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―Me puedes explicar ¿por qué cada vez que nos vemos siempre acabamos en una pelea?
―Creo que esto es culpa de los genes Solo. Los problemas vienen a nosotros.
―Anda, ¡ahora eres gracioso!
―¡Cuidado! ―Ben dio un tirón con la fuerza y desvió el disparo del blaster de un soldado de la
Primera Orden―. Siempre he sido gracioso, me ofendes.
―A ver, cuando ibas todo de negro y con una máscara... Un poco payaso sí que eras. ―Rey dio
una estocada a un soldado atónito, que no pensaba que esa mañana soleada, en un planeta
perdido, se iba a encontrar a dos jedis.
Ben se quedó de pie, totalmente estupefacto, mirando fijamente a Rey como terminaba de
rematar a dos muchachos.
―Pues este payaso está terriblemente ofendido. ―Intentó disimular una sonrisa, sin mucho
éxito.
―¡Oh! Pues me disculpo. ―Rey hizo una reverencia y le guiñó un ojo―. Parece que ya no queda nadie.
―Tenemos que dejar de encontrarnos así. Sí quieres verme solo me tienes que llamar. ―Ben se
acercó insinuante.
―Ves cómo se te da bien ser payaso. ―Rey le restregó la mano por la cara y le dio un golpe en
la frente.
―En serio, ¿qué haces aquí? Ha pasado tiempo, ¿no? ―El chico se puso un poco tenso.
―Me ha llegado información de que hay un chico sensible a la fuerza. Y lo estaba buscando
cuando me topé con esta gente. ¿Y tú?
―Si que te estás tomando en serio lo de restituir la orden. Me alegro. ¿Yo? Escuché que aquí
había restos de la primera orden y vine a limpiar.
―Si que te estás tomando en serio tu redención... ―Rey sonrió ampliamente.
Recordó la última vez que se vieron. Fue duro fingir su muerte, pero Kylo Ren tenía que morir
para que Ben pudiera vivir. Todo el mundo a su alrededor estaba contento con la muerte de Kylo y la caída de la Primera Orden. Los únicos que saben que Ben está vivo son Finn, Poe y Rose. A Rose no le hizo gracia la noticia, pero Finn y Poe, aun con reticencias, entendieron la situación.
La vida de Ben dio un vuelco, pasó de un camino de ira y dolor a uno en el que expiación por los pecados cometidos era su motor, e iba de planeta en planeta intentando ayudar a la gente y eliminando los resquicios de la Primera Orden. De vez en cuando, trabajaba de incógnito para Poe Dameron, allí donde la República no podía hacer nada.
Mientras, Rey, después de asumir el manto Skywalker, decidió restituir la Orden Jedi, y tras
mucho meditar y sopesar si seguía los manuales Jedi o hacía caso a su maestro, decidió seguir
su propio camino e intentar hacer una nueva Orden Jedi más moderna y abierta, sin olvidar
aquello que hizo grande a los Maestros Jedi del pasado.
―¿Dónde tienes que ir? ―Ben guardó su nueva espada láser, de color blanco, en el cinturón y
se volvió a poner su poncho gris, que se había quitado cuando comenzó la pelea.
BB8 salió detrás de uno de los caídos y emitió unos cuantos pitidos de suficiencia.
―De acuerdo, gracias por la información BB8. Si queréis os puedo acompañar.
BB8 emitió unos sonidos de aprobación.
―Ya que a él no le parece mal, puedes acompañarnos. BB8, guíanos.
El pequeño robot empezó a dirigir la marcha, como siempre hacía, yendo muy deprisa y casi
dejando sin aliento a los humanos que le acompañaban.
Aldhani era un planeta montañoso de verdes praderas y rico en materias primas, tanto que el
imperio, 5 años ADY, usó el planeta como base de distribución como si una gran empresa
intergaláctica de logística mientras drenaba el planeta y esclavizaba a su gente.
40 años después el planeta era libre, totalmente independiente y habían recuperado todas sus
tradiciones. Lo que antes era vacío y desolación, ahora estaba poblado de pequeñas casas y
bullía de vida.
Llegaron a un valle por el que cruzaba un pequeño riachuelo de agua clara y vieron unas cuantas casas agrupadas y a unos niños correteando.
―Hemos llegado. ―Rey instó a BB8 a ir más despacio, con un golpecito en su cabeza, y miró a
Ben sonriente.
―Pronto tendrás un younling a tu cargo. ¿Cómo te sientes?
―No lo sé. Tengo miedo, esperanza... Me siento como en un columpio.
Al acercarse al poblado un niño, de unos cuatro años, chocó con Ben cuando corría sin rumbo.
―¡Cuidado! ―Ben sujetó al niño―. Te puedes hacer daño.
―¡Peddon!
―¡Kaz! Deja a esa gente en paz.―Una niña llegaba corriendo a su encuentro.
―Así que te llamas Kaz, bonito nombre. ―El niño sonrió orgulloso al oír su nombre de la boca
de Rey― Tranquila, no nos molesta, solo nos preocupa que se haga daño. ―Rey revolvió el pelo del niño.
―Gracias por sujetarlo, no hace más que correr. Kaz, pide perdón. ―La niña agarró de la mano
al pequeño y le dio un suave tirón para que pidiera perdón.
―No te preocupes, fue lo primero que hizo. Está muy bien educado. ―Ben miró cómplice a su
compañera― ¿Cómo te llamas?
―Lilia. ¿Qué hacéis aquí? ―La niña escondió al pequeño detrás de ella, al darse cuenta de que
estaba ante dos extranjeros desconocidos.
―Soy Rey y él es Ben. Estamos buscando a alguien. ¿Conocéis a Alisian?
―Es nuestra hermana mayor.
Los cuatro se sorprendieron, los adultos por encontrar a quien buscaban a la primera y los
pequeños porque no se esperaban que estuviesen buscando a su hermana.
―Para qué queréis hablar con ella. ―Lilia estaba recelosa.
―Me dijeron que me podía ayudar con una cosa. ¿Podéis llevarme con ella?
―Puedo esperar aquí, no quiero que nadie se sienta intimidado.
―Ben, no seas así. No intimidas a nadie, acompáñame. Por favor.
El chico miró a los niños y ellos asintieron como si supieran lo que estaba pensando.
―¿Leéis la mente? ―Ben se preocupó de verdad.
―No, pero se te ve en la cara que quieres venir. No creo que seáis malas personas. Venid con
nosotros.
Se pusieron en marcha hasta la casa de la familia de Lilia.
―¿Cuántos años tienes? ―Rey iba al lado de la niña, mientras Ben corría y jugaba con el niño,
que iba persiguiendo a BB8. Nunca le había visto así y era agradable verle fuera de toda la
violencia que le rodeaba cuando lo conoció.
―Once años. Kaz tiene cuatro y Alisian tiene quince.
―¿Y tus padres?
―De peregrinación al norte, Alisian nos cuida hasta que yo cumpla doce años, entonces yo me
encargaré de cuidar a Kaz y ella podrá ir de peregrinación con nuestros padres. ¿Por qué buscáis a mi hermana?
―Pues porque, como ya te dije antes, ella me puede ayudar con una información que me han
dado y necesito que me la confirme.
Llegaron a la casa. El niño entró en su hogar sin esperar a nadie, mientras Ben se sentó en un
banco en frente de la casa, BB8 se puso a sus pies como si fuera un perro guardián y Rey se
quedó al pie de las tres escaleras de madera que conducían a la casa.
―¡Alisian! ¡Preguntan por ti! ―Lilia entró corriendo en la casa, dando gritos, en busca de su
hermana mayor. Al cabo de unos segundos una chica de largo cabello negro apareció por la
puerta.
―¿Qué queréis de mí? ¿Quiénes sois?
―Soy Rey Skywalker, soy Jedi y estoy reorganizando la orden. Y él es Ben, ―el chico saludó con la mano desde su cómoda posición―, queríamos hablar contigo.
―Y qué tengo que ver yo con vosotros. ―Alisian estaba a la defensiva.
―De momento nada, pero me gustaría hablar contigo sin que me apuntes con el blaster que
tienes detrás de la pared.
La chica se sorprendió, no se esperaba que su truco se descubriera tan pronto.
―¿Cómo...?
―Fácil, estás apoyada en el dintel de la puerta de una manera nada cómoda, así que estás
sujetando algo, y como no te fías de nosotros, supongo que sea un blaster. ―Ben hablaba con
calma y como si estuviese diciendo la cosa más obvia del universo. Estaba sentado en el banco
de madera que tenía el brazo izquierdo apoyado en la mesa, a juego con el banco, con el cuerpo mirando a la puerta―. Hay muchas armas imperiales abandonadas por aquí, así que supongo que sea esa arma.
―Bueno pues como ya lo sabéis... ―La chica sacó el blaster y apuntó a la pareja y dio unos pasos hacia ellos―. Marchaos, no quiero haceros daño, no me interesa lo que me tengáis que decir.
Los jedis son un mito, una farsa. No nos engañáis.
Ben miró a Rey con fastidio.
―Yo no soy Jedi, ella es la Jedi.
―A ver, tú eres más Jedi que yo. Tu tío te entrenó, tienes más que enseñarme tú a mí que yo a
nadie.
―Nonono, yo ya pasé por eso y renuncié a ser Jedi. Aquí la última Jedi conocida, eres tú.
―Ben...
―¡A ver, que os estoy apuntando con un arma!
―Ya no. ―Ben movió la mano suavemente a la derecha y el arma de la chica salió volando en
aquella dirección―. Ves un Jedi utilizaría eso como último recurso, yo como no lo soy, lo utilizo
cuando hace falta. Habla con ella. Yo iré a preparar la cena. Alisian, ¿dónde está la cocina?
―Al... Al fondo a la izquierda, pregúntale a Lilia... ―La chica estaba en shock―. ¿Los jedis
existen? ¿No son un mito?
Ben pasó al lado de la muchacha y entró en la casa, perseguido por BB8 y al entra en la casa el
niño, que lo había visto todo gritó: ¡Haddo otta ve!
―Respondiendo a tu pregunta, sí, existimos. ―La chica se rio e invitó a la adolescente a sentarse junto a ella en el banco de la mesa.
―¿Por qué habéis venido?
―Me dijeron que aquí había alguien sensible a la fuerza, y me dieron tu nombre, aunque me
dijeron que eras un hombre.
―Bueno... ―La chica sonó aliviada―. Mi padre se llama como yo, así que igual es a él a quien
buscas.
―Le has visto hacer cosas... ¿Jedis? ―Rey movió las manos teatralmente.
―No, pero siempre nos decía que eráis un mito y que nos olvidáramos de esos cuentos. Porque en el poblado hay gente que cuenta historias jedis, de cómo la Orden Jedi llevaba la paz a los pueblos y cada vez que salía el tema mi padre se enfadaba bastante. Mucho.
―¿Y tú? ¿O tus hermanos?
―Somos rápidos...Si eso te dice algo.
Rey estaba preocupada, no pensaba que su aprendiz fuese a ser un adulto, que seguramente
fuera más mayor que ella. Aunque existía la posibilidad de que Alisian padre esté protegiendo a sus hijos y alguno de ellos sea sensible a la fuerza. La chica estaba cavilando cuando Ben salió
agitado de la casa.
―¡Rey! Mira. ―Ben le pasó un objeto a la chica.
―¡Qué pasa! ¡Oh! ―sonó ilusionada cuando se dio cuenta de lo que era― ¡Un Holocron! Alisian, ¿sabes qué es esto o de dónde ha salido?
―Era de la abuela, lo utilizamos de decoración. ―La chica no le dio importancia.
―¿Tu abuela vive?
―No, murió cuando yo tenía la edad de Kaz.
―¿Alguien de tu familia ha logrado abrirlo?
―¿Esto se abre? ―Alisian cogió el objeto.
La adolescente se quedó callada de repente y habló emocionada.
―¡Creo que lo abrí de pequeña! Me acuerdo vagamente... Mi padre me echó la bronca y se
enfadó conmigo y desde entonces no nos deja tocarlo.
―Alisian, esta es la prueba de que eres sensible a la fuerza. Solo las personas que pueden
sentirla pueden abrir un holocron Jedi. Tu abuela debía ser una Jedi sobreviviente de la orden
66. ―Rey estaba fascinada.
―¿Cuándo vuelven vuestros padres? ―Ben sonrió conciliador.
―En una semana.
―Rey, tienes una semana para convencer a esta joven para que sea tu aprendiz y luego
convencer a unos padres que no la van a querer dejar ir. ¿Estás preparada?
La chica miró a Alisian, que estaba confusa intentando abrir el holocrón a la fuerza, y vio
esperanza.
―Sí, lo estoy. ―Le quitó el holocrón a la chica y habló con calma― Así lo único que vas a hacer
es hacerte daño.
―¿Y cómo lo abro?
―Con calma y paciencia. ―La Jedi puso el holocron en la palma de su mano, cerró los ojos para concentrarse y al abrirlos el cubo reaccionó.
―¡Ala! ¡Es la abuela!
El holocron proyectó la imagen de una señora muy mayor, debía ser el último archivo añadido,
la señora hablaba alto y claro:
“Querida niña, hoy he visto como acercabas un juguete usando la fuerza. No se lo he dicho a tu
padre, pues está en contra de todo lo que tenga que ver con nuestra naturaleza. Es culpa mía,
cuando llegó la gran purga Jedi me sentí sola, todos mis amigos iban muriendo uno tras otro a
manos de los inquisidores. Yo logré escapar gracias a una amiga y compañera que se hizo pasar
por mí, solo tuve que darle mi sable láser y los inquisidores creyeron que era yo. Vivo con la
culpa desde entonces y renegué de mi naturaleza. De lo que soy.
Me conoces como la abuela Nana, pero mi nombre es Khandra. Maestra Jedi Khandra. Llegué a
este planeta exhausta y desnutrida y un grupo de pastores, que vivían ajenos a la ocupación
imperial, me acogieron y allí conocí a tu abuelo. Nos enamoramos y desde entonces solo nos
separamos el día que murió. Todavía le echo de menos... Aunque a veces me remuerda la
conciencia tener sentimientos tan fuertes que un jedi no debería tener.
Ahora viéndote crecer creo que tienes el derecho de saber que la fuerza vive en ti y que puedes elegir ayudar a los demás siendo una padawan, si los rumores son ciertos y la orden ha vuelto, habrá maestros que te puedan ayudar. Búscalos y aprende el camino del sendero luminoso de la fuerza. O por lo menos sopésalo, a tu padre no le di la oportunidad y le negué su naturaleza, le prohibí utilizar su poder porque pensé que solo nos había traído desgracias... Y nunca sabrá cuanto me arrepiento de eso. Ojalá podáis ver esto juntos algún día. Este holocrón está lleno de las enseñanzas Jedi más importantes que deberíais saber. Sé que me queda poco tiempo en este mundo y por eso quiero dejarte mi legado, mi pequeña Alisian.”
La imagen desapareció, dejando a los tres estupefactos.
―Una maestra Jedi... ―Rey sonreía como una tonta.
―Mi abuela era una Jedi... ―Alisian no podía cerrar la boca de la estupefacción mientras miraba el cubo que Rey le había pasado.
―Necesitamos un templo para abrir el resto del holocrón. ―Ben era el más práctico de los tres.
―O una biblioteca Jedi... Y no tengo ni idea dónde podemos encontrar una.
―Habrá que investigar.
Rey miró a Ben con ojitos de cordero.
―Puedes ir tu a investigar, mientras yo me quedo aquí intentando convencer a la familia de
Alisian para que la dejen venir conmigo y así poder empezar el entrenamiento...
―Rey...―el chico sonó inseguro―. No debería ir por planetas donde me puedan reconocer.
―Pero seguro que allí también hay gente que necesita ayuda. Ahora eres un buen samaritano,
no me puedes decir que no. ―La chica sonrió con suficiencia.
―Está bien. Lo haré. ―Acabó claudicando―. Estaremos en contacto.
―No hace falta que te vayas ya, espera a la cena.
―Cuanto antes vaya, antes volveré con la información que necesitas. Si cambias de sistema, por favor, Rey, ―La cogió por los hombros y la miró a los ojos―, avísame.
―Prometido, te avisaré.
El chico le dio un beso en la frente sin pensar.
―Perdón, me ha salido así. ―Ben se separó de Rey bruscamente, rojo como un tomate.
―Tranquilo. No pasa nada. ―A ella también empezaba teñírsele la cara de rojo―. Me gustan
los besitos en la frente.
―Oh. Está bien saberlo.
―Sep.
―Será mejor que me vaya.
―Sí, que te queda camino hasta tu nave. Ten cuidado.
―Tú también.
Los hermanos estaban reunidos mirando el holocrón, fascinados, y riéndose por lo bajo de la
escena del beso en la frente.
Se despidieron de Ben mientras bombardeaban a preguntas a Rey.
―¿Entonces vas a enseñarnos a todos a ser Jedis? ―Lilia estaba emocionada ante tal situación.
―De momento solo a tu hermana mayor, porque es de quien tengo información, de verdad, de que la fuerza esté en ella.
―Pero... ¿Podrían probar también? ―Alisian preguntó un poco miedosa.
―Sí. No habría ningún problema. ―Los tres hermanos se miraron cómplices―. ¿Qué tramáis?
―Podrías empezar a entrenarnos antes de que lleguen nuestros padres. Yo doy mi permiso,
tengo derecho a decidir mientras ellos no estén. Yo soy la cabeza de familia en su ausencia.
―Serías una excelente abogada en la ciudad. ―Rey se rio con ganas ante las palabras de Alisian.
―¿Entonces? ―Lilia presionó un poco.
―De acuerdo, mañana empezará vuestro entrenamiento. Ahora vayamos a hacer la cena, que
Ben se ha escaqueado de hacerla.
Las chicas se rieron juntas, mientras el pequeño estaba obsesionado con que BB8 fuera su mejor amigo.
Rey tenía un camino largo por delante, como dijo Ben, iba a tener que convencer a unos padres negacionistas de la fuerza de que dejaran que sus hijos fueran entrenados. Pero ya se
preocuparía cuando llegase el momento, ahora su única preocupación era que iban a cenar.
