Actions

Work Header

Egoísmo

Summary:

Atsushi reflexiona sobre sus complicados sentimientos

Notes:

No es mi ship favorita, pero la viejona de mi mejor amiga me pidió algo de ellos y estoy aprendiendo a escribir de ellos, creo que tengo un problema con este asunto de hacer sufrir a Atsushi y que sea el que se encule primero.

Ya tocará uno donde Akutagawa es el que se encula más duro(?

Espero lo disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Nada me ha pertenecido, nada ha sido mío, nada.

Lo que amo, les pertenece a otros. Puedo escuchar su voz, gritándome, mirándome con asco: ¿Acaso alguien como tú tiene derecho a mirar a otros con envidia? Es un milagro que se te permita respirar, ¿y crees que mereces algo más?

Lo sé, no merezco anhelar, alguien como yo no debería querer más y debería estar contento. Tengo a mis amigos, mi familia elegida, un trabajo y un propósito que justifica el hecho de que desperdicie oxígeno. Y, aun así, he empezado a sentirlo. Un hambre extraña, una ansiedad que no puedo removerme de la piel.

Deseo.

De pronto, quiero que algo sea mío. Quiero que sea mío. Mío, mío y de nadie más. ¿Por qué dice otro nombre? ¿Por qué mira con ojos brillantes en otra dirección? ¿Por qué su expresión se suaviza por otros?

Me siento avergonzado de esos sentimientos, tan caprichosos, tan reprobables. Culpa, culpa que retumba en mis oídos con cada latido de mi corazón.

El tigre se pasea de un lado al otro, impaciente. Nos miramos mutuamente y entiendo lo que quiere, lo que necesita. Está molesto conmigo por no hacer nada, por matarnos de hambre a ambos. Quiero explicarle que no somos nadie para pedir más de lo que ya nos dan generosamente. Pero antes de darme cuenta, dejo de ser un niño y empiezo a entender sentimientos que se desarrollan a la par que crezco. Ya no sobrevivo, y ahora que vivo, ahora que conozco el afecto, ahora que entiendo el dolor, he olvidado los motivos por los que no debía ser avaricioso.

Quiero sostenerlo, quiero detenerlo, quiero someterlo.

Quiero que deje de decir otro nombre que no sea el mío, que lo diga y lo pida.

Quiero que él también quiera que yo sea suyo, y me entregaré en un instante.

“Dazai-san no te ama, ¿hasta cuando seguirás aferrado? ¿Por qué no lo sueltas? Yo soy el que te quiere.”

Me he imaginado diciéndolo, pero sé que no sirve de nada. Imagino lo que pasaría, él me vería con esa mirada asesina suya y pensaría que soy una basura por usar una táctica tan baja y asquerosa para atarle a mí. “¿Crees que no lo sé?”, me diría con molestia y luego me daría la espalda. Porque me odia más que nunca cuando soy débil, cuando soy infantil, cuando me rehúso a ser responsable.

¿Por qué no puedes buscarme a mí? ¿Por qué tienes que ser de alguien que no te quiere de vuelta? Si al menos tuvieras una oportunidad podría decirme a mí mismo que es imposible. Pero sé que Dazai-san jamás te mirará así, que nos ha puesto juntos por lo mismo, que quiere que yo sea tu conjunto, tu fuerza, tu escudo, y que seas el mío. ¿Lo has entendido así alguna vez? ¿O te ha parecido un insulto que quieran hacerte conformar con tan barato premio?

… ¿Sabes, Akutagawa? Puedo escuchar el sonido que hacen tus pulmones al toser y desde hace rato que cuando pasa quiero correr a abrazarte y retenerte a toda costa, como si yo pudiera hacerte vivir unos segundos más, como si tuviera sentido, como si fuéramos suficientes el uno para el otro. ¿Lo has pensado? Cuando cierro los ojos y pienso en lo que el amor debe de ser, me doy cuenta de que tengo una idea enfermiza y ridícula. Mis figuras paternas son dementes aun en las mejores de sus intenciones. Y pienso en la sensación cuando trabajamos juntos, cuando tu rashomon y mi tigre se encuentran y se vuelven uno. Hemos sido uno un par de veces. Cuando pienso en esa frase, en “ser uno”, me avergüenzo, porque le quiero dar una connotación que no tiene. Quisiera saber qué es para alguien como él esa idea, si alguna vez ha pensado o extrañado estar cerca de mí, de sentir al tigre.

Lo deseo.

Y no tiene sentido.

Nunca me había puesto a pensar en chicas o chicos, ¿cómo se supone que lo hiciera? ¿En qué momento? El futuro nunca fue una opción y ahora lo es, y ahora tengo tantos sentimientos, y ahora quiero saber si podría besar a alguien, a un chico, al sujeto que literalmente una vez me arrancó la pierna de un tajo, que me ha insultado hasta el fin, que me ha visto con odio y me ha resentido por cosas que no controlo, que desprecia mi debilidad tanto como yo lo hago. Aun así, pienso en que quisiera que me diera su mano.

Pienso en su piel pálida, en lo fácil que sería hacerle una marca. Pienso en sus labios, que seguro él ha anhelado sean sostenidos por alguien más, pero yo quiero robármelos, quedármelos. No tengo idea de donde saco esas ideas, pero sé que cuando me cruzan la cabeza, la cola del tigre se menea suavemente, impaciente, como si estuviera de acuerdo. Es cruel sufrir por algo que jamás iba a ser mío en primer lugar. Quiero volver al tiempo en donde me sentía por encima de él, donde me decía a mí mismo que solo me importaba evitar que matara, que me parecía fastidioso, violento y un poco idiota. Quiero volver al tiempo en que no quería desesperadamente tenerlo a mi lado.

Es irónico, viví en una jaula, conozco el cautiverio, y no soy diferente hacia él. Quiero poner a un lobo en una linda casa, quiero domesticarlo y que dependa de mí. No sé si puedo llamar esto amor, no sé, nunca me explicaron algo de eso. Nunca me dijeron qué debería hacer si me enamoraba, si yo y el tigre decidíamos que queríamos a alguien más que a la vida misma. Es tan frustrante y aterrador que quiero llorar, quiero gritar y arrancarme el corazón. Puedo entender qué hacer para pelear, puedo entender el seguir adelante cuando hay que vencer a los malos, salvar a la gente, evitar la desgracia. Pero y ¿esto? ¿En dónde podría encontrar respuesta? Porque amo a un perro rabioso que a lo mucho me tolera. No creo que exista libro o consejo. No puedo decirle a Dazai-san, a Kunikida-san, ni siquiera a Lucy-chan ni a Kyoka-chan… no puedo decir a nadie, no se siente correcto.

Como que este sentimiento es lo único que me pertenece solo a mí y se manchará si lo dejo en manos de otros, aun en sus mejores intenciones.

¿Por qué no puede quererme? ¿Por qué fui yo el que tuvo que sentirse así? ¿Es que no soy otra cosa que un masoquista estúpido?

Preferiría que me abra el pecho y me saque el corazón, que lo destruya de una buena vez. Pero aun si él hiciera eso, sé que podría soportarlo, se que volvería a generar otro corazón y latería por él, con la misma intensidad. Porque no puedo tener el camino fácil, no puedo solo olvidarlo o serle indiferente. Entre más lo intento, es peor. El tigre me mira con enojo y yo lo entiendo perfectamente.

En el fondo, quien no puede soltarlo, soy yo.

Quien no quiere dejarle ir soy yo.

Quiero quiere perseguir este nuevo sentimiento soy yo.

Pues este sentimiento es como una fuerza irrefrenable, como una luz que quita todas las sombras del medio, un llamado que pide que lo siga y quiero perseguirle porque aun si me destroza el alma y me duele, a su vez me hace feliz, quiero correr tras ese sentimiento, perseguirlo hasta poderme lanzar y clavarle las garras y sujetar a mi presa para quedármelo para siempre.

No tengo idea de qué hacer para que alguien me ame.

No tengo idea de qué hacer para que alguien se quede.

No sé cómo amar.

Creo que eso al menos lo tenemos en común. Los dos conocemos una sola cosa: la obediencia. Los dos perseguimos nuestra valía y queremos que otros nos permitan ser y queremos que nos den ese permiso. No conocemos un amor de este tipo. Creo que, en ese sentido, también él es igual a mí. No, su caso es peor. Él aun sigue sobreviviendo, dudo mucho que jamás le ha cruzado por la cabeza que es un chico normal en el fondo, porque nunca se le permitió ser normal. ¿Qué puede saber un arma de estas cosas? No más que un monstruo como yo, eso es seguro. Aun si nos rodean personas que nos tienen aprecio y afecto, eso no se traducirá en entender el amor, en entender cómo extender la mano y sostener la de otro suavemente. No sabemos andar a los pasos de ese vals. No tenemos que saberlo. Pero yo al menos empecé a quererlo.

Pienso en un mundo donde fuimos chicos normales que iban a la escuela juntos. ¿Habríamos sido rivales aun en clases? Creo que sí. Aunque algo me dice que sería un sabiondo que entregaría sus trabajos impecablemente y se molestaría si llego a sacar una buena nota sin tanto esfuerzo. Pero realmente, nos llevaríamos horrible en educación física. No puedo imaginármelo sin su rashomon soportándome el ritmo, pero lo haría de todas formas. Sería alguien que daría miedo aun con esa complexión tan delgaducha suya. ¿Sería igual de delgado si comiéramos la comida de la cafetería? ¿Le daría de mi almuerzo? Puedo imaginarlo comprando el almuerzo de su hermanita y olvidando que también él debe de comer. En ese mundo, ¿también tendrías solo ojos para Dazai-san? ¿Te aferrarías a él de la misma forma? ¿Repetiríamos esta tonta obra otra vez? ¿O habría alguna manera de que yo pueda… tomar tu mano y salir corriendo a la azotea de la escuela y simplemente quedarnos ahí un rato, hasta que por fin me preguntes que tengo y yo me declare?

No entiendo por qué la gente se enamora, no entiendo que hace alguien como yo enamorándose, no puedo ni siquiera ser un amigo decente, no veo qué hago queriendo a alguien y deseando tanto su compañía aun si hemos intentado golpearnos y partirnos la cara.

No tengo nada.

No soy nadie.

Y un así lo quiero a él.

Quiero tenerlo a él.

Quiero ser alguien para él.

Quiero ser el único.

Da miedo ser tan egoísta, da miedo escuchar los gruñidos del tigre y sus exigencias. Pero tampoco puedo fingir demencia. El tigre soy yo, tanto como el rashomon es Akutagawa, eso será siempre cierto.

Da miedo tener toda esta fuerza en mi interior y quererla enfocar en un solo ser humano.

Uno tan frágil pero tan peligroso, uno que quiero abrazar, uno que me preocupa sostenerle por la cadera y encontrar que ha adelgazado más, uno que me mira con esos ojos tan profundos y que me confrontan sin piedad y me sacan de cualquier duda o pretexto, que me piden ser la luz que nunca hubo en su vida aun si no se da cuenta.

Quiero que sea mío.

Quiero protegerlo.

Quiero… quiero…

Pero al menos de momento, aun no siento derecho alguno, a tomarle y robarle un beso para decirle todo esto. Aun si cada día soy más consciente de que no tengo idea de cuanto tiempo nos queda.

Quisiera que, por lo menos por una sola vez, pudiera ser por completo ingenuo y egoísta.

Robarte tu primer beso, si es que aún es tuyo.

Y robarte el corazón, aun si no quieres dármelo.

Notes:

Neceistan follar, yo sé, Atsushi ocupa marcar a su omega en el monte.