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Ocho años después de la guerra
La puerta automática se abrió, Bakugo avanzó por el pasillo silencioso hasta llegar a la sala de reuniones, donde solo quedaban un par de luces encendidas. La sede de apoyo tecnológico había cerrado hacía horas, y el eco de sus pasos revelaba que casi nadie quedaba trabajando a esa hora. Al parecer Hatsume al fin había decidido ir a descansar.
All Might estaba de pie junto a la mesa central, revisando los últimos ajustes del traje guardado en su contenedor, había aterrizado desde Estados Unidos hace tan solo una hora antes sin decirle a nadie, yendo directo al edificio actual para traer el maletín tan importante que han trabajado durante años y reunirse con el joven frente a él antes del gran momento. Con los años, su figura había adelgazado aún más; el desgaste físico era evidente en la rigidez de sus hombros y en la profundidad de las arrugas que marcaban su rostro. Pero lo que nunca cambiaba era la serenidad con la que recibía a sus alumnos: esa mirada suave, comprensiva, que sobrevivió incluso cuando su poder ya no estaba.
Bakugo cruzó la puerta y se detuvo frente a él.
—¿Entonces... ya quedó?
All Might levantó la vista y dejó los papeles del traje sobre la mesa. Una sonrisa tranquila se formó en su rostro.
—Sí. Todas las calibraciones finales están listas. —Pasó la mano suavemente por la superficie del maletín con una leve sonrisa—. Funcionará tal como se planteó desde el principio.
Ambos lo sabían, habían trabajado juntos en ese diseño durante años.
Bakugo chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, no por molestia, sino porque de alguna forma necesitaba ocultar la emoción que crecía por dentro, que claramente nunca iba a admitir.
—Mientras soporte lo que tenga que soportar, sin que tenga que sufrir algún daño.
La sonrisa de All Might se volvió un poco más cálida.
—La clase 1-A aportó muchísimo, incluso los que ya no ejercen como héroes quisieron participar, Pero tú... —lo miró con un leve gesto de gratitud— fuiste quien sostuvo prácticamente toda la inversión y diseño. Sin ti esto habría tardado más años.
Bakugo desvió la mirada, tenso.
—Eso no importa. —Su voz se aflojó apenas—. No voy a dejar que regrese con algo imperfecto y sin la protección adecuada.
Hizo una pausa y respiró hondo.
—...Va a volver.
All Might lo observó un largo rato sin analizarlo, pues reconoce la verdad emocional detrás de cada palabra.
—Lo hará —dijo con convicción serena, apoyando una mano en su hombro—. Porque tú también lo estás llamando de regreso.
Bakugo se encogió un poco, apartando la mirada con un gesto contenido.
—No es eso —Se llevó una mano a la nuca— Solo quiero que, cuando decida volver, todo esté a la altura.
All Might no discutió, con los años había aprendido a leer lo que el joven nunca decía.
—¿Quieres entregárselo tú?
El menor se quedó rígido. Las palabras parecían haberle detenido la respiración, sus manos se cerraron en puños.
Respiró hondo nuevamente.
—...No.
All Might frunció suavemente el ceño.
—¿No?
Levantó la vista, y la dureza de su expresión cedió lo suficiente para mostrar un fondo vulnerable.
—Él te necesita a ti en ese momento. No a mí. —Tragó saliva, incómodo con la sinceridad—. Si soy yo quien se lo da, va a pensar que lo estoy presionando. Que tiene que regresar porque yo... porque yo lo quiero cerca.
El silencio que siguió fue tenso, pero no cortante.
Bakugo se obligó a continuar, con la voz baja.
—Solo... no quiero que malinterprete mis intenciones. Somos un buen equipo, sí, pero... no quiero que cargue algo más por mi culpa.
All Might inhaló despacio, como si esas palabras le hubieran atravesado el pecho.
—Temes que lo tome como una obligación emocional.
Bakugo bajó la cabeza.
—Él ya llevó suficiente por mi culpa. No voy a añadirle otra cosa encima.
All Might se apoyó contra la mesa, necesitando un segundo para contener la emoción que lo atravesó. Ver a ese chico, el mismo que antes rugía contra el mundo, ahora midiendo cada palabra para no lastimar... era un contraste demasiado grande.
—Eres mucho más considerado de lo que crees.
—No empieces —gruñó sin fuerza real.
Entre ambos, el maletín metálico reposaba en la mesa con un brillo suave. Era algo más que metal y circuitos: era un punto de transición.
All Might lo señaló con una ligera inclinación de cabeza.
—Si quieres que sea yo quien se lo entregue, así será. Pero sé que hay otro motivo.
Bakugo lo miró un momento, luego desvió la vista hacia el traje. Su voz salió apenas como un murmullo.
—Él empezó este camino contigo. No conmigo. Si va a levantarse otra vez tiene que recibirlo de la persona que creyó en él desde el principio.
Los ojos de All Might se abrieron un poco. Ese tipo de sinceridad de Bakugo era rara. Cuando aparecía, siempre pesaba.
—Joven Bakugo...—dijo, suavemente—. Hablas desde un corazón que lo aprecia más de lo que admites.
Bakugo apretó los labios.
—No le pongas más vueltas. Solo hazlo. —Tomó aire, dándose la vuelta para ocultar su vergüenza— Yo haré mi parte para que cuando lo reciba, nada lo frene esta vez.
All Might asintió y tomó el contenedor con ambas manos como si sostuviera algo sagrado.
—Muy bien. Se lo entregaré, pero cuando lo haga... será gracias a ti.
—Es gracias a su propia determinación—corrigió
Dio media vuelta, decidido a irse, pero sus pasos ya no sonaban igual, era un sonido suave, al fin pudo relajarse después de 8 años de trabajo y esfuerzo en esto, al fin había terminado... o en realidad, todo iba a empezar
Mientras observaba a Bakugo alejarse, All Might recordó aquella vez—años atrás—en que el chico llegó a su puerta sin siquiera saludar, casi desesperado, sin aliento, exigiendo alternativas, buscando cualquier forma de ayudar a que el Joven Midoriya pudiera volver a ser un héroe profesional. Aquel momento había revelado más de lo que Bakugo jamás admitiría, lleno de una determinación que aún lo conmovía. Y mientras pensaba en eso, comprendió que ese impulso nunca se había apagado.
Siempre supiste cómo empujarlo hacia adelante, joven Bakugo… y ahora también sabes cuándo dejar que camine por sí mismo.
