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Sin ti, sin el oro

Summary:

Una pequeña parte de Kamila murió durante los Juegos Olímpicos, Anna estuvo allí para verla caer desde el principio.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Prólogo.

Chapter Text

No hay escapatoria, no hay salida a lo que aconteció en esos juegos. El periodismo internacional la está tachando de “vergüenza nacional” y no habrá un perdón asegurado al regresar a su hogar en Rusia. Le gustaría ignorar cada mirada, la prensa e incluso a Anya.

Anna.

Ella estaba justo ahí cuando lo hicieron. Fue después de las primeras pruebas de dopaje, para los Olímpicos; antes del desastre, cuando rieron y salieron en calma por la puerta de aquel lugar tan vacío, pero asquerosamente desinfectado, recuerda haberle murmurado levemente a Anna con una pequeña sonrisa que eso ya había pasado. Le dijo con una dulzura característica que era un sinsentido, que no tuviera miedo; porque a Anna no le gustaban las agujas.

De la misma forma que a su mejor amiga odiaba profundamente ser interrumpida durante un ensayo completo para su próxima competencia, le disgustaba de sobremanera los hospitales, englobando a doctores y enfermeros por igual.

Kamila, por otro lado, lo encontraba tierno, a pesar de sus berrinches y el malhumor injustificado posterior al pinchazo de la prominente aguja; lo veía con gracia, dado que Anna era dos años mayor que ella y seguía actuando como una niña. Escuchó a Eteri decir en una ocasión al terminar uno de sus entrenamientos.

Sin embargo, a ella no le gustaba entrometerse en los asuntos de los demás. Especialmente, en las tantas reprimendas diarias de su entrenadora, dirigidas a sus compañeras cuando daban a conocer su disgusto por algo.

Le interesaba mucho más enfocarse en lo que percibía más importante para mantener su propia supervivencia asegurada sobre el recinto de hielo de su entrenadora. El tratar de seguir de pie, incluso cuando no lograba aterrizar su pie correctamente para algún salto, era el verdadero desafío para ella.

Cuando los entrenamientos duraban más de 5 horas, las ganas de llorar aumentaban, porque sus piernas llegaban sobre su cabeza más veces de las que podría contar y era tortuoso sufrirlo en silencio. El sacrificio por llegar a los juegos Olímpicos y ser la campeona, eso fue lo que Eteri dijo: que el camino no debía de ser fácil.

Kamila la vio de pie, en medio de la pista, durante el breve descanso de cinco minutos. Estaba atrapada dentro de su propia confusión y rabia contenida, al recibir con pena otra de las reprimendas vacías de su entrenadora al fallar un salto.

Lo supo cuando observó que Anna lograba respirar a duras penas. Su respiración era lenta y el aire que exhalaba se transformaba en un vapor desapercibido —pero le fascinaban, de alguna manera, las pequeñas cosas que eran difíciles de notar si no se ponía suficiente atención—.

Con su rostro contraído en tristeza, no sabría decir con seguridad si había un deje de decepción latente impregnado en su rostro.

Aquellos ojos la miraron de inmediato sin mediar palabra, captando con una precisión aterradora su mirada fija en ella. Trató de acercarse con cuidado, hasta que sus caras se encontraron de cerca y los ojos se le desviaron involuntariamente; al sentirse abrumada por aquella mirada tan consternada.

A veces lo piensa en demasía, está imaginando un escenario ficticio para cumplir sus fantasías infantiles; pero Anna todavía permanece de pie en el mismo lugar. El sitio en el que han patinado infinidad de veces y que, sin duda, las ha hecho aislarse del resto del mundo.

Patinaban siempre juntas cuando coincidían en sus entrenamientos, pero seguían sintiéndose solas después de todo, sin importar cuánto tiempo pasará. Irónico.

Anna emitió una leve sonrisa que no llegaba a verse reflejada en sus ojos. Eso la inquietó enseguida. Ninguna de las dos parecía dispuesta a hablar, a menos que ella interrumpiera ese asfixiante silencio que se prolongaba; se transformó en una especie de limbo, algo ya común entre ellas dos.

La menor lo interpretó como una clara señal para retirarse, sin querer pasar un momento mucho más vergonzoso con Anna. Solo fue un impulso lo que la hizo acercarse a ella con la idea de verificar su estado, eso era lo que una buena amiga haría.

Pero Anna detiene su escape anticipado.

— Estaré bien. — Murmura, en voz baja, es casi imperceptible para sus oídos; pero logra leer sus labios con claridad. Algo muy característico que tiene la chica delante de ella, es que solía ponerse demasiado nerviosa al hablar con la gente, a pesar de hacer presentaciones para millones de personas. — Necesito descansar un poco, pero no es algo serio. —

— Y si sigues sintiéndote mal, ¿me lo dirías? —

Hay un momento de silencio. De repente, Kamila abre enormemente sus ojos, por la impresión ante su propio descaro expuesto, sin ningún tipo de titubeo; acababa de exigirle y expresar en voz alta algo tan irrelevante a Anya. Una chica que, después de todo, no conocía del todo bien y no eran para nada cercanas.

Anna la miró con una mirada extraña ante su pregunta tan repentina. Sin embargo, esbozó una pequeña sonrisa, pero al mismo tiempo divertida, que no pasó desapercibida, al ver cómo el rostro de Kamila rápidamente pasaba de un pálido, tirando a casi enfermizo y visiblemente cansado, a uno con un leve color rojo adornado en ambas de sus mejillas regordetas.

Parecía que en ese instante, en medio del intenso frío del hielo que acechaba debajo de ellas, dejó de hacerle efecto a la menor.

Aquello dio lugar a un sentimiento vivaz e intenso en Anna —algo parecido a las risas burbujeando en su interior, ansiosas por querer buscar la forma de brotar de sus labios resecos, maltratados.— Algo que hace mucho tiempo no sentía en su cuerpo por las caídas recurrentes; el calambre insoportable en sus todos sus dedos y las raspaduras de su ropa deportiva contra el suelo helado.

—Sí, seguro, Kamilka. —

La de tártaro asintió al escucharla, incrédula. El tono en su voz se sintió como si hubiera vacilado por un momento al responder.

Entonces, la menor se preguntó si era seguro continuar aquella charla. Sin darse cuenta, sus pies se cernieron sobre el suelo tapizado del establecimiento, al alejarse con los patines todavía puestos. Su corazón latió con una fuerza desmedida y una cantidad de pensamientos revolviéndose sobre su cabeza invadió toda su mente. “¿Fue correcto hacerlo?”

Notes:

Esta es mi primera vez escribiendo F/F, además de ser mi primer fanfic relacionado al patinaje artístico :p

Hace un año empecé a fijarme en el patinaje ruso y fue un no volver atrás, me fascinó, en pocas palabras. Me gustó mucho y fue entretenido investigar sobre quiénes eran estas chicas, que se ganaron un espacio en mi corazón.

Estoy un poco nerviosa de publicar esto porqué no hay muchos fics en general de F/F, por lo que quiero hacerlo bien :')

Estoy tratando de no cometer errores con los nombres y diminutivos en ruso, cualquier cosa, agradecería consejos relacionados al tema si eres un nativo. He estado haciendo lectura al leer varios artículos del tema.