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Era otro gran día en el que Liu Yuwei al despertar, lo primero que veía, era a su novio Xiao Yongshi con su antifaz para dormir con un dibujo de ojos raros. Le gustaba esa imagen para comenzar su día. Al ver la hora se dio cuenta que aún le quedaban más minutos que compartir antes de tener que levantarse.
Ella se volvió a acurrucar a su lado, Xiao Yongshi la rodeó con su brazo y con su mano libre se quitó el antifaz, volteó a mirarla y le sonrió.
—Lo siento, ¿te desperté? —preguntó algo preocupada Liu Yuwei.
—No, igual es hora de levantarme —la consoló su pareja.
—¿Seguro? —insistió ella.
—Sí, hoy nos pidieron llegar antes porque habrá simulacro y saliendo podemos irnos. ¿Quieres que vayamos a algún lado? —sugirió Xiao Yongshi.
—Claro, veamos una película.
—¿Para ver la película o..? —bromeó él.
—Eres un idiota —le aventó una almohada en la cara mientras volteaba a otro lado para disimular su sonrojo.
—Jeje, sólo bromeo. No entiendo porque te pones así, acabamos de-
Liu Yuwei se enrolló la sábana mientras salía de la cama para buscar su ropa y vestirse.
—Oh, vamos, ¿qué ocurre? —dijo mientras la veía alejarse sin decir nada ni quererlo mirar siquiera.
Se levantó y se dirigió a tomar una ducha. Resistió el impulso de invitarla con él, no se veía de humor para eso.
Al salir del baño, ella se había ido. En todo el tiempo que tenía libre le mandó mensajes preguntándole si estaba todo bien, pero ella sólo respondía con un “Sí.”, demasiado cortante para el gusto de ambos en realidad.
El hombre de pelo negro era de pocos amigos y en el trabajo no tenía a ninguno así que desahogarse iba a tomar su tiempo. Pensó en el conocido de su esposa, el hombre de pelo gris apodado “Ghostblade” por alguna extraña razón.
No hablaba mucho, pero era casado y hasta tenía una hija, así que algo debía saber acerca de las relaciones románticas o eso pensaba. Su otro amigo estaba divorciado, así que no le interesaba demasiado su opinión.
Miró el reloj en su muñeca, ya casi era hora del simulacro. Pensaba en que irían a ver una película, pero no sabía qué actitud tomar, quizás no insistir era lo mejor, podría ser que ella fingiera que nada pasó. ¿Pero y si ella lo estaba poniendo a prueba? ¿Ver su interés? ¿Y si se enojaba porque no le insistía?
Tenía que pedirle que fuese más directa con sus sentimientos y lo que esperaba de la relación, si quería espacio para meditar sus problemas o lo que fuera que significaba irse así nada más. Esta situación lo ponía tan ansioso, odiaba ese sentimiento.
Cuando Liu Yuwei tomó la sábana y se la enrolló en su cuerpo desnudo hasta llegar a la sala dónde todo empezó. Tomó su ropa y se vistió en el baño. Al salir, esperó a Xiao Yongshi para hablar lo ocurrido, pero tardó tanto que se desesperó y optó por irse sin decir nada.
Fue directo a su propio departamento y tomó una ducha allí. Al salir, se encontró con su mejor amiga y roomie. Era tan pura y buena que su sonrisa amable la hizo sentir culpable por alguna extraña razón.
—Lo lamento —dijo sin saber exactamente el porqué se disculpaba.
—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó sin esconder la expresión de confusión en su rostro.
—Acabo de llegar…
—Oh, estuve en un ensayo hasta tarde, no me di cuenta que no estabas. Sólo llegué a desplomarme en la cama y… —contaba su día anterior hasta que se dio cuenta de que su amiga no la escuchaba para nada —Después corté en trocitos a Luo y lo desayuné, aún hay un poco en el refrigerador por si quieres. Todavía queda su muslo.
—Sí, está bien —dijo Liu Yuwei con una cara de tristeza y preocupación.
—¡Queen! —gritó la cantante en ascenso.
—¿Eh? ¿Qué pasa?
—No me estás escuchando, ¿qué pasa? —preguntó Lucky Cyan genuinamente preocupada.
—Volví a despertar con él… —dijo mientras su rostro se sonrojaba.
—¿Y qué tiene de malo? ¿Son novios, no? —preguntó la cantautora.
—S-sí, eso creo. Hacemos y vivimos todo lo que hace una pareja. Es sólo qué… nunca lo hemos hablado, es mi primer ¿pareja? No sé cómo actuar, quisiera que me pidiera mudarme con él. ¿No sería lo correcto?
—No creo que existan situaciones correctas o incorrectas de forma general en una relación, porque todo es de hablarlo y ponerse de acuerdo.
—Tengo miedo —se sinceró.
—¿Por qué? ¿Le tienes miedo a cómo reaccione? Entonces… ¿me tengo que preocupar por ti?
—No, no, para nada, él es muy amable, sólo tengo miedo de arruinar esto —dijo Liu Yuwei.
—Lo arruinas de igual modo si lo dejas adivinar todo lo que quieres. La comunicación es clave, y no es el meme de “Perú”.
—¿Eh?
—Nada, nada, cosas de Luo.
—Oh, bueno. Tienes razón. Hablaré con él… y otra cosa, soy una chica rica privilegiada que por suerte encontró a alguien como tú. Si llegamos a vivir juntos… no sé cocinar, ni nada de labores del hogar… ¿Crees que sea un problema?
—No lo creo, igual puedes aprender. No pasa nada. O contrata a alguien, no sé, pero tienes que hablarlo con él.
—Otra cosa.
—Dime.
—Por favor, no me juzgues… —dijo mientras se tapaba el rostro con ambas manos.
—Nunca lo haría, sabes que puedes confiar en mí.
—Siempre… es decir, las veces que… ya sabes.
—¿Por qué le da tanta pena hablar sobre sexo? —pensó Lucky Cyan mientras la veía con cara de póker.
—Lo… cuando… tú entiendes, es en la oscuridad, no me ha visto… no ha visto mi cuerpo, no me siento muy segura al respecto.
—¿Eh? ¡Eres hermosa y perfecta! ¿Por qué la inseguridad? —dijo la chica de pelo turquesa.
—No lo sé… pienso que soy muy delgada y mis pechos son pequeños.
—Creo que estás perfecta tal cual eres —dijo con una sonrisa sincera la cantante.
—Lo dices porque eres mi amiga.
—Estoy segura de que a los hombres no les interesa demasiado la apariencia.
—Porque se acostarían con cualquiera, nos como un hoyo donde meterla —dijo seriamente.
—No es lo que quise decir… —cerró los ojos e hizo una mueca sabiendo que había arruinado todo.
Lucky Cyan llevaba viviendo con ella 3 años, se conocieron cuando era casi una chica en situación de calle. Su vida de música emergente no estaba resultando como esperaba y fue cuando encontró el anuncio de “Se busca roomie” con mil requisitos en él.
Entendía porque nadie pasaba de su entrevista inicial, era muy exigente, perfeccionista y un desastre en la cocina. Conoció poco de su historia, su amiga no solía contar demasiado sobre ella.
Lo único que sabía era que era una chica rica que se acababa de mudar a la ciudad por trabajo. Era su primera vez viviendo sola, por lo que entendió, peleó con su padre y terminaron tan mal que aunque le manda dinero para disculparse, ella no quiere tomarlo.
Cyan cuando vio que su amiga sólo compraba comida decidió empezar a cocinar para las dos, después de todo, se sentía culpable de no pagar la mitad de la renta. Quería apoyarla en sus problemas, pero hablaba tan poco de su vida que le costaba brindarle consejos. No le extrañaba que su novio se encontrara en la misma situación.
Por lo que intuía, llevaba al menos 6 meses con su “novio”. No tenía idea de cómo se conocieron ni de cómo se enamoraron. Se dio cuenta cuando ella no llegaba a dormir algunas veces o la veía sonriéndole al celular, incluso se escondía en su habitación para hablar por teléfono, después –sin previo aviso– empezó a contarle cosas sobre él justo como ahora.
El hombre de anteojos miró su reloj por tercera vez, su novia no se encontraba a la vista. Pensó que era posible que saliera más temprano de lo esperado y por ello aún no llegaba, se consolaba a sí mismo. La justificaba porque era una obsesiva de las reglas y las palabras; si ella decía que estaría allí a las 16:00 h, haría lo que sea por estar puntual, ni un minuto más ni uno menos. Pero habían pasado 10.
Soltó un suspiro sin quererlo, ¿seguiría enojada? No quería seguir pensando en eso y amargarse la tarde. Le gustaba mucho, es más, estaba completamente loco por ella. Lo sabía, y lo sabía porque amaba la tranquilidad, la rutina, lo predecible, lo claro y directo, respetar su horario y ocio. No es que ella pusiera su vida patas arriba, más bien su falta de comunicación que siempre les traía problemas y complicaba todo.
Era paciente como siempre, respetaba su espacio y silencio. Al hablar poco o nada sobre ella, podía notar que era distante con su familia, ya sea que fallecieron o que no le prestaran la debida atención, eran evidentes sus problemas de comunicación por eso no quería presionarla y dejaba que su novia tomara la iniciativa para esos temas.
De repente sintió que le tapaban los ojos, su primera reacción fue dar un pequeño brinco, luego rió ante lo chistoso que era que tratara de taparle los ojos cuando usaba lentes pues no podía cubrirlos en su totalidad. Una de las características que más le gustaban de ella era su altura, medían lo mismo (1.80 m) aunque cuando se ponía tacones lo llegaba a rebasar.
—Mmmm… ¿Eres… mi hermana? —preguntó divertido el hombre de anteojos.
—¿Tienes hermana? —dijo ella mientras bajaba los brazos.
—No, sólo quería molestarte —volteó a verla.
—Lamento llegar tarde, el tráfico se puso pesado, terminé estacionando lejos de aquí y corrí.
—Por suerte eres velocista —bromeó el pelinegro.
—Ja, ja, qué divertido —decía mientras se cruzaba de brazos y hacía una mueca.
—Je, bueno, vámonos, pero te digo de una vez que no pienso correr hacia tu auto.
—Lo sé, ni yo quiero hacerlo.
Se tomaron de la mano y caminaron sin decir nada más. Esa paz y tranquilidad le gustaba, aunque a Xiao Yongshi seguía preocupándole su no-discusión de la mañana. Ya dentro del carro tuvo que animarse a preguntar.
—¿Quieres hablar sobre lo que ocurrió en la mañana? Entiendo si no, pero odio que finjamos que nada pasó —sentenció.
—Lo siento, fui muy infantil. No volverá a ocurrir.
Él notó como ella apretaba el volante con sus uñas, estaba nerviosa o asustada. Se entristeció ante el hecho de que era posible que ella ocultara tantas cosas que le molestaran de él o le hacían daño con tal de no discutir y que la dejara.
Creyó que le daba la completa confianza para no sentirse asustada o con miedo de que la abandonara, pero al parecer no era así. No sabía qué más hacer, pero rendirse no estaba en sus planes.
—No importa si vuelve a ocurrir, lo que importa es que hablemos de ello, ¿si? —trató de consolarla.
—Sí.
Xiao Yongshi aguantó las ganas de suspirar, parecía que lo había arruinado, de nuevo estaba con sus monosílabos y la incomodidad se podía respirar a su alrededor.
—¿Pongo música? ¿Un disco? ¿La radio?
—La radio está bien —dijo con seriedad la mujer.
Días de amor primaveral / Humanos que son sentimental / Tiempo de mi bipolaridad / Soy inestable pero sabes que te amo~
Se escuchaba en la radio la canción ya comenzada, el hombre la disfrutaba y tarareaba, la solían pedir mucho en esa estación. Al voltear a verla miró como unas lágrimas recorrían sus mejillas y después se estacionó.
La abrazó sin decir nada y ella volvió a llorar, escondió su cara en el hombro de su novio, no dijeron nada por un rato hasta que ella se calmó y se separó de él.
—¿Qué pasa? —preguntó Xiao Yongshi.
—Esta situación me está matando —dijo por fin.
—Puedes decirme lo que quieras —la consoló.
—¿Seguro? ¿Realmente estás seguro?
—Sí. No te dejaré.
Ella suspiró y por fin se animó a hablar —. ¿Qué somos?
—Novios, pareja, si las cosas siguen igual de bien, me gustaría casarme contigo —dijo con sinceridad mientras le sonreía.
—¿Es en serio? —lo miró con cierta esperanza en sus ojos, como si dejara de temer en arruinar todo.
—Sí, lamento la falta de comunicación, creía que era obvio porque… hemos dormido juntos, despertado juntos, salido por meses.
—8 meses. En una semana: 9.
—Quiero algo serio tanto como tú —dijo mientras la tomaba de la mano.
—Me puse así porque me da pena que me veas desnuda.
—Lo sé, por eso lo hemos hecho en la noche y con las luces apagadas. Por ello tampoco te pido que te bañes conmigo, lo que no entiendo es ¿por qué?
—No sé… es vergonzoso decirlo —desviaba la mirada al decirlo.
—En eso no puedo ayudarte si es cosa de ti misma. Sólo te puedo decir que para mí eres perfecta y no tienes que avergonzarte —dijo con honestidad.
—Creo que si te lo digo, si te digo cada cosa en la que me sienta insegura… vas a halagarme en todo eso cada vez, sólo para hacerme sentir bien.
—Entiendo. ¿Prefieres que vayamos a mi departamento a ver una película? Y hablo en serio —sugirió él.
—Bueno.
Condujo cuando se sintió mejor y al llegar se pusieron cómodos. Xiao Yongshi le dio ropa suya para que se cambiara, ella sonrió ante su gesto. Le gustaban esos momentos, más que cualquier otra cosa. Era tan simple todo lo que hacía, tan directo.
—¿Qué película quieres ver? ¿Mmm? —tú eliges, eres la reina de mi departamento.
—Tonto.
—¿Entonces? —insistió con amabilidad el hombre de pelo negro.
—La que sea, en serio.
—Bueno, veamos algún clásico.
Eso hicieron y al finalizar él se levantó del sofá para estirarse. Luego la miró, ella usaba una de sus pijamas, una desventaja de tener la misma estatura es que nunca vería que las mangas cubrieran sus brazos, pensaba que eso era tierno.
Pocas veces podía ver ese lado suyo, siempre era tan fuerte, segura de sí misma, sabía que se hizo a sí misma. Que era una niña genio que se graduó de la universidad a los 14.
Fue así cómo se conocieron, ella era nueva en la ciudad, se veía asustada e insegura. Recuerda que le dijo que recién cumplió los 18 y –por lo que entendió– había huido de su casa. Parecía ser que no vivió las etapas correspondientes de su vida en el momento adecuado.
Sabía poco o nada sobre psicología, niños, adolescentes y peor aún; adolescentes genios. Nunca tuvo amigos, la envidiaban, las pocas personas que se le acercaban las mandaba al diablo o –si la soportaban– era porque querían algo de ella.
Entendía su temor, era una niña cuando ingresó a la universidad. Tenía ¿qué? Unos 11 o 12 años porque terminó la universidad en tiempo record. No faltaron los idiotas que creyeron que podían aprovecharse de ella en cualquier sentido. Cuando pensaba en ello se sentía mal, con ganas de querer tener el poder de regresar en el tiempo y ser su amigo para que no se hubiera sentido tan sola.
Aunque pensar en todo ello era inútil, sólo podía tener los pies en la tierra y tratar de hacerla feliz, regresarle algo de lo mucho que ella lo hacía sentir.
—¿Quieres comer algo? —preguntó mientras se dirigía a la cocina, pero al no escuchar respuesta se regresó a verla —. ¿Estás bien?
—Sí, es sólo que… realmente no sé cocinar —admitió por fin ella.
—¿Eh? ¿Eso a qué viene? Me estaba ofreciendo para cocinarte algo. Eres la invitada, no necesitas cocinar, aunque si quieres aprender… no soy un experto, pero puedo enseñarte los platillos que conozco.
Ella alzó la mirada y lo vio directo a los ojos. Estaba cautivada, no pasó absolutamente ninguno de los escenarios que tenía en mente, que a decir verdad eran ridículamente catastróficos. Se sintió muy estúpida al pensar que se estaba preocupando por nada todo este tiempo.
—Claro, enséñame —le sonrió y a su novio le dio un vuelco su corazón.
Cocinaron juntos, le explicó cosas obvias pero básicas por si acaso las necesitaba alguna vez, como no tirarle agua al aceite si se está quemando, el pollo no se lava y otras cosas. Comieron felizmente y contaron su día el uno al otro.
Era un hogar en el que ambos se sentían bien y seguros, lo construyeron poco a poco. Así debía ser una relación, pensaban ambos. Los detalles a mejorar saldrían con el tiempo, ahora sólo querían seguir disfrutando de ese momento. Era simple, pero así les gustaba a ellos.
Al finalizar, se recostaron de nuevo en el sillón a ver la televisión, durante un comercial, Xiao Yongshi decidió romper el silencio.
—¿Por eso nunca te quedabas a desayunar entonces? —preguntó él.
—Sí, lo siento, debí decirlo antes.
—Si no es molestia… ¿por qué no sabes cocinar? ¿Te da miedo el fuego? Puedo comprar una parrilla eléctrica o una freidora de aire —dijo con calma para darle seguridad.
—No, es que siempre tuve cocineras privadas que hacían todo lo que comía. Al mudarme acá, sólo compraba comida hecha o iba a algún restaurante.
—Ya entiendo.
—Soy una mujer mimada, ¿no? —dijo ella.
—Me gustaría mimarte, pero no te dejas.
Ella lo miró con cierto enojo falso.
—Si quieres aprender te enseño, sino no importa, me gusta cocinar. Lo que decidas está bien para mí —la consoló Xiao Yongshi.
—Gracias. Aprecio todo lo que haces por mí, gracias también por no juzgarme.
—No entiendo porque lo haría, pero de nada —le sonrió y luego la besó —, ¿pasarás la noche hoy conmigo también? Ya está oscureciendo y si te vas, preferiría que no fuera tan tarde.
—Depende, ¿quieres que me quede? —le sonrió Liu Yuwei de manera coqueta.
—Mmm, qué buena pregunta, tramposilla. Claro que sí, por mí está bien si te quedas a vivir conmigo, para mí mejor en realidad. Así mi felicidad no se iría por la puerta cada vez que te vas. Pero no quiero que pienses que es sólo para tener tener sexo.
Liu Yuwei se sonrojó tanto y se sorprendió porque era como si leyera su mente, se volvía a sentir tan tonta por haber dudado de él cuando jamás le había dado ni una mínima razón para ello. Pensaba en que pudo haber disfrutado más de su relación si hubiera sido más honesta y comunicativa, pero no era tarde, aún no.
Se arrepintió de todas las veces que se privó de hacer cualquier cosa por miedo o porque su padre o su “tío” Mickey no lo aprobarán o directamente lo prohibieran. Quizás al principio pudieron tener razón, pero le llegaron a meter tantas ideas catastróficas en la cabeza que no podía sonreír desde el fondo de su corazón, siempre con miedo de ser traicionada, de preferir no sentir nada a sentir dolor.
Sabía que era joven y que si fracasaba con su primera relación, era seguro que vendrían más, pero ella no quería otra. Desde el primer día que lo conoció la cautivó su gentileza, amabilidad y sencillez, además de paciente y permisivo, todo lo que no había conocido en su infancia ni adolescencia. Sabía que su amiga Cyan era la de la suerte, pero justo ahora ella se sentía la más afortunada.
—Bueno, “sexo” no sería la palabra que debería usar, ya que evidentemente hacemos el amor, sonará ridículo o anticuado, pero yo sí pienso que son cosas diferentes. Estoy seguro que estás de acuerdo… ¿me estás escuchando? —la miró con curiosidad porque llevaba un rato hablando solo y ella solo lo miraba.
—Sí, sabes que pienso lo mismo.
—La cosa es que no quiero apresurarte, sé que vives con tu amiga y qué pagas más de la mitad de la renta, si la dejas ahora le pegarías duro a su economía, sin presiones eh.
La mujer había olvidado por completo ese detalle, se sintió mal al ser tan egoísta, no podía creer lo mal que estaba por él. Debía ser una mejor amiga, escucharla más y hablar más con ella, no los había presentado todavía, además de nunca haberlo hecho pasar a su departamento, solo dos veces la había dejado en la entrada del edificio y una vez en la de su nuevo hogar. No quería que pensara que no confiaba en él o que tenía algo que ocultar, que fuese muy desordenada o lo que sea.
—Además, se de buena fuente que cuando una mujer quiere mudarse al departamento de su pareja, va dejando sus cosas poco a poco; habrá dos cepillos de dientes, mi armario se llenará más de tu ropa que de la mía, tu perfume estará a lado del mío, tus productos para la piel y demás cosas.
Sonrieron ambos ante esa imagen mental de tener un espacio compartido, el futuro estaba lleno de esperanzas para ambos y ahora pondrían de su parte de forma equitativa para lograr esa vida en pareja. Una relación era como estar en un equipo, a veces no ibas a salir bien y tu compañero tendría que esforzarse más para que salieran a flote, otros días podrían ser a la inversa. El asunto era que ambos ya estaban comprometidos al 100% en su noviazgo.
—Me quedaré hoy, mañana descanso —dijo Liu Yuwei.
—Quizás pida el día libre, así podríamos despertar a la hora que queramos.
—Creo que estoy lista para… que no apaguemos las luces —sonrió algo ruborizada ante su propio comentario.
El hombre de anteojos se sonrojó ante el comentario tan sorpresivo. Cuando tenía esos momentos de iniciativa y descaro no podía evitar sentirse avergonzado, lo derretía en realidad, pero no lo pensaba admitir, al menos no pronto.
—Quiero verte —dijo con seguridad Queen.
El sonrojo se intensificó, sentía como sus orejas se calentaban, tragó saliva y cerró los ojos por unos segundos, trataba de forma desesperada el tranquilizarse.
—Soy muy normalito, espero que no esperes nada, así no te decepcionas —dijo el hombre de anteojos.
—No hay nada acerca de ti que pueda decepcionarme —le sonrió con una amabilidad, y hasta él pensaría que con cierta inocencia, que nunca había visto en ella, al menos no de ese modo.
Ambos se besaron y acariciaron con ternura. Existía cierto nerviosismo en sus movimientos, dulces, lentos y hasta calculados. Ya lo habían hecho antes, pero por alguna razón ahora se sentía diferente. Su relación avanzó y se formalizó completamente, era lo único diferente porque sus sentimientos seguían siendo los mismos: se amaban y se respetaban mutuamente.
En la radio se volvió a presentar su canción.
¿Qué puedo decirte al verte así? / No hay nada que me guste más que estar desnudos / Recién acabamos de hacer el amor / Y escuchamos, mirando el techo esa canción ~
Sonrieron al escucharla, se miraron fijamente y le dijo –por fin– el tan ansiado “te amo”.
