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Cuando Lautaro Moschini (o Moski, como lo apodaban) despertó en su decimoquinto cumpleaños, estaba ansiosamente esperando la primera frase que su alma gemela diría estampada en muñeca. Sin embargo, no esperaba que fuera remotamente parecido a lo que era.
"Je pense que vous êtes la plus belle personne que j'aie jamais vue".
Moski miró las palabras ininteligibles, con los ojos muy abiertos por la sorpresa mientras se quita las colchas y se levanta, apartando la mirada el tiempo suficiente para prepararse para el día mientras su madre le grita a través de la puerta para que le muestre lo que obtuvo. Cuando finalmente estuvo listo con su chomba y todo, abre la puerta.
"¡Mostrame, lauchita! ¿Qué es?"
"No sé". Moski frunce el ceño y muestra su muñeca.
Los ojos de Sonia se abren. "¡Una chica francesa! Qué exótico. ¿Qué dice?"
"¿Cómo se supone que voy a saber, mami? Voy a ir a la biblioteca durante el recreo y lo voy a traducir, ¿te parece bien?"
"¡Obvio! ¡Decime después!"
Moski había sido fiel a su palabra y descubrió lo que significaba: Creo que eres la persona más hermosa que he visto.
Eso hizo latir su corazón.
Y era en francés.
Sería mejor que empiece a aprender.
Dos años después, Moski todavía no ha conocido a su alma gemela, aunque está realmente despreocupado: habla fluido, pero le gustaría poder comunicarse con su alma gemela como si fuera un hablante nativo, o tan cercano como se pudiera, para que no tuviera que perderse ningún momento a su lado por traducciones lentas y falta de comunicación. Además, algunas personas tienen que esperar mucho más que un par de años para conocer a la persona con la que están destinadas a estar.
Lautaro no está preocupado, sin embargo, admite que es un poco molesto escuchar a su mejor amigo hablar como loro todos los días sobre cómo no puede esperar para conocer a su alma gemela, diciendo que "va a ser mágico" y que dos años es demasiado tiempo para que él espere.
Bauleti camina con Moski a su primera clase, intentando agarrar sus libros con las manos.
"No creo que pueda soportarlo. La espera y la espera..." Bauleti suspira.
"Sep, ya sé, Bayo" reconoce Moski.
"Y el tuyo es re romántico, boludo". Su amigo continua. "Y francés".
"¿Es francés? Ni me di cuenta".
"¡Cállate! Sabes a lo que me refiero. La mía dice 'Ustedes no son homófobos a gran escala ni nada ¿verdad?', lo cual es muy confuso, porque definitivamente soy heterosexual, así que creo que se me permite que me guste el romance".
"Creo que si tuvieras los huevos y hablaras con la castaña de la que estás enamorado-"
"¡Ni se te ocurra decirlo!"
"¡Capaz te gustaría el resultado! Es todo lo que digo".
Santiago niega con la cabeza cuando entran al aula y toman asiento uno al lado del otro, colocando sus mochilas y cosas por consiguiente. "No hay forma de que Zaira Nara esté enganchada de mí en algún momento".
"No te rebajes". Moski responde y mira al maestro, que está hablando.
Su maestro es un hombre de cincuenta años con cabello gris y piel arrugada, que cuenta la historia de un viejo que se preocupó demasiado y tenía líneas para probarlo. El primer período es Historia, y el hombre parece que estuvo allí al menos durante la Guerra Civil. Moschini se acostumbró a ignorar su aburrido acento porque la Historia es un tema bastante fácil, pero en este momento no está hablando de nada sobre Andrew Jackson o algo así.
"...estudiante de intercambio de Francia". El profesor está diciendo. No hace clic en la mente de Moski al principio, luego lo golpea con toda su fuerza al mismo tiempo que Bauleti lo agarra del brazo y tira, ante la alerta de que un estudiante de intercambio francés probablemente habla francés.
"¡La re puta madre!" Bauleti le susurra al oído, "¡Moski! ¡Es él!"
"No me hagas ilusiones". Pide Moski, a pesar de sus propias esperanzas de ser el próximo. Se imagina a un chico francés de ensueño que viene y se sienta frente a él, llamándolo hermoso, luego lo llevaría para ir a comprar cruasanes mientras le contaba historias de sus aventuras en París y de cómo se ve el mundo cuando se está parado en la cima de la Torre Eiffel.
Cuando el chico entra, Moski está... decepcionado por decir lo menos. No se ve tan sofisticado y francés, y de hecho lleva una gorra al revés.
"Soy Adrián" El chico dice, y no mucho más. Su acento es agradable, piensa Moski, pero esas no son sus palabras. "No soy demasiado interesante".
El maestro deja que el chico se siente y le evita tener que hacer una presentación completa. Se sienta en la esquina trasera, lejos del rubio. Bauleti suspira y frunce el ceño, mirando a Moski. "Supongo que eso lo resuelve".
"Supongo".
"Que embole, amigo". Santiago trata de consolar. "Parecía tan..."
"Está bien. Simplemente no es él. Él está afuera en algún lugar. Probablemente en Francia". Moski se encoge de hombros y se concentra en su trabajo, tratando de no decepcionarse demasiado.
"O Dubai". Bauleti añade, sacándole una risa a Moski.
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Manuel Merlo ha amado su primera frase desde el segundo que la vio.
"Esperé tanto tiempo para esto" se lee.
Le gusta mucho, porque se siente de la misma manera. Desea desesperadamente poder conocerle ya pero, por ahora, solo va a la escuela y reflexiona sobre su día hasta que está con su mejor amiga, Zaira. Él piensa que ella es perfecta y que, en otra vida, ellos probablemente serían almas gemelas. Pero en esta, su alma gemela es una persona fantástica y asombrosa que ha estado esperando por él y soñado con él por un período de tiempo desconocido. Manuel piensa que es romántico, aunque no le dice eso a Zaira, porque ella probablemente se burlaría de él.
El escrito de la castaña es solo su nombre, dicho como una pregunta, así que ella no tiene muchas pistas. Lo único que Manuel sabe es qué pasará mucho tiempo antes de que conozca a su alma gemela; se pregunta si dos años son suficientes. La espera lo está afectando, aunque supone que así es para todos.
"Hay un estudiante francés en mi clase de Geometría". Zaira suelta en el almuerzo, sosteniendo un sándwich de jamón. "Las chicas se desmayaban por él".
"¿Dijo tu nombre?" Manuel se burla, moviendo sus pestañas.
"Ya conoció a su alma gemela, aparentemente. Algún chico de su equipo deportivo o algo así. Dijo fútbol, pero yo lo veo más en el básquet".
"Seguramente sí". El ojiverde está de acuerdo. Tiene un sándwich de pollo sin suficiente mayonesa, por lo que está más seco de lo habitual. Aun así, se lo come porque tiene mucha hambre y se saltó el desayuno esa mañana. "Que bronca, ese chico podría tener todas las conchas que quisiera si lo intentara. Estoy celoso".
"Que desagradable que sos".
"Los chicos franceses son apasionados. Es un hecho universal. Todo suena más apasionado en francés. Podría cazar muchas vulvas y pijas en francés".
"Ni siquiera sabes francés".
"¡Por eso estoy celoso! ¡Él sabe! Tomé el primer y segundo año de francés, pero lo dejé en el tercero y ahora me olvidé de todo. Pero sí me acuerdo de cómo chamuyar. Nunca podría olvidarlo". Sonríe coqueto.
Zaira entrecierra los ojos y una sonrisa crece en su rostro. "Merno, te reto a que chamuyes en francés con alguien en esta cafetería. Quien sea. Elegí a alguien lindo".
Mernuel se ríe y se pone de pie, escaneando la multitud hasta que sus ojos caen en el candidato perfecto. "Listo". Sonríe satisfecho.
Moski no nota que alguien se acerca a su mesa de almuerzo, la que compartía con Bauleti, Balza y Davo. Ni siquiera cuando Davo le da un codazo a Bauleti y le dice: "¿Ese no es el novio de Zaira?"
Y ni siquiera cuando Bauleti celoso y molesto por el comentario responde: "No creo que ella y Mernuel estén en algo. Pero todavía no hablé con ninguno de ellos".
No se da cuenta de que alguien se acercaba hasta que un chico -el Mernuel de Zaira- se sienta frente a él con una remera grande estampada en blanco y negro, con su cabello negro, ojos verdes y una sonrisa de mierda (por lo perfecta que es). Moski frunce el ceño y abre la boca para preguntar qué está haciendo ahí, ya que el rubio ni siquiera sabe su nombre, pero el otro chico lo impacta.
"Je pense que vous êtes la plus belle personne que j'aie jamais vue".
El chico de cabello negro como la tinta dice con una áspera y torpe excusa de acento francés.
Los otros ojos en la mesa se giran automáticamente para mirar a Moski, con tanta inquietud que el ojiverde parece realmente preocupado por el movimiento.
"Perdón". Dice incómodo. "Fue una apuesta de mi amiga que coqueteara con alguien en la cafetería porque ese chico nuevo francés... era solo una broma. ¿Entendes? Perdón".
"Esperé tanto tiempo para esto". Moski suelta, inquietamente tranquilo, y observa al pobre muchacho quedarse quieto. "Mucho, mucho tiempo. Esperé tanto para que un chico muy lindo y agradable viniera, me conquistara y me llamara hermoso. Aprendí francés. Hablo francés con fluidez porque supuse que mi alma gemela sería francesa y era solo... ¿un reto?"
"Ay Dios mío". Mernuel se sorprende y mantiene una sonrisa ilusionada en sus labios.
"¡Aprendí un idioma entero!" Moski se queja y deja caer la cabeza sobre la mesa frente a él. "Que locura. Soy tan estúpido". Se lamenta, con la voz apagada debido a sus mejillas comprimidas.
Mernuel baja la cabeza, apoyando la barbilla en las manos sobre la mesa, para nivelarse con Moski. "¿Querés ir a una cita?" Le pregunta con ese tono suave y coqueto mezclado con admiración genuina. Su alma gemela.
"Sí". Moski responde de manera poco convincente, todavía desconcertado en la mesa.
Después de eso, cierta chica castaña de cabello largo se desliza en el asiento lateral del alma gemela de Moski, y si él no estuviera en estado de shock, estaría emocionado por Bauleti porque estuvo enamorado de esta chica durante años, a pesar de nunca haber hablado con ella.
"Ustedes no son homófobos a gran escala ni nada ¿verdad?" Zaira bromea y todos quedan aún más perplejos que antes. "Porque de lo contrario sería totalmente incómodo que Mernuel se haya chamuyado a su amigo acá. Creo que tengo que darle plata ahora".
Moski suelta la risa más seca y ruidosa del planeta con la cara aún presionada sobre la mesa.
"¿Zaira?" Por fin se descongela Bauleti, ya que las palabras tatuadas en su piel salieron de la muchacha de la que estaba enamorado. Y ahí fue cuando ella también lo supo.
"Sos más hermoso de lo que imaginaba". Terminó susurrando Mernuel, solo para que su alma gemela, Moski, lo oyera. Obtuvo una preciosa y tímida sonrisa como recompensa.
