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Encuentro

Summary:

“You're so so pretty”
“... ¿Qué?”

O, Joel acaba de cometer un error.

Notes:

Este fic se volvió mucho más dramático y extenso de lo que esperaba que fuera. Se supone que sería algo corto y gracioso y terminé con más de ocho páginas en el documento de google.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La vida de Joel había tomado un giro interesante para variar.

 

Al estar sentado frente a uno de sus relojes, más de diez horas de concentración pura sin espacio para baños o comida, una infernal luz verde traspasó la pared de su taller; fue petrificado instantáneamente.

 

Luego de eso bienvenido se vio por la oscuridad del vacío, y en medio de aquel mar incierto, privado de todos sus sentidos, un pensamiento molesto y patético se escabulló desde los rincones de su mente hasta embarcar la conciencia: Estaba solo. Sin padres o familiares cercanos, sin amigos, sin pareja. Moriría sin haber tenido descendencia, o sexo— por el amor de dios, sin haber dado su primer beso. Tras toda una existencia de trabajo, al menos hubiese querido amar y ser amado alguna vez. No estaba entre sus arrepentimientos el dedicar cada segundo a su arte, jamás, eso había valido la pena. Sin embargo, viéndolo en retrospectiva… Un día o dos invertidos en una agradable cita, tomando whiskey con una persona hermosa que lo comprendiera, quizás habría hecho la diferencia. 

 

Eran muchos habría, muchos hubiera, y lo hecho no es capaz de revertirse. Las horas pasaron en esa prisión desensorial, su fe menguando, diluyéndose cual arena en lo alto de un vidrio, hasta que se rindió, rompiendo la clepsamia de su lucidez.

 

Entonces se despertó tres mil setecientos veintidós años después, desnudo, avergonzado, y con la noticia de que había un hombre en la luna capaz de lanzar pequeños dispositivos hipersofisticados causantes de petrificar a la humanidad y que, oh sorpresa, quería matarlos a todos. Maravilloso, si su para-nada-intimidante tarea de descubrir el funcionamiento tras las llamadas medusas fallaba, moriría convertido en piedra a manos de un alienígena genocida. Fue el domingo más tranquilo de su carrera.

 

Pero Joel confiaba en su labor. No como se confía en los propios ojos, o en los recuerdos, su confianza estaba respaldada por memoria muscular, práctica, tanta práctica como para enloquecer, y él seguía cuerdo. Pese a toda la presión de ese colosal trabajo, Joel pudo — al codo del brillante artesano del reino científico, Kaseki, con quien tuvo el gusto de beber después— hacer el milagro: Brindarle a la humanidad la temible Medusa. Lo que siguió fue disparos, mucha sangre, mucha muerte, el indescriptible dolor de un brazo destrozado, y silencio.

 

La segunda vez no fue tan aterrador. De hecho pudo pasar sus últimos segundos sonriendo, una fe infantil y hermosa en esos chicos del Reino científico abriéndose en su corazón. Moría por saber cómo eran aquellos que en Araxá encontraron su caída.

 

Así fue como, años después y con la paciencia de un monje, poco a poco pudo conocer al grupo de la expedición a Sudamérica.

 

Ni bien regresó a la vida se encontró con Ukyo y Taiju, tardando poco en expresar su decepción por la ausencia de Kaseki ¿Podían culparlo? Los hombres de su nivel no eran comunes en ninguna época, ansiaba tenerle de frente. A Senku —el legendario científico cuyos hombros llevaban la fe de su reino—, Ryusui y Chrome era cotidiano verlos por videollamada mientras construían el cohete. Finalmente, conocer a Kaseki se sintió como encontrar la pieza faltante de su oficio. Un compañero ingeniero, un camarada, un amigo. Le importaba, tanto Kaseki como los demás le importaban mucho. Nunca diría nada de eso en voz alta, pero los años le convirtieron en un súbdito leal del Reino científico; había ganado amigos y familia como obra del destino, algo por lo que no podría agradecer lo suficiente.

 

Por último, estaba él.

 

Era extraño sentirse incapaz de ver su rostro. Siempre ofreciéndole la espalda junto a ese haori violáceo, cual velo sideral que deja en el oxígeno la estela de su presencia. Había otros detalles, claro, como la obsidiana nevada de sus hebras o el delicado movimiento conformando sus extremidades. Mil historias de su afilada mente, de increíbles hazañas. Los pies descalzos y la voz tan suave, un cuello esbelto y manos finas. Asagiri Gen no salió de la torre de control ni por un momento, orbitando ansiosamente alrededor del Dr. Xeno con hombros muy tensos. En consecuencia, no tuvo oportunidad de verlo— de conocerlo correctamente, darle cara a la voz que apaciguaba el reino, hasta este día.

 

No fue sorpresa que la victoria de los astronautas trajera júbilo mundial. La humanidad en esfuerzo conjunto venció al gran depredador de la luna, sin bajas en el proceso; una fiesta era el desenlace más obvio. Asistió con Kaseki, bebieron como condenados a muerte, veloces e impacientes. En algún momento Kaseki lo dejó solo, con su cabeza tocando el mesón del bar, algo mareado, perdido—

 

Y toda la premura de los últimos años, el ritmo urgente de la vida, la molesta velocidad a la que rotaba el planeta, pereció en un click silencioso, como las manecillas de un reloj roto. De repente entendió que todo había pasado muy rápido, que aún ni siquiera tenía treinta años, que era incómoda la prisa de cada evento y que deseaba, con toda su alma deseaba, respirar sin sentir que el tiempo se le iba de las manos. El contraste de ritmos congeló su corazón, y le fue innegable el pensamiento de que cada hora, cada minuto, cada segundo marcado por el ulular suave de sus inventos, tuvo como único propósito este momento empapado de ruido borroso.

 

Bajo las luces doradas de la celebración, Asagiri Gen lucía ojos marinos y labios rosáceos.

 

—Joel-chan, por fin nos conocemos.

 

Se sentó a su lado con naturalidad, a la distancia en perfección prudente que sólo puede calcular un mentalista, y su propia mente ahogada en alcohol empezó un trabajo acuoso buscando respuesta.

 

Lo cierto es que, viéndolo de cerca y dando fin a esas agonizantes semanas de sólo percibir su silueta, había algo en Gen que lo incomodaba. Algunas cosas. Desde su cabello de aspecto suave, las pequeñas cejas, aquellos ojos brillantes enmarcados en pestañas frondosas y oscuras— un rostro grácil como toda su anatomía, las puntas elegantes de sus dedos y toda la femenina delicadeza que opacaba su figura varonil.

 

Un hombre hermoso, de la forma en que las mujeres son hermosas. Joel había conocido otros parecidos a él; que se deslizaban en piernas largas y magnéticas, que movían con intención sus labios llenos y rojos. Pero ninguno como Gen Asagiri, de quien su mirada sólo podía hacerse esclava.

 

Con las piernas cruzadas y una sonrisa paciente, el joven prosiguió ante el silencio de Joel.

 

—Entiendes japonés ¿No? Kaseki-chan no habla inglés después de todo.

 

—A-Ah, sí, hablo un poco... —Alzó la cabeza debilmente. Su contestación llegó algo tarde y sin ausentarse de torpeza, preguntándose por qué era imposible dirigirse a Gen como a todos los demás hombres— ¿Gen Asagiri, no? —Fingir que no había estado obsesionado con él las últimas semanas fue parte importante de un intercambio decente. 

 

—El mismo que canta y baila~ ¿Pero cómo aprendiste? Por lo que sé, sólo hablabas en inglés cuando te despetrificaron.

 

—Tus compañeros en América me enseñaron lo básico.

 

—¿En serio~? Pero no es una lengua fácil y tú pronuncias muy bien —Sonrió todavía más y apoyó su codo sobre la mesa—. Aunque no debería sorprenderme, eres un hombre brillante.

 

Aliviado de que apestaba a cebada, no le preocupó disimular el rojo intenso de sus mejillas.

 

—Por supuesto que lo soy, pero no trabajé solo y... Aprender otro idioma no es la gran cosa.

 

—Oh, pero claro que lo es querido, nunca le quitaría mérito a algo así —Esa voz encantada bajó de forma imperceptible, como el arrullo de una sirena; Joel se sintió mareado de nuevo—. Aparte de eso eres increíble como ingeniero, no está de más que te dé las gracias por tu ayuda con las medusas, nos salvaste.

 

Ante la hermosa sonrisa del contrario y esas manos delgadas jugando con una botella de coca cola, el joven pelirrojo sintió su garganta repentinamente seca. El sorbo de whiskey que había quedado en su vaso le dio suficiente calor a su cuerpo para enfrentar la confusión, aquella de cuello delicado, y suficiente valor para dirigirle la mirada.

 

—Ustedes son gente muy rara —Directo cual flecha al blanco, Joel no se anduvo con rodeos, en parte porque no era su estilo y en parte para ocultar su vergüenza—. No entendía por qué confiaban tanto en Senku, en el reino, cómo lograban esforzarse así incluso después de los fracasos... Pero en la lucha por el dispositivo petrificador lo comprendí —Si Gen notó esa sonrisa, plena y vivaz recordando el momento en que se entendió a sí mismo como integrante del reino científico, decidió no comentar nada y lo agradecía—. Ellos confiaban en la ciencia que me permite hacer mis relojes, es ella la que en verdad nos salvó. No me arrepiento de la decisión que tomé, volvería a hacerlo, siempre. Yo también quería... —"Hacer parte de esa fe" "Confiar y que confiaran en mí" "Pertenecer a algo más grande que yo" Cada pensamiento entramado en su interior, negado de salir al mundo, se sentía expuesto ante la atenta mirada de Gen. Él podía verlos, en sus ojos líquidos, contenidos por la luz dorada reflejada en ellos, en sus cejas apretadas y su boca temblorosa. Lejos de sentirse vulnerable, Joel se sintió comprendido, mucho más cuando la sonrisa de Gen se suavizó.

 

—Están un poco locos, pero son buenas personas... Y entienden ¿Sabes? Entienden las diferencias de todos, las particularidades; no tratan de cambiarte, ni exigen de ti con egoísmo. No esperan nada de ti, nada que no seas tú.

 

Y si la imagen de Gen —absolutamente devoto, absolutamente fiel en su mirada y su voz, refractando el brillo de las luces auréales— no era capaz de enamorar a cualquier ser humano, de hacerle caer rendido a sus pies, nada lo haría.

 

—Por eso encajas perfectamente con nosotros, Joel-chan —El rostro de Gen se iluminó como el sol, alzando su botella de cola en dirección al pelirrojo—. Como las piezas de un reloj, nuestro maravilloso ingeniero.

 

Confiar en la honestidad de un mentiroso por profesión era estúpido; pero el color sincero de su voz se arraigó en los huesos de Joel como una cinta cálida, o a lo mejor era el alcohol haciendo de las suyas. Sea como sea, Gen batía sus largas pestañas, más cerca de lo que recordaba, su aroma a flores inundando el espacio.

 

La hierbamora no tiene olor, pero él olía a cielo, a rocío, a la familiaridad de una estrella.

 

—Deberíamos brindar por eso entonces ¿No?

 

La risa de Gen le siguió a esa oración, y ahora podía darse cuenta. Había un ulular ligero en su pecho al reír, su nariz se arrugaba divinamente, sus mejillas estaban sonrojadas.

 

—Tú toma querido, yo no resisto el alcohol, es una de mis debilidades~ 

 

Sin embargo, la mirada de Gen pasó a contemplar algo en un punto indefinido del cielo, volviéndose a posar en él con renovada determinación en esos ojos afilados.

 

—¿Sabes qué? Está bien, pero sólo un vaso.

 

Joel pidió más whisky, Gen pidió mezcal. Los vidrios chocaron en tintineo delicado y Joel se llevó el vaso a la boca más rápido de lo que permitió a sus ojos fijarse en el sube y baja de un pálido cuello.




Si al comienzo de la festividad tomó demasiado con Kaseki, la presencia enigmática y distractora de Gen no había mejorado la situación.

 

El mentalista al parecer conocía sus límites, y aunque había fallado en sólo beber el único vaso que afirmó, supo detenerse antes de terminar verdaderamente borracho. Lejos de un comportamiento errático —de palabras balbuceadas entre risas burbujeantes, una honestidad incómoda o, un escenario que le hacía tragar saliva, de sonrisas seductoras y frases sugerentes susurradas a su oído— Gen se mantuvo controlado y cordial; en lugar de eso presentaba el más sútil de los atrevimientos, rozando apenas el brazo de Joel y haciendo círculos cortos por sobre la ropa, con las mejillas entintadas de rosa suave.

 

Joel, por otro lado, sentía todo su cuerpo caluroso y cómo cada lugar que Gen tocaba se encendía en fuego frío. La cabeza le daba vueltas, un zumbido molesto permeaba en sus pensamientos, la garganta rasposa y el sueño y la tórrida visión frente a él corroían su percepción.

 

Ahora no sólo estaba ebrio; estaba ebrio con un hombre hermoso a su lado, el cual le hacía sentir cosas que desearía no comprender; ebrio y particularmente conversador, desvariando con mejillas rojas sobre cosas del antiguo mundo que Gen escuchaba sonriendo atento; ebrio e interesado en escuchar al encantador Gen de regreso, tarea no muy dificil considerando que su charla era amena y tal vez muy agradable—

 

Ebrio y sintiéndose valiente para variar, cada trago un disparo que derretía el hielo de su pudor.

 

—'U kidding me right? There's- no way you don't have a partner.

 

Oh, y el japonés había abandonado por completo su cerebro. Incluso formar una sola frase coherente requería un esfuerzo mental que, dado su estado, no era capaz de llevar. Por lo que Gen, bendito Gen, lindo y comprensivo y angelical Gen, le ofreció hablar en inglés para su comodidad. Escuchar su hermosa voz, tan elegante y soficticada en su lengua natal, no estaba ayudando mucho para mitigar el magnetismo que lo empujaba hacia él.

 

—Hmmm~ not kidding in the slightlest, I have never dated anyone, like, at all —Gen posó su dedo índice contra sus labios, guiñándole un ojo en complicidad—. But it's a state secret, just between you and me, Joel-chan.

 

—If the great Gen Asagiri asks me to keep a secret, who am I to refuse? —Cubrió su sonrisa empinando el vaso hacia sí, cuidadoso de no perderse el borboteo de risa que soltó su compañía—. Still, it feels unreal, 'u of all people being single —Y si su pecho se sentía como el escenario de fuegos artificiales, cálido y vibrante ante el prospecto de Gen soltero y disponible, bueno, ese era su problema.

 

—Unbelievable, isn't it? Even when I have so any-may qualities~ —Bromeó con facilidad, soltando una risita pequeña antes de tomar un sorbo de su olvidada coca-cola, la mirada larga en un punto indescifrable—. But realistically speaking, my chances are very low. The people I tend to like have more important things going on, no time for romance when there's a whole giant world to restore —El recuerdo glauco que zurcó su rostro se desvaneció tan rápido como vino, dejando solo un gesto resiliente—. Although that's over, the real problem is that people seem to fear me. How uel-cray~

 

—There's no way anyone could fear you —Su boca ofreció antes de cualquier otro pensamiento, hormigueando con la necesidad de entregar algo, de decir algo, lo que sea— cualquier cosa que fuera agradable hacia Gen, cualquier cosa que pudiera sanar ese gesto en su rostro.

 

—Mm, but they do. It's what's left for a guy like me. Liar… And weak.

 

Joel no era ni la mitad de bueno que Gen: Él develaba secretos como si cada persona fuera un texto a su disposición, desmembraba intenciones malignas armado de su agudeza. Pero el dolor nadó en la superficie de cada palabra, entregado a él en bandera de plata; el tono elevado de su voz apenas ocultando debilmente el cansancio, y la sinceridad desnuda de su sufrimiento lo sacudió hasta desdibujar toda celebración exterior a ellos dos. Como dentro de un mar profundo sintió la mirada borrosa, los oídos víctimas de agua densa; sintió a Gen y aquella tristeza cruda que lo envolvía. 

 

Y era tan curioso, sentir su corazón afligido y añorante por alguien que realmente no conocía. Podría ser el vínculo de personas que se enfrentaron a la muerte tras el mismo ideal, la camaradería de conocer la existencia ajena desde hace tantos años, ser miembros del reino que revirtió el fin del mundo, o tal vez su alma siempre orbitó esperando por Gen. No lo sabía, nunca lo haría; tampoco era importante. Su única certeza, esa por la cual los demás lanzan manos al fuego y exponen su cuello a la horca, es que Gen mostró lo más honesto de sí mismo. Fue el agua, el sol y el viento que hizo florecer lo más honesto de Joel.

 

Guiado tal vez por el instinto más bajo de su cuerpo —el que desgarra la voluntad de la mente y desea con bestialidad, apaciguado quizás por sus propios afectos— extendió su mano y encontró delicadeza pálida, dedos fríos, tal como imaginó. Perfecta para su propia piel que quemaba y ardía, que pedía el tacto de Gen a gritos.

 

—Yo lo único que veo… —Intentó, con su japonés débil y húmedo de alcohol. Trató porque Gen tenía que escucharlo sin la lejanía de un extranjero, merecía amabilidad en la lengua que entendía su corazón—. Es a un hombre sin el cual la humanidad estaría perdida.

 

Porque en las historias de la guerra y las batallas y las dificultades que había escuchado, Gen siempre estaba ahí. Porque nadie más podría igualar la voz de Lillian, ni resolver conflictos con la facilidad de respirar, ni engañar a uno de los científicos más brillantes del mundo, ni entender como Gen lo hacía. Nadie podría alcanzar la totalidad de su humana magnitud, de su bondad y sus esfuerzos. Gen es el sol, y Joel lo miró a los ojos.

 

—Frente a mí hay un salvador amable, alguien con quien me siento seguro —Sonrió—. No hay más que honestidad y fuerza en el hombre que es Asagiri Gen.

 

El mundo entero cesó de girar, nuevamente, parando en un letargo febril que escapaba de su comprensión. Parpadeó, y es que no podía ser cierto, que alguien en serio lo viera de esa manera. Al aguantar la respiración, temblorosa e incrustada en una garganta cerrada, se maldijo porque no podría vivir sin inhalar esas emociones materializadas de sonido, sin hacerlas parte de sí. Se obligó a tomar una bocanada de ellas, las desmenusó en su mente, las guardó en su corazón. Y por primera vez, las palabras abandonaron a quien nunca careció de ellas. 

 

Su mano apretó la de Joel, buscando cada rincón de sus dedos, entrelazadas hasta ser indistinguibles. Manos mezcladas cual respiraciones, mojadas en fuego, interrumpiendo todo pensamiento en ese espacio de la galaxia.

 

—Vas a hacer que caiga por ti.

 

Así que así se siente, anhelar a alguien.

 

—Thanks a lot, my dear —Volvió al inglés con elegancia, sin poder ocultar el brillo acuoso en su mirada. Aquella sonrisa, que escondía ojos azules en la imperfección natural de la felicidad, brillaba más que todas las bombillas de esa fiesta, más que las estrellas reflejando su luz en la luna, más que el nacimiento de una supernova. Gen era el sol, y Joel prefería enceguecer a desviar de su destello—. You've made me the happiest tonight.

 

Los lingüistas dicen que es imposible no pensar antes de hablar, pero ellos no entienden ese momento. El momento en que, apagado el verbal cerebro, alzada su tiranía sobre las demás funciones del cuerpo, el corazón empuja enunciado tras enunciado fuera de su caja y las palabras sólo son capaces de existir lejos del individuo que las reside.

 

Cerca de a quien las destinan los sentimientos.

 

—You're so so pretty.

 

—... ¿Qué?

 

Gen aleja su rostro, Joel sabe que cometió un error.

 

—No —Sentencia al principio, apartándose también en busca de romper lo que sea que había avivado su impulsividad casi siempre controlada, la atmósfera etérea alrededor de ambos cruje y chasquea como vidrio. Es cuando suelta su mano, porque quemaba, la mano de Gen quemaba, que entiende cuán raro suena negar un hecho evidente; carraspea y trata de hallar nuevamente su voz—. Quiero decir sí, o sea, no quise decirlo- No porque no sea cierto, lo es- ¿Es raro que te lo diga? Debes estar cansado de que te lo digan todo el tiempo... O no, disculpa-

 

—Está bien —Cubriendo sus labios con decoro, Gen desvía la mirada en lo que arregla su perfectamente compuesto haori, su rostro pintado de rosa y no tan bien como afirmó—. No me molesta, sólo estoy sorprendido.

 

—Aún así —Joel arruga el gesto al ser testigo de su propia voz incómoda, debe dejar de pensar- O todo lo contrario, sí, debe pensar más antes de abrir la boca y decirle al encantador Gen que es lindo, por más correcto que sea—. Te lo dije de la nada, lo siento.

 

—Insisto en que no hay problema —Al menos Gen no parece enojado. Se alejó, sí, pero aparentemente no por un desagrado a las palabras de Joel; de hecho sus ojos brillan mirando a otro punto infinito, las mangas violetas cubren lo que parece una ¿Sonrisa? contenida y burbujeante ¿Por qué?—. No esperé que lo admitieras tan pronto.

 

Joel parpadea, con todas sus fuerzas trata de evitar pensar en las implicaciones de eso.

 

Pero no aprende y abre su boca de nuevo.

 

—¿Admitir...?

 

—Que te gusto.

 

Por supuesto que Gen lo notó.

 

No es habitual que él se arrepienta de cosas. Joel, tan preciso como debe ser, hasta cierto punto pragmático, encuentra que por eso entiende a Senku. Ensamblar un reloj no da lugar para dudas, cada pieza meticulosamente pensada en su lugar, hasta la parte más pequeña es prevista y predispuesta con un fin. Los hombres como ellos son fanáticos del control que tienen sobre sus creaciones y tratan de aplicarlo a su vida; encaminarse sin pensar el camino, dar un paso sin consideración- Es herejía a su forma de existir.

 

Por eso Joel está aterrado. Lo ha estado toda la noche, en mayor o menor medida, una ínfima zona de su ser temblaba de miedo.

 

Porque Gen le hace sentir cosas que no quiere comprender.

 

Porque no sabe si Gen siente las mismas cosas que él ignora.

 

Porque Gen lo sabe, y ahora decidirá cómo romper su corazón.

 

Fuera de control.

 

—Puedo oírte pensar —El hilo de voz arrancada lo abstrae de sí mismo, recordándole respirar. Cuando su vista enfoca el paisaje, un rostro enrojecido se hace presente, más cerca que antes, desbordando latidos ansiosos—. Deja de hacerlo, concéntrate en mí.

 

Y exactamente eso hace.

 

Apagado de nuevo, más negro que el cielo nocturno, abrazando el nihilismo puro de una mente sin ideas más allá de él él él. Él que es la nada y lo es todo, todo lo que necesita, todo lo que respira, todo lo que puede sentir. La humedad de sus labios lo recibe como hogar antiguo, sus sentidos estallan, sus manos infinitamente juntas. Un primer beso que opaca fuegos artificiales, que hace palidecer a la creación del universo.

 

Sabe a coca cola. Es tan obvio y a la vez el mayor descubrimiento de su mundo, más grande que la petrificación, más grande que la naturaleza de las medusas. Es tan obvio que sus labios son dulces y todo lo que guardan es igual de agradable, que su sabor es caliente y entrecortado, que su olor le inunda los pulmones con campos de flores. Se siente bien, se siente correcto, como si los brazos delgados de Gen fueran lugar predilecto de su estancia, su boca el oxígeno que necesita, sus ojos el sol que lo quema.

 

Las manecillas vuelven a su ulular susurrante, la tierra vuelve a girar, pequeña y finita en el espacio eterno.

 

Como recién liberado de la piedra, Joel se siente vivo.

 

—Por si no era obvio, Joel-chan, también me gustas.

 

 

Notes:

Este fic se volvió mucho más dramático y extenso de lo que esperaba que fuera. Se supone que sería algo corto y gracioso y terminé con más de ocho páginas en el documento de google. Mi excusa es que si Tsukasa y Senku se estaban poniendo gays tras un capítulo de conocerse Gen y Joel pueden ponerse gays en una noche. Quizás el universo de Dr. STONE es una gran caja homosexual (Véase Stanley y Xeno¹).

No sé la fecha exacta de la despeitrificación de Joel, pero creo que según la línea de tiempo debió ser a finales del 5741.

Debo admitir, es bastante autoindulgente; amo a Gen, amo que aprecien a Gen, y me encanta Joel como personaje... ¿El resultado de eso? Joel viviendo una crisis bisexual muuuuuuy postergada xD Hay ciertas cosas que creo encontraría especialmente atractivas de Gen, por lo que pensé en recalcarlas para señalar su fijación por ellas (Veo que el cuello le resultaría sexy, por ninguna razón en particular).

Gen estaba consciente de muchas cosas durante la mayoría del fic, no es ningún tonto, al final todo salió justo como él quería n-n Sólo digamos que no esperaba una admisión por parte de Joel tan pronto... En fin, su belleza provoca todo eso, tiene rostro de omega en el pico de su fertilidad. Gracias por leer !