Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-11-20
Completed:
2025-11-23
Words:
6,910
Chapters:
4/4
Comments:
3
Kudos:
19
Bookmarks:
3
Hits:
173

bittersweet

Summary:

Una historia corta con 4 capítulos donde Fran y Lewis se vienen a Argentina antes de la carrera en Brasil y se van solos al campo a convivir.

Sí, ya sé que tengo un AU a medio publicar pero se me rompió mi netbook y hasta que llegue la que pedí no puedo escribir nada que sea muy largo, desde el teléfono se me hace imposible y estaba escribiendo capítulos de 5000 palabras entonces eso va a esperar.

Pero llevo varias semanas escribiendo de a poquito esto, un poco de domestic fluff y relación consolidada. Es como una continuación de mi primer fic (pero no hace falta leer ese para entender eso), y también con títulos de canciones de patd (lo cual tiene más sentido que nunca porque ahora están todos en Las Vegas, su hometown). No sé, si alguien quisiera hacerme alguna sugerencia de qué escribir que sea corto será más que bienvenido. Si alguien leyó esto, ¡gracias!

Chapter 1: So many places that you might say I've seen it all

Chapter Text

Buenos Aires en noviembre huele diferente que en cualquier otro mes. Diciembre claramente huele mucho a navidad en verano, octubre tiene el olor del frío que todavía no se va del todo. Cuando vivía acá no era tan consciente de los olores, pero irme y volver en temporadas tan distintas cada vez hace que los olores se diferencien y queden más en tu mente que, incluso, la vista. No sabría decir si hay más gente en las calles en julio o en febrero, pero sin dudarte diría que noviembre huele a jacarandás, a pasto recién cortado y a posibilidades. Siempre que me ha tocado volver a esta ciudad en esta época, aunque solo fuera por 24 horas, se me abrieron puertas por las que ansiaba mucho entrar o pasaron cosas increíbles que nunca había imaginado.

Le he comentado esta teoría mía a alguna gente afuera y lo han confirmado, contándome que muchos de sus momentos favoritos en su vida sucedieron ahí y en noviembre, por lo cual siento que debe haber alguna magia especial en el aire, no puede ser coincidencia. Por eso, cuando algunos meses antes de la carrera de Brasil me di cuenta (chusmeando su app de calendario) que tendríamos dos días libres entre la carrera anterior y esa, comencé a planear todo. La logística de llegar en silencio y sin atraer la atención de nadie llevaba tiempo, y podía fallar, yo lo sabía muy bien, pero valía la pena intentarlo.

Valía la pena solo por la posibilidad de que pasáramos un buen momento juntos, sea donde sea, pero estar con él en casa era un sueño que había tenido mucho tiempo. Me imaginaba llevándolo a mis rincones favoritos, contándole cómo cada uno de ellos me hizo la persona que soy hoy y haciéndolo vivir las experiencias que me formaron. Pero, claro, en mi fantasía teníamos infinito tiempo para hacer todo eso, no solo 48 horas entonces iba a tener que priorizar. Igualmente, antes que poder planificar nada, iba a tener que convencerlo de que use esos dos días libres conmigo. Iba a necesitar una muy buena estrategia y el momento perfecto, pero confiaba en que iba a lograrlo. ¿Estaría siendo demasiado optimista?

No sé si tiene sentido para el resto, pero si él leyera esto sé que lo entendería sin necesidad de explicación: si bien nos veíamos casi todos los fines de semana, llevábamos dos meses sin vernos. Él me había dicho, en una de esas raras madrugadas donde hablábamos de todo y de nada, que sentía que su “yo” famoso era una entidad aparte de él, usó la palabra “persona” como concepto en inglés, que quiere decir algo así como un otro yo, un alter ego. Me había contado que había desarrollado casi sin querer esa otra personalidad para protegerse, porque había sido muy criticado en el pasado por ser él mismo y de a poco aprendió qué respuestas no hacen enojar a nadie, cómo sonreír y cómo aparentar que todo está bien solo para no estar constantemente en el ojo de la tormenta.

Yo lo escuchaba en silencio y le preguntaba sobre esas situaciones porque no las recordaba, la parte de escándalos o extra deportiva jamás había sido algo que me interesara. Él me contó algunas y notaba como a cada palabra se iba alejando un poco más aunque su cuerpo todavía siguiera pegado a mí. Era evidente que lo había afectado y cambiado en formas que yo todavía no podía entender, todavía no lo conocía tanto.

Para distraerlo, le conté que habíamos hecho un ejercicio similar en una reunión (más bien una clase) de media training. Yo tenía que componer e interpretar un personaje que fuera muy distinto a mí, y que una de las claves que nos había dado la “profesora” era que debía tener un acento distintivo y debíamos mantenerlo en toda la entrevista: si se caía el acento también el personaje.

Había distintas posibilidades de personajes y teníamos que elegir el que más se diferenciara. Yo, por supuesto, elegí a una señora inglesa de 52 años llamada Susan que tiene cinco gatos. “Hice toda la entrevista hablando como si fueras vos” le dije para molestarlo y nunca pude contarle el remate de la anécdota porque en segundos ya tenía su cuerpo sobre el mío y su risa aturdiéndome mientras me contaba cómo me iba a castigar por ese chiste.

Retomando, siento que esa fue una de las últimas veces en que realmente nos vimos el uno al otro, nuestros “yos” reales, mientras que nuestros alter egos se veían todo el tiempo. Bueno, yo en realidad no tengo mucho un alter ego, pero siento que hablar en un idioma que no es el mío me despersonaliza un poco, se siente como un poco más de distancia con las cosas cuando para decirlas tenés que usar una lengua extranjera.

Por eso creo que también me está costando ser más yo cuando estoy con él, al principio creía que era porque él no iba a aceptarme si me conocía de verdad, pero ahora creo que es la barrera idiomática. Esta es la principal razón por la cual quiero invitarlo a Argentina y que pueda acompañarme aunque solo sea por 24 horas, tal vez así sea más fácil que me pueda dar a conocer.

Estuve varios días pensando y buscando cómo tener una excusa para hablarle o encontrarnos, pero no hizo falta: él me llamó un lunes porque quería comentarme algo. Obviamente sin dudarlo dos veces le pregunté dónde estaba para ir a verlo, pero me dijo que quería ir a mi casa. Terminé la llamada y me puse a acomodar la casa para que no hubiera tanto desorden, aunque a los diez minutos llegó y todavía no estaba listo.

Lo hice pasar y notaba algo raro en su expresión, como si quisiera decir algo malo. No lo conocía tanto como para saber qué podría ser eso, sobre todo porque por teléfono había sonado bien, optimista. Creo que no sabía leerlo tan bien aún, porque un segundo después se dio vuelta con una sonrisa mientras miraba la pared y me dijo “tengo buenas noticias”. Lo alenté a que me cuente más pero cambió de tema y me preguntó si tenía contrato para el año que viene.

-Eeeh…es complicado, básicamente sí, pero hay que esperar.

-¿A qué? - preguntó, curioso y algo divertido.

-Varias cosas, pero cosas de sponsors principalmente.

-¿Pero crees que va a salir bien?

-Sí, seguro.

-¿Te pasa algo? No estás como siempre.

-No, ¿a vos?

-¿Por qué?

-No sé, te noté raro cuando entraste, y todavía estás misterioso, no me contaste tus buenas noticias.

-Ah, es que quería saber si tenías vos buenas noticias también, escuché los rumores y quería saber si eran ciertos.

-Por ahora no, o sea no son oficiales.

-¿Pero igual podemos festejar por adelantado?

-No, es mala suerte - respondí, demasiado lento porque iba a decir “mufa” pero no iba a entenderme y no recordaba la palabra “jinx”.

-Ah, crees en eso. Bueno, mi noticia tampoco está 100% confirmada, pero en un 99% está hecho. ¡La película va a tener una secuela!

Apenas dijo eso, sus ojos se iluminaron y sonrió como nunca lo había visto. Mientras descorchaba el champagne que había traído (“uno bueno, porque seguro yo no tenía”, bromeó), me contó lo feliz que estaba porque había encontrado otra pasión suya y no podía esperar a volver a trabajar activamente en eso. Yo lo escuché hablar con todo ese entusiasmo y apenas tuve que intervenir para que siguiera contándome de sus planes o propuestas.

-¿Cómo te gustaría que fuera tu cameo? - inquirió, y me tomé un minuto mientras lo miraba totalmente sorprendido porque ni siquiera lo había pensado en todo este tiempo en que él había estado hablando.

-¿Por eso me preguntabas del contrato?

-No.

-Ah. Eeeh - pensé, durante mucho tiempo - no sé. El mejor que puedas ofrecerme.

-Tengo algunos en mente, pero vas a tener que convencerme para tener el más importante. Hay otros candidatos que pueden ocupar ese rol.

No puedo explicar cómo me llenó de…dudas esa frase. Yo siempre supe que había otros, y tal vez otras, en su vida, pero saber que éramos una directa competencia me daba bronca. Me imaginaba que cada amante suyo era distinto y que lo nuestro cada vez era más especial, pero esto me demostraba que no.

Me quedé callado unos segundos, sin saber qué responder que no demostrara mis celos. Le dije que no había problema y me miró con ternura.

-¿Estás celoso?

-No, jamás, cero celoso. Nunca fui tóxico ni celoso, somos dos personas libres.

-Estás celoso.

-No, para nada. ¿Te gustaría que esté celoso?

-No lo dije para eso, solo para hacer una broma. Pero si te vas a poner así voy a bromear más seguido. Te veías adorable.

Miré hacia arriba con bronca. No me gustaban esos jueguitos ni manipulaciones, no pensaba prestarme a eso. Guardé silencio y él también, tomé las copas ya vacías y las llevé a la cocina. Mientras las lavaba, escuché un ruido de llaves y pensé que se iba, por lo que sentir su abrazo desde atrás me sorprendió tanto que solté la copa y se rompió al chocar con el fondo de la pileta.

-¿Estás bien? - yo solo asentí, sin querer hablarle todavía. - Perdón, no quise hacerte sentir mal.

Me tomé otro segundo para pensarlo, tratando de darle algún sentido a lo que había experimentado. Tal vez sobredimensioné todo, pero es que algo en su tono me sugirió que en realidad no estábamos hablando del cameo sino de algo más, de nosotros, pero capaz interpreté mal.

-¿Qué tengo que hacer para que me perdones? - sus manos me giraron tomándome de la cintura apenas había terminado de juntar los pedazos rotos de la copa, y quedé cara a cara con él. Tenerlo tan cerca me hacía olvidar lo que quería decir, pero en un segundo mi mente se iluminó.

-Hay una cosa…- sugerí, mordiéndome el labio. Sabía que eso le gustaba.

-¿Qué es? - me preguntó de forma seria. Su cambio de semblante me hizo replantearme todo, si se lo decía ahora y no le gustaba la propuesta o no podía se iba a ir, y yo además de preguntarle esto quería pasar la noche con él. Decidí aplazar la charla hasta la madrugada.

-Después te perdono, primero tengo que felicitarte por la nueva película - le dije, y caminé hasta el cuarto. Por supuesto, me siguió y se acostó al lado mío.