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Siete Minutos En Tu Paraíso

Summary:

A Sanemi le da gracia ver a Giyuu no entender un juego de adolescentes.
No imaginaba que una simple broma entre maestros podría terminar despertando algo más complicado.

Notes:

Es mi primer fanfic en Ao3
Espero le guste a alguien.
Está inspirado en los montones de tiktoks que me salían con la canción Seven Minutes In Heaven - Mindless Self Indulgence
Y que sepan que escribí la mayoría del primer capítulo en una sala de espera lol
Prometo actualizar pronto si a alguien le interesa

Chapter 1: La sala de maestros

Chapter Text

El timbre sonó dando por finalizado el día de clases. La mayoría de los alumnos salieron corriendo para irse del lugar como de costumbre.

Mientras tanto, en la sala de maestros, Shinazugawa califica exámenes con cara de fastidio como es común. En una mesa más alejada, Tomioka conversa con Shinobu calmadamente tomando té. Y por su lado, detrás de un archivero, Tengen toma una siesta.

La sala normalmente a esta hora quedan pocos profesores, por lo cual no suele ser un lugar muy ruidoso o molesto. El día de hoy solo hay cuatro personas en el sitio, todos en lo suyo.

Eso hasta que notan una risa de una mujer algo escandalosa que se acerca a la puerta.

Acompañada por Obanai entra la señorita Kanroji que parece tratar de contener su risa sin conseguirlo.

—Justo a quienes quería ver —dice, dirigiéndose a tres personas en concreto.

Solo logra llamar la atención de Shinobu y Giyuu que la voltean a ver sabiendo que probablemente tienen que ver.

—Hoy tarde un poco en llegar a mi clase, bueno, tal vez más de un poco.

Sanemi eleva la mirada para juzgar a su amiga con los ojos sin decir palabras.

—En fin, al llegar ¿Saben con qué clase tenía hoy? —pregunta en juego.

Shinobu suspira colocándose una mano en el entrecejo.

—¿Qué hizo? —inquiere refiriéndose obviamente a Inosuke.

—Mejor dicho que hicieron —dice esto último un poco más alto para llamar la atención de todos.

Shinazugawa suelta la pluma con la que está calificando para prestarle atención. Tomioka por su lado, deja la taza de té en la mesa más cercana. Y Uzui se reclina hacia adelante dejándose ver para escucharla con atención, tiene esa sonrisa de que va a molestar a sus compañeros.

—Que hicieron sus engendros. —se burla de sus compañeros hasta que Kanroji lo nota.

—Zenitzu también estaba.

Solo esas palabras son suficientes para calmarlo y que preste atención como los demás.

—Bueno continuó.

Se acomoda sobre una mesa cruzada de piernas. Con un aire de altanería que Sanemi conoce como no es para tanto, pero me encanta.

—Sí, sí, que ibas tarde a clase ¿Y? —la acelera.

—Pues al llegar note que los chicos estaban casi todos sentados en un círculo, algo rojos y había una botella en medio. Saquen sus conclusiones —dice con una sonrisa, ya que al parecer la escena le dio mucha gracia.

La mente de todos en la sala, menos de Giyuu, crea las teorías posibles de que estaría pasando.

—Y cuando me vieron se levantaron inmediatamente. Cada quien se va a su lugar y yo voy a abrir el armario donde suelo guardar mis materiales y ¿Saben que me encuentro?

Una risa se le escapa a Tengen al recordar sus años de adolescencia.

El humor tenso que hubo en la sala por unos momentos se tranquiliza, dejando a la mayoría con la conclusión de que era lo que había pasado.

Al ver como la serenidad volvió a sus compañeros, Giyuu se tranquiliza igualmente, pero sigue sin entender.

—Pero entonces ¿Qué era? —pregunta, recibiendo una mirada de todos.

—Por favor, Tomioka, uno más uno es dos. Chicos en un círculo, avergonzados y un armario ¿Lo entiendes?

Tras las palabras de Uzui hasta Shinobu asiente a su lado como si para todos fuera obvio lo que para él no.

—¿Por qué no me sorprende? —se aguanta una risa que le quiere salir al ver el rostro ladeado del maestro.

—¿Qué Shinazugawa? Podrías explicarme, por favor —pide tranquilamente.

Ese comentario genera una risa en Tengen que se contagia con todos, menos con el nombrado.

Aunque imperceptible para los demás, Sanemi nota como un pequeño calor le sube por su cuello.

—¿Nunca jugaste siete minutos en el paraíso? —cuestiona Mitsuri muy sorprendida.

Él niega con la cabeza tratando de entender la gracia de la que todos se ríen.

—Que Sanemi le enseñe —sugiere en broma desde la puerta Obanai, solo para molestar a su amigo.

Cosa que funciona porque a cambio recibe un dedo de en medio del nombrado.

Tomioka le mira esperando que no sea broma y si le enseñe.

Shinazugawa se apiada de él por una vez y niega levemente con la cabeza como una señal para que se dé cuenta de que lo están molestando.

Giyuu hace una pequeña “o” con su boca antes de asentir como agradecimiento por decirle.

—Ya me diste pena —dice su amiga más cercana. —Es un juego donde te meten en un armario o un lugar por siete minutos con otra persona y hacen lo que quieran —explica al fin, aunque dejando aún más dudas en su compañero.

—¿En serio nunca lo jugaste? Tal vez si sea buena idea que Shinazugawa te “enseñé” —sugiere coquetamente Uzui.

—Me acuerdo una vez cuando estaba jugando que…

Dejaron el chiste de lado para sumergirse en un momento de anécdotas sobre sus años de adolescencia cuando jugaban. Sobre todo Tengen y Kanroji.

La mente de Sanemi estaba demasiado ida, fingiendo leer exámenes mientras pensaba en todo lo que haría si le dieran siete minutos con Giyuu en cualquier armario.

No puede negar que ciertamente el hombre le atraía de una manera que no tenía sentido, aunque a veces le sacara de quicio.

Se abofeteó mentalmente por pensar eso en el trabajo y prefirió volver a los exámenes.

—Shinazugawa parece alguien que seguro le iba muy bien en esos juegos —sugirió Kanroji.

Él levantó la vista de los papeles, alcanzando a notar como un poco sonrojado Tomioka le estaba prestando toda su atención. Parecía que gracias a los ejemplos de sus compañeros ya entendía que el juego a veces no era tan inocente.

—Solo un par de veces jugué a esa mierda —dice con desdén, pero apoyándose en su tono para dejar una leve muestra de misterio.

Realmente de esas dos veces, en una solo se quedó hablando con su amiga durante esos minutos, y en la otra solo se dieron un beso común.

Pero por el ceño fruncido de Giyuu al oírlo hablar del tema, merece la pena hacerlo ver más de lo que fue. Esconde una sonrisa entre los exámenes antes de seguir con lo suyo.

— Creo que tendré que hablar de esto con Tanjiro más tarde —murmura soltando un bufido, como si lo encontrara de lo más agotador.

— Recuerdo cuando le di la charla a Inosuke, me dijo “tranquila ma’ no voy a embarazar a ninguna mujer”. Desde ahí noté que casi solo se junta con hombres —dice Shinobu con toda la tranquilidad haciendo reír a un par.

—Hablando de eso, los chicos me contaron quienes habían estado en el armario ¿Quieren saber?

Después de una sesión de chisme, de la que Giyuu solo saco que debía darle “la charla” como su tutor a Tanjiro, todos fueron abandonando el lugar. Dejando como últimos a Sanemi que empacaba sus cosas, y a Tomioka que debía cerrar, podría haberle dejado las llaves a su compañero, pero no lo hizo.

Salieron en silencio recorriendo los pasillos hacia la salida. En uno de ellos pudieron ver la puerta de un armario de escobas.

El pelinegro se congeló delante de ella unos segundos. Su compañero se giró para verlo acusatoriamente.

—¿Qué? ¿Al final te dieron ganas de jugar? —dice en broma, aunque en una parte de sí, no es tan broma si él se lo pide.

Los ojos azules se clavan en él haciéndole tragar en seco.

—No, no suena a algo que me gustaría —en sus palabras se nota que trata de bromear, pero Sanemi no puede evitar divagar en la idea de que él lo haría disfrutarlo.

Se regaña mentalmente nuevamente al pensar eso en el trabajo antes de seguir a Tomioka a la salida.