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Bajo Control

Summary:

—¿De verdad crees que eso me importa? Si no hubiese llegado…

No le permitió terminar su oración. —Estaría bien, lo tenía todo bajo control —mentira.

—¿Quién? ¿Tú o ese guardia? Porque cuando yo llegué, su espada estaba tan cerca de tu cuello que casi… —Se detuvo, tomó aire y exhaló. Su mano buscó la del contrario, tomándola con cuidado, como si de un precioso y frágil jarrón de porcelana se tratase —. No voy a disculparme por haber venido, hice lo que debía, ciudadano. Derapchu y tú están bien, no importa nada más.

———

Durante una noche de purga, las cosas se complican para Foolish y Derapchu. Por suerte, Fortsy llega a tiempo para ayudarlos.

Notes:

My English writing is terrible, but I still wanted to contribute to the community :p
I hope the language doesn't stop you from reading it.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando la purga dio inicio esa noche, Foolish y Derapchu se encontraban en la pirámide. Era la primera vez que pasarían una de esas noches solos, pero no precisamente escondiéndose. Tenían un objetivo, lo marcaron desde su segundo día en ese lugar y, si bien, anteriormente no habían tenido la oportunidad de llevar a cabo el pequeño plan que habían estado organizando, esta sería la noche. 

La cabeza de Schpood sería de ellos. 

Salieron de casa, armados de pies a cabeza en hierro. Para defenderse sólo tenían hacha y escudo, no era mucho realmente, pero no necesitaban de más. Incluso con la poca y oxidada habilidad que Foolish tenía para los enfrentamientos, eran dos y estaban juntos; si permanecían así, podrían lograr su objetivo. Tenían fe y se tenían el uno al otro. No necesitaban más. Jamás lo hicieron, pero siempre apreciaron la ayuda.

El distrito entero estaba vacío, no había ni un alma afuera. Se sentía extraño verlo así, pero durante las noches de purga era normal. A pesar de la soledad afuera, la gente seguía muriendo y eso siempre los hacía mantenerse alerta y con cierto grado de paranoia elevado. Caminaron con cuidado y sin prisa, intentando hacer el menor ruido posible, no querían asustar o alertar a otros. Nadie debía saber que estaban ahí. 

Se dirigieron hasta uno de los túneles que habían sido encontrados en las murallas; se decía en el distrito que, desde hace varias purgas atrás, los guardias habían dejado de protegerlos. Entrar era la única manera que tenían de llegar a él, pues sabían que, ni en un millón de años, el vicepresidente se atrevería a salir en una noche de purga.

¿Y qué? ¿Iban a entrar y perderse en la inmensidad del Capitolio? No. Tenían un plan, uno en el que habían estado trabajando desde hace varios días y, para poder llevarlo a cabo, 5pyder era una parte esencial de este. Y es que, cuando se enteraron del pequeño disgusto que el rubio sentía por Schpood, aprovecharon esa oportunidad para pedirle su ayuda. No buscaban involucrarlo y mucho menos meterlo en problemas, simplemente querían una forma segura de entrar y una ubicación en la que pudieran encontrar a su objetivo. 5pyder se los dio. Les prometió encontrarse con ellos en el túnel junto a la playa y, una vez ahí, les proporcionaría un mapa con una ruta "segura" trazada en él, pero eso sería todo. No iba a acompañarlos, irían solos, tomarían el riesgo y afrontarían las consecuencias en caso de ser descubiertos, todo sin mencionar su nombre. 

Podían llamarlos locos por aceptar el trato, incluso también idiotas y sí, tal vez eran idiotas, quizás también estaban locos, es decir, tenían que estar aunque sea un poco mal de la cabeza para arriesgar su vida de esa manera, sobre todo sabiendo que, la probabilidad de fracasar y morir, era tan alta. Pero al menos había que intentarlo. 

—Foolish, espera.

El llamado de Derapchu lo hizo detenerse casi al instante. Se dio media vuelta, quedando frente a su amigo. —¿Qué ocurre?

La respuesta no fue verbal, pero bastó con un gesto para entender. Su dedo índice sobre sus labios, mientras que, con su otra mano, desenvainaba lentamente su hacha. Silencio. Y entonces escuchó las pisadas.

Observó a su alrededor, buscando el lugar de donde provenían y al propietario de estas, pero no había nadie. El desierto estaba completamente solo y las pisadas habían cesado en cuanto ellos las escucharon. El ambiente empezó a volverse tenso, tal vez no debieron haber salido esa noche. Una parte de él quiso culpar al delirio de persecución con el que su compañero vivía, pero él también había escuchado los pasos sobre la arena. 

Algo andaba mal.

—Derap, creo que deberíamos... 

Su oración fue interrumpida por una voz que ninguno de los dos logró reconocer. —Miren nada más... ¿Qué tenemos aquí?

La oscuridad de la noche y la poca iluminación que las contadas antorchas proporcionaban, no les permitían ver nada más que la sombra de un hombre acercándose a ellos. Y, como si la idea de haberse encontrado con un desconocido durante la purga no fuese lo suficientemente inquietante, la sombra pareció dividirse. No solo era una persona, eran dos.

—Sólo paseábamos, la playa se ve bien durante la noche —respondió el híbrido de tiburón, aferrándose a su escudo con su mano izquierda —. No buscamos pelea.

—¿Paseo? ¿Durante una purga? —ambos hombres continuaban avanzando hacia ellos, sin dejarles otra opción más que retroceder —. Un tanto curioso, sabiendo lo que hay en la playa, ¿no?

Esa simple oración bastó para delatar a los desconocidos. No eran civiles como creyó. Eran guardias.

Foolish ladeó la cabeza, mostrando confusión, una fingida, por supuesto. —¿Huh? 

Claro que sabía de lo que estaba hablando. Aunque lo del túnel intentó mantenerse en secreto, los rumores corrían rápido y pronto habían llegado a oídos de todos en el distrito. Algunos intentaban ser discretos con esto, pero otros no lo eran tanto y, a decir verdad, a este punto no había sentido en mentir. Pero quizás, eso podía hacerles ganar un poco de tiempo, tenía que jugar bien sus cartas ahora que eran conscientes del peligro que corrían.

—Como les dije, no buscamos pelea, sólo salimos a pasear —extendió su brazo frente a su amigo, en señal de que se mantuviera atrás y le permitiera hablar antes de actuar —. Si hay algún problema con eso, sólo déjenos ir y volveremos a casa.

Y rogó. Rogó internamente para que sus palabras fuesen suficiente para sacarlos de ese embrollo en el que su odio los había metido. 

—Mmh... —Por un momento, creyó que lo había logrado, que volverían a su pirámide intactos, pero ese momento duró tan solo un segundo —. Nah, creo que no. 

Retrocedieron, pero eso no los mantuvo por mucho tiempo alejados de los guardias, pues tan solo bastaron un par de pasos para que sus espaldas chocaran contra una pared. No tenían salida. Al menos, eso creyó el tótem, pues en un movimiento rápido, su compañero alcanzó una de las antorchas en la pared, tomándola y lanzándola a los dos guardias, quienes continuaban acercándose. Su puntería fue perfecta, golpeando en el brazo de uno de ellos y cayendo a los pies del otro. El fuego no causó mucho daño, pero fue suficiente para distraerlos y escapar. 

—¡Foolish, corre! 

Eso lo hizo reaccionar, corriendo al instante sin una dirección fija. Intentó tomar su hacha, pero por desgracia se había enganchado entre su ropa. Forcejear por su arma mientras corría era quizás una mala idea, pero no podría correr para siempre. En algún momento tendría que pelear y sin un arma, no llegaría muy lejos. Cuando volteó a su lado, en busca de su amigo, no lo encontró. Se habían separado otra vez. Sin embargo, eso no importaba ahora, aún estaba siendo perseguido y, si no lograba deshacerse de ese guardia, no podría ayudar a Derapchu. Justo en ese momento logró desenganchar su hacha, al mismo tiempo que escuchaba la tela de su capucha rasgarse, pero eso era lo de menos.

Se detuvo. Tomó firmemente su hacha y escudo y se dio la vuelta, preparado para enfrentarse al guardia. Su escudo ayudó, pero nada más, su poca —casi nula— habilidad era notoria y el hombre lo usó a su favor, como era de esperarse. Esquivó un último espadazo con ayuda de su escudo antes de devolver el ataque. Su hacha ni siquiera rozó al contrario, pero sí fue lo suficientemente fuerte para hacerlo tirar su espada cuando impactó contra esta y así conseguir otra oportunidad para escapar. 

Quizás debió de haber vuelto a atacar, pero realmente no sabía lo que hacía, estaba actuando por puro instinto, no porque quisiera hacerlo. 

Buscando un lugar para esconderse, una idea llegó a su mente y sus ojos se fijaron en el agua. Era una locura, pero era la única opción que creía que podía funcionar si lo que buscaba era tener una ventaja por encima del guardia. Era un tiburón después de todo, ¿no? Tenía que funcionar. Y quizás pudo haberlo hecho, pudo haber funcionado, si tan solo un poco de suerte hubiese estado a su favor. Una flecha pasó rozando su pierna. La adrenalina ni siquiera le permitió sentir dolor, pero sí lo hizo voltear hacia atrás. El guardia preparó su arco, apuntó y disparó otra flecha. Juraría que esta hubiese dado en el blanco, de no ser porque su pie decidió fallar, torciéndose al pisar una piedra y haciéndolo cayó de bruces en la arena. 

—¡Mierda! —había estado tan cerca de lograrlo. Igual que siempre.

Estiró su brazo e intentó arrastrarse, buscando alcanzar su escudo, aun cuando su hacha era lo más cercano a él.

—Tengo que reconocer que eres bueno corriendo —su cuerpo entero se tensó al escuchar al hombre hablar —. Una pena que no seas igual de bueno peleando.

En cuanto las yemas de sus dedos alcanzaron a posarse sobre las orillas de metal del escudo, lo jaló hacia él. Sus reflejos fueron rápidos, dándose la vuelta sobre sí mismo para cubrirse de lo que pudo haber sido su fin. El desconocido se abalanzó sobre él, forcejeando para quitarle el escudo, y lo más que el azabache pudo lograr fue darle un golpe con este mismo, pues sus intentos por quitárselo de encima no fueron muy exitosos. Igual que todas sus ideas hasta ahora.

La pelea continuó, pero su fuerza cada vez disminuía. Sus brazos temblaban mientras intentaba mantener la espada de netherita lo más lejos posible de él, pero eso no impidió que en algún momento recibiera un corte en la mejilla. 

—¿Cuánto crees que me darán por tu cabeza? Estoy seguro de que el presidente estará feliz de tenerte fuera de su camino —una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. No había ni una sola pizca de humanidad detrás de esos ojos y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió aterrado.

No podía morir así y, si lo hacía, no quería morir sintiendo miedo. 

El filo de la espada tocó su cuello y cerró los ojos. 

—Gloria a... 

La oración no fue terminada. Tampoco sintió su piel ser atravesada por la espada. Sus ojos se abrieron lentamente, a tiempo para ver el cuerpo del guardia desplomarse a su lado y, justo detrás de él, poder observar una figura familiar que estaba de pie sosteniendo un arco. Quizás su visión le estaba fallando. Tal vez estaba delirando. Podía ser incluso que, en realidad, la espada sí lo había atravesado y, antes de morir, su cabeza decidió jugarle una última broma. No lo sabía. La luna no brillaba lo suficiente como para permitirle ver con claridad, pero se creía capaz de reconocer la silueta de Fortsy incluso en la noche más oscura.

—¿Estás bien? 

Era él. Sus ojos no le habían mentido, pero aún existía la duda de si su mente lo estaba haciendo. 

—¡Foolish! —la voz de su amigo lo sacó de su pequeño trance, devolviéndolo a la realidad y... oh, sí que dolía esa realidad.

Cuando se puso de pie, sintió una punzada en su tobillo; sin embargo, creyó que sería capaz de caminar aun así y ese fue su error. No fue capaz de dar un solo paso sin casi tropezar; por suerte, los buenos reflejos del comandante a su lado impidieron que cayera al piso. La mano izquierda del otro sostuvo su brazo y la diestra se posó en su pecho, proporcionándole el balance que necesitaba para no caer. Sí, definitivamente ese toque se sentía real, pero ahora tenía otra duda más: ¿en qué momento se había acercado tanto? 

—Estoy bien —dijo, antes de que alguno de los dos pudiese hablar. Podía sentir la mirada de ambos puesta en él y sabía perfectamente lo que pensaban, no necesitaba verlos siquiera y, realmente, tampoco quería hacerlo, no en ese estado. 

Jamás le gustó que los demás se preocuparan por él, mucho menos si eran personas que le importaban.

Ninguno de los dos dijo algo al respecto y no hicieron más que compartir una mirada. El australiano conocía mucho más a Foolish de lo que Fortsy lo hacía, y si él no planeaba decir algo al respecto, el comandante tampoco lo haría, al menos no en ese momento.

—Tenemos que irnos de aquí, los demás guardias pueden venir en cualquier momento. No es seguro para ustedes.

Recibió un asentimiento por parte de ambos ciudadanos. Derapchu se apresuró en recoger el escudo y hacha de su amigo; no estaban en condiciones de perder material.

—Déjame ayudarte —sin esperar una respuesta por parte del lesionado, tomó su brazo y lo pasó por detrás de sus hombros, ofreciéndole soporte para que pudiera avanzar sin la necesidad de apoyar su pie en el piso. Su mano libre pasó por detrás de la espalda del azabache y sostuvo su cintura —. Con cuidado.

Y con eso, ya no quedó duda en él.

Derapchu caminó delante de ellos, asegurándose de que el camino fuese seguro y haciéndoles pequeñas señas para que avanzaran cada cierto tiempo. No fue difícil llegar a la pirámide, lo difícil fue bajar. 

La escalera de mano fue la peor tortura que Foolish pudo haber experimentado, a tal punto que, en todo momento, mientras bajaba por esta, deseó haber muerto en aquella pelea. Podía asegurar que, cualquier tipo de muerte que pudo haber tenido a manos de aquel guardia, hubiese sido mucho menos dolorosa que bajar por esas escaleras con un esguince. 

Por suerte recibió ayuda para bajar los últimos peldaños, ayuda que no pidió, pero que agradeció con un suspiro de alivio cuando su pie ya no tuvo que apoyarse en ninguna otra superficie para poder avanzar. La tortura había terminado y Fortsy se encargó también de ayudarlo a llegar hasta la cama, donde por fin pudo reposar. Erróneamente, había creído que, una vez en casa y recostado en su cama, la calma llegaría, pero su cuerpo aún estaba tenso y su respiración continuaba siendo irregular, como si aún siguiese en peligro. Quizás eran los síntomas del dolor, sólo debía ignorarlos.

El rubio tomó asiento a los pies de la cama, sorprendiendo al híbrido con su acción, pues no creyó que fuera a quedarse. Intentó ser lo más cuidadoso posible cuando levantó la tela del pantalón ajeno, dejando su tobillo y parte de su espinilla al descubierto. Aunque quiso, no fue capaz de ocultar la preocupación en su rostro; estaba claro que ver herido al azabache le afectaba. Sin embargo, una parte de él sentía tranquilidad al estar ahí y poder ser él quien lo ayudara, pues sabía que él, mejor que nadie, se encargaría de que todo estuviese bien. Foolish iba a estar bien.

—¿Tienen vendas? —la pregunta llegó a oídos de Derapchu, quien rápidamente empezó a buscar algo de utilidad en los cofres —. También necesitaré algo frío, agua o lo que sea.

—Tenemos nieve, ¿eso sirve? 

Fortsy frunció el ceño y asintió. No iba a preguntar, no era el mejor momento para eso, no cuando esa ilegalidad iba a sacarlos de un apuro.

El joven de sudadera azul empujó ligeramente el cuerpo de su roommate, obligándolo a hacerse a un lado. Recibió un gruñido de queja en respuesta, pero dejó el suficiente espacio en la cama para que pudiese dejar ahí, lo que Fortsy le pidió y un par de cosas extra que él creyó serían de ayuda.

Observó los objetos en la cama y asintió a modo de agradecimiento. Era suficiente con eso y, aun así, no pudo evitar sentir culpa al no haberse preparado para una situación como esa antes de salir del Capitolio. Debió haberlo supuesto, pero cuando recibió aquel mensaje, su sangre se heló y, de no ser porque siempre llevaba su espada y arco con él, inclusive eso hubiese olvidado. No se consideraba a sí mismo una persona que actuase por impulso, siempre actuaba con la cabeza fría, pero esta vez fue distinto y eso, de cierto modo, lo aterró.

No fue capaz de fijar su atención únicamente en Foolish, no cuando Derapchu también había sido víctima de aquellos guardias. Fortsy le ofreció ayuda para curarlo, pero este se negó. No tenía nada más que un par de rasguños y una herida en el brazo que, según sus propias palabras, dejaría una increíble cicatriz. El comandante le advirtió entonces que tenía que limpiarla y vendarla, de lo contrario podría infectarse, pero eso no cambió la opinión de Derapchu respecto a su ayuda. Quería que se enfocara en Foolish.

Ambos habían estado en peligro esa noche, sí. Pero Foolish había estado a punto de morir y esa era la diferencia. Además, no iba a quitarle la atención y el cuidado del comandante a su compañero, ¿qué clase de amigo sería si hacía eso? Y, bajo ese mismo pensamiento, decidió que era momento de desaparecerse.

Aclaró su garganta, obteniendo la atención de ambos en segundos. —Yo... —Se maldijo mentalmente, debió de haber pensado en una excusa válida antes de hablar —. Creo que dejé algo en el horno de arriba... ¡Sí! Ya vuelvo. 

Y dicho eso, el australiano subió las escaleras de mano tan rápido como le fue posible, dejándolos a solas. Al menos físicamente, pues no pasaron más de un par de segundos cuando el comunicador del tótem vibró dentro de su bolsillo. Cuando lo tomó y observó la pantalla leyendo el mensaje, rodó los ojos.

 

Derapchu whispers to you: RIZZ RIZZ RIZZ

 

No se molestó en responderle, simplemente dejó el aparato boca abajo sobre la cama. Debió haberlo esperado, pero en ese momento estaba divagando y no era para menos. Su cabeza estaba en todos lados y en ninguna parte a la vez. Estaba acostumbrado a tener más de un pensamiento a la vez, pero usualmente estos no lo distraían de su realidad, siempre se mantenía consciente de su entorno. Sin embargo, esta vez necesitó un pequeño empujón para volver a esa realidad y ese empujón fue el dolor. Su pie dio un pequeño tirón involuntario, un movimiento leve que lo hizo jadear de dolor.

—Lo siento —la voz de Fortsy fue lo que terminó por romper completamente el silencio. Su disculpa había llegado rápido, como si las palabras ya estuviesen en su boca desde hacía tiempo y, lo único que había estado esperando para hablar, era cualquier señal o reacción por parte del azabache —. ¿Estás bien? ¿Te duele mucho?

Negó, intentando mantener una expresión neutral en su rostro. —Estoy bien, tranquilo —dijo, repitiendo las mismas palabras que, ni antes, ni en ese momento, habían logrado cumplir con el objetivo de tranquilizarlo. En realidad, sólo lo preocupaban más.

El silencio llegó de nuevo. Esta vez no duró mucho, pero se sintió más pesado, al menos para Foolish lo hizo.

—Dices eso con mucha frecuencia, ¿no?

Por algún motivo, esas palabras se sintieron como un ataque. Algo de lo que debía defenderse o protegerse, y sus sentidos volvieron a ponerse en alerta, como si aún estuviera afuera, en un lugar que no era seguro. Por supuesto, estaba errado, no era más que una observación, algo que Fortsy notó y quiso señalar. Debía haber una razón, pero en ese momento no le importó. Relajó sus hombros e hizo lo que mejor sabía hacer: protegerse o, en este caso, cambiar de tema.

Intentando adaptar una postura más relajada, acomodándose en su lugar y recargando su espalda contra la pared, al mismo tiempo que mordía su labio inferior para evitar algún quejido involuntario debido al movimiento, creyendo que esto evitaría las preguntas respecto a su estado.

—¿Por qué viniste? —Su duda era genuina, su voz expresaba esa curiosidad y confusión que la presencia del contrario lo hacían sentir. No en una mala manera, más bien, en una que lo hacía sentir nervioso.

Mantuvo su mirada fija en sus acciones. Había intentado ser lo más cuidadoso posible al vendar su tobillo y no quería que la conversación lo distrajera de eso. No quería hacerle daño. —Derapchu me avisó, dijo que estaban en peligro.

Nuevamente, debió haberlo supuesto.

Iba a matarlo. No ahora, por supuesto, aún tenía temas pendientes a tocar en esa conversación con Fortsy y, sin uno de sus pies funcionando correctamente, no podría llegar muy lejos. Pero lo haría, en cuanto su tobillo mejorara. 

Un pesado suspiro salió de sus labios, al mismo tiempo que pasaba una de sus manos por su cabello. —Él no debió haber hecho eso. No debiste involucrarte, esto puede causarte problemas.

—¿De verdad crees que eso me importa? Si no hubiese llegado...

No le permitió terminar su oración. —Estaría bien, lo tenía todo bajo control —mentira.

Y con eso, la concentración que aún mantenía en sus acciones, se desvaneció. Sus manos se detuvieron cuando estaba a nada de terminar y, por primera vez en la noche, levantó la mirada para encontrarse con aquellos ojos verdes que lo hacían soñar despierto. Con cuidado, dejó reposar el tobillo ajeno sobre su regazo, aun sosteniendo la venda con una de sus manos.

—¿Quién? ¿Tú o ese guardia? Porque cuando yo llegué, su espada estaba tan cerca de tu cuello que casi... —Se detuvo, tomó aire y exhaló. Su mano buscó la del contrario, tomándola con cuidado, como si de un precioso y frágil jarrón de porcelana se tratase —. No voy a disculparme por haber venido, hice lo que debía, ciudadano. Derapchu y tú están bien, no importa nada más.

El toque de su mano lo heló y, de no ser porque cierta palabra en sus oraciones se había quedado atascada en su cabeza, podía asegurar que su mente estaría en blanco. Su simple tacto tenía ese efecto en él.

Una risa, que fácilmente pudo haber sido confundida con un suspiro agotado, escapó de los labios del azabache. —¿Vas a seguir con las formalidades incluso cuando estamos a solas? ¿No crees que es un poco ambiguo?

Y sí, lo era. Había sentimientos que no podía ocultar y mucho menos negar —aunque trataba de hacerlo—. Cada tacto y palabra hacían su corazón latir desenfrenado, algo que no creyó volver a sentir, pero cada vez que su nombre era reemplazado por esa palabra que lo hacía sentir uno más del montón, ese descontrolado latido se detenía. Le recordaba que existía una clara diferencia entre ambos, diferencia que, cuando estaban a solas, sentía que podía simplemente ignorar, pero era difícil hacerlo si el contrario seguía resaltándola. Si seguía evitando pronunciar su nombre. 

Un pensamiento se abrió lugar en su mente y era una locura el pensar siquiera en ello, pero quizás, si Fortsy supiese el efecto que podría causar en él con tan sólo llamarlo por su nombre... tal vez lo habría hecho desde hace tiempo. Al menos eso quería creer y se permitió hacerlo esta vez, tenía que tener un poco de compasión por sí mismo después de todo lo que pasó esa noche.

El silencio duró más de lo que le hubiese gustado y eso fue suficiente para hacerlo retractarse. Tal vez ese silencio era la respuesta corta y menos dolorosa a sus preguntas.

—Estoy bromeando —sonrió y bajó la mirada —. La formalidad no me molesta, perdona si hice parecer que lo hacía.

Retrocedió, como hacía cada vez que parecía empezar a avanzar un poco. No tenía derecho de exigir un trato distinto, incluso estando a solas. La línea estaba trazada incluso antes de conocerse y debía mantenerse detrás de ella, como había estado haciendo —o al menos intentando hacer— hasta ahora. 

Pero esta vez fue distinto. Esta vez, el comandante tenía la posibilidad de impedirle retroceder. Y lo hizo. 

Negó. —No. Tienes razón. Solo estamos tú y yo, no hay razón para mantener algo que ninguno de los dos desea —se expresó tan claro como le fue posible, con el único propósito de evitar hasta la más mínima mal interpretación de sus palabras.

Eso fue suficiente para tener la atención de Foolish devuelta, para que sus ojos volvieran a encontrarse con los suyos. Pudo notar una chispa distinta en ellos, no supo si se trataba de esperanza o felicidad, tal vez una mezcla de ambas, pero realmente no sabía. Él no conocía lo suficiente ninguno de esos dos sentimientos como para saberlo. Pero hacía sus ojos resplandecer de una manera que lo cautivó, si es que era posible hacerlo más.

El tótem no había notado que sus manos seguían unidas, pero inevitablemente lo hizo cuando sintió la suave caricia sobre su dorso. Piel contra piel. ¿En qué momento se había quitado los guantes? 

—¿Sabes? Cuando 5pyder me habló sobre una cita contigo... bueno, jamás imaginé que sería así.

Esas palabras lo desconcertaron. —¿Huh? —frunció el ceño, esta vez su confusión era real, ya no tenía motivos para fingir emociones.

Tardó un par de segundos en comprender de lo que hablaba y, cuando lo hizo, deseó nuevamente haber muerto en la pelea. Había olvidado por completo que sus sentimientos por el comandante eran de dominio público. La piel dorada de sus mejillas rápidamente cambió de color, volviéndose de un intenso color cobrizo y sus manos empezaron a sudar. De repente empezó a hacer calor.

—¡No! Nononono —se apresuró a negar, tan rápido que a Fortsy le pareció sorprendente que su lengua no se trabase al hablar —. No, esa no fue una cita. Sería absurdo considerarla una, quiero decir, no te lo he pedido aún. 

—¿Aún? ¿Estás esperando algo para hacerlo? 

Mierda. 

Era rápido con sus respuestas y eso se sentía como un peligro para alguien que rara vez pensaba antes de hablar.

—¡No dije eso! Es que... 

La estruendosa risa del rubio lo hizo detenerse y la verdad es que fue un alivio. En momentos así, lo mejor que podía pasarle era ser interrumpido; de otro modo, seguiría hablando y arruinando más la imagen —probablemente ya dañada— que otros tenían sobre él.

—Foolish, sólo estoy bromeando contigo. 

Un escalofrío recorrió su cuerpo entero. Era la primera vez que lo escuchaba decir su nombre y también era la primera vez que sentía que estaban teniendo una conversación real. Nadie los veía o escuchaba. No tenían que leer los labios del otro para poder descifrar sus palabras entre el bullicio. Tampoco tenían que subir el volumen de su propia voz para poder ser escuchados. No había nadie más, sólo ellos dos. En ese lugar y en ese momento, no tenían que cuidar lo que decían, podían simplemente hablar sin limitaciones, sin la constante sensación de estar siendo vigilados, sin ese miedo a que algo malo pasaría si su conversación llegaba a durar más de un minuto. Y eso último, aunque jamás lo admitiría en voz alta, era lo que más había estado frenando a Fortsy.

Las cosas ahora iban a ser distintas, y después de esa noche, ninguno de los dos podría pretender que esa conversación no ocurrió. No podían hacerlo si lo querían era evitar dañar al otro. 

—Creo que tienes razón —las palabras salieron de su boca con fluidez, queriendo demostrar que aún tenía las cosas bajo control, aunque eso ya no era cierto. Jamás fue cierto —. La espera es mi segunda naturaleza, quizá incluso he empezado a refugiarme en ella. Y no quiero hacerlo más.

Al menos no esta vez. 

El comandante no entendía a dónde planeaba llegar con eso, o tal vez sí lo hacía, pero no quería permitirse pensar en esa posibilidad. Incluso si todas las señales apuntaban a ello.

—No es el mejor escenario para preguntar, pero creo que el momento es perfecto —hizo una pausa, como si estuviese intentando ganar un poco más de valor antes de atreverse —. ¿Te gustaría salir? No tiene que ser una cita, sólo...

—Creo que una cita suena bien.

¿Estaba soñando? Tenía que estarlo. No era posible que por fin se hubiese atrevido a hacer la famosa pregunta y mucho más imposible parecía el hecho de que la respuesta del rubio hubiese sido positiva. De ser así, no quería despertar, pero también quería asegurarse de que todo esto no se tratara de un simple sueño y el único método que conocía para poder saberlo, era el dolor.

En un acto de impulso, cerró sus ojos y giró su pie; ese movimiento fue suficiente para hacerlo sentir el dolor que necesitaba para "despertar". Pero no lo hizo. Cuando sus ojos volvieron a abrirse, Fortsy seguía frente a él, esta vez con una expresión de confusión tras haber visto la mueca de dolor en el rostro ajeno.

—¿Estás bien?

Tardó un momento en responder, pero cuando lo hizo, fue la primera vez que respondió con honestidad a esa pregunta. —No del todo, pero lo estaré.

La respuesta a sus palabras no fue verbal, sino física. Un suave apretón a su mano, la cual aún estaba siendo sostenida por la ajena, acompañándolo con una caricia y la sonrisa más dulce que, ni siquiera en un sueño febril, pudo imaginarse recibir por parte de Fortsy. 

Su corazón latió como nunca. Si en algún momento le hubieran dicho que alguien volvería a hacerlo sentir de esa manera, probablemente se hubiera burlado de ellos en sus caras hasta que su estómago doliera. Jamás creyó que algo así volvería a pasar, no era parte de su plan si es que acaso tenía uno. Pero tampoco iba a impedir que ese sentimiento floreciera; arrancarlo de raíz le dolería más de lo que le habría podido doler el ser rechazado. Se permitiría sentir ese amor otra vez, incluso si ese amor traía consigo un inmenso dolor para después, también lo aceptaría. Valía la pena.

—Sigo creyendo que no debiste haber venido, pero... —Su mano tomó la del contrario, entrelazando sus dedos —. Me alegra que estés aquí —admitió en voz baja, casi en un susurro, como si quisiera mantener esa confesión entre ellos, incluso cuando no había nadie más en esa habitación. 

—Créeme, no hay otro lugar en el que quiera estar —una cálida sonrisa acompañó sus palabras y Foolish pudo jurar que sintió su corazón derretirse.

Permanecieron en silencio un par de segundos más. Simplemente disfrutando de ese momento y de la compañía del otro. Ambos deseaban poder permanecer así, pero la noche estaba por terminar y, si quería volver al Capitolio sin ser visto, tendría que hacerlo antes de que el sol saliera.

El rubio soltó su mano con delicadeza, para así poder terminar de vendar su tobillo, tarea con la que debió haber terminado desde hacía varios minutos atrás, si tan sólo no se hubiese distraído. Una vez terminó, se puso de pie y tomó una de las almohadas sobre la cama, dejándola donde hacía unos segundos estaba sentado. Con cuidado, dejó reposar el pie vendado del tótem sobre dicha almohada. 

—¿Alguna recomendación del doctor? —preguntó a modo de broma, con una sonrisa pilla en sus labios.

—Por el momento basta con que mantengas el pie en alto y reposes. Intentaré hacer que una de las enfermeras del Capitolio venga a primera hora del día —dijo, esperando una queja o rechazo por parte del contrario, pero en su lugar, simplemente recibió un asentimiento —. Ah, también intenta evitar incidentes como los de hoy, te lo pido. Esa recomendación va por parte mía.

—Tranquilo, no creo que pueda hacer mucho en este estado —apuntó a su pie —. Además, tenemos una cita pendiente, ya no te será tan fácil deshacerte de mí.

Sonrió. —No planeaba hacerlo de todos modos —acompañó esas palabras con una última caricia, esta vez en su mejilla —. El descanso es vital para una pronta recuperación y no puedo quedarme más tiempo.

—Lo entiendo.

—Cuídate.

Su respuesta no fue más que una risita, notando la similitud de esa palabra con aquel mensaje que le escribió la primera noche de purga. Ninguno de los dos dijo nada más y el comandante lo agradeció internamente, pues sabía que si Foolish volvía a hablar, el irse le resultaría más difícil de lo que ya estaba siendo. 

Lo observó subir la escalera de mano hasta que desapareció de su campo visual, dejándolo completamente solo en la habitación. Sin embargo, esa soledad no duró mucho tiempo, pues tan sólo pasaron un par de minutos cuando dejó de escuchar voces en la primera planta y, acto seguido, su roommate apareció, bajando las escaleras con una velocidad impresionante.

—¿Qué te dijo? ¿De qué hablaron? 

Esta vez, sus preguntas no lo tomaron por sorpresa, de hecho, ese pequeño interrogatorio era lo mínimo que esperaba por parte de su amigo desde el momento en que decidió dejarlos a solas. Para su desgracia, Foolish no era el tipo de persona que compartía fácilmente o de manera detallada ese tipo de información, prefería guardar esos momentos para él mismo y estaba bien, no tenía problema con ello. Siempre había respetado sus límites y lo seguiría haciendo, pero a veces la curiosidad lo mataba.

El tótem bostezó y estiró sus brazos, fingiendo una mueca de dolor al hacerlo. Sí, estaba aprovechándose de su lesión para escapar de las preguntas de Derapchu y lo seguiría haciendo incluso cuando su tobillo dejase de doler. Algún provecho tenía que sacarle a ese pequeño inconveniente. 

—¿Te parece si hablamos mañana? Me muero de sueño.

Suspiró dramáticamente antes de lanzarse a su cama, quería dormir al menos dos horas de ser posible. —Bien, pero quiero saber todo mañana —observó al contrario asentir y rodar los ojos —. Por cierto, espero sepas que, a partir de hoy, estaré pegado a ti cuál goma de mascar, así que ve haciéndome un espacio en tu cita con Fortsy —le guiñó.

Sus mejillas volvieron a teñirse de color cobre. Tenía que estar bromeando.

—Si te hace sentir mejor, sólo escuché una parte de la conversación... tienes que bajar tu tono de voz cuando te pones nervioso. 

—¡No! ¡No me hace sentir mejor! —cubrió su rostro con ambas manos, escuchando nada más que la risa de su amigo —. Ya duérmete.

Lo que restó de la noche fue corta. Ninguno de los dos logró conciliar el sueño, incluso estando tan cansados, así que conversaron y rieron. 

Al contrario de lo que había dicho y se quiso obligar a creer, la situación se le había escapado de las manos. Había perdido el control de las cosas incluso antes de darse cuenta, pero entendió que estaba bien. No siempre iba a ser capaz de tener todo bajo control, pero, cuando eso ocurría, tenía personas en las que podía apoyarse para mantenerse de pie.

Notes:

I refuse to write angst for the moment, I want to stay in my bubble of fake happiness :’p