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Moski y Mernuel eran quizás los amigos más extraños que uno podría encontrar.
En primer lugar, su forma de vestir era completamente diferente. Incluso en su primer año, Moski se negó a deshacerse de esos malditos pantalones de vestir que siempre estaban combinados con un suéter o chomba en tono pastel, haciéndolo lucir como "un viejito" como decía su amigo. Mernuel, por otro lado, usualmente lucía algo horrible con cadenas, un botón con estampados brillantes o pantalones rotos con un par de borcegos.
En segundo lugar, sus sentidos del humor, aunque a menudo muy similares, podían llegar a ser muy diferentes. Moski disfrutaba las bromas rápidas de Bauleti, o el ligero humor de Zaira que le recordaba a algo que una madre podría decir. Mernuel prefería el humor seco y ridículo de Davo que, en opinión de Moski, Manuel tenía un puto diploma.
En tercer lugar... bueno, mierda, eran dos personas muy diferentes. A Moski le gustaba leer libros de ficción y escuchar música pop antigua, y a Mernuel le gustaba ir al arcade y escuchar cachengue o electrónica. A Moski le gustaba explorar el río que estaba cerca de su casa y viajar, y a Mernuel le gustaba conducir arriba de setenta por alguna autopista secundaria con alguna banda del momento saliendo a chorros de los altavoces de su camioneta. A menudo, llevaría con él a Moski o Zaira. O ambos.
Sin embargo, a Mernuel no le gustaba Zaira de esa forma. Solo le gustaba pasar el rato con ella porque tenía buen gusto musical, fumaba y al principio era la única chica en su grupo de amigos, antes de que llegara Angelita. Además, ella ya había encontrado a su alma gemela. Bauleti cumplió dieciséis dos meses antes que Zaira, y en el momento en que la chica cumplió dieciséis, cada vez que intentaba mentirle a Santiago sólo salía la verdad. Eso significaba que eran almas gemelas, y eso fue todo. Mernuel prácticamente había alzado a Bauleti del piso, lo había abrazado con tanta fuerza porque, la puta madre, el pobre chico había estado enamorado de Zaira desde que tenían doce años.
Mernuel, que había cumplido dieciséis años ocho meses antes, todavía tenía que encontrar la suya, al igual que Davo y Moski, porque Marcos y Angelita también eran almas gemelas.
Sin embargo, realmente no le preocupaba. Eventualmente le encontraría, y sabía que sería jodidamente genial. Hasta entonces, estaba perfectamente contento con pasar la secundaria en su pueblo y luego mudarse a Capital.
"Tierra a mitonuel" Manuel presta atención y se vuelve hacia Zaira, quien está agitando una uña mal pintada frente a su cara. Había pequeñas estrellas dibujadas en su muñeca. La había visto hacerlas en Química. "¿Distraído, Merno?" Sonríe, y Mernuel le da un codazo en el costado.
Están sentados en el sótano de Bauleti, extendidos en el sillón y el piso, y es el decimosexto cumpleaños de Moski. Había sido una pequeña reunión sorpresa, pero Mernuel sabe que no le sorprendió en absoluto por la sonrisa de sorpresiva cortesía en la cara del rubio cuando Santiago lo había llevado escaleras abajo. Aún así, en todo caso, Moski era un pequeño hijo de puta educado para cualquiera que lo mereciera.
"Anda a la mierda, Zaira" se ríe, apoyándose contra el sillón con ella, con su brazo en la parte de atrás. Moski está sentado con las piernas cruzadas en el suelo con Marcos, Angelita y Davo, mientras que Bauleti se sienta ociosamente junto a Zaira con los dedos entrelazados. Mernuel observa mientras Moski desenvuelve el regalo de Bauleti y sonríe cuando la cara del cumpleañero se ilumina.
"¡Ay la puta madre, Baya!" Proclama Moski, y saca la remera azul marino del papel de envolver y empuja la pierna de Santiago con su espantosa pantufla también azul. Está usando esas putas medias largas que, por alguna razón, vuelven loco a Mernuel. "¿Los Beatles? Está buenísima, Baulo, ¡gracias!"
Bauleti se encoge de hombros y sonríe. Mernuel pone los ojos en blanco porque ¿no es Bauleti la persona más amable de todas?
Angelita le da un planificador diario y un cuaderno para garabatear. Marcos le consigue un cartel de Cars. Davo le da una nueva campana para su bicicleta. Zaira le compra un desinfectante para las manos con olor a fresa, una foto enmarcada de cuando tenían doce años y una corona de flores de apariencia suave hecha de papel, alambre y cartón.
Los ojos de Mernuel ruedan cuando Moski se la pone por la insistencia de Zaira, y Angelita dice que el rubio puede actuar aún más como una princesa ahora.
Mernuel apenas dice algo porque, dios, Moski se veía más lindo que de costumbre (y Moski es bonito, todos lo saben) y podría estar teniendo un ataque al corazón cuando Lautaro se sienta allí, en su jodido sueter azul pastel, y sonríe.
"¿Cómo me veo, eh?" Pregunta sonrojado, y Manuel no sabe si Moski está hablando con él o no, pero el pequeño bobo lo atrapa con la mirada, así que Mernuel tiene que contestar malditamente, ¿no?
"Hermoso" dice, las piernas extendidas y los pulgares pegados a través del asimiento en la manga de su suéter oversize gris. Él se detiene cuando las palabras salen y Moski lo mira con sus grandes ojos marrones y sus mejillas brillantes. Zaira, quien está sentada al lado del pelinegro, está mirando el perfil de Mernuel con una jodida sonrisa.
"Te ves muy lindo, Moski" Davo se ríe, después de mirar a Mernuel por un prolongado instante.
El momento se acabó y la risa continúa, pero Moski no puede evitar mirar al estupefacto Mernuel que está mirando fijamente a Zaira con los ojos muy abiertos mientras los demás hablan, se dan la vuelta y ríen.
"Mi turno" Mernuel interrumpe, haciendo desaparecer el momento y busca en el bolsillo de sus pantalones. Se desplaza para obtener el regalo, haciendo que Zaira y Bauleti resoplen y se muevan para dejarle sitio. "No es tan bueno como el regalo de la Baula. Interesado de mierda".
"Chupamela, putonuel" Bauleti contesta de regreso.
"Llévame a cenar primero, papu" se burla Mernuel, sonriendo fácilmente mientras los otros se ríen. Finalmente, se inclina y le da a Moski una pequeña caja marrón envuelta. Moski sabe cómo son los regalos de Mernuel: pueden ser desde caramelos a tarjetas a una botella de cerveza. Nunca muy considerado, pero siempre es algo que Moski disfruta de todos modos.
Igualmente, nunca ha sido alguien que se preocupe por las cosas materiales.
Rasga el paquete y llega a la caja. Mernuel observa con un extraño tipo de ansiedad cuando Moski saca del tarro un surtido de Skittles, los favoritos del rubio. Cada color fue ordenado de naranja, al amarillo y llegando al rojo. Moski mira hacia arriba y Mernuel se encoge de hombros, las mejillas calientes. "Son tus favoritos," dice a la ligera, mordiéndose la uña del pulgar.
"No creo que te haya visto poner tanto esfuerzo en nada," Marcos dice. Mernuel voltea ociosamente hacia el muchacho.
Moski le agradece, se muerde el labio antes de meter la mano en la caja y alcanzar una cinta de caset. Escanea rápidamente las canciones antes de sonreír. "¡Uh están re buenas, Manu! No pusiste solo mierda - ¡en realidad me gusta la mitad de estas!"
Mernuel resopla. "Mi gusto musical no es una mierda," Zaira tararea en duda a su lado. "Oh, anda a la mierda. ¿Y? ¿Feliz, bebote?"
Moski los mira a todos y asiente sonriendo. "Muy feliz. Gracias chicos. Y no me digas 'bebote', tarado," le contesta a Mernuel, quien simplemente le da un golpe suave a Moski con la punta de su borcego y sonríe.
"Dale, bebote. Sabes que te encanta, ¿cierto?"
Moski pone los ojos en blanco y suspira, pero las palabras que salen de su boca no parecen coincidir con su expresión en absoluto.
"Sí, que sé yo" Moski, con esa puta corona de flores en su cabeza y sus mejillas tan calientes como el sol, mira con absoluto horror al sonriente Manuel Merlo.
"¡Vamos la puta madre, yo sabía!" el chico de cabello oscuro grita. "Todos ustedes lo escucharon, ¿cierto?" Los otros, sin embargo, están asintiendo y compartiendo miradas, sonrisas secretas retorciéndose en sus caras. Davo parece listo para mearse de emoción. Moski y Mernuel apenas lo notan, mientras uno mira horrorizado al otro sonriente. "¡Ah! Nunca voy a dejar ir esta. BEBOTE".
"¡Callate, Manuel!" Moski chilla, la mirada confundida se quita mientras mira al chico mayor.
"Dale... bebote".
Es Zaira quien les dice a los dos que se callen, mientras Bauleti se mueve para encender la radio y silenciar a los dos. Una vez que Moski y Mernuel inician una pelea, nunca pueden ser detenidos.
La noche termina a las ocho, porque es noche de escuela. Angelita y Marcos se van primero, agarrados de la mano y agradeciendo a Bauleti. Luego se va Davo, después Zaira, y por último Mernuel suspira y da las gracias a Santiago mientras el chico limpia los papeles de regalo. Moski reúne sus regalos en una bolsa de plástico y asiente, antes de sonreírle a Bauleti y decirle que se pondrá la chomba al día siguiente en la escuela.
"Te acompaño a tu casa, amor," le dice Manuel, encogiéndose de hombros en su holgada chaqueta de mezclilla sobre el suéter y poniéndose la gorra que había dejado abandonada en algún momento de la noche. Está oscuro y frío, nunca deja que Lautaro camine solo a casa. Moski dice que solo lo hace para molestar a Sonia, su madre.
Parece que el rubio está por responderle algo, pero se hace el desinteresado y se despide de Bauleti mientras ascienden las escaleras, despidiéndose del señor y la señora Baieti y de la hermana pequeña de Santiago, que estaba en el sofá junto a su madre.
"Puedo caminar solo a casa, ya sabes. No siempre tenes que hacer esto cuando pasamos el rato" se sinceriza Moski, con la bolsa balanceándose a su lado. Mernuel baja la mirada para ver al ahora chico de dieciséis años y se encoge de hombros, con la mano dentro de los bolsillos de su chaqueta, en señal despreocupada.
"Ya sé. Pero me gusta acompañarte a tu casa". Él se frena, sin saber por qué mierda esas palabras simplemente salieron de su boca, pero continúa sin darle tanta importancia. De todos modos, siempre dice cosas sin pensar.
"O-oh..." Moski tartamudea, mirando con perplejidad a Mernuel por su sinceridad. "¿Buenísimo?"
"Buenísimo" Mernuel repite. "¿Te diste cuenta que puse It's Raining Men en la cinta?" Moski asiente y sonríe, porque ambos recuerdan la vez que se emborracharon en la habitación de Mernuel y escupieron la canción mientras su madre dormía abajo. "¿Notaste también que tenes esa corona de flores todavía?" Manuel resopla y señala con la cabeza hacia la corona, colocada bellamente sobre el cabello dorado de Moski.
Lautaro frena y la arrebata, mirando a su alrededor para ver si algún ciudadano de su pueblo estaba caminando por ahí. "La puta madre, ¿por qué no me dijiste antes, idiota?"
"Te dije - porque se te ve bien". Mernuel realmente detiene sus acciones esa vez, su espalda rígida y su boca empujada en una línea dura. Moski se detiene solo unos pasos más adelante, mirando igualmente desconcertado.
"... pensé que habías dicho hermoso, antes" Moski murmuró ligeramente, sorprendido, empujando lentamente la corona en la bolsa.
Mernuel se aclara la garganta. "Creo que lo hice, sí".
"Hoy actuaste raro" reconoce Moski con extrañeza.
Mernuel hace una mueca. "Sí, ya sé". Se miran uno al otro por unos momentos más mientras él pelinegro se preocupa y muerde su labio inferior, con las cejas fruncidas con fuerza. "Moski... ¿podes intentar mentirme?"
Y Moski lo mira, con los ojos muy abiertos, las pupilas explotando y las mejillas repentinamente enrojecidas y calientes. "¿Q-qué?"
Mernuel niega con la cabeza. "A la mierda, lo voy a hacer". Saca las manos de sus bolsillos y se aclara la garganta, mira tan serio que Lautaro podría haberse reído en cualquier otro momento. "Moski, yo..." Y luego se atraganta, traga y mira a Moski como si fuera un jodido alienígena. "Oh, qué mierda. No puedo".
"No puede ser" Moski se ríe. "Oh, la puta madre". El rubio entonces mira a Manuel, una pequeña sonrisa burlona se abre camino en su cara. "¿De verdad crees que me veo como idiota cuando uso mis pantalones de vestir para ir al colegio?" Pregunta, y el silencio de la calle está presionando.
"No," Mernuel responde al instante y se encoge de hombros incómodo por lo que dirá: "Me molesta que Ian Lucas, de nuestra clase de inglés, siempre mire fijamente tus piernas". Mernuel parpadea. "¿Qué mierda?" Repite, los labios crispados cuando una sonrisa de sorpresa se abre camino en su rostro. "Moski," respira, dando un solo paso hacia adelante. "¿Te das cuenta... osea... qué mierda?"
"Deja de arruinar el puto momento" dice Moski, las zapatillas presionando contra la grava mientras él mismo da un paso hacia adelante.
Manuel Merlo y Lautaro Moschini pueden ser personas muy diferentes. A Mernuel podría gustarle Duki y a Moski Katy Perry, pero una parte fundamental de su amistad era que definitivamente eran almas gemelas, y definitivamente estaban enamorados el uno del otro.
Cuando se acercan para besarse, en esa calle vacía a las 20:16 p.m. un martes, su mundo inclinado se pone de pie. Cuando Moski se aferra a la campera de Manuel y olvida las interminables veces que lo rechazó entre bromas, presiona hambriento su boca con la del más alto, su mundo se endereza. Cuando Mernuel, al separarse, presiona su frente con la de Moski y le pregunta, "¿De verdad odias cuando te digo bebote?"
Moski deja escapar un suspiro molesto y refunfuña, "... No".
El mundo de Manuel se endereza.
Le toma a Mernuel exactamente dos semanas después de que Moski y él se dieran cuenta de que eran almas gemelas, para terminar de comprender que estaba irremediablemente enamorado de esa pequeña mierda.
No era algo que uno debería asumir simplemente porque había encontrado a su alma gemela. Algunas personas encuentran a sus almas gemelas y las odian (Manuel piensa nada sutilmente sobre sus padres). Algunas personas tardan años en enamorarse de ellas, o incluso en encontrarlas. Algunas personas, como Moski y Mernuel, se conocen desde hacía años y se enamoraron lentamente, no de golpe.
Merlo supo que tenían mucha suerte en ese sentido. Debido a eso, le tomó solo dos semanas, después de que supieron que eran almas gemelas, para darse cuenta de que amaba al valiente chico de cabello dorado.
Están sentados en el cine cuando se da cuenta. Moski está presionado junto a él, con la cabeza apoyada en el hombro del mayor. Al lado de Lautaro están Bauleti y Zaira, luego Davo y, por último, Angelita y Marcos. Están viendo alguna película de mierda de Batman, pero Mernuel apenas está prestando atención porque está mirando la parte superior de la cabeza dorada de Moski, con una expresión de asombro absoluto en su rostro.
Lautaro respira suavemente, y Manuel casi puede ver la forma en que sus ojos parpadean hacia la pantalla y cómo mastica lentamente su labio inferior. Sus manos están unidas y descansando sobre el reposabrazos. Mernuel no puede dejar de notar cuán grande parece su mano en comparación con la de Moski. La vista, extrañamente, hace que su corazón se hinche.
Es un boludo enamorado ahora. Que carajo.
Al sentir la mirada de alguien sobre él, sus ojos parpadean para mirar por encima de la cabeza de Moski y ve a Zaira mirándolo desde el otro lado de Bauleti. Hay una sonrisa de mierda en su rostro y un brillo en sus ojos verdes mientras mira a Mernuel. Este, en cambio, alza el rostro y saca la lengua para que deje de burlarse de su enamoramiento.
Moski debe sentir a Mernuel moverse, porque retira su cabeza del hombro y parpadea hacia el chico mayor, sus ojos marrones vidriosos y la luz de la pantalla reflejándose en su rostro. "¿Qué pasa?" Susurra y su rostro está tan cerca que Manuel podría contar las pecas claras que salpican la nariz de Moski, si así lo quisiera.
Las palabras salen de su boca antes de que pueda siquiera pensar en ello. "Zai se burla de mí por verte como un idiota enamorado". Mernuel suspira cuando Moski sonríe y gruñe bajo, antes de apoyar nuevamente su cabeza en el hombro. A veces, todo el asunto de 'no mentir' podría ser realmente vergonzoso. Aún así, era útil a veces. Como cuando Moski admitió que le gustaba que lo llamara con apodos cariñosos como bebote o mi amor, o hace unos días cuando Mernuel le preguntó bromeando si se veía bien (se había puesto un sombrero tonto en la cabeza de la tienda en la que estaban) y Moski respondió de inmediato: «Literalmente siempre».
Mernuel se había burlado de él todo el puto día.
Sin embargo, ahora, Manuel tenía otra cosa de la que preocuparse cuando se trataba de decirle la verdad a Lautaro. Él no sabía, no completamente, si Moski lo amaba ya. Le dio un susto de muerte a Manuel, porque ¿qué pasaría si fuera demasiado pronto? ¿Y si Moski todavía se estaba acostumbrando a la idea de que estuvieran juntos? Su mamá no había estado feliz con todo el asunto, vociferando y gritando que Manuel Merlo estaba sucio, con mala reputación y era una terrible influencia sobre su dulce niño.
Mernuel había besado las lágrimas de enojo que mancharon las mejillas de Moski después de eso. Había estado esperando en el dormitorio beige claro del menor, se había colado por la ventana y había escuchado todo.
Manuel no sabía cómo decirle a la gente que les amaba. Sabía cómo actuar con amor sincero y retener a Moski como si fuera lo mejor del mundo (habían sido creados para amarse el uno al otro, ¿o no? De eso se trataban las almas gemelas, o eso habían aprendido en Historia), pero no sabía cómo decirle eso al chico.
Apenas mira el resto de la película mientras se muerde la uña del pulgar de su mano libre y salta cuando las luces del lugar se encienden y corren los créditos. "¿Qué mierda?" murmura. "¿Se acabó?"
Moski se aleja de Mernuel y estira las piernas, una mirada desconcertada en su rostro mientras mira a su novio. "Sí, bolunuel. ¿Qué pasa con vos hoy?"
Los otros están parados y hablando de lo buena que era la película (Marcos y Angelita están de acuerdo en que fue la mejor hasta el momento) y Mernuel se tapa la boca con la mano, porque de repente, está empezando a decir lo que le pasa y no sabe cómo decirle a Moski que lo ama.
Moski lo mira con las cejas oscuras fruncidas. Él entiende esa acción. Han tenido que hacerlo público para evitar decir algo inapropiado (como cuando Moski le preguntó a Mernuel qué quería hacer después de la escuela frente a los demás de su grupo, y Mernuel se volvió demasiado abierto y honesto. Angelita parecía completamente escandalizada, y Manuel se había sonrojado hasta las jodidas raíces).
En lugar de preguntar cualquier otra cosa, Moski asiente y se encoge de hombros. "Más tarde" le dice a Manuel, antes de agarrarle la mano y levantarlo. Los otros los siguen fuera del cine mientras se abren paso entre la multitud, y el pelinegro se siente un poco mejor y menos como un idiota porque tiene la mano de Moski en la suya otra vez.
Cuando salen al aire frío y fresco, Davo suspira y dice que debería ir a ayudar en su casa. Bauleti asiente y dice que tiene que ayudar a su hermana con algunos de sus deberes, y Zaira está de acuerdo en que no le molestaría ir para eso también. No es un secreto que todos ellos adoraban a la hermana pequeña de Santiago, incluso Moski, que pensaba que los niños estaban llenos de gérmenes. Marcos y Angelita se despiden de los demás, y Mernuel pone los ojos en blanco cuando Zaira le guiña un ojo y saca la lengua porque, por supuesto, ella sabe lo que piensa.
Zai sabía todo. Él está seguro de eso.
"Nosotros también nos vamos" Moski se acerca, todavía sujetando a Mernuel, y los otros asienten. Después del cumpleaños de Moski (el día en que se dieron cuenta de que eran almas gemelas) todos habían ido a la escuela al día siguiente, sonrieron y aplaudieron cuando Moski y Mernuel se les acercaron con la manos juntas.
«"Gracias a Dios," Bauleti se rió entre dientes. "¡Sabíamos que eran almas gemelas, putos de mierda!"»
Todos van por caminos distintos. Manuel tiene la boca cerrada y la palma sudada en la de Lautaro. ¿Debería decirle a Moski? Mira hacia los lados una vez más, el corazón casi se derrite cuando ve que el buzo gris de Moski es jodidamente demasiado grande para él, y su pelo dorado está soplando ligeramente en el viento helado.
Mierda. ¿Por qué tiene que ser tan encantador?
Dan la vuelta a una esquina donde la calle se encuentra con una larga llanura de hierba, una pequeña plaza, y Moski tira de Mernuel antes de llevarlo a una banca. Este lo sigue, sabiendo lo que viene y casi temiéndolo, porque no es muy bueno en ese tipo de cosas. Las almas gemelas a veces no se amaban en absoluto. Sus padres eran una prueba suficiente de eso. Sus almas parecían estar ligadas por la aversión mutua, amor al vodka y aversión por su único hijo.
"Voy a preguntarte de nuevo" dice Moski, se deja caer en la banca y cruza las piernas, frente a Mernuel. Está usando pantalón de vestir otra vez, y Manuel no sabe cómo no se está congelando con esa tela fina. El mayor se tira a la banca y une sus manos a las más pequeñas. Está usando una campera de jean forrada de piel y sus pantalones negros, pero de repente tiene frío. "¿Estás bien?"
Manuel se muerde el labio y dice: "Lamentablemente, no sé". Porque realmente no lo sabe. Esto se siente raro. Parte de él está preparado para cantar o bailar un número musical acerca de cuánto ama a Moski, pero la otra mitad de él quiere esconderse en un agujero y nunca dejar que las palabras salgan de sus labios. "Estúpido de mierda" reniega consigo mismo, pateando sus borcegos sobre el césped.
Lautaro rueda los ojos. "Cállate, imbécil. A ver, ¿qué pasa?"
Las palabras burbujean en su garganta como maldita agua del fregadero; dando vueltas hasta que salgan vertiendo de su boca. Mira al suelo, con las manos cruzadas en su regazo y la puta madre, necesita un cigarrillo, antes de respirar profundamente derrochando su puta proclamación de afecto. "Yo solo... realmente te amo, Moski. Osea... amor. Enamorado. Estoy enamorado de vos. Te amo. La puta madre. Sí. Dios". Susurra la última palabra.
Hay un momento de silencio y luego Moski descruza las piernas, trepa por el banco y toma la cara de Mernuel con sus pálidas y delicadas manos, que están algo secas por la cantidad de desinfectante para manos que usa. Está tirando de Manuel para enfrentarlo en un beso antes de que pueda incluso sonrojarse ante sus propias palabras, presionando su boca contra la de Mernuel con una fuerza casi contundente y repentina.
"¡Ah!" Manuel grita fingiendo sorpresa, riendo y agarrando a Moski por los hombros. "Pará boludo, soy sensible, ¿sabes?" Se ríe de la cara roja brillante de Moski, antes de tirar de él hacia atrás y besar sus mejillas con sonidos húmedos que sabe que le molestan al rubio.
"Pregúntame" exige Lautaro entre risas, echando hacia atrás y mirando a Manuel con una ferocidad que hace reír al ojiverde. "¡Pregúntame!"
Mernuel suspira y le mira fijamente a los ojos, tan dramáticamente. "Lautaro Moschini," dice grandilocuentemente, quitando los largos mechones negros de su cara. "Luz de mi vida. ¿Me amas?"
"Sí, imbécil de mierda" respira Moski.
El beso que le otorga a Mernuel es más amable esta vez, y el mayor no sabe si algo más podría sentirse tan increíble. No es el hecho de que alguien lo ama lo que hace que su corazón se hinche y su estómago se retuerza. Nah.
Es el hecho de que Lautaro Moschini lo ama.
