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Escasez de Cafeína

Summary:

Pete está teniendo una mala mañana y Michael está preocupado (y molesto) por esto, así que decide ayudarlo.

Notes:

¡Hola! Ha pasado tiempo desde la última vez que publiqué algo en español y lo lamento, olvidé completamente subir esta versión, ya que acostumbro primero subir el en español y luego el en inglés, pero esto tiene una razón, lo juro. Además, la vida, UGH, y no sé, Halloween y cosas por el estilo... uno se distrae fácilmente.

Este fanfic es un regalo para Omin (por eso lo subí primero en inglés), persona que conocí gracias al fandom y la pasamos genial hablando del fandom y de los góticos en general. Hizo un fanart donde Pete y Michael están riéndose y me inspiré a crear esto; este par debería reirse más en la presencia del otro (siono).

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Casi como todos los días, Pete había salido de su casa a regañadientes para un nuevo día de aprendizaje, o eso es lo que todo el mundo quería pretender que sucedía a diario en esa escuela. Esta vez no tomó desayuno, si es que una taza de café contaba como tal, ya que se había quedado dormido (le importaba una mierda levantarse) y su madre no iba a aceptar que este llegara tarde. Una vez en el frío de la calle, se puso los audífonos y comenzó a caminar hacia el edificio sin realmente estar consciente de ello, sacó un cigarrillo y, luego de descargar su molestia contra la pequeña esfera de mentol, lo encendió.

Sintió consuelo de estar despierto gracias al humo con leve esencia mentolada que invadió su interior, gruñó en voz baja por el frío de mierda y maldijo en voz alta por haber olvidado sus guantes sin dedos mientras arreglaba la bufanda gris alrededor de su cuello. Cerró los ojos aún caminando, su mente llena de pensamientos fatalistas que eran sólo parte del mal humor que lo acompañaba, hasta que se detuvo y suspiró fuerte; era demasiado temprano para sentir tanto odio contra nada en concreto y todo al mismo tiempo. Miró su mano con el cigarrillo y notó que una buena porción de este se había consumido en solitario por culpa del viento y de su propia negligencia, acumulando ceniza en forma cilíndrica. Le dio un golpe al filtro con su pulgar con más fuerza de la necesaria para desecharla y se llevó el objeto a los labios para darle una fuerte calada como si su objetivo fuera succionar la esperanza de algo que lo distrajera de su ánimo de mierda. Sabía que no era una persona mañanera, lo tenía más que claro y por eso tomaba al menos una taza grande de café antes de salir de su casa cada día. Ahora se sentía descompuesto, sí, esa era la palabra que abarcaba su sentir: irritado y putrefacto, como si dudara si llegaría de una sola pieza al edificio de mierda que le esperaba con su campana del diablo que indicaría que debía encerrarse con un montón de imbéciles como parte de un rebaño de animales que lamentablemente no iban a su muerte. Aún.

En un abrir y cerrar de ojos cuestionable para él, ya que el espacio-tiempo no tenía sentido en su estado a decir verdad, estaba ya frente a la escuela. Miró su teléfono y se dio cuenta que había llegado aún más rápido de lo normal y, por lo tanto, había llegado igual de temprano que siempre. Porque sí, Pete Thelman siempre llegaba temprano a la escuela para pasar el rato en los estacionamientos con sus amigos y entrar considerablemente tarde a las clases si es que no elegía saltarse la de turno.

Se sentó en el mismo lugar que acostumbraba desde hace ya unos años, porque prefería morir de frío que entrar a la cafetería y beber el café de mierda de ese lugar, así que decidió fumarse dos cigarrillos más de corrido para sentir que había algo en su interior, aunque esto fuera sólo humo que ni siquiera se quedaría en su cuerpo por mucho tiempo. En la mitad del tercer cigarrillo del día apareció Michael por donde él mismo llegó hace algún rato.

—Te ves como la mierda. —dijo en forma de saludo mientras golpeaba la base de su bastón contra la winklepicker morada del otro, y luego se sentó a su lado.

—Gracias, —respondió sin intención, volviendo a dar una calada fuerte al resto de su cigarrillo, para tirar la colilla hacia la nieve a unos metros de distancia, fallando. Se quedó mirando como este continuaba consumiéndose sobre el cemento, cuestionando su existencia. —Me siento como la mierda.

—Lo supuse.

Se quedaron en silencio hasta que Henrietta y Firkle hicieron presencia en el lugar, ambos comentando lo demacrado que se veía Pete, a lo que él sólo asentía. Pasaron los minutos en silencio, silencio que Pete agradecía y maldecía al mismo tiempo, cuando la campana de inicio de clases sonó. Ninguno de los cuatro se levantó por unos minutos, como sopesando la real necesidad de entrar al edificio. Pete quería fumar un último cigarrillo antes de hacerlo, porque sí, iba a entrar esta vez, pero las pequeñas nauseas que se anidaban en su interior se lo impidieron, no quería terminar vomitando bilis como un borracho en un callejón podrido, tenía un poco de dignidad. Mientras debatía si valía la pena arriesgarse a una escena deplorable, escuchó un suspiro femenino y, finalmente, la primera en sucumbir ante la necesidad de asistir a la tortura con luces fluorescentes fue Henrietta, quien se despidió con un movimiento de mano a lo que apagaba su cigarrillo matutino en el cemento; luego fue Firkle, quien maldijo en voz baja algo sobre un proyecto.

A los minutos, Michael y Pete se miraron casi al mismo tiempo y se levantaron con lentitud, arreglando sus ropas y mentalizándose a lo que venía. Caminaron parsimoniosamente hacia la entrada principal de la escuela que era invadida por uno que otro estudiante desesperado por no llegar aún más atrasado. Mientras subía las casi inexistentes escaleras para llegar a la puerta, Pete sintió un golpe en el pie y luego otro en las rodillas y las manos, para luego escuchar una leve risa a su lado y, dentro de su somnolencia, pudo por fin procesar lo que le había ocurrido, se había tropezado, pero por lo menos había puesto las manos para evitar que se diera un golpe de lleno en la cabeza. Vaya, el instinto de sobrevivencia, quién diría que este estaría aún ahí, alerta.

La idea de quedarse ahí tirado por el resto del día, o al menos de la madrugada, sonaba tentador, pero tedioso, así que se reincorporó de a poco, encontrándose con unos zapatos de vestir gastados y la base de un bastón frente a él. Michael no se movió para ayudarle, y si bien, ya no reía por su pequeña desgracia, porque sabía que había sido él, la media sonrisa aún estaba pegada en ese rostro pálido acentuado por la sombra de ojos. Pete se sentó en el piso, quejándose de su estúpida mala suerte y pudo ver a unos metros a alguien que le miraba fijo, Makowski. ¿Qué mierda hacía ese poser ahí? Le levantó el dedo del medio con una mueca de desagrado y el otro se asustó lo suficiente como para continuar corriendo a la puerta sin volver a mirarle.

—Levántate o se te congelará el trasero, —dijo Michael, volviendo a darle un pequeño golpe con el bastón ahora a su rodilla. Pete alejó de un manotazo al objeto agresor.

—No jodas, eso duele. —dijo levantándose de a poco y limpiando sus pantalones, especialmente en la zona de las rodillas.

—De seguro va a dejar un moretón. —añadió Michael observando la prenda, como si su mirada pudiera atravesar la tela y verificar la condición de la piel maltratada.

—Cool, supongo. —susurró Pete para luego suspirar. —A estas alturas ya no me importa.

Hubo un pequeño silencio entre ambos en los que Pete finalmente se levantaba del piso y Michael lo observaba hacerlo. Una vez de pie, ambos miraron la entrada de la escuela, aún abierta, pero podían ver cómo a lo lejos se acercaba alguien para seguramente cerrarla y dar comienzo al aburrido día, por lo que se pusieron en marcha y entraron. Llegaron al pasillo que los separaba, y cuando Pete cambió de dirección sin siquiera una despedida, Michael le agarró el brazo. Pete fue detenido por completo y se giró, extrañado.

—Te prometo un café luego del primer bloque. —dijo Michael con firmeza, como si hubiera estado pensando en ello por un buen rato.

—El café de la cafetería es una mierda. —respondió Pete haciendo una mueca de asco, casi como imitando una arcada.

—Lo sé, no es como que te quiera envenenar. —dijo Michael rodando los ojos.

—Aún. —agregó Pete.

—¿Aún? ¿Tan mal piensas de mí? —Pete se encogió de hombros. —Como sea, imbécil. Te compraré un café para que se te pase ese ánimo de mierda de una vez por todas.

—Okay, okay.

—Nos vemos donde siempre.

—Okay, me voy.

—No me dejes esperando.

—Sí, sí, nos vemos.

Finalmente se separaron y cada uno fue a su sala de clases a ser regañados por el retraso. Ese primer bloque fue un vacío en la cabeza de Pete desde que se sentó en medio de una lección nueva y entre que lo dormitó, fue como simplemente no estar presente, que ni siquiera sabe si lo hizo, ya que no recuerda haber escuchado su nombre. La campana de término de bloque lo despertó un poco más y guardando las cosas que había sacado para pretender estar en este plano terrenal, se levantó y salió del salón. Recordó la promesa de Michael y se dirigió donde solían juntarse entre clases por un cigarrillo rápido, el estacionamiento.

No tuvo que esperar mucho al otro gótico, la puerta se abrió a los minutos y Michael salió con su bolso visiblemente casi vacío, le asintió con la cabeza y emprendieron la marcha.

Cuando salieron a la calle principal, Michael le dedicó una mirada a Pete, quien sólo le seguía con el rostro cansado y ojos apenas abiertos y, teniéndole lástima, comenzó a caminar un poco más lento de lo normal.

—Serías tan fácil de secuestrar en este momento. —dijo sacando dos cigarrillos y pasándole uno a su acompañante, para detenerse y encender el propio. Pete hizo un ruido de confusión y se detuvo para que el otro le pasara el encendedor, pero Michael le acercó la llama, ahorrándole el pequeño esfuerzo. —Simplemente me sigues, apenas viendo por dónde o hacia dónde, incluso podría llevarte a un callejón solitario y matarte como a una rata.

Pete le dio una calada profunda a su cuarto cigarrillo del día y rogó que las náuseas no se acercaran a su ser, porque Michael no fumaba cigarrillos mentolados como él.

—Venderías mis órganos en la deep web o alguna mierda por ese estilo. —añadió cansado, pero con un deje de diversión en su voz.

—Alguna mierda por ese estilo, sí. —repitió Michael. Ambos se encontraron esbozando una pequeña sonrisa y volvieron a caminar.

Michael se detuvo frente a un edificio que Pete reconoció como el Harbucks del pueblo.

—¿Me trajiste a una cafetería conformista? —Se burló Pete.

—Sí, y de seguro te encantará. —replicó Michael abriendo la puerta e invitándolo a pasar con un movimiento de cabeza, a lo que Pete rodó los ojos entrando de todas formas.

La cafetería estaba relativamente vacía en comparación a su capacidad, o por lo menos eso veía desde la entrada. Pete se sentía hastiado por estar pisando tal lugar, pero el vago aroma a café y la vista de la vitrina llena de comida aparentemente fresca le recordaron que efectivamente no había comido nada hasta ese momento.

Siguió a Michael a la fila de la caja y cerró momentáneamente los ojos disfrutando el relativo silencio del lugar, pero los volvió a abrir cuando Michael le dirigió la palabra.

—¿Y bien? ¿Qué quieres?

Tan sólo esas preguntas le recordaron su humor y dónde estaba realmente. Frunció el ceño y se frotó los ojos con los dedos, a la mierda el maquillaje.

—No jodas, Michael, de verdad ¿aquí? —replicó hastiado. Michael rodó los ojos.

—No lo vas a pagar tú, así que elige. —respondió firme, la paciencia se hacía más fina con el paso del tiempo.

—Bah, —dijo Pete despectivamente moviendo una mano— para completar la experiencia conformista solo falta el Pumpkin Spice Latte. —Antes de que Michael pudiera siquiera pensar en responder, Pete añadió— No sé, Michael, ¿qué es lo que siempre bebemos? En fin, voy a sentarme.

Pete se adentró en el local buscando un par de asientos lo suficientemente retirados de las mesas largas y más concurridas. Juzgó a los presentes bebiendo sus cafés con sus computadoras abiertas y audífonos en sus oídos, juzgó a quienes se preocupaban de sus libretas, escribiendo furiosamente y a quienes conversaban animosamente mientras se comían su rollo de canela con sobreprecio y, finalmente, se juzgó a sí mismo por estar ahí presenciando todo.

Vaya mierda.

Se sentó en un asiento de cuero falso color crema, se cruzó de brazos y cerró los ojos esperando a Michael y los espressos o americanos que traería para ellos. Luego de esta parada, quizás irían al cementerio a pasar el día mirando el cielo nublado (esperaba que estuviese nublado) pretendiendo ser un cadáver más pudriéndose en aquel lugar, fumar, leer y escribir, para luego deambular por el bosque, perderse al atardecer, y morir al lado de la carretera como un maldito animal atropellado. 

Sus pensamientos se volvían más y más pesimistas de una forma poco interesante en lo que pasaban los segundos, hasta que escuchó a Michael aclarándose la garganta y el sonido de un vaso de café resonando en la mesa frente a Pete. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Michael, neutral, dándole un sorbo a su vaso de café grande, no… venti. Lo siguió con la mirada hasta que este se sentó frente a él en otro pequeño sofá de cuero falso, sin romper el contacto visual hasta que Michael le hizo una seña para que bebiera de una vez por todas su maldito café conformista (o al menos así sintió ese ínfimo movimiento de cabeza).

Pete se incorporó de su cómoda posición y miró su vaso cubierto con esa tapa de plástico blanco. Volvió a mirar a Michael y vio como este sacaba unas bolsas de papel (también de Harbucks) y ponía una frente a él.

—¿Qué es esto? —preguntó mientras tomaba la bolsa y miraba su interior; un rollo de canela. 

—Una cosa es que te mantengas despierto y la otra es que no te suene el estómago cada cinco minutos.

—No me ha sonado el estómago…

—Aún. —Pete apretó los labios, no era extraño que Michael fuera considerado con él, pero aún así solía sentirse extraño cuando este lo hacía. 

—Vale, vale. Pero toma la mitad. —dijo sin mirarlo a los ojos, enfocando su atención en sacar el rollo de su confinamiento. 

—Tengo uno para mí, no te preocupes. —replicó Michael y volvieron a hacer contacto visual mientras este le mostraba una bolsa de papel similar a la que Pete tenía frente a él.

—Oh. —dijo en voz baja y se sorprendió al darse cuenta que se sentía tan solo un poco decepcionado de no poder compartir la amabilidad del otro. Era completamente justificado; Michael se preocupaba por él y Pete quería hacer lo mismo.

Dejó el rollo de canela sobre la bolsa de papel y tomó el vaso de café con ambas manos, calentándolas con el calor que emanaba de él. Sabía que tendría que ir por azúcar ante la ausencia de sobres de ella en la entrega especial de Michael, pero primero quería, no, necesitaba darle un sorbo. La idea de por fin tomar café hacía que se le hiciera agua a la boca; esperaba sentir la amargura de un americano y sentir el golpe de la cafeína, pero fue recibido por un sabor completamente diferente. 

—¿Qué mierda es esto? —preguntó con una mezcla de extrañeza y frustración mirando acusadoramente a Michael, quien se cubría la sonrisa con su propio vaso.

—Tu Pumpkin Spice Latte, princesa. —susurró, divertido, dando un sorbo largo a su café. Pete gruñó rodando los ojos pensando que era todo demasiado perfecto para ser cierto. 

—Sabes que lo dije por joder. —Le explicó, como si hiciera alguna diferencia en ese momento. Michael sacó con sus dedos pálidos un pedazo de rollo de canela, sonrisa aún plasmada en los labios.

—Lo sé.

—¿Qué estás bebiendo tú? —preguntó entrecerrando los ojos, como si dudara de la respuesta que recibiría.

—Americano. —respondió metiéndose en la boca el trozo de rollo de canela. 

—¡Hey! —dijo ofendido dejando con cuidado su vaso sobre la mesa. —¡Yo quería un americano!

—Las instrucciones no fueron claras. —respondió Michael encogiéndose de hombros.

—Oh, vamos. —Pete se quejó, mirándolo seriamente. —dame el tuyo.

—No jodas, Pete. Bebe tu café.

—Dame al menos la mitad del tuyo, esta mierda no me va a despertar ni en un millón de años.

—Yo te veo bastante despierto.

—¡Michael! —contestó Pete, golpeando levemente la mesa con su puño.

—Okay, okay, tienes un punto. —dijo levantando las manos en forma de derrota.

—¿Ves?

—Está bien, bebe tu mitad e intercambiamos.

—Hecho. —Pete levantó la mano para que el otro la estrechase, sellando el pacto de intercambio, porque tenía que ser oficial, no dejaría que Michael le engañara para que se bebiera su Pumpkin Spice Latte sin reclamar más. Michael se quedó mirando la mano de Pete y rodó los ojos, pero imitó la acción, estrechando la mano del otro y apretando con fuerza.

—Ahora come, el rollo se enfría. —dijo una vez terminado el apretón de manos y volviendo a su ahora americano por compartir.

Comieron y bebieron en silencio, y luego de un rato, el Pumpkin Spice Latte comenzó a saber bien, demasiado bien. Pete consideró terminarlo, pero un americano sonaba una idea mejor para terminar ese desayuno improvisado en ese lugar. Se notaba que el azúcar y la cafeína comenzaban a hacer efecto en su humor, su postura se relajaba bajo la música de fondo y sacó su teléfono. Una idea malvada invadió su cabeza; abrió la cámara y enfocó a Michael, quien había sacado una libreta y se entretenía escribiendo lo que parecía poesía mientras daba sorbos de su vaso con el logo de Harbucks en perfecto ángulo para el registro. Click. Perfecto, Michael no se había dado cuenta, o al menos eso pareció.

—¿Qué mierda hiciste? —dijo Michael mirándolo con el ceño fruncido. Bueno, lo intentó.

—Nada. —contestó Pete, cerrando la aplicación y pretendiendo estar haciendo otra cosa en su teléfono.

—Me tomaste una foto, ¿no? —Pete consideró mentirle y apelar a la vanidad de sus palabras, pero era demasiado trabajo.

—Sí, para extorsionarte; Michael en un Harbucks, quién lo diría. —dijo soltando una leve risita burlona.

—Sí tú tienes la foto significa que tú también estuviste en uno. —respondió Michael, burlándose de vuelta. Pete dejó de reírse. 

—Bah, le quitas la diversión. —dijo Pete dejando su teléfono en la mesa a lo que rápidamente Michael lo tomó. —¡Hey! No borres la evidencia.

Desde su posición Pete pudo ver cómo Michael desbloqueó su teléfono y se encogió de hombros. De seguro eliminaría la fotografía, pero olvidaría borrarla de la papelera y así Pete aún tendría su evidencia. Michael se quedó un rato mirando el teléfono sin hacer nada más y Pete se puso nervioso.

—Hey, devuélvelo, no estés espiando. —reclamó rápidamente, y sus palabras parecieron sacar a Michael de un leve trance en el que este había entrado y le pasó el teléfono inmediatamente. La fotografía que le había tomado aún estaba en la pantalla y Pete, luego de mirar confusamente a Michael, le puso atención a la pequeña pantalla. La fotografía había salido bastante bien, la luz cálida del lugar era una visión extraña en el contraste blanco y negro de Michael, aquella luz junto con los diferentes tonos café del lugar parecían una especie de filtro sepia y, junto con la posición relajada del gótico y su expresión concentrada en su libreta hacían que la composición fuera simplemente impresionante para una fotografía rápida de teléfono.

—Vaya, salió bien. —pensó en voz alta y Michael hizo un sonido afirmativo con la garganta. Pete lo miró con curiosidad. —¿Quieres que te la envíe? —Michael entrecerró los ojos y miró hacia el lado, pensativo. —Puedes difuminar el fondo si te jode que sea un Harbucks. —añadió Pete, logrando que Michael le mirara de vuelta.

—Sí, envíamela.

Pete procedió a hacerle caso y, una vez enviada la fotografía, dejó su teléfono a un lado y terminó su mitad de la bebida en sus manos. Con el rollo de canela ya consumido y su parte del trato cumplido, se dedicó un poco más a mirar a su alrededor de una forma relajada, en realidad era un lugar cómodo en el que estar, odiaba pensarlo, su lado inconformista empedernido y malhumorado quería quejarse aún más de lo que lo había hecho, pero esta vez su furia había sido apaciguada gracias a la ofrenda de un estúpido y sabroso Pumpkin Spice Latte de parte de su mejor amigo. Miró a Michael y a su vaso de Americano dejado de lado.

—Oye, —llamó su atención y esperó a que el otro dejara de garabatear en su libreta y lo mirara. —¿Terminaste tu mitad? —señaló con el dedo el Americano abandonado. Michael, como recién recordando que tenía un café que beber, tomó el vaso y dio un largo trago, para luego pasárselo a Pete.

—Sí.

Pete recibió la bebida aún caliente y antes de beberlo se calentó las manos con el vaso. Honestamente, era una de las cosas que más le gustaba de beber café, luego del café en sí, claro. Solía tener siempre las manos frías fuese cual fuese la estación del año en la que se entraran; al principio pensaba que era normal, hasta que Henrietta le comentó que podían ser problemas de circulación y toda esa mierda médica, pero quizás era solo que South Park era un lugar extraño. O todo ello junto.

Daba igual.

Cuando bebió por fin el Americano entre sus manos se sintió como en la cima del mundo y ahora con una nueva perspectiva de la vida, cerrando los ojos con el vaso aún entre las manos, analizó su situación. Había sido llevado a una cafetería diferente, con buen ambiente (que fuera un Harbucks era lo de menos ahora), por una bebida dulce (siempre le ha gustado el dulce más de lo considerado saludable) y comida (¡dulce!) por su mejor amigo en una muestra de preocupación y hastío a su condición (mal humor) y luego le llegaba la bendición de medio Americano aún caliente. No podía pedir más en ese momento.

Dentro de su reencontrada felicidad pudo distinguir una risita característica, la misma que escuchó cuando casi se da en la cara con el piso de la escuela. Entreabrió los ojos con curiosidad y vio a Michael mirándole fijo con una sonrisa plasmada en los labios y su teléfono frente a él.

—Ah, —Pete se quejó sin real intención dejando el vaso en la mesa y mirando hacia el lado— Me atrapaste.

—Material de extorsión. —comentó Michael, mostrándole de lejos la fotografía que le había tomado.

—Si una sale al público la otra lo hará de igual manera. —contestó Pete, encogiéndose de hombros. —Déjame verla de cerca.

—No confío en ti.

—Oh, vamos, no seas denso.

Michael suspiró y se levantó de su asiento para acercarse a Pete y mostrarle la fotografía sin entregarle su teléfono.

—No jodas, Michael, no la voy a borrar.

—Permíteme no creerte.

—Como sea.

La fotografía tenía las mismas características que la que él le tomó a Michael hace un rato en términos de ambientación, pero se sentía aún más cálida por la expresión de satisfacción en el rostro de Pete, incluyendo la pequeña sonrisa que se lograba ver cerca del borde del vaso plástico. Instintivamente, Pete agradeció que no se viera el logo de Harbucks en el vaso, pero para ser honesto, ya le importaba una mierda ese detalle. Michael retiró el teléfono, pero antes que pudiera volver a su asiento, Pete le agarró del brazo de su abrigo, deteniéndolo.

—Gracias. —comentó en voz baja, mirando la manga sujetada y, de un momento a otro, lleno de vergüenza por seguramente haberse comportado como un imbécil debido a la falta de cafeína.

—¿Por la foto? —preguntó Michael un poco confundido. Pete lo soltó y se llevó la misma mano al puente de la nariz.

—No, imbécil. Por… —se quedó en silencio y levantó los hombros en vez de terminar la oración, Michael abrió un poco los ojos al comprender la situación y le dedicó una pequeña sonrisa.

—Está bien, estúpido.

—Que conformista es todo esto, detente. —Pete se tapó los ojos con las manos en una simulación de sufrimiento.

—Tú comenzaste. —comentó Michael, cada palabra expresando lo divertido que sentía que era toda la situación.

Se quedaron en silencio un rato más hasta que Michael recordó su mitad de Pumpkin Spice Latte y le dio un sorbo.

—Esta mierda es demasiado dulce para mí.

—Lo dices después de comerte un rollo de canela.

—Sí, y mantengo mi postura.

—Lo que digas, señor amargo.

—Eso fue estúpido. El problema es que tú eres demasiado dulce.

—¿Que soy qué? 

—Que te gusta demasiado lo dulce.

—No, no, dijiste que soy dulce. —Pete se rió por lo bajo, más de avergonzado que de burla. —Conformista.

—Si fuera caníbal, de seguro que lo notaría así. —comentó Michael, casual.

—No sé si funciona de esa forma. —cuestionó Pete, intentando recordar sus conocimientos sobre canibalismo.

—Yo tampoco, pero es demasiado temprano para corroborarlo.

—¿Canibalizarme?

—Buscarlo en internet, estúpido.

—Sí, es demasiado temprano, al parecer. —Michael asintió con la cabeza y ambos rieron abiertamente por primera vez en el día.

—Estamos jodidos. —comentó Michael mirándole fijo con la sonrisa plasmada en el rostro.

—Demasiado jodidos. —confirmó Pete sosteniéndole la mirada, pero tapándose la boca. Sus mejillas comenzaban a doler por lo mucho que había gesticulado en tan poco tiempo. Al parecer, de verdad no estaba tan acostumbrado a utilizar esos músculos.

Hubo un silencio cómodo en donde ninguno de los dos quitó los ojos de encima del otro, hasta que las risas y las sonrisas se devolvieron a sus muecas serias de siempre, momento en que se volvió un poco incómodo estar mirándose.

—Podríamos… —comenzó a decir Michael enfocando la mirada en el vaso de Pumpkin Spice Latte. —Podríamos ir a mi casa a ver una película.

—Sí, —confirmó Pete, —es mejor que lo que había considerado hacer para pasar el día.

—¿Hm? ¿Qué habías pensado? —preguntó Michael con curiosidad.

—Nada relevante. —contestó Pete. —Producto del mal humor. —añadió encogiéndose de hombros.

—De seguro, te pones muy gruñón.

—Como sea. —contestó Pete tan solo un poco indignado, pero sabía que era cierto. —¿Vamos? Podemos bebernos esto en el camino. —comentó haciendo una seña a los vasos a medio terminar.

—Claro.

—¿Qué quieres ver?

—Podríamos empezar por Donnie Darko. —sugirió Michael, guardando su libreta y su lápiz en la mochila, sin ningún cuidado. —Últimamente he estado recordándola.

—No veamos la secuela, por favor. —suplicó Pete poniéndose de pie.

—Esa no existe.

—Exacto.

Notes:

¡Gracias por leer!
Quería comentar que tengo un tumblr en el cual subo sobre los fics que tengo acá y material de South Park de otros artistas del fandom. Si quieren enviarme un mensaje para conversar de South Park (u otra cosa), ¡bienvenidos sean!
Mi nombre usuario es Tobokomo, igual que aquí.
¡Nos vemos!