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Formas de olvidar sueños

Summary:

Kou ha tenido sueños extraños en los últimos días. Y aunque al principio no le prestó mucha atención. Fue hasta el festival que se dio cuenta que algo estaba mal.
En realidad todo estaba mal.

Pero
¿No es esta la vida que siempre soñó?

La conversación que tiene kou y Mitsuba sobre los sueños pero antes de entrar a la casa roja.
Spoirles del capítulo 118

Notes:

Entonces hace cinco meses o más salió el capitulo 118 y hasta la fecha sigo fingiendo demencia. :)
Por esa razón escribí esta obra. Aunque ya es tarde igual quiero compartirla porque estoy segura que no soy la única que se deseo que Kou y Mitsuba siguieran vivos en esa nueva línea temporal.

Espero que les guste.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Kou estaba ocultando algo.
Era más bien un sentimiento, una sensación de que estaba olvidando algo muy importante. Y, aunque al principio pensó que estaba relacionado con sus responsabilidades como exorcista, la realidad era otra.
Lo sintió en el momento en que vio a Mitsuba buscándolo en el festival, vistiendo el uniforme escolar.
Lo sintió cuando lo vio tomando fotos y sonriendo, seguramente por haber logrado una buena captura.
Esto estaba mal.
¿Tenía sentido eso?
¿Cómo podría estar mal pasar tiempo de calidad con su mejor amigo, con el chico que lo obligaba a cargar sus cosas para las fotografías, el chico que siempre lo llamaba cuando estaba aburrido, el mismo al que logró salvar de un espectro y que, a cambio, lo invitó a cenar curry sin papas?
¿Cómo podría estar mal pasar sus días y noches al lado de Mitsuba?
¿Cómo podría estar mal compartir cada instante de su vida con él?
Lo sabía; o más bien, intentaban que lo supiera.
Todo esto estaba mal.
Pero se negaba a admitirlo. Porque aquellos sueños que había tenido últimamente eran… extraños, por no decir horribles.
Ser amigo de un espectro, estar involucrado con los siete misterios de la academia, tratar de evitar la muerte de su senpai, luchar contra un espectro que sirvió a su antepasado…
Y lo más importante: su amigo, su mejor amigo Mitsuba, estando muerto.
Sin haber tenido la oportunidad de conocerlo en vida y habiendo pasado solo un día con él para que, al final…
No. No, no y no.
La realidad era esta: una donde él y Mitsuba estaban bien.
Donde los dos estaban vivos, respirando el mismo aire y compartiendo los mismos momentos.
¿O no?
—¡Minamoto-kun, cuidado! —Pero la advertencia llegó demasiado tarde. Kou tropezó y cayó al suelo, soltando el folder que tenía que entregar. Era la razón por la que, en primer lugar, estaban caminando hacia esa casa.
A Mitsuba poco le importó el folder; inmediatamente se acercó a su amigo.
—Eres tan torpe —dijo, ofreciéndole la mano. Kou la tomó, aunque no mostró intención de levantarse.
Mitsuba frunció el ceño.
—Minamoto-kun…
Kou no respondió.
Esto es real, afirmó para sí mismo mientras sentía la calidez de la mano de Mitsuba.
Era cálida, como la de un humano.
No estaba helada, como la de un espectro.
Él estaba vivo.
Vivo… Vivo…

Sin recibir respuesta, Mitsuba miró el folder tirado. Lo recogió pensando que Kou estaba preocupado por los papeles. Pero el problema era que no había nada dentro.
Y pensándolo mejor:
¿Quién le pediría a un estudiante entregar un folder personalmente, cuando existen internet y teléfonos?
Algo no cuadraba en todo esto, pensó Mitsuba mientras regresaba a su lado.
—Minamoto-kun, ¿no es muy raro que te pidieran dejar una carpeta en una casa cuando existe internet? —comenzó Mitsuba, pero no terminó la frase. Kou estaba sentado, recargado en la pared de una casa cualquiera, con las piernas recogidas y lágrimas cayendo de sus ojos.
Eso lo confundió aún más. Se inclinó para estar a su altura.
—Ey, ey, exorcista de cuarta, ¿qué te pasó?
Kou no respondió; se cubrió los ojos con una mano.
Mitsuba sabía que Kou odiaba que lo vieran llorar. Para él, las lágrimas eran un signo de debilidad, y los exorcistas no eran débiles. Mitsuba nunca pensó así, pero entendía el orgullo de su amigo.
Lo recordaba: la primera vez que lo vio llorar fue en ese acuario fantasmal…
Se quedó congelado.
¿Cuándo fue al acuario con Minamoto-kun?
O mejor dicho, ¿por qué era un acuario fantasmal?
Los sueños que había tenido en los últimos días lo golpearon de golpe: la competencia en el acuario, su hambre imposible de saciar, la vez que Kou declaró —mientras se tiraba de la ventana de la academia— que podían ser espectros juntos; la primera vez que lo conoció en la frontera del misterio tres.
Y luego… la última vez que pasó todo el día con Kou, cuando le sacó una foto después de esperar tanto tiempo para hablar con él.
Algo raro estaba ocurriendo. Era como si dos voces le dijeran que nada de esto era real… y que lo odiaban.
Sin poder más, preguntó:
—Kou… ¿has tenido sueños raros últimamente?
Kou bajó la mano de su rostro, aún con lágrimas en los ojos. Lo miró, y eso bastó como respuesta afirmativa.
—Es tan extraño… son sueños, pero se sienten tan reales y no tienen sentido. ¿Por qué yo estaría…?
—No termines esa frase —declaró Kou.
Mitsuba levantó la vista, fijándose en su rostro húmedo, los ojos rojos y el aire indefenso que lo envolvía. Sin pensarlo, limpió sus lágrimas con delicadeza. Kou cerró los ojos al sentir el tacto cálido.
—Entonces… tú también lo soñaste, ¿no?
Kou tardó unos segundos, pero asintió.
—No quiero hablar de eso. No tiene sentido y, lo más importante, no me gusta la idea de que estés…
—¿Muerto? —aventuró Mitsuba.
Kou volvió a asentir.
—Pero alguien, o algo, me está pidiendo a gritos que lo recuerde todo…
Mitsuba también lo pensó. La idea de morir lo aterraba: dejar de sacar fotos, abandonar a su mamá, no poder compartir más tiempo con Kou.
Ya no podría pedirle que lo acompañe a la tienda de noche, ni graduarse juntos, ni convencerlo de estudiar gastronomía, ni irse a vivir con él a otra ciudad. Ya no habría futuro.
No podía permitirlo.
Le dio un golpecito con el dedo índice para captar su atención.
—Bueno, entonces no hablemos de eso. A mí tampoco me gusta la idea de pensar en mi muerte, así que… ¿por qué no hacemos algo para olvidar esos sueños?
—¿Como qué? —preguntó Kou.
—Para empezar, no vamos a entregar este folder vacío —señaló la carpeta—. Segundo, podemos hacer cualquier cosa: comprar dulces y comerlos en el puerto, o tomar el primer tren y quedarnos en un pueblo lejano todo un fin de semana.
Mitsuba movió su dedo índice con una sonrisa.
—Si te gusta mi idea, toma mi dedo.
Kou lo miró con tristeza, aún escuchando esa voz en su mente. Pero al ver la sonrisa juguetona de Mitsuba, no pudo evitar pensar en todo lo vivido y en lo que podría venir.
Sin dudarlo, tomó su dedo.
—¿Y con qué dinero vamos a tomar ese tren? —preguntó Kou.
—Con tu dinero, obviamente —respondió Mitsuba, feliz.
Ambos rieron suavemente. Kou se levantó, lo ayudó a incorporarse y, sin soltarlo, entrelazó sus dedos con los de Mitsuba. Caminaron juntos en dirección contraria a aquella casa.
Tras dos cuadras, Kou habló:
—Aunque… por muy extraño que suene, aún siento la necesidad de ir a esa casa. Pero no recuerdo la dirección.
Mitsuba frunció el ceño, no entendía ese sentimiento pero algo le decía que no tenían que ir por ningún motivo a ese lugar, por lo que para obtener la atención de su amigo y que olvidara ese sentimiento apretó su mano con fuerza. Kou lo miró, sorprendido.
Mitsuba sonrió, Lo había conseguido.
—Sabes, me gusta cuando te fijas solo en mí.
Kou se sonrojó y trató de cubrirse el rostro, lo que provocó otra sonrisa en Mitsuba.
—Mitsuba… —dijo Kou finalmente—. Si vamos a este viaje y no podemos ignorar estos sueños… ¿qué haremos?
Mitsuba miró al cielo antes de responder:
—Supongo que tendremos que recordarlos.
Kou lo imitó, observando el cielo azul. Luego miró a Mitsuba y, por último, al camino de regreso a casa (necesitaban dinero).
—Espero que ambos podamos olvidar esos sueños.
Mitsuba apretó su mano entrelazada con la de Kou.
—Yo también espero eso.

Notes:

Regrese a AO3 después de casi tres años sin publicar nada. Pero estaba vez voy a intentar escribir mis historias en inglés.
De hecho esta historia se encuentra en inglés en mi perfil.
personalmente me gusta más la escritura en español.
y soy fiel creyente que escribiendo nuestras historias en nuestro idioma, lo defendemos.
Quiero escribir la segunda parte donde Kou y Mitsuba toman ese tren y ambos llegan a un pueblo (y nada termina mal como en el au de Aidairo)
Muchas gracias por leer.
No olviden dormir ocho horas mínimo.