Chapter Text
Harry abrió los ojos, aún estaba cansado, era muy temprano, lejos de la hora que acostumbraba despertar, pero estaba feliz, se sentía como en una nube, realizado, y por un momento se dio cuenta de que había pasado muchísimo tiempo desde que no se había sentido así. Finalmente todo había pasado, no podía dar marcha atrás, ninguno de los dos podía, y, si era honesto, no estaba muy seguro de que lo quisieran.
Soltó un pequeño suspiro y se obligó a despertar. Su sonrisa se ensanchó al girarse y ver a la persona que dormía a su lado. Antes, le habría invadido el pánico por lo que estaban haciendo, pero en ese momento no le importaba, no tenía más dudas, se abrazó a él, necesitaba sentirlo más cerca, aunque en realidad, el rubio ya lo abrazaba con fuerza, pero eso solo le trajo más satisfacción, por que entendía que no era el único que temía que todo esto no fuera real, el otro chico también estaba preocupado de que fuera un sueño.
Observó poco a poco sus facciones. ¿Qué era aquello que tanto le gustaba de esa persona? ¿Acaso era su cuerpo? Porque no podía negar que esa “calamidad“ tenía una figura de ensueño delgada pero bien proporcionada, sus brazos fuertes, y ese trasero que lo hacía babear. Tampoco podía quejarse de su rostro, era un poco afilado, su piel pálida y su cabello rubio platinado, y sus ojos, esos ojos grises que tenían la profundidad de la plata, que brillan con la luz y parecían tener el don de cambiar con las emociones del rubio.
¿Sería su voz? Porque si algo caracterizaba a ese hombre era aquel tono serio y formal, que se combinaba con su toque de elocuencia al hablar, a veces dulce, pero principalmente sarcástico y perspicaz. No, definitivamente era algo más. Tal vez tenía que ser con su astucia, inteligencia e ingenio. Aunque al final no importaba, todo él se convertía en el ser perfecto que hacía sonreír a Harry en cada segundo y poco a poco se había convertido en el origen de su felicidad.
Lo que si tenía seguro era lo que Harry se volvía con él. Había muchas cosas en su pasado que le habían dado una fama de “salvador“ Harry siempre estaba dispuesto a enfrentarse a todos por las personas que no podían tener su voz, listo para iniciar una guerra por lo que consideraba bien y correcto pero, ¿cuántas personas estaban dispuestas a hacer lo mismo por él?
Ese había sido uno de los primeros argumentos que Draco le había dado para romper su pequeña burbuja. Le había demostrado que estaba solo en muchos aspectos. Pero en lugar de burlarse de él o simplemente enseñarle esa cruel realidad, le demostró un camino donde podía protegerse, donde también podía cuidar de él mismo. Muchos habían dicho que esas eran ideas egoístas. Al rubio le interesó lo más mínimo. Simplemente dijo que él era esa clase de persona. Y Harry entendió, que ser egoísta, tampoco era del todo malo.
Y es ahí cuando Harry había caído a sus pies. La forma desinteresada, sarcástica y hasta egoísta del rubio, la cual debería causarle molestia o desesperación, se volvió más bien llamativa.
El estar con él, compartir los pequeños momentos insignificantes, comenzaron a traer una pequeña sonrisa en los labios del moreno que parecía no querer desaparecer jamás. La tranquilidad de sus encuentros, sin una necesidad de luchar por alguien más o levantarse contra el sistema y solo ser ellos dos, hizo que se enfocara en esa persona. Poco a poco, terminó enamorado.
Se acomodó mejor entre sus brazos, Draco seguía dormido, así que aprovechó la oportunidad de inhalar su aroma a colonia masculina, una combinación entre cedro y limón, con un toque muy sutil de azahar que le encantada, no por que fueran sus favoritas, de hecho, no creía que alguna vez compraría esa combinación para él mismo, pero en el rubio le encantaba. Tener su olor cerca lo volvía loco y le daba tranquilidad al mismo tiempo.
Había algo en la naturalidad de su relación. Estaba seguro de que eran dos personas distintas, que todo lo que era Draco no podía ser ni por poco lo que le gustaba o buscaba en una pareja, pero ahí estaba, abrazado a él, quien llamó su atención casi al instante, aunque siempre lo negara, pero mientras más pensaba en todo lo que habían pasado desde que se conocieron, solo estaba seguro de que esa extraña conexión existía y era correspondida.
Draco se movió entre sueños, tal vez era el calor del cuerpo de Harry, estaban a mediados de julio, pero el moreno siempre había tenido una temperatura superior al resto. “Tienes la sangre caliente” le habían dicho algunos. Seguramente Draco, quien prefería el frio, se había sentido abochornado ante el contacto, girándose para alejarse un poco.
Una risa escapó de los labios del moreno. Trató de no hacer ruido y se levantó. El no era conocido por ser de las personas que dormían hasta tarde o se mantenían en la cama por mucho tiempo. Otra diferencia, porque sabía bien que el rubio prefería dormir lo más posible.
Además tenía hambre. Por más que quisiera seguir en la cama con él, sabía que su estómago rugiendo era algo que no podía evitar. Por si fuera poco, el tiempo que pasó acostado ya le estaba costando. El colchón le incomodaba y no podía quedarse quieto, quería tocar a Draco, así que mejor se levantó, tomó su ropa sin hacer ruido y terminó de vestirse mientras escapaba hacia la cocina.
Revisó el contenido del refrigerador. Había pocas cosas, tenían que hacer las compras pronto, pero ya sería otro día. En ese momento estaba hambriento, así que solo sacó los pocos huevos que quedaban y unas salchichas. Puso la sartén en el suelo y agregó un poco de mantequilla. Esperó a que esta se derritiera, colocó las salchichas para freírlas y agregó un segundo sartén para el huevo. Esperó pacientemente mientras se cocían, buscando el pan para tostarlo y la mermelada. Quería preparar un poco más porque sabía que ambos tendrían mucha hambre en unos minutos.
Su teléfono empezó a sonar mientras el pan se empezaba a tostar. Se acercó para observar quien era, colgando antes siquiera de que timbrara de nuevo. Afuera, la lluvia comenzó a caer, cualquiera pensaría que ese era un mal presagio, pero por lo contrario, solo enmarcó una sonrisa de satisfacción, llenando la tetera.
Solo entonces centró su atención en su teléfono de nuevo, observando la cantidad absurda de mensajes y llamadas de distintas personas, pero con un mismo propósito.
Soltó entonces un ligero suspiro y volvió al desayuno. Empezó a mover un poco las salchichas con una mano usando una espátula, mientras que, con la otra, tomaba su teléfono y leía cada uno de los mensajes.
«¿Dónde estás?»
«¿Qué haces?»
«¿Vamos a comer?»
«¿Qué harás hoy?»
«¿Por qué no me respondes?»
«¿Con quién estás?»
«¿Estás con Malfoy verdad?»
«Harry, respóndeme»
«Harry, respóndeme. Empiezo a preocuparme»
«¿Acaso estás enojado conmigo?»
«Harry ¿no piensas responderme?»
«Llamé a tu casa pero no contestas, ¿dónde estás?»
Dejó salir otro suspiro mientras sacaba la tetera del fuego y preparaba el té. Miró hacia el reloj, Draco se levantaría pronto. Volvió a su teléfono, leyendo cada uno de los mensajes, se sorprendió lo desesperados que se volvían cada que el tiempo pasaba. Soltó otro suspiro y dejó el teléfono en la encimera. Se le hacía estupido seguir leyendo cuando lo único que le causaba era malestar.
Volvió al desayuno y se enfocó en los huevos, revolviéndolos bien cuando unas manos lo rodearon por la cintura.
