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El día había sido eterno entre entrevistas, una sesión de fotos y entrenamientos de baile y canto. Al volver a casa, los cinco estaban agotados. Kenneth fue el primero en dejarse caer en el sofá.
—Uff, yo ya no existo —murmuró con la cara hundida en un cojín.
Ale dejó su mochila junto a la puerta.
—Pues entonces no existas en el cine, porque Gabi y yo vamos —dijo, mirando a su compañero con una sonrisa cansada.
Gabi levantó una ceja.
—¿Vamos?
—Sí, necesito aire. Y tú dijiste hace rato que querías ver esa película de acción.
Kenneth hizo un gesto débil con la mano.
—No me inviten, no pienso moverme.
~
El centro comercial estaba casi vacío a esa hora. Llevaban gorras y sudaderas grandes para no llamar la atención. Ale insistió en comprar palomitas con mantequilla extra, mientras Gabi elegía las bebidas.
—Te juro que esto me hacía falta —dijo Ale, estirándose en su asiento mientras las luces bajaban.
—En velda que sí —respondió Gabi con una sonrisa tranquila—. Hoy fue muy cansado.
A los pocos minutos de empezar la película, Gabi apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos.
—Solo un segundo, bro, lo prometo —murmuró.
Ale soltó una risita.
—Ya sé cómo termina eso.
Diez minutos después, Gabi dormía profundamente. Su respiración era tan suave que Ale bajó el volumen de su propia risa para no despertarlo.
"Este tipo puede quedarse dormido en medio de una tormenta", pensó.
Y claro, no pudo resistirlo. Sacó el celular, se inclinó un poco y tomó una foto.
clic.
Luego otra. En una, Gabi hacía una mueca como si aún soñara con la entrevista de la mañana.
Ale se cubrió la boca conteniendo la carcajada.
—No puedo contigo —susurró.
~
Cuando la película terminó, Gabi abrió los ojos parpadeando.
—¿Ya acabó?
—Sí. Ganaron los buenos, fin —respondió Ale, encogiéndose de hombros.
—No me digas que me dormí.
—Jamás te diría eso —dijo Ale con tono de falsa inocencia.
De regreso a casa, Ale no pudo evitar reírse en el auto recordando las fotos.
Gabi lo notó enseguida.
—¿De qué te ríes?
—Nada, solo pensé en algo gracioso.
—Ajá... seguro —respondió Gabi, cruzando los brazos.
~
Ya en la sala de la casa, Gabi se acomodó en el sofá mientras Ale seguía riéndose solo, mirando el celular.
—Alejandro, ¿qué estás viendo?
—Nada.
—A ver —dijo Gabi, acercándose con curiosidad por ver lo que le causaba tanta gracia.
Ale trató de esconder el teléfono detrás de su espalda, pero Gabi fue más rápido. Tomó el celular y en segundos vio la foto: él mismo, dormido, con la boca entreabierta y una expresión tan ridícula que no sabía si reír o morir de vergüenza.
—¡Bro, no puede ser!
Ale no pudo más y estalló en carcajadas.
—Te lo juro, tenía que aprovechar la oportunidad. ¡Tenías una cara muy graciosa!
—Eres un caso —dijo Gabi, intentando sonar molesto, aunque la risa se le escapaba también al ver la emoción del otro.
—¿Me perdonas? —preguntó Ale, todavía riendo y mostrando un intento de cara de arrepentimiento.
—No sé, depende de si la borras.
—No puedo, es arte —respondió Ale.
Gabi negó con la cabeza, ya resignado.
—Haz lo que quieras, en velda, ya me acostumbré a tus cosas.
Ale sonrió, bajando la mirada.
—Bueno, la guardaré muy bien en un álbum.
Gabi se giró para mirarlo, sorprendido.
—¿Un álbum? ¿Tenías más?
—Tal vez —dijo Ale, encogiéndose de hombros, con esa sonrisa que siempre lo delataba.
Gabi lo miró unos segundos, sin saber si burlarse o no.
—Tú sí que eres rarito. Dijo al rodar los ojos con resignación.
—Y tú te duermes demasiado fácil, así que estamos a mano.
Ambos rieron suavemente antes de apagar la luz de la sala y dirigirse a sus respectivos cuartos. Desde otra habitación se escuchó la voz soñolienta de Kenneth:
—Chicos... ¿fueron al cine sin mí?
Ale y Gabi se miraron entre risas.
—Pero sí te invitamos. —respondieron al unísono.
—¿Ah, sí? —contestó Kenneth medio dormido, y volvió a su cama.
El silencio llenó la casa. Gabi ya se iba a su habitación cuando escuchó la risa bajita de Ale otra vez.
—¿Todavía te ríes de eso? —preguntó.
—Un poquito —contestó Ale.
—Eres imposible.
—Pero me aguantas igual —dijo Ale con voz tranquila.
Gabi sonrió en la oscuridad.
—Sí. Te aguanto igual.
Y entre risas y bostezos, la casa de los chicos volvió a quedar en calma.
•••
Ale todo el capítulo: yo solito me río 💜
Díganme que les pareció y que les gustaría ver en la historia 👀
Gracias por leer 💖
