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– El teatro dramático que montaste allí afuera, fue tan propio de ti, digno de tu humillación. – pronuncia la rubia con un tono altivo, caminando con elegancia hasta el sillón blanquecino mullido de la habitación.
Están a solas en el cuarto de la Heredera de Crisos, el pueblo ha hablado y ella se ha tomado el tiempo de llevar por cuenta propia al acusado a su celda donde pasaría los últimos minutos de vida.
– Conseguí lo que quería, Aglaea y tú conseguiste seguir con tu jueguito buscallamas. – responde con sarcasmo, siguiendo los movimientos del Romance con una sonrisa tórrida en el rostro de satisfacción.
– Nunca vi a alguien tan deseoso por pedir pena de muerte como lo hiciste allí afuera, Anaxas.
– En primer lugar, no me llames así, mi nombre es Anaxágoras y en segunda, tu rostro fue una obra de arte cuando todos gritaron al unísono mi sentencia.
La observa detenidamente, sus facciones, movimientos, sutilezas en ese silencio abrupto, Aglaea es una mujer inteligente y carismática para mover masas, sin embargo, su corazón se perturbó cuando la multitud había decidido el final del erudito de la Escuela de la Semilla y él lo sabía perfectamente, sabía que aún había sentimientos en ella. Aglaea permanece quieta en su sitio, apoyando su mentón en la palma de su mano izquierda, con las piernas levemente cruzadas y de lado, sopesando ideas en su mente. Mnestia es el titán del Romance y Anaxágoras porta la yesca del Titán de la Razón. Estira grácilmente su mano izquierda, sus ojos que ven mas allá de lo que es la realidad. Espera que él capte la idea y por gracia divina de Kefale, accede.
Él, que es el perro guardián de Cerces, camina hipnotizado lentamente hacia su verdugo, tomando con cierto recelo su mano, dejándose llevar por lo que seria un impulso de bajo instinto.
Oh Anaxágoras
Tú que portas la infame Razón
Yo Aglaea
Que ostento el peligroso Romance
¿No crees que hemos heredado el calor de antaño?
Tu falta de cariño
Mi falta de lógica
Son perfectamente mezclados
En la fuente de los sueños
¿Podríamos ser los nuevos amantes desdichados?
Dices que olvidarás tus memorias,
pero que también recuperarás las emociones,
Entonces,
¿Recordarás el sudor de un último amanecer?
Y mientras Aglaea recita un poema que ha permanecido dormido para Anaxa, se tejen los hilos dorados sobre el cuerpo ajeno; un desliz en las ligas de los hombros de Aglaea que posee su mirar en los devoradores y ansiosos labios de su amante sobre sus fuertes y enormes montañas, aquellos montes que ya están tensos de la estimulación temprana, aquellos caminos sinuosos que Anaxágoras describe con exactitud viajando hacia el valle, buscando la entrada a los aposentos secretos de la semidiosa.
Dime Anaxágoras…
Cuando tu alma desaparezca
Cuando tu fe despierte
Cuando tu soledad apropie tu ser
¿Seguirás buscando mi caricia?
Continúa relatando entre susurros y jadeos inconscientes, sus ojos se cierran, aunque realmente no sirva de nada, solo quiere experimentar la lujuria del amor, dejarse llevar por su propio estado primordial. Apresa los cabellos de Anaxas entre sus dedos delicados, empujándolo a sentir mas de si, abriendo las puertas de su cuerpo, pues ya ha dejado la llave en manos de aquel Erudito Perdido. Sin embargo, nadie toca la puerta, es una impaciencia palpable que culmina al abrir sus ojos, percibiendo a su amante frente a ella, ese ojo le cala profundo en sus entrañas, es una bestia voraz sonriendo cínicamente antes de inclinarse a besar con suavidad el vientre vestido de Aglaea.
No prometo la luna,
Querida Aglaea, Titán del Romance
No creo en la divinidad
Mnestia te ha condenado
Sin embargo,
Por esta única vez,
Crearemos una llama
que trascienda
el tiempo
el espacio
la distancia
la memoria
Y asi cuando nos reencontremos
sabré que es la llama
que se ha pasado
entre Titanes enamorados
hasta el fin de los tiempos
y el inicio de los tiempos
