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  ׁ   ݂  Scars Of Destiny [metagala]  ݂   ࣪  ⬫

Summary:

Las cicatrices no solo son una marca física, narran una historia, cuentan a través del tiempo las batallas de un guerrero, son una insignia de honor, una muestra de valentía. Pero a veces también, una cicatriz puede ser el sello de una derrota.

Galacta Knight nació para permanecer solo en este mundo, alguien que solo podría tener un destino devastador y destructivo, lleno de cicatrices dolorosas y heridas arraigadas en lo profundo de su corazón. Pero, ¿que sucede cuando parece que no está tan solo como cree, cuando las cicatrices adoptan otro significado?

،   ⋆   Los personajes utilizados en este fic no me pertenecen. Todos los derechos sobre ellos y su universo narrativo van reservados a Nintendo y Hal laboratory. Este es contenido hecho por fans para fans.

Este Fic está basado en el universo del anime pre-canon.

Los personajes aqui serán utilizados en su versión humanizada para una mayor calidad narrativa. Esta historia contiene material BL/Boys love asi que puede no ser de tu agrado.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

 

 

 

𝅭 𝅭 ⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯  𝅄  ࣭۫ ⬫ ࣭۫  𝅄 ⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯ 𝅭 𝅭 

ׁ   ݂  𝕾𝖈𝖆𝖗𝖘 𝕺𝖋 𝕯𝖊𝖘𝖙𝖎𝖓𝖞 ݂   ࣪  ⬫

ᶜᵃᵖⁱ́ᵗᵘˡᵒ ᵘⁿᵒ

𝅄︶ ͝ ⏝𝅄︶ ͝ ⏝𝅄⏝ ͝ ︶𝅄⏝ ͝ ︶𝅄

 

Existe una leyenda arcaica, enterrada entre miles de otras narrativas arcaicas, bajo capas y capas de la arena que se ha acumulado con el paso interminable del tiempo, un relato perdido que alguna vez solo existió de voz en voz, y cuyos textos se han transformado en nada más que polvo, algo que no existe nadie vivo que lo pueda recordar. 

 

Excepto quizás por aquellas almas antiguas que aún siguen vagando en este plano, desprovistas de un propósito o no; él es una de aquellas reliquias, o quizás, mejor dicho, deshechos del universo, que aún viven para rememorar esas viejas historias. 

 

Así como hace apenas un par de siglos la gente había empezado a hablar de un hilo rojo que unía a las personas destinadas a compartir un mismo camino, hace algunos milenios dichos relatos eran un poco diferentes. Recuerda, con cierta apatía y ningún tipo de nostalgia, al niño vestido de harapos que fue alguna vez, escuálido y sin madre, caminando entre las calles de la posguerra entre habitantes que desconocían el peligro que los extinguiría unos años después, caminando mientras oía a muchos hablar sobre aquello que en el momento le pareció todo un cuento de mentiras. 

 

Reunidos alrededor de un historiador, cuyo rostro ya ni siquiera puede recordar, un grupo de niños se reunió para escuchar aquello que el hombre les iba a contar esa vez. Muchos eran niños de escasos recursos, otros de la calle. Él, acostumbrado a oír a la mayor distancia posible, porque ya estaba acostumbrado a recibir palizas de esos niños, cuya presencia les disgustaba desde que tenía memoria. 

 

La leyenda era simple, en aquellos tiempos en que los guerreros contra la oscuridad empezaban a formarse, y así asomarse un poco de tranquilidad en lo que hace apenas unos años había sido una tierra desesperanzada y caótica, cuya misma violencia le había arrebatado todo a aquel niño harapiento y desprotegido, miles de guerreros estelares luchaban día con día para así traer la paz a su planeta. Sin embargo, las cicatrices que había dejado la guerra no eran solo las casas en ruinas, el cielo eternamente oscurecido por nubes cenicientas ni la escasez perpetua, sino también las miles de heridas de batalla que le habían quitado la vida a unos, y habían dejado marcas eternas para otros. 

 

Aquellas cicatrices, pronto se volvieron marcas de vergüenza y humillación, marcas que contaban la historia de una derrota dolorosa que abatía constantemente a las personas, de modo que, muchos como aquel hombre que pasaba sus días contando viejas historias guardadas solo con memoria para animar a los sobrevivientes de la pesadilla que fue el levantamiento de Nightmare, inventaron un nuevo significado para aquellas cicatrices, dotándolas de un anhelo ensoñador que hizo que algunos empezaran a verlas como una señal de esperanza, un destino tierno, dulce y piadoso en medio de tanto dolor. 

 

Contaron que, aquellas personas destinadas a amarse, compartirían cicatrices a lo largo de su vida, hasta finalmente encontrarse entre sí. Cada cicatriz nueva en el cuerpo, podría ser la cicatriz de la persona con la que compartieras un destino, una señal de que seguía con vida, una señal de que había alguien, en alguna parte del universo, destinada a estar contigo. 

 

En aquel momento, aquel niño solitario, cuyo corazón se había llenado de abandono y resentimiento, no pudo pensar en otra cosa más que en lo ridículo que sonaba aquello. 

 

En su corta vida, tras perder a su familia y todo lo que le quedaba, aquel pequeño ser no había conocido más que la crudeza del mundo, el desprecio y el rechazo de la gente, cuya empatía había sido empañada por sus propias carencias y dificultades, un mundo en el que nadie estaba dispuesto a ayudar a nadie, donde todos buscaban sobrevivir por su cuenta. ¿Como podría apenas un niño comprender por qué las personas a su alrededor parecían odiarlo tanto? Terminó robando comida, rebuscando entre la basura para no encontrar nada, y siendo apaleado después y amarrado a un poste para que las personas le pegaran al pasar, porque un ladrón no merecía perdón, incluso si era solo por comida. 

 

Y mientras caminaba hacia las afueras de aquel pueblo que tanto detestaba, pateando piedras y murmurando maldiciones que había aprendido mientras otros se las gritaban a él, se decía: ¿quién podría siquiera estar destinado a amarlo a él? Tan desaliñado, tan famélico, tan inútil, tan despreciable. Cualquiera que compartiera destino a su lado, debería considerarlo un gran agravio, un castigo, una maldición. Pues definitivamente nadie querría ser su destinado. 

 

Seguramente el propio universo no habrá elegido a nadie, pensó con osadía. Como si desafiar al destino mismo fuese remotamente algo prudente, o lógico, creyó en ese momento, ¿por qué siquiera alguien debería estar atado a otra persona por capricho del destino? Era ridículo, ¡tonto, ridículo! Y algo totalmente inmerecido para él, ojalá nadie tuviera un alma gemela, porque así él no se sentiría tan desdichado sabiendo que seguramente ni eso tiene. 

 

Más tarde se daría cuenta de lo equivocado que estaba. Pues esa misma noche, mientras trataba de dormir debajo de una vieja estación semidestruida, un dolor agudo lo estremeció de repente. 

 

Se incorporó asustado, temblando como una hoja, apenas siendo capaz de ver entre la oscuridad de su entorno y el cabello alborotado. Pero pronto su temor se atenuó al ver que allí no había nadie más que él, nadie había venido a hacerle daño. 

 

Pronto se dio cuenta de que estaba lloviendo, no solo por el sonido de las gotas repicando el viejo techo metálico, sino también por las que se filtraban y goteaban directamente sobre su cabeza ahora que se había levantado. 

 

Miró hacia arriba, buscando inocentemente la fuente de aquel goteo, solo para que la próxima gota cayera directamente sobre su nariz, haciéndole parpadear y agitar la cabeza. Ah, si, definitivamente no fue muy inteligente, pero por un momento creyó que aquel dolor punzante que lo había despertado provenía de allí. Tal vez era hambre, pero ya se había acostumbrado a ignorar el dolor en sus entrañas a través de dormir más horas de las necesarias. ¿Entonces, qué era ahora? 

 

Inconscientemente dirigió su mirada hacia su propio cuerpo, cubierto por ropas viejas, con remiendos deshechos que alguna vez hizo alguien que ya no está para volver a repararlos. Rebusco entre ellas la piel blanca y lechosa, llena de cicatrices viejas, nuevas, moretones y hematomas recientes. A tan corta edad, aquel niño ya era un lienzo de cicatrices, y muchas veces no podía reconocer el origen de ninguna o cuanto tiempo habían pasado junto con él. La mayoría desaparecían, otras tenían una historia tan dolorosa que era imposible olvidarlas, sin embargo, supo que una de ellas no pertenecía al conjunto de heridas que él mismo se había hecho cuando la vio. 

 

،   ⋆  ¿Qué de-...? 

 

Cuando creyó que no encontraría nada, volteó sus manos, viendo sus propias palmas, y justo sobre una de ellas, una cicatriz fresca, una línea recta y rojiza, llorando pequeñas gotas rojizas, la piel rasgada como si hubiera intentado escalar sobre rocas rasposas, como si hubiera intentado levantar una espada demasiado pesada. 

 

Su pequeño corazón empezó a latir con fuerza, tanta que por primera vez lo llegó a sentir golpeando su pecho por otra cosa que no fuese miedo intenso o dolor extremo, esta vez latía por algo diferente. 

 

¿O tal vez si era miedo? Desconocía por completo esta sensación nueva, pero estaba seguro de que no podía hacerse daño mientras dormía. ¿Entonces como había llegado eso ahí? Quizás alguien estaba jugándole una mala broma, alguien que lo había visto mientras escuchaba, o mientras despotricaba camino a aquel destartalado refugio, sobre esa ridícula historia. 

 

Esa historia... No podía ser cierta. 

 

Un jadeo sin aliento escapó de sus labios, mientras tomaba aquella mano herida y la protegía contra su pecho, incluso si sabía bien que ese nunca sería un lugar seguro. 

 

No podía ser cierto, no había forma de que lo fuera. Si aquella leyenda era real, significaba que en alguna parte del universo, tenía un alma gemela, un destinado cuya primera herida había sido esta, impresa ahora en su propia piel. Hasta ese momento, jamás había tenido una sensación igual. ¿Entonces si tenía un destinado, desde hace cuánto, hoy, meses, años, tendría una edad similar a la suya? Su vida seguramente no era tan tormentosa, quizás, tendría una vida en la que no saldría herido con tanta frecuencia como él... ¿significaría eso que su alma gemela estaría llena de sus propias cicatrices? El pensamiento extrañamente le pareció doloroso, pese a que hacía mucho que no sentía empatía por nadie, así como nadie la sentía para él. 

 

No, no puede ser verdad. 

 

Era demasiado bueno para parecer real, que alguien como él, un desperdicio, despreciado por todo el mundo, tuviera alguien destinado a quien amar, alguien por quien pudiera ser amado, amado. Esa sola palabra no sonaba como algo para él, se consideraba indigno de semejante término, era una criatura fea e insignificante, no merecía ser amado de ninguna forma, mucho menos tener un destino. 

 

Con desdén, se aferró a creer que era todo mentira, incluso si la prueba permaneció con él durante muchos años, esa primera cicatriz en la palma de la mano. 

 

Y pasaron muchos años desde aquél entonces. 

 

El que alguna vez fue un pequeño niño indefenso, había crecido a través de una guerra que volvió a desatarse. La oscuridad arrasó con todo, pero nunca pudo abatir a aquel niño pequeño, que luchó hasta haberse convertido en un guerrero, aún ajeno a todo el potencial que corría por sus venas. 

 

Durante esos años, mientras entrenaba y se hacía de herramientas para volverse fuerte, se encontró debatiéndose por qué lo hacía en primer lugar. 

 

Al principio, todo se trataba de supervivencia, la gente lo atacaba, las pesadillas lo atacaban, las bestias demoniacas lo atacaban, de modo que un pequeño debilucho como él jamás habría podido sobrevivir por su cuenta si permanecía siendo el mismo niño andrajoso. Tuvo que aprender a defenderse, a luchar contra aquellos que atentaran contra su vida, y aunque muchas cicatrices viejas de su infancia se habían desvanecido con el pasar de los años y otras no, al fin y al cabo, eso no importó, porque la lucha constante nunca dejó el lienzo vacío, y nuevas cicatrices adornaban su cuerpo cansado cada vez. 

 

Cada una empezó a darle un motivo más oscuro a su lucha, estaba cansado de los desprecios, todo lo que recordaba eran los lamentos de su niñez, la infancia que nunca tuvo a causa del sufrimiento constante, el cobijo que nunca recibió de nadie, el odio, el resentimiento creciente. Cada cicatriz le recordaba al niño que nunca fue protegido, y el joven que poco a poco se convertía en un guerrero empezó a ver en su fuerza la posibilidad de vengar todos esos años con sangre, de quemar al pueblo que lo abandonó para sentir por primera vez su calor. 

 

Era un sentimiento más bien momentáneo, porque al segundo siguiente estaba lamentándose por lo solitario que se sentía llevar a cabo una venganza tan sanguinaria. 

 

Cuando tomó la espada por primera vez; lo hizo con aquella mano en la que reposaba esa cicatriz eterna y enigmática, a la que con los años dejó de ver con miedo e incertidumbre, y empezó a apreciar con mayor curiosidad entre más se alargaban sus viajes y largas andanzas por el mundo que le rodeaba. Aún no había recibido una nueva, y aquella vieja leyenda quedó olvidada en su mente, atribuyendo aquella cicatriz a algún suceso que ya no recordaba. 

 

Sin embargo, muy de vez en cuando, veía otra vez esa cicatriz, y se preguntaba, si en verdad hubiera sido real, ¿quién sería esa persona? Diariamente se preguntaba, como el joven ilusionado que a veces era, como sería él o ella, como estaría viviendo ahora, donde estaría, cuando lo conocería, hacerse todas esas preguntas le ayudó a sentirse menos solo en ocasiones, y en otras le hizo sentir su soledad aún más grande, porque después de todo, solo era una simple leyenda. ¿Quién podría asegurarle que tenía realmente un destinado? 

 

Pero a medida que buscaba formas de hacerse más fuerte, las propias pesadillas empezaron a contraatacar con más fuerza su planeta. Pronto, la Armada estelar estaba reclutando nuevos miembros, y por supuesto él fue de los primeros en postularse. No fue bien recibido la primera vez, era apenas un adolescente, flaco, fuera de forma, sin nada que aportar más que su propia determinación por aprender a defenderse, ni siquiera sentía el propósito de luchar por la causa, solo quería estar cerca de los más poderosos, absorber su conocimiento como una jodida sanguijuela. 

 

Ser aceptado finalmente fue todo un logro, pero primero tendría que escalar desde lo más bajo para llegar realmente a lograr algo, tendría que usar a los más débiles como escalones hacia el ascenso, para ser finalmente un guerrero digno de ser nombrado y temido lo suficiente para que lo respeten. 

 

Fue en esas épocas, mientras descansaba en una trinchera, esperando junto a otro grupo de soldados para emboscar a una posible horda de bestias demoniacas que cruzarían la zona pronto, que ocurrió por segunda vez. 

 

Un dolor punzante, agudo, como el filo de una espada cortando la piel. Tan doloroso que le hizo soltar el aire que contenían sus pulmones, y abrazar su torso mientras su arma caía al suelo. 

 

Algunos allí le reclamaron por haber hecho ruido, otros por su incompetencia al no sostener bien el arma, y que ahora su posición era inútil porque no tenía con qué atacar. Él no le prestó atención a ninguno, en cambio toda su atención estaba focalizada en esa sensación que conocía muy bien, incluso si había quedado enterrada en su memoria, era solo cuestión de sentir el escalofrío subir por su espalda para recordar exactamente de que se trataba. Y ante las expresiones atónitas de sus compañeros, empezó a desabotonar su uniforme para abrirlo y finalmente encontrar la causa de tal reacción. 

 

Era un corte irregular, diagonal, desde la clavícula hasta la parte inferior del pecho. La sangre se deslizaba en su piel como lágrimas, había sido superficial, como si la armadura se hubiera roto, un corte capaz de atravesar las barreras y finalmente dañar a su objetivo. 

 

،   ⋆  ¿Pero qué mier- 

 

Y su primer comentario no fue muy diferente a la primera vez que esto pasó. La diferencia es que ahora había más personas allí para presenciarlo. 

 

،   ⋆ Tu alma gemela debe estar en aprietos. 

 

،   ⋆ ¿Qué? 

 

،   ⋆ Sí, ¿no lo sabes? 

 

Habría dicho algo como que no era estúpido, y que por supuesto sabía de qué estaba hablando. Pero sinceramente, poco o nada sabía sobre esto, y pocas eran las oportunidades que tuvo de oír a alguien hablar sobre algo tan monumental como una leyenda inventada. No fue tan inventada cuando aquel soldado estiró la venda de su cuello, y le mostró una cicatriz en la yugular. 

 

،   ⋆ La mía murió hace unos años, no llegué a conocerla. 

 

،   ⋆ ¿No deberías haber muerto tú también por eso? 

 

،   ⋆ No necesariamente. 

 

Respondió otro soldado, ajustando su casco despreocupadamente. 

 

،   ⋆ Te quedará la cicatriz de su muerte, pero tú no morirás. Las heridas que tu recibes son mucho menos severas de lo que seguramente fue ese corte en tu alma gemela. 

 

Una vez más, miró el corte en su pecho, la sangre perdiéndose dentro de la tela, tiñendo de rojo todo a su paso. Sí así era en su cuerpo, ¿entonces cómo... 

 

،   ⋆ ¿Lo acaban de asesinar? 

 

،   ⋆ No lo creo, eso no se ve tan mal. Una vez recibí un corte como ese, y a la semana siguiente ya estaba recibiendo nuevas cicatrices de nuevo. 

 

،   ⋆ Espera, ¿Estás diciendo que tú también pasas por estas cosas? 

 

Decir que estaba desconcertado era poco, estaba impactado. Finalmente había recibido la confirmación de que no era el único al que le aparecían estas extrañas marcas, la leyenda resultó ser cierta después de todo. A su alrededor los soldados se reían y bromeaban sobre sus propias cicatrices, como resguardaban con recelo algunas, incluso un hombre audaz fue capaz de grabar su nombre en su piel con un cuchillo, y a cambio despertó con otro nombre tallado en su cuerpo. 

 

Y resulto ser que aquella leyenda era tan cierta, que no solo él, si no todas las personas allí, todos los guerreros estelares, estaban sujetos a la misma maldición. Llamada así, porque no podía creer de ninguna forma que algo así sería remotamente positivo. Estaba allí, atado a una persona desconocida, sin saber de su paradero, sin tener la más remota idea de si estaría bien o no, lo único que podía saber de él o ella eran todas las veces que se lastimara. 

 

Sus pensamientos cambiaron drásticamente después de esta revelación. 

 

Al principio, cuando creía que todo esto de las almas gemelas era una farsa, algo que no le podía corresponder, algo indigno para un ser como él, todavía veía de forma entrañable la idea de que aquello fuese realidad. Todavía pensaba con dulce y solitaria nostalgia como habría sido el momento de descubrir y encontrar a ese ser amado, pero saber que efectivamente era real fue como un baldazo de agua fría. 

 

Pasó semanas caminando alrededor del campamento, de izquierda a derecha, totalmente inquieto, presa de una tempestad de pensamientos uno tras otro. ¿Quién era, donde estaba, cuando iban a encontrarse? Si sus destinos realmente estuvieran atados, era solo cuestión de tiempo. 

 

Suspiró con tristeza, ¿qué pensará su destinada de él? Seguramente debe estar muy preocupada, o preocupado. Pues desde muy joven ha vivido lastimándose sin reparo, una y otra vez, acumulando una galería completa de cicatrices nuevas cada semana, seguramente su destinado debe pensar que su alma gemela está siendo torturada o bajo constante peligro... Y no es que fuera mentira. 

 

Sin embargo, no tenía una sola pista para conocer a esta persona, salvo las únicas dos veces que se había lastimado con la suficiente severidad para generar una cicatriz permanente. Al menos, tenía el consuelo de que su alma gemela no se quedaría con todas las cicatrices que él se había hecho a lo largo de los años, pues muchas se desvanecían con el pasar del tiempo, de lo contrario, seguramente él o ella estaría muy desdichado de ser un cuadro de heridas por completo. 

 

Las cosas también cambiaron ligeramente después de aceptar que, después de todo, si había una persona destinada para él. 

 

Fue difícil asimilarlo, quien había crecido con el pensamiento arraigado de que nadie lo querría, que estaba destinado a ser un monstruo, una criatura horrible y espantosa, un ser temible y poderoso, pero también solitario e infame. La idea de que hubiera alguien, alguien destinado a compartir la vida a su lado, lo embriagó poco a poco, renovó algo en su corazón que creyó perdido, una pizca de esperanza, dulce, dulce esperanza, dulcemente cruel. 

 

Porque esa persona estaba lejos, lejos en alguna parte y no podía saber dónde. ¿Cuándo, cuando llegaría a su vida? Diariamente estaba loco por descubrirlo. Durante sus expediciones caminaba mirando las espaldas de miles de soldados, y se preguntaba si alguno de ellos sería su destinado. O alguna persona viviendo su vida entre los pueblos devastados por los que pasaba, o alguno de los civiles a los que por alguna razón empezó a proteger con más voluntad. De pronto, las ideas de venganza, el resentimiento, se vieron aplastados por una inesperada y cálida sensación de compañía, incluso si seguía completamente solo, sentía que había alguien allí con él. 

 

Tristemente, las heridas comenzaron a volverse más frecuentes desde aquella vez. 

 

Una mañana, despertó y empezó su día con normalidad, pero al cabo de un rato se percató de que había una nueva cicatriz en su brazo, una quemadura, algo pequeño, pero que definitivamente él no se había hecho. Pronto descubrió que su destinado hacía muchas actividades durante la noche, tal vez sus horarios estaban invertidos, saberlo lo entristeció aún más. ¿Eso significaba que estaba aún más lejos de lo que pensaba? 

 

Con la nueva frecuencia en que su destinado se lastimaba, también empezó a sentir cierta inquietud. ¿A qué se dedicaba, como para lastimarse con tanta frecuencia? No le sorprendería que fuese un soldado al igual que él, en aquellos tiempos tan complicados, incluso quienes no estaban destinados a luchar, acababan atrapados en esta batalla contra la oscuridad. Solo podía esperar que esa persona tuviera más suerte que él. 

 

Sin embargo, cierto lado egoísta de él se sintió extrañamente reconfortado con la idea de recibir señales con más frecuencia, de sentir que de verdad había alguien del otro lado, que seguía allí, seguía con vida. Incluso si saber que esas señales llegaban con cada herida que se hacía era doloroso, le preocupaba tanto. Ah, ¿así se habría sentido su alma gemela todo este tiempo? 

 

En aquellos días, también se sorprendió al descubrir que, de hecho, se estaba preocupando por alguien. Incluso si no lo conocía, se preocupaba. Y eso también fue nuevo, nunca tuvo alguien de quien preocuparse, alguien en quien pensar a diario, era extraño. Hasta ahora había sido alguien arisco, distante con todos a su alrededor. Tener a alguien cerca era indeseado, jamás invitado, pero esto, esto era... Diferente. 

 

Y conforme pasaban los años, comenzó a adoptar aquello como costumbre. Generalmente pasaría sus ratos libres apreciando aquella primera cicatriz en su mano, pensando con añoranza sobre aquella persona. ¿Le gustarán los atardeceres? Que en estos tiempos son tan escasos, apenas dejándose ver de vez en cuando, cuando se despejan las nubes grises de cenizas, ¿Le gustara pasear cerca de los lagos? Miles de preguntas que se hacía, ¿cuáles serían sus pasatiempos, cuales serían sus motivaciones? Había tanto que quería conocer de esta persona y tan poco que podía saber. Pero pronto descubrió que tendría que empezar a esconder aquella cicatriz debajo de un par de guantes. 

 

،   ⋆  ¡¿Como te atreves?! 

 

Oyó exclamar a un guerrero una noche, aquellos de alto rango eran llamados así. Llevaban brillantes armaduras, armas únicas, admirados por muchos, vistos con fiereza por él, nada más que un soldado de rango bajo todavía. Observó a lo lejos como el guerrero levantaba del cuello a otro de mismo estatus, lo veía con odio, con furia, con asco, todos sentimientos que podía fácilmente reconocer a través de la mirada. Mientras que el sometido sólo sonreía con sorna, malicia. 

 

،   ⋆ ¡Tú... Bastardo! 

 

،   ⋆ Te hice un favor, ¿Cómo podrías ser su destinado? No eres digno, solo eres un pedazo de mierda. 

 

،   ⋆ Y por eso decidiste matarla, ¿¡eh!? Si no podía ser tuya, no sería de nadie. ¡¿Eh!? ¡Maldito asesino! 

 

Mientras el escándalo llamaba la atención de más personas en el campamento, otros soldados comenzaron a acercarse. Uno de ellos se paró a su lado, suspirando con resignación, como si ya se lo esperara. 

 

،   ⋆  ¿Sabes que ocurrió? 

 

Preguntó, y por alguna razón el soldado se quedó perplejo. ¿De verdad era tan poco lo que hablaba, para que la gente se sorprendiera al oírlo hablar? Tendría que empezar a comunicarse más con la gente para no parecer un inadaptado. 

 

،   ⋆ Pues, resulta que ese sujeto estaba casado con una noble que no era su alma gemela, y cuando su verdadera alma gemela apareció, decidió matarla porque no quería que estuviera con otro. 

 

La sola idea le provocó nauseas. Viendo como aquel sujeto recibía una paliza de parte del otro, tan destrozado, tan abatido por tristeza, y a la vez tan encendido por la rabia, una mezcla de remordimiento, culpa, furia. ¿Como podría alguien haber hecho algo tan nefasto? 

 

،   ⋆  Eso es... Demasiado egoísta. 

 

،   ⋆ Y bueno, es algo bastante común. Las personas encuentran similitudes entre una cicatriz y otra, y terminan matando a unos para perjudicar a otros. Sobre todo, los guerreros estelares ahora que luchamos contra las pesadillas, es como si hubieran encontrado otra forma de perjudicarnos. 

 

Aquellas palabras se quedaron en su mente, y no pasó mucho tiempo antes de que confirmara que aquello efectivamente estaba pasando. Las cicatrices no solo eran una marca compartida, eran una marca de reconocimiento, una pista peligrosa. De modo que, se vio en la necesidad de empezar a cubrir las más visibles, y pronto la mayoría de guerreros estelares comenzaron a cubrir sus rostros con máscaras, a recubrir cada parte de la piel de forma meticulosa. Mientras que otros que no tenían nada que perder dejarían ver las cicatrices que marcaban su historia. 

 

Inicialmente, dudó. ¿Valía realmente la pena ocultarse tanto? No es como si tuviera la remota idea de si algún día realmente encontraría a esta persona, o si moriría mucho antes de poderla encontrar. Quizás, si aquella persona lo encontraba, difícilmente lo amaría, alguien sin méritos ni honores, solo un guerrero de clase baja. Aunque darse cuenta de que se estaba cuestionando si la persona en cuestión lo amaría en vez de si él mismo podría amar a esa persona lo hizo empezar a confundirse más. 

 

Estuvo un largo rato reflexionando una tarde, frente a aquel basto lago donde había pasado tanto tiempo la última temporada. Esta vez, sería la última. Pues pronto su grupo empezaría a movilizarse de nuevo. 

 

Allí, observó la cicatriz en la mano, aquella que había aparecido hace tantos años, y aún seguía sin saber absolutamente nada sobre esta persona, preguntándose cada día quien estaría del otro lado. 

 

،   ⋆ ... ¿Tu harías lo mismo por mí? 

 

Se preguntó en voz baja, sabiendo que nadie le respondería. Quizás, si no hubiera estado tan solo la mayor parte de su vida, no se habría devanado los sesos tratando de comprender este vínculo, tratando de ver el otro extremo en vano. Qué durante noches enteras, le hizo sentir acompañado, y durante el día le hacía sentir más solo que nunca, porque esa persona no estaba ni cerca de estar a su lado, ni siquiera la conocía. Al punto de tener que debatirse si era correcto perseguir esa promesa o dejarla de lado y enfocarse en su meta inicial, hacerse fuerte, a toda costa. 

 

Finalmente, decidió que podría hacer las dos cosas a la vez. Y así fue como sus manos fueron cubiertas con guantes negros, y conforme pasaron los años, una máscara cubrió su rostro también. 

 

𝅄︶ ͝ ⏝𝅄⏝ ͝ ︶𝅄

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Como todo en la vida, los momentos de paz relativa suelen ser cortos. Y aunque en aquel entonces aún podía consolarse pensando en cosas simples como aquella, la propia guerra le arrebató los tiempos de tranquilidad, y toda su atención tuvo que enfocarse en el desafío constante que fue enfrentarse a las tropas de Nightmare, cada vez más brutales, cada vez más fuertes. 

 

En medio del caos, surgió una esperanza; una serie de armas sagradas perdidas, con el poder para destruir a las pesadillas con más eficacia, cuyo paradero era incierto, sin embargo, la Armada estelar las buscaba con desesperación. Cualquiera que se hiciera con la posesión de una de ellas y portarla con éxito, podría ascender hasta el rango más alto. Sin embargo, muchos desistieron de siquiera intentarlo, pues de las pocas cosas que se sabía sobre ellas, era que tenían un criterio muy severo sobre quiénes serían dignos de ser sus portadores. 

 

Él, que nunca se consideró más que poca cosa, un vagabundo repulsivo, un huérfano sin nombre, un hombre insignificante y un soldado más entre un millón, aún tuvo la determinación de emprender su propia búsqueda, razón por la que se retiró temporalmente de los batallones y comenzó un viaje a través del universo. La primera vez que extendió sus alas fuera de su planeta, casi temió que el vacío del universo le robara el aire y lo dejara varado en la nada por la eternidad, pero los guerreros estelares nacieron para alcanzar las estrellas. 

 

Tardó muchos años en encontrarla, muchas batallas intensas, muchos desafíos y por supuesto muchas derrotas. Perdió muchas veces, ganó nuevas heridas, se impulsó a través de ellas. Y entre todo lo que perdió, también se fue su juventud. Aquel muchacho pensativo, que aprendía a luchar cada día y que veía desde nuevas perspectivas la crueldad del mundo que le rodeaba, creció hasta convertirse en todo un hombre, un verdadero caballero. 

 

Durante sus andanzas, sin quererlo, comenzó a hacerse conocido. La primera vez que supo que la gente empezó a hablar sobre el fue en una estación, había llegado a una estrella llamada Shiver Star para investigar una pista sobre el paradero de una espada que, según los rumores, podía levantar poderosos vientos capaces de derribar montañas. Sin embargo, la estrella hacía poco menos de unos siglos había muerto de forma silenciosa, y todo a su alrededor comenzaba a enfriarse. De modo que muchas personas empezaban a deshabitar el lugar, buscando un nuevo hogar en alguna parte. 

 

Allí, esperando pacientemente la próxima nave para dirigirse a su próximo destino, escuchó a un par de jóvenes hablando con entusiasmo. Al principio no prestó mucha atención a sus palabras, sin embargo, algo empezó a inquietarle, sobre todo cuando sintió ciertas similitudes entre sus relatos y su propio actuar. 

 

،   ⋆ Si, dicen que ha derrotado a una de las sombras más poderosas. ¡Y sin nada más que la fuerza de sus propias manos! 

 

،   ⋆  ¿Enserio? Pfft, no puedo creer semejante cosa. 

 

،   ⋆ Pero es verdad. Es un guerrero estelar, los que lo han visto dicen que es muy alto, ¡y tiene alas, alas enormes! Y cuernos. Sus ojos rojos brillan en la oscuridad. 

 

،   ⋆  ¿El de los ojos brillantes no era Meta Knight? 

 

،   ⋆ Ah... Bueno, creo que es una característica en común de los suyos, ¿no? 

 

،   ⋆ Igual lo que describes suena más como un demonio que como un guerrero estelar. 

 

،   ⋆ Bueno... Dicen que es algo intimidante, nadie ha podido hablar con él. 

 

Bueno, esa era una descripción bastante justa. Se dijo a si mismo; no había hecho muchos reparos en su propia apariencia en los últimos años, sobre todo ahora que no se detenía ni siquiera a saludar a nadie, ni estaba sujeto a ningún adoctrinamiento. En aquellos años, empezó a lucir una larga cabellera desordenada, sus alas, que durante su juventud apenas habían empezado a brotar, ahora eran inmensas y poderosas, como las de un ángel. Sus cuernos eran puntiagudos y amenazantes. Si, tal vez le gustaba verse así, podría inspirar temor y respeto. 

 

،   ⋆ También dicen que podría convertirse en uno de los guerreros de elite de la Armada, a la par de los cuatro héroes. 

 

،   ⋆ Tonterías, un completo desconocido no podría ni acercarse a los pies del Star-Trio. 

 

،   ⋆ Tu de verdad eres fanático de ellos, ¿verdad? 

 

،   ⋆ ¡JA! Claro que sí. 

 

Finalmente, la nave de abordaje había llegado, y la estación comenzaba a quedarse aún más vacía de lo que ya estaba antes. Él comenzó a avanzar hacia la entrada, deteniéndose apenas unos segundos para mirar hacia atrás, donde estaban aquellos dos jóvenes todavía absortos en su conversación. 

 

،   ⋆ Hey, mocosos. 

 

Los dos lo miraron, inicialmente confundidos y anonadados. Sin embargo, a medida que el reconocimiento se hacía evidente en sus miradas, vio como sus rostros palidecían y se llenaban de conmoción. Una sonrisa se dibujó debajo de su máscara blanca, satisfecho por su reacción. 

 

،   ⋆  Súbanse, a menos que quieran congelarse aquí otras tres horas. 

 

Y luego, simplemente siguió su camino, dejando atrás a esos dos completamente atónitos. De cierto modo, esto de empezar a hacerse conocido era un poco divertido. ¿Por qué no? Bien podría dejar que la gente esparza los rumores del guerrero en ascenso. 

 

Un día, finalmente la encontró. 

 

Pasó días explorando una enorme gruta, yendo cada vez más profundo entre túneles subterráneos plagados de bestias demoníacas, todas a la orden de custodiar una de las cuatro armas que podrían hacerle frente al pronto Nightmare. Cuatro, como había descubierto en su investigación, eran sólo cuatro las armas perdidas, ninguna había sido encontrada hasta el momento, lo que lo motivó aún más a llegar al fondo de esa cueva. 

 

Cuando finalmente divisó el brillo particular del metal, fue a través de un enorme abismo oscuro, clavada sobre un pico rocoso que emergía de la penumbra, rodeada por un acantilado que no parecía tener fin. Alrededor de aquel abismo, un largo pasillo en espiral que descendía y descendía, lleno de bestias demoniacas. Lo más destacable eran los cristales que emergían de las paredes de la cueva, brillaban como estrellas en medio del universo. 

 

Lo más prudente sería descender poco a poco, pero él no se caracterizaba precisamente por eso. 

 

Sin dudarlo, caminó hasta el borde y extendió su bota hacia adelante, dejándose caer por su propio peso en picada hacia la espada sagrada. La única forma de saber si sería digno de usarla sería intentar empuñarla. Así que solo tendría un intento para tomar esa espada y sacarla de la piedra de un tirón. 

 

Mientras descendía, miles de criaturas se lanzaban hacia él, con movimientos ágiles de sus alas esquivó cada intento de ataque. Acercándose cada vez más a su objetivo. Hasta que, repentinamente un demonio aún más grande emergió de la oscuridad, en forma de enormes fauces que rodeaban la espada y amenazaban con tragarse todo a su paso. 

 

(Mierda.) 

 

No podía ser tan fácil. 

 

En un movimiento rápido y urgente, batió sus alas para detener su caída. Los dientes del demonio casi se cierran en su pierna, pero pudo alzarse lo suficiente a tiempo. Acto seguido empezó a elevarse, sin saber con claridad que hacer a continuación. La bestia demoniaca era demasiado grande, casi tan monumental como la cueva misma, y de pronto unas garras oscuras emergieron de la penumbra. Apenas las esquivó cuando de pronto, una figura descendió de lo alto. 

 

Casi tan rápido que no podía distinguir sus movimientos, cayó en picada hasta estar de pie sobre el brazo demoniaco, y descendió a través de él mientras el brillo plateado de su espada se movía al compás de una serie de cortes gráciles pero mortales como un vals. El misterioso hombre dio un salto hasta estar sobre la cabeza del demonio, su capa meciéndose suavemente como las alas de un murciélago. 

 

Con la misma gracia, clavó su espada en el ojo del demonio, y en un instante emitió un poderoso rugido, agitándose violentamente hasta haberse deshecho del caballero que lo había atacado. Pensó que tendría que atraparlo, pero aquella capa se transformó hasta convertirse en un par de alas, con las cuales se elevó de nuevo. Sin embargo, la espada seguía clavada en el ojo de la criatura. 

 

El demonio siguió agitándose, golpeando su cabeza contra los muros de la cueva, con ello, provocando que las otras criaturas demoniacas allí empezaran a huir ante el derrumbe inminente. 

 

،   ⋆ ¡Huye! 

 

Escuchó la voz del hombre a lo lejos, pero él no hizo caso en lo absoluto. Vio al hombre con alas oscuras intentar acercarse para sacarlo por su propia mano de allí, pero de pronto, un segundo brazo demoniaco emergió de la oscuridad, tomando la pierna de aquél guerrero y tirando de él hacia la oscuridad. 

 

Mierda y más mierda. ¿De dónde había salido ese sujeto y porqué tuvo que involucrarse? 

 

Tomó una rápida decisión, cerró sus alas, y se lanzó directamente hacia el demonio. Que abrió nuevamente sus fauces, dispuesto a tragárselo como si fuese un simple aperitivo. Y cuando así fue, y aquellos dientes afilados se cerraron como las puertas del infierno, todo a su alrededor se volvió oscuridad. 

 

Excepto una sola cosa. 

 

Un punto de luz lejano, brillante, esperando al final del camino como una llamada silenciosa. Podía sentir una fuerza haciendo presión sobre su cuerpo, tratando de impedirle acercarse más. Pero él luchó contra ella sin parar, hasta que pudo distinguir aquel resplandor como la forma de una gran espada. 

 

Extendió su mano, y apretó sus dedos alrededor de la empuñadura. De inmediato, aquella fuerza maligna se dispersó con la fuerza de una gran ráfaga de viento, junto con una luz creciente, como si acabara de encender una estrella. Tuvo que invertir toda su fuerza para poder desprender la espada de la piedra, no porque hubiera pasado milenios allí esperando un portador digno, sino porque la espada en si era demasiado pesada. 

 

Y cuando finalmente estuvo fuera de la ranura, pudo alzarla a lo alto. La hoja albergada un poder insólito, tan gigantesco que se preguntó si realmente sería capaz de portar algo tan poderoso. Sin embargo, ahora mismo no podía cuestionarse que tan capaz sería para manejar un arma tan potente, pues había alguien en peligro. 

 

No lo dudó un segundo más. Hizo el primer corte en diagonal, y una ráfaga de viento afilada decapitó a la bestia desde dentro. La brisa fuerte chocó contra los muros, y encendió aquellos cristales con los remanentes de energía que emitió el ataque. Extendió sus alas, y emergió de la cabeza destruida de aquella bestia, alcanzando al caballero que forcejeaba con las garras de la bestia. Un brazo rodeó su cintura, mientras que aquel que sostenía la espada cortó el brazo con un solo movimiento. 

 

Así, el ángel comenzó a ascender de regreso al inicio de aquella gruta, con la espada eólica en una mano, y a un misterioso hombre en la otra. En realidad, no esperaba salir con dos cosas. 

 

Solo supo que, en el momento en que cruzó miradas con aquel enigmático caballero, a través del visor de su máscara, juró que había visto dos lunas fuera del cielo. 

 

Finalmente, aterrizó de nuevo en el mismo punto alto desde el que había saltado al principio, todavía mirando a los ojos al hombre en su brazo. Ninguno de los dos parecía querer moverse, era como si hubieran entrado en un trance. Solo fue hasta que el más bajo apartó la mirada y empezó a apartarse un poco que, apartó su brazo y reajustó su propia postura. 

 

،   ⋆ Fuiste demasiado imprudente al saltar así a la boca de un Dark Matter. No sabías lo que podría haber sucedido. 

 

Fue lo primero que dijo el caballero, sus alas volvieron a adquirir la forma de una capa. Era oscura como el cielo nocturno por fuera, brillante como un cielo estrellado por dentro. Era la capa dimensional. 

 

Había escuchado de ella solo en leyendas, verla en persona era como ver un cuadro de la noche estrellada. Si era este caballero quien la portaba, sin duda no se trataba de cualquier guerrero, era uno al menos competente. 

 

،   ⋆  Solo salté por urgencia, necesitaba un arma para salvarte. 

 

،   ⋆ A juzgar por lo que he oído de ti, podrías haberlo hecho con tus propias manos. 

 

Luego, el tono moderado pero severo cambió a uno más perspicaz, sarcástico. Debería sentirse insultado, pero en realidad estaba totalmente intrigado por este cambio sutil pero certero. Como una espada afilada y silenciosa, elegante. 

 

،   ⋆  Asumo que eso habría sido aún más imprudente para ti. 

 

Bajo su máscara, una sonrisa pícara florecía con naturalidad, pese a que él nunca se consideró una persona que sonriera con frecuencia, mucho menos por una charla amena. Porque, ¿qué era una charla amena en primer lugar? Estaba seguro de que era la primera vez que disfrutaba hablar con alguien, y apenas habían cruzado un par de palabras. Lo más sorprendente es que ya ansiaba saber más. 

 

،   ⋆ Pero aun así lo habrías hecho. 

 

،   ⋆ Si, ¿por qué no? 

 

El hombre frente a él usaba una máscara también, pero pudo oír perfectamente el suspiro exasperado que brotó de sus labios ante sus palabras. Solo podría desearle paciencia, porque necesitaría mucha ante un guerrero tan terco. 

 

،   ⋆  Pero me intriga, ¿qué haría un caballero tan bien distinguido como usted en este lugar tan remoto? 

 

،   ⋆ Creo que sabes muy bien porqué estamos aquí. 

 

Respondió, señalando sutilmente la espada que ahora llevaba en la mano. Comprendió de inmediato; él no había sido el único en seguir las pistas que guiaban hacia las armas perdidas, por un momento su agarre se tensó, pensando que tendría que librar una nueva lucha para conservar la espada. Sin embargo, el caballero lo tranquilizó en ese mismo momento. 

 

،   ⋆ En realidad, estaba esperando encontrar a Galaxia aquí, pero esa es la espada Eólica. 

 

،   ⋆ Eólica... 

 

Repitió murmurando, mientras que levantaba la espada para mostrársela al otro caballero, quien observó con detalle, confirmando sus sospechas. 

 

La espada Eólica era redonda y alargada, como una lanza de guerra. Su filo era de un rosa intenso, y debido a su material tan duro, su peso era casi insostenible. Aunque extrañamente, a medida que se adaptaba a cargarla, ya no se le hacía tan pesada. 

 

En un momento preguntó si podía sostenerla, así que extendió la empuñadura, confiando que el caballero era honesto. Después de todo, el tenía el mérito de haberla conseguido, adentrándose a las fauces de aquella bestia. Y no es que no quisiera confiar en él, pero sabía que no todos los miembros de la Armada estelar eran exactamente los más justos. 

 

Lo que no esperaba era que, apenas un segundo después de que sus dedos se desprendieron de la empuñadura, la espada cayera de bruces al suelo, clavándose una vez más en la tierra, siendo el caballero oscuro incapaz de levantarla en lo más mínimo. Parecía totalmente descolocado en su postura encorvada, sin poder moverla ni un milímetro. 

 

،   ⋆ Parece que no le agrado. 

 

،   ⋆ Pfft... ¿En verdad pesa tanto? 

 

Ciertamente, ya había sentido su peso. Pero hace un momento había visto a ese sujeto clavarle una espada en el ojo a una bestia enorme, lo que debería haber supuesto una fuerza mayor al promedio, sin embargo, ahora no podía hacer nada contra el peso de una espada. Se apiadó de él y levantó la espada de nuevo, ahora ambos sosteniendo la misma empuñadura. Sus manos enguantadas rozándose entre sí. 

 

،   ⋆ Cada espada tiene su propio lenguaje, el que no la pueda levantar es su forma de decirme que no soy digno para ella. 

 

،   ⋆ ... Ya veo. 

 

،   ⋆ Parece que tu eres el indicado, no he visto a otro guerrero con la capacidad de cortar una cabeza tan grande desde adentro. 

 

،   ⋆ Creo que eso fue más hazaña de la espada que mía. 

 

،   ⋆ No te subestimes a ti mismo, tienes un gran potencial para ser un guerrero legendario. 

 

Se sorprendió al escuchar sus palabras, tanto que sintió quedarse atónito. Desde muy joven se había acostumbrado a no recibir nada más que desprecios, a medida que se esparcieron los rumores infundados, todo lo que escuchaba eran relatos basados en el terror y el respeto por un ente temible. Sin embargo, había tanta sinceridad en aquellas palabras, que por un momento creyó que eran ciertas. 

 

¿Por qué... ¿Su corazón estaba latiendo? 

 

،   ⋆  ¡Meta Knight! ¿Dónde estás? 

 

،   ⋆  ¿Encontraste algo, amigo? 

 

De pronto, dos voces lejanas interrumpieron el silencio. El caballero oscuro levantó la cabeza hacia la salida de la cueva, desde donde provenían aquellas voces. Se despidió rápidamente y se alejó un par de pasos, para empezar a extender sus alas de nuevo. 

 

،   ⋆ Espera...- 

 

Cuando lo llamó de nuevo, el caballero se detuvo, giró suavemente su cabeza y lo miró con esos ojos cautivadores como dos medallones de oro. 

 

،   ⋆ Tu nombre es Meta Knight. 

 

،   ⋆ Así es... ¿Cuál es el tuyo? 

 

Se quedó callado por un momento. 

 

Lamentablemente, su madre había muerto cuando él aun era muy joven, lo que le impidió descubrir cual fue su verdadero nombre. Creció algunos años en un orfanato y posteriormente terminó en las calles, solo, sin familia, sin nadie que lo nombrara. Solo se conoció a si mismo a través de las maldiciones que oía a diario, ladrón, vagabundo, miserable, insignificante. 

 

Sin embargo, cuando un guerrero estelar ascendía lo suficiente para convertirse en un caballero, eran renombrados. No solo como una muestra de honor por su lucha y gran lealtad, no solo como una forma de proteger a sus seres queridos dejando atrás su antigua identidad, sino también una forma de desprenderse del pasado y dedicar su vida a la lucha, hasta la muerte. 

 

Miró una vez más el interior de la cueva, donde los cristales todavía brillaban en centenares como estrellas las hay en el cielo; las mismas estrellas que lo habían acompañado durante todos esos años, las mismas que rodeaban la luna. 

 

Ya llevaba un largo tiempo pensando en un nombre que las glorificara, y en este momento, cree finalmente haber tomado una decisión. 

 

،   ⋆ Mi nombre es Galacta Knight. 

 

Así, mira una vez más al caballero oscuro, quien se inclina suavemente para despedirse, antes de emprender vuelo de regreso al exterior de la cueva, lo último que dijo fue... 

 

،   ⋆ Espero verte pronto en la Armada estelar. 

 

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