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El amor a veces te consume. A veces desear ser visto, ser reconocido y valorado es tan doloroso que te convierte en una polilla hacía la luz. Que irónico. Piensas en todo eso mientras te adentras en el tugurio de aquel local. Eres el puto Valentino , una polilla humana, quizá lo más sexy de todo el maldito infierno pero ni siquiera puedes ir al círculo de la lujuria y trabajar con Asmodeo.
No es como que Asmodeo no te hubiera conseguido un Fizz-bot, pero la verdad es que el robotito deja mucho que desear…
Entras al local y sientes el peso. Odias este puto club con todo tu ser. El humo, el ruido, y el puto Angel Dust allí al fondo. Solo es una sombra… Pero ese puto cerdo te está jodiendo la marrana más que nunca.
Levantas tu mano y sabes que una copa va a servirse solo por ser tú. Te sientas en tu sofá y esperas tu bebida. Estás rodeado de gente, y nada de eso te importa. Solo tu Mai Thai y tratar de centrarte en el momento. Esa es tu especialidad, vivir el aquí y el ahora. Una pecadora monina se te sienta en tus rodillas y la miras, es tierna y quizá te puede valer para pasar el rato.
Intentas e intentas e intentas… Pero la risa estridente del puto Polvo de Angel te da por culo. Te recuerda que por más que recojas almas, por más poder que tengas sigues siendo un hombre hundido. Y es que el puto chapero de los cojones se rie como si fuera la bomba y solo es una jodida sombra de lo que podría ser…
Empujas a la tipa de tus rodillas y te acercas al actorcillo mequetefe. Es tuyo, que cojones, si no quieres que se ría no se va a reír.
Porque tu podrías ser feliz, solo un poquito, si Vox no se la pasara persiguiendo al puto demonio radiofónico de los huevos.
—¿Qué coño te hace tan feliz, eh?
Le dices antes de soltarle un bofetón. Ah, eso te ha puesto un poco cachondo.
El amor te consume, pero el sexo te eleva. Piensas eso mientras te planteas arrastrar a Angel Dust a tu privado, drogarle y follartelo hasta que se le pegue cualquier enfermedad de transmisión sexual que tengas…
Angel te mira con una mezcla de miedo y compresión. Es repugnante.
Tu desearías que te mirara así Vox… Aunque con un toque de deseo quizá. Agarras a Angel Durs por la muñeca sin pensarlo, sintiendo su piel suave y aterciopelada entre tus dedos.
Su miñeca tiembla entre tus dedos, pero no por la fuerza. Ni siquiera estás apretando tanto. Y esa mirada de miedo, compresión barata y ¿lástima? Qué asco, que asco de tío en todos los sentidos.
Lo sientes en todo tu ser y lo arrastras contra tu sofá del privado.
— Vamos a jugar juntos ¿Quieres? — dices mientras le miras incorporarse y fingir una de esas sonrisas que te hace pensar en ti mismo. También fingías a todas horas cuando estabas vivo.
—Claro, Val — dije en tono amable como si todo lo que haces le pareciera de lo más romántico.
¿Y acaso no eres igual de falso y asqueroso? Miras igual a Vox, aceptando toda su porquería aunque pienses que es la mierda más grande que ha cagado Satán. Y todo para que te de unos besitos y te recuerde que estáis juntos, que tenéis un vínculo, que no se va a largar… Pero después todo es vergüenza y papelazo.
Y la verdad es que aún odias más al puto Polvo de Angel. Porque no quieres su compasión, ni su miedo ni su nada… Ni siquiera su agujero de los cojones. No quieres su éxito, no quieres nada de él.
Porque lo que quieres es alguien que te vea de verdad. Y eso no es algo que se compre con dinero, no es algo que las drogas te regalen, no es algo que el éxito te de…
Pero eres igual que él. Un falso redomado, y por eso disfrutas tanto pegándole probablemente. Pegar a esa furcia es como pegarte a ti pero sin sentir dolor.
Es el chiste más gracioso de todo el puto infierno. Eres Valentino. Haces las mejores películas porno. Tienes contratos con tantas almas que tienen que obedecerte que parece que el cielo esté al alcance de tu mano. Tus compañeros de equipo son poderosísimos. Tienes una relación de pareja estable. Tienes un club. Tienes un séquito. Lo tienes todo, menos lo que más deseas.
Y el amor te consume, el que deseas alcanzar desde tu más profundo ser. Porque todo se desdibuja en un papel mojado que un día decidiste interpretar. Pero como es inalcanzable, te mentes una pastillita en la boca y miras a Polvo de Angel.
—Vamos a jugar —dices antes de besarle y forzarle con tu lengua a tragarse esa pastilla que le dejará atontado para que hagas con él lo que quieras. Eres una sombra intentando abrazar a otra sombra. Pero la negrura solo se une con la negrura y devuelve oscuridad.
Muerdes la cara del chaval y él sigue impasible ¿Por qué este cerdo callejero parece tener algo que tu no? Eso aún te irrita más y le abofeteas sin piedad. Parece tener la libertad emocional de la que tu careces… Y es que Vox está en tu mente.
Vox. Esa pantalla fría. Ese cuerpo helado que te mueres por tocar. Esos besos ridículos que se enredan en tu mente y te excitan de forma singular, como sus cables te atrapan y te electrocutan de forma sutil… ¿Por qué no podría ser igual con los demás?
No dices perdón, no te sale, pero empujas a Polvo de Angel y le dejas ahí.
—Lárgate, puta chochambrosa, no sirves para esto y no entiendo por qué me pagan tanto por ti — dices de forma fría.
Vuelves a tenderte y te tomas tu Mai Thai tibio mientras te preguntas ¿Por qué nadie me quiere como quiero que me quieran?¿Por qué yo tampoco sé querer sin destruirlo todo?
Ves como Polvo de Angel empieza a babear en el sofá y un tipo parece llevárselo arrastras. Que haga con él lo que quiera… Que más te da.
Si el amor te consume, dejarás que otros consuman a los demás.
