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"Conozco un lugar, es a donde voy cuando necesito recordar tu cara." -About You, The 1975.
Si tuvieras la oportunidad de volver a empezar, ¿lo harías?
Cuando es medianoche y contemplas el techo de tu habitación te encuentras deseando fervientemente regresar en el tiempo y evitar ciertas decisiones que hieren tu presente. Fantaseas con decir algo, o tal vez callarte; esperar haber ido a la izquierda en lugar de la derecha; usar calcetines rojos y no los verdes.
Pero, al final, sólo te quedas dormido fantaseando con las probabilidades, y cuando despiertas siguen las mismas viejas decisiones que te han llevado a ese punto y solo lidias con las consecuencias preguntando, siempre preguntando: ¿pude haberlo evitado? ¿Pude hacer más? ¿Podría haber arreglado las cosas antes de romperlas por completo?
Preguntas sin respuesta que te mantienen dando vueltas por la cama hasta que el sol sale, y al mirar a un costado descubres el lado vacío del colchón y te repites que no lo evitaste, no hiciste más, no lo arreglaste, pero aún te preguntas ¿y si lo hubiera hecho? ¿Él seguiría aquí?
…
Despertarse al alba era algo a lo que Seungmin ya se había acostumbrado, en especial porque sus compañeros de dormitorio no eran los más discretos a la hora de prepararse para clases por lo que se arrastraba fuera de la cama e intentaba ponerse presentable para el mundo.
Al final salía con el cabello sin peinar, la corbata mal anudada, la túnica colgada en un brazo y la mochila en otro, corriendo por los dormitorios hasta la sala común donde Chan, el prefecto y capitán de Quidditch de Ravenclaw, lo esperaba con una pequeña sonrisa de compasión.
Chan era quien le anudaba bien la corbata e intentaba acomodarle el cabello con un hechizo antes de tomar su mochila y llevarlo al Gran Comedor. En el camino no hablaban, Seungmin se colocaba correctamente la túnica e intentaba mantenerse concentrado en el presente, en cada paso que daba detrás de Chan, en respirar y evitar chocar con sus compañeros.
—Cuidado.
Chan tiró de su túnica a tiempo de evitar que se estrellara contra un grupo de primero.
—Despejen el pasillo, chicos, no dejan pasar.
La insignia de prefecto de Chan brilló en su túnica mientras contemplaban a los estudiantes con esa sonrisa contagiosa que hacía a todos obedecer de forma apresurada, Seungmin bufando una risa mientras seguía a Chan.
—No sé qué los convence más; la insignia, la sonrisa o el cabello—se mofó recibiendo un ligero empujón.
—Cállate, como si no enamoraras personas sólo con sonreír.
Seungmin apretó los labios, sintiendo que volvía a caer en esa extraña melancolía que le hacía sentir vacío y con la que había aprendido a vivir desde el año pasado.
Miró a su amigo mientras caminaba, cargaba las mochilas de ambos, llevaba el uniforme perfectamente puesto, su cabello platinado en una coleta de la que escapaban algunos mechones que le caían por el rostro mientras una sonrisa fácil curvaba sus labios.
Chan era mitad licántropo, uno de sus padres era hombre lobo y el otro un mago, podrían deducir que era parte de su encanto esa mezcla de genes, después de todo no hay muchos como él y que, además, hayan recibido su aceptación en una escuela de magia. No se ve tan afectado por la luna llena ni sufre transformaciones, aunque es muy bueno en los deportes y más fuerte que la mayoría. Sin embargo, a veces la cruza entre especies terminaba provocando dolores de cabeza.
— ¡Channie, date prisa! ¡Me comeré a Jeongin si no te apuras!
— ¡Más te vale que no! —gritó Chan en advertencia, acelerando el paso.
Cerca de la entrada al Gran Comedor, enfundados en túnicas negro y amarillo, se encontraban dos Hufflepuff esperándolos con impaciencia.
Uno de ellos, el mayor, era Minho y se trataba del mellizo de Chan y el dolor de cabeza de Seungmin, con el mismo cabello platinado pero facciones más felinas que caninas, tan insoportable que muchos aún dudaban que fuera Hufflepuff, en especial con lo arrogante que podría llegar a ser si se lo proponía. Se suponía que compartía genes con Chan, pero Minho prefería los deportes muggles antes de subir por los aires persiguiendo un balón, eso y que era muy perezoso como para beneficiarse de su condición (sus palabras).
A su lado siempre se encontraba un chico un poco más tranquilo, alto y de desgreñado cabello negro. Tenía ojos pequeños y rasgados pero una gran sonrisa que podría asegurar problemas. Se llamaba Jeongin y era novio de Chan, estudiaba en el curso de Seungmin pero fue Minho quien los presentó.
Apenas llegaron a ellos, Chan le devolvió su mochila a Seungmin para cargar con la de Jeongin, ambos Hufflepuff saludaron a los recién llegados y los cuatro juntos ingresaron al Comedor, siendo recibidos por el bullicio de las conversaciones que reinaba en el lugar. El techo estaba encantado con un azul cerúleo y esponjosas nubes, antes solía fascinar a Seungmin cada mañana encontrar un paisaje distinto, últimamente ya le daba igual, suponía que se estaba acostumbrando.
Minho los dirigió a la mesa de su casa bajo la excusa de que tenían los mejores panqueques, tirando de Seungmin para que se sentara a su lado mientras Chan y Jeongin se sentaban frente a ellos. Una vez acomodados, Seungmin siempre se apresuraba a llenarse el plato de comida aunque nunca la terminaba, durante los primeros meses sólo hizo una comida al día y Minho casi se puso como mandrágora contra él así que Seungmin aprendió a disimular, descubriendo que se le daba muy bien.
Comer algo, hablar mucho, ampliar sus intereses, mirar a sus amigos y sonreír.
— ¿Cómo estás? —le preguntó Minho como cada mañana.
—Bien, ¿por qué?
—Curiosidad—se encogió de hombros, colocando lo que parecía el décimo panqueque en su plato y procedía a cubrirlos de miel—. ¿No tienes examen hoy?
—De Herbología. Nada complicado. Igual es hasta la última clase.
—Y eso porque te ayudé a estudiar—señaló Jeongin desde el otro lado de la mesa—. Serías un desastre sin mí, matando a cada Mimbulus Mimbletonia que te encuentres.
Seungmin sonrió, porque era verdad, pero al mirarlo para negar sus palabras sus ojos fueron atraídos más allá de él, a una par de mesas de distancia.
Su estómago se volvió del tamaño de una canica pero su corazón hizo algo gracioso, como si se hubiera tropezado dentro de su pecho. Suspiró débilmente, ese extraño vacío en su interior haciéndose notar de forma dolorosa.
Las últimas palabras que le dijo parecieron brillar en su memoria, y es extraño porque estudiaban en un internado así que debió saber más de él, sin embargo el destino parecía reírse en su cara diciendo que, quizá, aquello no estaba destinado a suceder si la última vez que hablaron Seungmin vio sus lágrimas y ese extraño hueco apareció en su pecho.
Era ese momento en la mañana donde se encontraba deseando volver el tiempo atrás, decir algo diferente, hacer otras cosas, entender qué no vio como para que ahora su alma y corazón estén al otro lado del comedor y no a su lado.
Miró hacia su plato antes de que descubrieran a donde había ido su atención.
— ¿Irán a Hogsmeade este fin de semana? —preguntó Chan mientras uno de sus brazos descansaban alrededor de los hombros de Jeongin—. Pensaba que podríamos pasar el rato en Las Tres Escobas.
— ¿Para ver cómo tú y Jeongin comparten saliva? No, gracias, paso—masculló Minho con la nariz arrugada mientras le servía jugo de calabaza en una copa a Seungmin—. Estoy a otra salida de petrificarlos. Lo asqueroso que es ver gente enamorada, me provocan ganas de-
—Mira, es Jisung.
— ¡¿Dónde?!
No era Jisung, por lo que Chan y Jeongin comenzaron a carcajearse mientras Seungmin sonreía, satisfecho de molestar a Minho.
Han Jisung era el cazador y co-capitán estrella del equipo de Gryffindor, compañero de Adivinación e Historia de la Magia de Seungmin; era un chico lindo, carismático, divertido y Minho estaba profundamente enamorado de él.
Ninguno de sus amigos tenía problema con ello, aunque Chan y Seungmin consideraban cuestionable sentir atracción por un Gryffindor, igual lo apoyaban en cualquier cosa de su futura relación…si al menos Minho le hablara a Jisung, aunque fuera un saludo, sólo para que Minho se quedara congelado apenas lo distinguía entre los pasillos.
Seungmin temía haber arruinado cualquier conexión que pudiera acercarlos. Verás, estudiar magia en una de las pocas escuelas existentes significa que pasas varios meses al año conviviendo con las mismas personas así que sin importar a qué casas pertenezcas, en algún punto te volverás un punto de conexión entre dos personas que conoces, eso habría sido Seungmin entre Minho y Jisung hasta el año pasado, ahora estaba seguro de que se consideraba el nuevo Enemigo Público No. 1.
— ¿Sabes, Minho? —Jeongin miró a su ruborizado cuñado una vez que sus risas se calmaron—. Sólo tienes que decir “hola” y Jisung quedará encantado.
—Eso no lo puedes saber—gruñó con la boca llena de migas de panqueques—. ¿Y si le doy miedo por ser mitad licántropo?
—Entonces confirma mi teoría de que hay que ser idiota para pertenecer a Gryffindor—intercedió Chan con el ceño fruncido—. Y qué deberías mejorar tus estándares.
—No todos podemos encontrar un Jeongin—se quejó Minho.
—Lo sé—Chan sonrió besando la mejilla de su novio sonriente.
—Aunque sería hipócrita de su parte discriminarte por eso cuando Remus Lupin perteneció a Gryffindor—lo consoló Seungmin, picoteando su comida—. Si lo hace, definitivamente es un idiota.
—Y eres el primer medio hombre lobo en Hufflepuff—recordó Jeongin con una sonrisa—. Eso ya es histórico de por sí.
Sus conversaciones siguieron y aunque Seungmin formaba parte de ellas, sus ojos seguían yendo al otro lado del comedor, a esa túnica esmeralda y con el cabello perfectamente peinado. Le parecía escuchar su risa entre el sinfín de conversaciones, pero dentro de él no se sentía digno de siquiera admirarlo en la distancia.
Aunque las incertidumbres aún lo mantenían despierto por la noche, Seungmin había aprendido a esconderlas en el día para no preocupar a sus amigos.
Pero esos pequeños recordatorios de que él existía y en algún momento estuvo junto a Seungmin le hacían llenar de dolor ese vacío, asfixiándolo y haciendo que su ceño se frunciera porque aún había cosas que no entendía, huecos en la historia que no podía llenar y le daban intranquilidad. Sin embargo, cuando alguien a quien amas mucho te dice que seguirán siendo amigos, sabes que es la forma gentil de pedirte que no lo busques más.
—Olvidé mi cuaderno de pociones en el dormitorio—murmuró de pronto, levantándose abruptamente de la mesa—. Tengo que ir por él.
— ¿Te acompaño?
Sus tres amigos preguntaron al mismo tiempo y en perfecta sincronía, mirándolo con idénticas expresiones de sorpresa mientras Seungmin se colgaba la mochila. Y agradecía, de verdad que sí, que lo cuidaran tanto y se preocuparan por él, pero en mañanas como esa lo único que quiere es estar solo.
—No, iré rápido—los tranquilizó, esperando que su sonrisa fuera convincente antes de mirar a Jeongin—. Te veo en Encantamientos.
Se apresuró a salir del comedor con la cabeza gacha, sorteando a los estudiantes que iban entrando a almorzar, esquivando túnicas mientras se cruzaba de brazos y una vez a salvo en los pasillos desaceleró la marcha, buscando esa vieja ventana que daba al Lago Negro, escondida entre los pasillos del castillo, su nuevo escondite, su lugar favorito.
Ahí lo vio por primera vez, frente a esa ventana tuvieron su primer beso. Sólo sentado en esa ventana era donde Seungmin se permitía llorar por su relación fallida preguntándose, siempre preguntándose.
¿Qué hice mal?
…
Caminaba por los pasillos en dirección a Historia de la Magia, su propia tortura personal puesto que compartía la clase con las otras tres casas. Jeongin había decidido que no aplicaría a esa clase ese año porque sino terminaría averiguando si existía algún hechizo que dé el mismo efecto que el disparo de un arma.
Pero a Seungmin le gustaba la historia, incluso si era tan incompleta como la que explicaba el profesor Binns, un fantasma con una vida tan aburrida que incluso después de muerto seguía dando clases. Seungmin ahora creía que había sido muy injusto con él antes, cuando se sentía tan lleno de vida, ahora parecía que él también se había vuelto un fantasma vagando entre los pasillos.
Unas risitas hicieron que alzara la cabeza, dudando en sus pasos al distinguir a una pareja cerca de una de las ventanas, ¿él tenía algo con ellas? Parecía ser pues estaba ahí recargado en el alféizar de una mirando con especial atención a lo que sea que la chica a su lado decía. Sonreía levemente, asentía y parecía reírse de las cosas que ella decía.
Era otra chica de Slytherin de largo cabello rubio sujeto con un moño verde, era bonita, esa belleza aristocrática que caracterizaba a los de su casa, se inclinaba hacia él, le tocaba el brazo, ella jugaba con sus rulos en una clara señal de coquetería que se sentía como una patada en el hígado para Seungmin, que por un momento se quedó congelado, apenas un par de segundos, el tiempo suficiente para que él sintiera su presencia y lo mirara.
Toda expresión de su rostro cayó cuando sus ojos se encontraron, la magia vibrando en la piel de Seungmin como estática, sus manos convirtiéndose en puño mientras por un mísero segundo volvía a verse reflejado en aquellos ojos castaños que tanto añoraba, pero al ver el dolor en su rostro decidió que tal vez ya lo había lastimado lo suficiente así que se apresuró a seguir caminando.
No necesitas explicaciones. No tienes por qué enojarte o sentirte mal. No llores, por Merlín, no llores. Él terminó contigo porque tú no eras bueno con él. No llores, no llores.
Se mantuvo repitiendo aquello como un mantra mientras una burbuja de llanto amenazaba con explotar en su pecho, obligando a su cerebro a mantenerse tranquilo porque no había nada que llorar. Ya había pasado un año, 365 días completos, si no es que más, desde la vez que Hwang Hyunjin se paró frente a él con lágrimas en los ojos y le dijo que las cosas no estaban funcionando así que debían tomarse un tiempo.
Un año desde la última vez que lo abrazó y lo besó. Un año desde que sus manos se entrelazaron entre clases, de que hubo felicidad y amor cada vez que sus ojos se encontraron en la multitud. Y si bien aún había muchas preguntas sin respuesta de parte de Seungmin, siempre ha tenido claro que cuando una persona te deja de querer no puedes hacer nada para que te quiera de vuelta, simplemente no te quiere.
No podía seguir lamentándose por algo que arruinó como si fuera una víctima de las circunstancias, tenía que seguir adelante, pero le costaba tanto trabajo siquiera salir de la cama incluso un año después que seguía preguntándose si acaso en algún momento de su vida lograría a aprender a vivir sin él.
Ingresó al aula siendo recibido por las conversaciones de sus compañeros en señal de que la clase aún no comenzaba, y sólo echó una mirada superficial para dar con un asiento vacío antes de dirigirse a él. Fue hasta que dejó su pergamino y una pluma que alzó la cabeza y distinguió la túnica escarlata y verde que se sentaban frente a él, mechones de cabello rubio y oscuro, una mirada sobre el hombro para hacer estallar el pánico de Seungmin.
El asiento a su lado estaba vacío y eso hizo que mirara alrededor antes de que fuera tarde, buscando cualquier otro lugar, así sea hasta el frente, pero ni siquiera tuvo tiempo de recoger sus cosas cuando él ingresó al aula con su ceño fruncido y la sonrisa olvidada. La chica que estaba junto a él en el pasillo parecía seguir hablando como si no notara los cambios en el chico, parloteando sin parar. Se tensó en su asiento al mismo tiempo que los dos chicos frente a él, esperando.
Fue cuando Hyunjin miró a su alrededor y notó dos asientos vacíos, uno cerca de la segunda fila junto a las ventanas a un lado de un Gryffindor, y otro más en la fila de en medio pero en la parte trasera, detrás de sus dos mejores amigos pero junto a Seungmin.
Seungmin miró el asiento vacío cerca de las ventanas, ¿por qué no lo vio cuando entró? Vale, no es que le cayeran mal todos los Gryffindor pero sí la gran mayoría, tal vez su cerebro lo descartó tan rápido que ni siquiera le dio la oportunidad, pero ciertamente lo habría preferido antes de sentarse detrás de Han Jisung y Lee Felix si eso significaba verse envuelto en ese embrollo.
No obstante, mientras se inclinaba para tomar su mochila del suelo, dispuesto a recorrer la distancia que le separaba del otro asiento para que aquella pareja pudiera sentarse junta, Hyunjin tomó la decisión por ambos y, aún con el ceño fruncido y la expresión de preferir masticar vidrio, caminó hacia el lugar vacío junto a Seungmin.
El Ravenclaw se encontró deseando que su corazón no explotara en ese instante, sus manos empapadas de sudor y temblando sobre el pupitre, una pequeña ave envuelta por la serpiente que le impedía emprender el vuelo. Aún no entendía por qué se sentía tan avergonzado si fue Hyunjin quien terminó con él, ¿no debería ser él quien intentara evitarlo?
Pero cuando dejó caer toda su altura en el asiento junto a Seungmin fue como si se le olvidara, por un instante, el dolor que su presencia solía traer, después de todo así habían sido las cosas antes, ellos sentados juntos mientras Felix se quejaba con Jisung de ya no soportar ser un mal tercio.
Se obligó a sí mismo a mantener su atención en el pergamino, mirando a hurtadillas cómo Felix y Jisung miraban sobre el hombro a Hyunjin, un silencioso cuestionamiento que el pelinegro se encontraba respondiendo con un escueto asentimiento sin emitir sonido alguno. Seungmin se sentía pálido, tembloroso, deseando que hubiera un modo de desaparecer dentro de las instalaciones, maldiciendo por no haber comprado una de esas gomas de mascar que te provocan el vómito cuando visitó Sortilegios Weasley antes de clases.
El profesor Binns, siempre puntual, ingresó al salón murmurando cosas para sí. Seungmin se apresuró a garabatear la fecha en uno de los pergaminos antes de que su viejo profesor comenzara a hablar sobre la guerra contra los Gigantes. Todos guardaron silencio, algunos comenzaban a dormirse en sus pupitres, otros sí escribían notas como Seungmin, y algunos más, cómo el chico a su lado, se encontraban dibujando en un pequeño cuaderno con aburrimiento.
Siempre consideró que Hyunjin tenía todo para ser un Ravenclaw, su pasión por aprender cosas nuevas y ejecutarlas era admirable, por no decir que enamoró por completo a Seungmin, pero él solía decirle que no se sentiría como él mismo si estuviera en otro lado que no fuera Slytherin, que había encajado muy bien con el verde y que, además, combinaba mejor con el azul.
Aburrido, y sabiendo que no podía distraerse demasiado viendo a Hyunjin, Seungmin comenzó a mirar a su alrededor esperando encontrar algo interesante, cualquier cosa. Podríamos suponer que él fue el primero en verla, pero lo cierto es que ha habido pequeños accidentes desde que comenzó el año escolar así que sería mentir, pero en esa ocasión Seungmin fue quien prestó atención, distraído de la clase.
Primero lanzó una mirada superficial por el lugar antes de fruncir el ceño y volver a mirar. Se incorporó un poco en su asiento, atrayendo la atención de Hyunjin, pero Seungmin parpadeó para confirmar que había visto bien y no estaba alucinando la nube lavanda que se enroscaba en el suelo, parecía emanar de alguna parte, saliendo de las grietas del suelo mientras se enroscaba como serpientes de humo en el aire y avanzaba con lentitud. Seungmin se inclinó hacia el pasillo, atraído por ella, y pronto varios de sus compañeros la notaron y comenzaron a murmurar entre ellos, curiosos.
Sintió la presión en su hombro cuando Hyunjin se inclinó contra él para ver mejor, el olor a lavanda y jazmín llenando sus fosas nasales en un abrazo familiar que extrañaba encontrar en sus suéteres. Se obligó a sí mismo a no reaccionar con sorpresa y, por el contrario, sólo se inclinó un poco hacia atrás para hacerle más espacio. Jisung y Felix estaban colgando casi sobre el pasillo desde sus pupitres, contemplando con confusión y admiración la pequeña danza de aquella neblina.
Fue entonces que la vieron enroscarse alrededor de los pies de una de sus compañeras, la misma chica rubia que había estado con Hyunjin en el pasillo, serpenteaba por sus calcetas, acariciaba sus rodillas, hizo que la chica se estremeciera levemente antes de caer al suelo con un sonoro golpe que alarmó a todos.
En un acto de reflejo, Seungmin estiró el brazo y lo cruzó sobre el pecho de Hyunjin, asustado al ver cómo la bruma rodeaba aquella chica en una cama de color lavanda, envolviédnola antes de atravesar sus fosas nasales y su boca, desapareciendo en su interior como si ella la hubiera respirado en su totalidad.
— ¿Gwen? —la llamaron con pánico—. ¡Gwen!
La chica sólo suspiró sonoramente y siguió acostada…dormida.
— ¡Llamen al profesor Potter! —gritó alguien más.
El profesor Binns miró con molestia el escándalo, en especial cuando un Ravenclaw salió corriendo del salón en búsqueda del profesor Potter, pero al ver una chica desmayada en el suelo de su salón decidió que era día de suspender la clase.
El corazón de Seungmin latía a toda velocidad en su pecho, pánico recorriendo su cuerpo, ¿sería él quien estuviera en el suelo si se hubiera cambiado de lugar? ¿Qué era esa neblina? ¿Sería un hechizo maligno? ¿Otra época oscura reinaba de nuevo?
— ¿Seungmin?
El interpelado se sobresaltó, mirando hacia el frente sólo para encontrar a Jisung y Felix de pie con sus propias cosas mirándolo con una extraña expresión de incredulidad y preocupación, el Ravenclaw contemplando confundido a su alrededor sólo para notar que aún mantenía un brazo frente a Hyunjin, quien le miraba con brillantes ojos castaños carentes de los miles de sentimientos que había tenido no hace mucho por él.
—Lo…lo siento—balbuceó, apartando con delicadeza el brazo.
—Nos están evacuando—anunció Jisung al ser consciente de la clara confusión de Seungmin—. El profesor Binns no quiere oír nada de gas tóxico.
—Sí, gas tóxico. Gracias—balbuceó, tomando sus cosas con rapidez—. Evacuar, suena bien.
Felix seguía mirándolo con el ceño fruncido, un odio intenso en los ojos grises que solían transmitir bondad, pero Seungmin sólo tomó sus cosas y se apresuró a salir sin mirar una segunda vez al chico a su lado, sabiendo que terminaría por hacer algo estúpido como preguntarle si podía hablar con él o peor, decirle que lo extraña.
Minho se haría un festín si descubría que se encontraba rogándole a Hyunjin, y no va a permitir que un Hufflepuff, por muy medio licántropo que sea, se burle de él.
Saliendo del aula notó al profesor Potter seguido de la profesora McGonagall y el resto de los profesores desfilar por el pasillo. El profesor Malfoy venía conversando con el profesor Longbottom y el único pensamiento con sentido que pasó por la cabeza de Seungmin a pesar de las extrañas, y alarmantes, circunstancias fue que deseaba que suspendieran el examen de Herbología.
…
A la hora de la cena la noticia de lo que había ocurrido en Historia de la Magia ya se había corrido por todo el castillo, locas suposiciones iban y venían por todo el comedor, desde algún hechizo que envenenaba a los magos apenas les tocaba a compararla con una vieja película Muggle de terror llamada La Niebla.
Seungmin consideraba que los Muggles deberían de mejorar el arte de nombrar películas, aunque el concepto parecía ser interesante cuando le preguntó a una de sus compañeras al respecto, incluso descubrió que era un libro así que vería si podría enviarle una carta a su padre para que lo consiguiera.
Debido a que en Hogwarts las cenas son, medianamente, formales, todos los estudiantes se sentaban en la mesa de su respectiva casa, a diferencia del desayuno y el almuerzo. Eso significaba que Seungmin se sentaba junto a Chan durante cada cena y conversaban sobre su día.
— ¿Conoces a la chica? —preguntó Chan mientras comían—. Escuché que es de tu año.
—Fue en mi clase—admitió Seungmin, sabiendo que al menos cinco personas a la redonda le estaban prestando atención además de Chan—. Su nombre es Gwen, es de Slytherin.
— ¿En serio? Qué mal. Dicen que se convulsionó—sus palabras hicieron que Seungmin bufara—. ¿Qué? Es lo que dicen.
—Lo malo de estudiar en un maldito internado es que los chismes se distorsionan—gruñó, apuñalando una de las patatas que acompañaba su cena—. No se convulsionó ni vomitó, ni siquiera se retorció como si un demonio la poseyera. Sólo se desmayó y-
Guardó silencio, recordando vívidamente el momento, la neblina emanando de las grietas del suelo, la forma en la que se enroscó alrededor de sus tobillos, cómo todos se encontraban atraídos hacia ella pero ninguno sintió el peligro ni la necesidad de advertir a su compañera. Pero sobre todo recuerda a Hyunjin, al peso de su cuerpo contra su hombro, el aroma con el que solía dormir cuando se salía con la suya, su calor. Recuerda ver sus ojos asustados por lo que acababa de ver.
Y recuerda la sonrisa de Hyunjin mientras conversaba con esa chica en el pasillo.
—Y dio un salto mortal y bailó la macarena en los pupitres—gruñó, rodando los ojos con fastidio.
Chan bufó una risa, agachando la cabeza para disimular mientras que el resto de sus oyentes se quejaba por la mala información que Seungmin estaba dando. Sin embargo, escuchar la risa de Chan fue suficiente para hacerlo sonreír, revolviendo su comida sin mucho apetito. La verdad sólo quería dormir, pretender que su vida no se había ido al traste después de que le rompieran el corazón, pero la verdad es que tampoco podía dormir por seguir viviendo con preguntas sin respuesta que le mantenían en vela.
La comida no se le antojaba, no podía conciliar el sueño, la máscara ante sus amigos cada vez era más difícil de soportar. Un año y Seungmin aún no lo superaba, estaba volviéndose loco.
Fue antes de que la cena terminara que la profesora McGonagall les pidió que guardaran silencio, todo el alumnado obedeciendo en cuestión de segundos, más motivados por su sed de información que por verdadero respeto a la mujer, y Seungmin no quería decir que él no sintiera curiosidad, la verdad es que estaba bastante interesado en saber qué era, pero al menos quería creer que no le motivaba la curiosidad morbosa como al resto de sus compañeros.
—Damas y caballeros, tengo un aviso importante qué hacer—anunció la profesora, ese tono melancólico en su voz haciendo que todos se preocuparan—. El día de hoy una de sus compañeras sufrió un accidente, Gwen Jhons ya se encuentra siendo trasladada a San Mungo por petición de sus padres donde se espera que encuentren una cura a lo que le pasó.
“Es mi deber informarles y pedirles una disculpa por esto, pensamos que la escuela estaba bastante protegida pero tal parece que no es así. Poco después de que comenzó el año escolar comenzaron a haber pequeños incidentes en Hogsmeade, reportaron que una bruma lavanda salía en lugares aleatorios y las personas que tenían contacto con ella caían en un profundo sueño.
Los murmullos no se hicieron esperar, Seungmin se tensó de pies a cabeza ante la información y miró a Chan, encontrando al mayor con el ceño fruncido mirando hacia la directora, el hueso de su mandíbula tenso en señal de que estaba apretando los dientes con fuerza.
—No pensamos que afectaría a la escuela por las protecciones que ésta tiene—continuó la profesora, atrayendo de nuevo la atención—. No sabemos qué lo ocasiona ni de dónde viene, por eso les pedimos por favor, si cualquiera de ustedes ve algo evacuen el lugar y reportenlo con el primer profesor que encuentren.
— ¿Gwen va a morir? —preguntó alguien desde la mesa de Slytherin.
—No, señor Lee. Gwen sólo está dormida, profundamente dormida.
…
Salir del comedor era una tarea sencilla, Chan se despedía de él porque le tocaba hacer recorridos en los pasillos en sus rondas, si llegaba a ver a Minho y Jeongin sólo era para despedirse ya que ellos iban hacia abajo mientras que Seungmin tenía que subir al quinto piso para llegar a la torre Ravenclaw.
Era esos momentos del día donde se escabullía entre sus compañeros para pasar un rato en su ventana, después de todo nadie transitaba por ese pasillo a esas horas y Seungmin se podía tomar un momento para ahogarse en su melancolía, tal vez esperando agotarse lo suficiente para conciliar el sueño apenas llegue a su cama, persiguiendo quimeras cada noche de la misma manera en la que lidia con sus incertidumbres, y ninguna le deja dormir.
Se sentó en el alféizar de la ventana y subió los pies para abrazar sus rodillas, recargando la mejilla en ellas y miró fijamente hacia la ventana, viendo la noche caer sobre los árboles del Bosque Prohibido, las estrellas reflejándose en el Lago Negro, veía la brisa agitar las hojas de algunos árboles, el campo de Quidditch en la distancia, todo un paisaje que antes le parecía mágico y ahora parecía ser de terror.
Ya no se encontraba maravillado de las pequeñas cosas, ya no había absolutamente nada de esa chispa de alegría que solía caracterizarle, se dedicaba a vagar entre los pasillos en espera de un vistazo de su rostro para sentirse lo suficientemente motivado para terminar el día, el vacío en su pecho creciendo y soñando con el momento en el que sea tan grande que lo consumirá como un agujero negro.
Apartó un brazo de las rodillas y tocó con la yema de sus dedos el cristal, fantaseando con recuerdos, esperando que sus risas y secretos estuvieran escondidos en su reflejo pero sólo en ese momento se daba cuenta que hubo cosas a las que no les prestó atención, ¿cuántos recuerdos había en esa ventana? Muchos, definitivamente muchos, Seungmin no podía recordarlos todos y sólo rescataba dos.
Sacudió la cabeza, suspirando, mientras se incorporaba de su posición para regresar a su dormitorio. Después de todo, los errores que llevaron a Hyunjin a tomar esa decisión fueron suyos. No hablas, no me buscas, parece que te da igual.
No siento que me quieras así que deberíamos tomarnos un tiempo, conocer a otras personas.
Está bien. Esa fue la escueta respuesta de Seungmin mientras veía cómo la expresión mortificada de Hyunjin se transformaba en desesperación e ira. Está bien, dijo incluso cuando Hyunjin siguió diciendo que era lo mejor y podían ser amigos.
Está bien, repitió cuando lo ignoró en los pasillos y lo evitaba como la peste.
Está bien, seguía diciendo cada mañana al salir de la cama sabiendo que no tenía que ir a esperarlo en las mazmorras antes de ir a desayunar juntos.
Está bien, se dijo esa misma tarde al verlo sonreír con alguien más.
Se pasó la mano por el rostro, en caso de que las traicioneras lágrimas se hubieran escapado sin su permiso, y se dio la vuelta para dirigirse a su dormitorio, deteniéndose un par de pasos cuando distinguió a alguien caminar en su dirección, tan quieto como una estatua cuando se dio cuenta que era Hyunjin.
Abrió la boca, sin saber qué decir, dudando de si debería caminar como si no lo hubiera visto, como si no rondara el que solía ser su lugar secreto para estar juntos, mierda eso sí que era vergonzoso, aunque algo de esperanza quería florecer, ¿Hyunjin también buscaba esa ventana? ¿Extrañaba su presencia en ese lugar?
— ¿Fuiste tú?
Su voz, después de tanto tiempo sin escucharla dirigirse a él, le hizo estremecer y mirarlo una vez que se detuvo a cierta distancia. Era una acusación, lo notaba por la forma en que sus brazos estaban cruzados y sus cejas amenazaban con tocarse de lo profundo que estaba frunciendo el ceño, pero se estaba dirigiendo a él y eso hacía que Seungmin tuviera un breve colapso antes de responder.
— ¿Qué?
Bueno, eso no fue muy Ravenclaw de su parte, pero no había nadie cerca para presenciar su humillación.
— ¿Tú le hiciste eso a Gwen?
La acusación directa cayó como balde de agua fría a Seungmin, tensándose de pies a cabeza mientras todos los colores desaparecían de su rostro.
— ¿Perdón? —masculló, ofendido—. Tal vez te perdiste el aviso de que eso lleva pasando meses en Hogsmeade, ¿por qué me acusas de ello?
—Ese lugar tenía que ser tuyo—señaló Hyunjin, mordiendo la parte interior de su mejilla.
—Ah, o sea que sólo porque no me senté en ese lugar, ¿es mi culpa?
—No quieras tratarme de idiota—Hyunjin descurzó los brazos, las manos convertidas en puños mientras daba un par de pasos al frente—. Nunca te sientas cerca de nosotros, ni siquiera por accidente, ¿y hoy decidiste que era el día de hacerlo? ¿Y Gwen resultó herida? ¿Después de que nos vieras juntos? Sé leer las coincidencias, Kim, y todas apuntan a que tú tuviste algo que ver.
No dijo su nombre, manteniendo distancia como si sólo fueran compañeros de clase que intercambian unas palabras y no la persona con la que solían dormir.
Dolió, sentía que Hyunjin tomaba lo que quedaba de su corazón y lo apretaba entre sus dedos esperando provocarle el mismo dolor que él sintió durante toda su relación, y podemos culpar a ese dolor la reacción de Seungmin, después de todo los animales suelen atacar cuando están heridos y arrinconados, ¿qué hacía diferente a los humanos?
— ¿Y por qué lo haría? —exigió saber, bufando mientras se cruzaba de brazos—. Ni siquiera la conozco.
—Porque nos…
La voz de Hyunjin se desvaneció sin llegar a decir su acusación, pero Seungmin pudo entenderla. Sí, los vio, pudo verlos y dolió cómo el infierno, ¿pero en qué concepto tenía a Seungmin como para llegar a creer que él lastimaría a alguien que le importa?
Lo único que desea es poder arreglar las cosas, quizá tener una segunda oportunidad, pero si tiene que estar condenado a vivir sin él, al menos espera que Hyunjin encuentre a alguien que pueda hacerlo sentir que importa.
— ¿Por qué habría de importarme si es tu novia? —preguntó de forma brusca, cruzando los brazos contra su pecho—. Hace un año que rompimos.
Se contemplaron el uno al otro, Hyunjin reconociendo la existencia de Seungmin después de meses, y podía ver una gran variedad de emociones pasando por su rostro, desde la ira hasta el dolor, la tristeza y frustración, de nuevo un grito silencioso que Seungmin no entendía.
—Tienes razón—asintió Hynjin, su rostro volviéndose tan estoico como el de una piedra—. A ti nunca te ha importado una mierda.
Seungmin parpadeó, sorprendido, mientras veía al chico que aún amaba luchar contra el llanto, la ira cegando su juicio así que podemos culparla de ser la causante por la que descruzó los brazos y se apresuró a sujetarlo de la muñeca antes de que volviera a escabullirse, desaparecer entre las grietas del castillo, siendo sólo un recuerdo en su memoria que no podía recordar con exactitud.
— ¿Qué significa eso? —exigió, el rostro ruborizado.
—Suéltame—advirtió Hyunjin, tirando de su brazo hasta soltarse—. Sólo mantente alejado de mí.
— ¿Yo? —se señaló, incrédulo—. ¡Lo he hecho! ¡Eres tú quien me está buscando para acusarme de una tontería!
— ¡No es una tontería! ¡No tenías por qué sentarte ahí!
— ¿Por qué te sentaste junto a mí, entonces? Podías tomar el lugar de Gwen y habrías sido tú.
—Mi lugar siempre es con Felix y Jisung, ¡y lo sabes!
— ¡Y el mío está junto a ti!
Sus palabras resonaron por todo el pasillo, un grito vibrando en las paredes, impactando con el cristal, haciendo que Hyunjin lo contemplara en silencio, ojos enrojecidos y boca abierta sin saber qué responder sólo para que Seungmin tuviera la oportunidad de recibir de regreso sus palabras y escuchara lo que acababa de decir, su estómago cayendo a la planta de los pies, la mortificación de haber exhibido lo que sentía más de lo necesario haciendo temblar sus rodillas.
Su primer pensamiento fue hechizarlo para que olvidara lo que había dicho, quizá fue la razón por la que sacó la varita de la manga de su túnica, su mano envuelta fuertemente alrededor de ella, respiración acelerada.
— ¿Qué hacen aquí?
Una tercera voz los sobresaltó, Hyunjin girando y colocándose junto a Seungmin mientras veían al profesor Malfoy caminar hacia ellos con su característico ceño fruncido, su cabello brillando en las antorchas y su túnica moviéndose a cada paso que daba.
El profesor Malfoy era el profesor menos favorito de Seungmin, sólo porque era malo en pociones y eso, al parecer, era ser un fracaso como mago en lo que respecta al profesor Malfoy, no era grosero ni insultaba a sus estudiantes, pero bastaba un gesto y una nota mala para que Seungmin se sintiera intimidado.
Sus ojos grises los contempló a ambos, era obvio que notaba el escudo de Slytherin en la túnica de Hyunjin, así que los señaló con la varita a ambos con clara expresión molesta.
—Les dicen que hay una neblina peligrosa colándose en la escuela, ¿y deciden que es buen momento para merodear en los pasillos?
—No estábamos merodeando—intercedió Hyunjin, moviéndose incómodo.
—No, claro que no, porque escuchar sus gritos desde el otro lado del pasillo sin duda no es merodear—masculló el profesor, mirándolos con ojos entrecerrados—. Hace veinte minutos que pasó el toque de queda, y si no me dicen una buena excusa de por qué están tan lejos de sus dormitorios los mandaré a detención.
Seungmin miró a Hyunjin, esperando que repitiera sus acusaciones, que diera una buena razón de por qué pensó que atacó a su novia cuando fue Hyunjin quien terminó con Seungmin, pero el Slytherin simplemente guardó silencio, mirando hacia abajo.
Kim Seungmin no era alguien que se metiera en problemas, en especial si quería ser prefecto el siguiente año, podrían considerarlo un estudiante ejemplar digno de su casa por sus buenas notas y su comportamiento impecable, así que lo que menos quería era una mancha en su acta académica por andar discutiendo con su ex novio en medio de la noche.
—Perfecto entonces—asintió Malfoy—. Mañana antes de la cena los quiero ayudando a Hagrid a limpiar los corrales de los Thestrals sino serán cincuenta puntos menos para cada casa.
Ambos asintieron, derrotados, así que el profesor Malfoy señaló el pasillo con la varita, agitándola sólo para crear dos burbujas, una verde y otra azul, que se mantuvieron flotando ante ellos.
—Se van a asegurar de que lleguen a los dormitorios sin desviaciones—advirtió, mirándolos con una expresión severa—. Cualquier desvío y comenzará a sonar como una chicharra, ¿bien?
Volvieron a asentir, murmurando una despedida antes de encaminarse hacia su respectiva burbuja, Seungmin luchando contra el impulso de volver a ver a Hyunjin, la herida en su corazón sangrando a causa de sus palabras, sus ojos ardiendo con el llanto retenido que se negaba a derramar.
De verdad deseaba quedarse dormido apenas llegara a la cama.
…
— ¿Escucharon lo que sucedió anoche?
Fue Chan el primero en decirlo cuando se sentaron a desayunar, Seungmin mirando con alarma pues estaba seguro que no había compartido con ninguno su castigo para esa misma tarde por temor a sus reacciones sobreprotectoras.
— ¿Qué? —preguntó Minho con la boca llena.
—La neblina apareció en la torre de Ravenclaw—anunció en voz baja, mirando alrededor para asegurarse que nadie lo escuchaba—. Dicen que fue poco después de la cena, ya para el toque de queda.
— ¿En serio? —Jeongin miró a su novio, alarmado—. ¿Tocó a alguien?
—A Lily, el profesor Potter y el profesor Malfoy están vueltos locos—asintió, todos hicieron una mueca.
Lily Potter era la hija del profesor Harry, la niña apenas iba en su primer año, era una niña dulce y alegre, Seungmin ha compartido su mesa de la biblioteca con ella en ocasiones y a veces la ayuda con sus deberes. No era un secreto que era hija de los dos profesores más reconocidos de todo Hogwarts, después de todo había salido en Quisquilloso cuando la tuvieron y los métodos mágicos que usaron en caso de que hubiera más parejas como ellos que quisieran concebir sin un tercero.
— ¿Cómo pasó? —preguntó Minho, inclinándose sobre la mesa.
—Dicen que pareció salir de las grietas del suelo, nadie pudo advertirle a Lily hasta que la tocó. Cayó al suelo, la neblina entró en ella y ya, se quedó dormida.
Jeongin se estremeció por lo que Chan se apresuró a abrazarlo para atraerlo a su costado, el estómago de Seungmin volvió a cerrarse en banda, mirando sin apetito la comida en su plato antes de apartarlo.
Miró a su alrededor, todos murmuraban en voz baja lo sucedido, en esta ocasión sin exagerar detalles ya que hablaban de la hija del salvador del mundo mágico, dolor de cabeza creciendo detrás de sus ojos ante la idea de una amenaza desconocida dentro de la escuela, ¿debería de enviar un mensaje a su padre? No es que fuera a resolver algo, pero es probable que quiera armar un escándalo para sacarlo de la escuela.
Pero irse de la escuela significa volver a casa, donde podía morir de tristeza sin que nadie lo notara porque sólo ahí Seungmin no tenía la necesidad de fingir que estaba bien, y aunque parecía un riesgo sensato de correr, prefería evitarlo.
—Anoche Hyunjin habló conmigo.
Expresar sus pensamientos en voz alta lo sobresaltó, pero fue suficiente para que sus amigos le prestaran toda su atención, mirándolos con claras expresiones de preocupación. Desde la ruptura no sabían cómo tratar el tema con Seungmin, notó que habían decidido ni siquiera mencionar su nombre, marcar una línea entre ellos por si acaso, encendiendo sus alarmas ante cualquier cosa que hiciera.
— ¿Estás bien? —preguntó Minho, preocupado.
Esa preocupación casi hace reír a Seungmin. Minho y él tenían una relación amor-odio desde que Chan los presentó, que expresara sus sentimientos de manera tan obvia lastimaba a Seungmin, le hacía creer que no había disimulado tan bien como había creído.
—Bueno, me acusó de ser quien mandó la neblina a Gwen así que podía ser peor—se encogió de hombros, como si no tuviera importancia.
— ¿Por qué te acusaría de eso? —cuestionó Jeongin, molestia filtrándose en su voz.
—Es una tontería—masculló, cubriéndose el rostro con ambas manos—. Los vi en el pasillo antes de clase. Tiene novia, felicidades por él, ¿me dolió? Tal vez un poco, supongo, aún pienso en lo que pude haber hecho para que me dejara, así que perdón por entrar al aula y no pensar dónde iba a sentarme. Me senté detrás de Felix y Jisung y no, Minho, no sé a qué huele su cabello, pero cuando me di cuenta ya era tarde, no alcancé a cambiar de lugar.
“Él se sentó a mi lado y Gwen cerca de las ventanas, la neblina salió del suelo y la alcanzó, ¿y es mi culpa sólo por sentarme en el lugar incorrecto?
Sólo cuando terminó de hablar se dio cuenta de que estaba sollozando, hombros temblorosos sintiendo que esa indiferencia con la que se había disfrazado se rompía y no podía parar, demostrando que aún le dolía, que sentía tanto y no sabía qué hacer con ello pero se estaba ahogando y era cansado pretender estar bien.
—Y ahora tengo detención con él—sollozó sin descubrirse el rostro, más avergonzado de estar llorando en pleno desayuno que de lo que decía—. Les juro que intento superarlo, ha pasado un año, pero por Merlín que no puedo, lo extraño mucho.
Sintió que unos brazos lo envolvían, pudo apreciar el perfume de Minho por lo que se acurrucó contra él mientras Jeongin y Chan se pasaban por debajo de la mesa para sentarse de su lado y abrazarlo, los cuatro apretados de tal forma que seguro llamaban la atención pero por una vez a Seungmin no le importó.
Dicen que quienes pertenecen a Ravenclaw es porque valoran el conocimiento más que cualquier cosa, y quizá ser un niño curioso lo ha condenado a ser un sabelotodo, pero lo cierto es que ahora entendía un poco las razones por las que el Seungmin de 11 años había terminado en Ravenclaw porque quería saberlo todo.
Quería respuestas a sus dudas, saber qué hizo mal, cuándo fue que todo comenzó a irse por el desagüe, en qué momento se arruinaron las cosas. Qué dijo, qué vio, qué acción hizo, cualquier cosa que hubiera provocado a Hyunjin terminar con él y que ahora lo acuse de hacer algo tan horrible como encantar a las personas en un sueño profundo.
Un cierre, dicen que a veces eso es lo que necesitas para avanzar, y Seungmin sabía que eso es lo que le hacía falta pero muy dentro de sí estaba aterrado de superar a Hyunjin; si bien no recordaba todo de forma exacta, sabía que había muchas cosas en su memoria, recuerdos que desearía extraer de su cabeza para echarlos a un Pensadero y admirar cómo vuelven a suceder, ahogarse en ellos.
La primera sonrisa, el primer beso. Quizá la primera vez que pasaron la noche con el otro, o esas veces en las que sus manos se encontraban bajo la mesa, la forma en la que solía hacerlo reír o como siempre corría a él apenas lo distinguía en la multitud con una enorme sonrisa canturreando su nombre.
¿Cuándo dejó de ser así? ¿Cuándo se distanciaron tanto? ¿Cómo es que no pudo ver lo mucho que le importaba?
— ¿Por qué no nos decías nada? —preguntó Chan, frustrado.
—No quería preocuparlos—admitió entre sollozos.
—Nos preocupabas más sin que nos dijeras algo—declaró Jeongin, los tres soltando a Seungmin para darle un momento de respirar y limpiarse el rostro—. Era como si estuvieras hueco, no sabíamos qué hacer.
—Apenas comes—continuó Minho, haciendo que Seungmin se encogiera, avergonzado—. Estás más delgado, tienes ojeras, parece que estás aquí un instante y al siguiente no.
—Lo siento—susurró.
—Tienes esa estúpida idea de que tienes que lidiar con las cosas solo para no preocuparnos, y eso te consume—lo reprendió Chan, inclinándose desde el otro lado de Jeongin para mirarlo—. Actúas como si no te importara cuando en realidad lo hace, y sabemos que tu forma de ser es así, te queremos por como eres, pero también vemos que eso a veces te lastima. La magia no lo cura todo, Seungmin, puedes llorar.
Jeongin le dio un pañuelo de papel por lo que Seungmin se apresuró a limpiarse el rostro, disculpándose con sus amigos, comenzando a ver sus errores al reprimir todo sólo porque sentía que no merecía ponerse triste o que no tenía sentido hacerlo ya que igual Hyunjin lo había dejado.
Un grito histérico emanando del pasillo silenció a todo el comedor, los estudiantes en el interior mirando en perfecta sincronía hacia las puertas abiertas sólo para ver a una chica de Hufflepuff entrar corriendo, lágrimas en sus ojos y el cabello despeinado.
— ¡La niebla estaba en el pasillo! —anunció a la mesa de los profesores—. ¡Tocó a Garret!
Los profesores ordenaron a los estudiantes mantenerse en el comedor mientras corrían hacia el pasillo, algunos levantándose en espera de ver algo, otros abordando a la pobre chica asustada sobre lo que había pasado, Seungmin olvidando su crisis de hace unos instantes a favor de preocuparse.
Tres accidentes en apenas 24 horas, si seguía así definitivamente iba a enviarle una carta a su padre sólo para ponerlo sobre aviso, antes de que El Profeta comenzará a repartir su prensa amarillista.
…
Iba saliendo de Cuidado de Criaturas Mágicas cuando Hagrid lo llamó, al parecer el profesor Malfoy, en toda su preocupación, alcanzó a anunciarle que tenía dos estudiantes castigados con él por lo que Jeongin se fué a buscar a los demás con la promesa de venir a recogerlo antes de la cena para que fuera más fácil.
—Deberías hablar con él—fue su sugerencia mientras se despedían—. Quizá es lo que necesitas.
Seungmin no respondió, después de todo hablar no les había resultado muy bien así que sólo pudo asentir mientras se quedaba sentado en un tronco esperando a que Hyunjin llegara.
La idea de volver a pasar tiempo a su lado, así sea como castigo, hacía que su cuerpo zumbara de energía, el vacío llenándose de su magia, esa que solía aparecer flores cuando Hyunjin le sonreía. Sin embargo, últimamente se sentía tan triste que seguramente podría provocar una nevada sólo para que el clima estuviera relacionado con sus sentimientos.
Suspiró, brazos cruzados sobre sus rodillas y la barbilla colocada en ellos, miraba los helechos agitarse con una suave brisa otoñal, hogar borgoña cayendo de los árboles cercanos hasta convertirse en una extraña masa pegajosa entre la tierra y el césped. Pronto sería invierno, aún debatía si volvía a casa para navidad o no, ya ni siquiera le importaba las temporadas, no le llamaba la atención ver los grandes árboles del comedor o comer galletas y ponche.
A veces sentía bastante exagerado sufrir tanto por una ruptura cuando a su edad, el profesor Potter ya estaba derrotando al señor Tenebroso y buscaba los horrocrux por toda Inglaterra, pero Chan decía que se suponía que estas eran las preocupaciones que debían tener a esa edad. Una novia o un novio, exámenes, corazones rotos, ¿qué había de normal ser perseguido por un genocida racista a tus 17 años?
Escuchó el crujido de la hojarasca así que alzó la cabeza, su corazón saltándose un latido al notar a Hyunjin caminando en compañía de Felix y el novio de éste, Changbin; era Golpeador y Capitán de Gryffindor, la mayoría de las estudiantes estaban locamente enamoradas de él, Seungmin incluso llegó a ver la torre de chocolates que recibía en San Valentín, lo cuál consideraba extraño pues Changbin nunca escondió su enamoramiento por el esbelto y sonriente Slytherin, Felix.
Se veían bien juntos, siempre lo pensó, pero la forma en la que le miraron en esa ocasión hizo que Seungmin apartara la vista y se dedicara a contemplar de nuevo el lodo cubierto de hojas secas, ¿qué hizo tan mal como para que todos los amigos de Hyunjin lo odien tanto? ¿Por qué nunca le dijo que lo lastimaba tanto? Siempre pensó que tenían una buena relación, Seungmin se sentía muy cómodo y feliz con él, y de pronto ahora lo ven con el ceño fruncido y desagrado.
—Vendremos por ti antes de cenar—escuchó a Felix, sólo que Seungmin no sabía si era un aviso para Hyunjin o una advertencia para él—. No pises popó de Thestrals.
—Ni siquiera sé cómo luce un Thestrals—se quejó Hyunjin.
Seungmin tuvo que apretar los labios para no sonreír.
—Yo tampoco—coincidió Felix, confundido—. Pero intenta no pisar nada.
Los escuchó despedirse y alejarse, no sintió a Hyunjin acercarse pero saber que estaban compartiendo el mismo espacio era suficiente para que Seungmin se sintiera un poco ansioso, luchando contra su instinto más primario de voltear a verlo, asegurarse de que estaba ahí. En ocasiones le daba un miedo irracional ver a Hyunjin que un par de veces, durante los primeros meses, le dio tres ataques de pánico con la sola idea de entrar a la misma clase que él.
Consideraba que ahora lo manejaba mejor, sólo se le ponían sudorosas las palmas de sus manos y sus rodillas se sentían débiles, pero nada alarmante.
—Muy bien, chicos—la voz estridente de Hagrid hizo que Seungmin se levantara del tronco—. El profesor Malfoy me encargó su castigo, pudo avisarme dentro de todo lo que está pasando, ustedes saben que no perdona ningún castigo.
— ¿Lily está bien? —preguntó Seungmin.
—Bueno, a ella la tienen en la enfermería—informó el semigigante con un suspiro—. Aún no saben qué es, pero Lily está dormida, la enfermera Pomfrey está llamando a la doctora Goldstein, les preocupa que Lily pierda nutrientes.
Ambos chicos asintieron como si comprendieran un poco la gravedad del asunto de que alguien se quede dormido tan profundamente que no puede despertar con nada. Seungmin recuerda que había un cuento muggle así, estaba seguro que lo leyó una vez en vacaciones, algo sobre una princesa dormida que era violada y daba a luz a unos gemelos.
Bueno, si lo explica así suena peor de lo que es su situación actual.
—De todas formas, empecemos pronto para que puedan volver al castillo—sentenció Hagrid, dirigiéndose hacia donde estaban los corrales de los Thestrals—. No quiero que pasen un accidente lejos del castillo.
Hyunjin caminaba cerca de Seungmin pero a cierta distancia, ambos iban en un silencio incómodo, negándose a reconocer la existencia del otro a no ser que sea estrictamente necesario. Sortearon raíces y algunos helechos hasta detenerse cuando Hagrid lo hizo.
Seungmin suspiró; siempre le provocaba cierta fascinación morbosa ver a aquellos seres así sea tirando del carruaje o merodeando en los bosques. Según los libros de Criaturas Mágicas, los Thestrals eran clasificación XXXX, se consideraban de mal augurio para los magos y extremadamente peligrosos, cuando lo supo hizo que Seungmin se preguntará entonces por qué un colegio lleno de niños los tenía tirando de sus carruajes.
Su apariencia era inquietante pues a pesar de ser considerados una especie de caballo alado, no se parecían mucho más que en la forma del cuerpo, con cabeza similar a la de un dragón y pupilas completamente blancas carentes de expresión. Les atraía el olor de la sangre por lo que olerla en ese pequeño establo no fue una sorpresa para Seungmin, y verlos agitar las alas de cartílago similar a las de un murciélago era fascinante.
Seungmin no le había dicho a nadie que él podía ver a los Thestrals, ni siquiera a Hyunjin, sólo porque no quería que lo vieran como el pobre niño que vio morir a su madre a manos de uno de los magos que aún creían en las palabras del señor Tenebroso. La compasión y la lástima no era algo que le gustara recibir por lo que había cosas que omitía.
Así que cuando Hagrid les dio una pala y una cubeta, Seungmin sabía exactamente dónde limpiar ante la mirada interesada de su profesor, Hyunjin por el contrario se quejaba de no ver nada y no quería golpear a uno por accidente así que Hagrid le dio un costal lleno de ratas y conejos muertos para que los alimentara.
—No te preocupes, sólo lánzalos al aire y ellos los agarraran—le consoló al ver la expresión mortificada de Hyunjin.
Seungmin tosió para esconder una risa al ver a Hyunjin tomar el costal con sco teniendo arcadas que hacían que el Ravenclaw se riera entre dientes desde el otro lado, donde recogía la popó de los animales.
Hagrid los dejó un momento solos, alegando que iría a revisar unas cosas antes de volver para asegurarse de que hicieran el trabajo bien.
—Sin magia—advirtió cuando vio a Hyunjin sacar la varita—. Es un castigo, señor Hwang, así que no se usa magia.
Hyunjin gimió, mortificado, y Seungmin volvió a reírse, tosiendo cuando Hyunjin lo miró con el ceño fruncido y las mejillas enrojecidas. Antes, si se hubieran visto envueltos en esas circunstancias, Seungmin se habría ofrecido a cambiar de tarea sabiendo que lo que más detestaba Hyunjin además de las verduras era la idea de tocar animales muertos, pero como aún había un poco de resentimiento de ayer, y que además fue prácticamente su culpa que los castigaran por ir a acusar a Seungmin de tonterías, era justo que sufriera las consecuencias.
Vio a un par de Thestrals acercarse a él, atraídos por el aroma, uno incluso le dio un empujón haciendo que Hyunjin gritara y se alejara un metro de un saltó, para diversión de Seungmin que había decidido dejar de hacer su tarea y verlo.
—Esto es una especie de maltrato estudiantil—masculló Hyunjin mientras metía la mano al costal y procedía a sacarla de un brusco movimiento, agitándola en el aire—. Ugh, qué asco, qué asco, creo que toqué un hocico.
Seungmin, por primera vez en meses, se estaba riendo de verdad, disfrutando de la felicidad que le brindaba ese momento, tal vez burlándose de Hyunjin porque los animales en el costal estaban muertos, no iban a morderlo, y él se estaba comportando como si un conejo sangriento fuera a brincar del costal.
— ¿Te parece gracioso, Kim? —exigió saber con el rostro ruborizado.
—La verdad es que sí—admitió entre risas, alzando una mano para acariciar el hocico del Thestral que tenía a un lado—. ¿No puedes con unos animales muertos, Hwang?
Frunciendo el ceño, Hyunjin metió la mano al costal de nueva cuenta y sacó un conejo de una oreja, la presencia del animal muerto hizo que Hyunjin gritara histérico y lo arrojara por los aires esperando deshacerse de él. Seungmin contempló maravillado a una de las criaturas estirarse y atraparlo en el vuelo, tragándolo casi sin masticar.
Decidiendo que, aunque fuera entretenido ver a Hyunjin batallar con su tarea, mejor se apresuraba a terminar la suya para poder irse a cenar pronto, sumergiéndose en un cómodo silencio roto de vez en cuando con los chillidos que soltaba Hyunjin y las maldiciones entre dientes cuando algo que no veía parecía perseguirlo.
Se sentía un poco como antes, una felicidad artificial que servía para engañar a Seungmin, ignorar su pequeña crisis en el desayuno porque en ese momento era como estar cubierto de una neblina que anestesiaba el dolor, lo desaparecía y le llenaba el vacío del pecho. Miró a hurtadillas a Hyunjin, quien había decidido verter el contenido del costal en el suelo para no tener que agarrar a los animales muertos.
Su cabello caía por su frente de forma desordenada, tenía las mangas de la camisa arremangadas, su rostro poseía ese rubor digno del esfuerzo físico. En medio del bosque, rodeado de criaturas que él no podía ver pero Seungmin sí, se volvía a sentir como una especie de recuerdo para Seungmin, como esa memoria que se encontraba buscando en la ventana que da al Lago Negro, la respuesta a sus preguntas en medio de la noche.
Lo ve a él sonreír mientras juega con Seungmin a la pelota; lo ve mostrarle el libro que compró sólo porque Seungmin le había dicho que le gustó mucho. Lo escucha gritar su nombre en el pasillo, lo ve extenderle los brazos para que Seungmin encuentre su lugar en ellos. Y ahí de pie a metros de distancia, lo ve dejar de sonreír, poniendo distancia sin que Seungmin lo busqué, lo ve dejar de estirarle los brazos, de hacer las mismas cosas.
¿Cómo es que ni siquiera lo sabía?
Suspiró y dejó a un lado la cubeta llena del excremento de los Thestrals, recargándose en un árbol intentando calmar los temblores de sus dedos. El nudo en su garganta lo asfixiaba, quería ir y preguntarle si podían hablar, si tendría una oportunidad de ser mejor para él, que por favor le diga en lo que se equivocó para poder arreglarlo porque lo extrañaba mucho, pero en cambio volvió a guardar silencio.
¿Sería justo preguntar cuando Hyunjin ya había seguido adelante? ¿Pedir esto cuando su novia había caído en un sueño profundo? ¿No dicen que los príncipes rompen el hechizo? Quizá Hyunjin pueda rescatar a Gwen y serán felices juntos, quizá ella sí se da cuenta de todo lo que él hace, le recuerda lo mucho que le importa, le dice explícitamente que lo quiere y no lo da por sentado.
Una pequeña cría de Thestral se le acercó a Seungmin con curiosidad, sus alas aún eran pequeñas y su cabeza parecía más grande que su cuerpo, quizá fue atraída por el aroma a tristeza que emanaba de él así que Seungmin extendió un brazo y permitió que el animalito le oliera los dedos antes de permitirle acariciar su cabeza.
En el libro de Luna Lovegood-Weasley, la Guía de Animales Fantásticos y Cómo Tratarlos, hay un apartado sobre ellos que atrajo a Seungmin la primera vez que lo leyó, ella decía algo sobre recibir una etiqueta injusta sólo porque están ligados a la muerte, después de todo ¿no moriremos todos en algún punto? Son tan mansos como las otras criaturas siempre que se les trate bien.
—Los ves.
La voz de Hyunjin distrajo a Seungmin de lo que hacía. No era una pregunta sino una afirmación, haciendo que el Ravenclaw apartara la mano de la pequeña cría y mirara al Slytherin al otro lado del establo, mirando el aparente espacio vacío frente a Seungmin y de nuevo a él.
—Ah, sí—asintió con un encogimiento de hombros—. Hay diez en total, la que tengo enfrente es una cría.
— ¿Desde cuándo los ves? —Había cierta preocupación en su voz que hizo a Seungmin mirarlo confundido.
—Bueno, técnicamente descubrí su existencia en nuestro segundo año, pero supongo que podía verlos desde antes.
Si tenías un mínimo de información sobre ciertas criaturas, y además prestas atención en clase, no era difícil sumar puntos y entender la razón por la que Seungmin los podía ver, así que no se sorprendió de que Hyunjin frunciera el ceño, contrariado, mientras asimilaba la nueva información que recibía.
—No lo sabía—susurró por lo bajo.
—No te lo dije—Seungmin volvió a encogerse de hombros, apartando la mirada y acariciando de nuevo a la cría que no parecía dejarlo solo—. Así que no podías saberlo.
— ¿Por qué no lo mencionaste?
— ¿Para qué hacerlo? Las personas te ven con lástima cuando explicas las razones por las que puedes ver los monstruos que tiran del carruaje al inicio del año escolar—bufó sacudiendo la cabeza—. De todas formas, ellos siempre están ahí, puedas verlos o no.
Un olor a lavanda y jazmín hizo que Seungmin mirara a su alrededor, después de todo Hyunjin se encontraba bastante lejos como para que fuera él, y miró hacia los árboles; el atardecer estaba ocurriendo, la oscuridad parecía envolver las profundidades del bosque, Seungmin contempló la neblina blanca que comenzaba a rodearlos pero, por un instante, le pareció distinguir un destello de color lavanda entre la bruma.
Se incorporó del tronco, las alarmas en su interior encendiéndose. Veía los espirales de niebla extenderse alrededor de los troncos, tan blanca que podría ser una nube tocando el suelo, entrecerró los ojos forzando la vista pero nada, ni un rastro del color que había llamado la atención.
—Muy bien, chicos—Hagrid regresó en ese instante, haciendo que Seungmin lo mirara—. Pronto será hora de la cena así que será mejor que regresen al castillo. Están tomando medidas de seguridad así que nada de andar vagando de nuevo después del toque de queda.
Los dos asintieron, comenzando a caminar lejos del establo, dejando atrás a aquellas criaturas inquietantes que fascinaban a Seungmin con su mera existencia, ¿por qué verlas sólo cuando has visto a la muerte a los ojos? ¿Qué sentido habría en eso? ¿Por qué la existencia de algo se condicionaba con la pérdida?
En esta ocasión Seungmin caminaba unos pasos detrás de Hyunjin, teniendo cuidado con las raíces y los troncos. Había un debate interno sobre hablar antes de salir del bosque o antes de llegar al castillo, buscar las respuestas a sus incertidumbres, encontrar ese cierre para que tal vez deje de sentirse tan hueco por dentro.
—Quiero disculparme—Hyunjin rompió el silencio una vez que atravesaron los árboles y comenzaron a caminar por el césped en dirección al castillo—. No fue correcto que te acusara de algo así anoche. Lo siento.
Seungmin dudó en sus pasos hasta detenerse, la disculpa cayendo como un bloque de hielo en su pecho. ¿Era este el inicio del fin? Lo siento, su voz era traída por el viento, agitando los cabellos de Seungmin, acariciando sus mejillas, envolviendo su garganta. Lo siento, decía Hyunjin frente a él dándole la espalda.
Está bien, era la respuesta que se colocó en la punta de su lengua, las mismas palabras cuando le pidió terminar con lágrimas en los ojos, lo mismo que repetía una y otra vez en un intento de convencerse, como si fuera un encantamiento que aliviaba la tristeza y el dolor de un corazón roto.
— ¿Por qué pensaste que haría algo así? —se encontró preguntando, su voz tan débil que parecía frágil.
Hyunjin se detuvo a un par de metros de distancia y se dio la vuelta para mirarlo; el viento venía desde el castillo así que lo golpeaba en la espalda agitando su cabello, la tristeza y frustración volvía a opacar sus bonitos ojos pero una pequeña mueca en sus labios que pretendía ser una sonrisa sólo parecía ser resignación.
—Creo que estaba asustado—admitió con un encogimiento de hombros—. Y tú…no sé, fuiste lo segundo destacable de ese día. Lamento haber arremetido contra ti.
—Nunca te haría algo así—murmuró, mirando avergonzado hacia sus pies—. Quiero… ¿podemos hablar?
—No hagamos esto ahora, por favor—suplicó Hyunjin, cerrando los ojos con fuerza—. Hay muchas cosas importantes y no quiero amargarnos la cena.
— ¿Y cuándo lo haremos? —preguntó Seungmin, dando un par de pasos hacia él.
El viento pareció cambiar de dirección y ahora azotaba la espalda de Seungmin, escuchaba el sonido de los árboles al ser agitados con violencia, la noche iba cayendo poco a poco y en la distancia, a espaldas de Hyunjin, podía apreciar las túnicas de sus mejores amigos acercándose a ellos y muy atrás se encontraban los amigos de Hyunjin.
— ¿Cuándo hablaremos de lo que pasó?
— ¿Qué pasó, Seungmin? —preguntó Hyunjin, mirándolo con frialdad mientras se cruzaba de brazos—. Terminamos, es todo lo que pasó, ¿de qué quieres hablar?
—De eso—insistió, desesperado—. Terminamos, ¿por qué?
— ¿Me lo preguntas ahora? —cuestionó, soltando una risa amarga mientras sacudía la cabeza, mirando hacia un costado—. ¿Ahora lo cuestionas? ¿Y en el momento en el que te lo dije sólo dijiste “está bien”? Tú lo aceptaste, ¡no tienes por qué preguntar por qué ahora!
— ¿Qué querías que hiciera, entonces? ¡Me dijiste que querías un tiempo, que no sentías que te quería! ¿Qué más podría hacer?
— ¡Quería que lo intentarás! —gritó Hyunjin con las lágrimas corriendo por su rostro, dando un par de pasos al frente mientras comenzaba a señalarlo con la mano—. ¡Quería que me dijeras que no! ¡Que me querías y que no entendías por qué lo decía! ¡Quería sentir que no era solo yo el único enamorado! Por Salazar, Seungmin, te dije que termináramos y sólo me dijiste que estaba bien, ¡claro que no estaba bien! ¡Quería que al menos lo intentarás para que no nos dejará!
Seungmin abrió los labios, contemplando con sorpresa la forma en la que las lágrimas de Hyunjin corrían de nuevo por su rostro mientras estaba frente a él diciéndole que lo único que quería era sentir que lo quería tanto como él hacía.
¿Nunca lo hizo sentir querido? ¿No parecía enamorado? Sí, solía ser más reservado con su aprecio pero pensó que Hyunjin se daba cuenta.
— ¿Por qué no sólo me lo pediste? —preguntó, confundido.
—Seungmin, por favor, ¿cómo no te diste cuenta que te lo estaba gritando? —sollozó Hyunjin, soltando una risa incrédula—. Los mismos libros, tus deportes muggles, las horas estudiando. Hacía todo para que me notarás y tú te comportabas como si sólo fuera alguien ahí al fondo.
—No, no lo hacía—susurró, mortificado, intentando recordar no haber prestado atención a Hyunjin—. No pude…sabía que estabas ahí.
—Sí, porque me ponía pegajoso, te exigía abrazos, no me los dabas si no te los pedía, me regañabas si resultaba muy escandaloso. Pedirte al menos un beso frente a nuestros amigos era que me fruncieras el ceño.
—Sólo no me gusta ser tan público—susurró, sus manos abriendo y cerrando sus puños intentando calmarse—. Pero lo habría intentado si tú me lo hubieras pedido.
—Seungmin, ¿qué más da? Hace un año que terminamos, ya hice las paces con la idea de que nunca me ibas a querer como yo a ti. Ya lo superé.
Una lágrima se deslizó por el rostro de Seungmin, deteniéndose en su barbilla durante un segundo antes de caer sobre el césped que se agitaba con violencia, el sonido de un corazón aplastándose emanando de su pecho. Sentía electricidad correr por sus venas, su cabeza daba vueltas mientras veía a Hyunjin de pie frente a él cansado, llorando, resignado.
Ya lo superé.
Sus palabras eran un eco dentro de su cabeza, llenando cada vacío que su partida había provocado, burlándose del pobre chico que después de un año seguía lidiando con su ruptura. Las preguntas sin respuesta al fin siendo aclaradas, la evidencia de que él era el problema, que quizá debió prestar más atención a las señales que Hyunjin le daba pero sólo en momentos como aquellos se daba cuenta que no lo recordaba todo.
Sabe que iban juntos a la biblioteca, pero no recuerda regañar a Hyunjin por ser tan escandaloso. Recuerda pasar tiempo con sus amigos, pero no recuerda ningún beso frente a ellos. Él estaba ahí, pero no podía recordar haberlo olvidado, y tal vez era que a Seungmin nunca le importaron las pequeñas cosas como a Hyunjin, una flor cortada de la nada o un beso en la mejilla sólo porque sí.
¿Pensó que no lo quería? ¿Cuándo Seungmin se ha estado muriendo de amor? ¿Cuándo lo único que quería era poder conciliar el sueño para que así, tal vez, pueda vivir más tranquilo con su partida?
Ya lo superé.
Su pecho subía y bajaba de forma acelerada mientras intentaba respirar, más lágrimas cayendo por su rostro, el llanto desbordándose de nuevo.
—Te quiero—sollozó, su voz rompiéndose en la última sílaba, Hyunjin haciendo una mueca al escucharlo—. Te quiero, ¿por qué es menos válido sólo porque no te quiero como tú a mí?
—No es eso, Seungmin—susurró Hyunjin, estremeciéndose por el viento—. Es que, quizá, no era el mismo tipo de cariño.
— ¿Mismo tipo?
—Tal vez sólo…sólo me querías como un amigo más cercano. Yo soy más romántico.
—Te quiero—insistió con voz ahogada, el viento revolviendo su cabello, la magia ardiendo en sus venas—. No soy muy expresivo, tiendo a ser un poco agresivo con mi afecto cuando me siento cómodo, pero te quiero, Hyunjin, y perdón por no demostrarlo como tú necesitas pero, si me das la oportunidad, puedo-
—Seungmin, no hagamos esto, por favor.
Apretó los dientes con fuerza, luchando para contener los sollozos que desgarraban su garganta. Las nubes se arremolinaban sobre su cabeza, el castillo comenzaba a iluminarse en la distancia y veía a sus amigos cada vez más cerca.
Entonces lo sintió, el frío en su espina dorsal, el aroma a lavanda y jazmín. Dudó en mirar detrás de él pero el rostro aterrado de Hyunjin se lo confirmó.
— ¡Seungmin, corre! —Chan gritó desde la distancia.
— ¡Hyunjin, muévete! —era Changbin en esta ocasión.
Vio a sus amigos correr hacia ellos, quizá para tirar de sus brazos y hacerlos correr al castillo, pero Seungmin estaba congelado, jadeando por aire, esperando que sus piernas reaccionaran y lo hicieran correr, pero ¿sería muy malo dejarse dormir por esa bruma? Descansar sin sueños ni preguntas, perderse en la fantasía mientras ignoras el dolor que dejaste en el presente.
No más llantos, no más vivir con el corazón roto, sólo un sueño profundo sin interrupciones después de tantas noches en vela. Dormir, dormir, poder dormir, poder desaparecer.
Dio un paso hacia atrás, para terror de Hyunjin y el grito desesperado de Minho de que más le valía no hacer una estupidéz si no lo iba a colgar de la torre de Astronomía. Miró el rostro de Hyunjin preguntándose si soñaría con él, si podría recordar cada momento a su lado y cambiar sus errores. Tal vez, en ese sueño, él sí lo hizo sentir amado e importante, tal vez no estaban esos momentos malos que Hyunjin sí recordaba.
Pero a veces uno subestima a los Slytherin, tal vez no son tan imprudentes como los Gryffindor, pero tienen sus momentos. Hyunjin se lanzó hacia adelante y tomó a Seungmin del brazo, tirando de él con fuerza hasta que sus pechos chocaron, sus narices tocándose mientras se miraban un segundo a los ojos antes de que la bruma lavanda los envolviera por completo.
Seungmin jadeó, esperando, pero Hyunjin fue quién se desvaneció en sus brazos, cayendo dormido casi al instante. El Ravenclaw, alarmado, se colocó de rodillas sobre el pasto para acomodarlo, mirando a su alrededor sin distinguir nada más que el color lavanda, envuelto en una nube que daba giros espirales en el aire, envolvía a Hyunjin, serpenteaba alrededor de su garganta y muñecas con reverencia, casi con ternura, antes de meterse por sus fosas nasales y sus labios.
Toda la neblina pareció ingresar en Hyunjin, una enorme ola de bruma desapareciendo dentro de él y tan sólo provocando un suspiro del pelinegro mientras se quedaba dormido acunado en los brazos de Seungmin.
— ¿Hyunjin? —lo llamó, asustado.
Llevó una mano a su rostro impasible, su piel fría al tacto, su cabeza cayendo hacia un costado mientras la mitad de su cuerpo estaba acunado sobre el regazo de Seungmin, siendo presionado contra su pecho por temor a lastimarlo.
—Hyunjin—repitió en un sollozo, llevando sus temblorosos dedos a su cabello para descubrir su frente—. Eres un tonto.
— ¿Seungmin?
El interpelado alzó la cabeza, Chan y Changbin se encontraban a unos pasos de distancia de ellos, jadeantes después de correr colina arriba. Sus ojos iban de Hyunjin al rostro lloroso de Seungmin que les contemplaba con tristeza.
— ¿Por qué no estás dormido? —preguntó Changbin, confundido.
Sólo entonces Seungmin cayó en cuenta que la bruma los había envuelto a ambos, pero sólo Hyunjin estaba durmiendo.
—No sé—respondió, asustado—. No sé.
…
Habían puesto a Hyunjin en la enfermería, su hermana mayor llegaría mañana para que le dieran la noticia. En apariencia sus signos vitales estaban bien, estables, al igual que Lily y Garret, pero nada de lo que hicieran lo hacía despertar. Intentaron lo mismo que con los otros, desde alfileres pinchando sus dedos hasta algunas pociones, pero sin resultado alguno.
De momento Seungmin, con el resto de los chicos, se encontraban apretujados en la oficina de la profesora McGonagall en compañía del profesor Potter. A veces, cuando el profesor Potter tenía esa expresión severa, todos parecían tener muy presente que se había enfrentado al mago tenebroso más poderoso de todos.
Tan alto e imponente, con una túnica oscura, la cicatriz de un rayo surcando su frente, ojos verdes mirando detrás de unas gafas redondas, una barba medianamente abundante y un ceño fruncido con ambos brazos cruzados a la altura de su abultado pecho, miraba a cada uno de ellos con ligera molestia y preocupación, Seungmin estaba casi fundido a uno de los costados de Minho mientras que Jeongin se aferraba al brazo de Chan y dejaba que su novio se colocara protectoramente frente a él.
—Alguno de ustedes—comenzó la profesora McGonagall, mirándolos por encima de las gafas de media luna que descansaban en su nariz—, tendría la amabilidad de explicarnos qué sucedió.
Los siete chicos, sí porque al parecer los siete estaban metidos hasta el cuello, guardaron silencio unos segundos antes de que absolutamente todos miraran a donde Seungmin estaba intentando esconderse. No los culpaba, la verdad es que no entendían muy bien qué había pasado, pero deseaba que hubieran disimulado un poco antes de acusarlo por completo con sus miradas.
— ¿Señor Kim? —insistió McGonagall—. ¿Podría decirnos qué pasó?
—Yo…—comenzó, tragando el nudo en su garganta—. P-podría pero n-no sé muy b-bien qué pasó.
Jisung se cubrió la boca para ocultar su sonrisa mientras Minho fingía una ligera tos. El profesor Potter pareció seguir su ejemplo pues casi se ríe si no fuera por la mirada de advertencia que le lanzó la profesora McGonagall.
— ¿Qué hacía fuera del castillo? —prefirió preguntar Harry, para comenzar con algo.
—Hyunjin y yo volvíamos de nuestro castigo con Hagrid.
—Nosotros sólo íbamos a buscarlos—aclaró Chan, apretando la mano de Jeongin—. Por separado, o sea…íbamos tres y tres.
— ¿Por qué no corrieron al ver la bruma?
—Corrimos, sí—intercedió Felix, frunciendo el ceño—. Bueno, Changbin y Chan no, ellos corrieron hacia ellos.
—La verdad no corrimos—admitió Minho—. Pero tampoco nos acercamos, aunque les gritamos que corrieran.
— ¿Por qué no hicieron lo que se les pidió? —cuestionó McGonagall, sonaba tan agotada que Seungmin la compadecía—. No queremos más héroes mágicos aquí, chicos, ¿por qué no buscaron un profesor?
—Yo lo hice—intercedió Jeongin desde su lugar detrás de Chan—. Encontré al profesor Longbottom.
—Hyunjin y yo estábamos discutiendo—admitió Seungmin con voz temblorosa y ojos húmedos—. Yo…creo que entré en shock o algo así, no podía moverme. Hyunjin tiró de mí pero la bruma lo tocó a él. Lo siento—sollozó cubriéndose el rostro—. No era mi intención.
Minho le palmeó la espalda intentando consolarlo, Seungmin esperó a que alguno de ellos dijera que la bruma los había envuelto a ambos pero sólo uno quedó dormido, cuando no fue así se sintió entre asustado y aliviado.
No sabía por qué él no estaba durmiendo como el resto, y la verdad es que en ese momento no tenía ganas de quebrarse la cabeza averiguando, se sentía muy triste al ser la causa por la que Hyunjin estaba dormido en una camilla de la enfermería.
—De acuerdo entonces—asintió Minerva—. Todos vayan a sus dormitorios ahora. Mañana temprano llegará la señorita Hwang y la doctora Goldstein, cualquier información se las haremos saber, ¿bien? Recuerden que nada malo le está pasando, sólo está dormido.
— ¿Podemos ir a visitarlo? —preguntó Felix.
—Claro, sólo entre clases o después de ellas, ¿bien?
…
Chan era un tipo de persona que no se esperaba que fuera Ravenclaw, pero cuando lo conoces te hace sentido que pertenezca a la casa de las águilas. La mayoría asumía que por su condición media licántropa era más probable que quedara en Gryffindor, pero Chan solía valorar más la sensatez que la estupidez.
Quizá era la razón por la que ese fin de semana se encontraba andando entre los pasillos, buscando cualquier cosa que pudiera ayudar a Seungmin. Tenía una idea, digamos que es una hipótesis, pero para corroborarla necesitaba al menos una prueba por escrito de que esas cosas solían suceder a cualquier mago. Claro que recordaría si en algún libro hubiera un vestigio de una Niebla durmiente que se hubiera documentado, y como no era así y ese libro muggle que mencionó su compañera parecía extremo, decidió buscar alguna otra cosa.
Llegó cerca de la zona prohibida, no del otro extremo pero a un par de anaqueles, y ahí encontró un delgado libro entre dos enciclopedias enormes titulado La Magia y Sus Accidentes por Seamus Finnigan. Logró sacarlo después de un par de intentos, no parecía muy viejo, si acaso unos cuántos años, y era anormalmente delgado, lo cuál ya alarmaba a Chan porque se negaba a que hubiera tanta historia pero sólo un libro de 200 páginas sobre accidentes de la magia.
Se recargó en el anaquel y comenzó a hojearlo, leyendo superficialmente el índice en espera de algo que le llame la atención, al no ser así comenzó a pasar las páginas, notando que el autor parecía dar bastante énfasis en que todos los magos necesitan una varita que les haya elegido a ellos porque a veces la magia no es compatible con el conducto y provoca accidentes.
Era un tema interesante, Chan había conseguido su varita como todo buen mago en el Callejón Diagon, tanto la de él como la de Minho parecían ser gemelas de núcleo, aunque de madera la de Chan era de roble inglés pues parecía que su magia era un poco más ruda que la de su hermano, cuya varita era de sauce, sin embargo habían descubierto que podían usar la del otro casi sin problema, las varitas les respondían bien aunque los hechizos no siempre salían correctos.
—Aquí estás.
Chan alzó la cabeza del libro que leía, una sonrisa estirándose en sus labios al encontrarse a Jeongin en el pasillo, caminando hacia él dando un pequeño salto antes de arrojarse a sus brazos, los de Chan tomándolo de la cintura con fuerza.
—Oye, ¿cómo me encontraste? —preguntó mientras lo miraba sonriendo.
—Si no estás conmigo o con Minho, estás jugando Quidditch o en la biblioteca—aclaró Jeongin—. Y puesto que tienes partido en un rato, adivine qué estarías aquí. Te encanta algo de lectura ligera antes de jugar.
Chan se rió, divertido, mientras agitaba el libro en el aire.
— ¿Para qué me buscabas? —preguntó con curiosidad, manteniendo el brazo libre alrededor de la cintura de Jeongin mientras el Hufflepuff colocaba ambas manos sobre los anchos hombros de Chan—. ¿Sucede algo?
—Seungmin está en la enfermería con Hyunjin, Minho ya se peleó con Felix, quien a su vez metió a Changbin y, al parecer, a Jisung. Jisung dijo un comentario muy estúpido y Minho le gruñó.
— ¿Le gruñó?
—Sí, ya sabes, como ese ruido que haces cuando-
—Ya, lo capto—lo interrumpió, avergonzado, haciendo que Jeongin riera en voz baja—. Al fin dejará de suspirar por un estúpido Gryffindor.
—Eso creo, pero parece que ahora es Jisung quien está interesado, si el brillo en sus ojos cuando Minho le gruñó significa algo—se encogió de hombros—. Ya sabes, Gryffindor siendo Gryffindor.
—A ti te gusta que te gruña.
—Sí, lo hace, ¿por qué no lo intentas?
Ambos sonrieron antes de besarse, aprovechando que tenían un momento a solas escondidos en el pasillo de la biblioteca. El sonido sordo que hizo el libro contra el suelo cuando Chan lo soltó provocó que varios libros en las estanterías los silenciaran, pero ambos parecían estar metidos en el otro como para prestarle atención, sus bocas moviéndose vorazmente con la otra, lenguas enlazadas y alientos acelerados.
El asunto con los internados es que no puedes meter un puñado de adolescentes por meses enteros en un mismo lugar y esperar a que ellos no busquen la forma de salirse con la suya, en especial siendo tan jóvenes y enamorados (la mayoría de las ocasiones) así que Chan y Jeongin habían abusado de la insignia de prefecto de Ravenclaw en más de una ocasión para tener momentos a solas, pero sabían aprovechar esas pequeñas casualidades antes de tener que aparentar normalidad.
Minho no mentía al decir que estaba harto de verlos, la verdad es que son algo insoportables cuando se lo proponen.
— ¿Es en serio? —una tercera voz sonó en el pasillo, haciendo que ambos se apartaran jadeantes y mirarán a un molesto Minho con las manos en la cintura—. Ya no hay respeto en este lugar, ¿contra los sagrados libros? En mi vida vuelvo a tocar algo de estas estanterías, a saber qué más han hecho.
—No estábamos haciendo nada—se quejó Jeongin, desenredándose de Chan mientras rodaba los ojos—. No suenes tan escandalizado.
— ¿Cómo sabías dónde estábamos? —preguntó Chan con el rostro ruborizado y la respiración acelerada, agachándose para recoger el libro antes de volver a sujetar a Jeongin de la cintura.
—Siempre vienes a la biblioteca antes de cada partido, y te escuché gruñir—Minho se encogió de hombros—. Oye, quizá eso sea cosa de los medios hombres lobo. Hoy le gruñí a Jisung.
—Jeongin dijo que por una estupidez.
—Sí, fue un comentario muy idiota, pero me dio risa—Minho se encogió de hombros, sonriendo—. Sigue siendo tu futuro cuñado, Channie, debes comenzar a ser más tolerante con los Gryffindor.
—Si te casas con él y tienen hijos y todos salen Gryffindor, entonces entenderás por qué estaba en contra de ese matrimonio—advirtió Chan, señalándole con el libro—. Te lo repito, no puedes enamorarte de cualquier idiota que te hace reír.
—No sé, a Jeongin le resultó bien.
Chan le frunció el ceño pero como Jeongin estaba riendo entre dientes se la dejó pasar, sacudiendo la cabeza con falsa resignación mientras veía el libro, notando que había perdido la página al caer abierto sobre el suelo.
Los Sentimientos influyendo en la Magia natural.
El título era extraño, Chan no recordaba haberlo visto en el índice, pero una lectura superficial le dijo que era justo lo que estaba buscando, cerrando el libro con un sonoro golpe.
—Iré a pedir prestado este—anunció, tirando de Jeongin por el pasillo—. Vamos que tengo partido en unos minutos.
—Es contra Hufflepuff, no sé si deberíamos apoyarte—murmuró Minho mientras los seguía—. Cuando ustedes ganan nos ven feo.
—Quizá porque siempre te burlas de ellos cuando Chan anota—señaló Jeongin con una sonrisa.
—Tú también lo haces.
—Sí, tienes razón. No creo que debamos apoyarlos hoy entonces.
…
Después de que Minho le gruñera a Jisung y casi hiciera un Sindicato sobre si Seungmin podía o no quedarse un rato con Hyunjin, la enfermera Pomfrey intercedió y dijo que tenía permitido verlo al menos un rato.
Felix no estaba muy feliz con la idea, pero Changbin le convenció de ello así que después de recibir miradas fulminantes los tres se habían ido bajo la excusa de ver el partido. Y Seungmin, en otras circunstancias, estaría en las gradas apoyando a Chan, pero en ese momento sólo quería quedarse con Hyunjin.
Le habían puesto una sudadera y unos pantalones deportivos, la hermana de Hyunjin, Doyeon, había pasado 2 días con él antes de tener que irse suplicando que cualquier cosa la hicieran volver inmediatamente, no había mirado con odio a Seungmin cuando se lo encontró en el pasillo, por el contrato le hizo prometer enviar una lechuza si algo sucedía, y Seungmin aceptó esa responsabilidad.
La doctora Goldstein había llegado con ella pero seguía en la escuela, y era reconocida por implementar medicina muggle mezclada con magia así que apenas llegó puso a todos los durmientes una especie de posición que ella llamó suero para que pudieran seguir manteniéndolos llenos de nutrientes mientras estaban dormidos. Claro que aún les vertían una pócima para eso, pero redujeron las dosis desde que les pusieron el suero.
Seungmin se encontraba sentado junto a la camilla de Hyunjin contemplándolo en silencio, pensando en sus palabras de hace dos noches, sintiendo que ardían en su corazón hasta hacerlo sangrar de nuevo. No quería caer en el cliché de sólo valorar lo que tenía hasta que lo ha perdido, pues él siempre sintió que valoró a Hyunjin y ya estaba lamentándose por él mucho antes de esta situación, pero podía comprender por qué Felix le daba coraje que estuviera ahí.
¡Quería que lo intentarás!
Seungmin se atrevió a tomar su mano y entrelazar sus dedos, estremeciéndose levemente al sentir su piel gélida contra la suya.
Quería decir muchas cosas pero no encontraba las palabras, no sabía poner en orden sus sentimientos, se sentía abrumado ante la posibilidad de que Hyunjin nunca comprendiera lo mucho que significaba para él, ¿despertará algún día? ¿Lo odiaría por hacerle pasar por esto? Se supone que debía ser Seungmin quien estuviera dormido, era quien tenía problemas para conciliar el sueño y sólo buscaba cualquier método para escapar de su tristeza.
Acarició con delicadeza sus nudillos esperando transmitirle calor, tarareando una vieja canción muggle que había escuchado en la radio durante el verano y le hizo pensar en él. Si se esforzaba un poco podía imaginarlo sonriendo cuando Seungmin se lo dijera, la sonrisa nerviosa que habría soltado cuando escuchara la letra, sus brazos envolviendo sus hombros mientras la mejilla se apoyaba en su pecho y se balanceaban al ritmo de sus tarareos.
—Lo siento—sollozó en voz baja contra su mano, mirándolo con ojos llenos de lágrimas—. Debí prestar más atención, intentar demostrarte en un modo que entendieras lo mucho que te quiero. Perdóname por no entender tu corazón.
Hyunjin siguió dormido.
Las lágrimas seguían cayendo por el rostro de Seungmin, empapando las sábanas que lo cubrían mientras suplicaba porque alguien supiera de dónde venía esa bruma y cómo podrían despertar a las personas. Volvió a recordar ese viejo cuento muggle mientras se balanceaba con la mejilla apoyada en sus manos entrelazadas.
La princesa se había pinchado un dedo, recuerda eso, y recuerda que fue uno de los bebés que tuvo mientras estaba inconsciente quien le quitó la espina del dedo y así pudo despertar. Si lo piensa, seguro que fue terrorífico despertar y descubrir que tienes dos hijos.
Se estremeció y miró hacia las ventanas, notando que ya era noche, ¿el partido habría terminado? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí sentado?
El estruendo de las puertas siendo abiertas lo sacó de su ensoñación, mirando hacia ellas. Su estómago se revolvió a notar a Hagrid cargando a un chico de uniforme azul, detrás de él todo el equipo de Ravenclaw aún con sus escobas. Seungmin se incorporó de su lugar, el corazón en la garganta mientras, del fondo, salían la enfermera Pomfrey, la doctora Goldstein y el profesor Malfoy, quien siempre estaba en la habitación que le habían dado a Lily.
Hagrid dejó caer con cuidado al chico en una de las camillas frente a la de Hyunjin.
— ¿Qué sucedió? —exigió saber la enferma, preocupada.
—La bruma apareció mientras volábamos a medio partido—informó uno de los Ravenclaw con voz temblorosa—. Cayó de la escoba, el profesor Longbottom intentó alentar su caída para que no se rompiera nada.
La puerta volvió a abrirse de nuevo, dos Hufflepuff entraron corriendo con lágrimas en los ojos, al menos uno de ellos ya que el otro de pronto parecía demasiado grande y agresivo. Seungmin, al verlos, sintió que el pánico se asentaba en su estómago y volvió a mirar hacia la camilla, encontrando el rostro de Chan impasible, profundamente dormido.
—Dejenlo aquí, vayan a descansar—pidió la doctora Goldstein, suspirando—. Cuatro accidentes dentro de la escuela en pocos días. Me temo que hay que notificar ya al Ministerio.
Mientras el equipo de Ravenclaw salía, Minho y Jeongin corrieron a acomodarse cerca de la camilla de Chan, Jeongin acariciaba su rostro con delicadeza, comosi temiera lastimarlo, mientras Minho mantenía los labios apretados y las manos convertidas en puño.
— ¿Tiene experiencia con criaturas mágicas? —preguntó Minho bruscamente, mirando a la doctora Goldstein.
— ¿A qué se debe la pregunta?
—Ah, es correcto—asintió madame Pomfrey, suspirando con pesar—. Gabriela, me temo que el señor Bang no va a recibir el mismo tratamiento que los demás. Ellos son mitad licántropo.
—Oh, eso sin duda dificulta las cosas.
—Iré a escribirle a sus padres—anunció el profesor Malfoy con un suspiro—. Y si yo me puse dramático, no han conocido a Serena Bang.
…
Seungmin había convencido a Madame Pomfrey de pasar la noche en la enfermería, quizá usó la culpa a su favor pero pareció funcionar, y Jeongin intentó hacer lo mismo pero como Minho ya se tenía que quedar al ser sus padres quienes llegarían, lo mandaron a los dormitorios con la promesa de ir a despertarlo si los señores Bang decidían trasladar a Chan a San Mungo.
Se encontraba dormitando con la cabeza recostada en la camilla de Hyunjin, cerca de su mano, mientras miraba a Minho sentado junto a Chan con el ceño fruncido y los labios temblorosos, a veces le tomaba la mano y otras veces jugaba con las sábanas.
— ¿Estás bien? —se atrevió a preguntar desde su lugar, atrayendo la atención de su amigo.
Su cabello platinado destelló por la lámpara cuando alzó la cabeza, sus ojos enrojecidos por el llanto contenido mientras parpadeaba antes de suspirar.
—Me asusté cuando lo vi caer de la escoba—admitió en voz baja—. Te juro que Jeongin casi se desmaya del susto, al menos el profesor Longbottom logró frenar su caída. Había estado molestándolos porque los encontré besándose en la biblioteca, lo escuché decirle a Innie que irían al Salón de Té de Madame Pudipie mañana a comer su pastel favorito y ahora no sabemos cuándo va a despertar.
Seungmin entendía, hace unos días al fin comprendía lo que Hyunjin tanto le había querido hacer entender y ahora no sabía si volvería a escucharlo decir su nombre, aunque sea para decirle que lo ha superado.
La puerta volvió a abrirse, esta vez con más delicadeza, el sonido hizo que Madam Pomfrey, el profesor Potter y el profesor Malfoy aparecieran del fondo para darle la bienvenida a los señores Bang.
Seungmin siempre ha creído que Minho y Chan se parecen a su madre, una mujer esbelta de cabello platinado y ojos claros, con cicatrices surcando su rostro y brazos, mientras que su padre, el señor Bang, era un mago muy alto de tez morena y cabello negro con ojos tan oscuros como el carbón. El señor Bang era auror en el Ministerio así que, tal vez, Seungmin debió de haberle enviado esa carta a su padre hace días.
—Mis niños—exclamó Serena, corriendo hacia donde se encontraba Minho—. ¿Qué está pasando, Minho? ¿Qué sucedió?
—Lleva pasando algo de tiempo—informó Minho, mirando hacia donde se encontraba Seungmin para que Serena y Hunter, el señor Bang, lo contemplaran recostado junto a Hyunjin—. Es…aún no saben qué es.
— ¡¿Se puede saber por qué no se ha dicho nada si lleva pasando tanto tiempo?! —exigió Serena, caminando hacia los profesores hecha una furia—. ¡Esto es inaudito! ¡Pensé que Dumbledore ya no estaba! ¿Y si mi hijo hubiera muerto?
Serena siguió peleando mientras los profesores y madame Pomfrey intentaban calmarla, Hunter se quedó junto a Minho para consolarlo mientras éste le contaba lo poco que sabían de la bruma, y Seungmin volvió a mirar el rostro impasible de Hyunjin, tan dormido, tan tranquilo.
Sólo en su presencia Seungmin comenzó a sentir que se adormilaba, sus parpadeos haciéndose cada vez más pausados hasta que le fue difícil mantener los ojos abiertos. Entrelazó su mano con la de Hyunjin, prometiendo no volver a soltarla mientras se quedaba dormido con la mejilla aplastada en su brazo, inclinado sobre la camilla en una posición dolorosa.
Tal vez despierte mañana.
…
Dos semanas, la nieve comenzaba a cubrir todo, la navidad se sentía cerca.
Hubo otra chica que cayó dormida después de Chan, una Hufflepuff en medio del comedor, y desde entonces no ha habido más accidentes, como si la bruma hubiera desaparecido después de dejar a tantas personas inconscientes.
Dos semanas en las que la vida de Seungmin se dividía entre clases y la enfermería. Jeongin y Minho no estaban mejor. Minho había convencido a sus padres de dejar a Chan en Hogwarts, alegando que si aún no sanaban las personas en San Mungo entonces no tenía caso moverlo, además que Innie lo necesitaba cerca y su madre, aunque a regañadientes, había obedecido con la advertencia de venir a verlos cada miércoles.
Dos semanas con escuadrones de aurores merodeando el Bosque Prohibido, los lugares donde la bruma atacó dentro de Hogwarts y en Hogsmeade. Dos semanas con toques de queda, con noches incómodas y la desesperación filtrándose en su corazón.
El padre de Seungmin intentó llevárselo a casa en cuanto la noticia al fin salió en El Profeta, varios padres tomaron esas medidas, y cuando Seungmin vio al suyo entrar al gran comedor, fue que colapsó. Lloró, suplicó, imploró para que le dejara quedarse, casi se arrastró de rodillas cuando fue ignorado.
—Hyunjin duerme—admitió entre sollozos en medio de su desesperación,
Y quizá fue la idea de lo que podría pasarle a Hyunjin si Seungmin no estaba cerca, o tal vez su padre entendía lo que era perder a la persona que amas frente a tus ojos sin poder hacer nada, lo que fuere le hizo prometer que se quedaría siempre que no hubiera otro incidente.
Así que ahora sus desayunos eran solitarios, ya no estaba Chan para esperarlo en la sala común ni para cargar la mochila de Jeongin, se sentaban los tres a comer en silencio pensando en todo y en nada.
— ¿Qué haremos si nunca despiertan? —preguntó Minho en voz baja.
—Cállate, no digas eso—le gruñó Jeongin, sus ojos llenos de lágrimas—. Van a despertar.
—Han pasado dos semanas, Innie.
— ¿Y eso qué? Están bien, despertarán.
— ¿Pero y si no?
—Minho, cállate. Chan va a despertar—advirtió el menor, labios temblando—. Él lo hará, encontrarán algo y los harán despertar.
—Es una posibilidad—susurró Minho, mirando su comida—. Además que Channie no está recibiendo el mismo tratamiento por lo de medio licántropo, ¿y si la cura no le hace efecto?
Jeongin golpeó la mesa, furioso, sobresaltando a todos en el comedor mientras miraba a Minho antes de tomar sus cosas y levantarse, saliendo de forma airada del comedor. Seungmin lo contempló en silencio, lidiando con su propia tristeza. Hasta cierto punto entendía las preguntas de Minho, después de todo algo podía salir mal y ellos jamás despertarían, ¿cuántos años habían pasado en el cuento muggle? ¿Cien? ¿Cincuenta?
Ahora eran dos semanas, ¿pero qué harían cuando fueran tres meses? ¿O un año? ¿Qué pasaría cuando Seungmin envejeciera y Hyunjin siguiera dormido? ¿Cuándo todos se graduaran pero ellos siguieran en una camilla en la enfermería? ¿Lily crecería dormida? ¿Chan pasaría su vida ahí acostado? ¿Y Garret? ¿Amelia?
Hyunjin.
Se pasó una mano por la mejilla y miró a Minho, quien ahora picoteaba de mal humor sus panqueques. No lo había visto llevarse nada a la boca, no lo culpaba.
—No deberías ser tan duro con él—susurró por lo bajo, revolviendo su avena.
—Actúa como si Chan no fuera mi hermano o como si tú no estuvieras pasando lo mismo—masculló con los dientes apretados, dejando caer el tenedor para frotarse la cara con la mano—. Está siendo infantil. Debería de pensar en que las cosas podrían ser malas.
—Sólo porque nosotros reaccionamos diferente con las circunstancias no significa que los sentimientos de Jeongin sean menos válidos—susurró, su estómago retorciéndose al pensar en Hyunjin—. Sé que es tu hermano y mi amigo, pero también es su novio, Minho, le duele diferente que a ti.
— ¿Cómo a ti con Hyunjin? —quiso saber, mirándolo con ojos enrojecidos—. Duermes todos los días en la enfermería, eso te va a hacer daño.
—Es diferente—susurró Seungmin, dándole una cucharada a su avena antes de dejarla de nuevo—. Yo soy quién debería de estar en la camilla.
—Vaya que sí—estuvo de acuerdo el mayor, bufando—. No te ofendas, hombre, pero todos lo vimos. Esa cosa no te hizo ni cosquillas.
Seungmin se rascó la mejilla, había estado ignorando a conciencia lo que había sucedido esa noche cuando nadie más dijo nada, ni siquiera los profesores, así que quiso asumir que no era nada. Sin embargo, aún recuerda verse envuelto en la bruma, aislado de todos, los espirales alrededor de ellos antes de que se concentraran en Hyunjin y toda esa nube lavanda se metiera en él.
—Intento no pensar en ello—admitió en voz baja—. Quizá sólo es al primero que toque.
—Cómo sea—Minho apartó su plato de un empujón—. Tengo que terminar un trabajo de Transformaciones y disculparme con Innie por ser un idiota, si Chan se entera de que le he hablado mal seguro se comerá todo mi pudín volviendo a casa, no puedo permitirlo.
Seungmin sonrió, notando que Minho recurría a las bromas para lidiar con las cosas, así que lo dejó ir después de una pequeña despedida.
…
— ¡Seungmin!
Sentado en el alféizar de su ventana, esperando a que se hiciera hora de ir a pasar la noche a la enfermería, Seungmin dejó de leer un libro de encantamientos y miró hacia el pasillo, encontrando–para su sorpresa–a Jeongin correr en su dirección con Felix siguiéndolo de cerca.
Eso lo hizo fruncir el ceño mientras su corazón latía, emocionado, ¿acaso Hyunjin había despertado? Se bajó de un brinco del alféizar y se apresuró a ir a encontrarlos, reuniéndose a medio pasillo mientras su amigo intentaba recuperar el aliento y Felix se apartaba el cabello del rostro, jadeando.
Ambos parecían que habían estado corriendo por todo el castillo, sus cabellos despeinados y el rostro sonrojado. No usaban túnicas puesto que ya eran vacaciones, Felix usaba una chaqueta de Gryffindor que le quedaba enorme y se le caía de un hombro mientras que Jeongin estaba enfundado en una de las sudaderas de Chan.
— ¿Sucedió algo? —preguntó, alarmado.
—Estábamos en la enfermería—aclaró Felix, jadeando—. Ay, Merlín, debería hacerle caso a Changbin y ejercitarme más—masculló, abanicándose el rostro, sacando la varita de su bolsillo y provocando una ligera brisa cerca de su rostro—. Mucho mejor, ¿quién diría que incluso en invierno sudas cuando corres?
—Sudor frío—asintió Jeongin, apoyándose en las rodillas antes de incorporarse—. Decíamos, estábamos en la enfermería. Felix con Hyunjin, yo con Chan.
— ¿Despertaron? —preguntó Seungmin, emocionado.
—No, aún no—lo calmó Felix, su negativa provocando una mueca en Seungmin—. Pero creemos saber qué es lo que les durmió.
— ¿Qué?
—Tú.
…
Los sentimientos influyendo en la magia natural.
Durante la infancia de los jóvenes magos, mucho antes de siquiera recibir su carta de aceptación, son notorios algunos accidentes de magia que rodean al niño en cuestión. Desde hacer levitar algunos juguetes o darles vida, colorear de azul el cabello de alguien o desaparecer un cristal en un herpetario.
Esos accidentes ocurren porque los niños mágicos aún no tienen un canalizador de magia como lo es la varita por lo que el Ministerio los ha categorizado como accidentes de magia inofensivos y bastante normales. Sin embargo, se tiene evidencia que muchos de ellos suceden cuando hay un sentimiento intenso en los niños que hace reaccionar a la magia en su sangre.
Un berrinche, una risa, la más mínima emoción intensa provocará que la magia se filtre del niño y haga cosas extrañas a su alrededor. No obstante, en una conversación con mi buen amigo Harry, he descubierto que eso sigue sucediendo incluso con un canalizador de magia.
Harry me contó que, cuando vivía con sus tíos, llegó de visita la hermana de su tío y lo hizo enojar tanto que terminó por inflarla como globo sin necesidad de varita. Eso lleva a la teoría de que hasta los magos más experimentados pueden tener pequeños accidentes de magia al tener un sentimiento tan intenso que no saben cómo manejar.
En términos más comprensibles, la magia manifiesta de forma física el sentimiento que el mago no sabe controlar. Hubo una historia de una bruja que incendió todo un pueblo después de que los muggles quemaran viva a su hermana. Se hizo juicio de la bruja pero se comprobó que el último hechizo que conjuró fue el de desaparición y cuando le preguntaron ella dijo que se sentía tan enojada que no sabe cómo sucedió.
Ha habido ese tipo de accidentes a lo largo de los siglos que se han considerado cosas de magos oscuros y poderosos. Provocar lluvia por días completos, flores creciendo en lugares extraños, plantas secas sólo con tocarlas. Accidentes que en niños se consideran inofensivos pero en magos adultos son cosa de poder.
Al final, la magia forma parte de nosotros, corre por nuestra sangre y anida en nuestro corazón, ¿no tiene sentido que se exprese de determinada forma sólo por no controlar nuestras emociones? La varita sólo es un modo sencillo de manejarla, pero al final es cosa que viene con nosotros, no en un objeto que se nos otorga.
Los accidentes de magia siguen ocurriendo en los adultos así que les pongo una pequeña recopilación de sucesos que han ocurrido en siglos pasados y se juzgaron mal.
…
Seungmin dejó de leer y miró a los dos chicos que se encontraban sentados junto a él en el pasillo.
Se habían colocado contra la pared, sabiendo que nadie pasaba por ahí y mientras Filch no merode cerca entonces no pasaría nada. Seungmin había leído esas páginas tres veces antes de dejar el libro en el suelo, asimilando lo que intentaban decirle comprendiendo la información.
Recuerda que su primer accidente de magia fue a los cinco años, cuando hizo que todos sus peluches caminaran por la casa entre risas por tener a alguien con quien jugar. Recuerda que tuvo un segundo accidente cuando su madre murió, haciendo temblar el terreno donde se encontraba la casa cuando vio al mortífago asesinarla, incluso derrumbó parte del techo pero al menos los Aurores llegaron en ese momento para desarmarlo.
Su padre dijo que era normal a esa edad, a todos les pasaban pequeños accidentes, y Seungmin no recuerda haber tenido otro desde que tiene su varita.
—No entiendo por qué piensan que soy yo—susurró, sacudiendo la cabeza—. O sea, entiendo que crean que es cosa de un mago, pero ¿por qué yo?
—Cuando pasó lo de Gwen—comenzó Felix, tirando de las mangas de su chaqueta—. Hyunjin nos dijo que te vio en el pasillo mientras conversaba con ella y que parecías muy triste, luego te sentaste detrás de nosotros, nunca lo haces.
—Fue un accidente—insistió, mirándolos con pánico—. Nunca le haría daño a alguien que Hyunjin quiera, yo no-
—La bruma no te hizo nada—intercedió Jeongin, silenciando sus disculpas—. En el libro, ningún mago que ha tenido un accidente de esa magnitud ha resultado herido por su propia obra. La magia no daña al mago que la porta, la bruma viene de ti.
—No tiene sentido—insistió, llevándose las manos al cabello—. ¿Los accidentes de Hogsmeade? Entiendo a Gwen y Hyunjin, estaban cerca, ¿pero Lily? ¿Garret? ¿Las personas en Hogsmeade? ¿Chan?
—La bruma no emana de ti, sino que tú la invocas—aclaró Felix, señalando el libro—. Además, por el señor Bang descubrimos dónde son los lugares de los accidentes en Hogsmeade y Jeongin dice que ustedes estaban cerca en esos días.
—Honeydukes, nosotros estábamos comprando dulces y el accidente ocurrió en la parte trasera. Te pusiste triste porque Minho te enseñó unos patos de goma y estoy seguro que solías comprarlos para Hyunjin—recordó Jeongin, tomando la mano de Seungmin—. Las Tres Escobas, bebíamos cerveza de mantequilla, C-Chan me limpió la espuma con un beso, Minho se quejó y tú suspiraste, el accidente ocurrió a unos metros del local.
— ¿Lo captas? —insistió Felix, mirándolo con ojos grises—. Eres tú.
—Pero yo no…no entiendo…no sé…¿por qué?
—Seungmin—Jeongin lo llamó serio, haciendo que su amigo lo mirara presa del pánico—. Has estado deambulando desde que Hyunjin terminó contigo, eres como un cascarón.
Seungmin se estremeció, mirando hacia su regazo avergonzado. Se había enorgullecido bastante de sí mismo al disimular tan bien con sus amigos que ninguno podía darse cuenta de que aún no superaba las cosas y estaba en una terrible depresión que Seungmin se encontraba ignorando, pero las palabras de Jeongin le daban una bofetada en la cara demostrándole que no había sido tan bueno.
Apretó los labios en una tensa línea, esperando calmar sus temblores mientras se aferraba con fuerza a la mano de Jeongin.
—Chan notaba que no dormías, Minho estaba preocupado de que no comieras, y yo tenía que asegurarme de que prestaras atención en clase—continuó con voz húmeda—. No hablaste del tema, ni siquiera cuando terminaron, simplemente te encogiste de hombros y dijiste “me dijo que era mejor tomarnos un tiempo, está bien” y, Merlín, Seungmin, no estabas bien.
“No te íbamos a juzgar si llorabas o si te enojabas. Te aseguro que estaba listo para gastarles bromas a todos los de Slytherin de puro despecho si me lo pedías. Sin ofender—murmuró hacia Felix, que se encogió de hombros.
—No niego que pensé hacer lo mismo—admitió el rubio, haciendo que los otros dos lo miraran—. ¿Qué? Hyunjin se la pasó llorando por meses, creo que todavía lo hace pero piensa que no me doy cuenta. Le dolió mucho terminar contigo.
—Entonces, ¿por qué lo hizo? —preguntó Seungmin con ojos llenos de lágrimas y el pecho lleno de frustración—. Si hubiera hablado conmigo, me hubiera dicho algo, yo habría hecho todo para hacerlo feliz.
—Hyunjin se convenció de que no lo querías igual—aclaró Felix, haciendo que Seungmin lo mirará, ojos llenos de lágrimas y nariz enrojecida—. Pensaba que se ilusionó demasiado contigo, que tal vez lo confundió todo y te estaba abrumando. Intentó ver si de verdad lo querías y al no ver reacción de tu parte decidió que era mejor terminar.
—Pero lo quiero—sollozó, mirando a Jeongin—. Lo quiero mucho, así que dime por qué la niebla los duerme cuando yo ni siquiera he podido dormir bien desde que me dejó de lo mucho que lo extraño.
—Creo que la bruma es el modo en el que se expresa tu tristeza—adivinó Jeongin, pensativo—. Llevas un año pretendiendo que todo está bien, y creo que tu magia se está desbordando por eso. Está bien no estar bien. Está bien si incluso si sientes que fue tu culpa te duela. Está bien que lo extrañes, no tienes que pretender que no te dolió cuando todos sabemos lo enamorado que estabas de él.
—Creo que aún lo estoy—admitió, limpiándose el rostro—. ¿Y ahora cómo hago para despertarlos?
—Esa es una buena pregunta—asintió Felix, aplaudiendo—. No sabemos, pero iré por Sungie y Changbin y los haré investigar.
—Yo iré por Minho—aclaró Jeongin—. Buscaremos algo antes de hablarlo con un profesor, no quiero que te regañen. No te preocupes, ahora que sabemos donde buscar, encontraremos algo, ¿bien?
Seungmin asintió, el vacío en su pecho temblando en los bordes con la esperanza de ser cerrado, pero doliendo porque ya no lo estaba ignorando sino que ahora le prestaba atención y se daba cuenta que no estaba bien, nada estaba bien porque Hyunjin había terminado con él y Seungmin aún lo quería.
…
Regresar a la enfermería con esa nueva información hizo que Seungmin se sintiera cansado, encorvado sobre sí mismo mientras arrastraba los pies hacia la camilla de Hyunjin.
Había cierto sentimiento cuando te das cuenta de que la culpa de todo mal es tuya, como verte al espejo y entender que, a veces, tú eres el problema. Era triste, desmotivante, era que todo lo que te encontrabas ignorando cayera sobre tu espalda y la culpa envolviera tus tobillos al igual que grilletes arrastrando una pesada bola de esclavitud.
Su padre siempre le dijo que la culpa viene de la mano con la empatía pues sale cuando comprendes que has lastimado a alguien más o que has obrado mal, son cosas que nos hacen humanos y que, en ocasiones, el mundo mágico suele olvidar porque es extraña la vez en la que un mago se ha disculpado por haber obrado mal, por el contrario se encuentran justificándose en espera de conseguir el perdón si haber admitido culpa alguna.
Se sentó en la camilla está vez y miró su rostro dormido, notó el lunar bajo su ojo, el cabello desordenado sobre la almohada, la palidez de su piel; extrañaba el sonrojo en sus mejillas y esa enorme sonrisa que convertía sus brillantes ojos en medias lunas. Extrañaba escucharlo reír mientras se dejaba caer contra su costado, la forma en la que sus dedos siempre buscan los suyos bajo la mesa.
Extendió un brazo y con la yema de los dedos acarició su mejilla, sus labios, el arco de sus cejas y el puente de su nariz. ¿Cómo pudo pensar que no lo quería? Cuando Seungmin se la pasa merodeando la ventana que solía ser de ambos para recordarlo, cuando es lo primero que piensa al despertar y su último pensamiento al acostarse. Sin embargo podía entender de dónde venía esa inseguridad pues Seungmin nunca se tomó la molestia de decirlo, no lo sintió necesario porque lo daba por hecho pero a Hyunjin le importaban esas cosas.
A él le importan las cosas que Seungmin no suele recordar, como un beso en la mejilla o tomar su mano al caminar. Como abrazarlo sólo porque está a su lado o compartir sus cosas favoritas.
Dejó que la palma de su mano descansará en su rostro, su pulgar acariciando su mejilla de forma acompasada, casi rítmica.
—No estoy bien—comenzó a hablar en voz baja y frágil, temblorosa, aún pensando que alguien podría escucharle y quería que esas palabras sólo fueran de Hyunjin—. No quería terminar, pero tampoco quería retenerte si tú ya no querías estar conmigo. Por Rowena, Hyunjin, debiste hablar conmigo, debiste decirme que mi forma de ser no te hacía sentir querido, lo habría entendido y buscado una forma, luchado por comprender cómo hacerte sentir lo mucho que te amo.
“Y lo siento—sollozó, inclinándose hasta que su frente se colocó sobre la de Hyunjin—. Lo siento por lastimarte sin darme cuenta, por no escuchar las cosas que me intentabas decir, por pensar que me entendías. Y entiendo que ya lo superaste, lo acepto, te prometo que estaré bien, lo superaré a la larga ¿sí? Sólo…
Suspiró, cerrando los ojos con fuerza sintiendo que las lágrimas empapaban sus mejillas y empezaban a gotear sobre los labios de Hyunjin. Ya no eran suaves sollozos, era un llanto en toda regla, con temblores y gimoteos, jadeando aire para respirar porque estaba entrando en pánico.
Ya lo superé.
—Déjame llorarnos un poco más—suplicó entre lágrimas, aún con la esperanza de que Hyunjin fuera a responder—. Lo superaré, sólo déjame estar triste por nosotros otro poco porque…porque aún estoy lidiando con ello.
Admitirlo se sintió como romper un candado dentro de su ser, dándose cuenta que ese vacío que solía sentir en realidad era una puerta que ha abierto y todos sus sentimientos comenzaban a desbordarse porque Seungmin se estaba permitiendo llorar por su ruptura, admitir que no estaba bien, que aunque Hyunjin hizo las cosas pensando en él, Seungmin no tenía que estar de acuerdo con ello si eso le había lastimado.
Sus labios rozaron los de Hyunjin, apenas pues no sentía correcto besar a alguien inconsciente. Se apartó y recostó la cabeza en su pecho, llorando sobre él como un niño perdido que sólo espera volver a casa.
Sin embargo, serpenteando por el suelo, la bruma lavanda comenzó a moverse entre las camillas, dando espirales, enroscándose en los muebles, cubriendo todo el suelo como una nube lila con aroma a lavanda y jazmín. Mientras Seungmin seguía llorando sobre el pecho de Hyunjin, no distinguió el pequeño hilo de lo que parecía humo lavanda saliendo entre los labios de Hyunjin y enredándose en su cabello, tocando sus orejas.
Tampoco veía lo que parecía una cascada de bruma saliendo de la cama de Chan ni de las demás camillas ocupadas, incluso había un pequeño río que venía desde la habitación de Lily al ser la más pequeña de todos ahí.
Seungmin seguía sollozando sobre el pecho de Hyunjin, jadeando y respirando ese aroma a lavanda y jazmín, parpadeando al caer en cuenta que el aroma ya no pertenecía sólo a Hyunjin. Se incorporó con lentitud y parpadeó asombrado, mirando la bruma que le rondaba los pies, que iba alrededor jugando con su cabello, llenaba aquella habitación hasta darle un aspecto fantasmal.
Toda su tristeza, ese nivel de dolor que sólo te hace sentir adormecido y continuas con tu día a día en modo automático. Sonreír, ampliar los intereses, comer poco, prestar atención, reír en los momentos adecuados, un libreto que debías memorizar para no preocupar a nadie. Esa ensoñación que anestesia el dolor en tu corazón.
La bruma lavanda que disfraza la realidad con la promesa de liberarte de todo lo que te aflige, prometiéndote una vida de ensueño. Descansar, no sufrir de nada.
Seungmin suspiró y extendió un brazo esperando tocarla, contemplando maravillado las volutas de humo que se enroscaban alrededor de sus dedos y subían por su brazo en espiral. Sintió los párpados pesados mientras se levantaba de la camilla hasta el centro de la enfermería, cada vez se le hacía más difícil mantener los ojos abiertos entre parpadeos.
La bruma subía por sus piernas, envolvía su pecho, llenaba sus sentidos y Seungmin se sintió aliviado cuando el sueño lo venció.
Al fin podía dormir.
…
Quería ir al baño.
Fue lo primero que pensó antes de abrir los ojos, removiéndose en la incómoda cama, ¿su colchón siempre había sido tan incómodo? Estaba seguro de que no, pero sentía que le explotaba la vejiga y su cabeza dolía cómo cuando pasas horas dormido y te niegas a levantarte.
—Pero entonces, ¿la plata te afecta o no?
—Bueno, me incomoda un poco pero no me lastima como a los licántropos.
— ¿Y no te sientes raro en las lunas llenas?
—No sufro transformaciones, si es lo que preguntas, pero sí me siento como de malas y me dan licencia para faltar a clases, nos ponemos irritables y muy cansados.
—Genial.
Seungmin parpadeó, confundido, asimilando la conversación que se daba a un costado, tan sólo contemplando un par de siluetas borrosas enfrascadas en una conversación junto a su cama. Distinguió el cabello platinado de uno de los Bang, pero el otro era una desordenada cabellera negra que parecía vibrar.
Apretó los ojos con fuerza y los volvió a abrir, incluso alzó una mano para apretar un puño contra uno de sus ojos mientras se incorporaba, confundido.
— ¿De qué tanto hablan? —preguntó con voz ronca.
Minho, y al parecer Jisung, gritaron de forma aguda y casi se cayeron de la silla al escucharlo, sobresaltando a Seungmin quien se quedó congelado a media acción, parpadeando de forma aturdida mientras veía a los dos chicos que intentaban normalizar su respiración después del susto que les había dado.
— ¡Despertaste! —celebró Minho, levantándose de un salto—. ¡Genial! ¿Cuántos dedos ves?
— ¿Tres? —respondió con duda cuando Minho le colocó tres borrosos dedos contra la cara.
—Bueno, también se hubiera aceptado cinco puesto que tengo ahí mismo otros dos, pero podemos confirmar que sigues sabiendo contar.
— ¿Qué pasó? —preguntó confundido, mirando alrededor.
Seguía en la enfermería, ahora se daba cuenta, aunque por la luz que entraba por las ventanas podía deducir que era por la tarde, ¿había dormido toda la noche? Vaya, y parte de la mañana además, hace tiempo que no dormía tanto de corrido, comenzaba a sentirse más descansado.
—Al parecer descubriste cómo despertarlos a todos—informó Jisung, haciendo que Seungmin le mirara, confundido—. Felix y Jeongin nos contaron su teoría, y cuando te vinimos a buscar a la mañana siguiente resulta que tú ya lo habías resuelto.
— ¿Lo hice?
—Todos bien despiertos—asintió Minho, secundando a Jisung—. Pero te dormiste durante dos semanas, vaya siesta te echaste ¿eh? —colocó las manos en sus caderas a modo de regaño—. Te perdiste Navidad y Año nuevo, le tuvimos que rogar a los profesores que no le dijeran a tu padre así que nos debes una muy grande.
— ¿Dos semanas? —repitió, incrédulo.
—Completas—Jisung sacudió de manera solemne la cabeza—. Roncabas, eras el único que lo hacía, así que Madame Pomfrey dedujo que tú despertarías por tu cuenta tarde o temprano. El profesor Potter no estaba feliz cuando Jeongin y Felix le dijeron su teoría.
—Cree que pudo ser arriesgado, pero el profesor Malfoy le dijo que él había sido igual de imprudente a su edad, aunque el profesor Potter señaló que eran un Hufflepuff, un Ravenclaw y un Slytherin los de la idea—Minho frunció el ceño—. Me siento ofendido, ninguno de esos idiotas era Gryffindor.
— ¿Gracias? —Jisung lo miró con el ceño fruncido.
—Tú eres lindo—Minho le pellizcó la mejilla antes de mirar a Seungmin—. De todas formas, te perdiste las celebraciones. Mamá te envió varios regalos y nos ayudó a no decirle a tu padre, papá no dijo nada en el cuartel de Aurores así que no te mandarán a Azkaban por actos terroristas en el mundo mágico.
— ¡La buena noticia es que te perdonaron los proyectos de vacaciones! —celebró Jisung con un aplauso—. La mala es que te perdiste el pavo de Navidad. Era un buen pavo.
Seungmin los escuchó hablar otro poco, sintiendo que el dolor de cabeza aumentaba al escucharlos porque parecían tener el mismo sentido del humor, por no decir que compartían la misma neurona. Jisung se reía de cada estúpido chiste de Minho y éste se estaba esforzando el doble por parecer gracioso.
Se quedó sentado en la camilla, asimilando la información. Dos semanas de su vida dormido, ni siquiera recuerda qué había estado soñando, sentía cómo si sólo hubiera cerrado los ojos un momento y vuelto abrirlos al siguiente.
Miró hacia las camillas vacías a sus costados, las voces de Minho y Jisung sonando de fondo; ese peso en su pecho volviéndose aplastante, recordando la última noche despierto. Una parte de él quería correr y buscar a Hyunjin para asegurarse de que estaba bien, de que nada le había pasado, pero también recordaba su promesa.
Suspiró de forma temblorosa, sorprendiéndose de encontrar más lágrimas en sus ojos, soltando una risita mientras sollozaba haciendo que la conversación de Minho y Jisung se interrumpiera y ambos lo miraron con preocupación.
— ¿Estás bien? —Minho preguntó como cada mañana en el desayuno y, por primera vez en meses, Seungmin respondió con la verdad:
—No. Hyunjin terminó conmigo.
…
Pasó el resto de sus vacaciones navideñas en la enfermería, más que nada porque Madame Pomfrey creía que estaba bastante débil como para estar sin supervisión y que la doctora Goldstein vendría a visitarlo para asegurarse de que su magia estuviera estable.
Sus amigos lo visitaron mucho; Jeongin y Chan parecían igual de inseparables, hablaron hasta por los codos de cómo Jeongin pudo entender la teoría de Chan sin que tuviera que decírsela y que agradecía que lo besara en la biblioteca para haber encontrado esa página.
Minho lo visitaba por las tardes, comían juntos. A veces les acompañaba Jisung y otras veces sólo eran ellos hablando de cualquier cosa al parecer las cosas con el Gryffindor estaban progresando, Minho ya estaba planeando una cita con Chan y Jeongin, para fastidio de su hermano, para que se conocieran y después pedirle que sea su novio.
—Si fuera un licántropo completo, cazaría un ciervo y lo dejaría en su puerta—advirtió con la boca llena de puré de papa—. Pero como sólo soy medio licántropo, tendrá que conformarse con una rebanada de su pastel favorito.
Y durante las noches, Seungmin se quedaba contemplando la puerta en espera de verle aparecer, lo hacía hasta que el sueño lo vencía comprendiendo que él no iba a volver. A veces lloraba cuando se daba cuenta de ello, otras veces simplemente giraba para darle la espalda y no tener la espectativa. Estaba lidiando con ello, lloraba en momentos al azar, rechazaba la comida y otras veces se obligaba a comer. Hablaba con sus amigos sobre ello, sobre lo que sentía y lo mal que le hacía. Admitía extrañarlo, desear verlo, y al final dejaba caer sus esperanzas en el suelo y miraba la puerta hasta quedarse dormido.
Ya no había preguntas sin respuesta que le atormentaran impidiéndole el sueño, ahora entendía que, tal vez, simplemente no funcionó. Eran demasiado distintos para congeniar entre ambos, para hacer funcionar una relación romántica. Seungmin no entendía el corazón de Hyunjin y éste no parecía verlo como realmente era.
Cuando pudo poner un pie fuera de la enfermería se sintió como un paso en la dirección correcta; aún estaba triste, se veía en su rostro si prestaban la suficiente atención, pero eso estaba bien porque Seungmin y Hyunjin habían estado saliendo desde su segundo año. Actualmente estaban a mediados del sexto, otro año terminaba y tal vez, cuando regrese de vacaciones, al fin deje de estar triste.
Caminó por los pasillos de la escuela, era temprano por la mañana así que la gran mayoría de los alumnos estaban dormidos así que se permitió deambular sin preocupaciones, estirar las piernas, respirar algo de aire.
Miró los retratos, saludó a algunas pinturas, se quedó quieto mientras las escaleras se movían antes de seguir su curso. Había cierto aire de melancolía rodeándolo pues pensaba en las veces en la que él y Hyunjin recorrieron esos pasillos de la mano, cuando sus risas sonaron en conjunto, las veces en las que se escondieron sólo para besarse porque todo era muy nuevo y abrumador.
Tarareó esa vieja canción que escuchó en la radio durante el verano mientras miraba hacia el suelo y saltaba las líneas en el concreto. No recordaba con exactitud la letra, pero la canción le hacía sentir un tipo de consuelo así que con sólo tararear la melodía era suficiente.
Mirando hacia las paredes se dio cuenta que caminaba por un pasillo familiar, su corazón volviéndose a hacer pesado, pero se dijo que estaba bien, pasaría un rato en esa ventana y procuraría hacerlo cada dos días, después cada tres, después una vez a la semana y así hasta que deje de perseguir el recuerdo de su rostro sonriendo contra el alféizar.
Sus pies se detuvieron a un par de metros de esa ventana, mirando fijamente el paisaje al otro lado siendo recortado por la silueta de un chico sentado en el alféizar, sus rodillas alzadas y la cabeza colocada en ellas, cabello oscuro desordenado, un jersey de Slytherin cubriéndolo, pantalones desgastados y unas viejas Converse azules que no parecían combinar. Seungmin recordaba esas Converse, las compró hace dos veranos y Seungmin compró unas verdes.
—Así tendremos algo que represente al otro.
Había dicho con una sonrisa mientras las usaban bajo el uniforme. Los regañaron un par de veces pero nunca hicieron caso, se las ponían siempre que podían.
Y ahora estaba ahí sentado en la ventana que solía ser de ambos, ¿también busca sus recuerdos en el cristal? ¿O sólo se consuela a sí mismo con el paisaje? Usa sus zapatillas azules y, mirando de nuevo hacia sus pies, Seungmin distingue la punta de sus viejas Converse verdes, ¿era una señal o sólo la esperanza de un corazón que aún llora de amor?
Miró de nuevo hacia arriba y notó que los hombros de Hyunjin se movían en un suspiro, tan bajo que fué difícil escucharlo. Y Seungmin sabía que debía irse, quizá dar otra vuelta para darle suficiente tiempo en su ventana a Hyunjin porque había hecho una promesa en medio de la noche, con el llanto desbordando de sus ojos y la habitación envuelta en su tristeza.
Iba a superarlo, dejaría de buscar las respuestas, intentaría dejar ir su recuerdo para que él pudiera ser feliz con alguien que le entendiera. Pero una cosa era decirlo y otra cosa muy difícil era llevarlo a cabo.
Antes de poder tomar una decisión, Hyunjin giró la cabeza en su dirección y lo miró, manteniendo la mejilla presionada contra su rodilla, una pequeña sonrisa somnolienta y ojos brillantes.
—Vi tu reflejo en la ventana—aclaró el pelinegro al ver la sorpresa en el rostro de Seungmin.
Sus palabras hicieron que el Ravenclaw mirara al cristal, forzando un poco la vista y encontrándose a sí mismo ahí reflejado contra los árboles y el cielo del otro lado.
—Esto es vergonzoso—admitió por lo bajo. Él juró que podía desaparecer sin que Hyunjin lo notara.
—Lo es si esperabas pasar desapercibido—prosiguió el Slytherin, mirándolo con atención—. Aunque por un momento dudé de que fueras real.
—Ah, me acaban de dar de alta—anunció, señalando con el pulgar el pasillo por el que venía—. O algo así, o sea ya me dejaron salir de la enfermería. Me veo un poco pálido, pero nada que unos días al sol no arregle.
—No me refería a eso, Seungmin—corrigió Hyunjin con dulzura, incorporándose y haciendo que mechones de cabello cayeran de forma desordenada por su frente—. Pensé que sólo…no sé, que eras un recuerdo.
Seungmin podía entender a lo que se refería así que se acercó un poco más, aún con el corazón en un puño, y siguiendo su instinto estiró un brazo y presionó la nariz de Hyunjin con su dedo índice emitiendo un suave beep al hacerlo, haciendo que el chico bizqueara un poco y lo mirara con clara contrariedad.
—No, tampoco eres un recuerdo—asintió Seungmin, satisfecho—. Muy real, me temo.
Hyunjin lo miró ahí de pie junto a él, ojos brillantes y una sonrisa que luchaba por aparecer, el rosa comenzando a iluminar sus mejillas, siendo más familiar de esa manera y Seungmin quería quedarse con él, abrazarlo, besarle el rostro, acurrucarse en su pecho hasta que su magia se vuelva una, se entrelacen y nada pueda separarlos.
Esa ventana era el lugar al que solía ir cuando quería recordar los momentos que tuvieron juntos, y al ver a Hyunjin en la misma posición que él se preguntaba si buscaba lo mismo, ¿esperaba encontrarlo en los árboles? ¿Lo busca en los reflejos del cristal? ¿Los recuerda?
—Aunque te recordaba diferente—siguió hablando, ahora su mano tomándose la libertad de apartar mechones de cabello negro de su frente—. Pero quién sabe, soy muy malo recordando cosas.
—Lo eres—coincidió Hyunjin en voz baja, inclinando el rostro hacia la mano de Seungmin—. Ni siquiera recordabas los exámenes para ser un Ravenclaw.
—Cierto, aunque tú siempre te asegurabas de recordármelos—sonrió con nostalgia, su mano acunando la mejilla de Hyunjin.
—Los recordaba por ti.
El pulgar de Seungmin acariciaba su mejilla y Hyunjin parecía derretirse contra su mano, como siempre hacía cada vez que recibía un mínimo gesto de él, y eso dolió en su corazón porque él no debería mendigar el amor de alguien que ya era suyo.
—Es curioso como la única cosa que recuerdo es a ti—admitió en voz baja, mirándolo como si estuviera hipnotizado, o quizá deseando grabarse sus facciones para cuando tuviera que dejarlo ir—. Recuerdo tu risa, pero no recuerdo por qué reías. Te recuerdo corriendo con los brazos extendidos, pero no recuerdo de dónde venías ni a dónde íbamos. Recuerdo la forma en la que decías mi nombre, pero no recuerdo lo que seguía después—Hyunjin lo miró con los ojos llorosos y Seungmin suspiró—. Y quizá debería recordar esas cosas, pues fueron importantes para ti, pero yo sólo…no puedo, sólo te recuerdo a ti. Dime, ¿cómo podría olvidarme de eso?
Limpió con su pulgar la lágrima que se atrevía a correr por su mejilla, y eso hizo que Hyunjin cerrara los ojos con fuerza, llevando sus manos a la que Seungmin mantenía en su rostro en un intento de retenerlo, evitar que volviera irse.
¡Quería que lo intentarás! ¿Aún lo quería?
Ya lo superé, ¿realmente lo hizo?
—Reía porque dijiste un chiste sobre los Gryffindor y Jisung se ofendió—susurró Hyunjin, mirándolo con ojos húmedos—. Venía de clases y pensé que no te vería hasta después de la cena así que me emocionaba verte esperando en el pasillo. Dije tu nombre y después dije que te quiero—Seungmin tuvo que parpadear para despejar su visión, permitiendo que sus lágrimas corrieran por su rostro—. Y debí decirte cuando comencé a sentirme desplazado, como si no te importara, debí haberlo hablado contigo pero yo-
—Lo entiendo—lo interrumpió Seungmin, inclinándose para presionar sus frentes juntas, suspirando—. Ahora lo entiendo. Perdón por no entender tu corazón.
—Perdóname por no hablarlo—sollozó Hyunjin, llevando ambas manos al suéter de Seungmin, aferrándose con fuerza—. Te idealice tanto que no vi quien realmente eras y al final, me desilusioné yo solo, porque no eras quien yo quería que fueras sino tú mismo—inclinó la cabeza hacia atrás, sus narices rozándose—. Lo lamento.
Seungmin se apartó y le peinó el cabello, limpió su rostro, lo contempló con todo el amor que aún le tenía. ¿Era este el cierre que necesitaba? ¿El punto final que estuvo buscando? ¿Cómo podía ser el final de todo cuando dolía de esa manera? Se veía reflejado en aquellos ojos oscuros, veía sus lágrimas cristalinas deslizarse por su rostro, sentía la fuerza con la que se aferraba a su suéter.
—Lo entiendo—asintió Seungmin, tomando con ambas manos las de Hyunjin—. Y yo…sé que ya lo superaste, así que perdona que me esté tomando más tiempo.
— ¿Eh? —Hyunjin parpadeó, confundido.
—Tú dijiste esa vez que ya no tenía caso, que ya lo habías superado. ¡Y está bien! Digo, ha pasado un año, y ya sales con esta chica, ¿Gwen? Y lamento recordarte lo que pasó entre nosotros. Eso de la bruma lavanda y todo el asunto, resulta que soy dramático sin saberlo así que era mi tristeza gritando a través de mi magia.
—Seungminnie, no estoy entendiendo.
—Lo que quiero decir es que me está tomando algo de tiempo, pero te prometo que lo superaré…quizá en el verano—le dio un firme apretón a sus manos antes de hacer que soltarán su suéter—. T-tal vez es lo que todos dicen que necesitábamos. Un cierre.
— ¿Seungmin?
Hyunjin lo miraba fijamente, parecía entre divertido y exasperado, como si no supiera qué hacer con él y al mismo tiempo lo encontrara adorable. Seungmin ladeó el rostro, confundido, ¿se había vuelto a equivocar? ¿Dijo algo incorrecto?
— ¿Qué pasa? —preguntó, preocupado.
—Mentí, tonto—aclaró el Slytherin, una sonrisa llorosa curvando sus labios—. ¿En serio eres Ravenclaw? Eres el chico más despistado que he conocido.
—No estoy entendiendo.
Hyunjin se rió, por primera vez se rió de forma auténtica en presencia de Seungmin después de tantos meses. Mantuvo sus manos juntas mientras se bajaba del alféizar hasta alzarse en toda su altura sobre Seungmin, apenas le sacaba unos cuántos centímetros, pero eran suficientes para que el corazón de Seungmin se acelerara en su pecho al tener que verlo a los ojos, tan cerca que su cabello rozaba su frente.
—No lo he superado, ¿cómo podría? —aclaró entre risas, con algo de llanto aún en sus ojos tirando de sus manos hasta que la nariz de Seungmin tocó la suya—. Todavía te quiero.
—Pero…pero tu novia, ¿Gwen?
—No es mi novia—Hyunjin sacudió la cabeza, sus narices rozándose—. Ella me invitó a salir, y le dije que sí porque todos insistían en que debía de avanzar, superarte, y luego nos viste y te veías tan…pensé que quizá aún te importaba así que por eso me senté a tu lado. Merlín, Seungmin, aún nos elijo a ti y a mí religiosamente, después de un año, aún elijo sentarme a tu lado, ¿de verdad creíste que te había superado?
Seungmin lo miró en silencio, la puerta que se había abierto desbordando toda su tristeza volviendo a cerrarse con lentitud, decidiendo que la felicidad estaba sólo a un palmo de distancia, sólo bastaba una elección. Hyunjin estaba ahí con todo el amor en sus ojos, siendo el mismo que en sus recuerdos, quizá un poco más maduro, más confiado, con sus sentimientos mucho más claros, pero seguía siendo un Hyunjin enamorado de Seungmin.
Así que Seungmin, sin encontrar las palabras necesarias, decidió alzarse sobre la punta de sus desgastadas zapatillas verdes y presionar sus labios juntos, un beso con sabor a tristeza y esperanza, tal vez el único beso que importaba para romper el hechizo en su corazón, desaparecer la melancolía y volverlo a la vida.
Soltó las manos de Hyunjin a favor de pasar ambos brazos alrededor de sus hombros, suspirando cuando el Slytherin lo sujetó con fuerza de la cintura y lo alzó un poco más, la punta de sus pies rozando las zapatillas azules del pelinegro.
El tiempo parecía detenerse, Seungmin sentía que estaba ante ese día tan catastrófico, en el momento en el que Hyunjin lo miró con lágrimas en los ojos y le dijo que deberían tomarse un tiempo, pero éste Seungmin hizo algo que el otro no, él besó a su Hyunjin con todo el amor que tenía, apartándose sólo para decirle:
—Quiero intentarlo—articuló contra sus labios, sus dedos enredados en mechones de cabello oscuro mientras miraba la sonrisa de Hyunjin—. Quiero intentarlo mil veces contigo, Hyunjin, hasta que pueda comprenderte y asegurarme de que nadie va a amarte como yo lo hago.
— ¿Me amas?
Seungmin llevó una mano a su rostro y le limpió las lágrimas, contemplándolo fijamente aún en sus brazos y sobre la punta de los pies.
—Sí. Aún te amo.
—También te amo—susurró Hyunjin, comenzando a llenarle el rostro de besos—. Mi Seungminnie, te amo con todo mi corazón.
A veces aún daba miedo ser tan expresivo con sus sentimientos, pero comprendía que tenemos que hacer un esfuerzo por las personas que realmente nos importan, hay sacrificios que valían la pena, incluso con lo complicado de nuestras personalidades y quizá era buena idea escuchar la magia que se mantenía en nuestros corazones antes de que se desborde y lastime a quienes nos importan.
Después de todo, no querrás perderte en la bruma de lavanda.
