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Era invierno, madrugada, 5:30 am para ser precisos. Enora ya se veía completamente despierta, muy en contra de su voluntad, habían vuelto a intentar dormir todos juntos y Guillermo había tenido pesadillas, se mueve mucho e incluso habla o llora en los peores casos, Enora es de sueño ligero y todo ese movimiento la despertaba, no podía volver a dormir en toda la noche, algunas veces deseaba poder dormir en su propia cama. Por lo menos no era una de esas noches, Dónde su amado despertaba gritando, mojado del sudor y asustado como si hubiera visto su peor miedo, si, por lo menos esta noche no fue una de esas. Vanesa era todo lo contrario, dormía tan profundo que cualquier no médico pensaría que es un coma, ella nunca se entera de las pesadillas, quizás es algo que puede mantener para Enora y Guille. No siempre tiene que compartir.
Guillermo no sabe nada de sus padres, o no quiere recordar nada sobre su infancia y adolescencia, poco a poco se ha abierto a nosotras. Tan pronto como pudo se unió al ejército, no quiere hablar mucho de eso tampoco, es tan cerrado como puede y eso pasa factura tarde o temprano. Vanesa le ha insistido en muchas ocasiones que el debería atender a terapia, que si ajustamos un poco el cinturón se puede, pero el siempre responde evasivo o, incluso, se indigna cuando se le menciona.
-"¿Que haces acá?, hace mucho frío para que estés afuera. Dale, vení a adentro bichi"
Enora casi salta del susto, pero logro identificar ese tono, aparentemente Vanesa se había despertado temprano hoy, eso era poco común. Apagó la colilla contra el cemento, se bajó de la baranda y camino lentamente hacía su esposa. Ni ella ni Vanesa dijeron nada, ya se habían acostumbrado al silencio de la otra. Trabajaron casi en piloto automático, Vanesa se hizo un té mientras vigilaba que las tostadas no se quemaran, a Guillermo le gustaban sus tostadas quemadas pero ambas lo encontraban asqueroso, Enora ya iba por su cuarto termo de maté. No le pasó un par a Vanesa porque la conocía como la palma de su mano y sabía que más tarde está se iba a quejar por acidez en caso de darle un par. Vanesa tenía cero capacidad de decir que no a estos momentos tranquilos, domésticos. Para Enora unas tostadas con manteca, y para Vanesa tostada con mermelada, hablaban de cosas tranquilas con preguntas tontas y simples pero rutinarias a este punto de la relación.
Se escuchó el ruido de la puerta, más que de la puerta es de las bisagras chillando por la falta de aceite, y ahí estaba él, parado rascándose los ojos como si fuera un niño, un niño de dos metros con una carrera militar extensa.
-"¿Que están comiendo?¿Que hora es?¿Porqué no están trabajando?"
pregunto la voz, ronca y adormilada, a Enora un poco le molestaba que lo primero que siempre hacia al despertar era hacer preguntas y mirar a todos mal.
-"Ah, buenos días, ¿Cómo despertaste? Yo bien, gracias por preguntar eh."
Enora no pudo evitar responder de forma sarcástica, lo único que respondió el contrario fue un gruñido y recibió una pequeña risa de Vanesa, tan acostumbrada a esto. Cuando el susodicho volvió del baño, con la cara goteando, lo primero que hizo fue poner a hacer café y no hablar con nadie, así fueron los primeros 20 minutos hasta que de la nada sale
-"¿Me hicieron tostadas?, no mientan puedo ver las miguitas en la mesa"
-"Si gordito, te dejamos las tostadas en ese plato"
Dijo Vanesa mientras apuntaba a un plato con otro arriba haciendo de tapa. Mientras Guillermo buscaba las tan ansiadas tostadas, Enora dio un sorbido al mate, hoy no estaba para hablar así con el, entre que se levanta enojado con el planeta y ella que estaba fastidiada por levantarse temprano uno de los pocos días que no tenía que laburar. Enora nunca tenía ganas de pelear y hoy menos.
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Enora pov
Guille se sentó a mí lado y pasamos la mañana así, con la tele de fondo y mates. Afuera la tormenta comenzó, así que, a falta de actividades que hacer o ganas de realmente hacerlas, nos quedamos en el piso de Vane a vaguear, bah, "pasar tiempo de calidad" le llamo ella.
La tarde paso igual de relajada, a Guillermo le dio por tocarse unos temas mientras Vane se hacía la merienda para todos y ,como no, yo me quedé en la cama a revisar cosas del trabajo. Guille decidió que era el mejor momento para lanzarse contra mí a base de besos y preguntas que realmente no le importaba la respuesta. Vane se sumó también al ataque. Obviamente, como el consentido que es Guille, como el lo propuso, merendamos en la cama. A veces cuando me deprimo pensando que pude hacer las cosas mejor, los miro y me doy cuenta de lo hermoso que fue que ellos lleguen a mí vida.
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Así se les pasó la tarde, entre risas, mimos y miguitas en la cama,más tarde se arrepentiría de siquiera haber pensado en comer allí. Si los veias desde afuera no sabrías distinguir dónde empezaba y terminaba cada uno.
Terminaron por dormir así, amontonados, no hubo pesadillas solo durmieron en paz hasta la siguiente mañana. Todos al despertar solo desearon más días y noches como la anterior.
