Work Text:
.
.
A pesar de que hoy estuvo todo el día al límite, Masaru no puede dormir. Porque no hay nada peor, ni siquiera ser rodeado por un montón de pandilleros buscándole pelea, que un día repleto de exámenes que apenas pudo resolver. Y como Masaru es un verdadero hombre que no se deja vencer, por supuesto que al final ganó esta dura batalla.
No sabe si es porque comió demasiado (qué buen festín, especialmente después de este día tan largo) o por Agumon roncando prácticamente encima suyo o… Por el invitado al que hoy le cedió su cama.
Tohma se ha comportado de maravilla hoy, como ningún otro lo habría hecho en su lugar. Masaru no supo exactamente en qué estaba pensando cuando le pidió este importante favor (simplemente confió, como siempre) y Tohma no solo accedió, sino que también le ofreció a Shika un memorable cumpleaños. Pasearon, se divirtieron y luego tuvieron una deliciosa cena todos juntos… Como si verdaderamente fueran una familia.
En este caso, ¿Qué papel desempeñaría Tohma como parte de su familia? Masaru no sabe porqué está dándole tantas vueltas a esta pequeñez.
Entonces, se da la vuelta sobre el futón, a ver si cambiando de posición se logra dormir, y oh, sorpresa, se encuentra con el chico de sus pensamientos mirándolo fijamente. La iluminación de la estancia es suficiente para notar que Tohma está tan despierto como él, pero, contrario a lo inquieto que se siente Masaru por alguna razón, parece bastante tranquilo. El cabello rubio menos prolijo, desarreglado contra la almohada, y sus ojos azules como dos gemas más opacas, tal vez por el cansancio y el sueño, pero no menos deslumbrantes… (¿Por qué Masaru compararía sus ojos exóticos como gemas? ¿Qué sabe él de gemas en primer lugar?)
Masaru se remueve en su lugar y no piensa mucho en lo que dice:
—¿Qué sucede…? ¿Mi cama no es suficiente para tu nobleza?
No quiere molestarlo, no después de lo bueno que ha sido hoy, pero así es él cuando está demasiado inquieto. Tampoco es tan tosco, pues su voz no denota ningún indicio de pelea ni de burla, como lo haría en situaciones más normales.
Tohma se queda en silencio, pestañea un par de veces seguidas y Masaru no sabe si está imaginándolo, pero la sonrisita que de repente suaviza su expresión lo ataca como lo haría un puñetazo, pero el impacto es tan diferente… Dándole directamente al corazón, ¿Qué fue lo que dijo?
—Está bien… —murmura Tohma hundiéndose más en la almohada —. Creí que estabas cansado —indaga esta vez, cambiando un poco el tema.
—Lo estoy.
Está agotado, sí, pero ahora menos puede dormir… No con la vista que tiene desde ahí. Él prácticamente en el suelo, Tohma sobre la cama… ¿Le extraña porque hay alguien más en su cama? ¿O porque es Tohma, el genio de la nobleza, quien la ocupa? qué imagen tan peculiar, pero tan atrayente.
—¿Necesitas tu cama? —Tohma menciona poco después con genuina consideración.
—No, eres un invitado —por supuesto que se niega.
—No sabía que eras así de bueno con tus invitados… —él también falla en molestarlo, tal vez sea por la calma estancia.
—Solo porque eres tú.
Masaru solo puede ser sincero en un momento como este y el destello fugaz que ilumina la mirada de Tohma, como no lo había visto antes, realmente lo hace sentir complacido. Las chicas de su clase suspiran por príncipes rubios y de ojos azules, de esos de los cuentos de hadas occidentales, y Masaru tiene uno ahora mismo en su propia cama, qué extraña podría ser la vida a veces.
Un príncipe genio y obstinado, pero con un espíritu guerrero que definitivamente lo inspira y lo motiva.
—Entonces, ¿Necesitas un cuento? ¿Que se acuesten contigo? — insiste Masaru inocentemente pensando en los dichosos cuentos de hadas, más por seguir hablándole que por dársela de chistoso.
—Así no es como funciona, Masaru —Tohma suspira, pero no de cansancio ni aburrimiento, es como si sus presiones estuvieran esfumándose por alguna razón ¿El sueño quizás?
—¿Por qué no? Si te ayuda a dormir…
—Tal vez.
Esta vaga respuesta simplemente lo motiva. Masaru ni siquiera se lo piensa, esta noche solo ha actuado por instinto, y se levanta del futón, dejando a su compañero prácticamente tirado, que no se ha enterado de nada por cierto. Corre las sábanas y en un pestañeo está metido en la cama con Tohma, muy juntos porque no son ningunos niños y esta cama es un poco pequeña para los dos (pero no incómoda, es… Cálido aquí)
La boca de Tohma se abre, su expresión claramente sorprendida por este cambio de planes, pero Masaru lo interrumpe.
—¿Está el príncipe más conforme?
Tohma contrae el rostro, sus cejas se fruncen justo como lo hace cuando está dándole demasiadas vueltas a las cosas, y dice a cambio:
—No soy un príncipe, Masaru.
—Para mí lo eres.
Masaru no se da cuenta que está sonriendo, de oreja a oreja, ni siquiera por el picor en sus mejillas, pues está demasiado distraído con la divertida expresión que hace Tohma esta vez, aún sorprendido pero colorado… ¿No es realmente un príncipe? Masaru no sabe nada del tema, pero es lo que ve con sus propios ojos y le dice el corazón. Este genio tiene un montón de facetas y qué divertido sería descubrirlas todas.
Es una suerte que estén juntos en esto… El asunto del DATS, claro.
.
.
