Work Text:
No… no me gusta.
Claro que no.
No.
Solo… solo me siento raro.
Además, ¿cómo se supone que sabes que te gusta alguien?
No siento mariposas, no me tiembla la voz, no me sudan las manos.
Solo pienso en él. Mucho.
Eso es todo.
También pienso en mis amigos, en la casa… incluso extraño la escuela. ¡La escuela!
Pero con él… con él es diferente. Ni siquiera puedo decir su nombre, pero está ahí, siempre, como una nube que no me deja en paz.
Mike. Mike. Mike.
Es como si cada vez que intento decirlo me quedara sin aliento, como si todo el aire se fuera a otra parte.
Mike. Mike. Mike.
Siento una punzada en el pecho, constante, como si algo doliera incluso cuando no debería. Y aunque en California siempre brilla el sol… yo cargo esta nube encima. Todo el tiempo.
Pienso en él todo el día. Quiero contarle tantas cosas. Esta mañana tiré todos los Froot Loops. La caja estaba nueva. Incluso El que no es tan fan del cereal se enojó conmigo. Seguro él me haría reír imitando a mamá y a Jonathan. También quiero saber qué piensa de la nueva guía de D&D que van a sacar. ¿Qué monstruos van a meter? En la tienda trajeron dados nuevos y estoy ahorrando para uno de los sets.
Y aunque casi no conozco a nadie en la escuela, me siento con una chica muy amable en química… ¿Sarah? ¿Cindy? Una vez me habló como cinco minutos y yo ni siquiera me di cuenta, porque estaba pensando en él.
Sé de él… por Eleven. Obviamente. Y sus millones de cartas.
Por Dustin. Por Lucas. Incluso por Max.
Al principio creí que estaba pensando demasiado en él y traté de detenerme. Es que no hemos hablado. Solo un rato. Es que lo extraño. Solo es eso.
Piensa en otra cosa, Will.
Haz nuevos amigos.
Sal a conocer la ciudad.
Hay un lugar de helados y una pizzería que no está tan mal. Quiero ir con él.
Solo quiero escucharlo. Una vez. Solo una.
Quiero hablar con él horas sin darme cuenta del tiempo. Quiero reír con él y cantar horrible y que no importe.
Lo extraño lo extraño lo extraño.
Eso es todo.
Por eso me siento así.
Por eso no puedo dejar de pensar en él. Y cuando siento que dejo de hacerlo, por un segundo, algo pasa, una idea, un color, un comentario que sé que le irritaría... y ahí está otra vez.
Un relámpago que anuncia la tormenta.
Quiero verlo quiero verlo quiero verlo.
Pero no tengo motivos para hablarle. Mamá siempre está al teléfono, él no escribe…
Y cuando sé de él, es como si fuera un fantasma en la voz de otros.
Quiero escribirle, pero no tengo excusas. No responde.
La pintura empezó por eso.
Cartas que se volvieron bocetos, que se hicieron más bocetos.
Cuando pinto, recuerdo conversaciones. Casi puedo escuchar su voz con cada pincelada. Es el único momento en el que siento que puedo pensar sin sentir culpa.
Su voz.
Sus manos.
Su piel.
Sus labios.
A veces imagino que está tan cerca que puedo sentir el aire de sus palabras.
No me gusta.
No.
No puede gustarme.
Sé que llegará el momento en que sepa cómo es sentirse así. Algún día alguien me gustará. Una chica que me haga sentir mariposas y ganas de escribir cartas y de verla. Besarnos también.
Algún día.
Mientras tanto… le seguiré escribiendo.
En mi cabeza.
A pinceladas.
