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“Que raro eres” Fueron las palabras del niño llamado Stanley, poco antes de acercar su mano hacia la del otro niño para realizar el que sería el primer apretón de manos para ambos.
Luego de este primer acercamiento, los encuentros entre ambos se hicieron cada vez más habituales. Xeno visitaba durante varias veces a la semana el terreno baldío para realizar sus ensayos con el cañón de riel, mientras que Stanley, habituado a los horarios en los cuales Xeno visitaba la zona, aparecía en los momentos en los que sabía que lo encontraría en el lugar. Al inicio Stanley se limitaba a escuchar las largas explicaciones de Xeno respecto a teorías científicas y además poner a prueba los disparos del cañón, pero luego comenzó a ayudar en el transporte de diferentes materiales pesados que Xeno consideraba necesarios para sus experimentos.
Debido al caso contacto con otros niños de su edad, es que ninguno de los dos tenía experiencia en las conversaciones o situaciones típicas que ocurren en la niñez, ninguno había jugado a las escondidas, a la pelota o visitado la casa de otro niño, sin embargo, de alguna manera eso no impedía en que ambos se sintieran cómodos con la compañía del otro.
Stanley, en un intento por experimentar una actividad típica de niños, extiende un dulce en dirección hacia Xeno. Xeno, quien no estaba prestando atención debido a que sus ojos estaban puestos en el cañón de riel, no se da cuenta de tal acción, por lo que Stanley debía hablarle.
“Xeno”
"¿Hm? ¿Qué sucede?" Responde aún con su mirada fija en el cañón.
Con algo de duda de captar la atención del otro, continúa “¿Quieres?”
Finalmente aparta su mirada del arma para centrarse en Stanley, al observar el objeto en su mano, se aprecia cierta sorpresa en su rostro.
“Oh, eso es…”
“Es un dulce, ¿nunca habías visto uno?”
“Se lo que es, después de todo siempre tienes uno en la boca, pero es primera vez que me ofrecen uno”
“¿Nunca has probado un dulce?” dice Stanley con sorpresa.
“Pues…mis padres nunca han comprado dulces y yo…tampoco creo que produzcan algún beneficio, al contrario, su ingesta constante puede causar caries, deberías cuidarte, Stanley”
“¿Lo quieres o no?” responde Stanley con fastidio luego del último comentario de Xeno.
Mirando la mano del otro, decide al fin aceptar el dulce “Bien, no creo que sea malo probar uno, aunque sea para analizar sus efectos” luego de ello, se lleva el pequeño dulce a su boca.
El dulce era diferente de los que Stanley siempre tuvo en su boca, este dulce era pequeño y podía masticarse. Al inicio Xeno no mostró reacción, pero luego de comenzar a masticar y saborear el dulce es que su cara cambia por completo, mostrando una expresión que Stanley nunca había visto en el otro.
"¡Increíble Stan! ¡Eso es...hm...está delicioso! Ahora entiendo por que siempre llevas uno contigo" dice emocionado, con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, aún masticando el dulce mientras hablaba.
“Ah…eh…si, que bien que te guste” de inmediato aparta la mirada, como si hubiera observado algo prohibido. Sin entender la razón, nota como los latidos de su corazón comienzan a aumentar luego de observar la reacción de Xeno. Desesperado por apartar cualquier pensamiento de su cabeza, es que intenta retomar las actividades con el cañón de riel.
“Bueno, ¿Qué es lo siguiente?”
“¡Oh! Cierto”, menciona Xeno, dejando atrás su expresión emocionada para volver a centrado en el trabajo que tenía en frente.
En sus siguientes encuentros, Stanley siempre se aseguraba de llevar los suficientes dulces para compartir con Xeno, ya eran tanto masticables, paletas o incluso chocolates. La expresión llena de emoción en el rostro de Xeno era lo que siempre recordaba cada vez que llevaba los dulces consigo, anhelando el volver a apreciarla.
En su último encuentro, Stanley, quien se sentía cada vez más a gusto con Xeno, decide hacer algo que nunca había hecho antes.
“Oye… ¿Quieres venir a mi casa?” dado que su educación la realizaba en casa y que nunca había tenido amigos, esta era la primera vez que invitaba a alguien a su territorio.
Con leve sorpresa en su mirada, Xeno lo observa por unos segundos, los cuales parecieron eternos para Stanley.
“Si no quieres estás bien”
“¡No es eso! Es solo…nunca me habían invitado…” menciona con un hilo de voz y bajando la mirada.
“Es tu primera vez para muchas cosas, ¿no?”
En lugar de palabras, Xeno solo responde mediante una leve sonrisa.
“Si no te importa, podemos ir ahora”
“¿Qué pasará con el cañón?
“Hm, podemos llevarlo, conozco un lugar para guardarlo en que nadie lo encontrará”
Sin más palabras, ambos se ponen en marcha. El lugar se encontraba en una zona cercana, desde lejos lo primero que se apreciaban eran los animales, como algunas ovejas y vacas, para luego observar la figura de lo que parecía ser una granja.
Al llegar, rápidamente se dirigen a los establos para guardar el arma, luego, retoman el camino hacia la morada de la familia Snyder.
La casa de Stanley se encontraba habitada por sus padres, abuelos y algunos tíos, siendo su madre y abuela las únicas mujeres. El lugar mantenía un fuerte aroma a cigarro, lo que hacía que Xeno sintiera algo de incomodidad.
Al ver la presencia de Xeno, todos en la casa se sorprendieron.
"¡Vaya Stanley! ¿Qué tenemos aquí?" menciona uno de sus tíos.
"¡El pequeño Stan hizo un amigo! Brindemos por eso" dice quien parecía ser el abuelo, llevando a su boca una jarra de alcohol.
Ignorando cualquier otro comentario de su familia, Stanley toma la mano de Xeno y lo conduce hacia el segundo piso, lugar en el que se encontraba su habitación. Al llegar y cerrar la puerta, Xeno se queda observando, notando los objetos a su alrededor. El lugar no estaba desordenado, pero tampoco lo suficientemente ordenado para su gusto, en las paredes había un cartel de lo que parecía ser un vaquero del viejo oeste y un tablero para lanzar dardos, mientras que en el piso estaba tirada una resortera y una pistola de agua.
“Se ve…bastante normal” menciona Xeno.
“¿Cómo pensabas que sería?”
“No lo sé, nunca estuve en la habitación de otra persona” continúa observando el lugar “pero…” se detiene al notar una gran cantidad de dulces sobre una mesa. Se acerca rápidamente y apunta con su dedo sobre los objetos “¡Hay muchos!”.
“Si, puedes comer cuantos quieras”
Emocionado ante la respuesta de su amigo, lleva los primeros dulces hacia su boca. En los minutos siguientes, mientras ambos disfrutaban de los dulces, Stanley le mostró a Xeno el lanzamiento de algunos dardos hacia el tablero en la pared.
“La manera en la que siempre aciertas al centro es sin duda elegante”
“Es muy fácil, ¿quieres intentarlo?” le entrega uno de los dardos a Xeno. Al hacer el primer intento, el dardo cae muy lejos del centro.
“Vaya, eres pésimo”
“Es solo falta de practica” Intentando ignorar el comentario de Stanley, estaba próximo a comer otro dulce, cuando se percató que solo quedaba uno, el cual era una pequeña barra de chocolate. Al ver la mirada de Xeno sobre el chocolate, Stanley interviene.
“Este es mío, tú ya has comido suficiente”
“Pero tu mismo dijiste que podría comer cuantos quisiera!”
“Este no” En un movimiento rápido, esconde el chocolate detrás de su espalda.
“¡Stan!” se abalanza intentando quitarle el chocolate de sus manos.
Sorprendido y nervioso ante la cercanía del otro, es que decide levantar uno de sus brazos mientras sostiene el objeto, sabiendo muy bien que por la estatura de Xeno no lo alcanzaría.
“¡Eso es jugar sucio!” Dice mientras se para de puntas y extiende uno de sus brazos para alcanzar al otro, sin importarle que su cabeza esté aplastada por el cuello de Stanley.
“No escucharé eso del sujeto que está construyendo un arma” comenta con algo de diversión en sus palabras, sin darse cuenta de que había bajado la guardia y que, con un fuerte empujón de parte de Xeno, hizo que ambos perdieran el equilibrio y cayeran al suelo.
“Ouch…que insistente eres…” dice con algo de dolor en la espalda por llevarse todo el peso de la caída, luego, con preocupación por el estado del otro, intenta acomodarse “Xeno, ¿estás bien?” siendo allí el momento en el que se da cuenta de la posición en la que ambos se encontraron. Xeno había caído sobre él por lo que la cercanía estaba en su máximo nivel, podía notar su calor y también cosquillas al sentir el cabello de Xeno rozando su cuello. No sabía el motivo, pero comenzaba a sentirse avergonzado por la situación.
De un momento a otro, mientras Stanley se mantenía confundido, Xeno le arrebata el chocolate de las manos.
“¡Lo tengo!” Mostrando nuevamente una mirada de emoción, comienza a rasgar el envoltorio y se lleva el chocolate a la boca.
Lo siguiente que ocurrió dejó a Stanley sin palabras. Xeno, luego de darle un bocado al chocolate, muestra una expresión similar a cuando comió por primera vez un dulce. La sensación del chocolate en su boca y el sentimiento de victoria al arrebatárselo a Stanley le hicieron mostrar esos ojos brillantes y mejillas sonrojadas que ya había visto hace un tiempo, todo esto acompañado de una gran sonrisa, además, en esta ocasión tenía restos del chocolate alrededor de su boca, lo que hacía que el corazón de Stanley latiera como loco.
Xeno solo fue capaz de comer la mitad del chocolate, ya que quería dejarle el otro trozo a Stanley. Al tranquilizarse y dejar de lado la sensación del sabor en su boca, observa confundido el estado de su amigo.
"Stan, ¿estás enfermo? ¡Tu cara esta roja!" con preocupación se acerca aún más a Stanley “¿Te golpeaste muy fuerte con la caída? Lo siento…es mi culpa” dice haciendo un pequeño puchero.
“Solo… ¿podrías quitarte de encima?” Es todo lo que alcanza a decir, sintiéndose incapaz de mirar al otro a la cara.
“¡Oh, cierto!” Se apresura a ponerse en pie. “Stan, tenemos que cerciorarnos de que no tengas ninguna contusión grabe luego de la caída, déjame revisarte!”.
Stanley no escuchaba nada de lo que Xeno le decía, sus pensamientos solo se dirigieron hacia las mejillas sonrojadas, ojos brillantes y deslumbrante sonrisa que había visto hace solo unos segundos.
“Lindo”
“¿Stanley, me escuchas? ¿Stan?”. Al no obtener respuesta, Xeno realiza una revisión rápida para comprobar el estado del otro, mientras que por otro lado, Stanley se adentraba y daba comienzo a los que serían unos sentimientos que lo acompañarían por el resto de sus días.
