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Contrato de No-Amor

Summary:

Damian al Ghul tenía trece años cuando su madre lo envió lejos de casa.

El Imperio de Nanda Pardat estaba a punto de colapsar. Talia al Ghul,había decidido poner fin al reinado de su propio padre. El anciano, conocido como "el Demonio", aún gobernaba con mano dura desde hacía años, resistiéndose a soltar el poder. Pero Talia ya no estaba dispuesta a esperar. Mientras organizaba todo lo necesario, tomó una decisión: enviar a su hijo a Gotham, a tierras del Imperio Wayne, donde Bruce Wayne,lo acogería.

A simple vista, parecía un acto de protección. Pero en realidad, era una maniobra: alejar a Damian del conflicto, asegurar una ruta de escape en caso de fracaso y prepararse en silencio para algo más grande.

Si Thalia Al Ghul fallaba, Damián podría terminar lo que ella no.

Al mismo tiempo, el Imperio de Metrópolis fue un buen aliado, Thalia ofreció su propia jugada: un compromiso político entre su joven heredero, Jon-El, y el príncipe de Nanda Pardat. Jon tenía doce años, Damian trece. No se conocían. No habían hablado. Y, sin embargo, Talia consiguió que fuera posible.

Chapter 1: La llegada

Chapter Text

Cuando Damian llegó, fue recibido en Gotham de forma incómoda. Era para muchos, hijo de una traidora y heredero de dos linajes peligrosos para otros. 

 

El príncipe Richard Wayne lo recibió cuando llegó, tenía una sonrisa entusiasta pegada en su rostro y lo miraba con curiosidad.

 

— ¿Damian verdad?— Sus ojos se desviaron a la sangre manchando las túnicas verdes y la sonrisa desapareció de su rostro— ¿Que sucedió de camino aquí?¿Estás bien?.

 

—Estoy bien.

 

El niño se removió incómodo, molesto bajo su escrutinio y camino ignorando a todos a su alrededor, Richard lo siguió de cerca, luciendo como si quisiera decir algo más, pero guardo silencio.

 

Damian caminó directamente hacia la sala del trono.

 

En lo alto de la enorme sala, se erguía un hombre, alto, robusto, con sus ojos negros puestos sobre el chico. Damian se trago la molestia creciente en su pecho y saludo a su progenitor.

 

—Su majestad, Padre.

 

Inclinó la cabeza con aparente respeto, pero no hizo una reverencia completa, sus ojos observaron al hombre a su lado.

 

Timothy Drake, otro idiota que con suerte no logro adoptar, pero ahora es su consejero.

 

Su mente trabajo para identificar a otros en la sala y finalmente volvió la mirada cuando el emperador hablo.

 

—Damian Al ghul-Wayne, tu madre me informó de tu situación— Una mueca cubrió su rostro— Estas bajo la protección del imperio de Gotham en este momento, por ello, tendrás que seguir las reglas de este lugar.

 

¿Solo eso tiene para decirme? ¿No es este hombre el que mi madre dijo era noble y valiente?

 

— Lo entiendo.— Asintió, pero por dentro sintió la ira subiendo por su estómago— Escuche que tuvo problemas para admitir mi existencia como su hijo.

 

La sala se llena de silencio, la tensión palpitante en cada rincón, los murmullos llegaron de todos lados.

 

Damian observa con satisfacción cómo su padre se tensa bajo los murmullos de la sala, pero no lo niega.



Tampoco podía negar el terrible parecido, a excepción de sus ojos verdes, era inegable que su apariencia era similar.



— Eso ya no importa— agita la mano y una mujer se acerca— LLevalo a su habitación, que hoy descanse y llevalo a conocer todo el palacio cuando puedas.

 

La mujer asiente, lo mira y le indica que la siga.

 

Stephanie Brown, hija del fallecido traidor Arthur Brown, ahora baronesa.

 

La siguió por los pasillos y admiro el aspecto oscuro pero elegante del lugar.

 

— Eres nuevo aquí— Habla de repente Stephanie— Por ello te llevaré a conocer todo el lugar la próxima semana.

 

Damian quiere reír, pero se contiene.

 

El mismo se va a asegurar de conocer la mayor parte del palacio por la noche, pero por ahora solo puede encontrar tranquilidad.

 

— …

 

Caminan por unos pasillos más en silencio y cuando se retira frente a una habitación, ella se da la vuelta y su voz antes suave se aguanta.

 

— Por la sangre que te cubre, tengo que suponer sabes defenderte.— Lo mira con feroz determinación.— Pero aquí no se te permite matar a nadie ¿Entiendes?. 

 

Damian siente la aparente tranquilidad esfumarse de su cuerpo.

 

— ¿Y qué si lo hago? Su estúpida regla solo aplica para ustedes.

 

Stephanie sonríe con burla y menciona:— Ahora aplica para ti, si quieres seguir viviendo.

 

— Metete en tus asuntos Brown. 

 

Damian observa como la sonrisa se tensa, pero lo ignora y abre las puertas de su habitación.

 

— Niño malcriado.

 

Un último murmullo de ella y él le cierra la puerta en la cara.

 

Suspira.

 

Se queda quieto unos segundos antes de observar su habitación y decidir que no es de su gusto.

 

De todas formas, camina y se recuesta en la enorme cama, cuando la oscuridad cubre el palacio y el esta seguro de que todos están en sus habitaciones, se escabulle por la ventana y se encarga de conocer las partes más importantes del palacio.

 

Vuelve cuando el sol esta por salir y finge que a dormido lo suficiente cuando lo llaman al comedor.




 

 

Bruce siempre supo que Thalia le escondía algo cuando se marchó sin decir palabra de Gotham, aún así cuando ella misma le informo que tenían un hijo juntos…

 

 

Él no lo creyó



Sabía que Nanda Parbat se encontraba en un conflicto político feroz entre las facciones de Thalia y su padre.

 

El niño bien podría ser enviado para vivir bajo su protección como su hijo. 

 

Aunque no lo fuera.

 

A thalia le beneficiada.

 

Por ello cuando lo recibió a regañadientes, ya no pudo negarlo.

 

Ambos se parecían demasiado.

 

Decidió entonces que trataría de entenderlo y guiarlo. Las costumbres de su imperio serían difíciles de arrebatar, pero trataría de enseñarle todo lo que él le permitiera.



Descubrió muy pronto que era más fácil pensarlo qué hacerlo.



 

 


 





El gran comedor del Palacio de Gotham vibraba con la luz del amanecer. La mesa larga, cubierta con manteles de terciopelo oscuro y plata labrada, a su alrededor la familia Wayne se sentaba, cada una ensimismada en sus propios pensamientos. Damián ocupaba un lugar cercano a la cabecera. Su mirada afilada chocaba con todos en la mesa. 

 

Bruce, observaba en silencio. A un lado, Richard, el príncipe, con su puerta desenfadado pero elegante, intercambiaba miradas con él, más allá, Tim repasaba pergaminos y mapas, ajeno a la fruta y al pan sobre su plato. Stephanie, vestida con un atuendo de cuero oscuro y pantalones de montar, la espada colgada al costado, cruzaba las piernas con confianza.

 

Jason entró tarde, como siempre. Su capa escarlata contrastaba con el negro de sus guantes. Arrastró la silla y se dejó caer sin pedir permiso. Sirvientes corrieron a colocarle una jarra de vino, pero él apartó la mano de uno de ellos con un gesto brusco, fijando su vista solo en el nuevo integrante en la mesa.

 

—Así que este es el chico de Nanda Parbat —dijo Jason, sin rodeos, mirando de arriba abajo a Damian—. No parece gran cosa, pero sin duda se parece al viejo.

 

Damian arqueó una ceja.

 

—Y tú ¿quién eres? ¿Otro perro recogido por mi padre?

 

Richard no pudo evitar el regaño que salió de sus labios:—¡Damian!

 

Pero Jason se inclinó hacia adelante, los ojos azules brillando con diversión.

 

—Tengo muchos nombres,niño;Perro recogido, príncipe adoptivo, asesino, traidor… depende de quién preguntes. Y sí, soy tu hermano. El que te romperá la cara si vuelves a hablar así.

 

El silencio se volvió pesado. Bruce no lo detuvo. Damian apretó los dientes, Stephanie soltó una risa breve y seca, chocando el filo de su espada contra el suelo.

 

—Me agrada —dijo, refiriéndose a Damián—. Tiene más agallas que todos ustedes juntos. Aunque demasiado orgullo en la boca.

 

Tim levantó la vista de sus pergaminos.

 

—El orgullo no sirve de nada. Nanda Parbat debería haberle enseñado eso.

 

—¿Y qué sabes tú de Nanda Parbat, consejera? —respondió Damian, con un veneno precoz—. ¿Acaso tiene sentido el filo de un cuchillo en tu cuello desde niño?

 

Tim no se inmuto,hablando con calma.—Tal vez.

 

Jason interrumpió, rompiendo el pan con los dedos.—Es apenas el desayuno y ya estamos peleando, un gran comienzo ¿eh?

 

 

Richard suspiro, bebiendo vino con calma forzada.

 

—De verdad vamos a empezar la primera comida así? Bruce, ¿quieres intervenir, o debo recordarles que esto es una mesa, no una arena?

 

Bruce no respondió de inmediato. Observaba. Cada palabra de Damián era un reflejo de Thalía.

Finalmente, habló:—Todos aquí son Wayne. Nadie más, nadie menos,somos una familia,no importa los orígenes de cada uno.

 

Jason alzó la copa en dirección a su padre.

 

—Salud por la familia, entonces.

 

Stephanie acaricio su espada levemente y miró de reojo a Damián. El niño le grababa mucho a Jason cuando recién llegó al palacio.

 

Desconfiado,demasiado orgullo en la boca, temeroso.

 

Damián, sin apartar los ojos de Jason, tomó al fin una cuchara de sopa en la mesa y se lo llevó a la boca como si estuviera declarando la guerra, sus movimientos se detuvieron cuando un sonido chirriante vino de las grandes puertas al abrirse de par en par. 

 

Alfred Pennyworth apareció caminando con paso firme, impecable en su traje gris oscuro con ribetes plateados. Llevaba en las manos una bandeja de plata donde reposaba una tetera humeante, sus ojos se movieron al niño sentado al lado del amo Bruce y no pudo evitar compararlos, notando como algunos sirvientes evitaban pararse cerca del chico.

 

 

No pudo evitar soltar un suspiro.

 

 

Él sabía que desde la llegada del príncipe Damian, la corte y el propio Bruce se encontraban en conflicto.

 

Unos creían que no era hijo del emperador (a pesar del evidente parecido) y que la princesa Thalia solo lo había enviado en un intento de encontrar protección en Gotham, otros pensaban que lo era, pero que su llegada amenazaría la posición del príncipe heredero Richard, al que le había costado años consolidar su posición por no tener sangre del emperador corriendo por sus venas.



Y sin contar la noticia del compromiso entre el príncipe Jonathan y el recién llegado Damian, cosa que a excepción del propio Damián, él y el amo bruce, nadie más conocía,




Todo era un desastre en ese momento.




Jason fue el primero en romper la quietud, con la media sonrisa insolente de siempre.



—Por fin una presencia bienvenida.¿Qué tal tu mañana alfred?



Alfred no lo miró ni siquiera. Avanzó hasta la cabecera y colocó la bandeja frente a Bruce, inclinando apenas la cabeza.

 

—Amo Bruce, el té de la mañana. Y, si me lo permite, un consejo: los desayunos deben ser encuentros familiares, no escaramuzas diplomáticas.

 

Richard bajó la cabeza para ocultar una risa. Stephanie arqueó las cejas con diversión. Tim bufó con fastidio, apartando sus pergaminos.

 

Bruce levantó la vista, la severidad de su semblante ablandándose apenas.

—Gracias, Alfred.

 

El mayordomo se acercó y entonces se volvió hacia Damián. El chico había quedado rígido, como si estuviera listo para defenderse. Los ojos acerados de Alfred lo escrutaron.

 

—Amo Damián —dijo al fin, su voz profunda, sin reproche ni burla—. Bienvenido a casa.

 

Damián mantuvo la mirada con orgullo.

—No es mi casa.

 

Una sombra de sonrisa curvó los labios de Alfred.

 

—Ninguno de estos jóvenes lo creyó la primera vez que se sentó aquí. Y, sin embargo, mírelos. Han hecho de esta mesa suya. 

 

Jason soltó una carcajada áspera.

—Yo sigo viniendo porque nadie cocina como tú.

 

Alfred, sin volver la cabeza, replicó con calma:

—Y porque lo sacaría de los establos si no lo hiciera.

 

La mesa estalló en murmullos de risa. 

Jason se quedó callado.

 

Stephanie miró la expresión de Jason y no pudo evitar soltar una risa breve.

—¿Qué es esa expresión estúpida en tu cara Jason? 

 

Tim miró con burla.

—Que alivio saber que alguien puede llamarlo.

 

Damián permaneció inmóvil, desconcertado. 

 

Alfred miró a todos en la mesa, finalmente habló:

 

—Ahora coman —ordenó, con tono que no admitía discusión—. Que los problemas del imperio esperen hasta después del desayuno.

 

Los sirvientes comenzaron a colocar más comida. Las cucharas chocaron suavemente contra la porcelana, Damian se permitió un momento de silencio, masticando con lentitud la comida. Esta vez sin odio, por más extraño que le resultará, todos ahí habían comenzado a reclamarlo como parte de su familia.





 




El desayuno había terminado y Bruce se marchó para una reunión en la corte, detrás de él, Alfred y Tim lo siguieron en silencio.

 

Richard miró a Damian,quieto,esperando que todos se marchen

 

—Oye, ven conmigo.

 

Richard le indicó que lo seguía con un gesto y lo conducía por los pasillos.

 

Jason y Stephanie se miraron y los siguieron,curiosos.

 

Cuando salió el aire estaba frío.

 

Jason llegó y se apoyó en un muro, Stephanie se colocó a un costado, observando expectante. Richard tomó dos espadas de una esquina, lanzando una hacia Damián. Mencionó con calma:—Un duelo amistoso.

 

Damián tomó la espada y desenvainó con brusquedad. El sonido metálico quebró la calma.

 

Ajustó la empuñadura de su espada y dio un paso al frente, los ojos fijos en Richard.

 

—Estoy listo —dijo, con voz firme, aunque controlada—. No voy a contenerme.

 

Ambos ajustaron sus posiciones y se lanzaron el uno contra el otro. Las espadas chocaron una contra la otra.

 

— Damian—dijo Richard, bloqueando cada ataque con movimientos rápidos y controlados—Si no aprendes a controlar tu fuerza, te vas a lastimar

 

—¿Cómo pelean aquí?—rugió Damian, girando y lanzando otro tajo.

 

Jason bufo desde el muro. — ¿No escuchas la palabra duelo “amistoso”?

 

—Dejalo —habló Stephanie, apoyando la punta de su espada contra el suelo, sus ojos seguían cada movimiento —Ya entenderá.

 

—Cállate Brown —gritó Damián, sus ojos fijos en Stephanie—Mejor ven y únete.

 

—Por qué debería?—replicó Stephanie, fría—Mejor concentrado.

 

El filo de la espada de Richard tocó el hombro izquierdo de Damian y el rugió, moviéndose rápido para contraatacar. Avanzó otra vez con golpes violentos, torbellinos de acero que Richard desviaba sin esfuerzo.

 

—¡Basta! —gritó Richard, empujándolo hacia atrás con un giro de su espada—. ¡Aquí no es cuestión de fuerza bruta!

 

—No me des lecciones—sus ojos verdes brillaron en furia—. ¡No soy un niño!

 

Los minutos pasaron, el estilo de pelea de Damian era feroz, rápido, cada golpe diseñado para matar y desarmar lo más rápido posible, comparado con Richard, sus movimientos eran suaves y elegantes, contraatacando con precisión y paciencia cada golpe.

 

En un descubrimiento, Richard tomó la empuñadura de su espada y golpeó la muñeca del contrario.



La espada voló por los aires.



Stephanie dio un paso adelante—Peleas bien pero tu ira nubla tu juicio.

 

Jason silbó,satisfecho con la lucha.—Si no fueras tan impulsivo en cada movimiento,hubieras ganado al quinto golpe.

 

—tsk— Damian retrocedió,ni una sola gota de sudor en su rostro—No pedí su opinión

 

—Igual vamos a dartela—le respondió Stephanie—Y si quieres vivir aquí, tendrás que soportarlo.

 

Jason miró con curiosidad la interacción.

 

—Parece que ustedes no se llevan bien.

 

—Cállate

 

—Alguien aquí no fue muy amable el primer día.

 

Richard compartió una mirada curiosa con Jason —Bueno, espero que lo arreglen.



Stephanie suspiro y habló con calma.—Damian,aquí puedes tener familia,cuando llegaste dejaste de ser solo un Al-Ghul, ahora eres un Wayne.

 

Ella sabia que todos allí no compartían sangre ni apellido de forma directa, pero eran hermanos por decisión propia, con todos sus defectos y pasados ​​llenos de problemas y dolor a cada paso, pero si algo era seguro, era que eso no importaba si estaban juntos.



Richard se unió a ella, su voz pausada.—No mordemos. Tu madre te envió aquí por algo.

 

El sol de la mañana acariciaba suavemente su rostro cuando lo dijo, sus palabras se sentían sinceras, pero la mención de su madre, revolvía su estómago de forma incómoda, tal vez con ira y miedo, Damian se negaba a reconocer tales emociones.

 

—Son egoístas.—Dijo al fin—Ambos,ella que me abandonó aquí y el que nunca supo de mi.

 

Sus manos se apretaron a sus costados, los nudillos blancos por la fuerza.

 

—Te envio aquí para protegerte—Agrego de prisa Richard, con la esperanza de que fuera un consuelo para el.

 

Para Damián, eso era difícil de aceptar, sin él en su imperio, sin poder ayudar, enviado a esperar solo por informes de situación, como un inútil , Damián se sentía impotente, las palabras de la gente a su alrededor caían en oídos sordos.

 

—Hijo de padres egoístas—Dijo por última vez y luego camino de vuelta por donde habían venido.

 

—O egoístas o protectores— Hablo Jason cuando la espalda de Damian desapareció de sus vistas,serio por primera vez desde que salió del comedor,a su lado Stephanie frunció los labios en una mueca extraña,Richard con la espada en su mano, miró su propio reflejo en ella,hablando bajito,como si hablar demasiado alto estuviera prohibido.

 

—El tiene razón—comenzó—Es hijo de padres egoístas.

 

—Ambos solo son idiotas.—murmuro Stephanie, prefiriendo limitarse a la cosa menos grave,porque para ella,que conoció bien a ese tipo de personas,tomando como ejemplo a su propio padre,le parecía repugnante que personas que deberían amar y proteger a un niño,solo lo enviaran de lleno a conocer el mundo,como si todo fuera una cosa sencilla y sin peligro alguno.

 

—E-go-ís-tas—Silvio Jason,pensativo.—Ahora que el pequeño demonio está aquí y no parece que vaya a irse, lo mejor seria que se sienta cómodo.

 

Stephanie suspiro, contemplando al hombre a su lado.—Él se parece a ti cuando llegaste.

 

—...—Jason miró furtivamente a Richard y desvió la mirada.—Creo conocer a alguien que es bueno para hacer sentir a la gente como en casa.

 

Al igual que Damian, camino y desapareció de la vista, Richard guardó silencio unos segundos y solo pudo exclamar lleno de decisión en su voz: Lo haré ver que esta es su casa.

 

A su lado Stephanie solo pudo sonreír con cariño.

 

Ella deseaba que todo saliera bien a partir de ahora. 

 

Para Damián, para toda su familia.

 


 

 

A Su Majestad Imperial, Bruce Wayne, Emperador de Gotham:

Amado,

Hace ya demasiadas lunas desde la última vez que nos vimos, ¿No me extrañas?.

De nuestra unión, de aquel momento lleno de pasión, nació un hijo. Su nombre es Damián. Lleva mi sangre y la suya. Es un niño que se parece a ti. Le he enseñado disciplina y lealtad mientras crecía para ser mi heredero.

No escribo para mendigar reconocimiento,cuando lo veas sabrás que no miento.Como sabes,mi padre,estos últimos años a perdido la razón y se niega a ceder el trono,no me importaría dejar que mi hijo,que nuestro hijo,viva y aprenda bajo esa sombra de peligro,eso lo volvería más fuerte.

Pero amado, como nieto del demonio, no puedo permitir que corra peligro hasta que sea capaz de ser un heredero digno de su estirpe.

Espero que lo recibas. Yo no busco perdón ni reconciliación, me temo que para un corazón como el tuyo, eso ya no es posible.

Envío a Damian hacia ti. Confío en ti para que lo cuides hasta que llegue el momento de devolverlo a mi.

Thalia Al-Ghul

Heredera del demonio.