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Sueños (One Shot)

Summary:

Por años, Lan XiChen es atormentado por sueños en los que un pequeño de ojos tristes pide auxilio en silencio. Nadie cree lo que ve, pero él está seguro de que ese niño existe, y espera algun día encontrarlo.

Dia 3. Sueño del XIYAO-ktober.

Los personajes no me perteneces, son creacion de Mo Xiang Tong Xiu.

Work Text:

Con solo cinco años, Lan Huan soñó por primera vez con el niño de ojos tristes. En aquel sueño, entre las sombras de un lugar oscuro y lugbre, vio a un niño pequeño escondido en un armario, sollozando en silencio mientras se tapaba los oídos.

Su primer impulso fue llegar hacia él para consolarlo, preguntarle qué lo asustaba, y por qué lloraba de ese modo, pero no pudo moverse. En cambio, sintió su angustia como si lo estuviera experimentando él mismo. Era un dolor extraño que se impregnó en su pecho, hasta que despertó llorando, llamando desesperado a aquel niño que no conocía.

Su tío, confundido, lo abrazó con torpeza y le aseguró que no era más que una pesadilla. Habia tenido pesadillas antes, así que probablemente tenía razón. Después de todo, las sombras debajo de su cama tampoco habian sido reales, por lo que se consoló a sí mismo con eso. Sin embargo, en su corazón, aún tenía la fuerte sensación de que ese niño era real y lo necesitaba.

Durante un tiempo, los sueños cesaron, y Lan Huan realmente comenzó a creer que ese niño no existía, no era nadie, y afortunadamente, tampoco lo necesitaba. Pero una noche regresó.

Esta vez, el niño estaba en un comedor bullicioso, rodeado de gente que hacía demasiado ruido. Ellos le gritaban haciéndolo encogerse, mientras limpiaba el suelo con sus manos pequeñas, temblando de frío y miedo. Mientras tanto, el pequeño Lan, una vez más sin ser capaz de moverse, sintió cada estremecimiento en su cuerpo sin poder hacer nada.

Así fue durante cinco años.

Una y otra vez vio al niño de ojos tristes en lugares distintos, siempre sufriendo solo, siempre con miedo. Y cada vez, Lan Huan solo podia observar inmobil, sintiéndose angustiado e impotente, prometiendo al niño, y a sí mismo, que algun día lo encontraría.

Lan Huan era el futuro heredero de la secta Lan, por lo que tenía a todos preocupados. Los médicos y Lan Qiren ya no sabian qué hacer. Consultaron a doctores de otras sectas y medicos errantes; intentaton buscar maldiciones, enfermedades fisicas, mentales, pero no habia nada mal en él. Y aún así, su futuro líder parecia ser torturado la mayoria de las noches, sin que nadie pudiera evitarlo.

Un día, Lan Qiren, preocupado por los desvelos y la angustia de su sobrino, decidió llevarlo a la secta Jin, donde tenía asuntos que discutir con su líder. Cuando su sobrino tenía pesadillas, solo él tenía la habilidad para usar el cultivo musical y poder calmarlo un poco. Por lo tanto, dejarlo no era una opción.

Todos seguían buscando una solución, pero mientras esto sucediera debían mantener estable la salud del pequeño que se deterioraba cada día.

Lan Huan temia dormir, por lo que evitaba el sueño, y cuando las pesadillas llegaban pasaba horas llorando angustiado hasta que las melodias de relajación hacian su efecto. Toda su vida parecia girar en torno a la obseción por aquel niño inexistente. Antes, a Lan Quiren le habia preocupado la personalidad alegre y gentil de su sobrino, pero la apatia con la que vivía ahora era más preocupante.

Desde hacía meses, Lan Huan comia cada vez menos, pero se empeñó en cultivarse más y más para algun día ir a buscar a ese niño, pero se estaba sobreexigiendo por lo que Quiren uso tambien aquel viaje para hacerlo descansar.

Claramente, Lan Huan parecia un poco inquieto por tener que irse, pero aún siempre obediente, lo siguió sin decir nada. Por lo tanto, tomó a Lan Quiren completamente desprevenido, que mientras caminaban por las calles de la ciudad, los ojos de su sobrino se clavaran en un edificio.

—¡Shufu, Shufu! ¡Es aquí! ¡Aquí está el niño! ¡Tenemos que entrar! —XiChen gritó de pronto, completamente eufórico y desesperado.

Qiren palideció al notar que la casa a la que su sobrino se referia era un burdel. Antes de poder reaccionar, Lan Huan, por primera vez en sus diez años vida, desobedeció cualquiera de sus órdenes. Sin perder un segundo, corrió hacia la casa como poseido, y nadie se atrevió a detener a un joven Lan, quien pronto irrumpio en aquel lugar silenciando a todos los presentes.

Una vez allí, alguna fuerza extraña hizo que el Lan Huan finalmente encontrará pronto lo que buscaba. Escondido tras una columna, estaba él. El niño de ojos tristes de sus sueños.

Pequeño, con los ojos tristes y asustados, este miró a Lan Huan con una incredulidad absoluta.

Mientras tanto el pequeño Lan solo pudo suspirar de alivio, como si estuviera completo por primera vez. Sabia, en ese instante, que ya no volveria a tener esas pesadillas nunca más. Porque era real, ahora podia moverse, y podia salvarlo finalmente como habia prometido.

El niño de ojos tristes, Meng Yao, también soñaba. Pero para él los sueños eran el único refugio donde la vida dejaba de doler.

De noche, cuando el frío y los ruidos lo obligaban a encogerse en cualquier rincón, cerraba los ojos y podia ver a un niño de ropa blancas, limpio, luminoso, que lo miraba con bondad. Y aunque el niño nunca pudo acercarse, le prometió encontrarlo.

En sus sueños, ese niño era un príncipe de otro mundo. Alguien que un día iria a buscarlo para llevarlo a su mundo perfecto, lejos de la suciedad, lejos de las voces y las manos que tanto dolor le causaban.

Y, aunque en el fondo sabía que los príncipes no existían, le gustaba verlo en sueños. Verlo era su unico consuelo, lo único que le causaba un poco de felicidad.

Pero entonces, de pronto, allí estaba. No en un sueño, y tan real como todo a su alrededor. Mientras lo veia acercarse lentamente, su corazón estaba a punto de explotar, ¿cómo podía estar ahí? ¿Cómo podría ser real? ¿Realmente lo sacaria de allí?.

Cuando finalmente el niño, su príncipe, estaba a solo un paso frente a él, vio sus ojos dorados brillando con emoción y reconocimiento. Entonces, Meng Yao apenas pudo susurrar, con la voz rota por la incredulidad:

—¿Viniste por mí...?

El otro niño asintió de inmediato, y por primera vez en su corta vida, Meng Yao sintió esperanza de verdad.