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Lencería: Casualidad

Summary:

Donde Diluc nota la nueva tienda de lencería en Mondstadt y piensa en Kaeya.

O donde Kaeya es víctima de los pensamientos impulsivos de Diluc, y le deja con el corazón en la mano.

Notes:

El trabajo me quita tiempo, pero amo que me paguen plata.

Ese es el comentario de hoy, ¡Gracias por leer!

Work Text:

Cuando Diluc pasó por la nueva tienda ubicada en los pasillos de Mondstadt, no pudo evitar mirar detenidamente lo mostrado en las vitrinas. 

Telas finas, transparentes y bordadas adornaban a maniquíes delgados y femeninos que llamarían la atención de cualquier caballero sea cual sea su estatus. Y Diluc, aunque reservado y correcto, es un hombre, y es visual. 

Se quedó ahí varios minutos mirando las ropas y dejando a su imaginación volar en ideas fantasiosas, hasta que la voz de una tercera persona - pues la segunda estaba paseando en su mente con esas ropas ligeras- llega a interrumpir.

— Joven Maestro Diluc, ¿paseando por esta zona de la ciudad? 

Kaeya Alberich, Capitán de los caballeros de Favonius, y un total dolor de cabeza para Diluc a cualquier hora del día. Caminó lento hasta pararse a su lado, con esa sonrisa de suficiencia y confianza, podría intimidar a un mentiroso con esa mirada penetrante.

Diluc es inmune a ello, no es un ladrón y lee a Kaeya como un libro abierto.

— Solo es un paseo.

— Pero en esa zona, y frente a un local de este tipo — Kaeya trata de seguir con su máscara, aunque estando a solas no hace falta. Baja los hombros después de unos segundos, sabe que esta no es la forma de abordar a Diluc. —, en serio, no pensé que sería tu tipo de local.

— ¿Por qué no? — Diluc deja de lado cualquier sentido de vergüenza que le dé a Kaeya oportunidad de burlarse. Jamás le dará esa ventaja sobre él. 

— No tienes pinta de…— Pero Kaeya se calla, seguir con esa oración es delatarse que ha pensado en Diluc en un aspecto más íntimo. 

— ¿Qué? ¿Crees que soy un cura o algo así?

— Te vistes como monja. — Corta Kaeya, señala toda la ropa de Diluc, cubierto de pies al cuello, capas sobre capas escondiendo cada pizca de piel incluso de las muñecas, detalles que no pasan desapercibidos a los ojos de Kaeya.

Bendito sean los momentos cuando en la taberna usa el uniforme y puede ver la piel de su cuello.

— Es más cómodo, tu vas mostrando piel por zonas ridículas. — Diluc se defiende, da un paso al frente y su dedo toca directo en la piel morena y fría de Kaeya, claro, la visión cryo, el cuerpo de un usuario cryo suele ser más frío de lo normal, pero Diluc solo sospechaba de esto.

Ahora lo comprueba, la piel de Kaeya es fría, suave, lisa, y hay muy poca tela que cubre la zona del pecho, de lejos no se ve exagerado, pero ahora que está cerca es demasiada piel expuesta.

Diluc podría meter su mano directamente y cubrir la zona con ella.

Tiene que tragar saliva, subir la mirada y -esperaba que Kaeya estuviera enojado- pero está rojo, Kaeya alberich está totalmente rojo, como un tomate, sus labios tiemblan y toda la imagen de confianza desmedida que muestra se derrumba en un segundo.

Ah, espera.

Diluc no solo pensó en meter su mano, en efecto, su mano está metida entre el triángulo abierto de su pecho.

Y cubre perfectamente la abertura. 

La mano de Diluc es caliente, demasiado caliente, ¿Es por la visión Pyro? o por que Kaeya siente que le quema el pecho mientras sus dedos acarician la piel expuesta. O es solo la imaginación de Kaeya. 

Diluc realmente está tocándole el pecho.

— Ah, ¿Interrumpo algo? 

La voz de Lisa llama la atención de ambos hombres, se voltearon lentamente y saliendo de la tienda de lencería bonita es nada más ni nada menos que la bibliotecaria de los caballeros.

Entre sus manos un lindo paquete rosa, en forma de regalo.

Pero a diferencia de ellos, Lisa nunca ha tenido problemas con sus intereses particulares.

Diluc saca su mano del pecho de Kaeya y levanta ambas en señal de inocencia, como un niño regañado, pero no es el único, a su lado Kaeya se pone recto, como si hubiera entrado la maestra al salón de clases.

— ¡No, nada! — Kaeya es el primero en hablar.

— Seguro — Lisa no se lo cree pero lo deja pasar, camina lentamente, rodeando a los dos hombres mientras balancea el paquete que cuelga de su mano. Destaca bastante contra la ropa que lleva hoy, elegante y sensual. — No quiero importunarlos, al menos no hoy, así que, sea lo que sea que estaban haciendo, fingiré que no vi nada.

Una risa suave pero amenazante sale de sus labios, Lisa sigue su camino con seguridad y por el perfume que deja detrás de ella, ambos saben que va a una cita.

— Jean va a tener una noche divertida. — Kaeya vuelve a tomar la palabra.

— ¿Jean? — Diluc lo secunda confundido por dos segundos hasta caer en cuenta de la situación. — Oh, Jean y Lisa, claro.

Kaeya se gira a verlo, y no demora ni medio segundo en comenzar a reír con todas sus fuerzas, carcajada tras carcajada hasta dolerle el estómago. Diluc no sabe qué es tan gracioso pero esta risa llena de energía no le molesta.

A veces extraña escucharla por los pasillos de la mansión.

— Yo no pongo atención a la vida ajena como tú — Le reclama, cruzándose de brazos, cuando por fin Kaeya se calla.

La verdad es que Diluc poco le importa la vida amorosa en general, más allá de cosas que Jean le ha comentado, y chismes que escucha en la taberna, su mente se ocupa de cosas mucho más importantes como su viñedo, la seguridad de la ciudad o cierta persona que se niega a nombrar.

Maldito seas Kaeya Alberich, en este momento no se da cuenta, pero las mejillas de Diluc están sonrojadas y su corazón late con fuerza.

— ¡No soy chismoso! es que ellas son muy obvias — Se defiende Kaeya, secándose las lágrimas. — Deberías ver un poco más allá de tu viñedo y taberna, Maestro Diluc.

Pero Diluc no tiene tanto interés en esas cosas, no al nivel de lo que nota en Kaeya, el extraño impulso al que cedió antes parece haber pasado a segundo plano. Eso es un alivio, no sabe cómo explicar por qué metió su mano en el pecho de Kaeya,

Y tampoco se arrepiente.

— De todas formas, no importa, me toca trabajar en la taberna hoy. — Diluc acomoda su guante, mira de reojo a Kaeya esperando una respuesta.

El silencio no dura lo suficiente para ser incómodo, pero sí para que Diluc note como Kaeya parece caer en cuenta que espera una respuesta de su parte, solo con la mirada le pide que vaya.

¿No? O acaba de imaginarlo.

Kaeya quiere pensar que es eso.

— Iré en la noche — Responde atropellado, con la guardia baja.

¿Diluc estaba esperando eso, verdad?

— Mm.

Y esa es la última palabra de parte de Diluc para alejarse de la entrada de la tienda de lencería, dejando a Kaeya con el corazón en la mano. Apenas creyendo que Diluc no se marchó hasta escuchar que iba a ir esta noche, Kaeya siempre va cuando a Diluc le toca trabajar en la taberna, Diluc lo sabe, se ha quejado de ello, y aun así, le espera una noche más.

Kaeya se queda en frente a la tienda varios minutos, dejando que este momento caliente su pecho y le haga sonreír.

Sin imaginar que Diluc estaba en otro nivel con los propios, su mente se quedó con la sensación de la piel de Kaeya, ese calor nuevo al tacto, su respiración y, sin sentirse culpable, Diluc fantaseo la tarde con Kaeya y un lindo vestido de la tienda de lencería. 

Va a pasar una buena noche gracias a ese escaparate.