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Español
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Published:
2025-11-08
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1,913
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1/1
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1
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7
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121

Pociones, Problemas y un Beso Accidental

Summary:

Una poción fallida

Un beso “accidental”

Y dos magos que harán lo imposible por ocultar lo evidente.

Harry y Draco descubren que el amor, como las pociones, se complica cuando se mezcla demasiado.

Work Text:

 

Pociones, Problemas y un Beso Accidental



Capítulo I-. Poción 



El Departamento de Pociones Aplicadas del Ministerio de Magia olía a una mezcla sospechosa de café frío, tinta de lechuza y humo de dragón. Harry Potter nunca pensó que su trabajo postguerra implicaría tanto papeleo… y tanto Malfoy.

 

—No entiendo por qué tenía que ser contigo —murmuro entre gruñidos Draco, alineando cuidadosamente una hilera de tubos de ensayo sobre la mesa de trabajo compartida—. Hay al menos veinte aurores más competentes.

 

—Gracias por el cumplido, compañero —respondió Harry con una sonrisa ladeada, removiendo una poción con una varilla de cristal—. Me halaga que pienses en mí tanto, sabia que en el fondo me amas - dijo bromeando.

 

Después de la guerra sorprendentemente Harry Potter siguió con su carrera elegida y no solo eso si no que aprobó su examen de pociones con un sobresaliente, es por ello que continuamente hacia equipo con Draco-Maldito-Malfoy. 

 

Draco lo fulminó con la mirada, pero sus mejillas se tiñeron apenas de rosa. Nadie lo habría notado, excepto Harry, que llevaba meses observando esos pequeños detalles: el modo en que Draco se mordía el labio inferior cuando se concentraba, cómo se ajustaba los guantes con una precisión casi obsesiva, y cómo el olor de su colonia —una mezcla de menta y algo más oscuro— siempre lograba distraerlo de su trabajo.

 

Después de la guerra varios magos del bando contario habían desarrollado una resistencia al Veritaserum, razón por la cual necesitaban algo mas fuerte, así que el proyecto asignado por el ministerio era era simple… en teoría: desarrollar una versión más segura del Veritaserum y más potente.

 

Pero las cosas se complicaron cuando Draco, en un raro gesto de distracción, confundió el polvo de lirio lunar con azúcar de runa. El caldero empezó a temblar.

 

—Malfoy… ¿eso debía pasar?

 

—¡Por supuesto que no, imbécil! —Draco retrocedió—. ¡Apártate!

 

Demasiado tarde...

 

Un estallido rosado los envolvió. El humo tenía un brillo suave, casi bonito, que se dispersó lentamente dejando el aire impregnado de un aroma dulce. Harry tosió, y jalo a Draco hacia un lado lejos del caldero.

 

—¿Sigues entero? —preguntó, con un poco de preocupación mientras lo examinaba de arriba a abajo.

 

Draco estaba quieto. Extrañamente quieto. Su expresión se había suavizado, y lo miraba de una forma… diferente.

 

-¿Malfoy? -pregunto Harry ya empezando a preocuparse

 

—Potter —dijo Draco, con voz más baja de lo normal—. Odio admitir esto, pero… eres increíblemente irritante.

 

—Gracias, lo intento - respondió desconcertado, si bien era algo que diría Malfoy, su tono era algo diferente, mas ligero y ¿dulce?

 

—Y, por Merlín, también eres ridículamente… atractivo.

 

El silencio que siguió fue casi cómico.

 

Harry parpadeó, dos veces.




 

 









Parte II: El Fugitivo del Laboratorio”

 

Durante los tres días siguientes, Draco Malfoy logró hacer lo que nadie había conseguido en años: escapar de Harry Potter.

No fue fácil. Compartían departamento, proyecto y un escritorio lo bastante pequeño como para obligarlos a rozarse los codos. Pero Draco, con la precisión de un duelista experto, calculó cada movimiento: entraba al laboratorio antes del amanecer, revisaba los informes, y desaparecía antes de que Harry cruzara la puerta.


Cuando Harry llegaba, solo quedaba el olor a café recién hecho y una nota con la caligrafía impecable de Draco:

“He adelantado la parte teórica. No me molestes.”

Harry las coleccionaba, ya tenía seis y  en lugar de molestarlo, eso lo divertía.

Porque la verdad —la que jamás admitiría frente a Hermione ni bajo un juramento inquebrantable— era que todo había sido su plan.

Harry Potter, el eterno Gryffindor impulsivo, había sido mucho más astuto de lo que cualquiera imaginaría. Sabía que Draco no se atrevería jamás a dar el primer paso, ni aunque las runas le gritaran al oído. Así que cuando mezclaron la poción de “verdad emocional”, Harry había cambiado sutilmente un ingrediente.


Nada peligroso, claro, solo lo suficiente para crear una reacción “impredecible” y cuando el humo rosado los cubrió, él ya sabía exactamente lo que iba a hacer.

El beso no había sido un accidente, había sido un movimiento calculado y por primera vez en su vida, Harry se sintió un poco Slytherin.

 

Al cuarto día, lo encontró.

Draco estaba en la biblioteca del Ministerio, escondido detrás de una pila de libros de pociones avanzadas. Llevaba el cabello ligeramente desordenado, algo raro en él, y las ojeras marcaban que no dormía bien.

Harry se apoyó en el marco de la estantería, cruzando los brazos.

—¿Planeas mudarte aquí o sólo estás evitando mirarme?

Draco se tensó.

—No tengo idea de qué hablas.

—Claro. Por eso llevas cuatro días huyendo como si te persiguiera un hipogrifo con hambre.

Draco cerró el libro con un golpe seco.

—Mira, Potter… lo del otro día fue un error. Estaba afectado por la poción. No sé qué dije ni por qué lo hice.

—¿Y el beso también fue culpa de la poción? —preguntó Harry, con una sonrisa suave pero peligrosa.

Draco lo miró, desconcertado por el tono, no era burla, ni enfado, era algo más… calculado.

—Potter, no fue apropiado. Somos colegas.

—¿Colegas? —repitió Harry, acercándose un paso—. Curioso, porque no recuerdo besar a ningún otro colega.

Draco retrocedió un poco, pero chocó con la estantería.

Harry estaba tan cerca que pudo notar el leve temblor en sus manos.

—¿Por qué lo hiciste, Potter? —preguntó Draco, al fin, en voz baja—. ¿Por qué me besaste?

Harry inclinó la cabeza, con una media sonrisa.

—Porque quería hacerlo. Desde hace meses.

—¿Y la poción?

—Fue una excusa perfecta. —Su tono tenía un brillo travieso—. Tenía que saber si sentías lo mismo.

Draco parpadeó, incrédulo.

—Eso fue… manipulación, algo muy poco Gryffindor de tu parte

—Lo sé —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Supongo que pasé demasiado tiempo contigo.

Un silencio pesado los envolvió.

Draco lo observó, tratando de mantener la compostura, pero su respiración lo traicionaba. Finalmente, suspiró.

—Eres un idiota.

—Sí —admitió Harry, inclinándose un poco más—. Pero soy tu idiota.. si tú quieres…

Por un momento, Draco pensó en alejarse, en negar todo pero no lo hizo, en lugar de eso, soltó un suspiro resignado y murmuró:

—Solo un Gryffindor sería tan descarado para usar una poción como pretexto para besar a un Slytherin.

—Y solo un Slytherin fingiría no haber querido que pasara —contestó Harry, casi rozando sus labios.

Esta vez fue Draco quien lo besó.

Sin humo, sin excusas, sin accidentes.

Solo él, y Harry, y el sonido lejano de un libro cayendo al suelo mientras la magia en el aire parecía contener la respiración.

Una semana después, Hermione los vio juntos en la cafetería del Ministerio, discutiendo por quién debía pagar el café.

Harry le guiñó un ojo a Draco, que intentaba disimular una sonrisa.

Hermione suspiró, resignada.

—Definitivamente, Potter —murmuró—, te estás volviendo un Slytherin













Capítulo III – Pociones, Secretos y un Ron Inmune a la Evidencia

El rumor comenzó, como casi todo en el Ministerio, en la cafetería.

Supuestamente, alguien había visto a Harry Potter y Draco Malfoy discutiendo acaloradamente cerca del Departamento de Pociones... y luego saliendo juntos del ascensor.

Nadie mencionó que Draco llevaba el cuello de su túnica ligeramente desacomodado.

Hermione, por supuesto, lo notó.

Harry intentó disimular con su sonrisa más inocente, esa que usaba desde tercero en Hogwarts cuando era obvio que había roto alguna regla.

—Harry, ¿por qué tienes una mancha de poción color rosa en el cuello? —preguntó Hermione sin levantar la vista de su expediente.

—¿Rosa? Ah, debe ser del experimento con runas lumínicas —respondió con demasiada rapidez.

Draco, sentado frente a ellos revisando un pergamino, ni siquiera levantó la cabeza.
—Fue mi culpa. Se la derramé sin querer.

Hermione arqueó una ceja 

—¿Sin querer… en el cuello?

Draco lo miró con una calma perfecta.

—Soy torpe, Granger. Pasa.

Ron llegó en ese momento, cargando tres tazas de café y una bolsa de galletas.

—¿De qué me perdí?

—Nada —dijeron Harry y Draco al unísono.

Hermione suspiró.

Definitivamente algo pasaba.

 

Misión: Que Nadie Sospeche

A partir de ese día, Harry y Draco establecieron un sistema:

  1. Nada de contacto en público.
  2. Nada de miradas prolongadas.
  3. Nada de besos en el laboratorio.

En teoría, funcionaba.

En la práctica… pues…

—¿Por qué hay un encantamiento de amortiguación de sonido en tu oficina, Potter? —preguntó Hermione, con los brazos cruzados y una expresión que decía “sé exactamente lo que hiciste”.

—Ehm... los informes de pociones hacen mucho ruido cuando los sello.

—Claro —dijo ella, seca—. ¿Y Malfoy también ayuda a sellarlos a las once de la noche?

Harry se atragantó con su té, Draco, desde la puerta, murmuró:

—Trabajo eficiente requiere horarios flexibles, Granger.

Hermione simplemente asintió.

—Por supuesto. No olvides limpiar el labio, Malfoy. Tienes brillo.

Draco tocó su boca. Efectivamente. Brillo labial de menta.

Harry contuvo la risa.

 

Ron, el Blindado

Mientras tanto, Ron seguía felizmente ajeno.

Había cosas que simplemente no registraba, como el hecho de que Draco ahora pedía su café “como el de Potter” o que Harry sonreía de forma sospechosamente satisfecha cada vez que Malfoy entraba en la sala.

Una tarde, mientras los cuatro almorzaban, Draco le sirvió azúcar a Harry sin preguntar cuántas cucharadas quería.

Hermione se detuvo a mitad de su sándwich.

Ron, sin levantar la vista de su plato, dijo:

—Qué raro, pensaba que odiabas a Harry.

Draco respondió con una elegancia casi teatral:

—Lo detesto con pasión.

Harry disimuló una sonrisa detrás de su taza.

Hermione bufó

Ron asintió, convencido.

 

El Desliz

La farsa casi se derrumba un viernes.

Harry y Draco estaban revisando un nuevo lote de Veritaserum modificado cuando el caldero explotó otra vez —solo que esta vez, en lugar de humo rosa, una nube plateada los envolvió y les cambió la voz.

—¡Por Merlín! —exclamó Harry con voz aguda.

—Oh, fantástico —gruñó Draco con voz grave, casi ronca—. Ahora parecemos parodia de nosotros mismos.

En ese momento entraron Ron y Hermione.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó Hermione, mirando el desastre.

Harry trató de hablar, pero su voz chilló.

Draco intentó mantener la compostura, pero cuando escuchó a Harry decir “No fue mi culpaaa”, con voz chillona, soltó una carcajada incontrolable.

Y entonces lo hizo: lo besó por instinto, fue algo rápido y simple, algo que sueles hacerlo por costumbre sin recordar que estaban frente a dos testigos.

Hermione cerró los ojos.

Ron dejó caer su emparedado.

Silencio.

—Eso fue… raro —dijo Ron finalmente—. Pero supongo que era una poción de verdad emocional otra vez, ¿no?

Hermione se dio una palmada en la frente.

Draco y Harry se miraron.

—Sí —dijeron los dos, aliviados.

Ron sonrió, satisfecho.

—Ah, vale. Solo asegúrense de no explotarla otra vez. Mi túnica aún huele a humo de dragón de la última vez.

Cuando se fue, Hermione los fulminó con la mirada.

—No puedo creer que le hayan hecho caso a su excusa.

Harry encogió los hombros.

—Ron es inmune a las pistas evidentes. Es como un antídoto humano.

Draco asintió, sonriendo de lado.

—Entonces estamos a salvo.

Hermione suspiró.

—Hasta que decidan besarse en medio del Ministerio otra vez.

—No pasará —prometió Harry.

Dos días después, se besaron en el ascensor, frente a un espejo encantado que grababa los pasillos para “seguridad interna”.

El lunes siguiente, el titular del Diario del Hechicero fue:
“Potter y Malfoy: Colaboración Explosiva (en más de un sentido)”

Hermione simplemente dejó el periódico sobre el escritorio de Harry.

—Te lo advertí.

Draco se tapó la cara con una mano.

Harry solo sonrió.

—Bueno… al menos ya no tenemos que fingir.

Hermione suspiró, resignada.

—Definitivamente, Potter… te volviste un Slytherin.