Work Text:
El sol de la tarde entra por la ventana del cuarto de Andy.
En el suelo, una pista de madera serpentea entre montañas de almohadas, túneles de cajas y un río azul hecho con una sábana.
Andy, con su sombrero vaquero torcido y una sonrisa de pura concentración, acomoda el último vagón del tren.
—“¡Todos a bordo! ¡El tren del Oeste está por partir!” —anuncia con voz grave.
Hace sonar un silbido imaginario.
El tren avanza, traqueteando con un “chu-chu” hecho por él mismo.
Woody, en su lugar de honor sobre una caja de zapatos, observa con atención.
Su sombrero luce brillante, y sus botas parecen listas para la acción.
—“Cowboy Woody, necesitamos escolta,” dice Andy con voz de pasajero.
—“¡Tranquilos, ciudadanos!” —responde él, cambiando de tono—. “Mientras el Sheriff esté aquí, ningún bandido tocará este tren.”
Andy ríe y coloca a Jessie junto al sheriff. Luego, desde detrás de una almohada, aparecen tres vaqueros de plástico: los bandidos.
—“¡Arriba las manos, vaqueros!” —grita Andy con voz ronca, encarnando al líder de los ladrones—.
—“¡Este tren lleva dulces y monedas de oro del banco del condado!”
Woody cae hacia un lado mientras Andy lo mueve dramáticamente.
El tren tiembla al pasar sobre una rampa improvisada.
Jessie se aferra al vagón con valentía.
—“¡No mientras yo esté aquí!” —dice Andy, regresando a la voz de Woody—.
—“¡Alto, forajidos!”
El niño hace que Woody salte con un giro perfecto, aterrizando sobre el vagón del medio.
El tren sigue avanzando, el “desierto” de la alfombra extendiéndose frente a él.
La música de acción resuena en la mente de Andy, aunque solo haya silencio en el cuarto.
—“¡Vas a caer del tren, sheriff!” —amenaza el bandido de plástico.
—“No si yo puedo evitarlo, compañero.”
Andy mueve a Woody con precisión heroica: el sheriff lanza una cuerda (un cordón viejo de zapato), atrapa al bandido y lo lanza fuera del tren, que “rueda” por la alfombra hasta quedar boca abajo.
—“¡Eso les enseñará a no meterse con el ferrocarril del Oeste!”
Pero el tren va demasiado rápido.
El niño lo empuja con fuerza y este se acerca peligrosamente a la “barrera final”: una enorme almohada que representa el acantilado.
Andy grita con emoción:
—“¡El puente está roto! ¡El tren va directo al abismo!”
Woody “corre” sobre los vagones, tambaleante.
—“¡Debo tirar del freno!”
Andy inclina el cuerpo, su lengua asomando por la concentración.
Con un último empujón heroico, hace que Woody caiga sobre el vagón delantero y “tire” de una palanca invisible.
El tren se detiene justo antes de estrellarse contra la almohada.
Silencio.
Luego, Andy levanta el brazo victorioso.
—“¡Lo lograste, Woody! ¡Salvaste el tren y a todos los pasajeros!”
—“Solo hago mi trabajo, socio,” dice el niño, imitando la voz suave del sheriff.
Y deja caer a Woody suavemente en su cama, como un héroe descansando después de su misión.
Andy se tumba al lado de él, mirando el techo con una sonrisa satisfecha.
El tren, los bandidos y las almohadas permanecen inmóviles, testigos del gran final.
—“Mañana… será el asalto al banco,” murmura Andy antes de cerrar los ojos un momento.
Woody, con su sonrisa cosida, parece mirarlo con orgullo.
