Actions

Work Header

El enemigo jurado de Jaime

Summary:

Bluepulse Week - Día 2: Enemies to friends/lovers

El peor enemigo de Jaime es el amor ciego que tiene por su novio.

Notes:

Quizás hice trampa sobre el tema, pero estoy feliz con lo que escribí.

Work Text:

El caballero azul miró en todas direcciones antes de avanzar. El campo estaba libre, no había nadie a la vista, era su momento de actuar. Debía recargar munición, quizás construir algo y- ¡PUM!

HAS MUERTO

El texto brilla en la pantalla del su teléfono y Jaime no puede hacer más que gruñir y dejarse caer de espaldas sobre su cama. ¡Fue ese idiota! Siempre que se cruzan en la partida va sobre él. Ese tal RedFlash_04. Jaime no entiende, hasta puede jurar que lo busca solo para matarlo a él. Le ha arruinado su buena racha y le ha impedido poder subir de nivel. Pero Jaime no se rinde, regresa a la pantalla de inicio y busca volver a entrar. Lo que sigue es una noche larga de las muertes más rápidas en la historia de Trasure Heros.

Para el día siguiente de escuela, Jaime tiene los ojos tan ojerosos que hasta da miedo mirarlo. Bueno, eso es por las ojeras y también por el mal genio con que camina por los pasillos hasta llegar a su casillero.

—Estúpido juego, estúpido Red Flash, estúpido todo. Ese pendejo.

Jaime cierra el casillero de golpe, remarcando su malestar.

—Vaya, alguien hoy se despertó de cabeza.

Jaime voltea a ver al dueño de esa voz. La única persona con la que no puede ser malo ni por accidente.

Mi amor —le dice con una pequeña sonrisa. Su semblante malhumorado casi ha desaparecido.

Bart le sonríe de vuelta y se para de puntitas para darle un beso rápido como saludo. En su mano lleva un vaso de café grande, del cual Jaime acepta tomar un trago.

—¡Bart! —Se queja al apenas probar la bebida. —¡Esto está muy dulce!

Bart se echa a reír y recibe de vuelta su café.

—¡Lo siento! Sabes que me gusta mucho el moca.

Jaime deja salir una expresión de asco, pero se olvida de eso pronto. Jala a Bart de su cintura y lo llena de besos antes de apartarse y echar a andar.

—De verdad te ves mal, ¿no dormiste nada?

Jaime suspira y le toma la mano para juguetear antes de seguir andando por los pasillos.

—Se suponía que dormiría temprano, pero me entretuve en mi juego.

Bart se ríe y lo invita a que siga contándole sobre eso. Así es como Jaime se desahoga de su mala racha, de un idiota que no deja de joderlo y de cómo va a conseguir su revancha tarde o temprano.

Pero después de una semana, entre tareas, noches largas y una noche para reponer, Jaime no puede. Oficialmente está harto. Normalmente ni siquiera se obsesiona tanto con cosas así, pero el juego de verdad le gusta y quizás se tomó como reto el vencer al sujeto. En momentos de lucidez hasta piensa que muy probablemente el otro tipo solo se está divirtiendo.

Entonces llega el fin de semana. Jaime está en su sala, tirado en el sillón, mirando la TV, cuando alguien toca el timbre. Milagro acompañó a su madre a hacer la compra y su padre obvio aun no ha regresado de su viaje, así que le toca a él abrir la puerta. Bart, su adorable novio, lo saluda en la puerta, de nuevo parándose de puntitas para darle un beso. El chico entra sin pedir permiso, porque ya casi es parte de la casa también. De no ser porque no le han dado llave, ni siquiera habría tocado el timbre.

No es que Jaime no aprecie su visita, pero está tan agotado que le apena no lucir mejor para el otro. Bart se gira a verlo y se cruza de brazos mientras parece esperar una respuesta mejor.

—Lo olvidaste, ¿verdad?

Jaime parpadea, se talla la cara y trata de recordar de qué habla. Entonces recuerda una vaga conversación de la semana pasada sobre verse en su casa para matonear la serie que Bart había encontrado. ¿Por qué ese día? Porque ambos sabían que tendrían mucho tiempo a solas. Su madre iría a una fiesta de una amiga en la ciudad vecina. Se llevaría a Milagro con ella, y no regresarían hasta el día siguiente. Literalmente regresarían, arrojarían las bolsas a los brazos del chico y madre e hija partirían en su pequeño viaje. Su madre es una mujer de rutinas y de planes, por lo que Jaime también. Por desgracia, la maquina de planes había sufrido una avería durante la semana.

El rostro de Jaime delata que acaba de recordarlo todo, por lo que Bart le da la espalda y se sienta en el sillón con los brazos cruzados.

—¡Perdóname, mi niño! Sabes que no he dormido bien. Pero ya estás aquí y me tienes para ti. —Jaime trata de sonar coqueto, sentándose a su lado y besando su mejilla antes de levantarse otra vez. —Anda, elige la botana que quieras y la prepararé.

Esa idea parece ser mejor para Bart por lo que cambia su expresión y acepta feliz.

Luego de eso la tarde es de lo más agradable, como siempre lo es cuando ambos pasan el tiempo juntos. Y para las seis de la tarde, aquella casa queda totalmente libre de supervisión de adultos. Bianca confía en su hijo: el muchacho se graduará el próximo año, suele ser muy responsable y tampoco es el más sociable del mundo para hacer una fiesta en su ausencia. Además, no le preocupa el otro asunto. No habrá bebé y Jaime tiene muchos folletos en el cajón de su escritorio. Folletos que fueron puestos ahí contra la voluntad del chico obviamente.

El maratón de la serie termina alrededor de las diez de la noche, lo que da paso a preparar la cena juntos. Bueno, “preparar juntos” es decir demasiado. Bart ayuda a cortar algunas cosas y luego se sienta en la isla de la cocina y parlotea mientras su novio cocina. Jaime ha cocinado para su hermana desde que tenía 10 años, así que una simple cena no es ningún reto.

Al terminar la comida y recoger, más o menos, lo que dejaron a su paso por la casa, la pareja se traslada a la habitación del moreno. Bart se vuelve a burlar de Jaime y sus folletos, porque al chico le gusta husmear por todos lados como si nunca hubiese estado ahí y ambos se tiran a la cama a elegir qué ver o qué jugar.

Sin embargo, ha sido una semana larga, lo último que Jaime quiere es jugar. También, ha sido mucha televisión para él y comerse a Bart a besos suena más entretenido.

Una vez más el universo le da la razón a Bianca sobre que fue una buena idea darle esos folletos a su hijo. Aunque eso Jaime jamás lo va a decir en voz alta.

Para cuando es media noche, Bart y Jaime ya están casi dormidos, abrazados uno al otro, sintiendo nada más que la piel cálida de su pareja bajo las sábanas. Jaime suspira, sonriendo, con la cabeza ligera como nube, solo contemplando la maraña de cabellos cobrizos de su novio. Jaime adora a Bart, no solo porque es para él lo más lindo del mundo. También lo quiere por lo bien que siempre se han llevado y congeniado, por la confianza que se tienen y por cómo Bart siempre sabe cómo hacerlo sonreír.

Jaime sonríe para sus adentros y se vuelve a arrullar por la paz que solo el estado post orgasmo brinda. Poco a poco parece caer dormido junto a su amado, pero dos timbres simultaneos lo interrumpen antes de lograrlo.

Por un instante procesa qué rayos fue eso, pero luego entiende que justo Bart y él recibieron una notificación a la vez. Piensa que siendo así debe ser algo importante, por lo que se aparta con cuidado del chico para alcanzar su celular. Al ver la pantalla se siente estafado, solo es una estúpida actualización del juego. Jaime regresa el teléfono a su mesa de noche y regresa bajo las mantas para acurrucarse con Bart, pero entonces recuerda que su novio también recibió algo.

Jaime nunca ha sido el tipo de novio que invade la privacidad de su pareja, sobre todo porque en realidad no hay mucha privacidad entre los dos. Jaime ayudó a configurar el teléfono del otro, le puso su cuenta de HBO y de hecho ambos tienen la huella del otro registrada. Jaime a veces toma el teléfono de Bart porque está más cerca y busca alguna cosa y Bart hace lo mismo. Entonces, no hay ningún problema si él echa un vistazo, ¿cierto?

Jaime incluso está seguro de que debe ser una tontería, pero le da curiosidad. A veces Bart se suscribe a cosas divertidas. Entonces, si es algo así, de cualquier modo Jaime lo verá tarde o temprano.

El chico toma el teléfono, lo desbloquea y ve que la notificación dirige al espacio de juegos. Jaime abre el mensaje, y entonces ve entre la lista de juegos de Bart, Trasure Heroes.

Jaime hace una mueca confundido.

Desde que comenzó a jugar, Bart no mostró mucho interés en unírsele, porque citando sus palabras, ese modo de juego no era su estilo. Y aquí estaba, mirando el juego ahí instalado, esperando su próxima actualización. Jaime sigue sin mal pensar, quizás Bart lo descargó de tanto escucharlo hablar del asunto estos días. Le parece un gesto de lo más lindo, debió haber olvidado comentárselo.

Bueno, ya que Bart jugaría, Jaime no le ve el problema a mirar su usuario para registrarlo de una vez. Quizás también mandarle algunos objetos para ayudarle a empezar con buen pie.

Abre la aplicación, va hacia el espacio de usuario y lee “RedFlash_04”.

—… ¿Qué carajo?

Nivel 50, con más de 100 victorias, todas contra BlueKnight_03 seguramente.

Jaime se gira a ver a Bart, dormido plácidamente, abrazado a su almohada porque él se ha apartado demasiado tiempo. Jaime suspira, se talla el rostro y entonces sacude al chico hasta hacerlo despertar. No es brusco, pero tampoco es precisamente amable, sobre todo con ese tono que dice “sí, te hablo a ti”.

—¡Bartholomew Henry II!

Bart abre los ojos de golpe, casi como una respuesta ensayada de que debe reaccionar cuando lo llaman por su nombre completo.

—¡YO NO FUI, ABUELA IRIS! —dice por pura inercia.

Sus ojos bien abiertos tardan en procesar la habitación a su alrededor y luego se centran en su novio Jaime, sentando en la cama, cruzado de brazos, desnudo, apenas iluminado por la lampara de noche que acaba de encender.

—¿Jaime? ¿Qué pasa? —le dice, tallando su cara para poder despertar más.

Su novio levanta un teléfono, mostrando la cuenta de RedFlash. Bart mira el teléfono, luego ve que el de Jaime está en la mesa de noche, luego mira de nuevo su teléfono. Tarda un poco, pero entiende la molestia de Jaime. Se talla de nuevo la cara y se deja caer en la cama, dándole la espalda al mayor.

—Ah, eso. Sorpresa ~ —La frase burlona apenas es audible bajo su estado de somnolencia.

—¡¿Cómo que “sorpresa”?! —Jaime lo vuelve a sacudir, dejando el teléfono olvidado en la cama.

—Déjame dormir, no eres el único que se desveló toda la semana.

Jaime no puede con el descaro de su pareja.

—¡¿POR QUÉ NO ME DIJISTE QUE ERAS TÚ?!

—¡No grites! Tengo sueño. —Bart hace un puchero y jala las mantas para cubrir su cabeza también.

—¡BART! —Jaime insiste en sacudirlo.

Bart gruñe bajo las mantas y asoma sus ojos cerrados.

—Porque cuando jugamos juntos no dejas de mimarme. No me quejo, adoro cuando me mimas. ¡Pero te he visto jugar con Tye o con Eduardo! Eso también parecía divertido.

Jaime abre los ojos y no sabe ni cómo responder. ¿Se puede ahorcar y besar a tu novio a la vez? ¿Era ese un nuevo fetiche? Entonces solo la más grande duda resurge.

—… ¡Y POR QUÉ NO DEJABAS DE MATARME! —Bart vuelve a ser sacudido.

—Porque es divertido.

—…

—… zZZ

—Te voy a matar.

Jaime despojó a Bart se sus sábanas, provocando que ambos forcejearan por unos minutos.

—¡TE VOY A MATAR!

—¡¿Ah sí?! ¡QUIERO VERLO PORQUE ESTA SEMANA NO PUDISTE NI ACERCARTE A MÍ!

—¡BARTHOLOMEOW!

—¡ESE SOY YO NENE, Y TU TRASERO FUE MÍO!

A pesar de los gritos fue inevitable el desenlace de esto.

Jaime volvió a recordar porqué adora tanto a Bart. Porque antes que ser su novio, él también es su hater y bully número uno. Haciéndolo salir de sus casillas desde el día en que se conocieron.

Series this work belongs to: