Chapter Text
—¡Ese, no mames! ¿Estamos pintados, o qué pedo?
Remus tose, tratando de ocultar su risa. Sirius se gira a verlo y si su sonrisa de oreja a oreja indica algo, es que Remus no sabe disimular.
—¿Está bien pendejo, verdad? No sé por qué se pone a jugar si luego se nota que vale verga para el fútbol.
James pasa el balón a Kingsley, quien lo recibe y se echa a correr a la portería contraria. Remus lo ve con cierta envidia: lo que él daría por no sentir miedo sobre sus dos piernas.
—Al menos yo juego, culero. Tú te quedas ahí, valiendo verga.
Remus sabe que no lo dice por él, sabe que cualquier referencia a lo que él hace o deja de hacer siempre se anuncia como broma hacia el resto del grupito, nunca hacia su persona. Eso no impide, claro está, que haga una rápida mueca y le implore a Dios que le dejen de picar los ojos. Sirius, por su parte y en defensa de Remus, se ofende de sobremanera.
Antes de que pueda evitarlo, Sirius se dirige hacia James, quien se sacude el pelo, suspirando una disculpa hacia Remus. Peter corre hacia ellos, poniendo una mano en el pecho de Sirius, tratando de detenerlo.
—No mames, James, ¿qué te pasa?
—Fue sin querer, Sirius, ya déjalo.
—Peter, cállate, si a ti te dijera panzón rubio también te molestaría.
Peter lo empuja, mientras James se ríe a carcajadas.
—¡Chinga tu madre!
—¿No que no, eh?
—Pero yo me defiendo solo, güey. Tú siempre saltas antes que Remus.
—Es que es su vato. —James se burla, apoyando el codo sobre el hombro de Peter. —No lo viste, pero después del balonazo Sirius le dio un besito a Remus en la frente.
Es el turno de Peter para reírse hasta llorar, haciendo besos al aire. Cuando Sirius solo lo mira con aburrimiento, Peter se abalanza para besarle el cachete. James lo sigue, besando el otro cachete de Sirius. Si Remus no los conociera mejor, pensaría que actúan de esta manera deliberadamente, casi como si no les preocupara todo el albur que circula sobre ellos. Un cuarteto de maricas que saben disimular estupendamente, con el líder prieto y mamón coqueteando abiertamente con una de las mataditas del salón; el güero que toca Wonderwall en las pedas y tiene pegue con las mayores, para sorpresa de todos; el galán de ascendencia asiática que todas las morras sueñan con andar porque les recuerda a los protagonistas de sus K-Dramas favoritos; y Remus, el chico más alto de la generación, el que te pasa la tarea a cambio de lana y que más recibe cartas anónimas en San Valentín.
Los dos equipos jugando rápidamente se desintegran, reuniéndose alrededor del espectáculo, vitoreando o haciendo ruidos de vómito.
Remus se levanta, caminando hacia sus amigos con su bastón a un costado. El primero en verlo es Peter, soltando a Sirius para irse encima de Remus, besándolo en la barbilla. James también se le acerca, jalándolo de un brazo para besarle la frente. Sirius, quien se había quedado golpeando el aire, finalmente se echa a reír.
—¡Perdóname, Remus! Sabes que lo dije sin pensar —James le ruega, abrazándolo por el cuello.
—Sí, güey, no hay pedo.
Detrás de ellos, el profesor Slughorn intenta cubrir su risa, cerrando su tupper.
—Ay, niños, ¡son una cosa bárbara!
Severus, el único lamebotas que se sienta a comer con el profe, tuerce los ojos y se levanta justo cuando suena la campana que finaliza el receso. Cuando atraviesa la cancha, James le chifla.
—Ey, Severus, ¿no te vas a despedir de Gilderoy?
Todos los chicos, secándose el sudor con la playera, chasquean los labios con el sonido de besos. Gilderoy se pone rojo como tomate y Severus les tira el dedo.
—¡Ey, Severus, no hagas eso! —El profe Slughorn alza la voz.
Incluso de espaldas, Remus puede ver que Severus se muere de la vergüenza, porque apresura el paso para entrar al salón.
James se disculpa por última vez con Remus y él le responde con unas palmaditas en el brazo. Satisfecho, James corre hacia el salón cuando ve que Lily está por entrar. Peter se queda unos segundos, encogiéndose de hombros.
—No le hagas caso, no puede evitar decir mamadas.
—Ya sé, güey, no me agüito.
Antes de que pueda regresar a la banca a recoger su tupper, Sirius ya está a su lado, cargándolo en una mano. Remus observa el lugar donde estuvieron sentados, encontrándose limpio.
—Ya tiraste tu plato.
—Sí, porque si no, ibas a estar chingando con que “el medio ambiente” y la mamada.
A Remus le encanta cuando Sirius agudiza la voz imitándolo, según él.
—Párate más temprano, huevón, hazte tu propia comida.
—Na, ni así. Con mi mamá en la cocina, nunca podría hacerme de comer aunque quisiera.
Lo que a Remus no le gusta es cuando la voz de Sirius se vuelve seca, como si se le olvidara respirar y dejara de producir saliva cada vez que habla de su familia.
—Mañana te traigo comida.
—Uy, ¿hecha por ti o por tu mamá?
—Mi mamá.
—¿Entonces, por qué me chingas sobre no hacer mi propia comida si tú tampoco te la haces, culero?
Remus se echa a reír de nuevo y, por un momento, Sirius lo mira con esa expresión que le hace creer a Remus que sienten lo mismo. Todos esos chistes sobre mariconerías, todas esas veces que Sirius trató con desdén a las chicas que se le acercaron a Remus con ojos coquetos, todas las tardes que Sirius visitó la casa de Remus para estudiar y lo último que hicieron fue estudiar, porque PUBG en el celular era más divertido, aunque al día siguiente Sirius estuviera a punto de arrancarse el pelo por no entender nada del examen. Remus tiene la esperanza de que todo eso signifique algo por lo que pueda aferrarse.
—Nomás, por chingar.
A la hora de la salida, Peter lleva a los chicos a sus casas. Ser el hijo menor, con el tercer mejor promedio de su generación tiene sus ventajas. Cuando Remus se baja, Sirius decide quedarse con él. Ambos se despiden de Peter y James. En el cuarto de Remus, después de que Remus le vuelve a explicar la tarea de Química, Sirius lo besa por primera vez.
