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Más emo que nunca

Summary:

Moski vuelve de Europa antes de lo previsto, y no le avisa a nadie.

o

Manuel siendo un celoso y posesivo de mierda.

Notes:

Buenis
Borré todos mis fics viejos porque la verdad wakala el margus, me da cringe pensar en ese ship y mas aun en aword.
Por eso estaba un poco reacia a seguir escribiendo fics, pero hoy me pegó la inspiración y escribí esto, porque adoro escribir personajes celosos y terceros en discordia.
Así que bueno, espero que disfruten <3

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Manuel se sentía extraño. Pero de por sí la situación era extraña, así que tenía que ser normal sentirse extraño, ¿Cierto?

En resumen, había vuelto a ver a Moski.

Y no fue para nada acordado o planeado. Lo cual significaba que el rubio había vuelto a Argentina antes de lo previsto, y sin siquiera avisarle. ¿Quién se creía que era?

Pero el enojo de Manuel quedó totalmente en segundo plano, opacado por los nervios, la emoción y toda la frustración que había estado acumulando en esos meses lejos del rubio.

—Me tengo que ir al baño un toque. —le dijo a Santiago luego de divisar a lo lejos a Moski, a través de toda la gente que se encontraba en el boliche.

Si Baulo le respondió algo, no lo escuchó.

Prácticamente huyó hacia el baño, sintiendo que podía llegar a hiperventilarse. Se aflojó el cuello de la camisa y se enjuagó la cara, maldiciendo en voz alta cuando al alzar la vista se encontró con que se le había corrido el delineador.

—Genial. —refunfuñó, no podía dejar que su primer encuentro con el hombre de su vida (no sabía si amigo o amor, pero si el hombre de su vida) sea en ese estado. Inhaló y exhaló un par de veces para calmarse y realizar un plan de acción.

Ingresó a uno de los cubículos, agradeciendo internamente que había papel, con el que pudo empezar a limpiarse.

Y estando ahí, escuchó la puerta de entrada, y la voz de Lautaro. Casi se le paró el corazón en ese momento.

Entreabrió ligeramente la puerta del cubículo, sintiendo como su corazón retomaba sus latidos, más rápido que nunca.

Moschini se veía mejor que nunca. Su cabello rubio estaba largo, peinado exactamente de la forma que a él le gustaba. Su piel estaba igual de pálida y perfecta que siempre, y el outfit que estaba usando remarcaba tal vez demasiado bien sus glúteos. Tal vez no era lo primero en lo que debió fijarse tras reencontrarse por primera vez tras tanto tiempo con su mejor amigo, pero en su defensa el contrario estaba inclinado sobre el lavamanos, enjuagándose la cara como él momentos atrás, y le dejaba una vista perfecta a esa zona.

Inhaló profundo y se armó de valor. El baño estaba vacío, y era donde más fácil podrían hablar, por la forma en que la música se ahogaba.

Siquiera estaba seguro de que haría primero; ¿Reprocharle todo lo que pasó? ¿Abrazarlo? ¿Decirle cuanto lo extraño? ¿Retarlo por no decirle que iba a volver antes? ¿Tocarle el culo? Definitivamente debía dejar de pensar en el culo de su mejor amigo (por más complicada que fuera la tarea).

Y cuando estaba por salir, alguien más ingresó.

Se contuvo de chasquear la lengua, quedándose en su lugar con la idea de esperar que esta nueva persona vaya a hacer sus cosas y ya ahí sí, hacer su entrada (o más bien salida).

Lo que no esperaba era que el intruso fuera el insulso de Ian Lucas. Y menos aún esperaba que el insulso de Ian Lucas fuera a hablar con su Moski.

Está bien, la presencia del rubio tatuado no era tan inesperada, después de todo era una fiesta de streamers y algunos de los integrantes de MasterChef, luego del éxito que tuvo el programa siendo reaccionado por la Liga de Streamers.

Pero, ¿En serio tenía que ser justo él quien ingresara al baño y fuera a hablar con Moski? Todavía pensaba cada tanto con recelo en el video donde el tatuado mostró que se hablaba con su amigo, y que este incluso le había mandado una foto.

No supo qué hacer ¿Debía quedarse ahí? ¿Debía salir? Sentía que sería en extremo incómodo que saliera en ese momento, más cuando estaba celoso. No podía ser ese su reencuentro con Lautaro.

Además, quería saber de qué hablaban.

Solo tenía curiosidad. Y aunque el dicho decía que la curiosidad mató al gato, Manuel no hizo caso, ya que él no era ningún gato.

Entonces, subió sus pies al inodoro para que pensaran que no había nadie y se quedó en completo silencio, escuchando (y sintiéndose un poco ridículo, pero eso quedaba en segundo plano).

—¿No le fuiste a hablar? —cuestionó el mayor de los tres.

—Lo vi de lejos, pero creo que no me notó… No sé cómo voy a hacer. Se va a enojar. Le debí decir que venía. —replicó, suspirando con pesadez.

“Y claro que me voy a enojar” pensó Manuel, acuclillado sobre el estúpido inodoro.

—Bueno, pero va a ser un ratito nomás, se le va a pasar rápido, vas a ver —le aseguró el contrario—. Pero si estás muy nervioso, puedo ayudarte, como hace unos días en España… —dijo divertido Ian.

Ok, eso no le gustó nada a Manuel. Sonó casi coqueto, cómplice.

¿Y cómo era eso de “hace unos días en España”? ¿Acaso el insulso de Ian Lucas había ido a visitar a SU Moski a España? ¿Por qué? ¿Y cómo mierda lo había ayudado con los nervios?

Demasiadas preguntas, muchos más celos, y pocas respuestas.

Notó movimiento, a lo que entreabrió nuevamente la puerta para poder pispear qué sucedía.

Casi vomitó ante lo que vio. Realmente tuvo arcadas.

¿Quién se creía el INSULSO de Ian Lucas para aprisionar a SU Moski contra el lavamanos y tomarlo de la cintura?

Pero aún más arcadas le dieron al ver como el menor no parecía disgustado, si no avergonzado, e incluso le colocó las manos en el pecho al más alto como quien no quiere la cosa. Pero Manuel conocía a Moski, y se notaba a leguas que sí, que quería.

Ahora sí, podía llegar a hiperventilar.

—Estamos en público, Ian… —reprochó el más bajo, mirando alrededor en busca de otra persona que pudiera llegar a estar viéndolos, a lo que Manuel con cuidado nuevamente cerró la puerta.

—No hay nadie, no te preocupes… —susurró el mayor, pegando al contrario a su cuerpo por el agarre en su cintura. Lamentablemente, Manuel había vuelto a abrir, y tuvo que presenciar cómo Moski se mordió el labio ante aquella acción— Además, tengo que aprovechar, seguro te volves a mudar con él y ya no me das ni bola… —dijo divertido el de tatuajes, mientras empezaba a dejar besos húmedos en el cuello del menor.

—¿Qué decís? Tonto... —se quejó el contrario, suspirando placenteramente mientras sus brazos cedían y rodeaban el cuello foráneo.

¿Manuel? Estaba considerando salir, romper el espejo y cortarse las venas con un pedazo de vidrio en frente de ellos para dejarlos traumados de por vida, y así él podía morirse y ya no tener que presenciar ni escuchar más de esos dos.

—No me van a dejar volver… No después de como me fui. —se lamentó Lautaro, sin apartar ni un poco al contrario.

—Eso crees vos, ya viste los clips de Manuel diciendo que está enamorado, la forma en que no dejan de hablar de vos… —le respondió el más alto a forma de recordatorio, subiendo sus besos por la mandíbula del menor hacia su mejilla, deteniéndose al llegar a sus labios, dejándolos a tan solo centímetros.

Si realmente se besaban, Manuel iba a hacerse autobullying y sumergir la cabeza en el retrete con tal de borrarse la imagen de la cabeza.

—Pero no lo dijo en serio… Y no hablemos de esto, mejor. —negó el rubio, pegándose más al contrario.

Y (de nuevo) Manuel tuvo arcadas al ver como las manos de Ian se deslizaban hacia los perfectos glúteos de SU Moski.

Pero por otro lado, no podía creer que realmente Moschini creyera que no había hablado en serio. Aunque siendo justos, ni el mismo Manuel estaba seguro de lo que sentía si no hasta ese mismo momento. Nunca había tenido sentimientos tan intensos como en esos últimos minutos, y realmente no le gustaba sentirse así, se sentía tóxico, enfermo.

Y vio entonces como acortaban la distancia.

Estaba preparado para salir, para hacer la mayor escena de celos del mundo y confesar todos sus sentimientos, pero alguien más (gracias a Dios porque estaba por quedar en ridículo) ingresó al baño.

Los dos rubios se separaron como si quemaran, y el tenista de MasterChef cuyo nombre no recordaba se los quedó mirando unos largos segundos en silencio.

—Perdón, no quise…

—¡No-no importa! —dijo rápidamente Moski, huyendo del baño con el rostro ardiendo.

—No te preocupes, ya se le va a pasar. —dijo Ian, sonriendo falsamente antes de entrar a un cubículo. El tenista, por otro lado, se fue a los mingitorios. Y Manuel pudo, como una persona normal, sentarse en el retrete.

Contuvo un suspiro lo mejor que pudo, realmente aliviado de que nada llegó a suceder.

Ahora solo quedaba esperar que esos dos se fueran, y salir para buscar al amor de su vida y llevárselo a la casa así sea arrastrándolo del pelo.

—Entonces… —escuchó una voz hablarle cuando ya se preparaba para salir luego de que el tenista saliera del baño. Se quedó totalmente quieto al ver a Ian asomar por la puerta entreabierta y abrirla para verse bien las caras. —No te tenía tan chusma, Manu. —dijo divertido el más alto.

¿O sea que todo el maldito tiempo el rubio oxigenado ese había estado al tanto de su presencia?

Se incorporó sin siquiera pensarlo, pero lo que sea que estuvo por decir, murió atascado en su garganta.

—¿Ahora sí estás celoso de Moski? —preguntó divertido, en clara referencia a cómo había negado sus celos previamente en stream— Haces bien. No pienso devolvértelo tan fácilmente. —completó, guiñándole el ojo antes de salir de los baños.

Y él se quedó ahí, quieto, totalmente perplejo y con las palabras en la boca.

Deseó con todas sus fuerzas haber aceptado pelear con él en la velada del año. Pero ya no podía cambiar aquello.

En cambio, sí podía cambiar lo que Moski pensaba de él.

Estaba decidido, no iba a dejar ir a Lautaro.

No de nuevo.

Notes:

Manuel probablemente echó espuma por la boca después de darse cuenta que mientras Ian se hacía el villano cool, él tenía el delineador todavía corrido.