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Han transcurrido unos 40 años desde que Jügerson grabará sin proponérselo la primera psicofonía conocida, ya saben, una en qué su madre muerta le llamaba cariñosamente por su nombre; otra que probablemente recuerden se grabó en una casa abandonada, una voz de niña venida de lejos se preguntaba "¿Qué hago aquí?"...
Teruki Hanzawa, un joven victoriano, piel pálida, ojos azules y vacíos, cabellos rubios bien acomodados y peinados, sus ropajes demostraban el linaje alto que poseía, alguien fino y de buen porte, pero también una marca morada alrededor del cuello que delataba la forma en que había muerto, solía vagar por los rincones de aquella mansión sin opción a muerte y así durante la eternidad, pero siempre con el recuerdo de su amor.
Estaban huyendo desesperados ocultándose en los rincones de aquella mansión, tenían las manos entrelazadas sin intenciones de soltarse, los habían descubierto, le había dicho a Shigeo que no los hallarían ¿Y qué pasó? Los delataron y ni siquiera sabían quién había sido, sentía que lo defraudó. Se escondieron en una habitación algo oculta, sería difícil encontrarlos.
–Shigeo, amor mío, te doy mi palabra de que mientras yo viva, nadie te hará daño– decía en un suave susurro discreto mientras tomaba su mejilla y la acariciaba con afecto.
–Teruki, no digas eso, nadie nos hará daño, tú no morirás... Prómetelo– alegó con desespero buscando los ojos de su amado.
Hanzawa abrió la boca para decir algo, pero en ese momento escucharon susurros en la puerta... Los habían escuchado, el rubio sintió pavor, con rapidez metió a su querido en un clóset profundo, mierda, ¿Por qué no se le había ocurrido antes? Lo dejo dentro y lo cerró no sin antes darle la llave para que escaparan en cuanto no oyera ni un solo ruido fuera del lugar.
Tan solo un día antes habían prometido huir de aquel lugar donde no los aceptaban, querían vivir juntos sin miedo; pero a veces todo es tan fugaz y tan cruel, en cuento los policías llegaron encontraron al rubio solo, sinceramente agradecía que no revisarán más allá de donde estaba él, le colocaron una bolsa de tela cubriendo su rostro ya que mínimo tenía el privilegio de no estar ante la humillación social.
El día había llegado, era hora de su ejecución, esperaba que su amado Shigeo hubiera escapado a otro lado, uno donde no lo persiguieran, estaba vestido con un camisón de tela bastante fina, había algo de frío esa mañana, le dieron el último alimento de toda su vida y le colocaron unos pesados grilletes en sus muñecas y tobillos, los cuales iban unidos a otros condenados por medio de pesadas cadenas, suspiro y siguió el camino guiado por los demás.
Enfrente de él su destino, la horca, a su alrededor mucha gente que iba a ver la ejecución como si fuera un espectáculo, nunca había sido fan de ver esto como un simple entretenimiento y mientras más divagaba sus ojos fueron a parar en... Los ojos de su amado, entre tanta gente, se aseguraba de no ser descubierto por medio de una capa de algún campesino o algo así debería haber sido.
El capellán de la prisión empezó a rezar para que llegáramos al "reino de los cielos", hace tres domingos había, según el mismo capellán, hecho las pases con Dios; de verdad esperaba que acabará pronto para que Shigeo no sufriera demasiado y se fuera, cuando lo colocaron frente a su parte de la horca soltó:
–Te esperaré durante toda la eternidad en el lugar de nuestra separación– cerró los ojos mientras declamaba, el verdugo coloco la cuerda alrededor de su cuello y... Jalaron la palanca haciendo que todo fuera obscuridad.
Abrió los ojos, vió a sus lados, parpadeo varias veces y se levantó viendo que estaba en el lugar donde los habían capturado, se levantó y empezó a pensar que todo fue una pesadilla hasta que fue a una de las ventanas, pego su mano a ella y no salía más allá del marco... No podía pasar más allá del marco, si estaba muerto.
Quería salir de ahí, encontrarse con su Shigeo y estar junto a él, con el paso del tiempo, no sabía cuánto, si meses, años o décadas, empezó a resentir el estar solo, se sentía sumamente solo, estaba triste, horriblemente triste; como si solamente supiera que tenía alma por sus lágrimas inexistentes. Estaba solo y en toda su eternidad estaría condenado a la soledad.
