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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-10-05
Completed:
2026-06-12
Words:
8,978
Chapters:
7/7
Kudos:
7
Hits:
104

CELESTIAL

Summary:

Una misión lo hizo descender de los cielos para cumplir su misión, ayudar a un humano y regresar posteriormente al reino celestial de los cielos, sin embargo no contó con que el humano le quitara su pase directo al cielo y también le robara por completo su corazón.

Notes:

D1 "Primera vez"

Chapter Text

 

En el lejano cielo, donde montículos de esponjosas nubes se agrupan y el sol resplandece, es donde se llevan a cabo las grandes misiones para seres como él. Misiones que deben ser cumplidas al pie de la letra y sin demora alguna, cada vez que un humano clama por ayuda o se encuentra desvalido uno de ellos ha de bajar a la Tierra para ayudarle a sobrellevar su carga...

Lo recuerda perfectamente como si hubiera sido ayer el día en qué mudó su aureola y miró por última vez su reflejo en el cristalino riachuelo formado por las lágrimas derramadas por un humano de completa felicidad. Extraña el sonido de la lira al despertarse y los cálidos rayos de Apolo extenderse por toda la acropolis del azulado cielo, su hogar.

—Otra vez perdido en las nubes, ¿Qué te parece tan encantador de ellas? 

Había perdido su pase entre el cielo y el mundo terrenal por él, su misión era clara ayudar al joven español velando por él cuando sus padres fallecieron en aquel fatídico accidente hace siete años. 

Siete años desde que su vida se quedó atada a la de un mortal.

—Solo... Veía las formas en ellas.

Le duele tener que mentirle, sobre todo porque se ha convertido en una pieza demasiado importante en su vida. Un ángel no debía enamorarse y sin embargo allí estaba él, prendado de la belleza de ese joven que le mostraba ese poderoso hechizo.

—¿Qué veías en ellas? 

—Mi hogar.

Ni siquiera notó lo que dijo.

—¿Extrañas mucho, Grecia? 

Sonrió para no preocupar demasiado a ese joven por el que su corazón late. —Solo lo recordaba, no es como que deseara regresar.

Esa era la encrucijada de su vida, en el cielo todo era más fácil y aquí en la Tierra el dolor de esconder sus alas era insoportable, pero esa sonrisa lo valía aunque desconoce su verdadera identidad.

Los cálidos labios toman los suyos, es su primer aniversario juntos, fue inútil no enamorarse de cada mirada y gesto, de sus lágrimas, de sus risas... de toda su existencia.
Por esa razón estaban dando un paseo por las encantadoras calles del centro de Madrid.

—Quiero... Invitarte está noche a mi departamento.

Fue una invitación sorpresiva, pero cálida al mismo tiempo, había estado infinidad de veces en ese departamento sin que Shura lo supiera. Escuchó sus lágrimas, su quiebre después del accidente, maldecir día y noche a los cielos, pero también vio como pudo sobrellevar todo eso, la manera tan valiente en la que enfrentó al mundo con sus noches de desvelo que lo llevaron a un excelente promedio cuando terminó la universidad.

—¿Y esta invitación?

El joven se sonrojo de manera inmediata y después respondió:
—Quiero estar contigo, me siento listo para dar el siguiente paso.

Eso era lo único que no esperaba, así que solo pudo acariciar suavemente esas mejillas para después darle un beso en la frente. —No necesito ninguna prueba ni nada para saber que lo que sentimos es real.

—No quiero demostrar nada... Quiero estar contigo porque te amo, porque así lo deseo y porque soy consciente de lo que eso significa.

No podía negarle nada a esos ojos verdes como el color de los campos Elíseos por los que voló alguna vez. 

—No pongas esos ojitos, te conozco lo suficientemente bien y sabes que siempre te sales con la tuya. Soy demasiado moldeable a tu antojo y no voy a negar que me gustaría estar contigo de esa manera.

No era pecado que se hubiera enamorado de un humano, de un hombre, que sintiera una erupción dentro de su corazón cada vez lo que veía y que lo sentía cerca y mucho menos sería un pecado estar juntos de esa manera.

Nada de lo que hacía era una abominación ni ninguna falta de respeto, al contrario era una muestra de amor.

—¡Te amo! 

—Y yo te amo como nunca imaginé llegar a hacerlo.

Es una confesión que le sale del alma, aquella vez que recibió su misión no imaginó sentirse tan humano al descubrir ese sentimiento puro y sincero.

Su recorrido termina en una cafetería con mesas disponibles al aire libre, bebiendo café mientras el español le habla sobre su trabajo, sus compañeros y su último caso que ha ganado como abogado, habla también de sus padres, de como su madre estaría orgullosa de ver sus logros y su padre demasiado emocionado al saber que su hijo ha logrado cumplir sus sueños.

—Ten por seguro que así es, amor. Yo también estoy orgulloso de ti y feliz de ver tus logros.

Finalmente la luz de la luna los alcanza, Artemisa la diosa de la caza y de la luna debe estar demasiado alegre pues su resplandor es encantador. La conoce demasiado bien, es vanidosa y no permite que ninguna estrella iguale el reflejo de su luz, ella es única en su especie.

—... Y aquí es donde vivo, como sabrás la casa de mis padres la tuve que vender días después de su fallecimiento debido a que yo solo no podía darle el mantenimiento que necesitaba y el dinero lo ocupe para pagar el servicio funerario y demás... Me dolió hacerlo, pero era lo mejor.

Es un departamento modesto, de color blanco y puertas de madera de nogal con una decoración que resalta la profesión de quién simplemente debía ser un humano a su cuidado.

—Es un lugar muy lindo, me encanta la decoración y los tonos neutros.

—Y aún así siento que está vacío, únicamente llegó a dormir aquí.

—¿Me estás proponiendo algo?

—Solo si tú quisieras.

Tal vez podía aceptarlo, ha vivido siete años en el mismo lugar que le proporcionaron los mismos cielos.

—Debo pensarlo un poco, no quiero irrumpir demasiado en tu espacio personal o cambiar tu rutina.

El español tomo su mano y lo condujo directamente a su habitación, esa en la que había dormido con demasiada regularidad, pero este tenía un sueño demasiado pesado para darse cuenta.

Los dos tomaron asiento sobre la cama, una sonrisa tímida fue la que adorno ese bello rostro etéreo del humano. Extrañaba tanto el cielo y nunca se había dado cuenta que lo tenía consigo, hasta hoy que Shura se muestra como tal.

Cubrió su cuerpo con sus brazos deseando que sus alas también pudieran cobijarlo para darle a entender que lo cuidaría durante el acto y durante toda su eternidad.
Shura también le devolvió el noble gesto y fue entonces que pensó:

¿Los ángeles pueden hacer este tipo de cosas?

Fuera del pensamiento que se tenía de si los angeles no tienen ningún sexo, era mentira, el tenía absolutamente todo para que en la Tierra fuera llamado "un hombre", aún así tenía miedo de que la oscuridad se apodere de él y lo lleven a lastimar a su persona especial, está bien si hacen el amor, pero si eso se vuelve en algo distinto llegando a la lujuria entonces sí sería un pecado.

Besa su frente y baja dejando pequeños besitos en el puente de su nariz hasta llegar a sus labios, esos dulces labios que probó un día de invierno por primera vez. 

—¿Estás seguro de esto?

Quiere cerciorarse de que hará lo correcto y no tomará a un humano sin su consentimiento.

—Lo estoy.

Es suficiente para que vuelva a besarlo y ahora se digne a quitarle el saco y comenzar a desabrochar los botones de su camisa rosa pastel para después encontrarse con la desnudez de su torso, no es ajeno a la anatomía del hombre, sus conocimientos son demasiado bastos.

Deja un beso sobre dónde brilla su corazón, allí está su alma, el producto de todo su ser, tan cálido y puro. Luego hace que el pelinegro se siente sobre sus piernas, viéndolo de frente, observando con calma la belleza de esos verdes, causándole un sonrojo terrible al abogado.

—Me estás haciendo sonrojar.

—Quiero ir con calma, observar la belleza que hay en ti.

Shura aparta la mirada, puede sentir su nerviosismo, cada vez que le apena algo busca con su mirada una salida, demasiado tierno como para ser quien propusiera este encuentro íntimo.

Ahora mismo es cuando recuerda con exactitud cada poema de amor que leyó en frente al mar de nubes, siempre soñó con experimentar algo así y este es el justo momento donde puede sentirlo a flor de piel.

—Te adoro como al mismo cielo que se extiende en la infinidad del universo, como al fuego que rodea mi alma. 
Te amo con la intensidad del viento y con la fortaleza de la tierra. 
Te amo justamente aquí y ahora.

—Me dices cosas demasiado bonitas.

—Solo digo la verdad. —susurra a su oído antes de que sus labios bajen desde el lóbulo de este hasta ese hueco entre su cuello y su hombro.

Nota como cada respiración se hace más pesada, la manera en la que de sus labios se escapan suaves sonidos que le hacen que está disfrutando cada caricia que le proporciona. 
No hay ninguna prisa en llegar al final de su momento especial, quiere tomarse el debido tiempo para conocer cada centímetro de su piel, saber en qué lugares hay estrellas adornando su piel a modo de lunares.

Lo recuesta suavemente sobre las sábanas de seda, olfatea el olor de su perfume y se deja llevar por esa ola de infinito amor que ha descubierto.
Se quita el suéter que llevaba puesto junto con la camisa, le gustaría apagar la luz por si en algún momento sus alas no pueden mantenerse ocultas.
Desabrocha el botón que mantiene sujetos los pantalones a las caderas de su dulce amor y se deshace con ellos con todo y los calzoncillos.

—¿Hay alguna manera exacta en la que debería tocarte?

Niega con la cabeza y se le hace de lo más lindo del mundo. Sus manos tocan la suavidad de sus piernas comparándolas con el dulce algodón del que están hechas las nubes.
El español no se queda corto y pasa sus manos tibias por sus pectorales y abdomen marcado, le causa escalofríos y una sensación que jamás imaginó llegar a sentir.

Besa el interior de sus muslos y se acerca cada vez más a ese sexo levantado que solo acaricia con su mano, una risa escapa de esos labios hinchados, sus caderas se mecen contra su mano y entonces entiende lo que debe continuar por ese camino

—¿Sabes que prosigue después de esto?

—Seré absolutamente tuyo.

No era lo que esperaba escuchar, esperaba una indicación, no sabía como continuar, es su primera vez en la Tierra, la primera vez que se enamora de un humano y la primera vez que mantiene un encuentro íntimo... Shura Cabrera es su primera vez en todo.

—¿Cómo puedo hacerte sentir todo el amor que te tengo? 

—Tus besos ya son suficientes.

Hay ternura en todo, en su voz, en la manera en que lo ven esos ojitos, en sus movimientos... En todo.

No es un pecado si lo hace por amor...

Si ya ha perdido el cielo
  
     algo más grande ha de ganar.

Se desprende de su ropa inferior, mostrándose tal cual es, una réplica de un humano cualquiera solo que sus alas siguen ocultas.

—Espera... 

Ese bello hombre lo detiene antes de que haga algo mal. —Dime, mi cielo.

—Primero debería prepararme un poco.

Se ríe cuando inútilmente trata de tomar un bote de crema y se cae al suelo. 

—Yo lo haré por ti. 

Debería ser un momento que mate esa chispa encendida, pero no, simplemente deja que su anatomía cubra el cuerpo del joven para estirarse y tomar el pequeño botecito, destaparlo y juntarse un poco en las manos.

—¿Esto es correcto? —pregunta cuando por instinto la punta de sus dedos acarician debajo de los testículos, esa es la única entrada que logra divisar en el cuerpo del menor. Ambos tienen los mismos sexos, nada diferente.

—Si, lo es.

En el momento que uno de sus dedos se atreve a explorar esa cavidad rectal, recibe un gemido y las manos de Shura cubren su rostro.

—Demasiado lindo...

Su tarea sigue, un dedo más se adentra y siente como ese anillo se abre para darle acceso a su interior, hace movimientos de tijeras y consigue que Shura se retuerza, seguramente ha dado en el punto exacto. 
Sintiendo que sus dedos no le serán suficientes, da el siguiente paso.

—Por favor, respira profundo y si te llegó a causar algún daño, no dudes ni siquiera en hacérmelo saber, lo único importante aquí es que te sientas bien.—Besa su mejilla y esas manos blancas acarician su espalda —. Todo estará bien, confía en mí.

Su novio asiente y su siguiente paso es adentrarse en aquel túnel secreto que lo hace sentir como en el mismo paraíso del que ha salido.

No debió hacerlo, porque ante la sensación sus alas salen a relucir, blancas, perfectas y con un aire dorado.

—Aioros... —posiblemente le va a reclamar por esas inmensas alas que salen de su espalda. —¿Estoy delirando o me estás haciendo tocar las nubes del cielo? —las piernas largas de su amado se abrazan a sus caderas para sentir más dentro el contacto que los mantiene unidos. 

—No lo sé, cariño.

—Pareces un ángel, un precioso ángel...

Siente como toca sus alas mientras él se encarga de crear un vaivén cuando esas piernas se abren más dejando de abrazar sus caderas.

—Se siente tan real...

Shura mancha su abdomen con un líquido viscoso de color blanco transparente, luego continúa él dejando dentro de ese maravilloso túnel un líquido igualmente parecido. La prueba de su unión, así que pasado esto decide salir del interior del español.

—Es como tocar el cielo. —le susurra en el momento justo, dejando un beso nuevamente en su frente sudorosa.

—Aioros... ¿Son alas? 

No, no debía confesar su verdadera identidad, pero cuando está a punto de hablarle con completa honestidad, Shura cae sobre sus almohadas en un sueño profundo. Mirá detrás sobre su hombro comprobando que ahí están sus alas doradas, luego regresa a comprobar si el humano se encuentra bien, sonríe al saber que el esfuerzo que hizo lo llevó a sentirse agotado y por ende caer en los brazos de Morfeo.

—Te amo, Shura.

Sus alas cubren sus cuerpos, si tan solo pudiera hablarle de quién es, lo llevaría en sus brazos a explorar la belleza de las nubes, pero se conforma con saber que de alguna manera lo llevó a tocar las nubes en el cielo.