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Una de las razones por las que Josh trabajaba en una tienda de discotecas era sencillamente porque amaba la música.
No era un simple gusto banal como la mayoría de las personas. Amabase sumergirse en las melodías, las voces, el instrumental… todo. Amaba como una sencilla canción que puede alegrar tu día. La simple idea de que una canción contaba una historia distinta era algo tan interesante, tan bello y hasta poético, la música desde hace años unía a las personas, incluso desde antes de que sus tatarabuelos ni siquiera nacieran. No solo era la música, era lo que universalmente te hacía sentir.
Adoraba ver la emoción de unos al encontrar un álbum nuevo de algún artista que les gustase, ver a alguien demostrarle su amor a su pareja, amigo o hermano comprándole algún disco de su banda favorita… incluso ver clientes frecuentes que siempre compraban discos de estilos musicales muy diferentes, tal como el chico de cabello castaño que estaba frente a él.
— Tyler the Creator — Respondió Josh ante la pregunta del chico frente a él, quien solo lo miró con cierto interés. El chico se agachó un poco para buscar dicho disco bajo el mostrador hasta que finalmente lo encontró, mostrándolo al cliente.
Abejas, girasoles, nubes… y un hombre parado en medio del campo era lo que se podía apreciar en la portada del álbum, sin ninguna tipografía estorbando el paisaje ni opacando al artista el cuál era el centro de atención de la ilustración.
— Es un álbum nuevo que acaba de entrar en stock. Por los álbumes que te has llevado en el pasado puedo decir con seguridad que esté álbum te encantador — Mencionó con una sonrisa acogedora que tendía a mostrarle a los clientes que eran combinados amables o que le trataban con decencia y sentido común.
— Tyler… Claro, ese nombre solo lo portan personas talentosas — Sonrió el chico castaño con cierta sorna, mirando nuevamente al pelinegro — Como cliente frecuente de esta tienda creo que es momento de presentarme. Me llamo Tyler, aunque mis amigos me dicen Tyler.
La pequeña carcajada de Josh resonó en el ambiente agradable que tenía el chico con el castaño. Sentía que Tyler era una persona interesante, y claramente, no iba a desaprovechar la oportunidad para poderle conocer más.
— En ese caso, me llamo Josh pero mis amigos me llaman Josh — Se presentó, esta vez con la misma sonrisa dulce y servicial de siempre — Estaré encantado de recomendarte más álbumes y artistas en el futuro — Mencionó el chico — ¿Piensas llevarte el álbum o prefieres comprar en otra ocasión? —
— Lo compro ahora, no hay experiencia mejor que escuchar un álbum en el estéreo que en Spotify — Respondió el chico de pelo corto con una sonrisa — Aparte, pareces ser el tipo de persona que tiene buenos gustos, digo, tu cabello es increíble — Mencionó.
Josh simplemente se encogió de hombros sintiéndose halagado por aquel comentario. Escaneó el código de barras del álbum y se fijó por unos momentos en la pantalla de su computadora, tecleó algunas cosas y finalmente, le entregó el álbum al castaño.
— Serían quince con setenta — Y Tyler pago sin más — Disfrúalo mucho, ya sabes, regresa pronto — Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al notar como Tyler asentía en reconocimiento, devolviéndole su cálida sonrisa.
[...]
Fue una idea loca, una acción que no fue pensada dos veces, sin embargo, no había marchado atrás.
A pesar de la ansiedad que tendía a sufrir normalmente era alguien tranquilo, aunque claro, no entraba en confianza con cualquiera ni mucho menos tomaba decisiones drásticas sin pensarlo dos o tres veces, sin embargo, Tyler logró que Josh saliera de su zona de confort y que fuera alguien lo suficientemente atrevido como para que hiciera lo que hizo.
No sabía la razón, pero pensaba que la facilidad de hablar con el castaño se debía a las veces en las que Tyler se pasaba por la tienda, tal vez era el pequeño intercambio de palabras que compartían como mínimo cuatro veces por mes, tal vez ansiaba conocer a ese chico a como de lugar.
Sin embargo, ya no importaba, su número de teléfono estaba escrito en la parte trasera del billete. Podrían pasar tres cosas;
Tyler tira el papel sin fijarse en el número, sin la posibilidad de hablarse sin pena ni gloria.
Tyler puede ver el número, no interesarle e igual tirar el ticket.
O una que Josh esperaba que pasara; Que el chico note su número y le escriba.
Sus nervios estaban a flor de piel una vez llegó a su habitación y se recostó en la comodidad de su cama. No tenía saldo en su celular por lo que apenas podía fijarse si el chico le escribió o no, tenía su teléfono aferrado en su pecho sin querer prenderlo pero con sus ansias carcomiendole por dentro, se sintió como una chica de secundaria enamorada después de confesarse a su enamorada.
Hacer amigos siempre fue un reto para Josh, claro, era una persona amigable y amable en el trabajo, siempre sabía que decir, pero una cosa era el trabajo y otra completamente diferente era su vida fuera de el mismo, incluso sus familiares que llegaban a visitarlo al trabajo se sorprendían por lo diferente que actuaba Josh al hablar con los clientes a como hablaba o se comportaba él en casa o cerca de ellos.
Estuvo en esa posición durante unos minutos mientras intentaba calmar su respiración, respirando con lentitud y cada vez más lento, inhalando y exhalando; Ejercicios de respiración simples pero que le han ayudado en algunos momentos difíciles.
Su teléfono vibró una vez que logró tranquilizarse, sabía que había dos opciones; alguno de sus hermanos o sus padres pidiéndole algún favor o Tyler escribiéndole un mensaje. Nuevamente soltó un largo suspiro antes de encender su teléfono, notando la única notificación que tenía;
Número desconocido: Hola
Número desconocido: Ví el número detrás del ticket, jaja, no se que más decir, pero escuché el álbum y me encantó.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Josh sin saber que ese sería el inicio de una gran historia.
[...]
Los días pasaban, ahora Tyler no solo era el cliente que frecuentaba la tienda de discotecas local del pequeño pueblo en el que vivía, ahora era un gran compañero también. En un inicio las cosas eran incómodas, conversaciones sin estructura y torpes, sus personalidades chocaron una y otra vez que era hasta frustrante, hasta que finalmente, ambos encontraron un equilibrio entre el sarcasmo cínico de Tyler y la amable sinceridad de Josh.
Su amistad se reforzaba cada vez más con cada mensaje, salida o llamada que hacían, eran cada vez más cercanas a un punto en el que se volvieron inseparables.
Garden Shed se escuchaba desde el altavoz del teléfono de Josh mientras que Tyler miraba al frente. Había sido un día agotador, particularmente ese día hubo bastante gente en la tienda y Tyler había tenido una larga sesión de prácticas para canasta, sin embargo, ambos acordaron verso ese día en el atardecer, simplemente para hablar y pasarse un rato juntos.
— ¿Sabes tocar algún instrumento, Jishwa? — La pregunta salió como si nada, el chico simplemente miro al castaño un poco confundido, sin embargo, respondió.
— Practico la batería desde hace cuatro años, es una historia graciosa — Respondió, soltando una pequeña risita nasal, llamando la atención de Tyler.
— Soy todo oídos — Soltó el chico, mirando a su amigo con completo interés.
Joshua no esperaba esa respuesta, bueno, en realidad no esperaba absolutamente nada, Tyler era una persona que es impredecible, nunca sabes que va a decir o cómo va a reaccionar, eso es algo que al tratar le encantaba, era una caja de sorpresas.
— Bueno… — Carraspeó un poco su garganta al sentir la misma un poco seca — Mis padres me hicieron… firmar un contrato — Mencionó con una pequeña risita — A ellos no les gustaba mucho el tipo de música que yo escuchaba, ya que bueno, son cristianos. No sé sinceramente cómo logré convencerlos de que me compraran una batería, pero como dije, me hicieron firmar un contrato que decía que no iba a tocar cuando ellos no quisieran, debía mantener calificaciones mejores que el promedio y si ellos lo veían pertinente, yo les tendría que pagar por la batería — Sonrió mirando el cielo estrellado, sintiendo cierta nostalgia ante aquellos recuerdos — Es gracioso ahora, pero en su tiempo fue un martirio. —
Tyler simplemente miraba atento a su amigo con cierta sorpresa, riendo poco después de esto.
— Ni lo imagino… debía ser un infierno —
— Y lo fue — Interrumpió Josh, sin borrar su tranquila sonrisa de su rostro, parecía pacífico, inmutable — Siempre entendió que a pesar de lo estrictos que pueden ser mis padres tienen mucho amor por darme. Son de creencias un poco anticuadas, obvio vamos a chocar en muchas ideas, pero no por eso les quiero menos. — Mencionó, soltando después de un suspiro.
Ambos simplemente quedaron en silencio por unos momentos, no era un silencio incómodo, era agradable, simplemente ellos dos y el cielo que poco a poco se volvía más y más oscuro. Era agradable.
— Entiendo lo que dices… mis padres también son estrictos, pero se que me quieren. Buscan protegernos aunque eso a veces significa vivir encerrados. Una mentalidad que poco a poco están erradicando. — Finalmente habló Tyler, escuchando un pequeño tarareo de aceptación por parte de Josh.
Ambos sabían lo difícil que era llevarse bien al principio, eran muy diferentes en cuestión de sus personalidades, chocaban mucho, sin embargo… eran platicas como estas que les hacía darse cuenta de que su relación era un vínculo especial, una relación que no era una simple amistad, era algo más que eso.
No solo era uno de ellos hablando mientras el otro simplemente respondía para que siguiera, era un vínculo especial, no eran conversaciones banales o simples chismes, eran platicas que eran profundas, charlas que te hacían reflexionar, platicas que aportaban mucho, tanto a su vínculo como a sí mismos.
Era lo que más amaba de simplemente sentarse en algún lugar al azar y hablar con Tyler, no sabían si iban a contar algo gracioso, a hablar de sus traumas y complejos o simplemente tener una conversación profunda, le encantaba sentir que finalmente tenía un mejor amigo, alguien que lo escuchaba y hablaba, un apoyo y alguien con quién compartir todo.
La mirada de ambos se posó entre sí, mirándose a los ojos fijamente. Un brillo inusual apareció, sintiendo sus corazones latir al compás en completa sincronía. Inconscientemente, como si fueran un par de imanes, se acercaron poco a poco hasta que sus labios chocaron, en un pequeño y dulce beso.
No había una razón, fue meramente puro impulso. Sus mentes y sus pechos se llenaron de sentimientos que no pudieron comprender por la inexperiencia. Era todo confuso.
Tal vez, creyendo que era un vínculo menos especial del que ambos comenzaban a creer.
