrañamente no se había movido de su lugar en todo este tiempo. Le desconcertó su rostro tan... ¿Perdido? Spamton no era alguien que mostraba sus emociones con facilidad, al menos no frente a tantas personas —¿Spam, sucede algo?— No le gustaba para nada verlo así, y si podía hacer algo para reconfortarlo quería que se lo dijera. Su compañero merecía ser feliz tanto como él en esta fecha.

 

Por su parte, el segundo al mando estaba a punto de hacer algo de lo que seguramente se arrepentiría por el resto de su miserable vida. Culpó al ambiente navideño por hacerle pensar en lo imposible, culpó a Tenna por ser la luz que transmitía alivio a su alma, se culpó a sí mismo por caer rendido ante esa luz. Un debate interno que lo acercaba más y más a la locura. Quería todo de él. Sus risas, sus lágrimas, sus sonrojos y sus enojos. No era suficiente lo que ya tenía. No cuando la tentación estaba tan cerca suyo que podía oler esa embriagante colonia que se adhería a su ropa y recordaba a las noches que compartían —Anthony yo... H-Hay algo que quiero decirte— Si pudiera estampar su cara contra una pared lo hubiera hecho. No es posible que haya tartamudeado de esa forma en su delante. Apretó los puños para disminuir su ansiedad, pero era un esfuerzo en vano. Podía sentir como un ligero temblor atacaba su cuerpo y rogaba que su compañero no se percatara de lo mucho que lo afectaba.

 

— ¡Oh! Bueno, puedes decirme lo que quieras Spamton. No sé si recuerdas lo que hablamos esa noche, sí que nos pasamos de copas, —Una risita disminuyó el ambiente pesado que se había instaurado sin aviso— pero te lo vuelvo a repetir por si acaso. Puedes contar conmigo para lo que necesites. Somos un equipo, Spam. No voy a apartar la vista si hay algo que te preocupa, aunque no tenga ojos en primer lugar— Spamton se apresuró a impedir que Tenna hiciera esa pose tan ridícula, pero su mano permaneció en su brazo más tiempo de lo normal e incluso reforzó el agarre. Estaba seguro que su compañero podía sentir sus temblores.

 

Pero él era alguien decidido, y una vez tenía un objetivo en mente no había nada que lo detuviera hasta conseguirlo. Los hilos que aprisionaban su alma eran prueba de ello. Con lentitud, que no sabía si era por su bien o el de Tenna, deslizó su mano izquierda por aquella exquisita tela roja hasta llegar a la derecha contraria cubierta por un guante blanco. La sostuvo con delicadeza que dudaba poseer y sintió al instante como la tele se tensaba ante su tacto. No hizo más que afirmar su agarre. Era ahora o nunca.

 

Decir que el artificial corazón que se encargaba de mantenerlo con vida estaba al borde del colapso sería quedarse corto. Tenna no podía apartar la mirada de sus manos unidas, como si estuvieran hechas la una para la otra, como si fuera una conclusión natural. Sintió un vuelco dentro suyo cuando su compañero reforzó el agarre y esos ojos normalmente llenos de ambición lo miraron como si fuera lo único que valía la pena en este mundo. Aunque la elocuencia fuera de sus mejores cualidades, sus palabras se derritieron ante el fuego que representaba Spamton. Tal vez él también-

 

—¡Jefe, ya está todo listo!— La voz de Mike lo sacó de su ensoñación y sorprendido volteó a verlo, notando el control con un gran botón color rojo que tenía entre sus manos. Claro, se había olvidado por completo de donde estaban. Spamton sí que alteraba sus circuitos. No obstante, el micrófono no esperaba respuesta de su parte; era más que nada un aviso para lo que estaba por ocurrir. Apenas presionó el botón rojo, el techo del estudio se partió a la mitad como por arte de magia, una idea maravillosa que le había sugerido a su querida coestrella y de la cual se encargó de acomodar en sus finanzas a como dé lugar. Y parece que la idea fue todo un éxito porque su staff vitoreaba de emoción ante tal despliegue, el cielo oscuro de su mundo era testigo de la algarabía que ocurría a sus pies.

 

El único que no compartía el sentimiento era Spamton quien, al verse interrumpido por el micrófono, perdió el valor que había demostrado hace unos segundos. Un pánico incontenible asaltó sus sentidos; quería escapar del estudio, de este mundo, de Tenna y de todos. Quiso apartar su mano y jamás volver a mostrar su cara en este lugar, pero la resistencia que encontró lo detuvo en seco. Su paraíso había vuelto a mirarlo y, con una suave sonrisa, no le permitió separarse. La tele simplemente giró su cuerpo para prestar atención al Pippins que con una caja de cerillos se preparaba para encender los fuegos artificiales tan pronto oyera la señal. Su mano permaneció cubierta por la otra en todo momento.

 

—¡Feliz navidad!— Gritaron los empleados al unísono, y el Pippins, ni corto ni perezoso, encendió la mecha con pobremente contenida emoción. El silbido del cohete terminó en una explosión que iluminó el cielo azabache de brillantes colores, y muchos otros siguieron su ejemplo para pintar el lienzo oscuro. Finalmente, Spamton también dirigió su atención a la infinidad de colores que bailaban en el firmamento. El calor de la mano de Tenna reconfortó su agrietada mente y le permitió disfrutar del espectáculo a plenitud. Quería disculparse por la situación de hace un momento cuando todo el aire abandonó su cuerpo de porrazo. Jamás existirían palabras para describir lo que sintió en ese instante.

 

Era Tenna, su adorada contraparte, sonriendo como solo él sabía hacerlo. Su cabeza erguida hacia el cielo dejaba a las luces reflejarse en su pantalla y le daban un aspecto radiante, casi cegador de lo brillante que era. Si, seguramente que así se veían los ángeles, y el suyo había descendido a la tierra para impartir alegría a los corazones de miles de espectadores. Lo que no esperaba era que el suyo también cayera rendido ante esa gracia divina. Se suponía que lo usaría para ser más grande de lo que ya era, se suponía que usurpara el lugar que ocupaba, se suponía que él tuviera control de todo. Las cosas nunca salían como las planeaba.

 

Ya no podía soportarlo.

 

Se abalanzó sobre aquella estúpida corbata, y tirando de ella hacia abajo tuvo una fracción de segundo para ver la cara de sorpresa de su compañero antes de que rápidamente juntara sus labios. 

 

Fue un beso casto; la inexperiencia de ambos no permitía aspirar a más. Sus labios resecos contrastaban con los cálidos de Tenna en una sensación que le provocó un mareo. No quería separarse nunca de ellos ahora que había probado tamaño manjar. La idea de irse le parecía tan lejana en este momento, hasta ridícula, ¿En serio quería perderse de tan magnífica sensación? No supo cuánto tiempo permanecieron unidos, pero daba gracias a su noción del tiempo arruinada porque pareció una eternidad. 

 

Debía ser un error, una cruel broma como las que acostumbraba a realizar su compañero. Se separarían y Spamton soltaría una carcajada para luego decirle que debió ver su cara. No, no, esas eran simples excusas, sabía que lo que estaban haciendo no tenía otra interpretación más que la que había anhelado todas las noches desde que aceptó sus sentimientos en la tenue oscuridad de su cuarto. Una calidez incomparable envolvió sus circuitos y deshizo su compostura mientras más duraba ese beso, el escalofrío que recorrió su espalda cuando Spamton pasó su lengua suavemente por su labio inferior antes de separarse hizo temblar sus rodillas y amenazó con hacerlo caer. Puso todo de sí para seguir en pie a pesar de que su cuerpo gritaba por dejarse sostener por el hombre que había cambiado su vida por completo.

 

Las barras de colores que tanto adoraba brillaban con más fuerza que los fuegos artificiales que aún danzaban por el cielo en la pantalla de su tele. Separarse era lo último que quería hacer, pero no era momento de pensar solo en sí mismo. Además, el prolongado contacto lo haría cometer una locura en frente de tantas personas y Tenna merecía más que un animal a merced de sus instintos. Tal vez en otra ocasión. Con esto en mente, las palabras que llevaban atoradas en su pecho por años salieron con total convicción —Te amo,— Se sentía liberador —te amo maldita sea— Palabras que pensó nunca serían dichas por su propia voluntad ahora se convertían en la única certeza que tenía de este mundo condenado a desaparecer. Y no importaba si eso ocurriera mañana, hoy o dentro de unos segundos. En última instancia, podría decir que su vida valió la pena si todas sus decisiones le llevaron a encontrarse con su paraíso, como dos estrellas gemelas cruzándose por el firmamento.

 

Desesperación contenida en 5 letras. Escuchar ese trío de silabas escaparse con abandono de entre los labios de su otra mitad fueron como un bálsamo destinado a calmar el pedacito de su corazón artificial que clamaba por él y solo él. Cualquier miedo que creyó atisbar tras aquellos ojos fue rápidamente sofocado por su propia impulsividad al nuevamente juntar sus bocas con renovado fervor en busca del contacto perdido. Este beso no fue tan inocente como el anterior, pues por puro instinto Tenna llevó su mano libre a la mejilla blanca de su amado para profundizar la unión y eso despertó algo nuevo en el ex-Addison.

 

Sin pedir permiso, la lengua de Spamton se deslizó por sus labios a modo de advertencia para súbitamente colarse entre ellos y explorar a su antojo. Era abrumadora la forma en que tomaba el control absoluto de sus lenguas entrelazadas, moviéndolas en una danza que parecía conocer de memoria mientras él solo se dejaba llevar. Tenna sería un mentiroso si dijera que no le gustaba que lo dominaran de esa manera, el gemido entrecortado que soltó lo delataba. La saliva que se acumulaba entre los dos generaba un sonido obsceno que avergonzaría a cualquiera que los escuchara si no fuera por los fuegos artificiales que aún surcaban el cielo y desviaban la atención de la escena de la cual eran protagonistas. 

 

El presentador estrella fue el primero en separarse, ya no podía seguirle el ritmo a ese baile y un gemido ahogado fue todo lo que pudo decir. Spamton estaba satisfecho con eso, al menos por ahora. Seguramente le daría más “hambre” en unos minutos, y viendo que su cielo fue quien inició el segundo beso no había duda de que sus sentimientos eran recíprocos. Se relamió los labios en anticipación, saboreando el leve sabor del café que Tenna tomó en la mañana; no podía esperar a hacer de su tele un desastre. Su deseo se disparó cuando vio la pantalla avergonzada de su otra mitad, las barras de colores ocupaban toda su cara y que él fuera la razón alimentaba su ego en sobremanera.

 

El sonido de su voz riendo sin preocupaciones de por medio lo sorprendió incluso a él, pero mientras más reía menos ganas tenía de detenerse. Todo era tan irreal, parecía sacado de sus sueños más idílicos, pero no había dudas de que estaba despierto y que su suerte no era tan mala como creía. No si su paraíso le sonreía tímidamente antes de acompañarlo en su euforia. Sus voces airosas se perdieron entre la cacofonía de esta noche inolvidable de navidad, cubiertos por luces de colores y un ambiente hogareño no podían imaginar una mejor ocasión que esta para afirmar los sentimientos que ambos se profesaban. No era necesario intercambiar más palabras, o tal vez sí y conversarían con besos de por medio hasta el amanecer en el cuarto de la tele, mientras compartían una cama por la primera vez de muchas. Por ahora, saberse amados era todo lo que necesitaban. 

 

Por ahora, incluso si los hilos que aprisionaban el alma de Spamton nunca desaparecieran, tener a Tenna a su lado era el único consuelo que necesitaba.