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Amigos...¿verdad?

Summary:

Pero aún así, no podía evitar decir que ella era solo mi mejor amiga....

Notes:

Aloh este es mi primer fanfic.
Espero que les guste!!
<3
Gracias por leer!

Work Text:

Estoy seguro de que cada vez que la veía, mis ojos se encendían de emoción… pero aún así, no podía evitar decir que ella era solo mi mejor amiga. ¿Vergüenza? Tal vez. En retrospectiva, mentirle a los demás —y a mí mismo— fue bastante ridículo. ¿Qué ganaba con eso? Nada, salvo un montón de excusas mal disfrazadas.

Pero lo cierto es que mis mejores momentos siempre fueron con ella. Al principio buscaba razones tontas para acercarme. Que si estaba sola en la hora libre, que si necesitaba ayuda con la tarea… cualquier pretexto servía. Así fuimos acercándonos, poco a poco, hasta que el “solo amigos” dejó de tener sentido. Aunque claro, fingíamos que lo creíamos. Solo nosotros dos. Ahora, cuando recordamos eso, ella se ríe a carcajadas… y yo no puedo evitar sonreír como un tonto, escondido detrás de mi vergüenza.

Y así seguíamos. Como dos actores en una obra que ya nadie se creía. Nos cubríamos con la etiqueta equivocada, como quien usa un uniforme que no le queda pero se lo pone igual, por costumbre.

Nos decíamos “bebé” en broma. Ya sabes, esas bromas que en el fondo uno espera que no lo sean tanto. Ella me llamaba “bobo” cuando ganaba en alguna partida, y yo fingía que no me derretía por dentro al oírlo. Pasábamos horas en llamada desde los pasillos, el patio o el salón en receso, a veces sin decir gran cosa, solo escuchando el ruido de fondo… sabiendo que el otro estaba ahí. Y eso bastaba.
Hubo un momento que no puedo sacar de mi cabeza. Fue un día cualquiera en la escuela. Yo estaba cansado y me recargué en sus piernas mientras ella jugaba con mi cabello. Nadie dijo nada. Y sin palabras, se cayeron todas mis excusas.

Aun así, seguimos negándolo un poco más. ¿Costumbre? ¿Miedo? Tal vez ambas. Nuestros amigos nos veían con esa cara de “sí, ajá, claro, solo amigos”, y nosotros respondíamos con un “sí, solo amigos” tan coordinado que daba risa… sobre todo a ella, que me miraba de reojo conteniendo la carcajada.

Y un día simplemente dejamos de fingir. No hubo una declaración dramática, ni un beso robado entre clases. Solo fue eso: dejar de mentir. Como si los dos hubiéramos decidido al mismo tiempo que ya era suficiente.

Y sinceramente… no cambiaría nada. Porque incluso en esa etapa de negación tonta, entre risas contenidas, partidas compartidas y silencios cómodos… ella fue mi lugar seguro. Siempre lo fue.