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Una fotografía es eterna, la vida no

Notes:

Hi~
Acá les traigo mi pequeño aporte a este fandom tan lindo😞🥺
Espero volver con una historia un poco más larga de esta gente👀
Disfruten de la lectura!

Work Text:

El click de la cámara resonó entre aquellos dos hombres y el silencio cómodo que había entre ellos. El más bajito de ambos miraba una mariquita que estaba en una planta mientras que el otro admiraba a este.

— ¿Otra vez, Koura? —Masumi miró a su Alfa bufando bajo, este solo rió revisando aquella foto tomada con cariño.

— ¿Y porqué no?, la hermosura de mi prometido debe ser captada —Soltó con su udual tranquilidad, Yodogawa negó ante ello mirando a otro lado por la pena y el sonrojo en sus mejillas.

— Tsk, idiota —Terminó por decir el Omega, tratando de ignorar a su Alfa quién solo rió y le tomó otra foto con aquella cámara, incluso podía jurar que estaba grabando.

Masumi creía a veces que se había ganado la lotería con aquel muchacho a su lado, desde que fueron asignados juntos en la unidad de Nerima, este jamás dudó de su fuerza por ser un Omega, respetaba su rango como cualquier otro además de ser un caballero de primera hasta con los animales.

Su convivencia comenzó como otra, solamente profesional y laboral, hasta que poco a poco entre misiones le veía en la biblioteca y decidía pasar el rato con él, hablando de sus vidas y que les gustaría haber sido o tenido si no hubiesen nacido como un Oni.

Desde que supo que este quiso ser florista, sintió un pesar horrendo, así que al año, apenas comenzaron a ser novios oficialmente tras un largo cortejo por parte del Alfa regalandole cada tipo de flores con significados escritos en notas, le prometió que si se casaban, Masumi le abriría una florería con el nombre de ambos en ella.

Y allí estaban, Namikido le había pedido matrimonio seis meses atrás, en una cena tranquila entre ambos tras volver de una misión de apoyo en Kyoto, él claramente aceptó, casi cinco años de relación les llevo a querer unir sus vidas de por vida o lo que quedaba de ellas.

Yodogawa también cumplía su palabra, ya le había mostrado un pequeño local cerca de la biblioteca donde comenzaron a juntarse y tuvieron sus primeras citas, dispuesto a comprarlo y convertirlo en aquella florería que tanto anhelaba su Alfa.

— Vamos a comer un helado y volvamos a casa —Escuchó a Namikido decirle, él asintió para así dejar a la mariquita en una hoja e ir con él, yéndose así juntos a una heladería cercana, disfrutando aquella tarde, de las pocas que tenían, para pasar juntos.

 

*

 

Masumi sabía cada riesgo de aquel trabajo, era algo suicida después de todo, entrar a la agencia Oni era básicamente entregar tu vida, estar consciente que en cualquier momento podría morir, en cualquier momento un Momotaro podía arrebatarles la vida, a veces ni siquiera sus cuerpos podrían recuperar.

Pero por más que ellos estaban conscientes de que la muerte les respiraba en la nuca en cada misión, nunca estaban listos para las perdidas, menos cuando son de amigos cercanos o quienes consideraban alguien cercano.

Él fue testigo de cuando Mudano Naito y Kyouya Oiranzaka, quienes fueron sus compañeros cuando en su momento fueron estudiantes de la academia Rasetsu, finalmente comenzaron a salir luego de confesar que se gustaban desde hacía años atrás (algo bastante obvio para él, a su pensar).

Fue testigo de cuando se comprometieron y fue padrino de su boda, ellos fueron quienes le animaron a salir con Koura cuando esté le invitó a la primera cita, siempre fueron personas en quien confiar a pesar de todo.

Por ello cuando llegó a la academia tras ser llamado de emergencia como refuerzo y ver a Kyouya destrozado llorando a mares y gritos, siendo sostenido por la clase de Naito, quedó plasmado por primera vez en su vida.

Ha vivido muchas bajas, ha presenciado miles de muertes frente a él, pero jamás de alguien cercano.

Ver a Naito sin moverse y cubierto con una sabana blanca fue algo que jamás creyó ver, era considerado el Oni más fuerte de todos, ¿Qué había pasado?¿Cómo ocurrió eso?

Uno de sus amigos de años había muerto, Mudano fue alguien en quien se apoyó en momentos débiles cuando nadie veía, fue quien le pidió ser el padrino y testigo en su vida, y semanas antes fue quien le pidió ser el padrino de su cachorro en camino con su esposo junto a Koura.

Verlo muerto fue un shock enorme, ver a Kyouya, alguien quien en cualquier momento siempre portaba una sonrisa para no derrumbarse ante los demás, llorar a gritos, queriendo acercarse a aquel cadáver inerte mientras con una de sus manos apretaba la tela de su camisa en la zona de su vientre, teniendo consciencia de la presencia de aquel bebé en camino, fue otro shock.

Tuvo que salir de su trance, lamentablemente tuvo que. Se acercó a Kyouya y también tuvo que ayudar a sostenerlo y abrazarle desde la espalda, escuchando su llanto desconsolado.

— Kyouya, cálmate, le hará mal al bebé.. —Dijo bajo, este solo negaba y sollozaba.

Al cabo de los minutos que le parecieron eternos, tuvieron que sedarlo bajo todo riesgo con su embarazo, ya que no parecía querer calmarse por nada.

Suspiró roto viendo como se llevaban aquel cuerpo, se tuvo que sentar, analizando la situación.

El día anterior había hablado con Naito, habían charlado, incluso reído, estaban programando el baby shower del bebé de los Mudano.

Ayer estaba bien, estaba vivo.
Hoy ya no estaba entre ellos, dejó viudo a su esposo y huérfano a su futuro cachorro.

 

*

 

— ¿Cómo estás...? —Masumi miró a su prometido, este dejándole una taza de té frente a él y sentándose a su lado.

— ... Sigo procesando todo.. —Soltó con cuidado— ¿Cómo pudo pasar eso?, era... Casi imposible matarlo

— Lamentablemente no somos inmortales Masumi —Soltó con cuidado el Alfa, acariciando su espalda con pesar— ¿Cómo estaba Kyouya?

Soltó una risa sin gracia tomando su raza y soplando está— ¿Cómo crees?, estaba destrozado, tuvieron que sedarlo... Me preocupa mucho él y el cachorro.

— ... Sabes bien que debemos alistarnos para... —El más alto le miró con pesar.

— Lo sé... —Negó suspirando, después de todo, un Omega enlazado y en cinta no sobreviviría mucho si su Alfa moría.

 

*

 

— No.

Masumi se cruzó de brazos, negando rápidamente sorprendiendo a su prometido frente a él quien tenía en sus brazos aquel Muku dormido con una radio en su espalda, este había ido a avisarles de sus nuevas misiones.

— Pero amor...

— Dije que no, Namikido —Negó rápido.

Koura suspiró sin saber que hacer, luego de la muerte de Mudano y seguidamente el suicidio de Kyouya al no aguantar la falta de su Alfa y la muerte de su bebé debido a sus emociones fuertes y el estrés, Masumi había estado algo afectado, no lo culpaba, los dos hombres con quién estuvo gran parte de su vida se habían ido de ese mundo.

— Corazón... Sabes que no me puedo negar, es una orden —Le miró con pesar, desde ese día, Masumi estaba negándose a que fuera a misiones donde él no estuviera.

— Lo sé, Pero me niego a que vayas sol-

— ¡Ya!, amor, se que lo de Naito y Kyouya aún te tiene consternado pero ya no están, eso no nos pasará... Debemos continuar nuestro trabajo antes que nos den una sanción —Namikido le miró, ya serio, la agencia les dejo en claro sobre alejar lo personal con lo laboral y les tenían en la mira luego de perder a uno de los doctores por un lazo roto.

Yodogawa le miró, serio, para al final solo suspirar y asentir, teniendo que sentarse para ver a su prometido ir a colocarse sus botas y despedirse con un beso, aquellos cargados del cariño que se tenían, para así salir de casa con el Muku en brazos.

Un nudo en su garganta se hizo Pero lo tragó con pesar y fue a alistarse para irse a su misión, la clase de Mudano quedó bajo su cargo ahora, debía ir con ellos a Osaka.

 

*

 

Masumi tenía un mal presentimiento apenas piso de nuevo la agencia de Nerima.

Eran de esos que no dejaba que hiciera muchas cosas o se concentrara, aquellos que eran un mal sabor de boca porque algo ocurría o estaba ocurriendo.

Caminó la agencia hasta la sala donde estaban sus superiores para darle un reporte de la misión, exitosa y sin retrasos.

Apenas piso aquella sala, sintió la mirada de lastima de todos allí, su mal presentimiento se volvió más fuerte.

— ¿Qué me ven? —Soltó, queriendo sonar apático, pero parecía más una pequeña incógnita débil.

Odiaba verse débil.

— Masumi-San, le tenemos una noticia sobre el escuadrón de Shibuya... —Alguien soltó. Todo él se puso alerta.

— ¿Qué pasó? —Les miró— No tengo ningún tipo de cargó superior como para ser informado de las misiones.

— No es por ello, sino por el agente Namikido...

— ¿Dónde está Koura? —Soltó de inmediato, viendo a sus superiores seriamente.

— Yodogawa...

— ¡¿Donde carajos está?!, ¡Ya debieron haber regresado! —Ahora si, su lobo se colocó inquieto.

No tenía marca, Koura y él hablaron de ello y decidieron enlazarse después de casarse, llegar con su cuello limpio al matrimonio.

Ya que después de casarse ambos pensaban dejar la agencia para así mudarse a un pueblo alejado, para quizás así poder crear una familia de forma tranquila dentro de lo que cabía.

Por ello, no podía sentir a su pareja, no como Kyouya sentía a Mudano y viceversa, como seguidamente sintió el lazo romperse cuando Naito dejo de respirar.

— Masumi... La situación era peor de lo que se nos informó y fueron emboscados... —Escuchó aquello, negó, se negaba a escuchar lo que se imaginaba— No hubo ningún sobreviviente del escuadrón enviado a Shibuya, lo lamentamos mucho...

Su mundo se cayó a sus pies en ese momento, sus piernas parecían de la nada haber perdido su fuerza ya que cayó de rodillas analizando aquello.

¿Así se sintió Kyouya cuando le avisaron de la muerte de Mudano?¿Con aquel horrible dolor en el pecho que apenas y le dejaba respirar?

¿Esa vaga esperanza de que quizás era mentira?, de que todo era un sueño, que al despertar su prometido estaría junto a él, sonriéndole como siempre y hablando sobre las flores que florecieron en el pequeño jardín de su hogar.

Quería hablar, quería gritar, pero aquel nudo en su garganta ardía, dolía, su voz no salió más, pero si sus lágrimas de sus ojos en silencio, bañando su rostro en aquella agua salada.

Sentía que acababan de arrancarle el corazón.

 

*

 

Su mirada viajó por aquella sala, la casa se sentía tan sola, tan vacía, tan pesada desde que le dieron la noticia que Koura ya no estaba entre ellos.

Le dolía estar allí, le dolía ver sus cosas, le dolía ver las plantas que esperaban por su dueño, le dolía estar ansioso viendo la puerta, aún con esperanzas que este entrara por allí, así sea todo herido, pero regresando vivo a su hogar.

No pudieron recuperar el cuerpo de su pareja, aquello le era peor, no podía despedirlo de forma digna más que una vaga lápida con su nombre junto a la lápida de Mudano y Kyouya.

Solo pudo sentarse en el sofá y suspirar roto, no sabía que hacer en esos momentos, sentía un enorme vacío en el pecho, como si ya no tuviera algo de sentido el siquiera respirar.

Miró el anillo de compromiso en sus manos, aquel que en tan solo un mes iba a ser cambiado a uno de bodas, estaba a un mes de cambiar su apellido y finalmente hacer lo que jamás creyó, el dejar su trabajo para tener una vida un poco más normal.

Sus lágrimas salieron y junto a estas finalmente salieron lamentos y gritos de dolor, quería aliviar aquella opresión en su pecho.

Solamente podía pensar en él, en su sonrisa, en su voz tranquila, en su calor, en que lo último que le dijo fue que le dejara ir a aquella misión, ninguno soltó un último "Te amo", solamente aquel beso cargado de amor, que sin saber fue el último.

Todos sus planes de vida, todas sus metas, todo lo que había planeado se habían ido a la mierda, acababan de arruinarse por completo.

Él quedó sin ningún sentido en su vida, quedó sin rumbo en aquel mundo horrendo.

Le arrebataron la vida entera en cuestión de días.

 

*

 

Los pasos resonaban por la casa, el muchacho caminaba como alma en pena por la sala sin poder dormir como usualmente ocurría.

Las dos cincuenta estaban marcadas en el reloj de la pared, Masumi solo veía con pesar todo.

Le habían dado una semana libre por duelo, apenas iba por el tercer día y ya se estaba volviendo loco en aquella casa vacía.

No tenía a quien acudir, sus amigos no estaban en ese mundo, su pareja tampoco, no había nadie de su confianza para siquiera pedirle hablar a esas horas.

No quería entrar en su habitación tampoco, había estado durmiendo en la sala. En aquel lugar aún estaba el nido de pareja que había hecho con Koura, tenía miedo de irrumpir en él, tenía miedo de que tan siquiera abrir esa puerta hiciera que lo único de aroma que quedaba de él se desvaneciera.

Suspiró, su insomnio era algo muy recurrente, usualmente no caminaba debido a que su pareja solía abrazarle y marcarle con su aroma, a veces le ayudaba a dormir, otras veces solo se acurrucaba en sus brazos hasta que a las horas lograba conciliar algo de sueño.

Su mirada viajó por el lugar hasta dar con una cámara, sintió aquel nudo en su garganta, yendo con cuidado donde está para tomarla y revisarla.

Koura era amante de la fotografía y le gustaba tomar fotos de sus amadas flores, sino en su defecto, de paisajes o cosas que le gustaran.

Comenzó a revisar la galería, viendo con pena las fotos de flores y entre estás fotos suyas que seguramente tomaba cuando no se daba cuenta.

Sonrió bajito, su Alfa había sido el Oni más romántico y caballeroso que había conocido en su miserable vida.

Miró foto tras foto a detalle, vídeo tras video, escuchando una y otra vez la voz del Alfa, tenía miedo de olvidarla, de olvidar aquel dulce tono que cada mañana le despertaba con palabras dulces y cariñosas junto a besos y abrazos.

Sin darse cuenta, sus lágrimas nuevamente salieron a bañar sus mejillas, viendo a su pareja haber grabado cada momento que podía de ambos juntos, entre ellos, se grabó mostrando el anillo de compromiso la mañana del día que consideraba uno de los mejores de su vida.

 

"—Masumi, amor, si ves esto algún día, quiero que sepas que conseguirte joyería es un dolor de cabeza entero —Habia dicho el Alfa a la cámara, riendo bajo, aquella dulce y suave risa— Pero también que haría hasta lo imposible por tí corazón, que daría mi vida con tal y fueras feliz... Te amo mucho Yodogawa Masumi, y espero que en unas horas aceptes cambiar tu apellido y quizás en un futuro tener aquella familia de la cual hablamos —Su sonrisa, jamás podría olvidarla, era una luz en sus días oscuros— Te amo amor —Y de allí, cortó la toma."

 

Solo puso hipar y abrazar aquella la cámara.

No cumplió su promesa, no pudieron casarse, no pudo cambiar su apellido, no pudieron mudarse ni tener a sus hijos o una vida feliz hasta envejecer juntos.

Solamente cumplió el amarlo hasta la muerte y aquello le dolía aún más.