Chapter Text
- Que extraño... Seo Changbin y Lee Minho saliendo de los baños cuando deberían estar en su aula. -
El profesor de Geografía y jefe de Estudios les interrumpe en el pasillo. Ambos amigos comparten una mirada antes de que el más bajo, con su chulería característica, suelte una risita.
- Señor Park, sé que es difícil pero tiene que comprender que somos seres humanos, y por lo tanto tenemos una serie de necesidades. Ya sabe... el pis, la-
- Ya, cállese - Interrumpe el hombre asqueado. Minho aguanta soltar una risa - Vuelvan ahora mismo a su aula. No quiero volver a veros por los pasillos deambulando. -
Shin Ryujin y Hwang Yeji salen del aseo de mujeres justo en ese instante. Antes de que Changbin pueda responderle el señor Park, con su carpeta alzada, apunta a las estudiantes yendo directo a regañarlas.
Changbin observa a su amigo con una ceja alzada, Minho se encoge de hombros y continúan su camino a clase divertidos por el penoso intento de imponer del hombre. Nunca lo conseguía.
- ¡Imbécil, devuélvemelo o voy a decírselo a Yeji! -
Nada más entrar en el aula Minho tiene que esquivar un estuche que iba directo hacia su rostro.
Frunce el ceño buscando al causante, el cual no tarda en encontrar: Hyunjin ríe a carcajadas apuntándole con gracia mientras Yuna corre a recuperar su estuche.
Ella se agacha al lado de Minho, que es capaz de escucharla susurrar barbaridades dirigidas a Hyunjin.
- ¡Por Dios, casi te dejo sin cara! - Exclama Hyunjin hacia Minho.
- A ver si te voy a dejar yo sin cara - Responde, sin gracia.
Felix recostado sobre su silla y con los pies sobre la de su lado -la de Seungmin- suelta una carcajada ante el comentario.
Changbin, por su parte, se aleja hacia el fondo del aula directo a Chaeryeong, la cual está con sus auriculares colocados retocándose el maquillaje.
- Diez a que le saca el dedo. -
Apuesta Seungmin cuando Minho se coloca a su lado.
- Diez a que le pega - Añade Yongbok.
- Veinte a que pasa completamente de su existencia - Termina Minho, seguro.
Changbin se coloca frente a la chica cruzando los brazos y ensanchando la espalda. Hyunjin finge un sonido vomitivo. El chico dice algo, la chica ni siquera le observa. Seungmin suelta un ruido lastimero ante la pena ajena. Seo decide quitarle el espejo de la mano, buscando provocarla. Ella saca otro de su estuche, girándose. Finalmente, Changbin vuelve con ellos con una apariencia derrotada.
Minho lleno de ego y superioridad estira ambas manos hacia sus dos amigos. Yongbok finge lloriquear mientras le da el dinero apostado y Seungmin simplemente le insulta, también entregándoselo.
- Malditos bastardos. Vuestro amigo sufre por amor y vosotros solo hacéis apuestas a su coste - Les regaña Changbin al llegar.
- Supérala ya - Señala Hyunjin - Ni siquiera es tan guapa. -
El silencio reina. Los tres de la apuesta aspiran hondo sabiendo lo que se viene a continuación. Al instante Changbin salta sobre el más delgado, pegándole. No hay día que no lo hagan.
- ¡Hwang Maldito Hyunjin! -
El agudo chillido consigue que todos los estudiantes presentes en la sala callen abruptamente, sorprendidos y curiosos por la posible causa.
Minho cruza durante esos instantes mirada con Han Jisung, sentado en primera fila. El contacto visual se rompe cuando Yeji aparta a Seo de su hermano con un tirón de oreja y, seguidamente, pega un guantazo con la mano abierta seguido de varios más a Hyunjin.
- ¡Ya, ya! ¡Me duele, burra! -
Con una fuerza que aún sigue impresionado a los pertenecientes al aula -es común que Yeji y Hyunjin peleen- la chica continúa golpeando a su hermano. Seungmin saca su móvil para grabarlo.
- ¡Lo seguiré haciendo hasta que dejes a Yuna en paz! -
Finalmente, Changbin con la ayuda de Ryujin se encargan de separar a los hermanos, aunque Yeji no lo pone fácil.
- ¿Nadie te ha dicho que los que se pelean se desean? - Habla Minho y la atención de Yeji recae en él - A tu hermano le fascina Yuna. -
- ¡Tú, imbécil! ¡No mientas! -
Ahora es Hyunjin quien salta encima de Minho.
Y Minho, peculiarmente, no le golpea en defensa.
✨️
- Si te hago daño avísame. -
Dentro de los aseos de hombres Minho jadea cada vez que el otro chico presiona la gasa contra la herida de su nariz. Hyunjin le ha hecho un corte en la nariz con uno de sus anillos entre golpe y golpe.
Al instante la maestra llegó al salón y al ver la escena corrió a separar a los dos chicos con enfado pero acostumbrada. Tras ver la herida en la nariz de su estudiante le mandó a curarse junto a Han Jisung, el delegado del aula. Ningún profesor dejaba que alguno del grupo de Minho saliese de la clase sin compañía del delegado.
Es así que ahora el pelinegro se encuentra apoyado contra uno de los lavabos mientras Jisung le aplica agua oxigenada con un trocito de algodón. Lo han tomado "prestado" de la enfermería, o más bien lo han robado al no estar presente la enfermera.
Ante un jadeo más sonoro Jisung se detiene, mirándole preocupado.
- No entiendo por qué no te has defendido, eres más fuerte que él. -
Y Minho lo sabe. Al igual que sabía que la maestra mandaría a Jisung junto a él a curarse si salía herido.
- Hoy no me apetece pelearme - Murmura, sus ojos puestos sobre el menor.
Han asiente extrañado y continúa limpiándole la herida. El pelinegro aprovecha la cercanía para observarle. Han Jisung es precioso.
- Con lo débil que es Hwang... - Susurra tras unos instantes - Hasta su hermana puede con él. -
Su insistencia impacienta a Minho que, resoplando, se aleja y se gira hacia el espejo. Jisung le mira a través de este con el ceño fruncido, sin comprender de dónde viene su frustración.
Desde la perspectiva de Minho el castaño muchas veces es demasiado inocente e ingenuo. Nunca se da cuenta de la verdadera intención que hay detrás de sus actos.
- Simplemente no quería pelear. Pensaba que tú eras quien me insistía en no hacerlo. -
Y es cierto. Cada vez que Minho pelea físicamente con otros chicos, Jisung le da un sermón explicándole que con los puños no se llega a nada.
Al igual que cuando le pilla fumando se encarga de explicarle todos los efectos negativos que tendría en su vida si sigue con ello.
Minho nunca le escucha, se limita a observar la manera en la que sus labios se mueven ante cada palabra.
- Sí... digo, no quiero que pegues a nadie pero podrías haberle apartado. Te ha hecho daño. -
Minho pasa una mano por su cabello para apartárselo de los ojos antes de volver a girarse. Jisung inmediatamente sigue con la tarea de sanar y limpiar la herida.
- No es nada, ni siquiera me duele - Defiende. En ese momento el menor aprieta de más el algodón contra su tabique consiguiendo que suelte una maldición. De inmediato sonríe con diversión - ¿Te diviertes? -
Jisung afirma y finalmente termina. Tira la gasa a la papelera bajo la mirada del otro.
- ¿Y si vamos a tomar algo? -
- Esta tarde tengo que ayudar a tu madre con los clientes. Chan no va a estar - Recuerda.
Minho evita rodar los ojos al no ser entendido.
- No me refiero a esta tarde. Digo ahora. -
El chico cierra el grifo después de lavarse las manos y gira su rostro hacia él. Lee se muerde el labio. Han Jisung realmente es precioso.
- No digas bobadas, Minho. Tenemos que volver a clase. -
- Tenemos que, pero somos jóvenes. Si no atentamos nosotros contra las leyes, ¿Quién lo hará? -
Jisung sonríe ante su comentario. Sin embargo, niega.
- Lo siento, pero yo estoy muy bien. No me apetece atentar contra las normas. -
¿Atentarías contra ellas si te beso ahora mismo?
Piensa sin quererlo e incómodo con su pensamiento camina hasta la puerta en busca de salir del lugar. Jisung tiene que apresurar sus pasos para alcanzarle.
Odia ese lado de él. Odia querer cosas que no debe querer. Odia no poder controlarlos.
¿Dejarse pegar para pasar tiempo con Jisung a solas? ¿De verdad? Ahora que lo piensa en frío nota lo patético y absurdo que es.
Cuando en el pasillo hace el amago de dirigirse hacia la dirección contraria en la que queda su aula Jisung le sostiene el brazo para detenerle.
- No hagas esto. Si vuelvo solo la profesora me regañará. Por favor... -
Sus ojos le suplican, pues no sería la primera vez que salía castigado por culpa o causa del mayor. Lee quiere seguirle, en el fondo no quiere que salga perdiendo por su culpa.
No obstante Lee Minho no puede sentir pena por otros así que se suelta de su agarre y se marcha, dejándole solo.
✨️
Minho es hijo de un matrimonio joven. Su madre, en mitad de sus treinta, es la responsable del restaurante que su abuela -falleció hace diez años- dejó a sus manos en su testamento. Su sueño de convertirse en enfermera nunca pudo ser alcanzado, tuvo que dejar la carrera a medias para ocuparse del local.
Por otro lado, su padre es mayor que su madre por tres años y trabaja en un taller desde que se graduó gracias a los contactos de sus padres. No obstante, desde que pasó el "accidente" sus abuelos paternos cortaron casi toda relación con él. Minho solo les ve en Navidad debido a que toda la familia se junta en esas fechas.
Ese "accidente" del que sus abuelos no están orgullosos -y lo demuestran cada vez que le ven- sucedió cuando su madre se embarazó de Minho con tan sólo diecinueve años tras una noche de borrachera.
A este punto de su vida, con diecisiete años, Minho puede enumerar todas las veces en las que su abuela paterna se metía con su madre, culpándole de haber arruinado la vida de su hijo.
Para ese entonces, sus padres eran novios y en teoría se querían. Sin embargo, Minho sabe que ese amor se ha desvanecido. El tener un hijo tan jóvenes sin casi apoyo y sin preverlo les causó demasiados problemas.
Desde entonces están juntos porque fueron obligados a casarse por sus abuelos maternos. Aunque el porqué de su "no divorcio" aún le causa dudas al adolescente.
El sonido de los taladros provocan un ruido ensordecedor por toda la manzana.
Con el segundo cigarro entre sus labios desde que saltó el muro del colegio cruza la calle con rapidez. Un coche le pita y el conductor le insulta puesto a que casi le atropella debido a que ha cruzado en rojo y sin mirar. Lee solo sonríe divertido.
Al llegar a su destino cala profundo y empuja la puerta de metal. Ya en el interior el olor a polvo le hace toser varias veces.
La cuchilla chirría al cortar las placas de metal. Uno de los trabajadores le saluda al cruzárselo y Minho le responde con un movimiento de cabeza. Al no ver a su padre en el taller va hacia las oficinas. Allí, sentado frente a su escritorio, su padre escribe y realiza lo que parecen ser cálculos.
- ¿Mucho trabajo? - Pregunta al entrar. Su padre no se sorprende de su presencia injustificada.
Tira su mochila sobre el sillón de la sala. Posteriormente salta sobre el mismo, quitándose los zapatos con la ayuda de sus talones.
- Lo normal. -
Es decir, sí.
Minho vuelve a toser. El hombre ni siquiera le mira.
- Como sigas fumando como tu abuelo en la post-guerra vas a acabar como él. -
Su abuelo murió con los pulmones encharcados hace dos años.
- De algo tendré que morir. -
- Eres estúpido - Continúa su padre. Finalmente suelta el bolígrafo y se recuesta contra el respaldo de la silla. Minho consigue distinguir grasa negra en su frente - Si tu madre se entera de que has venido aquí en horario lectivo me va arrancar dedo por dedo. -
- Mamá nunca te haría nada a ti, puedes estar tranquilo. -
Ambos se sostienen la mirada. Minho la desvía a su cigarro, encendiéndolo al ver la ceniza apagada.
- ¿Por qué estás aquí? -
Porque tú me recuerdas que debo ser un hombre.
Le gustaría haberle respondido eso.
- Me aburría en clase. -
A su padre no le causa gracia. Está cansado de sus pellas y Minho lo sabe.
- Ponte a limpiar ruedas, entonces. -
Ríe sarcástico ante el pedido.
Una vez que su cigarro se termina lo apaga contra un cenicero. El hombre se levanta y camina hacia la mini nevera, de ahí saca una botella de agua la cual le tira y Minho, con rápidos reflejos, logra que no le golpee.
- Bebe, seguramente tu cuerpo es noventa porciento drogas y diez porciento agua. -
- Papá, nunca me he drogado - Recuerda. Su padre siempre insiste en que lo hace.
- No tengo pruebas de que no lo hagas. -
- Y tampoco tienes pruebas de que lo haga. -
Ahora, con treinta y nueve años, su padre luce mucho mayor de su edad biológica. Quizá es porque sus manos siempre tienen roña y suciedad del taller, quizá es por las arrugas que decoran las esquinas de sus ojos o por lo poco que se cuida. Minho no quiere acabar físicamente como él.
- ¿No te interesa mi nueva apariencia? - Apunta su nariz, exactamente la herida.
Su padre no reacciona. E ignorándole dice:
- Hoy tienes que ayudar a tu madre en el restaurante. -
Se apoya sobre el borde de su escritorio, frente a Minho. El menor se siente incómodo por su cercanía y pasa a recostarse aún más sobre el sillón evitando su mirada.
- Irá Jisung. -
Siempre que pronuncia su nombre frente a él su estómago se remueve. Tiene la sensación de que puede ser descubierto simplemente por nombrarle en alto.
- Me da igual. El chico es tan delgado que no puede ni sujetar dos bandejas a la vez. Tienes que ir, y no te lo estoy pidiendo. -
- Él puede, su apariencia engaña - Ríe divertido ante su propia mentira. Jisung es realmente débil.
- Minho - El tono demandante causa que ruede los ojos - Repito, no te lo estoy pidiendo. Te lo estoy ordenando. -
Le encantaría negarse, pero la faceta tan demandante de su padre le impone.
Termina afirmando con un ruidito de garganta y cierra los ojos después de que su padre salga del despacho tras suspirar con resignación por el comportamiento de su hijo.
Minho no sería como él. Pero sí sería un hombre.
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BOYS DON'T CRY; The Cure
