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The Prince and the Duck?

Summary:

Alastor es el locutor de una de las emisoras nacientes en Nueva Orleans por las mañanas, mientras que por las tardes es mesero de un restaurante, teniendo como objetivo tener su propio restaurante. Por otro lado, Lucifer es un príncipe que acaba de romper su compromiso y como última oportunidad, sus padres lo mandan a Nueva Orleans para conquistar a Rosie, hija de un millonario magnate. Las vidas de estos dos se cruzarán para conveniencia de la trama, siendo convertidos en ranas.... ¡Espera!, ¿en patos?

Chapter 1: The prince and the radio announcer

Chapter Text

Es una cálida mañana en Nueva Orleans, una agradable amanecida con mis oyentes que debe emprender con nada menos que con Jazz,  la cúspide de la música y el anhelo por la comprensión artística. [Risas]. Pero primero un comunicado de parte de las autoridades centrales, damas, caballeros, ancianos y niños, uno de los príncipes de Maldonia se aproxima a nuestro Estado Criollo como invitado para el gran Baile de disfraces de Mardi Gras, auspiciado por el influyente y respetable Sir La Bouff. Sin más preámbulos, "What A Wonderful World" de Louis Armstrong para ustedes y su buen paladar matinal. 

Al dejar de hablar, Alastor dio un estirón mientras el operador desde la otra habitación. separada por un cristal transparente, le hacía la señal de "todo bien", Alastor hizo la misma señal y tomó un vaso de agua hasta que sonó el teléfono, se levantó rápidamente para contestar. 

- Buenos días, Radio Creole para servirle, Alastor. - se presentó con ánimo mientras escuchaba la canción. 

-Alastor, soy Sterling. 

- Sir Sterling, buenos días, es agradable escucharlo. 

- Sí. Alastor... verás, el príncipe de Maldonia ya no está comprometido con la hija del inversionista Gordan, este escándalo no puede ser muy visible, ¿lo entiendes? 

-  Camine sin cuidado Sir, del estudio sólo saldrá azúcar para los oídos americanos. - Habló Alastor con optimismo mientras miraba la hora en el reloj en su pulsera. 

- Por eso eres confiable, sigues lo que te dicen sin refutar. - rio haciendo que Alastor tomara cierta distancia tratando de no mostrar una expresión de molestia. - En fin... la señorita La Bouff ahora se encuentra interesada sólo porque es un príncipe, ¿no es algo peculiar? 

- Parece emocionada por la llegada del príncipe. - Alastor habría seguido la corriente admitiendo que es peculiar, pero era su amiga de infancia. 

- Bien, ya que fui invitado al baile terminaran la emisión a las 8:00 horas, pueden descansar por hoy. 

Alastor estaba a punto de agradecer pero fue cortado, suspiró y se dirigió a su puesto para escribir una nota y mostrársela por el cristal al operador, quien sonrió y asintió.  

 

...

 

De un grande transatlántico bajaba un príncipe apuesto a los ojos de los ciudadanos de Nueva Orleans, un miembro de la realeza con cabellos rubios, ojos azules brillantes y un atuendo elegante y hermoso. Al bajar posó para las cámaras y al tocar tierra firme se quitó los lentes negros, el saco pesado y se los tiró a su ayudante, quien ya tenia maletas en ambas manos y entre sus brazos. 

- Adam, ¿no sientes que este lugar es bueno para vivir? - habló el príncipe mientras tarareaba una canción que era tocada por unas personas en el puerto. 

- Su majestad... me parece que será adecuado si logra su propósito. - habló el ayudante mientras sudaba. 

- Después de casarme pediré una luna de miel en yate, pero sin mi esposa. - rio el príncipe caminando por las calles. - Oye, sigamos a esos músicos. 

...

 

De una tranvía bajó Alastor acomodando su cabello y sus lentes, se dirigió hacia su hogar para cambiarse de conjunto. Tremé no era un barrio acomodado, pero era el lugar donde estaba su madre y donde se encontraba la gente que confiaba en su talento. Al llegar a su habitación se echó a dormir unos minutos y volvió a levantarse, al mirarse al espejo probó las diferentes expresiones con su sonrisa, todas se veían adecuadas y agradables. Se cambió de un traje formal a uno casual para su siguiente trabajo, al ver la hora en su reloj se apresuró a salir dejando que su madre siguiera durmiendo. 

En su otro trabajo era mesero en un restaurante, nuevamente preparó su sonrisa y de dispuso a trabajar. 

- ¿Qué tal vas recaudando dinero para tu gran restaurante? - preguntó el cocinero, quien también era el dueño, con un tono de cierta burla. 

- Me estoy acercando. - Alastor respondió mientras anotaba una orden. 

- ¿Sólo faltan 5 años más, verdad? - Alastor no respondió provocando que el cocinero riera. - Hasta entonces trabaja duro. 

Alastor no dejó de sonreír y siguió atendiendo a las mesas con educación y un tono amigable, al salir afuera a recoger platos vacíos de la mesa vio una fila de músicos de jazz, uno en particular se quedó tocando un ukelele alrededor suyo, Alastor se detuvo y lo miró arqueando la ceja tratando de no dejar de sonreír. 

- ¿Tratas de seducirme o de espantarme? - le habló aquel sujeto con una sonrisa amplia. 

No respondió. No porque no quisiera, sino porque le sorprendió ver a un tipo blanco tocar jazz con un ukelele, pensó que quizás era uno de esos tipos nómadas sin hogar que hacían cualquier trabajo para ganar monedas y seguir viajando. Después de pensarlo sólo puso los ojos en blanco y siguió con su trabajo, el sujeto levantó los hombros e inmediatamente buscó a aquel grupo para seguir tocando en conjunto. Al mismo tiempo, un auto lujoso se dirigía hacia el restaurante, Alastor vio por la ventana de quienes se trataba y le pidió al cocinero dos platos de Canapés de langostinos, mientras limpiaba una mesa con visualización hacia la calle. 

- ¡Alastor, es bueno verte! - un señor con gran edad y gran estómago saludó amigablemente a Alastor mientras se sentaba en la mesa arreglada por él.  

- Sir Eli, fueron bastantes días sin verlo. 

- Estuve ocupado con el baile, organizador y rey por tercera vez. - rio el hombre castaño. - Pero dame de esos... - No terminó la oración, pues Alastor ya se encontraba dejando el plato en su mesa. - Siempre eficiente. - con una sonrisa Sir Eli dio un bocado. 

- ¡Alastor, Alastor! Adivina. - entró Rosie al restaurante sentándose al lado de su padre con emoción. 

- ¿Qué noticia buena hay? - Alastor ya estaba adivinando que noticia traía Rosie, pero prefirió dejarla hablar. 

- Llegó.... mejor cuéntale tú, papi. - Rosie se quedó en silencio con una amplia sonrisa esperando a que su padre hablara. 

- El príncipe... 

- ¡El príncipe Lucifer de Maldonia llegó a Nueva Orleans y... cuéntale, papi, cuéntale! - otra vez se quedó en silencio, su padre la miró. 

- Lo invité... 

- ¡Mi padre...! - Sir Eli le metió un pan a la boca para que lo dejara hablar. 

- Lo invité al Baile de Disfraces de Mardi Gras. - suspiró, mientras Rosie devoraba el pan. 

- ¿No es maravilloso Al? - preguntó emocionada. 

Alastor al ver que Sir Eli ya había acabado con la porción de Canapés de langostinos, decidió traerle la otra. 

- Es genial. - Alastor fingió emoción. 

- Aunque he de suponer que ya lo sabias. - Sir Eli le dijo a Alastor, quien se quedó en silencio. 

- Al siempre es amable y me escucha aunque ya sepa todo papi, por eso es mi único amigo. - dijo Rosie mientras miraba con ternura a Alastor. - Pero ahora no sé cómo atrapar a ese príncipe. 

- Un consejo de mi madre, el corazón de un hombre se consigue conquistando su estómago. - Alastor lo dijo mientras dejaba el segundo plato de Canapés de langostinos, Rosie miró ese plato con curiosidad y una chispa se encendió. 

- ¡Sí! - se levantó para hablar frente a frente con Alastor, dejando sorprendido a su padre. - ¡Tú harás estos Canapés de langostinos atrapa hombres para la fiesta! - tomó las manos de Alastor mientras lo decía y sin esperar su respuesta se dirigió hacia su padre sacando su billetera y de esta billetes que puso en manos de Alastor. - ¿Con esto es suficiente? 

Alastor miró los billetes entre sus manos, estos eran más que suficiente para comprar el lugar ideal. - Más que suficiente... - Alastor sonrió. - Gracias. - Miró a Rosie, quien chilló de emoción y jaló a su padre hacia afuera. 

- ¡Nos vamos, hay mucho que hacer, nos vemos en la noche!

El cocinero al ver los billetes en las manos de Alastor se quedó boquiabierto. 

 

...

 

Mientras Lucifer seguía bailando con aquel grupo de Jazz, su ayudante miró la hora con molestia y se acercó con mucho esfuerzo hacia el príncipe. 

- Su majestad, ya es tarde, debemos irnos. - lo dijo frustrado. 

- Mi amigo, deberías haber notado que huía de ti. 

- Su majestad, le ruego que deje esto y...

- Relájate y baila, ¡Una ronda de licor va por mi cuenta! - gritó hacia la multitud que aprobó animadamente el gesto. 

- Majestad, recuerde que no tiene dinero para eso. - Adam le susurró al oído. 

- Y tú no tienes encanto. - Lucifer lo atrajo haciéndolo bailar para luego soltarlo en una vuelta, provocando que Adam cayera sobre un músico, Lucifer rio y lo levantó. - Esta bien, ya vámonos. 

Mientras caminaban por la calle, un tipo alto se paró frente a ellos con una sonrisa confiada. 

- Señor, un gusto conocerlo, soy Vox pero llámeme Hombre Sombra, un hechicero experto en vudú,  encantamientos, adivinación y quizás... riqueza. - miró con una sonrisa aún más grande. - Adivinaré ahora, ¿no es usted parte de la nobleza?

- ¡Sí lo soy! - respondió Lucifer fascinado. 

- O leyó el periódico. - respondió Adam mirando el periódico enrollado en el pantalón de aquel hombre. - Majestad, no confíe en este hombre, es un charlatán, la brujería no existe...

- ¡Cuidadillo, hombrecillo, mi trabajo es serio! - exclamó el brujo ofendido, mientras tomó a Lucifer de los hombros adentrándolo en un callejón. Adam los perseguía con desconfianza tratando de hablar con Lucifer pero aquel sujeto le impedía acercarse. 

- Puede verlo por si mismo Majestad. - Vox hizo reverencia hacia su lugar de trabajo para permitirle el pase a Lucifer, quien confiado entró con curiosidad. 

Vox sacó cartas con las cuales adivinó la vida de cada uno. Lucifer, era un príncipe que había sido dejado a su suerte por su familia después de romper su compromiso con la hija de un inversionista, ahora debía casarse con la hija de un magnate pero realmente Lucifer solo deseaba ser libre. Por el lado de Adam, le mostró que siempre vivía para servir a los demás, incluso si se casara terminaría sirviendo a su esposa, el brujo no le dijo nada de la última carta, en su lugar, simplemente le mostró lo que contenía. 

- Un deseo que puede hacerse realidad. - le sonrió con complicidad, Adam al ver la carta, se vio asimismo bailando por las calles mientras Lucifer cargaba sus maletas, lo que provocó una sonrisa maliciosa en él.  - ¿Es un trato? - extendió su mano hacia ambos, Adam no dudó en aceptar el trato, Lucifer dudó unos segundos pero también terminó aceptando, lo que provocó una risa aún más fuerte en él. 

De pronto, una sombra rodeó a Lucifer y dos serpientes su cuerpo con fuerza, provocando que este también comenzara a forcejear. Vox sacó un collar en forma de un rostro tétrico qué abrió la boca, lo acercó hacia Lucifer para que mordiera su mano. Una magia azul comenzó a rodearlo, Lucifer se sintió débil cerrando los ojos mientras veía borrosamente a Adam, quien parecía aterrado ante lo que le ocurría. 

"Debí tratarte mejor..."  pensó antes de cerrar completamente los ojos.