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– Un poco más a la izquierda, un poco más arriba, ¡Perfecto!
Stanley estaba arreglando los últimos detalles que Xeno deseaba tener en su patio para que luciera como el más aterrador de la manzana.
Habían colocado sensores de movimiento en los esqueletos, una mezcla extraña que fingía arena movediza en el césped y unos drones que actuaban como brujas que volaban sobre cualquiera que se acerque lo suficiente para ser detectado. Con una escalofriante risa.
– ¡Si! Esos adolescentes bromistas no se meterán con nuestra casa si los atrapo primero en un sin fin de terror y sufrimiento artificial.
Xeno siempre se emocionaba con la idea de atrapar a los jóvenes traviesos antes de que se acerquen a su hogar y también le hacia ilusión asustar a los que pidieran dulces. Por esta razón tenían una mala reputación por los tiempos de halloween, y ningún padre dejaba que sus hijos fueran a pedir dulces a su casa.
– ¿Estás seguro de tener permiso para todo esto? – Stan recordaba la última vez que un niño quedó atrapado en su jardín con flores carnívoras falsas y terminaron en la comisaría pagando una multa por ser "demasiado realista".
– Todo es legal, pedí un permiso anticipado para mi decoración – le dijo su esposo, presumiendo su certificado para no tener que enfrentar cargos legales.
En realidad el solía ayudarlo con sus bromas de halloween pero muchas cosas habían cambiado desde hace cinco años.
– ¡Papá, Gen se robó mi capa!
– ¡Un mago necesita una capa más que un fantasma!
– Es el fantasma de la opera, ¡Búscate la tuya!
Stan vió con una sonrisa a dos niños, de diez y ocho años, que habían cambiado su vida por completo desde que los adoptó.
Hace tiempo el y Xeno decidieron extender su legado adoptando un hijo. Tenían todo lo necesario, trabajos estables, buen historial (con unos cuantos ajustes que nadie debía conocer), una casa perfecta y segura. Esto les permitió pasar la prueba para poder recibir un niño. Entonces llegó el momento de conocer a su futuro heredero.
Ambos tenían expectativas muy diferentes con respecto a lo que deseaban en un hijo, pero al ver a ese pequeño par de hermanos solitarios y que cuidaban uno del otro, se decidieron por ellos.
No fue nada sencillo cuando comenzaron a quedarse, Hyoga era muy distante y Gen demasiado hiperactivo. Con el tiempo entendieron lo que sus niños necesitaban y ahora una pelea como esta era algo de lo que se enorgullecian. Verlos actuar como niños otra vez.
– Vamos Gen, tu hermano trabajó mucho en su disfraz – le comentó mientras devolvía la capa a su hijo mayor, pero los ojos del pequeño peli negro se humedecieron de inmediato – No te preocupes, hoy en la tarde iremos a comprar la que tú quieras. Después de todo, saldremos a pedir dulces juntos.
Gen sonrió ante la propuesta de su padre, quien limpiaba sus lágrimas y apretaba sus sonrojadas mejillas.
– Gracias papi, pero no iré a pedir dulces contigo este halloween.
La alegría de Stanley se quebró. ¿Había escuchado bien? ¿Su pequeño acababa de decir que no irían a pedir dulces juntos?
– ¿De que hablas Gen? Es nuestra tradición, todos los años vamos juntos. – intentó recordarle pero el menor le dió la espalda mientras recogía algunas flores.
– ¡No! Este año iré con Senku y su papá, tu no tienes que venir papi.
Si antes sintió como si su corazón se quebrara, ahora sentía un ardor por dentro. Así que era eso.
Hace unos dos años, Gen había tenido una crisis con respecto a sus padres. Al ser tan pequeños cuando los perdieron, ni Hyoga ni el podían recordar mucho sobre ellos. Pero al peli negro parecía afectarle más, así que por un tiempo su comportamiento era ambivalente.
A veces estaba tranquilo, jugaba y hacía sus tareas con orden. Pero otras veces era un torbellino de emociones.
Fue tan difícil para ellos lidiar con su pequeño mago, que recurrieron a un grupo de apoyo para padres de niños adoptados. A Stan le parecía una tontería, no recibía órdenes ni siquiera en el ejército desde que era sargento pero tenía que ir con unos completos extraños que no conocían a sus hijos para recibir consejos porque su esposo creía que era lo mejor para Gen.
Cómo siempre, Xeno tuvo razón, muchos de los padres allí lograron entender los problemas por los cuales estaban pasando. Uno en específico, Byakuya Ishigami, les dió unos grandes consejos para tratar con su hijo cuando se comportará de forma distante.
Con su sabiduría y un poco de ayuda psicológica, Gen superó su crisis en unos cuantos meses. Xeno estaba encantado con su nuevo amigo, a un punto que Stan tenía ganas de practicar su puntería con ese hombre, así que pronto invitó a Byakuya más seguido a su casa junto a su hijo.
Si pensaba que el buen consejero y padre del año, Byakuya Ishigami ya era malo para su vida, es porque Stan aún no conocía a su hijo. Senku.
Llegó un día junto a su padre, comportándose como un engreído hasta que Xeno le enseñó su laboratorio científico. Tenía los mismos hobbies que su esposo, así que pronto congeniaron. Eso no lo molestaba del todo, porque podía ver qué Xeno estaba más interesado en enseñar ciencia a un niño de seis años que a engañarlo con Byakuya.
Hasta que un día volvió con Gen y Hyoga de la escuela. Tal vez a veces podría comportarse como un hombre "exageradamente celoso" en palabras de su esposo. Pero estaba seguro de que en el momento en el cual Senku puso sus ojos sobre su pequeño, que traía unas flores hechas con papel, sus mejillas se encendieron y su corazón se aceleró. Era militar, podía notar los cambios en el comportamiento del infante cada que veía a su hijo.
Y como Gen era el niño más dulce del mundo. No tardó mucho en convertirse en su amigo, sin sospechar de los sentimientos ocultos del menor.
Había estado soportando dos años a ese mocoso arrogante que amenazaba con quitarle a su pequeño pero esto era el colmo. No podía permitir que los Ishigami le roben a su ángel. Debía evitarlo de alguna forma, tenía que demostrarle a Gen que el era mucho mejor padre que Byakuya.
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– Xeno, ¡Debemos organizar una fiesta!
– Pensé que estabas ocupado maldiciendo a los Ishigami, ¿Para que quieres una fiesta de Halloween? – no estaba del todo en contra de su idea pero quería saber que tenía tan extasiado a su esposo.
– Gen quiere ir a pedir dulces con ese tipo porque cree que es increíble – Stan aún estaba molesto por la vez que el pequeño mago le dijo que los astronautas eran más geniales que los militares – solo tengo que organizar una fiesta y demostrarle a mi hijo que soy mucho mejor que el.
El científico quería decirle que era una idea terrible pero su esposo se veía tan esperanzado de que su plan cambiaría la opinión del menor, así que solo le quedó aceptar.
Ese día llamaron a las familias de los amigos de sus hijos. Invitándolos a una fiesta que harían antes de ir a pedir dulces. La familia de los Nanami y los Wright aceptaron con gusto, Xeno quería dar una buena impresión con ellos, después de todo los padres de esos niños poseían una alta fortuna.
– Papi, el señor Byakuya dice si puede venir con toda la familia – le preguntaba su hijo menor, con el teléfono que se veía demasiado grande entre sus manitas, comportándose como si atendiera una llamada de negocios.
– Por supuesto, mientras más mejor – Xeno no sabía mucho sobre la familia de los Ishigami, pero suponía que se estaba refiriendo a su esposa y sus dos hijos.
Cuando llegó el día terminaron las decoraciones en casa, globos, juegos y una mesa de comida para los más chicos.
– Papi, ¿Cómo me veo? – preguntó Gen al entrar dando un pequeño salto.
Llevaba su traje de mago, una galera con una cinta roja y una capa cubierta de brillos que lo hacían relucir con cada movimiento. Alzó sus manitos y lanzó un puñado de flores al aire como si fuera un gran truco de magia.
– No sabía que habiamos contratado a un mago profesional para la fiesta – bromeó, atrapando al pequeño entre sus brazos para hacerle cosquillas, Stan traía un disfraz del vampiro Lestat. Llevaba un traje victoriano de terciopelo oscuro, camisa blanca de volantes, botas altas, maquillaje que lo hacía lucir pálido y unos colmillos falsos manchados con sangre, además de una capa color vino para combinar con sus hijos – ¿Hyoga irás a pedir dulces?
El mayor de sus hijos negó mientras comía una hamburguesa que robó de la mesa de comida. Traía su disfraz del fantasma de la opera, traje negro, guantes blancos, una larga capa y la icónica máscara blanca que le cubría media cara.
– Un fantasma tan elegante no debería mancharse con ketchup – le mencionó Xeno limpiando sus mejillas con cariño.
El disfraz del científico era el más elaborado. La mitad de su traje era ordenado y pulcro, con un copete perfecto. Mientras que la otra mitad tenía un traje desgastado y su rostro parecía deforme y aterrador. Le tomó dos días terminar esa máscara con el escalofriante rostro de Mr. Hyde.
Cuando salió para mirarse al espejo la primera vez que lo terminó, Gen lo vió y arrojó sus cartas por el suelo mientras corría llorando a por Stan, diciéndole que su padre se había transformado como el Dr. Jekyll.
Luego de explicarle a su hijo que solo era una máscara pudo terminar su disfraz y ahora estaban listos para la fiesta y la noche de Halloween.
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Los Wingfield se encontraban dando unos retoques a la decoración cuando comenzaron a llegar los invitados.
– Vengo en representación del señor Nanami para acompañar a sus hijos, nos alegra haber sido invitados.
Los saludó Francois, el mayordomo de la familia Nanami. Su seriedad y respeto contrastaban un poco con su disfraz de pan gigante.
– ¡También trajimos nuestras bolsas para pedir dulces! – mencionó Ryusui, el menor de los Nanami, quien venía vestido con un traje de pirata.
– Gracias por invitarnos – dijo Sai con timidez, su personalidad difería con la de su hermano, a pesar de ser el mayor. Traía puesto un disfraz de su personaje favorito del videojuego Dragón Quest.
Ryusui se fue a jugar con Gen en la sala mientras Sai y Hyoga fueron a jugar videojuegos en el cuarto del último. Ambos estaban acostumbrados a quedarse en la casa de los Wingfield los fines de semana.
La segunda invitada en llegar fue la pequeña de nueve años, Luna Wright, junto a su chófer Carlos y su guardaespaldas Max.
– ¿No habrá juegos de miedo verdad? – preguntó la pequeña, traía un disfraz de princesa, un vestido rosa y una tiara en su cabeza. Carlos tenía un traje de caballero y Max de bufón.
– No te preocupes, los juegos aterradores no son para niños ¿Porque no vas a jugar con Gen? – le insinuó Xeno a la pequeña, Luna iba de vez en cuando a casa, era hija de un amigo suyo. Un médico excepcional y adinerado, un excelente contacto y por suerte para el, a su pequeño Gen le encantaba jugar con la princesa.
Luna fue a jugar con el pirata y el mago, mientras los adultos disfrutaban de la tranquilidad bebiendo unas copas que Francois preparó aunque nadie se lo hubiera pedido.
Más tarde llegaron los pequeños Shishio, Tsukasa era un compañero de Hyoga, sus padres no eran muy responsables con el o su hermanita así que Hyoga solía invitarlos a quedarse con ellos cada vez que podía. También solía ponerle algún laxante en la comida a los niños que molestaban a su amigo en la escuela. Stan creía que Hyoga había heredado la empatía de Xeno.
– ¡Muchas gracias por invitarnos! – le dijo el mayor de los Shishio, Tsukasa tenía un traje de león el cual se había tardado días en hacer, mientras que Mirai con sus tres años traía un disfraz de sirena, con un collar de corales hecho por su hermano.
Hyoga vino a llevarse a su amigo pero el no quería dejar sola a su hermanita.
– No se preocupe señor Tsukasa – le mencionó Francois tomando a la pequeña en brazos – para su comodidad, me encargaré de la señorita Mirai está noche.
El león aceptó con una sonrisa al ver a la sirenita comer felizmente las galletas de la mesa dulce.
La fiesta estaba casi completa, los niños jugaban de forma pacífica en sus áreas designadas por ellos mismos. Mientras los adultos conversaban sobre lo agotador que era cuidarlos.
– Ya son casi las seis y aún no ha llegado – mencionó Stan fumando su cigarrillo – esto demuestra que no es alguien responsable para llevar a mi hijo a pedir dulces.
– Stan, la invitación a la fiesta era a las seis – respondió Xeno, intentando beber su café con un popote sin querer quitarse la máscara y arruinar su maquillaje.
Antes de que el militar pudiera seguir criticando a la familia Ishigami, alguien tocó la puerta y Gen se acercó a abrirla.
– ¡Senkuu! – dijo con emoción mientras se acercaba para abrazarlo, haciendo que el pequeño le correspondiera con un sonrojo en las mejillas. Senku traía un disfraz de Frankenstein, unos tornillos en su cabeza y un maquillaje que hacía parecer que su cráneo estaba cocido. También traía una bata de laboratorio algo desgastada para simular una apariencia aterradora.
– Lo lamento, parece que somos los últimos en llegar – Se disculpó Byakuya, quien traía un elaborado traje del sombrerero de Alicia. Gen estaba maravillado con el, era uno de sus personajes favoritos del libro.
– Al contrario, llegaron justo a tiempo – lo saludó Xeno con alegría.
– Les presento a mi esposa y mi hija – detrás de Byakuya venía una mujer con un cabello rubio muy largo, traía un vestido blanco, al parecer era la reina blanca de Alicia, mientras que la pequeña de tres años que cargaba en brazos estaba disfrazada como la mismísima Alicia del cuento, a excepción del chupón con forma de sandía que traía en la boca.
– Deben ser Lillian y la pequeña Suika, al fin nos conocemos – Xeno intentó acercarse a la bebé pero su máscara la asustó y terminó llorando acurrucándose en los brazos de su madre – Gen nos contó que vendrías con toda tu familia.
– Por supuesto – Byakuya miró hacia atrás y llamó a algunas personas. Detrás de el salió un hombre rubio con barba, vestido como un vikingo, junto a dos pequeñas haditas. Una de cabello largo y otra con una coleta – déjame presentarte a mi hermano Kokuyo y mis sobrinas, Ruri y Kohaku.
Los tres saludaron al anfitrión antes de entrar, luego aparecieron un pequeño peli castaño junto a un anciano, el menor disfrazado de Indiana Jones y el anciano vestido hechicero.
– Estos son nuestros vecinos, el señor Kaseki y su nieto Chrome – continuó explicando, mientras ambos pasaban y llamó a dos pequeños más. Un niño con un disfraz de Jack y una niña con un disfraz de Sally – y ellos son Taiju y Yuzuriha, amigos de Senku de la escuela.
Xeno dejó pasar a los niños que se reunieron a jugar junto a Senku y los demás. Cuando Gen le dijo que Byakuya iría con toda su familia, no esperaba que se estuviera refiriendo a todo su círculo social.
– Trajimos un pastel, lo compre de la mejor pastelería de la ciudad – le mencionó Lillian dejando el postre en la mesa.
Stan veía como unos niños extraños y personas que no conocía invadian su casa, pero ninguna de esas cosas lo molestó tanto como ver a su hijo sentarse junto a Byakuya y Senku para cenar.
– Papá Byakuya ¡Tu disfraz es grandioso!
– Gen, ¿Por qué lo llamas "papá"? ¡El no es tu padre! – le preguntó Stan conteniendo su enfado.
Pero el pequeño mago no entendía la frustración del mayor, estaba jugando con los cubiertos de plástico con detalles de murciélagos mientras le respondía.
– Papá Byakuya es papá Byakuya porque cuando Senku y yo nos casemos el será mi suegro, tengo que acostumbrarme – dijo con total inocencia, haciendo sonrojar al pequeño científico a su lado.
La respuesta había sido peor para Stanley, estaba a poco de sacar su arma del bolsillo pero Xeno se la quitó y desarmó antes de que hiciera alguna locura.
– Francois no es necesario que sirvas la cena, eres un invitado no uno de nuestros sirvientes – intentó explicarle el científico pero el mayordomo hizo oídos sordos a su sugerencia.
– No se preocupe Dr. Wingfield, debo garantizar que la noche sea perfecta para mis amos – le respondió terminando de servir los platos de espagueti con salsa de calabaza. Los adultos tenían un poco de vino para acompañar mientras que a los niños les sirvió jugo de frutilla, a excepción de Gen quien prefería beber su refresco favorito.
Los menores llegaron al ser llamados para comer. Ryusui se sentó junto a Stan, Sai y Chrome. Luna fue a sentarse junto a Yuzuriha y Ruri, Taiju se sentó junto a Senku y Gen. Hyoga se sentó junto a Xeno, Tsukasa iba a sentarse a su lado pero fue empujado por una pequeña niña. Kohaku se robó su lugar y se quedó mirando maravillada al niño de cabellos plateados.
– ¡Hay un lugar a mi lado! – mencionó Ryusui moviendo a su hermano para que Tsukasa se sentara junto a él.
Las pequeñas Mirai y Suika fueron sentadas en las sillas especiales para bebés, con un poco de papilla que Francois se encargaba de darles.
– ¡No me gustan las zanahorias! – mencionó Luna al ver su comida.
– Señorita Luna es calabaza, sabe delicioso – intentó convencerla Carlos mientras intentaba darle una cucharada.
– ¡No me gusta la comida naranja! – Luna apartó la cuchara de su boca, haciendo que la comida cayera en la mejilla de Suika quien comenzó a llorar.
Lillian se acercó de inmediato a calmar a su hija, por otro lado Kohaku comía de forma desordenada, salpicando a Hyoga con su comida. Stan amenazaba a Byakuya con la mirada y este fingía que no se daba cuenta, mientras Gen hacia un pequeño truco de magia para Taiju y esperaba que Senku le dijera como cree que lo hizo.
Chrome le contaba a Sai sobre sus minerales favoritos y Tsukasa se veía obligado a escuchar a Ryusui hablar sobre barcos y el océano. Yuzuriha y Ruri consolaron a Luna quien se sentía mal por hacer llorar a la bebé.
A pesar de la cantidad de gente, la cena no fue tan caótica como Xeno lo imaginaba. Y al terminar de recoger los platos, comenzaron los juegos.
– Para su entretenimiento, nuestro primer juego será, atrapar manzanas – Xeno iba a ir por los baldes y las manzanas pero el mayordomo de los Nanami se le adelantó – Gracias Francois, las reglas son simples, quien atrape más manzanas con la boca será el ganador.
Decidieron que este juego sería solo para los adultos, para enfado de sus hijos, no iban a arriesgarse a que los niños se ahogaran.
Lillian, Kaseki y Xeno se exceptuaron de participar. Preferían ver todo a la distancia mientras cuidaban de las pequeñas Suika y Mirai. Francois prefirió ser el árbitro. Así que los competidores fueron, Kokuyo, Byakuya, Carlos, Max y Stanley.
– Quien consiga sacar más manzanas del balde ganará, ¿Listos? – los participantes se pusieron en posición, con las manos atadas a sus espaldas – ¡Ahora!
Todos comenzaron a hundir sus cabezas en el agua, tratando de sacar la mayor cantidad de manzanas, mientras los más pequeños los apoyaban. Carlos llevaba recogiendo tres mientras que Max no podía sacar una. Kokuyo mordía con fuerza las manzanas pero en el proceso las rompía y no logró sacar ninguna sana. Stanley por otro lado tenía un entrenamiento exhaustivo en su trabajo, así que sacar manzanas de un barril no eran nada para el.
– ¡Se acabó el tiempo! – Francois se acercó a cada uno de los participantes para contar – el ganador de la primera ronda es el señor Snyder con diez manzanas capturadas – mencionó para alegría del militar, quien fingía no haber arruinado su peinado y maquillaje por el juego – el segundo es el señor Byakuya, con siete manzanas, el tercer lugar el señor Carlos con cinco – ambos se alegraron algo agotados por el esfuerzo – el señor Max queda fuera por no capturar ninguna y el señor Kokuyo es descalificado por romperlas.
Los dos últimos aceptaron su derrota mientras el mayordomo ponía tres minutos en el cronómetro ahora.
– Los que saquen más manzanas serán los finalistas.
Y así comenzó la segunda ronda, con Carlos, Byakuya y Stanley haciendo un esfuerzo mayor con el tiempo reducido. Sin embargo en el proceso Carlos inhaló un poco de agua y se ahogó preocupando a los demás.
Por suerte Xeno logró calmar su tos antes de que se pusiera peor.
– El señor Carlos ha sido descalificado, nos quedan dos participantes, ¿Listos para la última ronda?
Stan clavó su afilada mirada en Byakuya, quien solo le sonrió algo nervioso, el maquillaje y su cabello desordenado por su cara no le daban una buena apariencia a ninguno de los dos.
– ¡Comiencen! – Francois no tuvo que decirlo dos veces, ambos hombres ponían su mayor esfuerzo en sacar las manzanas del gran balde.
– ¡Vamos papá Byakuya! – exclamó Gen al ver cómo al astronauta se le caía una de las frutas.
Stan se quedó de piedra al escuchar a su hijo apoyando al otro hombre y comenzó a intentar sacar las manzanas más rápido. Hasta que sin querer trago agua por la nariz y se ahogó. Siendo contenido por Xeno y Lillian de inmediato.
– Se acabó el tiempo – anunció el árbitro y se acercó a ambos, Stan había logrado sacar cuatro manzanas mientras que Byakuya logró conseguir cinco – nuestro ganador es el señor Ishigami.
Los pequeños celebraron, sobretodo Gen quien se acercó a devolverle la galera de su disfraz de sombrerero.
Stan quería matar a alguien, no solo perdió ante un Ishigami, sino que su hijo parecía más preocupado por felicitar a ese hombre que por su padre que casi se ahoga.
– Vamos querido, aún puedes impresionarlo con una linterna de calabaza – le mencionó Xeno mientras le pasaba una toalla por el cabello.
Era verdad, podría haber arruinado su victoria está vez pero Gen sabía que no había nadie mejor para crear linternas de calabaza que su padre.
– Papá Byakuya, ¿Quieres hacer una linterna de calabaza conmigo?
En estos momentos, si necesitaba su arma. El mayor de los Ishigami aceptó la propuesta del pequeño mago, y los demás también comenzaron a hacer grupos para crear las linternas.
Senku le pidió ayuda a Xeno y ambos estaban creando una calabaza calculada con precisión y ciencia. Luna intentaba crear una sonrisa poco escalofriante que luego Carlos y Max moldearian para ella.
– Kohaku ¿Que te parece si ayudas a tu amado padre con esto? – le preguntó Kokuyo a la pequeña sin notar que está se alejaba de él para llevar una calabaza junto a Hyoga.
– ¡Hagamos una linterna juntos! – le mencionó la hada con una sonrisa.
Hyoga iba a negarse, no estaba seguro de poder trabajar con una niña pequeña pero su amigo león acababa de ser secuestrado por el menor de los Nanami y se había quedado sin compañero, así que aceptó la propuesta de Kohaku.
Kokuyo vió con lágrimas en sus ojos como su hija menor lo abandonaba sin pensar en sus sentimientos, así que Ruri decidió ayudar a su padre para consolarlo.
Yuzuriha intentaba hacerle un traje para su calabaza mientras Taiju se encargaba de crearle una cara divertida. Chrome quería colocar algunas piedras dentro de su linterna y Kaseki se encargaba de moldearla.
Francois intentaba ayudar a Sai con el suyo, siguiendo todas sus instrucciones, con un calculo seguro para que se vea perfecto.
Stan decidió no participar y solo mirar con odio a Byakuya, quien se encargaba de hacer reír a su hijo con sus tontas bromas. Lillian estaba junto a él, cuidando de Suika y Mirai quienes ya se habían dormido en sus carriolas.
– ¿Porque no solo le dices como te sientes? – le mencionó la cantante, como si leyera sus pensamientos – tal vez no te das cuenta pero tú hijo es muy perceptivo.
Stan no respondió, sabía lo inteligente que era su pequeño. Aún así decir en vos alta sus inseguridades como padre, para el sería patético.
Pensaba en ello cuando el mago se acercó a el con la linterna de calabaza que había terminado.
– Papi, papi ¡Mira! Es un vampiro como tú – le mencionó con una sonrisa, la calabaza tenía colmillos y un poco de lápiz labial violeta.
Se había olvidado lo mucho que su hijo lo amaba, por los celos que sentía. Acarició el cabello de su hijo mientras juntaba valor para contarle lo que sentía.
– Gen, la verdad es, que yo también quiero ir a pedir dulces contigo – dijo sumamente avergonzado en un tono demasiado bajo para su gusto.
El peli negro creyó haber oído mal, ¿Su padre había dicho que quería ir a pedir dulces? Sonrió ante la idea.
– ¿¡Entonces irás conmigo, Senku y papá Byakuya!? – preguntó con los ojos brillando de emoción. No era lo que Stan había pensado, si por el fuera los Ishigami ya estarían a un kilómetro de su casa, pero Gen se veía tan feliz.
– Si, como futuros consuegros, debemos conocernos mejor – respondió como si cada palabra fuera una apuñalada a su orgullo.
El pequeño fue a contarle la noticia con alegría a Senku mientras los demás comenzaron a irse de la fiesta para comenzar a pedir dulces en las casas de los alrededores.
– Hyoga, ¿Irás a pedir dulces? – preguntó Kohaku con la linterna que hicieron juntos en sus brazos, tenía un rostro tenebroso e irregular, pero ella se veía tan feliz con el resultado que su compañero de equipo decidió que se lo quedara.
– No puedo, ayudaré a papá a asustar gente en casa – mencionó el fantasma, viendo a su padre traer algunas bolsas de sangre falsa con ayuda de Tsukasa.
El hada de coleta le entregó su linterna y se acercó a su padre y su hermana quienes estaban preparándose para ir a pedir dulces.
– ¡Papá quiero quedarme y asustar gente con Hyoga!
Fue lo que Kohaku dijo pero el rostro de Kokuyo parecía reflejar el de un padre que acababa de escuchar a su hija decir que se fugaria con un criminal.
– Kohaku ¿¡De que estás hablando!? Tu amas ir a pedir dulces – intentó razonar con ella.
– ¡No quiero ir! Quiero quedarme con Hyoga – Kohaku estaba a dos berrinches de comenzar a llorar, así que Xeno se acercó para interrumpir.
– Se que no me conoce lo suficiente Mr. Kokuyo, pero si su hija así lo decide, prometo encargarme de su seguridad hasta que ustedes regresen de pedir dulces.
Ryusui, quien ya estaba listo para salir con su hermano, escuchó lo dicho por el mayor de los Wingfield. Así que se acercó a tirar de su abrigo mientras miraba a Francois.
– ¡También quiero quedarme con Tsukasa y asustar gente! El doctor dice que nos cuidará.
Xeno no esperaba eso, sabía que podría con dos niños calmados de diez años pero agregar a dos energéticos de ocho era demasiado trabajo.
– Si así lo prefiere, llevaré a la señorita Mirai mientras el amo Ryusui se queda con ustedes – les ofreció el mayordomo. Tsukasa estaba feliz con ese plan, así su hermana podría recibir dulces y el se quedaría a jugar con sus amigos un poco más.
Kokuyo se dejó convencer al ver que otros niños también se quedarían, así que el y Ruri se apresuraron a conseguir dulces junto a Kaseki y Chrome. Francois del mismo modo, salió con el equipo necesario para cuidar a la pequeña Mirai siendo seguidos por Sai.
Para cuando Xeno pensó en cambiar de opinión, todos se habían marchado y con el quedaron un hada, un pirata, un fantasma gótico y un león.
Parecía que los adolescentes bromistas no serían su único problema esa noche.
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– ¡Conseguí una paleta de colores y un helado de dulce!
Gen estaba en los hombros de Byakuya, mientras le contaba sobre los dulces que le dieron en la última casa que visitaron, Lillian iba al lado de ambos con Suika en su carreola. Y detrás de ellos, Stan y Senku caminaban con poca energía.
Stan comenzaba a pensar que tal vez su hijo preferiría ser parte de una familia ruidosa y alegre como la de Byakuya, padres que se disfrazan a juego de películas de Disney, una bebé alegre que ama las sandías.
La frialdad de la milicia y lo excéntrico de la ciencia tal vez no los hacía a el y a Xeno los mejores padres. Sabía que Hyoga compartía esa tranquilidad de hielo con ellos pero Gen era otro mundo.
Nunca podría llegar a ser el padre perfecto que necesitaba.
Pensaba en eso cuando vió a Senku detenerse mientras jugaba con una rama en el suelo.
– Deja de jugar, tus padres te dejarán atrás si no caminas – le dijo con algo de recelo, no le agradaba convertirse en el cuidador del niño que le gustaba a su hijo.
– No importa.
Stan notó un poco de tristeza en la voz de Senku, así que se acercó y vio unas gruesas lágrimas correr por sus mejillas.
Este día cada vez era peor.
– Habla, no me quedaré toda la noche sintiendo lastima por ti. – no sabía cómo consolar, mucho menos a un niño que no le caía bien, así que se sentó a su lado hasta que decidiera escupir lo que le pasaba.
– ¡Ellos serían más felices si el fuera su hijo!
Stan no esperaba eso, sabía que el pequeño científico estaba muy enamorado de su hijo, así que nunca se le ocurrió que podría sentir celos de el.
– Gen es amable, lindo, nunca destruiría la casa con un experimento científico y ellos se ven...
– ¿Como una familia perfecta? – Senku asintió a su respuesta, arrancando el césped del suelo – pero sabes, Gen no es el hijo perfecto.
El menor lo miró de vuelta, algo confundido.
– Recuerdo que rompió una vajilla de cerámica muy cara de Xeno intentando hacer magia, también hizo una broma en la escuela que terminó en una evacuación. Es un niño caótico, ruidoso, problemático, manipulador y caprichoso – soltó con una sonrisa, encendiendo un cigarrillo que había ocultado de Xeno antes de salir – el no es muy diferente a ti, y tal vez eso es lo que hace que te guste tanto.
Senku lo pensó, con sus mejillas sonrojadas, Gen no era un niño perfecto pero a sus ojos así se veía. Amaba tanto a Gen como a su familia, que por un segundo, creyó que no era suficiente para ocupar ese lugar junto a ellos.
– Es suficiente charla por ahora Frankenstein, no importa cuánto ames a mi hijo, no te dejaré las cosas tan fácil – le mencionó mientras se levantaba, arreglando su disfraz y terminando su cigarro.
Senku siguió su ejemplo y limpió el cesped de su ropa, pero antes de que ambos comenzarán a caminar vieron como Byakuya y Lillian volvían algo alterados con ellos.
– Ahí estaban, ¿Estás bien Senku? – les preguntó Lillian mientras lo ahogaba en un abrazo.
– Nos preocupamos cuando no los vimos seguirnos – siguió Byakuya quien tenía a Gen en sus brazos. El mago se soltó de inmediato al ver a Stan.
– ¡Papi! Tenía miedo que te hubieras perdido – le mencionó el menor aferrándose a él mientras sollozaba.
Stanley sonrió y cargó a su hijo en sus brazos, había pasado unos minutos alejado de él pero era suficiente para alterar a su pequeño.
– Estoy bien, tu padre está bien – le respondió limpiando las lágrimas de sus mejillas.
Senku se dejó mimar por su padre y su madrastra, y no soltó la mano de ninguno por casi toda la noche. Al mismo tiempo, Gen se dejó cargar por Stan y le hablaba de todos los dulces que había conseguido.
Antes de volver a casa, Gen decidió seguir caminando de la mano de Senku y dejar a sus padres atrás. Para alegría de la pareja Ishigami y molestia de Stan.
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– ¿Dulce o truco?
Unos pequeños se acercaron con algo de miedo a la casa de los Wingfield, pero al salir el dueño del lugar con la mitad de su rostro deforme se arrepintieron y salieron corriendo de inmediato.
– Son el tercer grupo en salir huyendo, que elegante – mencionó el científico dejando el tazón de dulces lleno otra vez en la mesa, había dado caramelos a un solo grupo de niños esa noche, su disfraz sin duda estaba siendo un éxito.
Aún así al volver a entrar escuchó un sonido indeseable en su ventana. Eran esos adolescentes que arrojaban huevos podridos a su casa.
– Vaya, una catapulta casera, no está mal – los halagó, espiandolos con un telescopio – pero no crean que no lo pensé antes, Hyoga es hora del plan B – mencionó con un tono serio por su walkie talkie.
El menor escuchó la orden de su padre, estaba en el techo de la casa observando todo con camuflaje de plantas como el que solía usar Stanley. Así que junto a Ryusui dieron la señal de inicio del plan.
Los jóvenes estaban divirtiéndose pensando que habían logrado burlar al científico malvado, hasta que vieron como de su jardín comenzaron a salir unos niños de la tierra, una niña con un traje de hada y un niño con traje de león. Parecía como si hubieran sido enterrados por ese hombre al irrumpir en su casa.
No lo pensaron dos veces y comenzaron a correr antes de que los niños zombies se acercarán lo suficiente. Kohaku y Tsukasa los siguieron por unas casas hasta que escucharon la señal de Xeno para regresar. Estaban divirtiéndose con el Dr. Wingfield, y ya se habían hecho amigos.
La noche siguió sin muchos problemas. Xeno se encargó de ahuyentar la mayor cantidad de niños posibles con la ayuda de sus nuevos asistentes y antes de que sus padres volvieran los envió a quitarse el lodo y sangre falsa.
– Creo que esto te quedará – Hyoga estaba buscando un poco de ropa para Kohaku. Le había entregado un overol con flores y una sudadera rosa.
– Esto parece ropa de niña – la pequeña sintió una punzada de celos.
– Es de mi hermano – le contestó haciendo que su preocupación se fuera, Hyoga no entendía como algo tan simple podía hacerla sonreír. Y se fue del cuarto para darle privacidad mientras se cambiaba.
En la otra habitación Tsukasa estaba buscando algo de ropa en el closet de su amigo, Ryusui intentó ayudarlo y consiguieron una camisa y un pantalón holgado, algo cómodo y perfecto para su pijamada en casa de los Wingfield.
– Te dejaré para que tengas privacidad – dijo Ryusui con una reverencia mientras cerraba la puerta, sabía que ambos eran chicos pero había aprendido por los regaños de su hermano, que muchos preferían cambiarse sin ninguna persona viéndolos.
Luego de que los pequeños zombies bajarán, se encontraron con que sus tutores ya habían regresado.
Mirai traía una bolsa repleta de dulces que deseaba compartir con su hermano mayor. Ruri también estaba ofreciéndole la mitad de los suyos a su hermana. Sai por otro lado no veía necesario algo así, Ryusui podría tener todos los dulces del mundo si lo pidiera, pero la mirada de su hermano al ver a los demás lo hizo cederle algunos, sobre todo unos chocolates con forma de piezas de ajedrez que el menor deseaba.
– ¿Se divirtieron? – preguntó Xeno a su hijo al verlo entrar a la casa de la mano de Senku, el pequeño asintió con una sonrisa en su rostro con restos de dulces y chocolates – me sorprende que el señor "mi hijo no va a tener novio hasta los 30" permita tanta cercanía – le susurró a su esposo cuando lo vio entrar.
– Es un permiso de una sola vez – a pesar de decir eso, Stan estaba mordiendo con enfado algunos cigarrillos de dulce que su hijo le regaló por acompañarlo.
La noche de brujas había terminado con éxito a pesar de su caótico inicio, algunos pequeños se despidieron junto a sus tutores luego de ver una película. Otros se quedaron a hacer una pijamada, como Tsukasa, Senku y Ryusui después de rogar que los dejarán quedarse.
– Supongo que está noche tendremos cinco hijos y una hija – bromeó Xeno mientras llevaba a la pequeña Mirai a una cuna improvisada que habían hecho para su comodidad.
Nunca habían cuidado de una bebé antes, así que les esperaba una larga noche por la empatía desmedida que Xeno y Hyoga le tenían a los hermanos Shishio.
A pesar de eso, Stan nunca cambiaría a su familia por nada. Y ahora podía estar seguro de que ellos sentían lo mismo por el.
Al final tuvo otro halloween exitoso, no podía esperar para los que vendrán en el futuro.
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