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Amando a lo desconocido.

Summary:

Fandom: MECHOA, SCAIMAR, CARLES PUYOL X RAFAEL MÁRQUEZ

Carles Puyol, el primero en la línea de sucesión al trono de Eldoria sentía que las paredes del palacio se cerraban sobre de él. Los salones de mármol, las galas interminables y la danza de la diplomacia le resultaban sofocantes; necesitaba respirar, ser un solo hombre y no un título.

Y jamás imaginó que cruzar al bosque prohibido cambiaría su vida, por completo e inclusive transformaría al mundo entero.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

El cantar del destino

Carles Puyol, el primero en la línea de sucesión al trono de Eldoria sentía que las paredes del palacio se cerraban sobre de él. Los salones de mármol, las galas interminables y la danza de la diplomacia le resultaban sofocantes; estaba cansado de aquellas propuestas de matrimonio que los actuales reyes le querían imponer. Necesitaba aire, tierra bajo sus pies y un lugar donde su naturaleza no estuviera constantemente empaquetaba y exhibida. Solamente quería huir de la sofocante vida extravagante: banquetes eternos, consejeros codiciosos, las sonrisas ocultaban veneno.

Necesitaba respirar, ser un solo hombre y no un título.

Carles era un alfa puro, por derecho de nacimiento y temperamento, un torbellino de energía y autoridad que el rígido protocolo real apenas podía contener. Una mañana, sin decirle nada a nadie más que a un sirviente de confianza... el joven príncipe se despojó de sus ropas de seda y vistió un atuendo de viaje resistente.

Dejó una nota vaga: "No busquen al príncipe. Mejor encuentren al hombre que soy."

La vida entre la etiqueta y los decretos lo habían agotado.

Dejaba el reino en un caos ante su desaparición y caminó hasta el bosque prohibido, famoso por su densa y salvaje belleza. Tan llenos de secretos y de criaturas que desconocía — Historias para niños — murmuró al recordar aquellas historias que su nana le contaba de pequeño, hadas, duendes, elfos y... Hombres lobos, vampiros o científicos que buscaban traer a la vida seres que ellos mismo creaban bajo las luces de los relámpagos.

La lluvia empezó a caer con tanta fuerza que lo obligó a esconderse en una cabaña olvidada entre los pinos y el aire olía a tierra húmeda junto con la libertad. Al principio, la vida en aquel recinto fue dura y la realeza no había preparado a Puyol para encender un fuego bajo la lluvia o cazar algo más grande que un conejo. Pero su casta se manifestó: era obstinado, rápido en el aprendizaje y no se daba por vencido. En el bosque, sin el peso de la corona, sentía una libertad embriagadora. Hasta que una noche en que la lluvia caía sin descaso, escuchó unos aullidos — ¿Un lobo? — murmuró algo emocionado, siempre había querido ver uno de cerca y dejo algo de carne cruda junto a un tronco.

Un fuerte rayo resonó provocando que corriera de regreso a la cabaña y esa noche no logró ver al lobo. Varias noches sin suerte de escuchar al animal rondar cerca, así que ese día sin importarle la oscuridad, pero sintiéndose observado camino hasta el lago para darse un baño y escuchó unas risas que fue siguiendo hasta encontrar al animal que tanto había deseado ver y su corazón se detuvo por completo.

"Eso...no es un lobo" pensó con miedo al sentir la mirada dorada de aquel humanoide cubierto de pelaje totalmente oscuro, brillando bajo el agua como si la luna la reclamara para sí. Carles lo vio transformarse, apenas en un instante — mierda... — exclamó al entender que tenía frente de sí, a un hombre lobo.

El extraño se tensó al percibirlo, los colmillos aún asomando entre sus labios — ¿Quién eres? — gruñó, protegiendo con su cuerpo la pequeña figura que se escondía detrás de él.

Puyol estaba a punto de desvainar su espada hasta que notó a un pequeño elfo mirarlo con curiosidad en lugar de miedo — Solo quería nadar en el lago... — respondió algo apenado y prefirió dejar caer su arma como señal de paz — Soy Carles Puyol... — el rizado no sabía como explicar los latidos de su corazón, latiendo con fuerza.

— Príncipe de Eldoria... se quién eres — interrumpió aquel extraño sin apartar la mirada — Soy Rafael... —

Rafael lo observó un largo momento, sus sentidos de omega percibiendo la pureza de alfa frente a él. Era imposible no reconocer ese aroma dominante, esa presencia que podía someter incluso al viento... pero en Carles olía algo distinto: ternura contenida, culpa en cada palabra, amabilidad y fiereza.

Y esa noche, fue el inicio.

Durante los días siguientes, Rafael ayudó a cortar la leña, cazar y Carles sorprendido de sí mismo cuidaba al pequeño elfo que siempre lo seguía a todas partes. El joven reía y en cada sonrisa, algo en el pecho de Carles se ablandaba. Rafael le enseñaba los secretos del bosque, como escucharlo y respetarlo: qué bayas eran comestibles, como seguir el rastro de un ciervo, la mejor madera para una hoguera e inclusive Carles se convirtió en el primer humano en ver algunas hadas volar sobre el lago.

— Esas historias que me contaban de niño... son reales — exclamó con incredulidad y empezó a reír al notar como el elfo perseguía a un pequeño duende, ambos jugando sin miedo de ser juzgados.

— Pero tu gente nos persigue... tu religión ha masacrado a muchos y hemos tenido de que vivir fingiendo ser humanos o escondidos. Los vampiros bueno, ellos han decidido masacrar a todos los humanos por igual. — confesó el hombre lobo sin apartar la mirada de su amigo hasta que un elfo de cabellos rubios llegó en busca de su retoño y al reconocer a Rafael, le agradeció por haberlo cuidado.

Carles abrió los ojos ante la sorpresa de esas palabras y contuvo la respiración por unos segundos ¿en verdad su padres... estaba cazándolos? — No entiendo por qué un alfa como tú vive entre los árboles — sus ojos oscuros brillaban, color cuando estaba en su humanidad y desvió su mirada hacia al príncipe — no perteneces a este mundo —

Carles sonrió con melancolía — He llegado a pensar que no pertenezco en mi mundo... no soy libre, pero estoy temeroso de enterarme de aquella caza y guerra. —

La tensión entre ellos creció, un magnetismo innegable. Carles no sabía como describir aquella admiración por la calma y sabiduría de Rafael, por la forma en que sus ojos lo miraban sin reverencia y en una ocasión, bajo un árbol, el olor del hombre lobo se hizo más fuerte, dulce y terroso a la vez; Carles había sido entrenado desde niño para distinguir el olor de la jerarquía, se dio cuenta y tuvo miedo: Rafael era un omega masculino.

En la corte de Eldoria, los omegas masculinos eran relegados a roles domésticos como jardineros, panaderos o religiosos, su existencia apenas reconocida por encima de la de un sirviente junto con la de un alfa femenino; considerados como un error de la naturaleza, de Dios. No era bien visto que un alfa como Carles sintiera respeto, cariño y una atracción tan poderosa por uno, era simplemente, inaceptable. Ver a Rafael, la imagen de una familia desató un torrente de emociones que el príncipe no había experimentado jamás; un profundo instinto de protección, pertenencia... de futuro.

Durante semanas vivieron así, como una pareja secreta y Rafael sonreía, por primera vez sin miedo. Hasta que bajo la luz de la luna roja Rafael se entregó a Carles como un acto de amor y el rizado juró que jamás sentiría nuevamente este amor tan especial.

Pero la realidad nunca tarda en reclamar lo que es suyo.

Algunos meses habían transcurrido y Carles se enteró que en el palacio ya lo buscaban y sabía perfectamente que no podía amar a un omega masculino. Había escapado de la corte buscando la libertad, pero sabía que vivir con Rafael significaba una vida de miedo, un exilio perpetuo, de traicionar todo lo que era y su instintos alfa le gritaba que lo reclamara como suyo y lo protegiera pero su herencia, su título, aquel matrimonio arreglado con la princesa de otro reino, el peso de la corona le susurraba al oído: cobarde, traición, deshonor.

Cuando la noticia de que los guardias se acercaban al bosque llegó a sus oídos, tomó una decisión; no le tenía miedo a Rafael, sino que al decidir quedarse con él... los guardias lo encontraran y masacraran lo que consideran antinatural. Esa noche mientras Rafael dormía, Carles recogió sus pocas pertenencias hasta que sintió que alguien se asomaba por la ventana.

— Luis ¿lo trajiste? — preguntó Carles en su suave susurró y aquel hombre de cabellos grises, fiel sirviente del príncipe le entregó su pedido; fue testigo de como Carles soltaba varias lágrimas silenciosas, dejó la pequeña bolsa de oro sobre la mesa.

Una simple nota: "Te quiero... no confíes en los humanos nunca más."

Se inclinó para besar la frente de Rafael y con el corazón latiéndole como un tambor de guerra, se alejó de la cabaña; no miró hacia atrás, incluso cuando al llegar a la entrada del reino escuchó un aullido melancólico de un lobo, sabía que era Rafael.

Carles había decidido correr

Había decidido huir de propia felicidad, del omega que le había enseñado ser libre.

Regresó a la vida de terciopelo y restricciones, por miedo a ser juzgado y de que su padre cazara a Rafael, por su secreto.

El Príncipe Carles regresó al palacio, más pálido y silencioso que antes. Se puso su casaca de terciopelo mientras terminaba de aceptar su destino. Pero a veces, en las noches de luna llena, el aroma de pino, tierra y un Omega silvestre, dulce y fuerte se colaba por las ventanas de su cámara, recordándole la vida que había decidido abandonar por temor al amor verdadero.

Sin saber que varias noches después, Rafael se enteraría de que tendría un cachorro.

Nota autora: estaba escuchando a Rata Blanca junto con mago de Oz y me inspiré jajaja