Work Text:
La luz tenue del atardecer filtraba a través de las cortinas del apartamento, creando un ambiente íntimo y cargado de anticipación. Sakura se encontraba sentado en el sofá, su cuerpo tenso por el cansancio acumulado del día, pero su mente revuelta por el abrazo que Suo le había dado horas antes. Su cabello bicolor caía desordenado sobre su frente, y sus ojos, usualmente llenos de fuego desafiante, ahora reflejaban una mezcla de confusión y deseo reprimido. Suo, con su presencia imponente y su sonrisa eterna, observaba desde el otro lado de la habitación, su ojo descubierto brillando con esa astucia juguetona que siempre desarmaba a Sakura.
—Sigues pensando en eso, ¿verdad? —preguntó Suo, su voz suave pero con un filo dominante que hacía que Sakura se erizara. Se acercó con pasos lentos, deliberados, como si supiera exactamente el efecto que causaba en el otro. Sakura gruñó, cruzando los brazos en un intento de mantener su actitud defensiva, pero su corazón latía con fuerza.
—No sé de qué hablas —mintió Sakura, su voz ronca, evitando la mirada de Suo. Pero el mayor no se dejó engañar. Con un movimiento fluido, se sentó a su lado, su mano posándose en el hombro de Sakura con una firmeza que no admitía rechazo. El toque era eléctrico, y Sakura sintió un calor subir por su cuello.
Suo se inclinó, su aliento cálido rozando el oído de Sakura. —No mientas. Puedo ver cómo tiemblas —susurró, su tono posesivo. Antes de que Sakura pudiera protestar, Suo capturó sus labios en un beso profundo, su lengua invadiendo sin permiso, reclamando el espacio con autoridad. Sakura se tensó al principio, sus manos empujando débilmente contra el pecho de Suo, pero pronto cedió, un gemido escapando de su garganta mientras su cuerpo se rendía a la dominancia del otro.
Las manos de Suo no perdieron tiempo. Deslizaron por la espalda de Sakura, levantando su camisa con movimientos expertos, exponiendo la piel sensible. Sakura jadeó cuando los dedos de Suo trazaron su columna, presionando en puntos que lo hicieron arquearse. —Eres tan sensible aquí —murmuró Suo contra su cuello, mordisqueando la piel con dientes suaves pero firmes, dejando marcas rojas que reclamaban posesión. Sakura, con su orgullo herido, intentó replicar, pero solo logró un balbuceo incoherente cuando Suo lo empujó contra el sofá, cubriéndolo con su cuerpo.
La ropa comenzó a sobrar. Suo desabrochó la camisa de Sakura con lentitud torturante, besando cada centímetro de piel revelada. Sakura se retorció debajo de él, su respiración agitada, sintiendo la excitación crecer incontrolablemente. —Para... no... —murmuró, pero sus caderas se elevaron instintivamente cuando Suo rozó su entrepierna con la palma de la mano. Suo rió bajo, su voz vibrando contra la clavícula de Sakura. —No quieres que pare. Mírate, ya estás duro por mí.
Con un tirón, Suo liberó el miembro de Sakura de sus pantalones, envolviéndolo con su mano en un agarre firme. Sakura gritó, sus ojos cerrándose mientras Suo comenzaba a moverla con ritmo lento, torturador, alternando presiones que lo llevaban al borde. —Dime que lo quieres —exigió Suo, su ojo fijo en el rostro contorsionado de placer de Sakura. El joven negó con la cabeza, pero su cuerpo lo traicionó, empujando contra la mano de Suo. —Sí... lo quiero —admitió finalmente, su voz quebrada.
Satisfecho, Suo aceleró el ritmo, su pulgar rozando la punta sensible mientras su otra mano exploraba más abajo, separando las piernas de Sakura. Insertó un dedo lubricado con saliva, preparándolo con movimientos circulares que hicieron que Sakura se arqueara, gimiendo alto. —Relájate, voy a hacerte sentir bien —ordenó Suo, agregando un segundo dedo, estirándolo con paciencia dominante. Sakura se mordió el labio, lágrimas de placer formándose en sus ojos mientras su cuerpo se adaptaba, el dolor inicial dando paso a un éxtasis abrumador.
Cuando Sakura estuvo listo, Suo se posicionó, entrando en él con una embestida lenta pero inexorable. Sakura gritó, sus uñas clavándose en la espalda de Suo mientras el mayor lo llenaba por completo. Suo se mantuvo quieto un momento, dejando que Sakura se ajustara, antes de comenzar un ritmo constante, profundo, cada movimiento diseñado para maximizar el placer. —Eres mío —gruñó Suo, acelerando, sus caderas chocando contra las de Sakura en un vaivén que llenaba la habitación de sonidos obscenos.
Sakura se perdió en la sensación, sus gemidos convirtiéndose en súplicas mientras Suo lo llevaba al clímax. Con un grito ahogado, Sakura se corrió, su cuerpo convulsionando bajo el de Suo. Pero el mayor no se detuvo; continuó embistiendo, prolongando el orgasmo de Sakura hasta que el joven estuvo exhausto, temblando. Solo entonces Suo se permitió su propio release, derramándose dentro de él con un gruñido posesivo.
No había terminado. Suo se retiró, girando a Sakura para que quedara de rodillas en el sofá. —Otra ronda —dijo, su voz ronca de deseo. Sakura, aún jadeante, no protestó; su cuerpo anhelaba más. Suo entró de nuevo, esta vez desde atrás, sus manos en las caderas de Sakura guiándolo con fuerza. El ritmo fue más salvaje, Suo golpeando profundo mientras una mano bajaba para estimular el miembro de Sakura otra vez. Sakura lloriqueó, sobreestimulado, pero el placer era adictivo. Llegaron al clímax juntos esta vez, colapsando en un enredo de cuerpos sudorosos.
La noche apenas comenzaba, y Sakura sabía que Suo no se contentaría con menos...
El sofá crujió bajo su peso combinado mientras Sakura intentaba recuperar el aliento, su cuerpo aún temblando por las dos rondas intensas que Suo le había impuesto. El sudor perlaba su piel, y su cabello bicolor se pegaba a su frente, un desorden que reflejaba su estado de completa rendición. Suo, con su respiración apenas alterada, se levantó ligeramente, su ojo visible fijo en Sakura con una mezcla de satisfacción y hambre insaciable. No había palabras innecesarias; Suo simplemente extendió la mano, ayudando a Sakura a incorporarse con una firmeza que no admitía rechazo. El joven se dejó guiar, sus piernas débiles pero su deseo renovado por la dominancia persistente de Suo.
Sin soltar su agarre, Suo los llevó hacia la cama adyacente, empujando a Sakura sobre las sábanas revueltas. El colchón cedió bajo su peso, y Sakura jadeó cuando el aire fresco rozó su piel sobrecalentada. Suo se cernió sobre él, sus manos explorando de nuevo, trazando caminos por el torso de Sakura con una posesión deliberada. —Aún no he terminado contigo —murmuró Suo, su voz ronca mientras besaba el cuello de Sakura, mordisqueando la piel ya marcada. Sakura se arqueó instintivamente, un gemido escapando de sus labios mientras sentía la excitación de Suo presionando contra su muslo.
Suo no perdió tiempo en preliminares esta vez; su mano bajó directamente, envolviendo el miembro sensible de Sakura, que aún palpitaba de los clímax anteriores. Sakura gritó, su cuerpo convulsionando ante el toque sobreestimulado. —¡Es... demasiado! —protestó, pero sus caderas se elevaron hacia la mano de Suo, traicionando su súplica. Suo rió bajo, su agarre apretándose mientras comenzaba a moverla con ritmo lento, torturador. —Puedes soportarlo —dijo, su tono autoritario mientras insertaba dos dedos en Sakura una vez más, curvándolos para rozar ese punto interno que lo hacía ver estrellas.
El placer era abrumador, una ola tras otra que construía sin piedad. Sakura se retorció, sus manos aferrándose a los hombros de Suo, dejando surcos rojos en la piel. Suo aceleró el ritmo de su mano, sincronizándolo con los movimientos de sus dedos, llevando a Sakura al borde rápidamente. —Córrete para mí —ordenó Suo, y Sakura obedeció, su cuerpo tensándose en un tercer orgasmo que lo dejó jadeando, su liberación salpicando entre ellos. Pero Suo no se detuvo; continuó estimulándolo, sus dedos profundizando mientras su pulgar rozaba la punta sensible, prolongando el éxtasis hasta que Sakura lloriqueaba, lágrimas de placer rodando por sus mejillas.
Retirando sus dedos, Suo se posicionó entre las piernas de Sakura, entrando en él con una embestida fluida que lo llenó por completo. Sakura gritó, su espalda arqueándose del colchón mientras se ajustaba a la sensación familiar pero intensificada por su sensibilidad. Suo comenzó a moverse con un ritmo constante, profundo, cada embestida diseñada para golpear ese punto preciso que hacía que Sakura se deshiciera. —Eres tan apretado, tan perfecto —gruñó Suo, sus manos en las caderas de Sakura guiándolo, controlando cada movimiento. El sonido de sus cuerpos chocando era obsceno, mezclado con los gemidos altos de Sakura y los respiros controlados de Suo.
Sakura se perdió en el vaivén, su mente nublada por el placer acumulado. Cada empujón lo llevaba más cerca del abismo, y cuando Suo ajustó el ángulo, golpeando repetidamente su próstata, Sakura alcanzó un cuarto orgasmo seco, su cuerpo convulsionando sin liberar nada más, solo ondas de éxtasis puro que lo dejaron temblando. —¡No... más! —suplicó, pero su voz era débil, y Suo ignoró la protesta, acelerando sus embestidas mientras una mano bajaba para acariciar el miembro de Sakura otra vez, reviviendo la sensibilidad.
El placer se volvió casi doloroso, un torbellino que Sakura no podía escapar. Suo, sintiendo su propio clímax acercarse, se inclinó para capturar los labios de Sakura en un beso posesivo, su lengua imitando el ritmo de sus caderas. Sakura se rindió por completo, sus gemidos ahogados en la boca de Suo mientras otro orgasmo lo atravesaba, esta vez más intenso, haciendo que su visión se nublara. Suo gruñó contra sus labios, derramándose dentro de él en un release poderoso, pero incluso entonces, no se retiró inmediatamente; continuó moviéndose lentamente, prolongando la sensación para ambos.
Sakura colapsó, exhausto, su cuerpo inerte sobre las sábanas mientras ondas residuales de placer lo recorrían. Suo finalmente se apartó, acostándose a su lado y atrayéndolo contra su pecho. —Lo hiciste bien —susurró, su mano acariciando el cabello de Sakura con una ternura inesperada. El joven, demasiado cansado para responder, solo cerró los ojos, su respiración calmándose gradualmente. La noche había sido una sucesión de clímax que lo habían marcado profundamente, y en los brazos de Suo, encontró una paz exhausta, sabiendo que su rendición era completa.
