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Billy

Summary:

hola !! he escrito esto hace unos meses y lo he publicado en Ao3 para una amiga (ily Moni 🥹)
literal solo hay 1 fanfic de bad religion, escucharles son una banda maravillosa 🙏🙏
nada más que decir, disfrutad...

Notes:

--- TW: trastornos de personalidad, depresión, autolesiones, drogas.

Un poco de contexto: Billy Gnosis/Billy Pilgrim es un personaje que usaba Brett Gurewitz para hablar de sus adicciones. Hay canciones que hablan de eso (véase "Billy Gnosis - Bad Religion, Billy - Bad Religion, You Don't Belong - Bad Religion, The Seeing Eye Gods - Brett Gurewitz (& Billy Pilgrim)"). En el álbum, mencionado el último, dice que los créditos de arte son de Billy Pilgrim. La única persona que había trabajado en ese álbum fue Brett. Un par de años después, en el álbum No Control de Bad Religion, hay una canción que habla de Billy, un tipo que arruinó su vida y su mente por su adicción y dependencia a la cocaína. Brett en esa época había (supuestamente) dejado las drogas. En 1994, unos 5 años después, Brett volvió a recaer fuertemente en las drogas. Hubo mucho lío judicial y al final terminó 6 meses preso. Por suerte, nunca más volvió a probar ni un poco y está totalmente limpio desde el 21 de diciembre de 1998. Aún así, Billy es mencionado. En You Don't Belong, se le menciona en una línea que dice que Billy había ido a la cárcel por posesión de narcóticos de clase 1, la misma razón por la que ha ido Brett. No hay mucha información sobre Billy, y por lo que sé, no ha sido mencionado otra vez. Pero me parece un personaje muy interesante. Brett tiene mucho que contar, en este one-shot pongo escenas que mayoritariamente NO SON REALES, no quiero que nadie se lo tome en serio, mucho menos quiero desinformar o crear rumores. Brett ya ha superado todo esto y a día de hoy, Billy solo es cosa del pasado. Este one-shot es entretenimiento y ficción, absolutamente. Portada dibujada por mí.

Work Text:

El humo salía de mi garganta, mientras los nervios aumentaban. El tabaco no era suficiente. Mi vida, mi perfecta vida, no iba como quería. No tenía el control como quería. No tenía lo que creía llegar a tener. ¿La persona que más me importa? Ni siquiera está en el país. Y no sé si volveremos a vernos. Todo se siente distante, irreal. Eran casi las dos de la madrugada, no debía trabajar ahora. Comencé a sentir un cosquilleo en el cuerpo que me empujaba a salir. Una corazanada. Mi intuición. Me puse los zapatos, un abrigo, un bolso y cogí otro paquete de cigarrillos.

Caminé y caminé, sin destino ni propósito, entonces no me decepcionaría volver a casa con el mismo sentimiento. Este insomnio me estaba matando lentamente. Me senté en un banco, seguí fumando, sin miedo a que llegase alguien y me pegase un tiro en la cabeza. Tal vez eso necesitaba. Tal vez no tengo remedio. Veo cómo se acerca un señor, también con un cigarrillo, y se sienta al otro extremo del banco. El señor parece amigable, pero su cara denotaba cansancio.

-¿Qué hay? -saludó el extraño.
-Buenas -contesté, evitando el contacto visual.
-Es mi primera vez aquí. ¿Te gustaría ir a tomar algo conmigo? No conozco a nadie.
-Disculpe. Creo que ya es demasiado tarde. Tal vez otro día, señor... -me quedé esperando a oír su nombre.
-Pilgrim. Billy Pilgrim -extiende su mano, mientras observo el humo saliendo de su boca.
-Un gusto, Pilgrim.
-Llámame Billy, no tienes que ser tan educado.

Billy se levanta, tira su colilla y la aplasta, en lo que va sacando otra. La prende con su mechero y se gira para mirarme. Me extiende su mano de nuevo, para levantarme.

-Insisto. Vayamos a un bar.
-Perdón... No quiero.
-Bueno, ¿y a su casa? ¿Le parece?
-Sería peligroso meter a un desconocido -cojo mi bolso y me lo coloco en el hombro.
-Usted es un desconocido también. Ambos corremos peligro.
-Tienes razón. Y por eso debería irme.

Pasé de largo y me encaminé hacia mi casa. Quería descansar, pero no tenía sueño. Estuve pensando en Billy. Me parecía extrañamente familiar, y a su vez no quería saber nada de él. Era alguien curioso. Fumaba otro cigarrillo, y cuando se terminó, iba a sacar otro, pero no quedaban. ¿Ya se habían terminado todos? Perdí la noción del tiempo.

-¿Qué mierda...?

Cuando llegué a mi casa, Billy estaba en el porche.

-Hola -estaba posado sobre mi puerta-. Creo que he ido rápido contigo.
-Por Dios, ¿puede irse? ¿O llamo a la policía?
-No vas a llamar a nadie -dijo, y posó un dedo sobre mi boca-. Hablemos. Nos llevaremos bien.

Aparté su dedo, angustiado. Ese loco no me iba a dejar en paz, y sabía dónde vivía. ¿Desde cuándo mi vida es así? ¿Por qué me suceden estas cosas?

-Vale. Hablemos.

Tomé esa horrible decisión. Billy se apartó de la puerta, la abrí con mis llaves y dejé que pasara. Entré tras él y cerré con llave. Billy parecía familiarizado con mi casa. Me quedé mirándole, mientras él se sentaba en una silla. Me senté en un sofá, a su lado, preguntándome por qué le había hecho entrar a casa.

-¿De qué quieres hablar? -pregunté.
-De ti.
-No creo que haya mucha información relevante de mí.
-No necesito que sea relevante. Quiero hablar de ti.
-Es usted un rarito... Y no sé qué hace en mi casa -me levanto y voy hacia él.
-Eh, eh, tranquilo. No te haré daño -se levanta. Billy era un poco más alto que yo.
-¿Qué coño buscas? Por favor, si no vas a decirme nada útil, mejor vete.
-Te necesito. Necesito quedarme aquí -dice, mientras vuelve a sentarse-. No tengo hogar. Confío en ti.
-¿Por qué en mí? Ni siquiera tengo dinero para comer ¿y crees que podremos vivir los dos? Ni siquiera te conozco.
-Deja de decir eso.
-¿¡El qué!?
-Sí me conoces.

Abro los ojos y siento un fuerte dolor de cabeza. Era un sueño. Era solo un sueño. Agarré el reloj. Eran las siete de la mañana. Me pregunté cuándo me había dormido, probablemente viendo la tele. Me sentí extrañamente observado. Escuché unos pasos.

-¿Suzy? -pregunté esperando respuestas.
-¡Billy! -apareció de nuevo.
-¿Qué?... -Billy apareció de nuevo- ¿Qué... Qué haces tú aquí? -Billy apareció de nuevo.
-Oye, eso ha sonado feo. Mira, anoche te encontré en un banco, te invité a un bar y después de muchas copas te desmayaste. Vi en tu cartera tu dirección y te traje aquí. Me daba miedo que te pasara algo, entonces me quedé contigo.
-No -me reí-. No, no no no, eso no ha pasado.
-¿Qué?
-B-Billy... Yo no...
-¿No... No lo recuerdas? -se veía preocupado.
-Uhm... Acabo de tener un sueño muy extraño. Siento que hayas tenido que traerme, habrá sido una molestia.
-No realmente -sonríe-, llevo mucho tiempo sin tener un amigo.
-Yo... Bueno, tengo amigos. Mi mejor amigo es bastante especial para mí, pero... Me da miedo perderle.
-¿Por qué ibas a perderle?
-Está fuera del país, investigando y... Y yo me alegro por él, pero ya no hablamos, y, y eso me pone muy mal, porque yo le extraño y seguramente ni siquiera piense en mí...

Billy se vio preocupado, alzó su mano hacia mi hombro para acariciarme. Me sentí un estúpido contando esas cosas. Billy empezó a consolarme, a explicarme que tal vez debería hablar con él. Yo temía molestarle. Pero, para ser sincero, Billy Pilgrim me cayó bastante simpático. Me contó cosas también, experiencias. Lo sentí como si compartiera vida con él. Como si nos conociéramos de toda la vida.

Billy me contó que no tenía lugar donde vivir, entonces le ofrecí quedarse. No perdía nada. Ambos éramos dos hombres solos. Ambos necesitábamos a alguien que nos cuidara. Me puse a trabajar en la producción musical, pero realmente no tenía mucho que hacer. Últimamente Epitaph me estaba yendo mal. Pensé en hacer mi propio álbum. Creo que saldrá bien. Billy es algo tímido en casa, pero se notaba que estaba cómodo. De vez en cuando le preguntaba si tenía hambre, pero él quería esperarme para comer juntos.

Después de muchas horas seguidas trabajando, me di un descanso. Fui a comer algo ligero, mientras Billy me acompañaba con su cigarrillo. Comimos y hablamos, le conté en qué andaba trabajando y él me contó sus aficiones. Me dijo que le gustaba ver el mundo de forma optimista y colorido, aunque fuera un solitario.

-¿Te gustaría drogarte? -me preguntó de pronto.
-No sé si sería buena idea.
-Vamos, ¿qué punk que conozcas no se ha drogado en su vida?

«Él», pensé.

-Bueno... La verdad es que me relajaría un poco, supongo.
-Venga, toma -saca una bolsa de cocaína-. ¿Sabes hacerlo?
-No.

Billy va a por una cuchara, un mechero y una aguja. Pone algo de heroína en la cuchara, la derrite y con la aguja, me pincha el brazo. No sabría describir qué pasó entonces. Todo se veía... Colorido. Como Billy veía la vida. Sentí que mis responsabilidades ya no estaban. Volaron. Yo volaba. Era todo muy raro e irreal. Sin notarlo, ya habían pasado horas mientras yo seguía pinchándome.

Billy me contaba estupideces y yo simplemente me reía sin saber qué carajo me contaba. Estaba feliz. Su idea había sido buena, pero aún tenía algo de miedo por la adicción. Llevaba mucho tiempo con una depresión asfixiante, y tomé esto como una salida fácil. Billy se pinchaba, yo me pinchaba. Hablábamos, reíamos, cantábamos y luego dormíamos en el suelo. Era un descontrol enorme.

Empecé a acostumbrarme a estar drogado. Trabajaba drogado, oía música drogado, comía drogado, hablaba por teléfono drogado, veía la tv drogado, dormía drogado. Cada vez necesitaba más y más, y Billy siempre me daba más. Apreciaba a Billy. Billy era mi salida fácil. El teléfono empezó a sonar. Mi gran amigo me llamó, quería saber qué tal estaba.

-¿Cómo te encuentras tú? -quise evitar responderle, porque sabría que estaría triste si me viese tan fumado.
-Bueno, aquí hace mucho calor. Pero es bastante lindo. He investigado muchas cosas geniales, aunque extraño cantar -me contó.

Siempre me contaba cosas muy entusiasmado. Él no merecía alguien como yo.

-Me alegra mucho oír eso -sonrío-, yo sigo trabajando en la música.
-¿Y cómo te va con eso? -me preguntó.
-Más o menos... Es raro no escuchar tu voz en estas canciones.
-Mejor, así no te cansas de ella -ríe.
-Ya... -río un poco-, creo que nunca me cansaría de ella.
-Aaw -le oigo decir-. Bueno, lo siento pero tengo que irme ya. Espero que todo vaya mejor.
-Gracias. Ten un buen día, G-

Y colgó. No pude terminar mi frase. Pero no pasa nada. Es cierto que extrañaba oír su voz. Billy estaba detrás mía, oyendo todo. Estaba muy callado. Siguió fumando, y cuando su colilla estaba casi a terminar, aplasta la colilla en mi brazo. Grito por el repentino dolor. Me sale una lagrimilla.

-¿Por qué has hecho eso? -sollozo.
-Tu amigo me da mala espina.
-¿Y, y qué? ¡No puedes quemarme como si nada!
-Lo he hecho.
-Oye, imbécil, ¿sabes que te puedo echar cuando quiera de mi casa?
-¿Sí? Pues échame, total nadie viene a verte, tus amigos viven dando vueltas por el mundo, tu novia ni siquiera te visita y te quedarás solo produciendo canciones de mierda mientras te desgastarás poco a poco. Tu vida no es mi asunto, así que puedes echarme cuando quieras. No me importas.

Aquellas palabras me destrozaron. Vi como Billy se levantaba e iba hacia una ventana, para seguir fumando. Empecé a pensar en cómo me sentía antes sin Billy. No veía más que oscuridad, me sentí inseguro. Solo era una quemadura, he sido un exagerado... No podría ser feliz sin él. Desde que había llegado todo era mejor. No sabía si pedirle disculpas, estaba avergonzado.

Sequé mis lágrimas, sintiéndome un inútil. Decidí callarme y olvidar esto. La quemadura ya no dolía. Dolía más vivir. Dolía más perderle. Dolía más perder a Suzy. Dolía más perder a Billy. Dolía más perderle a él. La quemadura me hizo olvidarlo un segundo. La hierba también. Quería callar mis pensamientos de una vez, Billy me dio salidas. El dolor físico. El humo.

Esa noche no pude dormir. Oía a Billy roncar ligeramente, extendido a un lado de mi cama. Ahora, nuestra cama. Pensé en Suzy, ¿dónde estaba Suzy? Pensé en él, ¿le seguía importando? Pensé en Billy, ¿Billy?... No quería pensar más. Entonces decidí drogarme más. Era tan relajante... Que... Que ya no...

...

Es jueves.

Es un día curioso. No creo que alguien dijese «mi día favorito es el jueves». A nadie le importa el jueves. Está ahí, y ya. Un jueves como cualquier otro. La gente prefiere el viernes. Personalmente prefiero el viernes. Yo soy jueves. Billy es viernes.

Terminé mi proyecto personal. The Seeing Eye Gods. Creo que no haré más canciones, ya que ni siquiera me gusta mi voz. Es un asco. Billy se encargó de la dirección. Si os fijáis en la portada del álbum, se ve que los créditos de dirección se dan a Billy Pilgrim. Debía darle su mérito, me ha ayudado. Publicaré el vinilo. Mis cinco canciones son producto de mi mente drogada.

Billy se enfada muy rápido. Seguramente porque siempre está drogado. Me hace daño a veces, sigue apagando cigarrillos en mi brazo. A veces me hace cortes. Aún así, no puedo quejarme. Él me hace olvidar mis problemas. Suzy sabe que me drogo y me ha dejado. Es un asco, pero yo estoy bien. Billy se ha encargado de hacerme olvidarla.

No sé cuántos meses han pasado. Recibo muchas llamadas y mensajes de él, pero a Billy no le gusta. No me deja responderle.
Siempre me recuerda por qué le necesito.
Siempre me recuerda por qué estoy solo.
Siempre me recuerda por qué se fue él.
Siempre es mi culpa. Siempre soy yo. Eso dice Billy, y me duele. Pero yo le perdono.

Mi vida ha pasado de gris a rojo. Todo se ve extrañamente teñido de sangre. De fuego. De dolor. ¿De amor? Puedo ver un color, al menos. Me ha llegado una carta de mi mejor amigo, diciendo que ha regresado a EEUU para seguir haciendo conciertos con su nuevo guitarrista. El nuevo guitarrista me cae bien. Pero solo es eso, el nuevo. Mi mejor amigo insiste en que soy irremplazable. No sé si creerle. Billy le odia. Pero yo le perdono.

Creo que la única persona a la que yo odio es a mí mismo.

Billy está gritando otra vez. Ya no sé qué quiere. Ya no sé qué ofrecer. Soy un inútil. Solo soy útil para ser inútil. No quiero que Billy me odie también, entonces dejo que me haga daño. Últimamente ya no duermo para nada. Antes dormía 4 horas. Ahora no duermo. Mi vida está empezando a ser muy extraña; ya no es mi vida, es la de Billy. Pero yo le perdono.

Ese chico agradable, que compartía su vida conmigo, que me escuchaba cariñosamente, que me daba ánimos. ¿Quién es ahora? A veces sigue siendo cariñoso. A veces me da besos en la frente. Me trata bien. Solo es cuando se enfada. Puedo soportarlo, siempre soporto mis heridas por Billy. Pero yo le perdono.

También bebo alcohol. Demasiado. Alguien toca fuertemente la puerta, pero Billy no quiere abrir. Estoy tirado en el suelo del baño. Estoy muerto por dentro. ¿Dónde está Billy? ¿Dónde estoy? La puerta sigue sonando. Los golpes no paran. No quiero. No quiero. No quiero. Agarro la cuchilla. Está sobre mi muñeca. Ya no puedo más con esto. La puerta se abre de los golpes. Adiós. Lo siento, Billy. Lo siento, papá. Lo siento, ████ .

-¿Brett? ¿Brett, dónde estás? -él empezó a buscar por todas las habitaciones.
-Lo siento... -digo, mientras me cae una lágrima. Lo último que veo es a él entrando al baño.
-Brett, no... Por favor...

Él llama a la ambulancia, mientras levanta a Brett y le carga en su hombro. Su camisa se mancha de la sangre de Brett, pero le da igual. Descansa a Brett en su sofá y va a vendarle las muñecas. No puede parar de llorar, preguntándose dónde estuvo mientras esto pasaba. Veía todo tipo de cosas. Moretones, cortes, quemaduras... Era increíblemente triste.

Le quitó la camiseta y vio una herida cicatrizada. Decía Billy. Él no entendió, porque Brett nunca le había hablado de ningún Billy. Y no conoce a ninguno. Se sintió muy frustrado e idiota. Le abrazó con fuerza hasta que llegó la ambulancia.

...

Vi una luz muy clara al abrir mis ojos. A lo mejor estaba naciendo otra vez, porque estaba en un hospital. No era el caso. Él estaba conmigo, sentado.

-¿Hola...? -dije, con poca fuerza.
-¡Brett! ¡Por Dios, estás vivo! -vi como salían lágrimas de sus ojos, mientras venía a abrazarme rápidamente. Le abracé también.
-Lo siento mucho...
-No es tu culpa... Estoy contigo -Sentí su mano acariciando mi cabeza.

Quería llorar más y más. Billy no estaba aquí. Él era cariñoso, como Billy.

-Brett, necesito preguntarte algo.
-Dime...
-¿Quién es Billy? -me dijo, preocupado.

Entonces empecé a pensar. ¿Quién es Billy? ¿Por qué nadie conoce a Billy? ¿Por qué no puedo contactarle? ¿Por qué no tiene hogar? ¿Por qué no viene a verme? ¿Quién es Billy?

-Billy... No sé dónde está... -dije, confundido.
-¿Cómo le conociste? ¿Él te hizo todo esto? -me dijo señalando las heridas.
-Esto... No lo sé. No puedo recordar nada...

Algunas lágrimas salieron de mis ojos. Ya no sabía nada. No entendía nada.

-Su apellido era, era Pilgrim... Eso sí lo sé.
-Brett, voy a ir a buscarle -tomó mi mano-. Si necesitas algo, por favor llámame. No quiero perderte.
-Está bien... -me dio un abrazo y se fue.

Vi como él salía de la sala. Intenté recordar pero solo tenía cosas difusas en la cabeza. Vi vendas en mis brazos, recordé lo último que hice. Intenté suicidarme, es verdad. ¿Cuál era mi motivo? Supongo que necesitaba renacer. Pasé horas pensando hasta que Billy entró a la sala, fumando. En el hospital no se podía fumar, pero a él no le importaba eso.

-¿Cómo estás, querido? -se sentó cerca mía. Era de las pocas veces que Billy era cariñoso conmigo.
-Billy... -levanté mi brazo, débilmente.

Billy se inclinó a mí y me dio un abrazo.

-Brett.

Brett. Mi nombre. Billy nunca me llamó Brett. Nunca le dije que me llamo Brett.

-Dime...

Billy sabe todo de mí. Y eso es raro.

-Sabes por qué te has cortado las venas, ¿verdad?

Billy siempre sabe lo que pienso.

-No... No lo sé...

Billy siempre sabe la respuesta, hasta antes que yo.

-Sí lo sabes.

Pero yo le perdono.

-Billy... Eres...

Billy es...

-¿Sí?
-Eres yo -dije, mientras me salían lágrimas sin parar.

Billy es yo. Yo soy Billy. Yo hice todo esto. Yo me drogaba. Yo me rajaba. Yo me autolesionaba. Yo ignoraba a todos. Yo me encerraba. Yo hacía todo esto por Billy, por mí. Billy hacía todo esto por mí, por él mismo. Pero yo le perdono.

-Ahora debería irme antes de que él aparezca.
-¿Qué...?

Y la puerta se abrió por él. Billy ya no estaba... Él me contó que no había registros de Billy Pilgrim. Que Billy Pilgrim no existía. ¿Qué le iba a decir? ¿Que me he intentado matar por un alterego que ni siquiera existe? Él se alejaría de mí, ¿o no? No lo sé. No lo sé. Tengo mucho miedo. Empecé a llorar, otra vez, como un niño pequeño inútil.

Él me animó, me dijo que podía contar con él. Como Billy me dijo el día que nos conocimos.

-Creo que necesito ir a terapia... -seguí llorando.
-Oh... Pero, ¿qué ha pasado? -me acariciaba el hombro. Él ama el contacto físico.
-Billy me está atormentando... No puedo más con él... Por favor, ayúdame...

Me reacosté un poco, le tomé para llorar en su hombro. Sus brazos me rodearon, mientras me acariciaba. Sé que no me está entendiendo. Algo me impide contarle la verdad de quién es Billy. O de quién soy. Solo me queda llorar y pedirle ayuda.

-Brett... -oí su voz triste.

Yo amo su voz, no me gusta oírle triste. Mucho menos por mi culpa. Él suele ser alguien optimista e inteligente. Ahora está preocupado y confundido por culpa de Billy.

-Te amo, ████.

Esas palabras salieron de mi boca sin pasar por mi cabeza. Ya recuerdo su nombre. ████ ██████. ¿Cómo podría olvidarlo? Es el hombre que más feliz me ha hecho. Pero Billy me había hecho olvidarle.

-Perdóname por esto. Creo que te necesito.
-Brett, yo... Estaré aquí para ti, si me necesitas.

Me miró a los ojos, sus ojos azul oscuro. Siempre brillaban. Hoy estaban apagados, hundidos en lágrimas. Noté que tenía más ojeras y sus ojos por debajo estaban ligeramente rojos e hinchados. Ha estado llorando por muchas horas. Pero él me perdona...

Sequé una de sus lágrimas con mi dedo. Me sentía terriblemente culpable de todo. Sentía que tal vez debería haber muerto. Ni siquiera sé por qué seguía vivo. Volví a abrazarlo, apretando su cuerpo contra el mío como si fuese el último abrazo que nos daremos. Él tampoco quiere soltarme.

Billy prefería una aguja y una cuchara antes que a un amigo.

Yo le prefería a él antes que a Billy.

Necesitaba deshacerme de Billy. Pocos días después me dieron el alta. Empecé a ir a terapia, pero mi mente estaba nublada en las sesiones. Solo recordaba llorar. Cuando llegaba a casa, ahí estaba Billy. Otra vez, fumando. Otra vez, enfadado.

Empecé a odiarle.

Estaba constantemente peleando con Billy. A veces me seguía haciendo daño, pero yo ya no lo soportaba. Él era más cariñoso que Billy. No le importo a Billy, no le importa nada. Ya no me trata ni mínimamente bien. Ya no es quien yo conocí. Es yo. Ese hecho me irrita. Tal vez estoy destinado a vivir con él de por vida. Ya no le perdono.

Cuando él está conmigo, Billy no está. Él me aleja de Billy, entonces intento que esté cerca mía. Pero no siempre puede. Él tiene miedo porque no sabe qué me pasa. Me gustaría poder tranquilizarle. Me gustaría poder contarle quién soy, quién me acompaña. Odio a Billy, le odio, le odio, le odio.

Es lunes.

Todos odian el lunes. No os sabría decir una razón exacta. Dicen que es porque empieza la semana. Todos los días son una mierda. Todos los días seguimos la misma rutina. Todos los días es lo mismo. ¿Qué hay del lunes? Le tenemos manía a ese día sin razón aparente...

No puedo dejar de llorar. A veces no me siento tan triste, solo muerto. Pero sigo llorando. No sé cómo evitarlo. Billy me taladra la cabeza. Es tan extrañamente doloroso y real. ¿Cómo puede ser? Se supone que está en mi cabeza... Pero puedo sentir y ver todo lo que me hace. A veces me pregunto cómo me veo por fuera.

Esas veces que Billy me hace daño; ¿Soy yo haciéndome daño? ¿O solo aparecen? ¿O, incluso, no hay nada? Mi cabeza funciona de forma muy extraña. Y creo que no tengo arreglo. No tengo remedio. ¿Podría matar a Billy?

Si yo no existo, Billy no existe.

Si muero, Billy moriría.

Si me suicido, Billy se suicidaría.

Si no estoy, Billy no estaría.

No es una mala idea.

Ya no voy a terapia. A veces voy, pero ni siquiera puedo hablar. La heroína me ayuda más, aunque cuando se me pasa vuelvo a sentir todos esos dolores. Entonces necesito un poco más. Y un poco más. Y un poco más. Y me siento mejor. Y mejor. Y mejor. Billy ya me empieza a dar rechazo. Me da igual su presencia. Me da igual el dolor. El problema no es Billy, soy yo. Estoy empezando a morir.

Él me dijo que vendría a las seis de la tarde. Son las cinco y cuarto. Me levanté del suelo, medio dormido. Agarré una hoja de papel y empecé a escribir:

“ Quería pedirte disculpas por todos los esfuerzos que has hecho por mí, los cuales han sido en vano. Gracias, muchísimas gracias por ser una persona tan increíble. Por favor, toma esto como un motivo para seguir adelante y no acabar como yo. Mi problema me está matando poco a poco. Y lo estoy sintiendo tanto física como mentalmente. Si ves a mis padres, diles que agradezco todo lo que me han hecho ser. Todo esto es culpa mía. Dile a mis amigos y a conocidos que cada uno me ha dejado un recuerdo y una experiencia que, independientemente de cuál haya sido, se tiene que agradecer. Y a ti, a ti te debo todo. Creo que mi decisión es... egoísta. Sobretodo porque me rendí, sabiendo que tú nunca harías eso. Tú eres fuerte. Tú no te pones límites. Eres imparable, admirable, sabes sacarle provecho a tus talentos. Te valoras, demuestras que tan inteligente eres. Y todo eso me encanta de ti. Eres la persona más importante y la que más impacto me ha dejado en la vida, de una forma extremadamente positiva. Muchísimas gracias por ser cómo eres. Gracias por ser tan bueno conmigo. Gracias por interesarte en mí. Gracias por darme todo tu cariño. Gracias por acompañarme en mis momentos más miserables, incluyendo este. Deseo que puedas superarme. Porque tú puedes llegar a ser lo que quieras, y puedes ser feliz, no quiero que mi suicidio te detenga.

Adiós, Greg. Te amo en vida
y en muerte. ”

Agarré una pistola que alquilé, apunté a mi sien y no dudé en apretar.